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En espíritu de fe y de fraternidad, quiero compartir una reflexión con ustedes sobre esta primera lectura que hemos oído de la Primera Carta de Juan. Porque allí se presenta al amor del prójimo como el gran criterio, el gran síntoma, la gran señal de la presencia del amor de Dios en nuestra vida. | En espíritu de fe y de fraternidad, quiero compartir una reflexión con ustedes sobre esta primera lectura que hemos oído de la Primera Carta de Juan. Porque allí se presenta al amor del prójimo como el gran criterio, el gran síntoma, la gran señal de la presencia del amor de Dios en nuestra vida. | ||
| − | Y así quiso el Espíritu Santo que quedara plasmado en la Sagrada Escritura, para enseñanza y para corrección de todos nosotros. Ahí se ve cuál es el fruto propio del amor de Dios. Cuando el amor a Dios está presente en nuestra vida, pues da frutos en amor, y no sólo de palabra sino de obra, a nuestros hermanos | + | Y así quiso el Espíritu Santo que quedara plasmado en la Sagrada Escritura, para enseñanza y para corrección de todos nosotros. Ahí se ve cuál es el fruto propio del amor de Dios. Cuando el amor a Dios está presente en nuestra vida, pues da frutos en amor, y no sólo de palabra sino de obra, a nuestros hermanos. |
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| + | Pero esa enseñanza se puede entender mal.Porque el orden lógico de la enseñanza es: cuando hay amor a Dios, hay amor al prójimo. Eso significa que cuando no hay amor al prójimo, falta amor de Dios. Esa es una sana lógica. El criterio no es que yo tengo que amar al prójimo para que se note que amo a Dios. | ||
Revisión del 16:48 19 dic 2007
Fecha: 20020110
Título:
Original en audio: 4 min. 56 seg.
Hermanos:
En espíritu de fe y de fraternidad, quiero compartir una reflexión con ustedes sobre esta primera lectura que hemos oído de la Primera Carta de Juan. Porque allí se presenta al amor del prójimo como el gran criterio, el gran síntoma, la gran señal de la presencia del amor de Dios en nuestra vida.
Y así quiso el Espíritu Santo que quedara plasmado en la Sagrada Escritura, para enseñanza y para corrección de todos nosotros. Ahí se ve cuál es el fruto propio del amor de Dios. Cuando el amor a Dios está presente en nuestra vida, pues da frutos en amor, y no sólo de palabra sino de obra, a nuestros hermanos.
Pero esa enseñanza se puede entender mal.Porque el orden lógico de la enseñanza es: cuando hay amor a Dios, hay amor al prójimo. Eso significa que cuando no hay amor al prójimo, falta amor de Dios. Esa es una sana lógica. El criterio no es que yo tengo que amar al prójimo para que se note que amo a Dios.