SANCTUS: Pentecostés

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Preparando Pentecostés en la Escuela de San Pablo

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Fecha: 20070507


Dispongámonos en oración cerca de María Santísima ante todo porque ella fue la que acompañó el milagro de Pentecostés, ella es la gran testigo de la acción del Espíritu Santo, Ella es la persona que conoce mejor el poder de la gracia de Jesucristo, Ella es seguramente quién mejor puede acompañarnos en este instante de manera que, saludémosla con verdadero amor, con genuina devoción diciendo juntos: “Dios te Salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”. Amén

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Hermanos, vamos a hacer un comentario a los primeros versículos del capítulo VIII de la Carta del Apóstol San Pablo a los Romanos, y creo que primero hay que decir unas palabras sobre por qué este texto y por qué esta carta, ¿Cuál era la metodología de trabajo de San Pablo? Nosotros sabemos que San Pablo es como el paradigma de la evangelización, en el siglo primero, con tantas limitaciones de transporte de comunicación, con tantos peligros y con todo un mundo literalmente por evangelizar, San Pablo no se achica, podemos decir, sino que emprende con un ánimo contagioso, la tarea de difundir el Evangelio de Jesús, de contarle a la gente la buena noticia

¿Qué métodos utiliza él? ¿Cuál es su estilo? ¿Cuál es su metodología? Lo que él hace es ir a los principales centros donde había comunidades judías, es decir los primeros destinatarios de su predicación son los judíos y específicamente las Sinagogas de los judíos, desde la época de la dispersión, desde la época del destierro incluso a Babilonia, los judíos se vieron forzados no sólo a salir de su tierra, sino a permanecer fuera de ella, de manera que mucho tiempo antes de Cristo, había comunidades de judíos por ejemplo en Egipto y también en Siria y también en lo que ellos llamaban Asia menor y que nosotros llamamos hoy Turquía.

Ahí estaban establecidas comunidades de judíos que por supuesto ya no podían ofrecer los sacrificios en el templo, era una situación particularmente dolorosa porque la Ley de Moisés prescribe una serie de sacrificios, tal como aparece en el Libro del Levítico, o en el Libro del Deuteronomio.

La Ley prescribe sacrificios pero ellos ya no tenían donde realizar esos sacrificios porque estas comunidades dispersas lo que se llamó entonces la diáspora por la dispersión, estas comunidades dispersas ya no podían ofrecer esos sacrificios de una manera real, corporal, material ya no podían hacerlo su única posibilidad era cual, era reunirse y era estudiar la Ley y era predicar a partir de los textos escritos; y era orar también a partir de esos rollos, a partir de esos Libros Sagrados que conservaban celosamente.

Esto significa que después del destierro de Babilonia los judíos vienen a convertirse en un grupo de creyentes que está presente en muchas partes del mundo y que tiene como centro la palabra de Dios, y que tiene como lugar de reunión ya no el templo porque obviamente no pueden ir a Jerusalén sino a la sinagoga.

Pablo mismo conocía muy bien este sistema, porque Pablo nació precisamente en Asia Menor lo que hoy es Turquía, la ciudad de Tarso donde él nació, pues queda ahí arriba en Turquía y Pablo nació ahí, él recibió su formación en primer lugar en su propia ciudad y luego fue a estudiar a los pies de un maestro muy famoso que se llamaba Gamaliel; cuando Pablo se convierte al Evangelio de Jesucristo, él tiene muy clara en su mente esa presencia de los judíos.

Podemos imaginarnos, mis hermanos, lo que era vivir esa situación, imagínate lo que es estar recorriendo las páginas, aunque no eran libros como los nuestros, sino eran rollos sabemos que los Libros Sagrados se conservaban en unos pergaminos pegados, hojas de pergamino pegadas unas detrás de otras en forma de rollo, entonces imagínate lo que es sábado tras sábado, semana tras semana, año tras año leyendo esos textos sin nunca poder celebrar como la realidad.

