SANCTUS: una vocacion

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Fecha publicación: 20080508

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Transcripción: SANCTUS es una vocación

Mis amigos muy queridos, vamos a compartir unos elementos, más actuales, más directos, más específicos, de esa vocación que es Sanctus, y obsérvese la palabra que uso: Sanctus es una “Vocación”, es un llamado.

No pensemos que todo el mundo, siente atracción por la Pasión de Cristo, si nosotros lo sentimos; miremos ese lazo de amor que nos une al corazón de Jesús, mirémoslo como un regalo, un regalo que como todos los de él, es inmerecido de parte nuestra, miremos como un regalo que se nos descubra, un poquito el tesoro infinito que está ahí en la Cruz de nuestro salvador Jesucristo.

Y ahí está el centro mismo de ahí nace todo en Sanctus, de ahí de la pasión de nuestro Señor Jesucristo, ese es genuinamente el centro de nuestra espiritualidad, es el centro de nuestra reflexión, y es el punto de partida de nuestra predicación.

De manera que la primera cualidad que necesitaremos para difundir éste mensaje, es un “amor enloquecido” por la Pasión del Señor, un amor enloquecido y contagiosos a la Pasión de Cristo, porque ahí está nuestro centro, esa es la casa donde nos refugiamos en las horas de tribulación, esa es la biblioteca donde aprendemos las enseñanzas del maestro, esa es la iglesia donde hacemos oración, esa es también la casa misionera que llevamos a todas partes y desde la cual proclamamos con un gozo que no es nuestro sino del cielo, proclamamos el triunfo del amor.

Ahí está el centro en la Pasión de Cristo y yo creo que no hemos podido encontrar un centro más perfecto, porque miremos que la Pasión de Cristo está en el centro mismo de nuestra Liturgia. Nada tenemos más santo que la Eucaristía ¿y qué es la Eucaristía? Es la celebración incruenta, porque no se ve con los ojos del cuerpo la sangre, pero es la celebración incruenta de la misma y verdadera Pasión del Señor.

No es una repetición como si fuera una obra de teatro, no es repetición y no es representación de la Pasión, es la misma pasión de Cristo, es eso lo que sucede en nuestros altares, la misma Pasión de Cristo.

Y bendito sea el Señor que todos estos papas que hemos tenido en la Iglesia, han sido hombres enamorados apasionadamente de la Eucaristía, y que creo han sabido trasmitir esa misma centralidad del misterio Eucarístico a todo el pueblo de Dios; sobre todo en ese pensamiento que nos han dicho tanto como Juan Pablo II, como Benedicto XVI, la Eucaristía nace de la Iglesia, la Iglesia nace de la Eucaristía.

Sobre todo esta segunda frase, que la Eucaristía es la fuente de la Iglesia, yo creo que muestra la actualidad permanente del carisma de Sanctus, no hay un solo día en el que la Pasión de Cristo deje de ser noticia; el ía en que la Pasión de Crsito deje de ser noticia, ése día habrá pasado de moda la pasión de Crsito.

Pero como el amor de Dios jamás se extingue, jamás deja de realizarse, jamás deja de hacer su obra y jamás deja de ser noticia la “BUENA NOTICIA”, entonces siempre la Pasión de Cristo estará en el centro, tendrían que arrancar entonces todas las cruces del planeta, tendrían que borrar toda la memoria colectiva que tenemos de nuestros mártires, tendrían que quitar a Jesús del universo, para que se nos olvidara la Pasión del Señor.

Pero por supuesto lo que nosotros buscamos en la Pasión de Cristo, es fundamentalmente el amor, no nos interesa el dolor en sí mismo, ni siquiera nos interesa ver, cuanto se puede resistir al dolor como en un campeonato de fuerza, o de perseverancia o de aguante.

Nosotros no miramos a la Pasión del Señor, como admirando simplemente todo lo que puede llegar a sufrir una persona; lo que nos interesa es todo el amor que ahí se despliega y sobre todo como miembros de Sanctus, nos van a interesar los actos de amor de Cristo hacia su Padre, eso es lo que más nos va a interesar.

Porque es ahí donde esta el verdadero secreto de la vida de Cristo, Cristo en la Cruz estaba ejercitando sobre todo dos virtudes: la obediencia y el amor. Obediencia porque es la voluntad del Padre que se está cumpliendo, y amor porque ese es el motor que lleva a su obediencia.

Entonces lo que nosotros admiramos en la Pasión de nuestro Señor Jesucristo, es sobre todo esa clase de amor que nos hace obedientes, no es el puro amor o el solo amor como sentimiento –que tiene un valor muy importante, claro-, sino es el amor que se adueña de nosotros, que toma posesión de nosotros y que así de esa manera nos hace obedientes.

