Usuario discusión:Esmeralda
La comunión con el Padre y con el Hijo
Tiempo: 16 min. 33 seg. Fecha: 19980520
En el Evangelio según San Juan, Jesús dice en alguna ocasión: “la palabra que estás oyendo no es mía, sino del que me ha enviado”, y ahora dice: “el Espíritu, recibirá de mí, lo que os irá comunicando, todo lo que tiene el Padre es mío, por eso se dice que tomará de lo mío y os anunciará (véase Juan 16,12-15).
Tratemos de relacionar éstas expresiones y tratemos a través de ellas de acercarnos al misterio que se nos revela. Jesús no tiene una palabra suya sino que dice la Palabra que es del Padre, pero todo lo que tiene el Padre es de Jesús, el Espíritu Santo no hablará de lo suyo, -dice el texto de hoy-, lo que hable no será suyo, hablará de lo que oye, les comunicará lo que está por venir; y la palabra del Espíritu Santo, -¿es de quién?- Es la Palabra de Jesús, -¿y por qué es de Jesús?-, “por que todo lo que tiene el Padre es mío”.
Esto es profundo, -¡desde luego que es profundo y muy bello¡-, “todo lo que tiene el Padre es mío, por ello os he dicho que el Espíritu tomará de lo mío y os anunciará”. Ahí hay tres personas; el Espíritu no hablará de lo suyo, el Espíritu habla lo que oye, y eso que oye, explica Jesús con éstas palabras: ”todo lo que tiene el Padre es mío, me glorificará, recibirá de mí”.
Así llegamos a la conclusión de que Jesús no dice lo “suyo”, sino lo que le oye al Padre, y el Espíritu Santo no dice, lo “suyo”, sino lo que oye al Padre y que pertenece también al Hijo; además sabemos que Jesús no tiene nada suyo, sino que dice lo que le ha encargado el Padre, y también sabemos que todo lo que tiene el Padre es de Jesús. A través de éstas palabras lo que podemos decir es que Jesús no tiene nada suyo, y que el Espíritu Santo no tiene nada suyo, y sin embargo lo tienen todo.
Si éste es como el modelo, esta es la manera de hablar de éste misterio Trinitario en el Evangelio de Juan, la manera de construir la comunión en la Trinidad, o mejor, la manera de describir la comunión que hay en la Trinidad, que es también la manera de construir la comunidad entre los cristianos, es no considerar nada como propio, y sin embargo tenerlo todo. Jesús no habla -dice ahí- por cuenta propia, el Espíritu Santo tampoco habla por cuenta propia, el Espíritu toma del Padre lo que es de Jesús, y Jesús toma del Padre lo que dicen los otros; y así se realiza la revelación en nosotros.
¿Cómo podemos nosotros tomar éstas palabras tan profundas y en cierto modo tan abstractas a nuestra vida? Las intentamos aplicar de éste modo: el mismo Apóstol San Juan dice en su carta: “y nuestra comunión es con el Padre y con el Hijo”, por consiguiente la comunión que nosotros tenemos con Cristo sólo puede consistir, en que nuestra palabra sea la palabra de Él, para que todo lo de Él sea de nosotros; y nuestra comunión con el Padre será que nosotros no hablemos por nuestra cuenta, sino que tengamos como alimento nuestro la voluntad del Padre.
No hablar uno “de su propia cuenta”. Ser parte uno como en los intereses de Dios, como en el celo de Dios, como en el amor de Dios. ¿Qué es hablar por su propia cuenta? Es hablar uno atendiendo a sus propias necesidades y sus propios intereses, ¿y qué es hablar sólo lo que se oye al Padre? Es hablar pensando en la gloria del Padre, dándole la gloria a su nombre y sabiendo que es el Padre el que nos sostiene, el que nos soporta.
La comunión entonces con el Padre y con el Hijo tiene dos dimensiones: primera, sentirme apoyado por Él, si yo me despreocupo de mis intereses es porque yo sé que hay quién se preocupe por mí, dejar mis intereses, mis inquietudes, mis dificultades mi hambre, mi vida en Él, así construyo comunión con el Padre y con el Hijo; y segunda parte Él se preocupa de mi y yo me glorifico.
Dice Jesús también en éste Evangelio de Juan , – que es el Evangelio del infinito, todos son inagotables, también he visto aquí, que éste no es sólo inagotable sino infinito-. Dice Jesús: “ todos os vais a ir, y viajaré solo pero no estoy solo, el Padre está conmigo”, ¿cómo construir una vida de comunión con Dios? Sabiendo que Él es el que me apoya, Él es el que se preocupa de mi, Él es el que me sostiene; y yo no tengo otro oficio que el de cumplir su voluntad y darle gloria a Él.
De una manera sintética le decía Dios esto a Catalina de Siena: “preocúpate de mis cosas y yo me preocuparé de las tuyas”, es algo parecido pero más profundo de lo que sucede en un matrimonio, él se preocupa de ella, ella se preocupa de él, él se interesa por ella y ella de él; es algo así pero es más profundo, por que aquí se trata de la Gloria.
