Diferencia entre revisiones de «Epif015a»

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Resulta que la Biblia estaba abierta, y en el lugar donde estaba abierta, las páginas tenían un poquito de polvo. Luego fui a abrir otro libro de la Biblia, y las páginas estaban pegadas. No era otra cosa sino una pura decoración, y la decoración es del papel de regalo.
 
Resulta que la Biblia estaba abierta, y en el lugar donde estaba abierta, las páginas tenían un poquito de polvo. Luego fui a abrir otro libro de la Biblia, y las páginas estaban pegadas. No era otra cosa sino una pura decoración, y la decoración es del papel de regalo.
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''La Biblia no puede ser un ornamento, no puede ser únicamente una gran decoración. La Biblia tiene que ser el regalo que se abre ante ti. ¡Abre esa Biblia! ¡Ábrela!''
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¡Ábrela! Deja que brillen las páginas del Evangelio en tu corazón. Deja que el camino de los Salmos, deja que la plegaria que el Espíritu Santo le regaló al pueblo de Israel y a nuestro pueblo, se convierta en un camino de oración dentro de ti. ¡Eso es abrir el regalo! ¡Esa es la Epifanía, tu epifanía! ¡Abre esa Biblia!
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"-¡Ah, pero es que yo no voy a entender la Biblia!" "-Eso se podía decir antes; ya no lo puedes decir. Hay muy buenas traducciones de la Biblia que han sido aprobadas por nuestra Iglesia Católica. ¡Muy buenas traducciones! Y hay ediciones católicas de la Biblia que traen unas notas explicativas excelentes, muy bien hechas".
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¿Por dónde puedes empezar a abrir ese regalo maravilloso que se llama la Biblia? Por los Evangelios. Empieza por Jesucristo, empieza, por ejemplo, por el Evangelio según San Marcos. Deja que tus ojos se maravillen, se extasíen viendo la ternura, la sabiduría, la fuerza, la valentía de Jesús; que Él, con toda su fuerza, con toda su gracia, toque tu corazón. ¡Eso es Epifanía!
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¿Qué más epifanías hay? Son muchas. Jesús nos dijo esto: "Todo aquello que hicisteis a uno de mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis" (''véase'' San Mateo 25,40).
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Quiere decir, que Cristo está envuelto también en un papel de regalo muy extraño que se llama la persona del pobre. Quiere decir, que a través de las llagas del enfermo y a través de las ropas ajadas y tal vez sucias del pobre, ahí está el regalo, ahí está el tesoro.
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Y en nuestra bendita y Santa Iglesia Católica tenemos una cantidad de santos que supieron encontrar el regalo donde estaba. ¿Cómo no recordar aquí, por poner el caso, a San Vicente de Paúl? ¿Cómo no recordar, por ejemplo, a San Camilo de Lellis o a San Pedro Claver?
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Quiero evocar solamente un momento en la vida de San Camilo de Lellis, el gran Apóstol de los enfermos, el Fundador de la Familia Camiliana. Ellos tienen rama masculina y rama femenina.
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San Camilo de Lellis recibió del Espíritu Santo la gracia de reconocer el regalo. San Camilo de Lellis reconocía a Cristo en la persona de los enfermos, y trataba el cuerpo de los enfermos como se toca el Cuerpo de Cristo en el altar.
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Así tocaba él al enfermo, como el que toca el Cuerpo de Cristo en el altar. ¿Y usted sabe una cosa? Este hombre, Camilo, era tan pero tan enamorado de Jesús, y era tan enamorado del servicio a los enfermos, que yo creo que al final de tanto amor, se nos iba era como volviendo loco.
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Les voy a decir por qué. Porque, en una ocasión estaba atendiendo a un enfermito, y después de que le ayudó, lo alivió y lo consoló, entonces le dice al enfermo: "-¿Me hace un favor?" El enfermo responde: "-Claro, ¿qué quiere?"
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Y le dice San Camilo: "-¿Me perdona los pecados?" "-¿Pero qué me dice, padre?", -San Camilo era sacerdote-, "-¿Qué me está diciendo? ¿Cómo así que le voy a perdonar yo los pecados?"
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Fíjate que es un modo de hablar extraño y místico, pero fíjate hasta dónde llegaba él a percibir la presencia de Cristo en esos enfermos. ¿Hasta dónde él estaba convencido de que Jesús se encontraba ahí? Hasta el punto de pedirle a ese enfermo en quien estaba Cristo, el perdón de los pecados. Entonces, aquí también hay una epifanía.

