SANCTUS: Cristo centro

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Cristo, Centro de Nuestra Comunión

Tiempo en audio: 46 min. 47 seg.

Fecha: 20070426


Dios te salve María.....

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Mis hermanos muy queridos, hablemos un poco del compartir los sufrimientos de Cristo; está es una enseñanza de esa verdad que esta en el Credo, de esa verdad que está en el símbolo de los apóstoles, nosotros decimos en el símbolo de los apóstoles que creemos en la comunión de los santos, que es una manera de referirse a esa estrecha unión, a esa unión intima, espiritual, perfectamente real que existe entre todos nosotros que hemos sido lavados con una misma sangre, hemos sido también renovados con un mismo espíritu y hemos sido llamados a una misma esperanza.

Notemos de entrada que el mundo en el que vivimos, es un mundo muy marcado por el individualismo, y ¿Qué es el individualismo? Es aquella manera de vida, según la cual lo que le suceda al individuo se trata de que no afecte a nadie más; el que tiene la buena fortuna de tener salud, de tener dinero, de tener un hogar feliz que lo goce él y solo él.

Pero si su hogar se destruye si su fortuna se acaba, si la depresión llega a su vida entonces que se hunda él y solo él. Esta es la consigna inhumana ciertamente, pero esta es la consigna del individualismo, el gran lema del individualismo es: ”Sálvese quién pueda”, pero lo grave de ése lema es que cuando decimos: ”Sálvese quién pueda”, casi nadie puede y de hecho “Sálvese quién pueda”, es la receta para que muchos se desesperen, se depriman y se pierdan.

Lo opuesto del individualismo es la comunión, como hemos escuchado seguramente muchas veces, esta palabra tan bella lo que esta indicando es eso: la unión en común, la comunión es la palabra que usamos en español para describir una realidad muy hermosa que está en el Nuevo Testamento, con la palabra “coinonía”, la “coinonía” es la comunión o la comunidad, es el tener algo en común, es esa experiencia, de esa verdad, de ese sentimiento y esa realidad que lleva a que yo me deje afectar por lo que le sucede a mi hermano.

Observemos que el gran maestro de la comunión es nuestro Señor Jesucristo, Él es el verdadero maestro que enseña qué es la comunión, y Él es el verdadero testigo de lo que significa la comunión, porque Él mismo dice: “El Padre está en mí y yo estoy en el Padre, y así como yo estoy en el Padre y el Padre en mí, yo quiero que ustedes permanezcan en mí”.

Cristo es el maestro es el modelo, es la fuente de la verdadera comunión, y esto significa que toda comunión cristiana, tiene su raíz en Él y solamente en Él, tiene su raíz en Cristo, porque es Cristo quién la crea, y tiene su raíz solamente en Cristo porque no se puede apoyar en nada más, y cuando digo nada más, significa: ni siquiera en afectos humanos, ni siquiera en la conveniencia económica, ni siquiera en la coincidencia de unos proyectos o de una manera de ser.

La comunión cristiana tiene su origen y tiene su fundamento y tiene su realidad en Cristo y solamente en Cristo; cuando nosotros reemplazamos la comunión en Cristo, por comunión en otras cosas, digamos que por un tiempo eso puede funcionar, pero a la larga...cae. Si, intentamos fundamentar en las personas, por ejemplo, en el deseo sexual –que es natural entre el hombre y la mujer- pues sabemos muy bien, que ése deseo no es eterno, no solamente que dura cierto tiempo, sino que de alguna menra está condenado a desaparecer y está incluso condenado a producir la separación y la destrucción.

Porque una persona que se este dejando llevar únicamente por la atracción sexual, en algún momento encontrara que hay otros hombres mas atractivos que el esposo que ya se arrugó y se envejeció, o hay otras mujeres más atractivas que la esposa que ya se arrugó y se envejeció.

