Diferencia entre revisiones de «Poc2001a»
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Eso nos enseña lo que puede la palabra cuando está llena del espíritu santo. La palabra, llena del espíritu, puede convertir a los corazones. Porque si aquello que van diciendo nuestras palabras a los oídos, el Espíritu Santo lo va diciendo al corazón, entonces la persona va escuchando por dentro y por fuera lo mismo. | Eso nos enseña lo que puede la palabra cuando está llena del espíritu santo. La palabra, llena del espíritu, puede convertir a los corazones. Porque si aquello que van diciendo nuestras palabras a los oídos, el Espíritu Santo lo va diciendo al corazón, entonces la persona va escuchando por dentro y por fuera lo mismo. | ||
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| + | y con esa tenaza se puede sacar hasta del infierno a un pecador; con esa tenaza es posible sacar del peor de los pozos al más culpable de los hombres. Porque Dios nos agarra por dentro y por fuera; por dentro, con su Espíritu; y por fuera, con su palabra. | ||
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| + | ¿Qué les dice san Pedro? "El mismo que crucificasteis, Dios lo resucitó" (''véase'' Hechos de los Apóstoles 2,23-24). La misma carne despreciada, ridícula, sucia, vilipendiada en la cruz, es carne florecida, luminosa, gloriosa el día de la Resurrección. | ||
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| + | Esa ecuación es fundamental, porque indica que Aquel que estuvo colgando de la cruz, Aquel que pareció derrotado, Aquel que pareció inútil, ese es el único y verdaderamente útil; Aquel que pareció feo, es el único verdaderamente bello. | ||
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| + | Y lo mismo pasa en nuestras vidas. Cuando cantábamos el gloria, algunos o muchos, levantamos las manos en señal de alabanza. Y a mí me daba como risa de mí mismo, de pensar que uno levante las manos a Dios, manos que han estado seguramente muy llenas de crímenes, grandes o pequeños; cada uno de nosotros tiene tanto que decir de sus propias manos. | ||
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| + | Y si las manso nuestras se pusieran a contar su historia, seguramente nos harían sonrojar en más de una reunión. Y esas son las mismas manos que nosotros le levantamos a Dios. | ||
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| + | Y esta boca que pronuncia estas palabras y que le da la gloria a Jesucristo, ¿no es la misma boca que ha dicho estupideces, que ha dicho insultos, que ha dicho necedades? ¿Y este corazón que quiere empezar a amar a Dios, ¿no es el mismo corazón que ha amado a los ídolos? | ||
Revisión del 22:35 12 mar 2008
Fecha: 19960409
Título:
Original en audio: 13 min. 45 seg.
Las palabras del Apóstol Pedro están tomadas del día de Pentecostés. Ese día el Apóstol predica ante la multitud; su discurso es fuerte, y sin embargo produce una cosecha, maravillosa: tres mil conversiones, tres mil cristianos.
Eso nos enseña lo que puede la palabra cuando está llena del espíritu santo. La palabra, llena del espíritu, puede convertir a los corazones. Porque si aquello que van diciendo nuestras palabras a los oídos, el Espíritu Santo lo va diciendo al corazón, entonces la persona va escuchando por dentro y por fuera lo mismo.
y con esa tenaza se puede sacar hasta del infierno a un pecador; con esa tenaza es posible sacar del peor de los pozos al más culpable de los hombres. Porque Dios nos agarra por dentro y por fuera; por dentro, con su Espíritu; y por fuera, con su palabra.
¿Qué les dice san Pedro? "El mismo que crucificasteis, Dios lo resucitó" (véase Hechos de los Apóstoles 2,23-24). La misma carne despreciada, ridícula, sucia, vilipendiada en la cruz, es carne florecida, luminosa, gloriosa el día de la Resurrección.
Esa ecuación es fundamental, porque indica que Aquel que estuvo colgando de la cruz, Aquel que pareció derrotado, Aquel que pareció inútil, ese es el único y verdaderamente útil; Aquel que pareció feo, es el único verdaderamente bello.
Y lo mismo pasa en nuestras vidas. Cuando cantábamos el gloria, algunos o muchos, levantamos las manos en señal de alabanza. Y a mí me daba como risa de mí mismo, de pensar que uno levante las manos a Dios, manos que han estado seguramente muy llenas de crímenes, grandes o pequeños; cada uno de nosotros tiene tanto que decir de sus propias manos.
Y si las manso nuestras se pusieran a contar su historia, seguramente nos harían sonrojar en más de una reunión. Y esas son las mismas manos que nosotros le levantamos a Dios.
Y esta boca que pronuncia estas palabras y que le da la gloria a Jesucristo, ¿no es la misma boca que ha dicho estupideces, que ha dicho insultos, que ha dicho necedades? ¿Y este corazón que quiere empezar a amar a Dios, ¿no es el mismo corazón que ha amado a los ídolos?