Diferencia entre revisiones de «O143002a»
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Fíjate que en el Antiguo Testamento, la riqueza, la prosperidad, eran siempre señal de bendición de Dios. El que es bendecido por Dios, le tiene que ir bien; el que se aparta de Dios, le tiene que ir mal. | Fíjate que en el Antiguo Testamento, la riqueza, la prosperidad, eran siempre señal de bendición de Dios. El que es bendecido por Dios, le tiene que ir bien; el que se aparta de Dios, le tiene que ir mal. | ||
| − | Este principio, que suena al comienzo muy lógico para la mente de uno, empieza a mostrar sus límites precisamente cuando la prosperidad que Dios da se convierte, no en un motivo para volverse hacia Dios, sino en un motivo para cerrarse a la misma prosperidad, y por tanto a buscar la fuerzas naturales o | + | Este principio, que suena al comienzo muy lógico para la mente de uno, empieza a mostrar sus límites precisamente cuando la prosperidad que Dios da se convierte, no en un motivo para volverse hacia Dios, sino en un motivo para cerrarse a la misma prosperidad, y por tanto a buscar la fuerzas naturales o sobrenaturales que garanticen ese mismo bienestar. |
Es verdad que todos los bienes provienen de Dios, pero también es verdad que no todos los bienes nos llevan a Dios. Así traduciría yo esta enseñanza de Oseas. Sí, todos los bienes provienen de Dios, pero no todos los biens nos llevan a Dios. | Es verdad que todos los bienes provienen de Dios, pero también es verdad que no todos los bienes nos llevan a Dios. Así traduciría yo esta enseñanza de Oseas. Sí, todos los bienes provienen de Dios, pero no todos los biens nos llevan a Dios. | ||
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Dios es el que sabe qué es lo que necesita uno en el estado de ánimo, en la relación con las personas, en las enfermedades o en la salud, en la riqueza o en la pobreza, en la aceptación y acogida que las personas tienen de nosotros, o en el rechazo, la indiferencia, en las tentaciones que nos vienen de nuestros pensamientos, de nuestras pasiones, de nuestro organismo, o en esa paz dulce que a veces gozamos con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea. | Dios es el que sabe qué es lo que necesita uno en el estado de ánimo, en la relación con las personas, en las enfermedades o en la salud, en la riqueza o en la pobreza, en la aceptación y acogida que las personas tienen de nosotros, o en el rechazo, la indiferencia, en las tentaciones que nos vienen de nuestros pensamientos, de nuestras pasiones, de nuestro organismo, o en esa paz dulce que a veces gozamos con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea. | ||
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| + | Demonos cuenta de que esta profecía de Oseas desarma la ingenuidad de la mirada que tenía el Antiguo Testamento: "Sí, Dios tiene que bendecir a los que son suyos, Dios tien que darnos leche y miel, donde haya la bendición de Dios tienen que multiplicarse los bienes". No necesariamente. Dios sabe cuáles son los bienes que hay que dar. | ||
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| + | Y muchas veces es necesario limitar algunos de esos bienes, y traer algunos de esos males, y así Dios va cultivando su viña. | ||
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| + | Sobre el corazón dividido no hay que decir muchas palabras, porque eso sí que había recibido ya críticas abunantes en los profetas de Israel. Este es el tema, por ejemplo, de aquella confrontación de Elías con los profetas de Baal, allájunto al Carmelo, tener el corazón dividido. | ||
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| + | Pero el otro tema que hemos mencionado, lo de la prosperidad y la idolatría, no ayuda a iluminar el tema del corazón dividido. | ||
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| + | Casi siempre, cuando uno piensa en el corazón dividido, piensa en un corazón que está frente al bien y al mal, y en parte quiere a Dios y en parte quiere al diablo, ¡quién va a querer eso! ¡Quién va a tener esas divisiones! El problema no es estra uno dividido entre el bien y el mal, eso es muy fácil de saber. | ||
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| + | Por ejemplo, piense usted en un corazón dividido entre lo bueno y lo mejor, ese también es un corazón dividido, un corazón dividido entre lo bueno y lo mejor. Cuántas vocaciones he visto yo perderse por personas que no se terminan de resolver entre lo bueno y lo mejor, teniendo las disposiciones, bueno, sólo Dios sabrá. | ||
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Revisión del 01:51 29 jun 2010
Fecha:20000712
Título:
Original en audio: 14 min. 9 seg.
EN TRANSCRIPCIÓN
El profeta Oseas castiga con sus palabras el corazón dividido de los israelitas, que aprovecharon un cierto desorden que se presentó en una de esas transiciones complicadas de la política del reino del Norte, del reino de Israel, y sentían que, no habiendo gobierno visible, cesaba también el señorío de Dios.
Realmente, esa historia de ese reino del Norte es más bien triste, porque no llegó a consolidar ninguna dinastía, y porque todas estas voces de los profetas, podemos decir que quedaron casi en el vacío. Sirven ahora para nosotros, pero ese pueblo como tal desapareció, y esas diez tribus de Israel se disolvieron en la nada y el vacío.
Por eso tomemos nosotros este mensaje, que si no aprovechó a ellos, pero sí permanece, seguramente es porque permanece para nosotros.