Revisión del 01:30 29 dic 2009

Fecha: 20090103

Título: Son muchas las epifanias que tenemos los catolicos

Original en audio: 22 min. 42 seg.


Queridos Hermanos:

Esta festividad tiene un nombre tomado de la lengua griega: Epifanía. Y seguramente sabemos ya que significa, "la manifestación", una manifestación pero en el sentido de una revelación.

¿Qué es revelar? Es tomar algo que estaba velado, que estaba oculto y sacarlo a la luz. Y ése es el sentido de esta fiesta: algo que estaba escondido, que estaba oculto a nuestra vista, ha aparecido.

Lo mismo que sucede cuando damos regalos para Navidad, o como hacen en algunos países en esta fiesta de los Magos, de los Reyes Magos, decimos.

Observa cómo los regalos nos gusta envolverlos en un papel bonito, un papel de fiesta. ¿Y cuál es el objetivo de envolver el regalo? ¿Por qué, si vamos a dar un regalo, lo envolvemos en un papel?

Para darle a la persona que lo recibe la alegría adicional de destapar el regalo. Y ese destapar el regalo, es ver aparecer lo que me han dado.

Cuando recibo la caja, por ejemplo, o recibo el paquete que va envuelto en ese papel, no sé bien lo que es. Puedo hacer algunas conjeturas, pero no estoy seguro de lo que es.

Entonces, destapo el regalo, y al destaparlo aparece, no solamente ese regalo, sino el cariño que me han tenido, el afecto que me han manifestado.

Por eso, observa que en español a los regalos también los llamamos presentes. Se dice: "Le dieron un presente", un presente o un regalo.

Y está muy buena esa forma de hablar, porque realmente ése es el significado de un regalo: es una manera de hacerse presente y de permanecer presente en la vida de otra persona.

Los regalos son como epifanías. Y creo que a todos nos gusta recibir regalos. A todos nos gusta destapar regalos, a todos nos gusta que haya epifanías.

A los niños les encantan las epifanías: "Ojalá que haya muchas epifanías, muchos regalos. Destapar, -¡ah, mira!-, lo que me regaló mi papá, mi mamá, lo que me regaló el Niño Dios, lo que me regaló mi tío, mi tía, mi abuelito, lo que me regaló ese primo que vive tan lejos".

¡Qué hermoso, qué grato es destapar regalos y sentir que las personas que nos aman están presentes! En ese regalo sentimos la presencia.

Si esto es así, hagámonos una pregunta: ¿Y cuál es el regalo que nosotros destapamos en esta fiesta? Porque, si esta es la fiesta de la Epifanía, entonces, ¿cuál es el regalo que destapamos?

Y la respuesta es muy profunda. Por supuesto, la primera parte de la respuesta es que el regalo es Jesucristo. ¡El gran regalo es Jesucristo!

Jesucristo estaba envuelto allí, en el calor, en el amor del vientre de María Santísima. Podemos decir que Ella era el esplendor de ese regalo que no podíamos ver. Ella era la que anunciaba el regalo que había de venir.

Pero, después aparece ese regalo. Cuando ya está en el pesebre, cuando ya lo podemos ver, cuando nos gozamos ante Él, cuando nos extasiamos ante su hermosura, su humildad, su generosidad, su pureza, su inocencia, entonces el regalo está presente.

