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Y también a nosotros se manifiesta este misterio de piedad, este msiterio de amor, se manifiesta especialmente en el divino sacramento de la Eucaristía, se manifiesta en la palaba que escuchamos, y en tantas y tantas otras señales.
 
Y también a nosotros se manifiesta este misterio de piedad, este msiterio de amor, se manifiesta especialmente en el divino sacramento de la Eucaristía, se manifiesta en la palaba que escuchamos, y en tantas y tantas otras señales.
  
Esta es la lectura que la Iglesia nos propone en estos días, y por eso hemos venido escuchando la Primera Carta del Apóstol San Juan. Nosotrso, que nos hemos reunido aquí convocados por el amor de Dios, porque es el amor el que lo trae a uno al templo, nosotros, llamados por el amor de Dios, no nos contentemos con los pasajes selectos y hermosos que nos da la Iglesia, pero que son sólo pasajes.
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Esta es la lectura que la Iglesia nos propone en estos días, y por eso hemos venido escuchando la Primera Carta del Apóstol San Juan. Nosotros, que nos hemos reunido aquí convocados por el amor de Dios, porque es el amor el que lo trae a uno al templo, nosotros, llamados por el amor de Dios, no nos contentemos con los pasajes selectos y hermosos que nos da la Iglesia, pero que son sólo pasajes.
  
Tenemos Biblias en las casas y en nuestras Biblias están también estos textos, acompañados seguramente de preciosas notas y explicaciones.De manera que se la invitación parar todos, tomar la Sagrada Escritura, allá en la casita:Primera Carta del Apóstol San Juan, lectura precisa para estos días.
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Tenemos Biblias en las casas y en nuestras Biblias están también estos textos, acompañados seguramente de preciosas notas y explicaciones. De manera que se la invitación para todos, tomar la Sagrada Escritura, allá en la casita: Primera Carta del Apóstol San Juan, lectura precisa para estos días.
  
Nosotros no hemos venido obligados, no tenemos que darle cuentas a nadie, vinimos por amor, porque Él nos amó primero, como dice la Bilbia, como dice esta misma Carta de Juan. Nosotros, que somos testigos de que Él nos amó prmero,
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Nosotros no hemos venido obligados, no tenemos que darle cuentas a nadie, vinimos por amor, porque Él nos amó primero, como dice la Bilbia, como dice esta misma Carta de Juan. Nosotros, que somos testigos de que Él nos amó prmero, y nosotros, que queremos amarle con todas nuestras fuerzas, pues tenemos ahí un recurso precioso en la Primera Carta del Apóstol San Juan.
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Esta Carta nos enseña muchas cosas. En el día de hoy, por ejemplo, una preciosa instrucción sobre la relación entre la fe y el amor. Podemos decir que el amor concreto y real a nuestro prójimo es el termómetro del amor a Dios. El que no ama a su hermano, a quien ve, que no diga que ama a Dios, a quien no ve.
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El amor al prójimo es el gran termómetro de la vida de Dios en el corazón. Porque no se puede decir que llevamos a Dios en nostros, si no tenemos los sentiminentos de Dios, y los sentimientos de Dios son de misericordia, de caridad, de ayuda, de salvación para nuestros hermanos.
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Pero a mí me gusta hacer esta comparación: el termómetro sirve para saber si yo tengo fiebre, pero suponiendo que yo tenga fiebre, el termómetro no es el que me va a quitar la fiebre. Entonces, el amor al prójimo es como un termómetro, el amor al prójimo me sirve para saber cuál es la salud espiritual de mi alma.
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Pero si resulta que ese amor al prójimo está cojo, si ese amor al prójimo está enfermo, si el termómetro dice: "Hey, estás enfermo", no es el amor al prójimo lo que me va a dar amor a Dios, atención a ese punto, porque aquí hay, tal vez, confusión.
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El amor a Dios se muestra en el amor al prójimo, pero si no hay amor al prójimo, y por consiguiente si está mal el amor de Dios, no es el prójimo, usulamente, no es el prójimo, sobre todo el prójimo fastidioso, aquel al que no puedo amar, no es él el que meva a dar el amor de Dios.
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Porque algunas personas, tal vez hacen como esta deducción o como este razonamiento:

Revisión del 16:31 27 dic 2008

Fecha: 19980108

Título:

Original en audio: 8 min. 57 seg.