Bueno ésa es una aplicación a nosotros, la otra aplicación es entre nosotros, no solamente la comunión con el Padre y con el Hijo en el Espíritu, sino la comunión entre nosotros; cuidar del otro, muchas personas se sanaran de sus temores, de sus miedos, cuando acojan las preocupaciones del otros. Recibir las preocupaciones de otros es una manera de sanarse de las propias preocupaciones, por que así lo quiso Dios.
Podemos decir que cada uno de nosotros tiene un rompecabezas al que le faltan algunas piezas, y esas piezas están en otras personas, cuando me intereso por la otra persona llevo de ahí piezas que le hacen falta de ese rompecabezas, y él o ella tendrá piezas de las que le hace falta a mi vida. Si cada uno se encierra en sus preocupaciones todos mueren de miedo de soledad y de frío, si yo intento interesarme por la otra persona...¿y qué es interesarse por la otra persona? Es intentar a la manera humana, lo que hace Dios, es decir, sostener.
¿Qué preguntas nos ayudan a esto? Preguntas como las siguientes: preguntas que se podría hacer por ejemplo la mamá de esa persona, el amor materno dice mucho y enseña mucho, éste es casi mágico si se pudiera utilizar ésta palabra entre los católicos “ es casi mágico”, con las personas que nos caen mal. He leído una o dos entrevistas de los más criminales y terroristas, de esa gente a la que todo el mundo odia, gente que por ejemplo comete atentados que tortura que mutila, es la gente que todo el mundo detesta, han entrevistado a las mamás de esos seres que son prácticamente repugnantes para la sociedad.
Me acuerdo una entrevista a la mamá de un terrorista y ella (sin negar los actos de barbarie de su hijo), tenía sin embargo alguna manera, algún modo, no de justificar, pero si de sostener, si de acoger, si de proteger algo. Uno debe preguntarse: ¿si yo fuera la mamá de ésta persona que me cae tan mal, yo cómo miraría a esa persona? Esa es una pregunta que sirve.
Casi siempre dejamos de mirar a las personas porque en el fondo estamos casi siempre mirándonos a nosotros, uno mira por ejemplo que una persona le estorba, o que una persona obra mal o que una persona se interpone ante uno, ante los intereses de uno, eso no es mirar a la persona eso es mirar un obstáculo ¿por qué todas las ideas que yo propongo, fulanito intenta echármelas abajo? Hay dos maneras de ver esto: una manera es, -él es mi enemigo, porque no me deja prosperar mis ideas-; la otra manera es ¿y qué hay dentro de él para que obre así? Jesús obró con nosotros, como el Padre obra con Él, Jesús obró paternal y maternalmente con nosotros.
“Hijitos, - les dice en alguna ocasión a los apóstoles- mis niños”. Ser Jesús en ésta tierra es mirar a cada persona así, ¿ésa persona por qué nunca se interesa por mí, éste persona por qué nunca me escucha, éste persona por qué pretende hacerme daño, por qué me insulta, por qué quiere humillarme?
Es que estoy hablando de los casos difíciles, donde hay enemistad o cosa parecida, hacerse esas preguntas, que hay dentro de es persona, no mirarla sólo en cuanto a lo que hace a mí, sino ella misma. Los casos más conmovedores de estos ejercicios, son los que suceden cuando los hijos aplican éste ejercicio a sus propios papás; por ejemplo, una señora hija de un papá alcohólico, que dio mal ejemplo, que maltrató, que humilló, que hizo pasar trabajos a la familia, y ella toda la vida había visto a su papá, desde la perspectiva de “él nos hizo daño, él no me dejó, él me humilló, él me..,él conmigo...yo..”.
De pronto pudo mirar un día las cosas de otro modo, ¿y bueno qué hogar tuvo mi papá, de dónde salió él, cuál es el pasado de él, que pasó con él, quién era él ¿ No quién era él con respecto a mi, no es lo que hizo a mi favor o en contra mía, el punto es ¿quién era él?, éste es Jesús, así obra Jesús, Jesús mira a cada uno con ésos ojos ¿y ésta persona, ella quién es? No quién es para mí, que deja a favor mío o en contra mía, sino quien es ella independientemente de que nos haya ido mal o de que se ponga amable, ¿quién es ésta persona?
Cuando uno obra así, uno está obrando como Dios, o mejor Dios está obrando en uno, y cuando Dios está obrando en uno, Dios está halándolo a uno. No puede pasar un torrente de misericordia para tu hermano, sin que ése torrente te lave a ti; pero si tú estás cerrado para tus hermanos ¿qué torrente puede llegar ahí? Un pozo de agua que se pudre, vas a ser.
Sí, tu vida está abierta a tus hermanos si puedes mirar a ésa persona, especialmente a tu enemigo, al que te cae mal al que te estorba, si puedes empezar a mirarlo así, entonces es Dios mismo el que ma en ti y es un torrente que se establece y ése torrente que circula y recircula, eso es lo que se llama la obra del Espíritu la coinonía, la comunión y ésta es la nuestra comunión con el Padre y con el Hijo.