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Cuanto más intensa sea la experiencia del Reino aconteciendo dentro de él, seguramente más limpios estarán sus ojos para percibir todo lo que falta afuera de él. Y así, el predicador, el misionero, tiene como una fuerza contínua, que no es otra cosa sino lo que llamamos "el celo apostólico".  
 
Cuanto más intensa sea la experiencia del Reino aconteciendo dentro de él, seguramente más limpios estarán sus ojos para percibir todo lo que falta afuera de él. Y así, el predicador, el misionero, tiene como una fuerza contínua, que no es otra cosa sino lo que llamamos "el celo apostólico".  
  
¿De dónde surge el celo apostólico? De ese nivel entre lo maravilloso que yo he visto sobre el amor de Dios, y la angustioa que se siente al ver que esa noticia es desconocida, ignorada, ultrajada, blafemada, ocultada de mil modos en los hermanos amados por Dios. De ese desnivel surge el ardor misionero, surge el celo apostólico.
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¿De dónde surge el celo apostólico? De ese nivel entre lo maravilloso que yo he visto sobre el amor de Dios, y la angustioa que se siente al ver que esa noticia es desconocida, ignorada, ultrajada, blafemada, ocultada de mil modos en los hermanos amados por Dios. De ese desnivel surge el ardor misionero, surge el celo apostólico. Necesitamos celo apostólico.
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Si nos damos cuenta, la estructura interior de este celo, de este ardor es algo que tiene mucho más que ver con la geografía e incluso con la expresión externa de las vocaciones.
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Teresa del Niño Jesús, contemplativa, vive este drama, y desde ahí se convierte en un corazón misionero palpitante, que alienta el conocimiento de Jesucristo y de sus misterios por todas partes.
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Desde luego que quienes están o estamos dedicados al ministerio necesitamos de este celo, pwro no es un privilegio nuestro, sino que es una característica que surge en todo corazón cuando mira, cuando abre los ojos ante el amor desbordante de Dios, y abre los ojos ante el rechazo, por ignorancia, por odio, por engaño, porlo que sea, de ese amor en el mundo.
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En la medida en que ese celo apostólico, -porque es el que cristo imprimió en sus Apóstoles-, en la medida en que ese celo se va convirtiendo en una realidad en nosotros, suceden tres cosas que nos las cuenta en evangelio de hoy, tres cosas maravillosas que también las vemos testificadas en multitud de santos, gracias a Dios, muchos de ellos de nuestra familia dominicana.
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Primer efecto, lo repite varias veces el evangelio de hoy: el miedo desaparece. Es como una especie de coraje que hace que los obstáculos ya no sean obstáculos para nosotros. Me decía una piadosa señora en estos días, con multitud de problemas en su familia, sus hijos y ella es viuda además, me decía: "Pero yo me iba a la iglesia y le decía al Señor, como mirándolo a los ojos: "Pero por encima de ti no hay nadie"".
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Eso es lo hermoso de esta fe, sí, hay muchos poderes, y muchos de esos son más grande que nosotros, pero por encima de Aquel que nos ama y que nos mueve, no hay nadie. Esa absoluta confianza en el señorío de Jesucristo, destruye por completo el miedo, ese es el arrojo, esa es la audacia que de tantas maneras aparece en la Iglesia.
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Y la Iglesia necesita ser audaz, la Iglesia necesita audacia, audacia para proponer a Jesucristo. En las políticas de esta tierra todo tiene que ser por medio del consenso, la participación, el lenguaje diplomático: "¿Qué hacemos para decir una palabra que no le vaya a disonar a nadie?" Es muy difícil predicar el Evangelio así.
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El Evangelio necesita audacia, pero claro, no se puede tener audacia si no se está proponiendo el mensaje de Jesucristo.
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Yo veo, por ejemplo, este drama con el asunto de la paz aquí en Colombia. Si la propuesta mía, si la propuesta última de mi mensaje es es que tengamos paz, entonces tengo que decirle a todos que cada uno va a tener la palabra, y que se van a repetar los intereses de todos, y no sé cuántas cosas.
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Y de ahí resultan esos documentos insípidos que antes de que los publiquen ya uno sabe qué van a decir, que no convierten a nadie, que no conmueven a nadie y que no hacen nada, y que sólo son una multiplicación de lamentaciones, porque "la situación está cada vez mas crítica", "cada vez más crítica", pues ya sabemos que está muy crítica.
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Pero si la propuesta última de mi vida y de mi plabra

Revisión del 17:51 4 jul 2010

Fecha: 20000715

Título:

Original en audio: 19 min. 24 seg.


Son dos pasajes de envío los que nos presenta la liturgia de hoy. Isaías que escucha esa palabra del Dios de Israel.

Después de la purifición de su pecado, se le dice: "¿A quién enviaré?" Isaías 6,8, y él responde: "Aquí estoy, mándame" Isaías 6,8. Y de ese envío tenemos testimonio en el libro de Isaías.

Y Jesús da estas consignas a sus Apóstoles en ese capítulo décimo que llevamos algunos días leyendo, un capítulo que por cierto es muy importante para la historia de nuestra espiritualidad dominicana, porque era algo así como el manual para los herejes, y fue también el espejo en el que quiso leerse nuestro Padre Santo Domingo.

Conocía muy bien, casi de memoria todo el evangelio de San Mateo, pero especialmente este capítulo décimo era el que resumía, por así decirlo, las consignas del evangelismo, ese intento de vivir el Evangelio sin glosas, lo que ahí dice, eso vivimos nosotros.