Ahí podemos decir, que el regalo estaba como escondido en el vientre de María y ha salido a la luz. ¡Esa es la Navidad! Podemos decir también, que esta Epifanía sucede cada vez que alguien se encuentra con Jesucristo. Encontrarse con Jesucristo, es destapar el regalo.

Muchos de los que escuchamos estas palabras, creo yo que la gran mayoría somos católicos y la gran mayoría de nosotros fuimos bautizados de niños y de niños se nos dio la presencia de Cristo. Cristo vino el día de nuestro bautismo, para quedarse con nosotros. Él es el gran presente, Él es el gran regalo.

Mas, para muchos católicos el regalo sigue envuelto, el regalo sigue en su papel. Es decir, no se han encontrado viva y personalmente con Jesucristo. ¡Y en ese encuentro es donde uno recibe verdaderamente el regalo del amor de Dios!

Por eso, algunos cristianos no católicos, predican a los católicos y les dicen: "Tú tienes que encontrarte con Jesucristo, tú tienes que conocer a tu Salvador".

Y a veces, algunos católicos se desconciertan cuando les hacen esta pregunta: "¿Cuándo fue tu encuentro con Jesucristo?" El católico se queda así como diciendo: "¡Uy! ¿Y ahora qué digo?"

Pues, la verdad es que si vivimos nuestra santa fe católica, si la vivimos bien, podemos hablar de varias epifanías. Muchos de los que están aquí presentes, estoy seguro que tuvieron una hermosa epifanía, por ejemplo, el día de su Primera Comunión.

Una buena celebración de la Primera Comunión es una epifanía, porque en ese momento, después de una larga preparación, después de sentir hambre espiritual, un día llega Jesús; Jesús, que toca tu lengua, tus labios, tu boca, tu corazón; Jesús, que se da a ti, Jesús, que se entrega a ti. ¡Esa es una epifanía!

Es una epifanía también cuando celebramos el sacramento de la confesión. Si quieres encontrarte vivamente con la misericordia de Jesucristo, qué mejor que ir a ese canal que el mismo Cristo estableció: el perdón de los pecados a través de los Apóstoles y los obispos, que son sucesores de los Apóstoles, y los sacerdotes que somos colaboradores de los obispos.

En el sacramento de la confesión desenvolvemos el regalo. Ya sabemos: nos han dicho que Cristo es misericordioso y eso se ve muy bonito como un papel de regalo. Pero, hay que encontrarse con el regalo.

Cuando llegamos ante el sacerdote y expresamos nuestro arrepentimiento, cuando nos toca como desnudar el alma, Cristo también desnuda su Corazón. Nuestro corazón desnudo en la confesión, se encuentra con la desnudez del Corazón de Cristo.

En ese momento, todo el torrente de la bondad divina cae sobre nosotros, y entonces podemos decir: "¡Ahora sí que sé cuán misericordioso es el Señor!"

¿No nos había dicho por cierto un Salmo: "Gustad y veréis qué bueno es el Señor"? (véase Salmo 34,8). Y ese gustar, ¿qué es lo que quiere decir? En colombiano, traducimos: "saborear". Hay que saborearse a Cristo.

Así como cuando uno dice que se le vuelve agua la boca un plato delicioso, hay que saborearse a Cristo. ¡Saboréalo! Saborea su misericordia, destapa el regalo, encuéntrate con Él.

Otra manera de destapar el regalo, es tomar ese libro que seguramente tienes en tu casa y que se llama la Biblia. La Biblia está prácticamente en todos los hogares católicos, pero en muchos hogares católicos está todavía en el papel de regalo.

Una vez me invitaron a una casa, una familia muy cristiana, muy católica. Me invitaron a su casa y tenían una Biblia enorme, que yo sé que no la pusieron únicamente porque yo iba de visita. Me di cuenta de eso por un pequeño detalle.

Resulta que la Biblia estaba abierta, y en el lugar donde estaba abierta, las páginas tenían un poquito de polvo. Luego fui a abrir otro libro de la Biblia, y las páginas estaban pegadas. No era otra cosa sino una pura decoración, y la decoración es del papel de regalo.

