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Pero a veces uno no logra conectar con el misterio de Cristo en la cruz. Hoy estamos celebrando el misterio de Cristo en su resurrección y nos puede pasar otra vez la misma historia, es decir, también podemos decir: "dicen que Él estaba muerto, que lo habían metido en una tumba, que salió glorioso del sepulcro, pues sí debe ser muy especial para Él; pero denuevo, eso qué tiene que ver conmigo; cómo puedo relacionar el misterio de la resiurrección de Cristo con mi propia vida".
 
Pero a veces uno no logra conectar con el misterio de Cristo en la cruz. Hoy estamos celebrando el misterio de Cristo en su resurrección y nos puede pasar otra vez la misma historia, es decir, también podemos decir: "dicen que Él estaba muerto, que lo habían metido en una tumba, que salió glorioso del sepulcro, pues sí debe ser muy especial para Él; pero denuevo, eso qué tiene que ver conmigo; cómo puedo relacionar el misterio de la resiurrección de Cristo con mi propia vida".
  
Las lecturas de hoy
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Las lecturas de hoy nos ayudan a hacer esa conexión, porque no se trata de mirar la cruz de Cristo como la desgracia que le pasó a un pobre hombre, y la resurrección de Cristo como algo muy extraño que dicen que le pasó a un hombre muy afortunado que volvió a la vida o que en todo caso venció a la muerte.
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¿Cómo nos ayudan las lecturas de hoy? Tenemos a san Pedro en un discurso que pronuncia en el capítulo décimo de los hechos de los Apóstoles. San Pedro estaba ahí en una casa de gente que estaba buscando a Dios. Ellos eran paganos, pero eran paganos simpatizantes del judaísmo. Sabemos que el judaísmo en general no ha sido una religión misionera, no ha sido una religión que busca adeptos; muy al contrario ha sido más bien diríamos reservada y no es tan fácil volverse judío, eso no es tan sencillo. Son bastante renuentes y además está toda la cuestión de raza también. Entrar al judaísmo no es nada más yo creo en Moisés o yo creo en la Ley. Es un asunto de entrar a la raza de ellos.
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Entonces, ese era el drama que vivían estos paganos. Estos paganos están en el capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles. Eran gente que tenían simpatía por el judaísmo, pero de todas maneras ellos quedaban excluidos, porque como el judaísmo es tan cuidadoso, toma tantas precauciones en eso de admitir nueva gente, entonces estos que leían los textos de la Ley de Moisés y a pesar de que simpatizaban tremendamente con el mensaje del judaísmo, no terminaban de entrar; como que nadie les daba finalmente una entrada. A esa clase de personas se le llama en la Biblia los prosélitos, personas que estaban ahí como alrededor del judaísmo, eran paganos pero simpatizantes del judaísmo.
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Entonces Pedro está en casa de estas personas. Observemos que lo que ellos estaban tratando de hacer se parece a lo que dije al principio, es decir, gente que estaba tratando de conectar todo este cuento de la fe con la vida de ellos; que ese es el problema que uno muchas veces vive. ¿Cómo hago yo para relacionar todas esas historias más o menos fantásticas o a veces deprimentes de la religión, cómo hago para relacionar todo ese cuento con la vida mía?
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Y Pedro utiliza un recurso muy interesante; él empieza por recordar lo que fue la vida de Cristo, qué fue lo que Cristo hizo, y describe a Nuestro Señor Jesucristo; la vida de Jesús la describe con estas palabras que son preciosas. Dice que “Jesús pasó haciendo el bien”, esa es la manera de resumir la vida de Cristo, y ese es un elogio muy grande. ¿De cuántas personas puede uno decir eso? De cuántos sacerdotes, o políticos o médicos, o abogados o arquitectos o músicos puede uno decir “por donde esa persona pasó, pasó haciendo el bien”.
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Yo creo que es un elogio que uno le daría a muy poquitas personas, y Pedro lo utiliza aquí mostrando de esa manera el extraordinario carácter de la vida de Cristo. Pero lo más interesante es esta pregunta: ¿bueno, y qué sucede cuando uno se la pasa haciendo el bien, qué pasa si uno intenta ser bueno, pero no por un ratico, ni con unas personas, por ejemplo con los que me caen bien o con los que son de mi familia o con los que son de mi religión, o con los que piensan como yo, o con los que son de mi edad?
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Porque eso es muy fácil. Un grupo de pandilleros puede tratarse con mucha solidaridad entre ellos y entre ellos se hacen el bien y se ayudan los pandilleros. Nosotros pertenecemos al mismo xxx. Conclusión somos del mismo “parche” decimos en Colombia. Somos del mismo parche, somos de la misma banda, entre nosotros nos apoyamos. Pero es que el reto de Jesús es una cosa mucho más grande. No es ser bueno con los de mi pandilla, ni con los de mi partido, ni con los hombres porque yo soy hombre, ni con las mujeres porque soy mujer. Es pasar haciendo el bien, es algo muy profundo y es a la vez de un estándar altísimo. Pero viene la pregunta: ¿y qué pasa si uno se dedica así a hacer el bien? Yo creo que la experiencia que uno tiene es “pues los demás se van a aprovechar de uno”. Si uno empieza a ser demasiado bueno, la gente se aprovecha de uno.