Entonces el matrimonio, por ejemplo, el matrimonio cristiano, es una escuela o debe ser una escuela de coinonía, una escuela de comunión, la familia por supuesto, las comunidades; lo que ha de producir una comunidad, es decir, lo que es tratar de generar que haya una comunidad es Cristo, es el espíritu del amor Cristo, y eso no se puede reemplazar nada más.

Si hacemos una asociación de personas, que se reúnen porque les conviene hacer dinero, aparentemente están unidos, pero si habláramos con uno de ellos y le diéramos: “Oye que tal si quitáramos a todos lo demás y dejáramos las ganancias solamente para ti” –lo más probable es que ésa persona sienta- “Pues sí yo me asocie con otros para hacer dinero, pero sí va a quedar todo el dinero para mí, mejor que mejor”.

Es decir, no demos más ejemplos, la idea se entiende: Cristo es el que crea la coinonía, el que cree la comunión y mientras el individualismo, esel sello propio del pecado, porque el pecado produce división, y porque el pecado lleva al aislamiento, y porque el pecado lleva a la dureza del corazón; y el que tiene el corazón duro no es capaz de dejarse afectar del otro.

Por el contrario lo que encontramos en Jesús, es el que se deja afectar, amar es dejarse afectar, amar es dejarse impactar por el otro, amar es dejar que lo que está sucediendo al otro, me golpee, me duela, me afecte, me cambie; y ese es Jesús, entre tantísimos textos que pudiéramos mencionar, recordemos ese pasaje del evangelio en el que nuestros Señor Jesucristo dice a los apóstoles: “Vayamos a un lugar tranquilo, vámonos a un lugar tranquilo”, y comenta el Evangelista es que eran tantos los que iban y venían, que no les quedaba tiempo ni siquiera para comer.

Estaban pues realmente agobiados, no tenían como responder por esas necesidades, pero observemos una cosa: Jesús piensa en ellos, él piensa en “Vaámonos a una parte donde estos mis discípulos puedan reposar, donde estos puedan descansar, en eso esta pensando Jesucristo. Yo creo que conviene leer un poco ese pasaje que esta en San Marcos 6, 30 ss; los apóstoles venían de una misión y dice San Marcos 6,30: ”Los apóstoles se reunieron con Jesús, y le informaron sobre todo lo que habían hecho y enseñado, y Él les dijo: Venida apartaos de los demás a un lugar solitario y descansad un poco”.

Jesús se deja afectar por el cansancio de ellos, Jesús siente que el cansancio de ellos es como cansancio suyo, y por eso busca un lugar de descanso para ellos, dice aquí: “Había muchos que iban y venían y por eso ellos no tenían ni tiempo para come, se fueron en la barca a un lugar solitario, apartado; pero la gente los vio partir y muchos los reconocieron y muchos corrieron allí a pie de todas las ciudades y llegaron antes que ellos, al desembarcar, Jesús vio una multitud y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor, y comenzó a enseñarles muchas cosas”.

¿Qué nos muestra este pasaje? Que Jesús tenia un plan pero Jesús cambio su plan, el plan de Jesús estaba clarísimo: “Vámonos a un lugar solitario, vámonos a descansar un poco”; ese era el plan de Jesús, pero resulta que Jesús tiene que cambiar su plan, porque aparece un ingrediente nuevo: “¿Qué hago con esta gente, que son como ovejas sin pastor?”.

Entonces la coinonía la produce Jesús, la coinonía la crea Jesús la comunidad la crea Jesús; y ¿Cómo la crea? Desde un amor que se deja afectar, ¡me duele lo que esta sucediendo en el otro, tengo entrañas, y me duele eso que está sucediendo¡, es decir hay una relación tan profunda mis hermanos, una relación tan profunda, tan hermosa entre la palabra: Misericordia y la palabra coinonía, la compasión la misericordia, abre mi corazón.

Mi corazón abierto se deja afectar por el dolor, por la miseria de mi hermano, por eso se llama: Misericordia, -ese “cordia” de ahí viene también ataque cardiaco, electrocardiograma, ese cardio es corazón, ese cordia es corazón. La concordia es la unión de corazones.