Queridos Hermanos:

Durante este tiempo de Navidad nos está acompañando y nos está educando la Primera Carta del Apóstol San Juan.

Esta Carta, que es como un gran himno a la Encarnación, es la lectura propicia que la Iglesia nos ofrece durante estos días, para que nosotros meditemos en le corazón, agradezcamos en el alma, alabemos con todo nuestro ser la misericordia divina.

Por el misterio de la Encarnación, misterio de piedad que luego se ha manifestado a los pastores, a los Magos, a aquellos que comieron del pan que se multiplicó, como escuchábamos en las lecturas de los pasados días, a aquellos que estaban en la Sinagoga de Nazareth, como escuchamos hoy.

Y también a nosotros se manifiesta este misterio de piedad, este msiterio de amor, se manifiesta especialmente en el divino sacramento de la Eucaristía, se manifiesta en la palaba que escuchamos, y en tantas y tantas otras señales.

Esta es la lectura que la Iglesia nos propone en estos días, y por eso hemos venido escuchando la Primera Carta del Apóstol San Juan. Nosotros, que nos hemos reunido aquí convocados por el amor de Dios, porque es el amor el que lo trae a uno al templo, nosotros, llamados por el amor de Dios, no nos contentemos con los pasajes selectos y hermosos que nos da la Iglesia, pero que son sólo pasajes.

Tenemos Biblias en las casas y en nuestras Biblias están también estos textos, acompañados seguramente de preciosas notas y explicaciones. De manera que se la invitación para todos, tomar la Sagrada Escritura, allá en la casita: Primera Carta del Apóstol San Juan, lectura precisa para estos días.

Nosotros no hemos venido obligados, no tenemos que darle cuentas a nadie, vinimos por amor, porque Él nos amó primero, como dice la Bilbia, como dice esta misma Carta de Juan. Nosotros, que somos testigos de que Él nos amó prmero, y nosotros, que queremos amarle con todas nuestras fuerzas, pues tenemos ahí un recurso precioso en la Primera Carta del Apóstol San Juan.

Esta Carta nos enseña muchas cosas. En el día de hoy, por ejemplo, una preciosa instrucción sobre la relación entre la fe y el amor. Podemos decir que el amor concreto y real a nuestro prójimo es el termómetro del amor a Dios. El que no ama a su hermano, a quien ve, que no diga que ama a Dios, a quien no ve.

El amor al prójimo es el gran termómetro de la vida de Dios en el corazón. Porque no se puede decir que llevamos a Dios en nostros, si no tenemos los sentiminentos de Dios, y los sentimientos de Dios son de misericordia, de caridad, de ayuda, de salvación para nuestros hermanos.

Pero a mí me gusta hacer esta comparación: el termómetro sirve para saber si yo tengo fiebre, pero suponiendo que yo tenga fiebre, el termómetro no es el que me va a quitar la fiebre. Entonces, el amor al prójimo es como un termómetro, el amor al prójimo me sirve para saber cuál es la salud espiritual de mi alma.

Pero si resulta que ese amor al prójimo está cojo, si ese amor al prójimo está enfermo, si el termómetro dice: "Hey, estás enfermo", no es el amor al prójimo lo que me va a dar amor a Dios, atención a ese punto, porque aquí hay, tal vez, confusión.

El amor a Dios se muestra en el amor al prójimo, pero si no hay amor al prójimo, y por consiguiente si está mal el amor de Dios, no es el prójimo, usulamente, no es el prójimo, sobre todo el prójimo fastidioso, aquel al que no puedo amar, no es él el que meva a dar el amor de Dios.

Porque algunas personas, tal vez hacen como esta deducción o como este razonamiento: