Diferencia entre revisiones de «Sand004a»

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De un modo pequeñito he podido vivir esto cuando el Señor me ha llamado y la Comunidad me ha encomendado predicar en distintos sitios. Y uno no pasa las incomodidades que tenían que pasar los discípulos de Cristo, porque el mismo Cristo había dejado todo; para Cristo la barca sería seguramente esa casita en Nazaret, y sobre todo, la sonrisa, la mirada, el regazo de mamá María.
 
De un modo pequeñito he podido vivir esto cuando el Señor me ha llamado y la Comunidad me ha encomendado predicar en distintos sitios. Y uno no pasa las incomodidades que tenían que pasar los discípulos de Cristo, porque el mismo Cristo había dejado todo; para Cristo la barca sería seguramente esa casita en Nazaret, y sobre todo, la sonrisa, la mirada, el regazo de mamá María.
  
Pues Cristo salió de allá y un día dijo: "El Hijo del hombre no tien dónde reclinar la cabeza" [[:Category:Lucas 009_058|San Lucas 9,58]]. ¿cómo sería la condición de esos apóstoles? ¡Cúántas incertidumbres, cuánta indigencia, cuánta fragilidad, cuánta provisionalidad, caminando al lado del Profeta de Nazaret!
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Pues Cristo salió de allá y un día dijo: "El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza" [[:Category:Lucas 009_058|San Lucas 9,58]]. ¿cómo sería la condición de esos apóstoles? ¡Cúántas incertidumbres, cuánta indigencia, cuánta fragilidad, cuánta provisionalidad, caminando al lado del Profeta de Nazaret!
  
 
Pues uno no pasa por todas esas cosas, pero cuando tiene que ir a distintos lugares, aún lo más elemental, trae su propia dificultad: que hay que dormir en otra cama, que hay demasiado ruido o demasiada luz, que uno no está acostumbrado a lo que encuentra y son pocas, repito, las incomodidadades que uno tiene que sufrir.  
 
Pues uno no pasa por todas esas cosas, pero cuando tiene que ir a distintos lugares, aún lo más elemental, trae su propia dificultad: que hay que dormir en otra cama, que hay demasiado ruido o demasiada luz, que uno no está acostumbrado a lo que encuentra y son pocas, repito, las incomodidadades que uno tiene que sufrir.  
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Todos tenemos que ser llmados finalmente a la eternidad, todos tenemos que dejar nuestra barca. Como bien explica San Agustín, allá en el cielo no tendremos que atender a otras personas, sino que, si somos juzgados dignos de la vida eterna, seremos nosotros los atendidos en el banquete del Reino Celestial.
 
Todos tenemos que ser llmados finalmente a la eternidad, todos tenemos que dejar nuestra barca. Como bien explica San Agustín, allá en el cielo no tendremos que atender a otras personas, sino que, si somos juzgados dignos de la vida eterna, seremos nosotros los atendidos en el banquete del Reino Celestial.
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Así que también todos tendremos que dejar nuestras comodidades, tendremos que dejar nuestra barca. En ese sentido, la muerte es la vocación final. Y por eso, partir para ir con Cristo es morir un poco.
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La vocación religiosa, misionera, apostólica, sacerdotal, siempre implica morir un poco, adelantar un poco la muerte, vivir primero que los demás lo que todos tendrán que vivir en su propio día. Esa es la vida del sacerdote, del misionero, del religiosos.
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En el fondo no es un ser tan extraño; todos ellos, los misioneros, los religiosos, los sacerdotes de algún modo estamos viviendo por adelantado lo que todos tendrán que vivir en su propio momento.
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Morir un poco. Y por eso podemos aprender también de esta fiesta de San Andrés a morir un poco, a dejar atrás muchas cosas, dejar atrás seguridades y lanzarnos por Jesucristo. ¿Cómo podemos practicarlo? Terminemos esta reflexión con tres sugerencias prácticas.

Revisión del 14:22 3 nov 2010

Fecha: 20091130

Título:

Original en audio: 22 min. 46 seg.


Yo pienso, mis hermanos, que los relatos de conversión y los relatos de vocación tienen un atractivo, un encanto especial, será porque uno siempre los puede relacionar con la propia vida.

Cuando se habla de conversión, creo que cada uno de nosotros tiene una historia que contar; cuando se habla de vocación, pienso también que todos tenemos alguna esperanza; allá, en el fondo del corazón, hay una llamita de esperanza, esperanza de ser llamados precisamente, esperanza de iniciar una etapa nueva, mejor en nuestra vida.

Hoy, en la fiesta de San Andrés, el Apóstol, el hermano de Pedro, el primero en la lista de los Apóstoles, el primer Papa también, decimos los católicos; hoy, al celebrar esta fiesta, estoy seguro que se queda grabada en el corazón la imagen del evangelio.

Estos hombres que en un momento dado lo arriesgaron todo por Jesucristo, ¿y qué era todo lo que tenían? El resumen no es muy largo: una barca, unas redes, un papá. El papá se llamaba Zebedeo, ése lo dejaron Santiago y Juan, ¿y la barca y las redes? Eso lo dejaron todos, Pedro y Andres, por una parte; Santiago y Juan, por otra.

La barca y las redes. ¡Cuántas reflexiones podemos hacer! Las redes que son un medio de trabajo, de sustento, que son una ocupación, un oficio, aquello que llenaba las horas de ellos, aquello, podemos decir, que les daba también un sentido.

Normalmente, cuando una persona tiene un oficio, al despertarse por la mañana en lo primero que piensa es en su oficio, en lo que tiene que hacer en el día; el carpintero recordará los trabajos que tiene pendientes, la madera, el cepillo, la sierra; el campesino se levanta temprano y dice: "Hoy me toca echar arado en tal o cual parcela, hoy me toca cuidar la cerca de no sé dónde, hoy tengo que echarles sal a las vaquitas.