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Y resulta que la historia de la pasión de Cristo es exactamente eso, la historia de cómo se aprovecharon de Él, es decir, mientras le podían sacar milagros –que este hombre como que hacía muchos milagros- saquémosle todo ese poder de los milagros. Cuando ya no sirvió para nada a la caneca de la basura, crucifíquenlo. Así es la humanidad, así somos la mayor parte de los seres humanos: egoístas, interesados, mientras la gente nos sirve ahí los tenemos al pie, los buscamos, los llamamos, les sonreímos. Por eso la gente que tiene poder, la gente que tiene belleza, la gente que tiene influencias, la gente que tiene riqueza tiene muchos “amigos”. Porque hay muchos alrededor que dicen “uy sí, yo quiero estar cerca de esa persona”.
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Pero en realidad no hay nadie y esa es la soledad de Jesús en la cruz. La soledad de Cristo en la cruz es la soledad que cada uno de nosotros ha vivido, es la soledad terrible que uno experimenta cuando se da cuenta que en el momento malo desaparece la gente. En el momento malo, es decir, cuando uno ya no tiene el poder que tenía, la riqueza que tenía o la belleza que tenía, ya la gente se le va alejando. Entonces, el drama de Cristo ya no me parece una cosa tan lejana, ya me doy cuenta que se parece mucho a lo que yo también he vivido porque yo también he experimentado decepción cuando la gente resulta que no responde como yo hubiera querido.
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Pero Cristo en su pasión –y en esto concuerdan absolutamente todos los testimonios- Cristo no se desdijo, es decir, lo asombroso de Cristo en la cruz es que aunque la gente le falló, Él no falló; aunque la gente traicionó, Él no traicionó. Aunque muchas veces la gente inventa o se contradice por evitar un mal momento, Cristo se mantuvo en la verdad que predicó, es decir, fue coherente hasta el último momento. Y Él decía “hay que perdonar a los enemigos”, y murió perdonando. Y Él decía “bienaventurados los mansos”, y Él murió así como oveja mansa, entregando su vida en un acto de coherencia impresionante. No mucha gente ha muerto así.
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La historia de la humanidad recuerda claro otras personas que también han muerto de una manera muy coherente. Fuera del ámbito religioso podemos recordar a Sócrates, por ejemplo. La muerte de Sócrates impresionó muchísimo a los que vivían en esa época, y a los que les interese la filosofía no dejen de leer la apología de Sócrates hecha por Platón, que precisamente cuenta la condena a muerte de Sócrates en lo cual muchos han visto paralelos con la muerte de Cristo. No son muchas las personas que mueren con esa coherencia.  En este país han sucedido muertes de esas; por ejemplo, por la liberación de la república. En la creación de la república de Irlanda hay una cantidad de sangre que fue derramada. Gente que también fue coherente hasta el último momento.
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Entonces qué tenemos aquí: que Cristo es una persona que cumple dos condiciones: primera, hacer el bien, y segunda, ser coherente. Uno se puede encontrar personas que son buenas, pero a veces no las vemos muy coherentes. Y uno se puede encontrar gente que es muy coherente, pero únicamente con su propia causa política, o con sus amigos únicamente, pero no con todos. Cristo resulta que reúne esas dos condiciones. Es increíble su bondad, es increíble el poder de su amor y es increíble, es fantástica su coherencia, nos impresiona su coherencia. Pero es aquí mis hermanos donde surge un tremendo signo de interrogación: ¿Y qué sucede cuando una persona se arriesga a vivir esas dos cosas? Es decir, cuando alguien dice “voy a ser de veras bueno y con todos y además me voy a sostener en esas, voy a ser coherente hasta el final. ¿Qué pasa cuando alguien hace eso?
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Pues la historia del Viernes Santo nos muestra lo que pasa: la persona fue abandonada, recibe burlas, recibe insultos, es atacado y finalmente muere. Si ese fuera el final de la historia, qué sabor tan amargo nos quedaría en la boca. Lo único que uno podría concluir es: “no vale la pena tratar de ser bueno y no vale la pena tratar de ser coherente”. Y esa es la lección y esa es podríamos decir la convicción central que mucha gente tiene y por la cual gobierna su vida: no vale la pena ser bueno; yo aprovecharé los diez, veinte, treinta, cuarenta años que me queden aquí para darme gusto yo en lo que yo quiera, es decir, voy a aprovecharme de todo el que pueda hasta donde pueda. Tengo que disfrutar todo porque este es mi lote, esto es lo que yo quiero.
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Entonces, cuando uno no cree que vale la pena ser bueno, la única alternativa que queda es egoísmo, placer a tope, rapacidad, es lo único que queda. Pero uno no va ser tonto de que lo metan a la cárcel; entonces ¿qué toca unir a todo eso? Astucia. Y ese es el “evangelio” que no es evangelio, por supuesto, pero esa es la mentalidad en la que mucha gente vive: egoísmo, placer a tope, rapacidad, pero con astucia. Por supuesto, a medida que más y más personas van viviendo la vida de esta manera, el ambiente se va volviendo irrespirable; el mundo se va volviendo insoportable, porque lo que vamos encontrando son murallas de indiferencia si no de odio en muchas partes. El mundo se va volviendo así cuando esta mentalidad se propaga. Pero es la única mentalidad posible si el Viernes Santo es el final.