Todo era como profundamente cierto, es verdad, pero intangible, era una salvación que ellos no podían palpar porque ese Egipto estaba lejos y esa tierra prometida estaba lejos, eran unos sacrificios que ellos no podían palpar, que ellos no podían oler, porque esos sacrificios estaban muy lejos, estaban allá en Jerusalén de manera que esa sensación de lejanía, de nostalgia, de separación marcaba profundamente la vida de todas estas comunidades judías, y eso lo conocía Pablo muy bien.

Cuando Pablo se convierte a Jesucristo lo que él encuentra es que Dios ha sido fiel a sus promesas, lo que Pablo se da cuenta es que el reinado de Dios no es tanto como una extensión de tierra como en los tiempos del Rey David, sino el reinado de Dios es el cumplimiento de su voluntad en la raza humana, en la especie humana y es algo que abarca toda la tierra, es algo que se extiende por todo el Universo.

El reino de Dios tal como lo podían imaginar muchos de estos judíos de la Diáspora, era algo sumamente material, era algo que se refería a un País concreto, a una ciudad concreta, recordemos que incluso después de su Resurrección, como lo cuenta el capítulo primero del Libro de los Hechos de los Apóstoles, después de su Resurrección, incluso esos mismos apóstoles le preguntan a Jesús, bueno ¿Ahora es cuándo vas a restaurar el Reino?

Imaginémonos cuán obsesionados estaban ellos con eso, que se les presenta Cristo vivo, vencedor de la muerte y ellos siguen pensando en que bueno ahora que Resucitó ahora si, póngase la capa, póngase la corona, vamos a Jerusalén y vamos a echar a los romanos. Su perspectiva es completamente material, es completamente carnal, porque eso es lo que ellos no han tenido, ellos no han tenido como palpar como tocar la salvación, y eso es lo que ellos quieren palpar y tocar, eso estaba en el alma unida, estaba completamente sembrado en el corazón de los judíos.

San Pablo cuando se convierte lo que recibe en esa iluminación maravillosa, es una comprensión de lo que significa el reinado de Dios, es decir San Pablo llega a comprender que el reinado de Dios no es tanto un negocio que nosotros hacemos como lo planteaban los fariseos, ¿Qué era lo que planteaban los fariseos? Los fariseos decían que si nosotros, y ese nosotros significaba únicamente los judíos porque la perspectiva de ellos era bastante estrecha, ellos pensaban si nosotros cumplimos rigurosa y puntualmente hasta el último detalle de la Ley

Si todos cumplimos realmente lo que dice la Ley entonces Dios va a restaurar el reino, entonces la santidad de Dios se va a manifestar y va a venir ese Mesías poderoso y va a haber un orden y va a haber un estado perfecto, va a haber una nación perfecta, va a haber una tierra absolutamente limpia, pero esa tierra en la que ellos pensaban, no era el planeta tierra, no era la nación entera sino era el pedacito de tierra que ellos amaban tanto, es decir esa tierra prometida, esa tierra de Palestina, esa era la perspectiva de los fariseos y San Pablo se había educado en esa tradición.

En la tradición estricta farisaica según la cual había que cumplir estrictamente el último detalle de la Ley, porque si se cumple así la Ley, entonces va a surgir, va a aparecer ese Mesías imbatible, poderoso, nadie podrá detenerlo y ese es el que va a quitar la dominación extranjera, ese es el que va a recuperar el Reino de David.

Esa era la mentalidad Farisaica, por eso San Pablo veía como enemigos, antes de su conversión por supuesto, veía como enemigos a los cristianos, ¿Por qué San Pablo detestaba a los cristianos? Porque los cristianos, los seguidores del camino como los llamaban en esa época , al puro comienzo de la Iglesia se les llamaba así: los del Camino, los que seguían el camino no ponían su énfasis en el cumplimiento estricto de la Ley, ustedes recuerdan como incluso nuestro Señor Jesucristo dijo frases impresionantes a ese respecto, les recordó a los fariseos y a todo el mundo les recordó aquella frase del profeta: “Misericordia quiero y no sacrificios”.