La misericordia es la capacidad de experimentar la miseria del otro en mi, en mi corazón, y esa misericordia es la que produce comunión. De aquí ya podemos sacar algo muy concreto:¿Qué puedo hacer yo para crear comunión? ¿Qué puedo hacer yo para mejorar la comunión en mi familia, en mi grupo de oración, en mi parroquia? Las armas de la comunión, las armas de la comunidad –porque van unidas- son las mismas armas de la misericordia.

Es la capacidad de comprender al otro incluso más de lo que él se entiende, incluso más de lo que él es capaz de decir. Yo creo que el pasaje de la mujer adultera, que todos recordamos y que a todos nos ha hecho llorar, ese pasaje viene perfecto aquí: esta mujer, qué podía decir ella a su favor, nos dice San Juan 8: “La gente que iba ha apedrear a la mujer se tuvo que ir retirando, uno por uno, empezando por los más viejos, y quedo sola la mujer con Jesús”, y esa mujer que podía decir, porque era verdad que la habían visto en adulterio, qué podía decir ella, ella estaba muda, ella no tenia una palabra que decir en su defensa; ella no podía alegar nada en su favor, porque era verdad aquello de lo que la estaban acusando, esa era la verdad.

Eso no era un invento, eso era real ¿Qué podía decir ella? No podía decir nada, pero el silencio es roto por Jesús que le hace esta pregunta:”¿Dónde están los que te acusaban?”, recordemos dónde está ese pasaje es Juan 8, 10 y Jesús le pregunta: “¿Dónde están ellos?”. Esta es una pregunta muy bella, en el evangelio de Juan, jeus hace muchísimas preguntas, y son preguntas que siempre nos hacen pensar: “Mujer – le dice- ¿dónde están ellos?.

Porque destaco esa pregunta, porque es la pregunta que le hace caer a ella de que Dios se ha puesto de su parte, Dios le ha apartado la muerte, Dios le ha apartado los acusadores, Dios le ha apartado los enemigos; con esa pregunta lo que Jesús le está diciendo es: “Mira que Dios ha apartado de ti, lo que te hacia daño, mira que Dios ha apartado de ti a tus enemigos, date cuenta que Dios, el Dios poderoso (Salmo 47: se levanta Dios y se dispensan sus enemigos, huyen de su presencia los que lo odian) se levanta Dios, extiende su brazo victorioso, se levanta Dios a defender a su pueblo, sale a defender a esta pecadora, se levanta Dios y huyen los enemigos.

“¿Dónde están tus enemigos? Los he quitado de ti ¿Dónde están tus amarguras? Las he quitado de ti ¿Dónde están tus resentimientos? Los he quitado de ti ¿Dónde están las cadenas que pesaban sobre tu alma? Las he quitado de ti”.

Jesús mira a nuestra alma, que en cuanto es pecadora tenemos que llamarla adultera- porque ese es el sentido del adulterio espiritual en la Biblia- Jesús mira nuestra lama y le hace esa pregunta: “¿Dónde está lo que te hacia daño?” Para que los ojos se abran uno puede imaginarse a esta mujer que estaba con la mirada agachada, con toda seguridad ella estaba mirándole piso, y ella estaba esperando el primer golpe y ella estaba esperando el abismo, la muerte, la oscuridad, la condenación.

Ella no levantaba los ojos, y entonces le dice Jesús: “¡Levanta tus ojos, mira a ver ¿dónde están?, date cuenta que los aleje de ti, date cuenta que te los quité, ninguno te ha condenado, le he quitado poder a tus acusadores¡”.

Recordemos mis hermanos, que la palabra Satanás en su origen lo que significa es el que acusa, el acusador, ese es el Satanás, el que acusa, el que está buscando lo malo de uno, para hundirlo a uno; y jeus lo que está diciendo aquí es:” Te quité a Satanás, lo quité de ti, lo aparte de ti, he quitado al acusador de ti”.

