Diferencia entre revisiones de «Nsvc003a»
| Línea 43: | Línea 43: | ||
De nada sirve tener esas imágenes como si fueran estatuas de palmeras, de chigüiros, de papagayos, o de sapos. De nada sirve tener bultos de colores en la casa. De nada sirve, si nuestro corazón no se detiene alguna vez valiéndose de ese instrumento tan sencillo, que es un cuadro, que es una imagen, hace ese diálogo de amor y pregunta a la Madre de Dios: "¿Cómo quieres que sea mi corazón?" | De nada sirve tener esas imágenes como si fueran estatuas de palmeras, de chigüiros, de papagayos, o de sapos. De nada sirve tener bultos de colores en la casa. De nada sirve, si nuestro corazón no se detiene alguna vez valiéndose de ese instrumento tan sencillo, que es un cuadro, que es una imagen, hace ese diálogo de amor y pregunta a la Madre de Dios: "¿Cómo quieres que sea mi corazón?" | ||
| + | |||
| + | Continúa... | ||
Revisión del 21:07 25 jun 2008
Fecha: 20020716
Título: Dirigir nuestros ojos hacia la Virgen
Original en audio: 13 min. 9 seg.
¡Qué cosa tan maravillosa ver el poder que tiene la Santísima Virgen María, para atraer los corazones de todos! ¡Mire nada más esta iglesia! ¡Niños y niñas, jóvenes de ambos sexos, matrimonios, solteros, separados, viudos, gente pobre y gente rica, ancianos, enfermos, venidos de lejos, o habitantes de nuestra ciudad!
¡Qué poder tan grande el que tiene esa belleza, esa pureza! Hay como un perfume espiritual en María, algo que se deja sentir en el ambiente, una alegría que todos sentimos, algo que todos compartimos, que sabemos que está ahí y que tiene su origen, que tiene su fuente en Ella, en su hermosura, en su gracia, en su generosidad, en su bondad.
¡Qué día tan hermoso éste para nuestra Iglesia, para nuestra Diócesis! ¡Qué alegría para mí, ver el poder que tiene la belleza de la Virgen! Porque si nuestros ojos se dirigen a la belleza de la Virgen, serán transformados por esa hermosura.
Este es el pensamiento que quiero compartir con ustedes. ¡Que los niños miren hacia María! ¡Que los jóvenes miren hacia María! ¡Que los matrimonios miren hacia María! ¡Que el anciano, el enfermo, el agonizante, el sacerdote, el que está feliz, o el que está triste, todos tenemos tanto que recibir de esos ojos, de esa sonrisa, de ese Corazón!
Hay un filósofo en la antigüedad, llamado Plotino, -no confundirlo con Platón, desde luego; aunque alguna relación tiene, porque Platino era un neoplatónico-, quien decía, que uno se va convirtiendo en aquello que uno mira. Uno va tomando la semejanza de aquello que uno mira. Y ese pensamiento de este filósofo, nos ayuda hoy, para aumentar nuestra alegría.
Porque si miramos, si tomamos como referencia de nuestra vida a la Santísima Virgen, nuestra vida se va a hacer semejante a la de Ella en algo, y ojalá en mucho. Nuestra vida, si tiene ese norte, si tiene esa referencia, va a cambiar.
Fíjese, por ejemplo, lo que le pasa a la juventud, lo que le pasa a un joven. Un muchacho casi siempre puede saber si una amistad le conviene, simplemente con presentársela a la mamá: "Mamá, ¿usted cree que este amigo, con el que vine el otro día, será que esa amistad me conviene?"
Y la niña de la casa, también le puede decir a la mamá: "Mamá, ¿será que ese muchacho que me está prometiendo el cielo, la tierra y todas las estrellas, será que me conviene ese joven? Él está muy interesado en mí. ¿Será que me conviene?"
La mirada de la mamá, el corazón de la mamá, casi siempre es el pulso. Porque en la mamá ha querido Dios que haya como una brújula, y es muy difícil que una madre se equivoque en lo que le conviene o no le conviene a un hijo.
¡Es muy difícil! Porque como hay tanto amor en el corazón de la madre, y como sólo desea lo mejor para su hijo, por ese amor entonces, la mamá le sabe indicar. ¡Cuántas tragedias nos evitaríamos, si hiciéramos más caso a las intuiciones, a esa mirada de las mamás! ¡Cuántas veces los hijos hubieran podido evitarse dolores muy grandes, problemas muy serios, atendiendo a la mirada de la mamá!
Así también nosotros tenemos una Madre en los Cielos, que nos ama tiernamente en razón de Jesucristo. María nos ama más que nuestra madre en la tierra, porque María quiere formar en nosotros al Hijo del Cielo, a Jesucristo.
María ve que en nosotros, los cristianos, se está formando Jesucristo. Y María ama a Cristo con todo el amor de la tierra y del Cielo. Por eso, María quiere que se forme en nosotros Jesús, y por tanto, Ella obra como verdadera Madre con nosotros.
Podemos hacer ese ejercicio de acercarnos a María, mirarla a los ojos y preguntarle: "¿Te gustan los negocios que estoy haciendo?" "María, ¿te gusta la vida que estoy llevando?" "María, ¿qué opinas de mis amigos, o de mis amigas?"
Si nosotros hacemos ese ejercicio, si venimos, por ejemplo, ante esta hermosa imagen, -no por quedarnos con el yeso, la madera o la pintura, sino como una manera de que nuestros sentidos nos ayuden en la oración-, si nos acercamos a una hermosa imagen, si miramos a María a los ojos y le preguntamos: "¿Te gusta la vida que estoy llevando?", yo creo que María nos dejará sentir en el corazón como verdadera Madre, lo que Ella quiere para nosotros, que es solamente nuestro bien.
Imagínense, ¿qué pasaría si una jovencita antes de salir a la calle, mirara a María a los ojos y le preguntara: "María, ¿te gusta como salgo vestida?" Esa es una buena pregunta para que una niña se la haga a la Virgen: "Quiero ser amiga tuya, María. ¿Te gusta como voy vestida?" De pronto, María sabe de modas. De pronto, María sabe cómo ayudar a vestir a las niñas, a las jóvenes.
¿Qué tal que un hombre, qué tal que un caballero, antes de escoger la carrera, el estudio, lo que va a hacer de su vida, se detuviera un momento frente a la Virgen y le preguntara?: "¿Esta es la carrera, el trabajo que más me va a convenir?" "¿Ese amigo que acabo de conocer y que no hace sino invitarme a la cerveza, o al aguardiente llanero, te gusta, María? ¿Te gusta la amistad que tenemos?"
Si nosotros dejamos que la belleza y la pureza de la Virgen palpiten en nuestro corazón: ¡Ah! Se nos van a mejorar las familias.
Muchos de ustedes, muchos de nosotros tenemos imágenes de la Virgen en la casa. Pero no son bultos de cemento, mis hermanos. No son bultos de yeso. Esas imágenes están ahí para recordarnos la hermosura de la vida y la belleza que hay en la Madre de Dios.
De nada sirve tener esas imágenes como si fueran estatuas de palmeras, de chigüiros, de papagayos, o de sapos. De nada sirve tener bultos de colores en la casa. De nada sirve, si nuestro corazón no se detiene alguna vez valiéndose de ese instrumento tan sencillo, que es un cuadro, que es una imagen, hace ese diálogo de amor y pregunta a la Madre de Dios: "¿Cómo quieres que sea mi corazón?"
Continúa...