Dos son las cosas que critica Oseas en esta lectura, y nosotros las podemos tomar, más que como un catigo,como una advertencia, como una exortación, porque ya vemos que la desobediencia a estas palabras acarrea la ruina.
Las dos cosas que toma Oseas en este pasaje son: el corazón dividido y la multiplicación de altares, de acuerdo con la prosperidad. Es tan diciente esa frase que dice el profeta que a medida que iban mejorando los frutos, iban mejorando los altares idolátricos: "Cuanto más eran sus frutos, más aumentó sus altares" Oseas 10,1.
Las dos criticas son ese corazón que cree en Dios cuando le conviene, y luego esta multiplicación de ídolos, a medida que se multiplican los bienes. Ahí podemos encontrar una raíz profunda que llevará a superar esa idea que estaba en el Antiguo Testamento.
Fíjate que en el Antiguo Testamento, la riqueza, la prosperidad, eran siempre señal de bendición de Dios. El que es bendecido por Dios, le tiene que ir bien; el que se aparta de Dios, le tiene que ir mal.
Este principio, que suena al comienzo muy lógico para la mente de uno, empieza a mostrar sus límites precisamente cuando la prosperidad que Dios da se convierte, no en un motivo para volverse hacia Dios, sino en un motivo para cerrarse a la misma prosperidad, y por tanto a buscar la fuerzas naturales o sobrenaturales que garanticen ese mismo bienestar.
Es verdad que todos los bienes provienen de Dios, pero también es verdad que no todos los bienes nos llevan a Dios. Así traduciría yo esta enseñanza de Oseas. Sí, todos los bienes provienen de Dios, pero no todos los biens nos llevan a Dios.
San Pablo lo dice de otra manera: "Todo es lícito, no todo conviene". Descubrir cuáles son los bienes que convienen, esa sí es sabiduría espiritual. Y ahora aplíquele eso a todos los aspectos de su vida.
¿Cuál es la comodidad que conviene? Pues uno necesita un cierto grado de comodidad en todo sentido. de comodidad física, necesita una cierta estabilidad, sosiego, espacio libre y tiempo disponible para poder estudiar; necesita un cierto espacio afectivo de cierta amistad, uno no puede vivir indefinidamente de pelea, agarrado con todo el mundo, uno necesita una cierta comodidad, una cierta estabilidad, ¿Pero cuál es la que a mí me sirve? ¿Cuál es la que me conviene?
Por planterlo de una manera casi brusca, infantil: ¿cuántos amigos y cuántos enemigos necesito para mantenerme estable y al mismo tiempo fiel? ¿Cuántas cosas sencillas o difíciles necesito? Esa es una medida complicada que sólo Dios conoce, y por eso sólo Dios, en su sabiduría, va dando, como dicen tantos textos, por ejemplo, aquel del libro de Samuel, va dando la muerte y la vida, hunde en el abismo y levanta.
Dios es el que sabe qué es lo que necesita uno en el estado de ánimo, en la relación con las personas, en las enfermedades o en la salud, en la riqueza o en la pobreza, en la aceptación y acogida que las personas tienen de nosotros, o en el rechazo, la indiferencia, en las tentaciones que nos vienen de nuestros pensamientos, de nuestras pasiones, de nuestro organismo, o en esa paz dulce que a veces gozamos con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea.
Demonos cuenta de que esta profecía de Oseas desarma la ingenuidad de la mirada que tenía el Antiguo Testamento: "Sí, Dios tiene que bendecir a los que son suyos, Dios tien que darnos leche y miel, donde haya la bendición de Dios tienen que multiplicarse los bienes". No necesariamente. Dios sabe cuáles son los bienes que hay que dar.
Y muchas veces es necesario limitar algunos de esos bienes, y traer algunos de esos males, y así Dios va cultivando su viña.
Sobre el corazón dividido no hay que decir muchas palabras, porque eso sí que había recibido ya críticas abunantes en los profetas de Israel. Este es el tema, por ejemplo, de aquella confrontación de Elías con los profetas de Baal, allájunto al Carmelo, tener el corazón dividido.
Pero el otro tema que hemos mencionado, lo de la prosperidad y la idolatría, no ayuda a iluminar el tema del corazón dividido.
Casi siempre, cuando uno piensa en el corazón dividido, piensa en un corazón que está frente al bien y al mal, y en parte quiere a Dios y en parte quiere al diablo, ¡quién va a querer eso! ¡Quién va a tener esas divisiones! El problema no es estra uno dividido entre el bien y el mal, eso es muy fácil de saber.
"-Usted quiere ser bueno o quiere ser un criminal desgraciado?" "-No, yo quiero ser bueno". Esa decisión es fácil de tomar. Pero es que el corazón no sólo padece esa división. Hay otras divisiones que aparecen ante nuestros ojos, cuando recordamos aquello de la prosperidad y la idolatría.
Por ejemplo, piense usted en un corazón dividido entre lo bueno y lo mejor, ese también es un corazón dividido, un corazón dividido entre lo bueno y lo mejor. Cuántas vocaciones he visto yo perderse por personas que no se terminan de resolver entre lo bueno y lo mejor, teniendo las disposiciones, bueno, sólo Dios sabrá.
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