Pensamos en nuestros oficios. también la mujer que confecciona vestidos sabe que tiene un encargo pendiente; la cocinera se apresta a preparar los alimentos.

Dejar el oficio no es solamente dejar un medio de sustento, es abrir un inmenso, inmenso vacío en las horas del día; es abrir un espacio que queda ahí disponible, y eso fue lo que ellos dieron a Jesús: "Ahora, Jesús, tú serás el sentido de mi vida; ahora, Jesús, tú vas a llenar las horas de mi día; ahora, Jesús, tú vas a darle el sabor, el color, el perfume, el estilo a mi vida".

¡Que apuesta tan grande, y por lo mismo, tan apasionante! ¡Dejar las redes! Pero dejaron también la barca y la barca representa otras cosas: la barca representa la estabilidad, el tener un lugar, el tener una referencia, el poder llamar propio a algo, esa es la barca.

En ese sentido, todos tenemos una barca, grande o chica, todos tenemos una barca, por ejemplo, el lugar donde vivimos, los amigos con los que siempre nos hablamos; en nuestras pequeñas y sencillas rutinas todo está planificado, sabemos cómo funcionan las cosas. Cuando uno lleva un tiempo viviendo en una casa, uno casi que puede moverse a ciegas, todo está en su lugar, todo nos resulta familiar.

Dejar la barca es dejar ese espacio de protección, dejar ese mundo que nos resulta familiar, dejar esa referencia y dejar también aquello que llamamos "lo mío", "lo propio", ¡qué despojo tan difícil! ¡Qué dificultad tan grande!

De un modo pequeñito he podido vivir esto cuando el Señor me ha llamado y la Comunidad me ha encomendado predicar en distintos sitios. Y uno no pasa las incomodidades que tenían que pasar los discípulos de Cristo, porque el mismo Cristo había dejado todo; para Cristo la barca sería seguramente esa casita en Nazaret, y sobre todo, la sonrisa, la mirada, el regazo de mamá María.

Pues Cristo salió de allá y un día dijo: "El Hijo del hombre no tiene dónde reclinar la cabeza" San Lucas 9,58. ¿cómo sería la condición de esos apóstoles? ¡Cúántas incertidumbres, cuánta indigencia, cuánta fragilidad, cuánta provisionalidad, caminando al lado del Profeta de Nazaret!

Pues uno no pasa por todas esas cosas, pero cuando tiene que ir a distintos lugares, aún lo más elemental, trae su propia dificultad: que hay que dormir en otra cama, que hay demasiado ruido o demasiada luz, que uno no está acostumbrado a lo que encuentra y son pocas, repito, las incomodidadades que uno tiene que sufrir.

¿Cómo sería en tiempos de Jesucristo? Dejar la barca, dejar tantas comodidades y mundos establecidos, dejar lo conocido y lanzarse a lo incógnito, en realidad, estos Apóstoles de Cristo vivieron como verdaderos hijos de Abraham.

Porque Abraham también salió de su tierra, también salió de lo cómodo, de lo familiar, de lo cercano, de lo propio y el Señor únicamente le dijo: "Vete a la tierra que yo te mostraré" Génesis 12,1, y partió.

¿Sómo sería aquello? Salir de esa tierra, despedirse de su parentela sin dar mayores explicaciones, ¿qué podría decir Abraham al que le preguntara: "-oye, que a dónde vas?" "-Pues voy por ahí"? Porque ¿qué podía de cir? "-A dónde vas?" "-Voy a donde Dios me lleve". "-¿Cuál Dios?" "-Pues un Dios que me ha hablado". "-¿Qué te ha hablado ¿qué?" "-Me ha hablado Dios. Me voy detrás de una voz"."Detrás de una voz", ese es el llamado.

Pero déjenme decirles que todos tendremos que partir un día, queriendo o sin querer, tendremos que dejar la comodidad nuestra.

Yo sé que muchos, cuando hago esta descrpción de la vocación apostólica dirán: "Son unos héroes, pero yo me quedaré en mi casita", pues te quedarás en tu casita hasta que llegue otro llamado que diga: " Oye, tú, para la vida esterna", ¿y a hí qué vamos a decir? Ahí toca dejar la camita, y la sala, y las flores, y los libros, y las agujas, toca dejarlo todo.

Todos tenemos que ser llmados finalmente a la eternidad, todos tenemos que dejar nuestra barca. Como bien explica San Agustín, allá en el cielo no tendremos que atender a otras personas, sino que, si somos juzgados dignos de la vida eterna, seremos nosotros los atendidos en el banquete del Reino Celestial.

Así que también todos tendremos que dejar nuestras comodidades, tendremos que dejar nuestra barca. En ese sentido, la muerte es la vocación final. Y por eso, partir para ir con Cristo es morir un poco.

La vocación religiosa, misionera, apostólica, sacerdotal, siempre implica morir un poco, adelantar un poco la muerte, vivir primero que los demás lo que todos tendrán que vivir en su propio día. Esa es la vida del sacerdote, del misionero, del religiosos.

En el fondo no es un ser tan extraño; todos ellos, los misioneros, los religiosos, los sacerdotes de algún modo estamos viviendo por adelantado lo que todos tendrán que vivir en su propio momento.

Morir un poco. Y por eso podemos aprender también de esta fiesta de San Andrés a morir un poco, a dejar atrás muchas cosas, dejar atrás seguridades y lanzarnos por Jesucristo. ¿Cómo podemos practicarlo? Terminemos esta reflexión con tres sugerencias prácticas.