También en el libro del Apocalipsis, encontramos algunos textos que nos hablan de esa victoria sobre el acusador: “El que acusaba día y noche”. Dios nos ha librado del acusador, Dios nos ha librado del Satanás, del que acusa, es maravilloso experimentar eso y eso es lo que experimenta esta mujer: “¿Ninguno te ha condenado?, ella responde: ninguno Señor, Jesús le dice yo tampoco te condeno, vete y no peques más”.

Jesús entonces es el que abre esa puerta, Jesús es el que toma como suyo, el dolor del otro y Jesús es el que crea esa posibilidad de una vida nueva; a ver si con la ayuda del Espíritu Santo, puedo explicar esto, porque esto brota también del texto de la mujer adultera, es innegable la unión que existe entre Jesús y la mujer adultera, en ése pasaje.

Es muy profundo esto, y le pido al Espíritu Santo que me ayude en las palabras que quiero decirles, y que ayude a sus oídos en lo que ustedes están escuchando. Observemos esto: ¿Por qué trajeron esa mujer a Jesús? Juan nos lo dice: “Para tener de qué acusar a Jesús”; entonces dense cuenta, traen a una mujer acusada para poder acusar a Jesús, la mujer clava los ojos en la tierra porque es culpable.

¿Y qué nos dice Juan? Que cuando comenzaron a acusar a la mujer, Jesús clavo los ojos en la tierra también ¡¿No, es bello eso?, ella esta mirando el suelo toda avergonzada y Jesús se pone también a mirar al cielo, y dice que estaba escribiendo unas cosas en la tierra, en la arena. Algún padre de la Iglesia dice que lo que Jesús estaba escribiendo, eran los pecados de los que acusaban a esta mujer, como recordando que en realidad todos necesitan de la misma Redención.

Entonces fíjense cómo Jesús se solidariza con el caso de ella; ella es culpable y Él es inocente, pero ella es acusada y quieren acusar a Jesús, ella clava la mirada en tierra y Jesús clava la mirada en tierra, quieren destruirla a ella y quieren destruir a Jesús, quieren apedrearla a ella, y los evangelios nos dicen que varias veces quisieron apedrear a Jesús.

¿Quién es Jesús? Jesús es Aquel que esta dispuesto a correr mi mismo suerte, es Aquel que baja la mirada cuando yo la bajo, es Aquel que sabe llorar cuando yo lloro, es Aquel que sabe alegrarse cuando yo siento alivio; es esa sintonía profunda del corazón, es esa sintonía del corazón de Cristo lo que crea comunión, y por eso nos dice el apóstol San Pablo en Romanos 12, que tenemos que aprender a llorar con los que lloran y a reír con los que ríen.

¿Qué es eso? Es buscar esa sintonía como la busco Jesús aquí, cuando la mujer esta siendo acusada, Jesús la trata como si fuera su hermanita, como si fuera su mama, como si fuera su hija; como si Él mismo fuera ésa mujer, y si ella baja los ojos, ella también los baja.

Es esa unión profunda de Cristo, por supuesto el momento en que esa unión se hace perfecta es...en la Cruz, en la hora de la Cruz es cuando Jesús abraza todo lo que nosotros somos, es el momento en el que Jesús toma todo lo que nosotros somos; el mismo Jesús que bajo la mirada porque la adultera había bajado la mirada, ese Jesús que se pone en la Cruz, porque ve que nosotros estamos en la Cruz.

Porque ve que nuestra vida, es una vida llena de tortura, de soledad y de absurdo, éste Jesús se pone en la Cruz, éste Jesús extiende sus brazos en la Cruz y ahí esta abrazando no un pedazo de madera, ahí esta abrazando la tragedia nuestra, la tragedia de nuestra vida, ahí esta abrazando nuestra miseria y ahí está amándonos.

