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Cuando Cristo dice: "Que os améis como yo os he amado" (''véase'' San Juan 13,34), es porque su palabra es potente, su palabra es creadora; cuando Cristo habla, crea, hace posible. Es como cuando Cristo le dice al paralítico: "Levántate" (''véase'' San Lucas 5,24), lo hace capaz de levantarse. La palabra de Cristo no es la imposición de un imposible, la palabra de Cristo es la palabra que crea en mí lo que me está pidiendo el mismo Cristo.
 
Cuando Cristo dice: "Que os améis como yo os he amado" (''véase'' San Juan 13,34), es porque su palabra es potente, su palabra es creadora; cuando Cristo habla, crea, hace posible. Es como cuando Cristo le dice al paralítico: "Levántate" (''véase'' San Lucas 5,24), lo hace capaz de levantarse. La palabra de Cristo no es la imposición de un imposible, la palabra de Cristo es la palabra que crea en mí lo que me está pidiendo el mismo Cristo.
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Si Cristo nos dice que nos amemos y que nos amemos como Él nos amó, es porque esa palabra va acompañada de una potencia creadora, de una potencia de amor; ey esa ótencia,esa vida que Dios nos da, esa vida que Cristo nos comunica, es la que hace que nosotros podamos amar con el amor que Cristo nos da.
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¿Qué tenemos hasta aquí? Que estamos celebrando la memoria viva de la Cena de despedida, en la cual Cristo entregó todo lo que tenía, eso se llama hizo testamento, pero un testamento distinto de los nuestros, porque Cristo no se quedó muerto sino que ahora, vivo, levantado de entre los muertos, hace que la herencia que nosotos tenemos sea una herencia viva.

Revisión del 17:33 1 mar 2008

Fecha:20010412

Título:

Original en audio: 24 min. 20 seg.

CONTINÚA LA TRANSCRIPCIÓN


Muy Amados Hermanos:

Nos hemos reunido recordando esa tarde en que Cristo celebró la Pascua con sus discípulos en medio del dolor de la partida.

Cristo Nuestro Señor llega al final de su vida, y como otras personas, también Él deja su testamento. El testamento de Jesucristo es lo que nosotros hemos recibido en este evangelio.

Cuando una persona deja un testamento dice qué hay que hacer con los bienes suyos, así también Cristo tomó sus bienes y los repartió;y los bienes de Cristo, repartidos, son los que nosotros encontramos hoy en la Iglesia. Cristo no se guardó nada, Cristo lo repartió todo; y eso que Cristo repartió, eso que Cristo dio, eso es lo que nosotros tenemos hoy.

Pero hay una diferencia: la persona que se muere, muerta queda; pero Cristo, en cambio, aunque ha muerto en la cruz verdaderamente, también ha resucitado verdaderamente del sepulcro; y por eso, lo que nosotros recibimos de Cristo, los tesoros de Cristo que nosotros compartimos no son una herencia muerta, sino una herencia viva, es decir, esa la misma vida del Resucitado la que nosotros compartimos; es la misma vida de Cristo la que nos da vida a nosotros.

No se trata de una cena más; el Apóstol San Juan empieza el texto diciendo: "Habiendo amado a los suyos,los amó hasta el extremo" (véase San Juan 13,1). Toda la vida de Cristo fue amor, pero sobre todo este momento final es el momento del amor hasta el extremo.

Y en otro lugar dice Cristo: "Con ansia he querido comer esta Pascua con vosotros antes de padecer" (véase San Lucas 22,14). se trata de la pena con la que Cristo entrega la misma fuente de amor que está en Él, y por eso puede decir Cristo: "Que os améis como yo os he amado" (véase San Juan 13,34).

Cristo no nos manda que nos amemos como el que pide algo imposible; Cristo nos manda que nos amemos cuando nos ha dado su propia y misma fuente de amor. Es que Cristo no nos dio solamente de su agua, de esa agua viva que él tenía, sino que nos dio la fuente; por eso dice en el evangelio de Juan: "El que crea en mí, de su interior saldrá agua que salta hasta la vida eterna" (véase San Juan 7,38).

En esta Cena, y en su oración en el Huerto, y en sus azotes, y en la cruz, y en el sepulcro, y en su resurrección, en toda esa acción que estamos empezando a recordar precisamente con esta celebración, Cristo no sólo nos dio amor sino que nos hizo capaces de amar; eso es lo grande.

Cuando Cristo dice: "Que os améis como yo os he amado" (véase San Juan 13,34), es porque su palabra es potente, su palabra es creadora; cuando Cristo habla, crea, hace posible. Es como cuando Cristo le dice al paralítico: "Levántate" (véase San Lucas 5,24), lo hace capaz de levantarse. La palabra de Cristo no es la imposición de un imposible, la palabra de Cristo es la palabra que crea en mí lo que me está pidiendo el mismo Cristo.

Si Cristo nos dice que nos amemos y que nos amemos como Él nos amó, es porque esa palabra va acompañada de una potencia creadora, de una potencia de amor; ey esa ótencia,esa vida que Dios nos da, esa vida que Cristo nos comunica, es la que hace que nosotros podamos amar con el amor que Cristo nos da.

¿Qué tenemos hasta aquí? Que estamos celebrando la memoria viva de la Cena de despedida, en la cual Cristo entregó todo lo que tenía, eso se llama hizo testamento, pero un testamento distinto de los nuestros, porque Cristo no se quedó muerto sino que ahora, vivo, levantado de entre los muertos, hace que la herencia que nosotos tenemos sea una herencia viva.