Revisión del 22:12 2 abr 2009

Fecha: 20080323

Título:

Duración: 27 min. 15 seg.

Amigos queridos:

Algunas personas miran el misterio de la cruz o muchos de nosotros hemos visto el misterio de la cruz como una cosa muy triste, muy deprimente que le pasó a un fulano allá. Un pobre hombre que lo juzgaron mal juzgado, lo torturaron como a tanta gente han torturado en esta tierra, lo mataron inicuamente y ahí murió, ahí terminó esa historia.

Uno a veces no logra conectar lo que le sucedió allá a Jesús con lo que ha sido la vida de uno, con lo que es la vida de uno. De pronto se hacen algunos intentos. de pronto uno dice: "bueno, Él ha sufrido mucho, yo tengo también mis sufrimientos, entonces en algo nos parecemos.

Pero a veces uno no logra conectar con el misterio de Cristo en la cruz. Hoy estamos celebrando el misterio de Cristo en su resurrección y nos puede pasar otra vez la misma historia, es decir, también podemos decir: "dicen que Él estaba muerto, que lo habían metido en una tumba, que salió glorioso del sepulcro, pues sí debe ser muy especial para Él; pero denuevo, eso qué tiene que ver conmigo; cómo puedo relacionar el misterio de la resiurrección de Cristo con mi propia vida".

Las lecturas de hoy nos ayudan a hacer esa conexión, porque no se trata de mirar la cruz de Cristo como la desgracia que le pasó a un pobre hombre, y la resurrección de Cristo como algo muy extraño que dicen que le pasó a un hombre muy afortunado que volvió a la vida o que en todo caso venció a la muerte.

¿Cómo nos ayudan las lecturas de hoy? Tenemos a san Pedro en un discurso que pronuncia en el capítulo décimo de los hechos de los Apóstoles. San Pedro estaba ahí en una casa de gente que estaba buscando a Dios. Ellos eran paganos, pero eran paganos simpatizantes del judaísmo. Sabemos que el judaísmo en general no ha sido una religión misionera, no ha sido una religión que busca adeptos; muy al contrario ha sido más bien diríamos reservada y no es tan fácil volverse judío, eso no es tan sencillo. Son bastante renuentes y además está toda la cuestión de raza también. Entrar al judaísmo no es nada más yo creo en Moisés o yo creo en la Ley. Es un asunto de entrar a la raza de ellos.

