SANCTUS: Bases Espiritualidad 1
Fecha: 20070820
Título: Bases de la espiritualidad de Sanctus 1
Original audio: 49 min. 59 seg.
Mis hermanos Muy Amados:
Vamos a seguir un esquema para dar unas nociones básicas de lo que suele llamarse Eclesiología, es decir, el estudio teológico de la Iglesia. la palabra Iglesia" quiere decir una convocación, es decir, grupo de personas que han recibido un mismo llamado, eso es lo que quiere decir Iglesia, viene de la palabra “eclesía”, en griego, la cual a su vez pues viene del verbo “cleto”, que quiere decir, llamar.
Entonces la Iglesia es la convocada, la asamblea convocada, la gente que ha recibido un mismo llamado; desglosando un poco esta idea, el esquema es muy sencillo. Tenemos el acontecimiento de la Cruz, donde muere Nuestro Señor Jesucristo, pero que no es el final de la historia, Jesús resucita glorioso. La victoria de Jesucristo sobre la muerte es el comienzo del anuncio del Evangelio.
Los Apóstoles tienen algo que contar, y ese algo es: la muerte no tiene la última palabra, hay algo, hay alguien que es más fuerte que la muerte, ¿y esto por qué es tan importante? Porque la vida de Jesucristo fue una vida desde la generosidad, el servicio y la alegría, el gozo profundo del Espíritu.
Si una vida así termina en fracaso, quiere decir que no vale la pena amar; si la vida de Cristo hubiera terminado únicamente en la Cruz y en el Sepulcro, la única lección que se podía sacar de la vida de Cristo es: "No vale la pena servir, no vale la pena amar", esa es la única conclusión que se hubiera podido sacar.
Pero Jesús no se quedó en el sepulcro, Jesús resucita glorioso de la tumba, y ese acontecimiento significa, lógicamente, sí se puede servir, sí se puede amar.
Porque, aunque los poderes de las tinieblas, aunque la maldad de este mundo, aunque los reinos de esta tierra quieran ahogar esa pequeña semilla de bondad, de pureza, de inocencia, de generosidad, que es el Evangelio, aunque nos quieran ahogar, aunque incluso maten a algunos de nosotros, sabemos que más allá de la muerte hay una victoria.
Eso es lo que demuestra la Resurrección de Cristo. Entonces, el primer anuncio de los Apóstoles es que: “El que murió ha resucitado” (véase ) o dicho de otra manera: “Él es el Señor; la muerte ya no tiene poder sobre Él” (véase Carta a los Romanos 6,9).
Lo máximo que se le puede hacer a una persona para tratar de anularla es encarcelarla, torturarla y matarla, eso se lo hicieron a Cristo, y si eso que es lo máximo que se le puede hacer a una persona, fue ineficaz, quiere decir que ya no hay nada que se pueda hacer en contra de Cristo, quiere decir que Él es el Señor, por eso los dos anuncios son equivalentes, que Él resucitó, y que Él es el Señor.
Las dos cosas son en el fondo lo mismo; porque la Resurrección de Él lo que viene a demostrar es que su vida ha sido refrendada, ha sido aprobada, ha sido acogida; la ofrenda de Cristo no cayó en el vacío, la ofrenda de Cristo fue acogida por el Padre y fue refrendada con el hecho de la Resurrección, ése es el anuncio de los Apóstoles.
Pero los Apóstoles llegaron a esa comprensión, no únicamente mirando las cosas desde fuera, Jesús no fue para ellos el Cristo glorioso, no es para ellos un acontecimiento que se queda afuera, como quien describiera un maravilloso fenómeno de la naturaleza, pero que está allá.
La naturaleza tiene cosas realmente espectaculares, cosas literalmente fenomenales, pero esas cosas están ahí afuera; los Apóstoles se dieron cuenta que algo maravilloso le había sucedido a Jesucristo, pero ellos mismos carecían de esa fuerza interior, de esa certeza interior, de ese gozo interior.
Ellos sentían que no podían anunciar esa noticia, estaban como amarrados interiormente; de ese estado de limitación interior fueron liberados por el poder del Espíritu. Lo que hace Pentecostés es contarnos, contarle al corazón el secreto del amor de Dios; lo que hace Pentecostés, lo que hace la Efusión del Espíritu es producir la convicción maravillosa.
