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¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos los aburridos! ¡Bienvenidos los rutinizados! ¡Bienvenidos los desconsolados! Ustedes pueden ser atraídos, ustedes pueden ser sorprendidos. Quizá hoy usted puede toparse con la gracia de Dios, como dirían nuestros amados campesinos. Quizá hoy usted puede toparse con un Ángel del Cielo.
 
¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos los aburridos! ¡Bienvenidos los rutinizados! ¡Bienvenidos los desconsolados! Ustedes pueden ser atraídos, ustedes pueden ser sorprendidos. Quizá hoy usted puede toparse con la gracia de Dios, como dirían nuestros amados campesinos. Quizá hoy usted puede toparse con un Ángel del Cielo.
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Y eso explica muchas cosas. Por ejemplo, eso explica el temor. La persona que se siente que está super preparada para recibir a Dios, cuando se le aparece un Ángel, entonces dice: "Bueno, llegó un poco tarde pero al fin llegó". No siente sorpresa; siente que se merece ese Ángel.
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¿Sabe que hay gente que siente que se merece comulgar? Hay gente que siente que se merece ser perdonada, y hay gente que siente que se merece la gracia. "La gracia no se merece", dice Santo Tomás de Aquino, "la gracia es principio para merecer". "Principium merendi", dice Santo Tomás. La gracia no se merece.
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Yo como quisiera a veces tomar esas vidas acartonadas, de las cuales he conocido tantas, y la mía ha sido muchas veces así, tomar esas vidas envejecidas, rutinizadas, esas vidas que no esperan nada, esos monjes aburridos, esos sacerdotes aburridos que cogen con pereza el libro, que no saben ni leer, que no les interesa lo que están leyendo, esas monjas que toman esa Liturgia de las Horas, y: "¡Ay! ¡La Cruz!" ¡Qué agradable sería poder tomar una vida de esas, y darle una sorpresa!
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Ese es mi único reclamo en contra de Catalina Labouré, Margarita María Alacoque y Faustina Kowalska, con la probable excepción de esta última. ¡Eran personas como tan buenecitas!
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''¿Qué hacemos para sorprender? ¿Sorprender con amor y con alegría? ¿Con santidad y con pureza? ¿Con verdad y con una primavera del Espíritu en los corazones? ¿Qué hacemos para que los Obispos prediquen con ganas? ¿Qué hacemos para que no nos digan únicamente lo que es verdadero, sino para que nos enamoren con lo que es bello? ¿Qué hacemos para que los superiores por fin envíen circulares que nos animen, que nos hagan llorar de gozo? Necesitamos esa clase de predicación y esa clase de circulares.''

Revisión del 15:35 13 dic 2007

Fecha: 20061225

Título: Podemos ser sorprendidos por Dios

Original en audio: 25 min. 55 seg.


A veces es una buena idea, cuando queremos meditar en las lecturas que nos ofrece la Iglesia, buscar alguna palabra, o alguna idea que esté en común en esas lecturas.

Por ejemplo, el día de hoy yo quisiera tomar el verbo "aparecer". Es como verse uno sorprendido por una buena noticia. Eso está en las tres lecturas de hoy.

Isaías nos ha dicho: "El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz grande" ( véase Isaías 9,2 ). Cuando uno va en tinieblas, uno no espera que aparezca luz; mucho menos espera una luz grande. Es una sorpresa, es algo que no aguardábamos.

En la segunda lectura de San Pablo a Tito encontramos: "Ha aparecido la gracia de Dios" ( véase Carta a Tito 2,11 ). Eso es algo que no nos esperábamos. Esperábamos tal vez el castigo de Dios. Hay mucha gente esperando la ira de Dios, el castigo de Dios, el desquite de Dios.

Es muy difícil tratar de explicar lo que es que aparezca la gracia de Dios. Es más fácil entender a un Dios bravo, un Dios iracundo por el mal comportamiento de los seres humanos. Eso lo podríamos entender. Pero, ¿cómo entender que ha aparecido la gracia de Dios? ¿Qué quiere decir eso? ¿Que no importa si yo peco, o no peco?

Alguna gente interpretaba la predicación del Apóstol San Pablo de esa manera. Lo calumniaban, y decían: "Lo que usted está diciendo con ese mensaje de la gracia, es que el pecado en realidad no importa, y que uno puede hacer lo que se le dé la gana". En todo caso, en la segunda lectura está esa idea: "Ha aparecido la gracia de Dios" ( véase Carta a Tito 2,11 ).

Y en la lectura del evangelio, también hay otra aparición; en realidad son varias apariciones: "Unos pastores pasaban la noche al raso, al aire libre" ( véase San Lucas 2,8 ). No esperaban nada especial esa noche. Pero, "un Ángel del Señor se les presenta, la gloria del Señor se les presenta" ( véase San Lucas 2,9 ), una noticia de inmensa alegría se les presenta. Ellos no estaban esperando eso. Se trata de una aparición; es una sorpresa.

El Dios que tanto necesitamos, el Dios que tratamos de esperar, es sin embargo una sorpresa; es siempre una sorpresa. Y creo que este es un mensaje muy importante para nosotros: que Dios es capaz de sorprender, que no le conocemos todos sus caminos, y que en su sorpresa, cambia por completo nuestra historia.