Dice Santa Catalina de Siena, que la Cruz es el lecho de amor de Cristo, y que es ahí donde Él ha celebrado sus bodas, donde Él ha consumado su matrimonio; el matrimonio de Cristo con la humanidad comenzó en la Encarnación, porque ahí se unieron la naturaleza divina y la humana, pero los legisladores, los abogados, los canonistas hablan de “consumar el matrimonio”: se casan un hombre y una mujer y solo se dice que se ha consumado el matrimonio, cuando ya no son dos sino uno, ya son solo una carne.

Entonces hay santos como Catalina de Siena que dicen eso de Cristo, que Cristo celebro bodas en su Encarnación, pero consumo las bodas, es decir, se compenetro, penetro y compenetro con nuestra historia, con nuestras llagas, con nuestra nada, con nuestra soledad, con nuestra angustia; ahí en la Cruz, ahí consumó las bodas, y por eso la Cruz es el lecho de amor de Cristo, por eso la Cruz es el sitio de unión con Él y por eso la Cruz es el lugar de la coinonia, es el gran lugar de la comunión.

A veces cuando tenemos sufrimientos, tenemos la tentación de apartarnos de aislarnos, pero cuál es el fruto cuando uno se aisla si esta sufriendo es simplemente entrar en la tristeza y en la noche, en la muerte en la desesperación; entrar en el dominio de las tinieblas y de Satanás. Lo que hizo Jesús tomando estas mismas actitudes de esta mujer adultera: mirando al suelo, quedándose ahí callado, haciendo lo que ella estaba viviendo, lo que hizo Jesús ahí fue no dejarla sola “Si se hunde ella, me hundo yo”.

¡Impresionante, impresionante, es sencillamente impresionante, esa clase de amor¡ Y yo sé que algunos de ustedes están pensando. “Ay pero yo no puedo eso”, y estás en lo correcto, tú no puedes eso, ni yo tampoco, nadie lo puede, solo Jesús lo puede, y por eso esta enseñanza no es para que vayamos a nuestras casas cada uno pensando: “Pues sí, muy bonito Jesús que puede esas cosas...como hablando de un superman. ¡No¡ estas enseñanzas, mis hermanos son para que digamos eso, esta enseñanza es para que podamos decir: “Bonito ése amor que se ha inclinado hasta besarme, hasta tocarme, hasta abrazarme, bonito ése amor que ha transformado mi vida”.

Tú no puedes hacer lo que hizo Jesús pero Jesús su pudo tomarlo por ti y Jesús sí puede tomar esa vida tuya, y Jesús sí puede empezar a vivir en ti; no vas a ser tu quién va a hacer las cosas de Jesús, sino va a ser Jesús que va seguir haciendo sus cosas en ti ¡esto es hermoso¡. Repito ésa frase que me parece central en este misterio de la coinonía: No es que yo repito lo que hizo Jesús, no, Jesús es único a Jesús nadie puede repetirlo, yo no voy a repetir lo que hizo Jesús, Jesús va a seguir haciendo, Jesús va a continuar haciendo, lo que él sabe hacer en mi; lo que a mí me corresponde por el contrario es decirle: “Señor yo ciertamente no puedo”.

Y si hay una cosa, mis hermanos, que necesitamos en nuestra Santa iglesia hoy por hoy, es llegar a ese reconocimiento claro y vivo, el reconocimiento claro y vivo de que no podemos crear comunión sin Cristo. Hoy hay unos teólogos que comprenden y que valoran esta enseñanza, pero también hay otros teólogos que piensan que la unión en la humanidad hay que buscarla por otros caminos y los otros caminos son por ejemplo: bueno, busquemos que es lo que tienen en común todas las religiones y sobre esa base intentemos construir comunidad. Eso no funciona.

La comunidad no se crea sobre ideas, hay una sola roca, hay un solo cimiento, San Pablo dice: “El cimiento ya está puesto y es Cristo Jesús” hay una sola roca hay un solo cimiento sobre el que puede construirse, ése cimiento se llama Jesucristo; entonces lo que tenemos que hacer es reconocer que nosotros como papás, como mamás como esposos, como sacerdotes, como laicos, nosotros no podemos crear esta clase de comunión porque no somos Superman y porque Jesús es único.