Desde Pentecostés, Jesús ya no es una noticia que se queda afuera, como el que mira un volcán en erupción o como el que mira una super Nova en el firmamento, o como el que mira un océano bellísimo; Jesús ya no es un espectáculo afuera, Jesús es una realidad interior.
Entonces Pentecostés trae este acontecimiento de la Cruz y de la Resurrección y de alguna manera lo hace interior, eso no significa que elimina la exterioridad de la carne de Cristo, la Carne de Jesús; lo que sufrió la Carne de Jesús sigue siendo tan verdadero.
La verdad de la Resurrección de Jesús sigue siendo tan verdadera, pero Pentecostés hace que eso no se quede fuera de mí, sino que yo comprenda que eso me implica, que ese mismo Espíritu que obró en Jesús es el mismo Espíritu que quiere obrar en mí, ese es Pentecostés.
Entonces los Apóstoles contemplan este hecho de la Pascua, descubren a este Cristo de la Pascua y asumen esa noticia con el poder nuevo que les da el Espíritu Santo, entonces sucede lo que encontramos en Hechos de los Apóstoles, Capítulo dos.
San Pedro toma la palabra y hace una predicación maravillosa, contándole a la gente el sacrificio de Cristo, pero ya no lo cuenta con la vergüenza de un acomplejado, ya no lo cuenta con el temor de uno que está asustado porque lo van a perseguir, lo cuenta con audacia, lo cuenta con valor, lo cuenta con alegría, lo cuenta con una generosidad que quiere realmente recubrir la tierra entera con esa noticia.
El poder de esa predicación de San Pedro, tuvo un efecto inmediato, nos dice los Hechos de los Apóstoles, capítulo dos, que ese día se les unieron unas tres mil personas; la gente sintió como una oleada de amor, de verdad, de libertad, de perdón, que salía de esas palabras de Pedro; Pedro estaba ebrio, estaba rebozante del Espíritu, estaba ardiendo en el fuego de Dios y ese fuego quemaba a la gente, la gente sentía, podemos decir que Pedro se convirtió como en un “Pentecostés ambulante”.
Los Apóstoles fueron, en realidad, como los ministros de ese Pentecostés, de modo que lo que les había acontecido a ellos le pudiera pasar a otras personas también; son como los testigos y al mismo tiempo una especie de canales privilegiados de esta acción del Espíritu; Pedro es un "Pentecostés ambulante", que va llevando esta noticia con un poder increíble ¿y qué sucede? Que la gente cuando recibe esa noticia, se congrega, eclesía, convocación, asamblea convocada.
Ahí donde hay predicación empieza a nacer una comunidad, de la predicación nace la comunidad, es muy lógico, alguien está hablando y a mí me interesa, y a ti también, y a ti, y a ti, y a ti, a todos nos interesa, ¿qué hacemos? "Vamos allá".
Es una convocación, nosotros somos la Iglesia convocada por la noticia de la Pascua, somos la asamblea convocada por la victoria de Cristo, eso es lo que significa "Iglesia": asamblea o reunión convocada por la noticia de Jesucristo, eso es lo que nosotros somos.
Entonces de ahí nace una comunidad; esta comunidad esta escrita en el Libro de los Hechos de los Apóstoles. ¿Lo esencial de la Comunidad qué es? Que están compartiendo una misma experiencia de gracia, una misma experiencia de Pascua, están compartiendo un mismo Jesús.
Lo primero que tiene en común la gente, según los Hechos de los Apóstoles, es Jesús, Jesús es lo que tenemos en común, lo primero que tenemos en común no es que pensamos igual, lo primero que tenemos en común no es que nos caemos bien, lo primero que tenemos en común no es ideas, clase social o ingreso económico, no. Lo primero no es eso, lo primero que tenemos en común es Jesús.
El Jesús que a ti te cautiva, te enamora, te hace llorar de alegría, te convence, sientes que ha irrumpido en tu vida, te ha transformado, es mi mismo Jesús; también en mi vida ha irrumpido, me ha transformado, me ha hecho llorar de gozo, me siento perdonado por Él, es el Señor, entonces tú dices: "Él es mi Señor", yo digo: "Él es mi Señor", y entonces descubrimos que tenemos algo en común.