¿Y por qué es tan grande la obediencia? Porque es el único camino, es la única manera de que se cumpla en nuestras vidas la voluntad del padre Celestial, y es en el cumplimiento de esa voluntad donde podemos esperar toda nuestra felicidad, todo nuestro bien y todo el bien del universo.

Entonces en la Pasión lo que más nos interesa es el amor y el amor que más nos interesa es el amor de Cristo a su Padre, amor que se vuelve obediencia; pero luego esa obediencia y ese amor se vuelve en salvación, si papá Dios impuso sobre los hombros de Cristo, la durísima obediencia de la Pasión, la única razón fue el amor que papá Dios nos tenía a cada uno de nosotros.

Y es aquí donde uno se queda sin palabras, es aquí cuando uno recuerda lo que canta la Iglesia, en le pregón Pascual: “Para liberar al esclavo entregaste al Hijo”, eso es lo que nos admira hasta el espanto, eso es lo que nos sobre coge eso es lo que desborda el lenguaje humano.

¿Por qué Dios nuestro Padre, pone esa obediencia a su Hijo? Como camino para nuestra salvación, es decir, es un desbordamiento, es un diluvio de amor que produce sobre nosotros una orden y una obediencia: orden de papá Dios y obediencia del Hijo, obediencia de amor que finalmente se convierte en redención para todos nosotros.

Entonces ahí viene el otro aspecto de la Pasión, la Pasión de Cristo como acto de amor a los desventurados, como acto de amor a los pobrecillos, a los desterrados hijos de Eva, que somos nosotros. La Pasión de Cristo se vuelve ahí, redención, se vuelve ahñi transformación de nuestra vida.

Estas son las fuentes en las que queremos beber y estas son las fuentes en las que queremos que beban todos aquellos que se acercan a Sanctus, y todos los que sean beneficiarios de su apostolado, de alguna manera hay un par de lemas que hemos utilizado mucho en el recorrido que se ha ido utilizando con Sanctus, esos dos lemas son: “Estamos preparando el Cielo”, y “ Comunidad en torno a la Cruz”.

¿Qué es Sanctus? Se puede decir, -aunque es difícil decirlo sin sonreírse- Sanctus, es un grupo de personas que quieren preparar el cielo. ¿Ustedes qué están haciendo?, ¿ustedes para qué se reúnen? Nosotros nos reunimos cada semana a preparar el Cielo; yo creo que la gente siente risa, es como encontrarse con algo gracioso. “Nos reunimos porque queremos preparar el Cielo”; la otra respuesta es: “Nos reunimos porque queremos ser comunidad alrededor de la Cruz”.

Y de cada una de estas expresiones se pueden hacer otras tantas meditaciones, con la bondad de Dios en otro momento vamos a profundizar en esto. Permítanme que hoy solamente menciones como las implicaciones más inmediatas de estos dos lemas.

¿Por qué decimos que estamos preparando el Cielo? Este lema lo mostró el Señor después de un retiro espiritual muy intenso que tuvimos, yo lo voy a decir de esta manera; es como sí...es como si Cristo se quejara, y dijera: ”Está muy bien toda obra de amor, está muy bien la caridad con la que se quiere alimentar a los hambrientos, y dar de beber a los sedientos, y dar posada a los que no tiene techo, ayudar y apoyar a los inmigrantes”.

Todas ésas son obras maravillosas, también son maravillosas y de pronto más las obras de misericordia que llamamos espirituales, como dar un buen consejo, dar un consejo a tiempo, es una obra espiritual, hay tantas obras de amor.

Pero pensemos en cuál es el término, cuál es la finalidad de todas esas obras de amor: el Cielo, nosotros sostenemos el cuerpo hambriento que se arrastra en esta tierra, sabiendo que ese cuerpo tendrá que morir, ¿entonces ése acto de caridad adónde apunta? ¿A un cuerpo que se muere? No, ése pan que damos al hambriento, tiene una finalidad, que va más allá de ese pan y de la misma hambre.

Y ésa finalidad es revelar un amor que ése sí no muere; entonces la finalidad, el objetivo propio de todo acto verdadero de amor, la finalidad es el Cielo, es lo que está más allá. En el evangelio de Juan, esta expresión de Cielo no aparece así o con ése significado, pero hay algo equivalente: “La vida eterna”, la vida que no se acaba, trabajar, dice Cristo, en el capítulo sexto de San Juan - un capítulo claramente eucarístico podríamos decir-:”Trabajad por el alimento que no muere”.