La Biblia no puede ser un ornamento, no puede ser únicamente una gran decoración. La Biblia tiene que ser el regalo que se abre ante ti. ¡Abre esa Biblia! ¡Ábrela!

¡Ábrela! Deja que brillen las páginas del Evangelio en tu corazón. Deja que el camino de los Salmos, deja que la plegaria que el Espíritu Santo le regaló al pueblo de Israel y a nuestro pueblo, se convierta en un camino de oración dentro de ti. ¡Eso es abrir el regalo! ¡Esa es la Epifanía, tu epifanía! ¡Abre esa Biblia!

"-¡Ah, pero es que yo no voy a entender la Biblia!" "-Eso se podía decir antes; ya no lo puedes decir. Hay muy buenas traducciones de la Biblia que han sido aprobadas por nuestra Iglesia Católica. ¡Muy buenas traducciones! Y hay ediciones católicas de la Biblia que traen unas notas explicativas excelentes, muy bien hechas".

¿Por dónde puedes empezar a abrir ese regalo maravilloso que se llama la Biblia? Por los Evangelios. Empieza por Jesucristo, empieza, por ejemplo, por el Evangelio según San Marcos. Deja que tus ojos se maravillen, se extasíen viendo la ternura, la sabiduría, la fuerza, la valentía de Jesús; que Él, con toda su fuerza, con toda su gracia, toque tu corazón. ¡Eso es Epifanía!

¿Qué más epifanías hay? Son muchas. Jesús nos dijo esto: "Todo aquello que hicisteis a uno de mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis" (véase San Mateo 25,40).

Quiere decir, que Cristo está envuelto también en un papel de regalo muy extraño que se llama la persona del pobre. Quiere decir, que a través de las llagas del enfermo y a través de las ropas ajadas y tal vez sucias del pobre, ahí está el regalo, ahí está el tesoro.

Y en nuestra bendita y Santa Iglesia Católica tenemos una cantidad de santos que supieron encontrar el regalo donde estaba. ¿Cómo no recordar aquí, por poner el caso, a San Vicente de Paúl? ¿Cómo no recordar, por ejemplo, a San Camilo de Lellis o a San Pedro Claver?

Quiero evocar solamente un momento en la vida de San Camilo de Lellis, el gran Apóstol de los enfermos, el Fundador de la Familia Camiliana. Ellos tienen rama masculina y rama femenina.

San Camilo de Lellis recibió del Espíritu Santo la gracia de reconocer el regalo. San Camilo de Lellis reconocía a Cristo en la persona de los enfermos, y trataba el cuerpo de los enfermos como se toca el Cuerpo de Cristo en el altar.

Así tocaba él al enfermo, como el que toca el Cuerpo de Cristo en el altar. ¿Y usted sabe una cosa? Este hombre, Camilo, era tan pero tan enamorado de Jesús, y era tan enamorado del servicio a los enfermos, que yo creo que al final de tanto amor, se nos iba era como volviendo loco.

Les voy a decir por qué. Porque, en una ocasión estaba atendiendo a un enfermito, y después de que le ayudó, lo alivió y lo consoló, entonces le dice al enfermo: "-¿Me hace un favor?" El enfermo responde: "-Claro, ¿qué quiere?"

Y le dice San Camilo: "-¿Me perdona los pecados?" "-¿Pero qué me dice, padre?", -San Camilo era sacerdote-, "-¿Qué me está diciendo? ¿Cómo así que le voy a perdonar yo los pecados?"

Fíjate que es un modo de hablar extraño y místico, pero fíjate hasta dónde llegaba él a percibir la presencia de Cristo en esos enfermos. ¿Hasta dónde él estaba convencido de que Jesús se encontraba ahí? Hasta el punto de pedirle a ese enfermo en quien estaba Cristo, el perdón de los pecados. Entonces, aquí también hay una epifanía.