Entonces, ese era el drama que vivían estos paganos. Estos paganos están en el capítulo décimo de los Hechos de los Apóstoles. Eran gente que tenían simpatía por el judaísmo, pero de todas maneras ellos quedaban excluidos, porque como el judaísmo es tan cuidadoso, toma tantas precauciones en eso de admitir nueva gente, entonces estos que leían los textos de la Ley de Moisés y a pesar de que simpatizaban tremendamente con el mensaje del judaísmo, no terminaban de entrar; como que nadie les daba finalmente una entrada. A esa clase de personas se le llama en la Biblia los prosélitos, personas que estaban ahí como alrededor del judaísmo, eran paganos pero simpatizantes del judaísmo.

Entonces Pedro está en casa de estas personas. Observemos que lo que ellos estaban tratando de hacer se parece a lo que dije al principio, es decir, gente que estaba tratando de conectar todo este cuento de la fe con la vida de ellos; que ese es el problema que uno muchas veces vive. ¿Cómo hago yo para relacionar todas esas historias más o menos fantásticas o a veces deprimentes de la religión, cómo hago para relacionar todo ese cuento con la vida mía?

Y Pedro utiliza un recurso muy interesante; él empieza por recordar lo que fue la vida de Cristo, qué fue lo que Cristo hizo, y describe a Nuestro Señor Jesucristo; la vida de Jesús la describe con estas palabras que son preciosas. Dice que “Jesús pasó haciendo el bien”, esa es la manera de resumir la vida de Cristo, y ese es un elogio muy grande. ¿De cuántas personas puede uno decir eso? De cuántos sacerdotes, o políticos o médicos, o abogados o arquitectos o músicos puede uno decir “por donde esa persona pasó, pasó haciendo el bien”.

Yo creo que es un elogio que uno le daría a muy poquitas personas, y Pedro lo utiliza aquí mostrando de esa manera el extraordinario carácter de la vida de Cristo. Pero lo más interesante es esta pregunta: ¿bueno, y qué sucede cuando uno se la pasa haciendo el bien, qué pasa si uno intenta ser bueno, pero no por un ratico, ni con unas personas, por ejemplo con los que me caen bien o con los que son de mi familia o con los que son de mi religión, o con los que piensan como yo, o con los que son de mi edad?

Porque eso es muy fácil. Un grupo de pandilleros puede tratarse con mucha solidaridad entre ellos y entre ellos se hacen el bien y se ayudan los pandilleros. Nosotros pertenecemos al mismo xxx. Conclusión somos del mismo “parche” decimos en Colombia. Somos del mismo parche, somos de la misma banda, entre nosotros nos apoyamos. Pero es que el reto de Jesús es una cosa mucho más grande. No es ser bueno con los de mi pandilla, ni con los de mi partido, ni con los hombres porque yo soy hombre, ni con las mujeres porque soy mujer. Es pasar haciendo el bien, es algo muy profundo y es a la vez de un estándar altísimo. Pero viene la pregunta: ¿y qué pasa si uno se dedica así a hacer el bien? Yo creo que la experiencia que uno tiene es “pues los demás se van a aprovechar de uno”. Si uno empieza a ser demasiado bueno, la gente se aprovecha de uno.

Y resulta que la historia de la pasión de Cristo es exactamente eso, la historia de cómo se aprovecharon de Él, es decir, mientras le podían sacar milagros –que este hombre como que hacía muchos milagros- saquémosle todo ese poder de los milagros. Cuando ya no sirvió para nada a la caneca de la basura, crucifíquenlo. Así es la humanidad, así somos la mayor parte de los seres humanos: egoístas, interesados, mientras la gente nos sirve ahí los tenemos al pie, los buscamos, los llamamos, les sonreímos. Por eso la gente que tiene poder, la gente que tiene belleza, la gente que tiene influencias, la gente que tiene riqueza tiene muchos “amigos”. Porque hay muchos alrededor que dicen “uy sí, yo quiero estar cerca de esa persona”.

