Diferencia entre revisiones de «O231001a»
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Y en esas cartas San Clemente les recuerda precisamente las palabras de San pablo y vuelve un poco sobre los mismos problemas, con lo cual también sabemos que los corintios, al parecer, no sanaron mucho de sus enfermedades. Y de echo, esta comunidad, a la que Pablo le gastó tan amorosamente buena parte de su tiempo y de suus fuerzas, no dio mayores frutos. No se recuerda en la historia de la Iglesia ninguna generación de santos que haya nacido de allá en Corinto; la fe más bien languideció prontamente. | Y en esas cartas San Clemente les recuerda precisamente las palabras de San pablo y vuelve un poco sobre los mismos problemas, con lo cual también sabemos que los corintios, al parecer, no sanaron mucho de sus enfermedades. Y de echo, esta comunidad, a la que Pablo le gastó tan amorosamente buena parte de su tiempo y de suus fuerzas, no dio mayores frutos. No se recuerda en la historia de la Iglesia ninguna generación de santos que haya nacido de allá en Corinto; la fe más bien languideció prontamente. | ||
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| + | Empiezo diciendo esto, para mostrar cómo el fracaso y la frustración están siempre cerca de las labores de los Apóstoles. A veces creemos que la grandeza de la santidad o la grandeza del celo misionero van a ser suficientes para obtener copiosos resultados, y luego descubrimos que no, que los resultados son siempre una gracia. | ||
Revisión del 19:02 22 ago 2008
Fecha: 19980907
Título:
Original en audio: 5 min. 10 seg.
La comunidad de Corinto presentaba ciertas enfermedades espirituales, las sabemos por las cartas que el Apóstol les dirigió; pero no sólo el Apóstol, luego San Clemente Romano, sucesor del Apóstol Pedro, en esta cuidad de Roma, les escribió también cartas a los corintios.
Y en esas cartas San Clemente les recuerda precisamente las palabras de San pablo y vuelve un poco sobre los mismos problemas, con lo cual también sabemos que los corintios, al parecer, no sanaron mucho de sus enfermedades. Y de echo, esta comunidad, a la que Pablo le gastó tan amorosamente buena parte de su tiempo y de suus fuerzas, no dio mayores frutos. No se recuerda en la historia de la Iglesia ninguna generación de santos que haya nacido de allá en Corinto; la fe más bien languideció prontamente.
Empiezo diciendo esto, para mostrar cómo el fracaso y la frustración están siempre cerca de las labores de los Apóstoles. A veces creemos que la grandeza de la santidad o la grandeza del celo misionero van a ser suficientes para obtener copiosos resultados, y luego descubrimos que no, que los resultados son siempre una gracia.