Esa es la esencia misma de la Iglesia, el Tesoro que comparte la Iglesia es Jesucristo, el vínculo de unión, el eslabón que nos une a todos es Jesucristo, y esto vale para toda comunidad cristiana, desde la Iglesia Universal, si queremos ir a ese plano gigantesco, hasta la Iglesia más pequeña, que es una pareja queriendo hacer una familia.
Pablo VI puso de moda la expresión: “Iglesia Doméstica”, para referirse a la familia, la familia nace de la pareja, la pareja necesita tener en común a Jesús, si la pareja se fía de que "tú me gustas y yo te gusto", si la pareja se fía en que "tenemos las mismas ideas", o "queremos los mismos muebles", o "nos gustan los mismo colegios", eso es demasiado pobre; la pareja tiene que descubrir a Jesús como su vínculo de unión.
Es Jesús, es únicamente Jesucristo que une verdaderamente a la pareja, y eso es muy importante. Porque resulta que los otros vínculos se acaban, sabemos que juventud, belleza, lozanía, inteligencia, salud, ingresos, puestos, trabajos todo eso es bastante frágil, todo eso puede caer bastante y cae, y todo eso cae y todo eso se acaba; el verdadero vínculo es Jesús.
Ahí donde hay Iglesia lo que está sucediendo es que Jesús, el mismo y único Jesucristo que está conectado a la gente, ¿y Cómo nos conecta Jesús? Jesús nos conecta a través de una misma experiencia de gracia, “es que yo siento que sin Él, nada puedo”, digo yo, y tú levantas la mano y tu dices: “¡Uy, somos dos! A mí me pasa lo mismo, sin Él nada puedo", y otro dice: “Hey, yo también nada puedo”, y otros, y otros, entonces todos levantamos la mano y decimos: "Realmente dependemos de Él.
La fe cristiana no es un grito de independencia, sino un grito de dependencia, todos gritamos: "¡Dependo de Él!", y tú dices: "Sí, yo también, yo también dependo", todos dependemos de Él, pero lo maravilloso que al decir que dependemos de Él, pues en cierto modo estamos proclamando otra independencia.
Porque si yo dependo de Él, entonces no dependo de la aprobación del mundo; si yo dependo de Él, entonces no dependo de ningún ídolo, de ningún pecado, ya no dependo de las riquezas de este mundo, ya no dependo de los placeres que puedo encontrar, dependo de Él.
La Iglesia es aquella colectividad de seres humanos que han escuchado la Buena Noticia de la Pascua, y que pueden decir con una sola voz: "Hey, dependo de Él", "yo también, yo también, yo también", ¡todos dependemos de Él!
Como el único que nos lleva a esa convicción, el único que nos convence interiormente se llama el Espíritu Santo, entonces es la acción de ese Espíritu que nos unifica, pero aquí hay algo todavía más bello, no es solamente que yo dependo de Él, sino que al descubrirlo a Él, al descubrir a mi Señor yo descubro también por qué yo dependo de Él, es decir, yo me descubro a mí mismo como dependiente de Él, yo descubro a Jesús y me descubro a mí.
Los dos descubrimientos son simultáneos; ser cristianos no es únicamente descubrir a Jesús como Redentor, sino descubrirme a mí como redimido; no es descubrirlo solamente a Él como Salvador, sino descubrirme a mí como salvado; no es únicamente descubrir que es maravilloso que Él sea Pastor, sino que yo soy oveja de su rebaño, que yo necesito de Él.
Como cada persona dentro de esta maravillosa Congregación, como en esta maravillosa Comunidad, cada persona está descubriendo que depende de Jesús y está descubriéndose a sí mismo, quiere decir que descubres necesidades y falencias que tienes, y tú descubres necesidades y falencias, y tú las tuyas.
Entonces, resulta que nosotros somos distintos, porque cada uno tiene su propia historia, entonces tus falencias no son las mías, hay cosas que, al contrario, yo he aprendido a reconocer: que tú eres más fuerte que yo, y yo de pronto soy más fuerte que tú en algunas cosas.