Pero en realidad no hay nadie y esa es la soledad de Jesús en la cruz. La soledad de Cristo en la cruz es la soledad que cada uno de nosotros ha vivido, es la soledad terrible que uno experimenta cuando se da cuenta que en el momento malo desaparece la gente. En el momento malo, es decir, cuando uno ya no tiene el poder que tenía, la riqueza que tenía o la belleza que tenía, ya la gente se le va alejando. Entonces, el drama de Cristo ya no me parece una cosa tan lejana, ya me doy cuenta que se parece mucho a lo que yo también he vivido porque yo también he experimentado decepción cuando la gente resulta que no responde como yo hubiera querido.

Pero Cristo en su pasión –y en esto concuerdan absolutamente todos los testimonios- Cristo no se desdijo, es decir, lo asombroso de Cristo en la cruz es que aunque la gente le falló, Él no falló; aunque la gente traicionó, Él no traicionó. Aunque muchas veces la gente inventa o se contradice por evitar un mal momento, Cristo se mantuvo en la verdad que predicó, es decir, fue coherente hasta el último momento. Y Él decía “hay que perdonar a los enemigos”, y murió perdonando. Y Él decía “bienaventurados los mansos”, y Él murió así como oveja mansa, entregando su vida en un acto de coherencia impresionante. No mucha gente ha muerto así.

La historia de la humanidad recuerda claro otras personas que también han muerto de una manera muy coherente. Fuera del ámbito religioso podemos recordar a Sócrates, por ejemplo. La muerte de Sócrates impresionó muchísimo a los que vivían en esa época, y a los que les interese la filosofía no dejen de leer la apología de Sócrates hecha por Platón, que precisamente cuenta la condena a muerte de Sócrates en lo cual muchos han visto paralelos con la muerte de Cristo. No son muchas las personas que mueren con esa coherencia. En este país han sucedido muertes de esas; por ejemplo, por la liberación de la república. En la creación de la república de Irlanda hay una cantidad de sangre que fue derramada. Gente que también fue coherente hasta el último momento.

Entonces qué tenemos aquí: que Cristo es una persona que cumple dos condiciones: primera, hacer el bien, y segunda, ser coherente. Uno se puede encontrar personas que son buenas, pero a veces no las vemos muy coherentes. Y uno se puede encontrar gente que es muy coherente, pero únicamente con su propia causa política, o con sus amigos únicamente, pero no con todos. Cristo resulta que reúne esas dos condiciones. Es increíble su bondad, es increíble el poder de su amor y es increíble, es fantástica su coherencia, nos impresiona su coherencia. Pero es aquí mis hermanos donde surge un tremendo signo de interrogación: ¿Y qué sucede cuando una persona se arriesga a vivir esas dos cosas? Es decir, cuando alguien dice “voy a ser de veras bueno y con todos y además me voy a sostener en esas, voy a ser coherente hasta el final. ¿Qué pasa cuando alguien hace eso?

Pues la historia del Viernes Santo nos muestra lo que pasa: la persona fue abandonada, recibe burlas, recibe insultos, es atacado y finalmente muere. Si ese fuera el final de la historia, qué sabor tan amargo nos quedaría en la boca. Lo único que uno podría concluir es: “no vale la pena tratar de ser bueno y no vale la pena tratar de ser coherente”. Y esa es la lección y esa es podríamos decir la convicción central que mucha gente tiene y por la cual gobierna su vida: no vale la pena ser bueno; yo aprovecharé los diez, veinte, treinta, cuarenta años que me queden aquí para darme gusto yo en lo que yo quiera, es decir, voy a aprovecharme de todo el que pueda hasta donde pueda. Tengo que disfrutar todo porque este es mi lote, esto es lo que yo quiero.

Entonces, cuando uno no cree que vale la pena ser bueno, la única alternativa que queda es egoísmo, placer a tope, rapacidad, es lo único que queda. Pero uno no va ser tonto de que lo metan a la cárcel; entonces ¿qué toca unir a todo eso? Astucia. Y ese es el “evangelio” que no es evangelio, por supuesto, pero esa es la mentalidad en la que mucha gente vive: egoísmo, placer a tope, rapacidad, pero con astucia. Por supuesto, a medida que más y más personas van viviendo la vida de esta manera, el ambiente se va volviendo irrespirable; el mundo se va volviendo insoportable, porque lo que vamos encontrando son murallas de indiferencia si no de odio en muchas partes. El mundo se va volviendo así cuando esta mentalidad se propaga. Pero es la única mentalidad posible si el Viernes Santo es el final.