Indicando que más que la observancia puntualísima de los rituales, más que ese puntillismo de los fariseos lo que valía era un corazón abierto a Dios, pero ese corazón abierto a Dios ese corazón dispuesto a recibir el amor de Dios pues los fariseos sentían y así sentía también San Pablo que eso realmente lo que iba a hacer era diluir la exigencia de la Ley, porque en la Ley, suponían ellos que estaba la salvación, entonces si la gente no se siente exigida, si la gente no siente que tiene que hacer el máximo así se reviente entonces la gente no va a dar el máximo y nunca va a llegar el Reino de Dios.

Entonces los cristianos lo que están es acostumbrando a la gente a una falsa esperanza, les están enseñando que no tienen que ser estrictos y que no tienen que seguir tantas legislaciones y tantas costumbres que los mismos fariseos tenían porque ellos no contentos con el número inmenso de prescripciones que aparecían en la Ley de Moisés, ellos habían acumulado otra cantidad aun mayor de normas y de tradiciones y de costumbres y para ellos todo era obligatorio, cuando aparece Jesús y les dice: “El sábado es para el hombre y el hombre no es para el sábado” .

Cuando Jesús los rebate en público y les dice, oye si a ti se te cae un buey a un pozo, ¿No lo vas a sacar por que sea sábado? Cuando Jesús contradice así a los fariseos muestra que primero está el amor, la misericordia, el servicio, la apertura al amor de Dios para recibirlo y para darlo, cuando Jesús muestra todo esto y cuando los seguidores de Jesús siguen ese mismo camino, entonces San Pablo como fariseo fervorosísimo que era, siente.

Esto es una locura, esto va directamente en contra de nuestro proyecto, esto va directamente en contra del Reino de Dios, lo que necesitamos aquí es un golpe vigoroso de autoridad, hay que hacerle ver con fuerza a esta manada de perversores, de pervertidos de la Ley, hay que hacerles ver a ellos lo equivocados que están y hay que acabar con esta plaga antes que otra gente pretenda seguir ese ejemplo.

Por eso San Pablo apoya con todo su corazón el martirio de Esteban, cuando apedrean a Esteban, por supuesto cristiano el, cuando apedrean a Esteban, “Saulo” , Pablo se siente feliz, el siente eso es lo que hay que hacer, porque hay que acabar con esa plaga, porque si no los acabamos entonces le van a quitar fuerza a nuestro proyecto y el proyecto era ese cumplir la Ley rigurosísimamente.

¿Qué vino a suceder en la conversión de San Pablo? ¿Qué fue lo que aconteció ahí?, casi siempre uno piensa que la conversión de San Pablo es algo así como, es algo así como dejar unos vicios y empezar a vivir correctamente, seguramente eso era lo que ellos se podían imaginar, ellos se imaginaban que, o eso es lo que uno tiende a pensar cuando se habla de conversión.

El modelo es: “yo era un alcohólico y golpeaba a mi mujer, me convertí y ya no la golpeo y ya dejé el alcohol”, para nosotros la conversión significa casi siempre eso, ¡No!, significa conversión moral, pero resulta que en el caso de San Pablo, lo que nosotros encontramos no es esa clase de conversión, lo que sucede en la conversión de San Pablo no es un asunto de dejar unos vicios y empezar a llevar una vida más correcta, fue algo mucho más profundo que eso, su conversión fue el descubrimiento de que su proyecto de vida estaba sencillamente equivocado, fue el descubrimiento de que no podía seguir en esa ruta porque el Reino no de Dios no iba a llegar simplemente porque nosotros hiciéramos mucha fuerza.