Cuando nos vamos descubriendo así, entonces aprendemos a ser comunidad en un segundo nivel, el primer nivel es: "Todos conectados a Jesús", podemos mirarlo, como Jesús aquí, y una cantidad de hilos, hilos, hilos que van llevando, ese es el primer nivel de ese discurso; pero el segundo nivel es que yo empiezo a mirar y digo: "Oye, eso que tú tienes, el Señor te hace fuerte en eso, mientras que yo en eso soy débil", entonces yo empiezo a descubrir que necesito de mi hermano.
Por ejemplo, yo veo que aquí están los apóstoles, y por supuesto los apóstoles tienen un don de testimonio, y un don de predicación que es fundamental, incluso más: fundante, el testimonio de los Apóstoles es fundante, eso es el que da el fundamento, eso es lo que quiere decir fundante: el que da el fundamento.
Entonces yo veo que los Apóstoles tienen esa capacidad, y veo que los Apóstoles tienen esa enseñanza y yo digo: "Yo no tengo ese don", de pronto otra persona dice: "¡Hey, yo no se enseñar así, pero yo sirvo para otra cosa, yo puedo ayudar con otro don!"
Entonces en el segundo nivel viene ya no únicamente que cada uno depende de Jesús, sino que empezamos a descubrirnos unos a otros, y decimos: "Yo necesito de ti", "yo necesito de tu predicación", y el otro dice: "Oye, yo necesito de tus cuidados", "yo necesito de tu apoyo", "yo necesito de tu capacidad administrativa".
"Y yo necesito de tu teología", yo necesito de tu ministerio sacerdotal", "y yo necesito de tu apoyo, tu compañía", y así cada uno va necesitando, entonces la comunidad, esta comunidad convocada, también es dependiente en ese segundo nivel.
No solamente dependemos de Jesús, sino dependemos de los que dependen de Jesús, ese es el segundo nivel, yo dependo de Jesús, eso es fácil de descubrir. El segundo nivel toma más tiempo, porque en el segundo nivel hay que darle duro en la cabeza a la serpiente de la arrogancia, para yo reconocer: resulta que yo solo no dependo de, porque depender de Jesús es, ah, pues, cualquiera depende de Jesús, es el Rey, es el Señor, es verdadero Dios, fácil decir "dependo de Jesús".
Pero empezarme a decir: "Dependo de ti, sabiendo que ese también es un pecador", es más difícil, sin embargo en ese segundo nivel, solamente en ese segundo nivel, se trazan las líneas transversales que tejen a la Iglesia. Mientras seamos solamente hilos conectados con Jesús, ahí no hay tela, una tela. Ustedes ven cómo es una tela: tiene hilos verticales y tiene hilos horizontales, para que haya tela, para que haya red. Nosotros somos una red que quiere pescar para Jesús.
Pero no puede haber red únicamente con hilos verticales, esa no es una tela, eso es un poco de hilos. Entonces, sólo cuando empezamos a descubrir que necesitamos unos de otros y que admiramos unos en otros la obra de Dios, solamente ahí se hace la red, y solamente cuando hay red empezamos a ser verdaderamente tienda de campaña, es decir: Mishcan, ese es el nombre en hebreo de la tienda que llevaban los hebreos por el desierto. Ese hogar temporal de la presencia de Dios.
Entonces, la Iglesia es Mishcan, la Iglesia es ese hogar, es esa Casa de Dios, pero hay que tejer la lona y la lona se teje con los hilos así, verticales y con los hilos horizontales. Entonces uno tiene que empezar a descubrir cómo depende de las otras personas.
Repito, esto no es tan fácil, es muy aburrido depender de los seres humanos, nuestra arrogancia, la fuerza que cada uno de nosotros tiene, nuestro temperamento y el individualismo, que es propio de nuestra cultura, hacen muy difícil reconocer que uno necesita, que uno verdaderamente depende de las otras personas.
Pero les digo una cosa, eso es totalmente cierto. Tome usted al sacerdote más santo que usted se puede imaginar, quítele sus colaboradores, quítele su Parroquia, quítele sus grupos, el hombre queda absolutamente maniatado, no puede hacer nada, lo único que puede hacer es tratar de construir otra vez otros colaboradores, otro grupo de colaboradores.
Si el sacerdote no se descubre dependiente de su comunidad, es decir, conectado a ellos, necesitado de ellos, tomará una actitud petulante, una actitud orgullosa, que termina haciéndole daño a él mismo.