No es solamente refiriéndose al sueldo que uno no pueda ganar, trabajar por el alimento que no muere, es trabajar también por dar también un alimento que no muere. Cuando enseñamos al ignorante qué es lo que queremos, pues lo que queremos es que la persona ensanchando su horizonte, incluso si hablamos de temas de cultura, conociendo mejorel universo, conociendo mejor la Historia de la humanidad, pueda conocer también mejor ese otro universo interior, y pueda reconocer en su propia historia la inminente dignidad que tiene.

Detrás de toda obra de misericordia realizada en el tiempo, hay un objetivo que va más allá del tiempo, entonces es apenas natural que nosotros digamos en Sanctus que estamos preparando el Cielo, no significa que estemos haciendo nada demasiado especial, solamente significa que estamos tomando conciencia de que el fin último de toda caridad es que estemos todos para siempre con Jesús; felices en él, unidos a él y unidos en él, para siempre.

Entonces podemos describir la vocación de Sanctus de ésa manera, nosotros tenemos la tarea hermosa de recordarle a la Iglesia, ¡óigame eso¡ que toda caridad va hacia el Cielo, porque Jesús se queja de que eso se nos ha olvidado, y entonces reemplazamos la Caridad, con el ser buena persona, el hacer obras humanitarias, el promover socialmente o culturalmente a las personas, el mejorar unas condiciones de vida.

Todo eso no es que carezca de valor, pero eso sí se queda ahí es muy pobre, es terriblemente pobre, porque tenemos que pensar: qué de nuestro amor es más fuerte que la muerte, el Cantar de los Cantares, dice que el amor es fuerte como la muerte, como dibujando esa pelea que hay entre amar y morir, porque parece que no se puede mar mucho si uno no muere, y parece que sólo se vence a la muerte, amando.

Entonces, nosotros como Sanctus, tenemos que ser un interrogante vivo, un signo de interrogación vivo, que dentro de la Iglesia, con humildad y con mansedumbre, está cuestionando dulcemente pero profundamente, está cuestionando a todos: al Sacerdote, al Obispo, al padre de familia, al esposo, a la esposa, a todos lo que usamos la palabra amor, ¿y quién no la usa?.

Cuando la esposa le dice al esposo:”Te amo”, si pertenecen al movimiento Sanctus, tienen un problema muy serio, porque...”te amo”,cuando se pronuncia así, implica preguntarse: “¿Y qué del amor que yo te tengo es más fuerte que la muerte?¿, ¿qué va más allá de la muerte?”.

Yo no puedo ponderar demasiado la importancia de éste punto, es que estamos hablando de algo que es tan esencial a nuestra fe cristiana, y estamos hablando de algo que es tan profundo que incluso va más allá de casi todos los sacramentos, siendo los sacramentos lo que son. Porque en el sacramento del matrimonio se les dice a los contrayentes:”Hasta que la muerte los separe”, como dándole esa victoria a la muerte, hasta que la muerte los separe, como que ahí gana la muerte, por lo menos en cuanto al vínculo matrimonial como tal.

Es que no hay otra cosa que se pueda decir, porque si negamos eso tendríamos que pedir que una persona que queda viuda, quizás a temprana edad se vuelva a casar; en cambio el tipo de amor del que estamos hablando aquí, amor que queremos tener y amor que queremos difundir, es un amor que le gana la pelea a la muerte: “Estamos preparando el Cielo”.

Y nuestro otro lema es: “Comunidad entorno a la Cruz”, ¿por qué en torno a la Cruz? La respuesta es muy sencilla: porque a parte de la Cruz no hay posibilidad de unidad entre los seres humanos. ¿Suena muy dogmático eso?, ¿suena muy exagerado? No lo es, óiganme esto: a parte de la Cruz de Cristo, no es posible verdadera unidad entre todos los seres humanos, y la unidad que no es unidad entre todos los seres humanos no es verdadera unidad.

La única unidad que verdaderamente merece ése nombre, es la unidad que rebasa las barreras de las culturas, los idiomas, las edades; la única unidad que genuinamente retrata el corazón de Cristo, es la unidad que quisiera abrazarlos a todos, y esto viene de la Carta de San Pablo a Timoteo: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”.

El Cielo es el gran lugar de la unidad, y el Dios en el que creemos es el Dios que quiere abrazarlos a todos, ya si alguno quiere salirse obstinadamente de ése abrazo, pues ya verá Dios que hace con esas personas, a nosotros no nos corresponde condenar a nadie, sino ofrecerle esperanza a todos.