No es nuestra fuerza lo que trae el Reino de Dios, porque él se dio cuenta que es la fuerza de Dios la que cambia los corazones, es la fuerza de Dios la que nos hace verdaderamente fuertes, no es que nosotros nos hacemos fuertes y entonces aceptamos a Dios, sino que nosotros aceptamos a Dios y de Él recibimos la fortaleza.

Ese fue el radical cambio de perspectiva que tuvo San Pablo en su conversión, el fariseísmo consiste en esto: yo primero me purifico y entonces si puedo recibir a Dios que es tan limpio y es tan puro, ese es el fariseísmo, el cristianismo en cambio es: yo reconozco que no soy puro, acepto a Dios, recibo su amor que me llega como puro regalo porque yo no lo merezco y ese amor me purifica, ese amor me va limpiando; no es primero me purifico y luego acepto a Dios, sino primero acepto a Dios y Él me purifica y con Él puedo caminar en la pureza.

Tampoco, hagamos otra comparación; tampoco es como decían los fariseos, los fariseos decían: yo hago fuerza, yo hago fuerza con mi voluntad y así llega el Reinado de Dios, ese es el fariseismo, el cristianismo en cambio es: yo acepto que Dios quiere venir a reinar y en Él encuentro mi fuerza, en Él encuentro mi fortaleza.


Es decir lo que San Pablo descubre es que la primacía la tiene Dios y que el primer acto radical para el comienzo de una nueva creación, el primer y radical acto para que pueda reinar Dios, no es que yo haga algo sino que yo me abra, yo acepte, yo abra la puerta, yo crea, el primer y radical acto es aceptarle el regalo a Dios, no es empezar a reunir yo moneditas a ver cuanto valdría comprarle ese regalo porque ninguna de mis monedas ni todas las monedas del mundo, ni todo el dinero del Universo, podría comprar lo que Dios me quiere dar como regalo, entonces, no es reunir mis monedas, o sea mis conocimientos, mis estudios o mis esfuerzos o mis buenos propósitos, no es, no es eso, no son mis monedas las que van a comprar el regalo.

Es mi corazón que se abre para recibir ese regalo, el nombre que tiene ese regalo en las cartas de San Pablo es: “Gracia”, y el acto para abrir y recibir ese regalo, es lo que San Pablo llama “Fe”, lo que entonces el descubrió en su conversión es que Dios viene a reinar por gracia y mediante la fe, es un regalo, y es un regalo que nosotros recibimos simplemente así: abriéndonos a el amor que Él nos ha tenido.

Ahora bien, el regalo que Dios nos da, no es un regalo muerto, yo utilizo esa comparación de monedas o de conocimientos o de esfuerzos, pero lo que Dios nos da por supuesto no es una moneda, lo que Dios nos da no es una cosa, lo que Dios nos da es su propia presencia, lo que Él nos da es su propia vida, lo que Él nos da es su propia acción en nosotros, es Él mismo dándose y por eso el otro nombre que tiene la gracia en los escritos de San Pablo es: “Espíritu Santo”.

Santo Tomás de Aquino nos dice: que la palabra Gracia se puede entender de dos maneras, se puede hablar de la Gracia en cuanto los efectos que produce en nosotros, que produce en nosotros creaturas de Dios, así hablamos de la gracia creada, Santo Tomás nos dice que existe la Gracia creada, es decir: el cambio en nuestra naturaleza, el cambio en nosotros que somos creaturas de Dios, por eso se llama Gracia creada, el cambio en nosotros que acontece por esa acción por ese regalo del Señor, esa es la Gracia creada.


Pero existe también la Gracia Increada, y la Gracia Increada no es otra cosa sino el Espíritu de Dios, el Espíritu Santo de Dios, en la medida en que nosotros acogemos la efusión del Espíritu Santo, la efusión del Espíritu de Dios, es decir: en la medida que recibimos a Dios mismo en nosotros, en esa medida somos también transformados, entonces dice Santo Tomás que existe la Gracia creada que es esa acción real, es esa acción en cierto modo tangible del amor de Dios en nosotros, y existe la Gracia Increada que no es otra cosa sino el Espíritu Santo mismo.