Lo que tenemos que decirle a l Señor es: “Ven a vivir tu misterio en nosotros” entonces viene Él y vive su misterio en nosotros y lo vive completo. Esto es lo que encontramos también en la Carta a los Colosenses 1, 24 “Ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros” Esa frase parece que la estuviera diciendo Cristo ¿Quién más puede decir eso? ¿Quién más puede decir que está sufriendo por nosotros? Pues solo Cristo lo puede decir pero aquí San Pablo resulta dizque diciéndolo “Me alegra sufrir por vosotros”.

¿Y por qué dice eso, sí solo Cristo puede decirlo? Por que en realidad aunque la boca es de San Pablo, esa frase la está diciendo Crsito, aunque la pluma sea de San Pablo, esa frase la está escribiendo Cristo; solamente Cristo puede decir esa frase, pero a mediada que Cristo nos va tomando, porque Cristo nos va tomando, Cristo nos va poseyendo, Cristo se va adueñando de nosotros, pero hay que darle permiso, hay que abrirle la puerta, hay que decirle ¡Sí Señor¡ para que le viva sus misterios en nosotros.

Y siguiendo la nomenclatura de Juan Pablo II, hay que darle permiso a Cristo para que Él viva sus misterios gozosos, sus misterios luminosos, y sus misterios dolorosos y por supuesto también sus misterios gloriosos. La vida cristiana según esta perspectiva no es otra cosa sino la vida de Cristo, la vida cristiana es una vida cristica, es la misma vida de Cristo; la vida cristiana no es que yo repito a Cristo, incluso en ese sentido se queda corto el titulo de ese famoso libro clásico de la espiritualidad, que se llama: “Imitación de Cristo”.

Me permito corregir ése titulo, la verdadera vida cristiana no es imitación de Cristo, sino es la misma vida de Cristo, Él viviendo sus misterios (véase Col 1,24) “Me alegro por sufrir por los otros” ¿Quién está diciendo eso? San Pablo (porque es carta de San Pablo) pero en realidad quién lo está diciendo...Cristo; entonces alguien puede estar pensando ¡Huí qué nivel tan alto de santidad, yo si no tengo ese nivel de santidad¡.

Estás en lo cierto, no lo tienes, y ¿Sabes otra cosa? Por tus solas fuerzas jamás lo alcanzarás, cómo podremos, mis hermanos llegar a entender que´solamente es Él el que da la vida y solamente Él es el que da el crecimiento, y solamente Él es el que cambia los corazones. Tenemos que hacer el ejercicio de arrojar nuestro corazón en el corazón de Él, y tenemos que hacer el ejercicio de arrojar en el corazón de Cristo, los corazones de esas otras personas con las que queremos crear comunidad.

¡Papás por favor arrojen los corazones de sus hijos en el corazón de Jesús, saquen ése corazón del pecho de sus hijos y arrójenlo al corazón de Cristo¡. Según mostró dramáticamente Mel Gibson en su película “Apocalipto” las costumbres de los Mayas y dígase otro tanto de los Aztecas, eran supremamente crueles, talvez algunos hayan visto la película otros no.

“Apocalipto” es una película que cuenta un relato, ubicado en el tiempo de la decadencia del Imperio Maya, que cronológicamente coincide con el tiempo de la llegada de los españoles a esa misma región de Guatemala y del bajo México; entonces en esa película se cuentan muchas cosas, pero yo quiero destacar que la forma de culto que tenian mayas y aztecas, era arrancarle el corazón a la gente, algo pavoroso pero eso era así.

Ustedes conocen esas pirámides escalonadas, que tenían los Mayas y los Aztecas, muchas de esas pirámides eran templos, que en la parte de arriba havia un hueco que bajaba verticalmente y por ahí había que arrojar los corazones todavía palpitantes que se les arrancaban a los jóvenes porque supuestamente la “serpiente emplumada” , la deidad a la que ellos adoraban se alimentaba de esos corazones.