La unidad, es siempre unidad de todos, si hay una persona, si hay una sola persona que yo excluyo de mi amor, entonces no estoy amando a Cristo; ¿cómo puedo yo fundirme en abrazo de amor con Cristo, si Cristo está amando a la persona que yo rechazo?, ¿cómo puedo ser uno con Cristo, cómo puedo amarrarme con él, si él un día querrá llevarme a la casa donde yo no quiero ir, al corazón donde yo no quiero entrar, y a ver la cara que me fastidia?.

No hay manera de ser cristiano, no hay manera de ser de Cristo, sino aspiro por lo menos en lo más íntimo de mi intención, sino aspiro a ser uno con Jesús, y por consiguiente: a amar como él ama y eso significa a todos, abrazando a todos. Por eso aquellas poesías tan hermosas sobre la Cruz, los brazos de Crsito que están ahí, amarrados y extendidos, extendidos para abrazar y amarrados para que ése abrazo jamás termine.

Los brazos de Cristo crucificado, son brazos que están ahí fijos en un abrazo infinito, eterno, si me uno a Cristo me uno a ése abrazo, entonces no puedo excluir a nadie; pero si no me uno a Cristo, no soy capaz de dar ese abrazo.

Por eso decimos que sólo hay comunidad “entorno a la Cruz”, porque es una secuela vergonzosa, pero muy real del pecado, que nosotros excluimos a las personas, las excluimos porque queremos volverlas objetos útiles, o simplemente medios para conseguir nuestros fines, o porque queremos mirarlos solamente como adversarios o rivales; y por supuesto mientras tengamos esta mirada sobre una sola persona en esta tierra, quiere decir que no hemos entendido nada de la Cruz del Señor.

Y aquí queda claro, que uno no puede formar comunidad si no es con un amor como el de la Cruz, todos los demás amores se quedan cortos, se quedan insuficientes, no dan la medida, no dan la talla, porque los demás amores, son amores que en el fondo terminan en el propio corazón, como explicaba muy bien un sacerdote en un curso prematrimonial, les decía a las parejas: tengan cuidado, porque muchas veces uno dice que ama y uno dice te amo, pero en realidad debería decir, me amo a través de ti.

Y eso es una realidad el corazón humano en medio de su soberbia solo quiere ser celebrado, exaltado y aplaudido, en medio de su vanidad quiere incluso ser envidiado, en medio de su egoísmo quiere excluirlos a todos; y todas esas son barreras que impiden comunidad.

Por consiguiente cuando decimos: “Comunidad entorno a la Cruz”, estamos diciendo algo así como un triangulo de tres lados, es que no puede haber comunidad sino es entorno a la Cruz, y si es entorno a la Cruz no puede haber sino comunidad, en realidad son sinónimos, en realidad es una tautología, lo que estamos repitiendo, como el que dijera: les voy a presentar un cuadrado muy especial que tiene cuatro lados.

Así también aquí decimos: les voy a presentar una comunidad muy especial, entorno a la Cruz; es que no podía se de otro modo. Solo existe esa comunidad y ahí esta como una primera aproximación a esta base espiritual de Sanctus: la pasión de nuestro Señor Jesucristo, en el centro, en el núcleo y luego estos dos lemas: “Estamos preparando el Cielo”, “Comunidad entorno a la Cruz”.

Luego con el favor de Dios, tendremos que seguir profundizando en éste mensaje, porque de aquí surge lo que el Señor nos ha ido mostrando, y lo que nos ha mostrado lo enumero en éste momento: tiene que ver con la adoración Eucarística, tiene que ver con la penitencia, tiene que ver con los sacerdotes, tiene que ver con los jóvenes, tiene que ver por supuesto con una vida de oración y conversión permanente.

Todos estos son los elementos en los que tendremos que detenernos en otras conversaciones y en otras meditaciones; pero por hoy pienso que está bien ése alimento inicial, y pienso que está bien que le agradezcamos al Señor, por esta misericordia, por habernos llamado a éste camino.

Nosotros no sabíamos que nombre darle, a esta iniciativa que queremos se convierta en un movimiento en la Iglesia, yo creo que la palabra “Sanctus”, retrata mucho de esto, alguien decía que lo sagrado es aquello que produce al mismo tiempo fascinación y un cierto temor, y yo pienso que eso es exactamente lo que uno siente ante la Pasión de Cristo; es fascinante pero nos da vértigo porque es como asomarse a un abismo que no acaba, un abismo de gracia, un océano interminable de luz.

¡Qué Dios nos haga apasionados testigos de ése océano y que le demos la gloria a Él!