Entonces podemos también decir que la conversión de San Pablo fue una apertura a la acción del Espíritu Santo, podemos decir que San Pablo lo que descubrió fue la Nueva Ley, ese es el nombre que le da también Santo Tomás de Aquino al Espíritu Santo, el Espíritu Santo es la Gracia Increada, es decir el regalo que existe desde siempre, el regalo que es Dios mismo comunicándose a nosotros, la auto donación de Dios, la auto comunicación de Dios, el Espíritu de Dios, todos estos son nombres que en cierto modo resultan equivalentes.

Santo Tomás nos dice también que el Espíritu Santo es la Nueva Ley; la Ley Antigua es la Ley de Moisés, la Ley Nueva es la Ley del Espíritu Santo. ¿Qué quiere decir Santo Tomás, basado en San Pablo, con esta expresión Nueva Ley? A ver, ¿Qué es una ley?, hay muchas definiciones de ley, en este caso no se trata de una ley en el sentido civil del término, una Ley se parece aquí más bien a lo que a veces se llaman las leyes de la naturaleza, lo que a veces se llaman las leyes de la física o las leyes del comportamiento humano.

Una Ley es como un patrón de conducta, una Ley es en este caso como una manera de obrar, la Ley de Moisés prescribía una determinada manera de obrar, prescribía un patrón de conducta, pero el problema de la Ley de Moisés es que es una Ley que iba de afuera hacia adentro, es una Ley que yo encontraba escrita o que yo encuentro escrita en un papel, o encuentro esculpida en piedra y de ahí, de ese papel, o de esa piedra, me queda a mi la tremenda y terrible tarea de traerla adentro y tratar de aplicarla a mi, esa tarea me toca a mi.

La Ley de Moisés es un patrón de conducta, pero es un patrón de conducta que va de afuera hacia dentro: del papel a mi corazón, de lo que yo aprendo a lo que yo aplico, esa es la Ley de Moisés y por supuesto, se parece también a la Ley de Moisés las demás leyes o prescripciones o mandatos que conocemos prácticamente sobre esta tierra. El Espíritu Santo también es una Ley porque también tiene su propio patrón de conducta, pero la novedad es que el Espíritu Santo no es una Ley que funciona de afuera hacia dentro, sino que funciona de adentro hacia fuera, el Espíritu Santo es la nueva Ley, porque es aquélla Ley promulgada en el nuevo testamento, es decir, con la Nueva Alianza que trajo Jesús ha venido una nueva Ley, y esa nueva Ley es un patrón de conducta que brota de lo profundo del corazón de los creyentes.

Esto funciona así: yo me abro al amor de Dios, experimento ese amor, ese amor cambia mi naturaleza y entonces yo empiezo a obrar de una manera nueva y distinta como se puede observaren este caso la Ley la Nueva Ley que es el Espíritu Santo mismo, esa misma Ley obra de adentro hacia fuera, y este fue también el descubrimiento de San Pablo, San Pablo descubrió que el proyecto de los fariseos no iba a funcionar nunca, aunque ese iba a ser el proyecto en el que él estuvo personalmente metido por tanto tiempo, ese proyecto no iba a funcionar nunca, y la razón por la que no iba a funcionar es porque ahí el trabajo grande le toca al ser humano, y si el ser humano está debilitado y está oscurecido y está distraído y está mareado y enfermo por el pecado.