Pues esa ceremonia tan espantosa, que era un homenaje a la muerte, nosotros los cristianos tenemos que transformarla en un homenaje a la vida; si yo le tiro los corazones de los jóvenes a la serpiente – y para esto que en la Biblia la serpiente es el diablo-, si yo le tiro los corazones a la serpiente, estoy produciendo muerte, pero si yo arrojo mi propio corazón en el corazón de Jesucristo, que no es serpiente sino cordero degollado por amor a nosotros, entonces éste Cristo se adueña de éste corazón.

Luego el ejercicio que uno tiene que hacer para crear comunidad, es arrojar los corazones ahí, arrojar el propio corazón y arrojar los corazones de las personas que amamos y de las personas que quisiéramos amar más, hay que arrojar todos esos corazones hay que entregárselos ahí, porque ahí en las llamas del corazón de Cristo nuestros corazones son quebrantados pero también purificados, pero también iluminados pero también santificados y de ahí nace la coinonía, de ahí nace la comunión.

Ahira bien el apóstol San Juan en su primera Carta, nos cuenta cuales son las señales de que esto está sucediendo: “El que dice que está en Jesús, debe vivir como vivió Jesús”. Esto significa que Cristo efectivamente quiere tomar nuestros corazones y transformarlos, y esa es la espiritualidad cristiana. “Ser transformados por Cristo” , pero el que quiera ser considerado así, el que quiera esa espiritualidad pues que viva como vivió Cristo.

¿Por qué enfatizo esto’ Porque hay gente que piensa que la espiritualidad consiste en las experiencias más o menos mentales, cerebrales que a veces se les llama experiencias místicas, hay gente que considera que si por ejemplo hace una oración muy intensa, muy intensa y duraen oración dos o tres horas y ya no sabe ni como se llama, entonces piensa: “Yo debo estar en un grado altísimo de espiritualidad, porque pude orar muchas horas”.

Por su puesto que la oración es muy importante, por supuesto que la oración es la vida del alma, pero el gran “test” no es cuántas horas; en Dublín hay un caso interesante, resulta que hay un parroquiano un feligrés de mi parroquia, que tiene la costumbre de asistir a misa todos los días, pero el problema no es ése, el problema no es que éste hombre asiste a una sola misa todos los días, sino a cinco o seis misas todos los días; él sigue la legislación de la Iglesia en el sentido de que no puede comulgar más de dos eucaristías en el día, o sea él no comulga en todas las misas, pero él asiste a cinco o seis misas.

Yo he hablado con él y me parece una persona muy virtuosa, ¡mucho¡, es decir yo no creo que él esté haciendo eso por vicio, ni lo esté haciendo por pose o por convencer a nadie, me parece una forma de piedad un poco extraña, ¡tantas misas, todos los días¡, me parece un poco extraño, pero quizás ése hombre hasta un santo sea, porque él dedica mucho de su tiempo –cuando no está asistiendo a misa- ayudando a gente pobre, especialmente a gente que se encuentra en los refugios para pobres, que hay aui en Dublín, que son un numero suficiente para los pobres que hay aquí.

¡Qué valioso éste hombre que se alimenta de toda esa oración¡ pero sí yo voy a la carta de San Juan, lo que primero pregunta no es ¿Cuántas misas?, Si no ¿Cómo anda tu amor?, pero por otro lado de dónde vas a sacar el amor si no es de la oración y de la unión con Cristo, claro; es decir, yo quiero que nos queden claras dos cosas: que viene de Jesucristo y solamente de Jesucristo esa transformación interior, pero que el termómetro el gran test para saber que tanto vive y reina Jesús en nosotros, ése “gran test” no lo da que yo diga que oro mucho, que leo mucho, que predico mucho, ¡NO¡ lo da cómo está mi capacidad de ser como Jesús.