Lo mismo pasa con el laico, si el laico dice: “No, pues, es que yo al fin y al cabo conozco muy bien las cosas, yo conozco teología, yo también sé predicar, yo no necesito del Papa, yo me llamo protestante", aparentemente las cosas funcionan bien por un tiempo, pero el desenlace ¿cuál es? Que de una división siguen otras divisiones, siguen otras, y otras, y otras, y otras, y eso no acaba nunca.
Cuando yo era niño, sentí una profunda extrañeza de esas otras personas que eran cristianas pero no católicos, y entonces me encontré un libro que tenía una estadística de ochocientas denominaciones de protestantes, esas ochocientas denominaciones eran hace, -o sea yo era niño-, calcule, no voy a hacer cuentas, pero eso puede ser hace treinta o más años.
Había ochocientas denominaciones de protestantes, la cifra sin ninguna duda, a fecha de hoy, va por los miles y por los miles; y eso quiere decir haber diluido a Jesús en esas ochocientas partes exactamente; eso no tiene ningún sentido.
Entonces ¿qué concluye uno de esto? Que todos dependemos, necesitamos de los sacerdotes, necesitamos de la gente mayor, necesitamos de los niños, necesitamos del valor sacrificial de los enfermos, necesitamos del ardor de los misioneros, necesitamos de la pureza de las almas consagradas a Jesús, necesitamos del vigor de los pastores, necesitamos del entusiasmo de los jóvenes. Todos nos necesitamos unos a otros.
Entonces el Espíritu es el que hace el doble tejido, por una parte me revela cuánto necesito yo de Jesús, pero el mismo Espíritu me revela que yo no tengo todos los carismas y que, por consiguiente, yo necesito conectar con los carismas de los demás; todo eso es lo que se llama la construcción de la Comunidad.
Repito y resumo esa parte. ¿Qué es construir la comunidad? Es dejarse guiar por el Espíritu para comprender cómo yo dependo de Jesús y cómo yo dependo de mis hermanos. Esa dependencia, sin embargo, no es una dependencia forzada, si es forzosa porque no hay otro modo de hacerlo, pero no es una dependencia forzada, yo dependo de mis hermanos, pero dependo de ellos en cuanto ellos son también testigos, y en cuanto ellos son también testimonio de esa redención que Cristo ha traído a la tierra.
¿Por qué destaco esto? Porque el don que mi hermano tiene es una buena noticia para mi; ¿qué sería de mi si yo no tuviera quien me predicara? ¿Qué sería de mi si yo no tuviera quien ejerciera misericordia? ¿Qué sería de nosotros sin los misioneros, sin los Pastores, sin los teólogos, sin… ? ¿Qué sería de nosotros?
Entonces, si bien es cierto que Jesús es el Evangelio, Él mismo es el Evangelio, si bien es cierto que Él es el Evangelio, nosotros también nos vamos volviendo Evangelio los unos para con los otros.
Es decir, "tú eres una buena noticia para mí", no es solamente que, "yo te necesito para ser Iglesia", como quien dice: "¡Tocó!" No. Es que yo admiro lo que Dios ha hecho en él, agradezco lo que Dios ha hecho en él, me siento feliz de lo que Dios ha hecho en él.
La conexión, entonces, con los hermanos funciona en dos niveles: por el plano de la necesidad y por el plano de la admiración. Por un lado, "te necesito", por un lado, "te admiro"; en cuanto te necesito, te pido ayuda; en cuanto te admiro, admiro eso que Dios ha hecho en ti, y tu respuesta a la obra de Dios".
¿Qué se sigue? El respeto, el cariño, la delicadeza. Hay personas que quieren conectar con los hermanos únicamente por vía de necesidad, entonces se expresan únicamente en términos de deberes: "¿Este es el sacerdote? ¿Usted es el sacerdote? A Usted le toca, usted es sacerdote, ¿si no para qué se ordenó?"
Hay gente que trata así al sacerdote, tienen razón en la medida en que eso es cierto, si se ordenó fue para eso, pero se les olvida que la conexión que hace el Espíritu Santo no es únicamente por vía de necesidad, sino también por vía de gratitud y de admiración.