"El pueblo que caminaba en tinieblas, vio una luz grande" ( véase Isaías 9,2 ). Se vieron sorprendidos con la luz. Me gusta ese verbo del castellano antiguo, que nosotros hoy atribuímos sobre todo a la gente sencilla, tal vez la del campo: "Se toparon con la luz". Es perfecto para describir lo que nos quiere decir Isaías: es toparse con la luz; es algo que yo no esperaba.

Hay mucha gente que no espera nada esta noche. Se parecen a los pastores de los que habla el evangelio. Yo me atrevo a pensar que la mayor parte de la gente no espera nada de esta noche. Y es posible que algunos de ustedes hayan venido aquí, y no esperen nada de esta noche. Es posible que ustedes hayan venido aquí, y simplemente estén esperando que termine esta cosa religiosa, y "vámonos".

¿A qué? ¿A una fiesta como a otras fiestas? ¿A una comida como a otras comidas? ¿A un baile como a otros bailes? ¿A las amistades? ¿A las risas? Eso espera mucha gente.

Yo debo reconocer, que, claro, como mi vida está entregada a este servicio, a mí eso me causa disgusto, que la gente no tenga esa esperanza, que la gente llega a la iglesia sin esperar nada. Mucha gente llega sin esperar nada, llegan desconociendo a Dios. La primera tentación de uno es como de disgusto, como de rabia. Pero si yo me pusiera bravo, estaría traicionando el Evangelio que predico.

¡Bienvenidos los que no esperan nada! ¡Bienvenidos los aburridos! ¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos los incrédulos y semi-incrédulos! Y, ¡Bienvenidos todos los distraídos!

La gente que está en gran preparación, tal vez no necesite estas palabras. Pero el pueblo que caminaba en tinieblas, no estaba esperando una luz grande, y les llegó esa luz. Y si Dios lo hizo esa vez, llamando a ese pueblo a una esperanza, Dios lo puede hacer también hoy.

Nos dice la Carta de San Pablo a Tito: "Ha aparecido la gracia de Dios" ( véase Carta a Tito 2,11 ), lo que no esperábamos. No esperábamos un Dios así, pero ha llegado. Y si ese Dios ha llegado, si ese Dios ha cautivado, ha fascinado y ha enamorado gente a lo largo de tantos siglos, ¿por qué no puede hacerlo hoy? ¿Por qué no puede tomar hoy al corazón más frío que hay entre nosotros?

Ustedes saben que a veces debajo de un hábito, se esconde un corazón helado, un corazón frío, un corazón indiferente que ya lo sabe todo. Hay religiosos que ya lo saben todo, hay sacerdotes que ya lo saben todo, y no se sorprenden de nada. Esos tampoco esperan nada.

Hay monjas que viven la Navidad como otra ceremonia más dentro de la larga, interminable serie de ceremonias que tiene toda su vida. Pero tampoco esperan que suceda nada especial en esta noche.

O entre los amigos laicos, jóvenes, niños, matrimonios que nos acompañan, de pronto hay personas que tampoco esperan nada.

¡Bienvenidos! ¡Bienvenidos los aburridos! ¡Bienvenidos los rutinizados! ¡Bienvenidos los desconsolados! Ustedes pueden ser atraídos, ustedes pueden ser sorprendidos. Quizá hoy usted puede toparse con la gracia de Dios, como dirían nuestros amados campesinos. Quizá hoy usted puede toparse con un Ángel del Cielo.

Y eso explica muchas cosas. Por ejemplo, eso explica el temor. La persona que se siente que está super preparada para recibir a Dios, cuando se le aparece un Ángel, entonces dice: "Bueno, llegó un poco tarde pero al fin llegó". No siente sorpresa; siente que se merece ese Ángel.

¿Sabe que hay gente que siente que se merece comulgar? Hay gente que siente que se merece ser perdonada, y hay gente que siente que se merece la gracia. "La gracia no se merece", dice Santo Tomás de Aquino, "la gracia es principio para merecer". "Principium merendi", dice Santo Tomás. La gracia no se merece.

Yo como quisiera a veces tomar esas vidas acartonadas, de las cuales he conocido tantas, y la mía ha sido muchas veces así, tomar esas vidas envejecidas, rutinizadas, esas vidas que no esperan nada, esos monjes aburridos, esos sacerdotes aburridos que cogen con pereza el libro, que no saben ni leer, que no les interesa lo que están leyendo, esas monjas que toman esa Liturgia de las Horas, y: "¡Ay! ¡La Cruz!" ¡Qué agradable sería poder tomar una vida de esas, y darle una sorpresa!

Ese es mi único reclamo en contra de Catalina Labouré, Margarita María Alacoque y Faustina Kowalska, con la probable excepción de esta última. ¡Eran personas como tan buenecitas!

¿Qué hacemos para sorprender? ¿Sorprender con amor y con alegría? ¿Con santidad y con pureza? ¿Con verdad y con una primavera del Espíritu en los corazones? ¿Qué hacemos para que los Obispos prediquen con ganas? ¿Qué hacemos para que no nos digan únicamente lo que es verdadero, sino para que nos enamoren con lo que es bello? ¿Qué hacemos para que los superiores por fin envíen circulares que nos animen, que nos hagan llorar de gozo? Necesitamos esa clase de predicación y esa clase de circulares.