¿Con qué fuerzas se va a salvar del pecado? Uno ve que el proyecto de los fariseos en el fondo fue el gran proyecto del judaísmo, es un proyecto condenado a la ruina porque ahí le estamos pidiendo al más débil que se sane a sí mismo, le estamos pidiendo al que está débil que tenga fuerza suficiente para curarse a sí mismo, a este respecto, esta santa a la que yo le debo Tanto Santa Catalina de Siena dice algo que está lleno de ternura, dice ella que cuando Jesús nos encontró a nosotros nos encontró como enfermos, moribundos, tendidos en una cama, y dice ella:  y estaba tan enfermo el ser humano que ni siquiera podía tomarse la medicina, y por eso le tocó a Jesús tomarse la medicina a nombre nuestro y la medicina que se tomó Jesús fue: someterse a las consecuencias terribles del pecado.

Eso fue lo que aconteció en la Cruz, recibir el impacto de las consecuencias del pecado, esa fue la medicina amarga que se tomó Jesús, recibir todo eso y seguir amando abierto y con obediencia a la voluntad del Padre, esa era la medicina, por supuesto que esa era la medicina, aguantar las consecuencias de los pecados pasados y seguir abierto con amor y obediencia al Padre Celestial.

Por supuesto que esa es la medicina; pero los fariseos estaban queriendo que nosotros tuviéramos suficiente fuerza como para tomarnos esa medicina nosotros mismos y esa era la fuerza que no teníamos, entonces dice Santa Catalina de Siena: “Que Cristo, lleno de amor, lleno de misericordia entendió que ese pobre moribundo no se podía tomar la medicina, y entonces aunque Jesús estaba sano, se tomó la medicina del enfermo para curar al enfermo. Con otro lenguaje: “Aunque Jesús era inocente padeció por nosotros los pecadores”, es un lenguaje muy hermoso.

Entonces San Pablo se da cuenta del valor de la Cruz, San Pablo se da cuenta en su conversión maravillosa, San Pablo se da cuenta del papel que tiene la Cruz, claro, Cristo padeciendo la Cruz lo que estaba haciendo era, aceptando a favor de nosotros, aceptando en nombre de nosotros y aceptando en lugar de nosotros la medicina que no podíamos tomar, acogiendo en su propia carne, acogiendo en su corazón el impacto del pecado y permaneciendo unido a la voluntad del Padre Celestial, rogando por cada uno de nosotros, Jesús manifestó un amor que nos cura, manifestó un amor que nos sana, manifestó ese amor que nos transforma, ese es el amor manifiesto en la Cruz, ese es el amor glorioso en la Resurrección por el cual nosotros somos transformados.

Lo que nosotros descubrimos es lo que descubrió San Pablo en ese momento, San Pablo descubrió que el verdadero camino es aceptar el amor que Cristo mostró en la Cruz, el verdadero camino no es competir con Cristo, no es repetir a Cristo, el verdadero camino es aceptar a Cristo, el verdadero camino es creer en el amor de Cristo, recibir el regalo, el regalo vivo que es la acción del Espíritu Santo en cada uno de nosotros. San Pablo tenía como metodología visitar las Sinagogas y contar a los judíos, esos que no habían podido palpar la Salvación, contarles estas cosas que estamos diciendo.

Esto que hemos compartido en esta enseñanza, mis hermanos este es el contenido de la predicación de San Pablo y ustedes lo pueden recoger, lo pueden recopilar en sus diversas cartas, esto es lo que él les decía, ¿Pero qué sucedió?, según nos cuenta el libro de Los Hechos de los Apóstoles, lo que sucedió es que en muchas de esas comunidades, la gente estaba ya como acostumbrada, estaba acostumbrada a su situación, hay un refrán que dice: “Mejor malo conocido, que bueno por conocer”, a veces el ser humano es así, a veces el ser humano se encuentra tan debilitado, se encuentra tan temeroso, que ni siquiera acepta la verdadera salvación que Dios le ofrece, y por lo visto, eso fue lo que se encontró San Pablo muchas veces en su predicación según cuentan los Hechos de los Apóstoles, eso fue lo que él se encontró, en muchas de estas comunidades fue rechazado.

