Diferencia entre revisiones de «O175003a»

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Yo creo, hermanos, que no es casualidad que esta lectura e encuentre precisamente en un viernes. Si somos atentos, descubrimos, que, con alguna frecuencia, el viernes tiene un cierto sabor penitencial, tiene un cierto sabor que nos recuerda la Pasión de Cristo, como  si la Iglesia quisiera darle ese color, particularmente ese color a ese día, el día en el que murió Nuestro señor Jesucristo por proclamar la verdad.
 
Yo creo, hermanos, que no es casualidad que esta lectura e encuentre precisamente en un viernes. Si somos atentos, descubrimos, que, con alguna frecuencia, el viernes tiene un cierto sabor penitencial, tiene un cierto sabor que nos recuerda la Pasión de Cristo, como  si la Iglesia quisiera darle ese color, particularmente ese color a ese día, el día en el que murió Nuestro señor Jesucristo por proclamar la verdad.
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Mas, en este caso, ¿cuál es la verdad que tiene que mostrar Jeremías?  Ya lo hemos dicho, la verdad de las consecuencias del pecado. Dios le advierte severamente: "Las palabras que yo te mande, decirlas, dilas, dilas todas, no dejes ni una sola" (''véase'' Jeremías  26,2). ¿Y para qué muestra Dios las consecuencias del pecado? Es muy importante lo que aparce en le texto: "A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta" (''véase'' jeremías 26,3).

Revisión del 15:50 16 jul 2008

Fecha: 20020802

Título:

Original en audio: 7 min. 22 seg.


Mis Hermanos:

Durante estos días venimos acompañando a jeremías en las enseñanzas que él recibe de Dios como aquello del alfarero, como aquello del cinturón de lino, y venimos acompañando también a Jeremías en las consecuencias que tiene su palabra profética.

Ciertamente, nos duele el final del texto que hemos oído allá en la primera lectura: "El pueblo reunió juntó a Jeremías en el Templo del Señor" (véase Jeremías 1,9), nos duele que sea así. y aquí hay un misterio que se verá con plena claridad y con total dramatismo en la Pasión de Nuestro señor Jesucristo. Es la gran paradoja del Profeta.

Trae una palabra que es una palabra de salud, que es una palabra de medicina, que es una palabra de curación, pero como esa palabra denuncia el pecado, entonces se la considera una palabra de agresión, una palabra antipática, una palabra que recibe resistencia y que despierta enemistad. De manera que el pueblo se vuelve contra el Profeta que le dice la verdad.

El Profeta denuncia la mentira, y el pueblo en lugar de atacar a la mentira, ataca al Profeta que le muestra la mentira; y sin embargo, en ese mismo ataque, en esa misma aversión, está mostrando lo detestable que es la mentira en la que vive.

No es fácil denunciar la mentira, no es fácil proclamar la verdad. Y es especialmente difícil cuando hay que mostrar las consecuencias que va a traer el pecado. Y esto fue lo que le tocó a Jeremías, y por eso en tantos pasajes, Jeremías, unido a Dios, inocente, es como una anticipación del misterio de la Pasión de Cristo.

Yo creo, hermanos, que no es casualidad que esta lectura e encuentre precisamente en un viernes. Si somos atentos, descubrimos, que, con alguna frecuencia, el viernes tiene un cierto sabor penitencial, tiene un cierto sabor que nos recuerda la Pasión de Cristo, como si la Iglesia quisiera darle ese color, particularmente ese color a ese día, el día en el que murió Nuestro señor Jesucristo por proclamar la verdad.

Mas, en este caso, ¿cuál es la verdad que tiene que mostrar Jeremías? Ya lo hemos dicho, la verdad de las consecuencias del pecado. Dios le advierte severamente: "Las palabras que yo te mande, decirlas, dilas, dilas todas, no dejes ni una sola" (véase Jeremías 26,2). ¿Y para qué muestra Dios las consecuencias del pecado? Es muy importante lo que aparce en le texto: "A ver si escuchan y se convierte cada cual de su mala conducta" (véase jeremías 26,3).