Y ya dijimos como era Jesús: Jesús se dejaba afectar por el otro, ésa es la pregunta fundamental, y todos recordamos la frase que dijo San Juan de la Cruz: “Al atardecer de la vida, te examinarán en el amor”. Lo fundamental termina siendo eso, lo último, lo radical, la pregunta primera y más importante cuando nos presentamos ante Jesucristo, terminada ya esta vida, la primera pregunta es: “¿Amaste cómo yo? Un mandamiento nuevo os doy que os améis unos a los otros como yo es amado” lo que es nuevo en ése mandamiento no es que Él diga “Ámense unos a otros”, eso ya estaba desde el Éxodo, desde el Levítico, desde el Antiguo Testamento.

Lo nuevo es: “Como yo es amado” lo nuevo es el criterio la medida que pone Cristo. Y otra vez tú dirás:”¿Pero quién puede pasar ése examen?” Respuesta muy sencilla: “Solo Cristo”, ése examen lo hace Cristo y ese examen solamente lo pasa Cristo; luego la única solución es que Cristo viva en mí, para que Cristo pase el examen que Cristo le va a hacer a Cristo, ésa es la única solución, no hay otra solución.

En el Cielo está Cristo y los que son como Cristo, en el Cielo está Cristo y los que viven como Cristo, en el Cielo está Cristo y los que viven de Cristo y en Cristo, en el Cielo está Cristo y aquellos en los que Cristo vive.

Y por eso entendemos cuál es la potencia que tiene la coinonía, cuál es la potencia que tiene la comunión de lo santos, sí es el mismo Cristo, es que es la misma Sangre; sí tú comulgas no solamente abriendo la boca para recibir la hostia consagrada, sino abriendo todo tu ser para que Cristo venga y reine en ti, entonces la sangre de Cristo empieza a circular por tus venas, y sí yo comulgo y abro no solamente mi boca, sin oque abro todo mi ser para que Cristo reine en mí; entonces la sangre de Cristo circula también en mis venas.

Y si la sangre de Cristo circula en mí y la sangre se Cristo circula en ti, somosel mismo cuerpo y por eso nos duele lo mismo, y por eso nos afecta lo mismo.

Pidamos al Señor que venga y que reine, que venga y haga su obra en nosotros, digamos mis hermanos en éste momento con profunda humildad: Señor Jesús sé y entiendo perfectamente, que solamente si tú reinas en mi, solamente si tu realizas tú misterio en mi, mi vida será otra, pongo toda mi esperanza en ti, abro mi ser a tú amor, abro mi vida y te doy permiso Jesús, para que tú renueves mi pensamiento, para que tu renueves mi amor, para que tú tu renueves mi memoria, para que tú tomes posesión de mis cargas y de mis esperanzas.

Y yo mismo Señor me arrojo en ti y quiero junto con ese acto de abandono, quiero entregarte también a todos los que amo a todos los que debería amara a todos los que no he podido amar, ahí te los entrego Jesús porque yo no voy a poder amarlos, por lo menos no voy a poder amarlos como ellos necesitan ser amados, solo tú mi Señor, solo tú mi Jesús.

Que yo no me invente una vida cristiana sino que yo la experimente, no es mi tarea inventar, sino dejar crecer en mi Señor la semilla de la gracia que tú mismo me das, crece en mí Señor, ven a crecer en mí Jesús, ven a transformar mi vida Señor y entonces podrá haber comunión en mi matrimonio, podrá haber comunión en mi parroquia, podrá haber comunión en mi convento, podrá haber comunión en tu Santa Iglesia, en mi Santa Iglesia, Señor.

Jesús ven a reinar y a ti María Santísima que supiste unir a los apóstoles con tu oración que esperaban el don del Espíritu Santo, a ti María que supiste acompañar con tu humildad, con tu plegaria el descenso de la gracia, la caída copiosa, el diluvio del amor sobre ése grupo, a ti María Santísima te imploro, haz nuestros corazones dispuestos, disponibles a ese amor, a esa gracia y a esa victoria.

Gloria la Padre al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.

El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.

En el nombre del Padre del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.