En parte rechazado por ese temor a asumir una cosa nueva, recordemos que Cristo dijo, y les queda de tarea encontrar en que pasaje está eso, Cristo dijo: “Que cuando la gente ya se ha acostumbrado al vino viejo, no quiere el vino nuevo”, sino que dice: no, el vino viejo está mejor”, simplemente porque se ha acostumbrado a eso, simplemente porque no siente vigor para intentarlo, esa fue parte de la razón del fracaso de San Pablo, en sus intentos de convertir a sus hermanos de raza, es decir, a los demás judíos, otra parte tiene que ver con que en esas comunidades.

En esos grupos de judíos dispersos ya se habían formado estructuras de poder, recordemos que los enemigos de Cristo, fueron fundamentalmente las pesadas autoridades judías, la gente de peso, los que ya tenían influencia con el Procurador Romano, los que ya tenían influencia con el Rey Herodes, los que ya tenían control sobre el Templo, fueron ellos los que ya se sintieron especialmente seguros y fueron ellos los que sintieron si yo me pongo a creer en Cristo, entonces voy a perder todos mis privilegios, y por no perder privilegios, muchas veces estas autoridades, no solo en Jerusalén, sino en distintos poblados y lugares, no querían convertirse a Cristo, ponte a pensar en el caso de un jefe de una sinagoga,.

El jefe de una sinagoga es posible que civilmente no significara gran cosa, pero llegaba el sábado y el hombre se ponía su manto elegante, se ponía su mejor ropa, se ponía su gorro con sus filacterias, se paraba al frente de la multitud, leía en voz alta y luego se convertía en maestro y le podía decir a toda la gente allá, “Ahora yo les voy a explicar lo que he aprendido sobre este texto”, por supuesto esas autoridades tenían mucho que perder, porque entonces llega Pablo, esto lo pueden encontrar ustedes en Los Hechos de Los Apóstoles, en ciudades como, como Pergen, como Antioquia de Picidia, en todas estas ciudades y regiones, en Pergen, Panfilia en Libia en Iconio, en todas estas regiones pues San Pablo iba haciendo su predicación así como habíamos dicho contándole a la gente.

¿Pero qué pasaba?, pasaba que, pasaba que: le decían no!, las autoridades, los jefes de las sinagogas y los pesados, los pesados del lugar, “-bueno si quieres dirigirnos la palabra, si quieres predicar algo-“, y empezaba Pablo a echar su maravilloso discurso, básicamente a decirles. “Hermanos las promesas se han cumplido, Dios ha sido fiel, de la descendencia de David ha levantado un Rey y la gente abría esos ojos y ensanchaba el corazón porque ellos pensaban que era un rey que iba a acabar con los romanos o un rey que iba a ser como el Rey David.

Esa era la gran referencia para ellos; Dios, Dios ha levantado un rey y todos abrían los ojos y empieza Pablo a explicar que ese Rey fue apresado y fue torturado y trataba de explicarles que, aunque Cristo, sufrió y padeció precisamente a través de ese sufrimiento nos mostró el verdadero sentido del reinado de Dios, y esas palabras ya eran como muy difíciles para la mayor parte de esos judíos y especialmente quienes eran autoridad en la Sinagoga, rápidamente sacaban una conclusión, si yo me pongo a creerle a este Señor.

Pues hasta hoy yo era el jefe de la Sinagoga y mañana pues lo único que puedo ser es un discípulo más, tengo que pasar al auditorio y tengo que admitir como maestro a Pablo y tengo que admitir como maestros a estos apóstoles y predicadores y ya no voy a hacer el que está en el estrado, ya no voy a hacer el importante, ya no voy a hacer el que tiene la posición de honor, me tocaría ser un discípulo más, me tocaría bajar al auditorio y entonces aunque parezca algo tan carnal, algo tan mundano esto detuvo a mucha gente, y no sólo a ellos los hombres que eran autoridad, también las mujeres.

