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Encontarse con Cristo de alguna manera supone posponer todas esas cosas, salir uno de su pequeño mundo, el pequeño mundo ¿qué es? Que a mí no me pase nada, que en mi casa no pase nada, que a todos los de mi casa todo les salga bien, que toda la gente que yo quiero esté contenta, y que encima de todo eso, eso dure y nadie nos lo interrumpa.
 
Encontarse con Cristo de alguna manera supone posponer todas esas cosas, salir uno de su pequeño mundo, el pequeño mundo ¿qué es? Que a mí no me pase nada, que en mi casa no pase nada, que a todos los de mi casa todo les salga bien, que toda la gente que yo quiero esté contenta, y que encima de todo eso, eso dure y nadie nos lo interrumpa.
  
Es decir, uno quiere hacer como una especie de huevo perfecto, en el cual estén todos los bienes, no haya ningún peligro, no haya ningún daño, y toda la gente que uno quiere esté contenta y eso dure para siempre.
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Es decir, uno quiere hacer como una especie de huevo perfecto, en el cual estén todos los bienes, no haya ningún peligro, no haya ningún daño, y toda la gente que uno quiere esté contenta y eso dure para siempre. Ese es el huevo en el que uno se quiere meter.
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Y entonces Dios nuestro Padre tiene que liberarnos de esa cárcel por elegante y curvilínea que sea.
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Uno vive en el pequeño mundo de sus enfermedades; cada uno de nosotros se mete en un pequeño mundo, ¿no? La persona casada no tiene ojos sino para sus tres o cuatro o catorce hijos, lo que sean, no tiene ojos sino para los hijos, y ese es su pequeño mundo, y ese es su huevito, y ahí vive entre "que no les pase nada, que todo les salga bien, que todo les salga bien y que no les pase nada", y esa es la oración de la mañana y de la tarde.
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El que no tiene hijos o hijas entonces se fija en otra cosa: "que mi página de Internet no se caiga", y entonces a uno la página se le vuelve una pequeña obsesión, ¿no? Y uno arma un pequeño mundo, el mundo de la costura, el mundo de la cocina, el mundo de la despensa, el mundo del computador; "mi pequeño mundo de amigos en Internet", "los vecinos".
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Es la tendencia del corazón humano, el corazón humano tien una tendencia irreprimible a achicar el mundo, y a uno el mundo se le vuelve chiquito, se le vuelve diminuto. La revelación que hace Dios Padre es como abrir ese mundo.
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Mientras está allá en su huevito debidamente calentado por la mamá gallina, pues ese pollito no tiene ningún problema; mientras el feto está flotando ingrávido en la ingravidez de la mamá, pues ese feto no tiene ningún problema.

Revisión del 00:54 2 feb 2011

Fecha: 20100222

Título:

Original en audio: 23 min. 24 seg.


Una de las cosas que nos enseña este evangelio es que uno puede estar mucho tiempo con Cristo sin conocer a Cristo, y eso indudablemente ha de engendrar en nosotros una serie de preguntas.

Estar con Cristo sin conocer a Cristo. Estos discípulos habían visto muchas obras de Cristo, pero de alguna manera Cristo seguía siendo un desconocido para ellos.

Jesús les hace esta pregunta en una región relativamente apartada, una región que por su nombre; Cesarea, ya indica la presencia romana y ya indica la influencia extranjera; además, ese nombre, Filipo, pues, viene por supuesto del antiguo rey de Macedonia. O sea que esta era una antigua colonia del Imperio Helenístico.

Y en esa región relativamente despoblada de creyentes, Jesús hace una pregunta por la fe: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" San Mateo 16,13.

Lo segundo que podemos aprender en este evangelio es que uno no llega a conocer a Jesús sino por una especie de revelación. El que acertó con la respuesta fue San Pedro, y Cristo le dijo lo siguiente: "Eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre, que está en el cielo" San Mateo 16,17.

Lo primero que sabemos es que se puede estar cerca de Cristo sin conocerlo, y lo segundo es que para conocerlo se necesita esa revelación.

En otro lugar dice Nuestro Señor: Nadie puede venir a mí, si el Padre no lo atrae" San Juan 6,44, y aquí dice a Pedro: "fue el Padre, que está en los cielos, quien te reveló esto" San Mateo 16,17.

Uno puede suponer que en ambas ocasiones Jesucristo se está refiriendo a lo mismo, es decir, es Dios, nuestro Padre, el que nos revela el misterio de Cristo y así nos atrae hacia Cristo, y no únicamente hacia los bienes que uno pueda sacar de Cristo.