Resulta útil comparar estos dos envíos. Porque, en el texto de Isaías, se cuenta de lapurificación del profeta antes del envío. Y en el texto del evangelio, Jesús recuerda que esa purificación no ha sucedido en el mundo. Por eso aquí está como el rostro, como el perfil de la vocación del misionero, del predicador.

A sus espaldas, en su pasado, una eperiencia de purificación por partede Dios; frente a él, en su futuro, la conciencia de que el mundo no ha tenido esa misma purificación. Las dos cosas se necesitan, la conciencia del pecado vencido, y la conciencia del pecado todavía presente.

Si el misionero se olvida de su pasado, de su raíz humilde y de donde ha salido, se anuncia a sí mismo, a sus méritos, a sus conocimientos, pero no anuncia a Dios. Si el misionero se olvida de la necesidad de Dios que tiene delante, entonces se olvida de la urgencia de su mensaje, se olvida del ardor de su mensaje y no tendrá palabras para llegar, para tocar esos corazones.

hay una tensión que es la propia de los predicadores, la tensión entre la realización del Reino, que ya ha empèzado porque él lo experimenta, lleva un ascua encendida, fuego que le ha cambiado la vida, el Reino ya presente, y por otra parte, el mundo que no ha escuchado, que no ha recibido esa palabra, que no conoce esa palabra, el Reino todavía ausente.

Con la famosa frase de aquel teólogo protestante, "es el ya y el todavía no"; pero el "ya" tiene que suceder dentro de él, y el "todavía no" tiene que descubrirlo fuera de él.

Cuanto más intensa sea la experiencia del Reino aconteciendo dentro de él, seguramente más limpios estarán sus ojos para percibir todo lo que falta afuera de él. Y así, el predicador, el misionero, tiene como una fuerza contínua, que no es otra cosa sino lo que llamamos "el celo apostólico".

¿De dónde surge el celo apostólico? De ese nivel entre lo maravilloso que yo he visto sobre el amor de Dios, y la angustioa que se siente al ver que esa noticia es desconocida, ignorada, ultrajada, blafemada, ocultada de mil modos en los hermanos amados por Dios. De ese desnivel surge el ardor misionero, surge el celo apostólico. Necesitamos celo apostólico.

Si nos damos cuenta, la estructura interior de este celo, de este ardor es algo que tiene mucho más que ver con la geografía e incluso con la expresión externa de las vocaciones.

Teresa del Niño Jesús, contemplativa, vive este drama, y desde ahí se convierte en un corazón misionero palpitante, que alienta el conocimiento de Jesucristo y de sus misterios por todas partes.

Desde luego que quienes están o estamos dedicados al ministerio necesitamos de este celo, pwro no es un privilegio nuestro, sino que es una característica que surge en todo corazón cuando mira, cuando abre los ojos ante el amor desbordante de Dios, y abre los ojos ante el rechazo, por ignorancia, por odio, por engaño, porlo que sea, de ese amor en el mundo.

En la medida en que ese celo apostólico, -porque es el que cristo imprimió en sus Apóstoles-, en la medida en que ese celo se va convirtiendo en una realidad en nosotros, suceden tres cosas que nos las cuenta en evangelio de hoy, tres cosas maravillosas que también las vemos testificadas en multitud de santos, gracias a Dios, muchos de ellos de nuestra familia dominicana.

Primer efecto, lo repite varias veces el evangelio de hoy: el miedo desaparece. Es como una especie de coraje que hace que los obstáculos ya no sean obstáculos para nosotros. Me decía una piadosa señora en estos días, con multitud de problemas en su familia, sus hijos y ella es viuda además, me decía: "Pero yo me iba a la iglesia y le decía al Señor, como mirándolo a los ojos: "Pero por encima de ti no hay nadie"".

Eso es lo hermoso de esta fe, sí, hay muchos poderes, y muchos de esos son más grande que nosotros, pero por encima de Aquel que nos ama y que nos mueve, no hay nadie. Esa absoluta confianza en el señorío de Jesucristo, destruye por completo el miedo, ese es el arrojo, esa es la audacia que de tantas maneras aparece en la Iglesia.

Y la Iglesia necesita ser audaz, la Iglesia necesita audacia, audacia para proponer a Jesucristo. En las políticas de esta tierra todo tiene que ser por medio del consenso, la participación, el lenguaje diplomático: "¿Qué hacemos para decir una palabra que no le vaya a disonar a nadie?" Es muy difícil predicar el Evangelio así.

El Evangelio necesita audacia, pero claro, no se puede tener audacia si no se está proponiendo el mensaje de Jesucristo.

Yo veo, por ejemplo, este drama con el asunto de la paz aquí en Colombia. Si la propuesta mía, si la propuesta última de mi mensaje es es que tengamos paz, entonces tengo que decirle a todos que cada uno va a tener la palabra, y que se van a repetar los intereses de todos, y no sé cuántas cosas.

Y de ahí resultan esos documentos insípidos que antes de que los publiquen ya uno sabe qué van a decir, que no convierten a nadie, que no conmueven a nadie y que no hacen nada, y que sólo son una multiplicación de lamentaciones, porque "la situación está cada vez mas crítica", "cada vez más crítica", pues ya sabemos que está muy crítica.

Pero si la propuesta última de mi vida y de mi plabra