En Los Hechos de los Apóstoles se cuenta como algunas veces las mujeres impulsaron grandemente el avance de la evangelización, pero en ciertas ocasiones fueron ellas las mujeres prestantes, las mujeres que sentían que tenían una influencia social, las que sentían: oiga, dejar de ser yo la esposa del judío más importante de esta ciudad, para empezar a ser discípula de unos menesterosos de unos medio indigentes, medio locos que andan por ahí predicando.

No eso si que no y muchas de esas mujeres usaron sus influencias sobre sus esposos o sobre las autoridades civiles para impedir la predicación de San Pablo, de todas maneras Pablo hizo lo que pudo por anunciar el Evangelio en las sinagogas y cuando vio que no podía hacer mucho más, empezó también a organizar comunidades que no venían ya del Judaísmo, sino de los paganos, mostrándole también a ellos esa maravillosa esperanza, es como contarles miren ustedes que no sabían que podían contar en Dios, ustedes reciban ahora el amor que ese Dios les ofrece.

Y en general San Pablo obtuvo mejor resultado con esas comunidades de paganos; así sucedió especialísimamente en la conocida en la famosa Comunidad de Corinto, pero igual podríamos decir con otras comunidades como las de Efeso, y como las de Colosas, bueno y ¿Qué hay de la Carta a los Romanos?, pues San Pablo no fundó la comunidad cristiana que estaba en Roma, él no la fundó. Sí les dice al comienzo de la carta que quisiera visitarlos, que quisiera compartirles de lo que él tiene y quisiera recibir de lo que ellos tienen, y como una manera, como una síntesis de todo lo que ha sido su predicación y su vida, él escribe ese documento maravilloso, inmortal que es la Carta a los Romanos, y aquí es donde yo quería llegar, y aquí es donde quiero también concluir.


Mis hermanos en esa Carta a los Romanos, San Pablo realmente nos ofrece tal vez la síntesis más completa de su propio pensamiento, es la carta más extensa del Nuevo Testamento y por supuesto es también la más extensa que salió de la pluma de él, y en esa carta Pablo va describiendo todas las incoherencias del paganismo y toda la suciedad interna del judaísmo, desenmascara todo este, todas estas pretensiones del mundo farisaico, para llegar a una conclusión que es lo que a él le interesa: que todos, sea que vengamos del paganismo, sea que vengamos del judaísmo, todos tenemos una sola puerta, todos tenemos una sola oportunidad que es abrirnos a la acción maravillosa del Espíritu Santo.

Que es no otra cosa, sino recibir el regalo que Dios nos da, y así entendemos la palabras que él escribe en esa carta, creo que entendemos un poco más esas palabras y en particular ese capítulo octavo: No hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.

Andar conforme a la carne es andar como estaban estos judíos que querían que hubiera un templo y que querían que sus mutuas relaciones sociales de poder, de familia, de genealogía tuvieran el primer lugar, todo eso es carne, todo eso es carnal, sigue San Pablo la Ley del Espíritu de Vida en Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte, porque lo que la Ley no pudo hacer ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo enviando a su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.

Porque los que viven conforme a la carne ponen la mente en las cosas de la carne, ahí está pensando San Pablo en todo ese mundo judío, toda esta gente a la que se le está hablando del amor de Dios y están pensando si van a perder el asiento que tienen en las Sinagogas; los que viven conforme a la carne ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu, y más adelante dice: vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu, si en verdad el Espíritu de Dios habita en vosotros y más adelante dice: somos deudores no a la carne para vivir conforme a la carne, nosotros somos guiados por el Espíritu, y todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, esos son los hijos de Dios.

Hermanos, que sea éste como un aperitivo para que ustedes y yo nos lancemos de cabeza en ese Capítulo octavo de la Carta a Los Romanos, y bebamos lo que significa la acción del Espíritu Santo y de la gracia de Dios en nuestras vidas.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo, como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.