Porque en realidad en esto consiste el salto que realiza esa revelación de la que habla Nuestro Señor: es pasar de los bienes que yo saco de Cristo, a Cristo mismo; es pasar de las ventajas de ser cristiano, o ventajas de ser sacerdote, o de ser religioso, pasar de esos bienes y ventajas, a la persona y al ser mismo de Cristo.

Porque si lo miramos bien, aquella persona que se queda en los beneficios que recibe de Cristo, en el fondo sigue atrapada en sí misma, sigue atrapada en sus necesidades, sigue atrapada en sus caprichos o en sus gustos.

A ver si logro explicarme con la ayuda del Espíritu Santo. Cuando nosotros en Cristo miramos únicamente los benficios que Él nos va a traer, en el fondo seguimos pensando en nosotros mismos. esto es lo mismo que dujo el Señor después de la multiplicación de los panes allá en el relato del evangelio de san Juan: "Ustedes vienen no porque hayan entendido los signos, sino porque comieron hasta hartarse" San Juan 6,26.

Es decir, para aquellas personas, según el diágnóstico del Señor, Cristo era un proveedor de bienes, en ese caso un proveedor de pan. Cuando uno está pensando en los beneficios de Cristo, uno está pensando en uno mismo, está pensando en las ventajas de uno, en lo que uno puede recibir.

De manera que la revelación que trae el Padre Celestial, en realidad es una liberación, es liberarlo a uno de los intereses, usualmente interese cortoplacistas, en los que uno vive encadenado.

Encontrarse con la persona de Cristo es más allá de lo que a mí me conviene, de los que yo necesito, de lo que a mí me gustaría, de lo que yo prefiero.

Encontarse con Cristo de alguna manera supone posponer todas esas cosas, salir uno de su pequeño mundo, el pequeño mundo ¿qué es? Que a mí no me pase nada, que en mi casa no pase nada, que a todos los de mi casa todo les salga bien, que toda la gente que yo quiero esté contenta, y que encima de todo eso, eso dure y nadie nos lo interrumpa.

Es decir, uno quiere hacer como una especie de huevo perfecto, en el cual estén todos los bienes, no haya ningún peligro, no haya ningún daño, y toda la gente que uno quiere esté contenta y eso dure para siempre. Ese es el huevo en el que uno se quiere meter.

Y entonces Dios nuestro Padre tiene que liberarnos de esa cárcel por elegante y curvilínea que sea.

Revelar a Jesucristo es sacarlo a uno de ese mundo de interese, sacarlo de ese mundo chiquito donde uno vive pendiente de qué le pasó a la persona que es importante para mí: "que mis hijos", "que mi esposo", que mi esposa", "mi familia", "mis cosas", "mis gustos", "mi salud: Ahora como que me duele esta rodilla, o es la otra, no sé, una de las dos".

Uno vive en el pequeño mundo de sus enfermedades; cada uno de nosotros se mete en un pequeño mundo, ¿no? La persona casada no tiene ojos sino para sus tres o cuatro o catorce hijos, lo que sean, no tiene ojos sino para los hijos, y ese es su pequeño mundo, y ese es su huevito, y ahí vive entre "que no les pase nada, que todo les salga bien, que todo les salga bien y que no les pase nada", y esa es la oración de la mañana y de la tarde.

El que no tiene hijos o hijas entonces se fija en otra cosa: "que mi página de Internet no se caiga", y entonces a uno la página se le vuelve una pequeña obsesión, ¿no? Y uno arma un pequeño mundo, el mundo de la costura, el mundo de la cocina, el mundo de la despensa, el mundo del computador; "mi pequeño mundo de amigos en Internet", "los vecinos".

Es la tendencia del corazón humano, el corazón humano tien una tendencia irreprimible a achicar el mundo, y a uno el mundo se le vuelve chiquito, se le vuelve diminuto. La revelación que hace Dios Padre es como abrir ese mundo.

Hay una cosa que es impresionante cuando se piensa en el proceso de los embriones dentro de los huevos, o de los fetos dentro del vientre de las mamás,porque las dos cosas se parecen.

Mientras está allá en su huevito debidamente calentado por la mamá gallina, pues ese pollito no tiene ningún problema; mientras el feto está flotando ingrávido en la ingravidez de la mamá, pues ese feto no tiene ningún problema.