Una cosa es llegar donde el sacerdote y decirle: “ A Usted le toca, porque para eso se ordenó", y otra cosa es reconocer el don que hay en él, admirarlo, agradecerlo, sentirme feliz de ese don; por otro lado, también se puede caer en el otro extremo.
Hay veces que uno admira y respeta tanto, que uno nunca le recuerda a la gente los deberes que también tienen. ¿Qué sacamos con la gente que aplaude y venera al sacerdote, pero nunca le recuerda al sacerdote lo que él tiene que ser? Por dar solamente un ejemplo.
Entonces está la idea de la comunidad, la comunidad se va tejiendo así. Hechos de los Apóstoles, sintetiza con la expresión: “Eran asiduos a la enseñanza de los Apóstoles, eran asiduos a la fracción del pan, eran asiduos a las oraciones" (véase Hechos de los Apóstoles 2,42).
Es decir, ellos estaban alimentándose y estaban al mismo tiempo edificándose, ellos recibían fundamentalmente ese pan espiritual de la predicación que viene de los Apóstoles, pero estaban también compartiendo unos con otros; esa es la comunidad.
La comunidad produce un efecto: testimonio. A medida que nos descubrimos necesitados los unos de los otros, y nos descubrimos felices los unos de los otros, se va produciendo un espectáculo, dice San Pablo que él era espectáculo, ellos, los Apóstoles, eran espectáculos de los Ángeles y de los hombres.
Pero es que yo digo un espectáculo en el sentido de un testimonio, una expresión bellísima, expresión bellísima que quiere decir, Dios viviendo sobre esta tierra; la Iglesia es eso, la expresión bellísima de la gloria de Dios, de la majestad de Dios, de la hermosura de Dios.
Eso produce el testimonio, la gente dice: “Mirad cómo se aman”, "mirad cómo se aman", es el testimonio, la vida misma se convierte en un lenguaje, la manera como se tratan, el respeto que tienen el uno por el otro, la delicadeza, la capacidad de comprender a la otra persona, de ceder, de ayudar, de ocuparse.
"¿Qué te pasa?" "¿Qué te sucede?" "¿Tú cómo estás?" Esa ternura, esa multiplicación de detalles que no se quedan en las relaciones humanas, sino que, sobre todo, es una comunicación de amor que viene, en últimas, con el Espíritu Santo; eso es un testimonio.
Llevamos esa secuencia: los Apóstoles predican la Pascua de Cristo, de esa predicación nace una comunidad, la comunidad es un tejido que tiene líneas verticales y horizontales, en las verticales yo descubro que dependo de Jesús y que Él es mi Señor; en las horizontales yo descubro que yo dependo de mis hermanos, pero que a la vez los admiro, los quiero, agradezco a Dios por ellos, de ahí surge el testimonio.
Pero la comunidad no vive para sí misma, la comunidad vive para la gloria de Dios, es decir, vive para testificar que hay un Dios, en el fondo la comunidad vive para seguir proclamando esta misma noticia.
Decía el Papa Pablo VI, a quien yo admiro, como ustedes se dan cuenta, decía el Papa Pablo VI en “Evangelii Nuntiandi”, número 17: “La Iglesia existe para evangelizar, para eso existe la Iglesia, no existe para nada más.
Entonces, esta Iglesia no vive para sí misma, sino que va creciendo, va madurando, y en esa maduración el Espíritu sigue haciendo crecer los mismos carismas, y entre esos carismas, el carisma de testificar, el carisma de proclamar. Entonces de la Comunidad surge la misión, y fíjate nosotros empezamos con Apóstoles y vamos en apostolado.
La Iglesia primero es misionada: recibe, y luego es misionera: da; primero se constituye, se robustece, aprendemos que nos necesitamos, aprendemos a admirarnos, aprendemos a respetarnos, y luego de ahí ¿qué surge? La misión, surge el envío, surge el apostolado; de los apóstoles al apostolado, ésa es la Iglesia.
Algo parecido a lo que sucede en la pareja, que sirve de comparación para cuando hablamos de familia, en una relación sana de pareja hay que llegar a eso, hay que llegar a que se dan los hilos verticales, ambos descubren que necesitan de Cristo.
Pero se dan los hilos horizontales: "Te necesito, yo necesito de ti, y al mismo tiempo te admiro, me siento feliz de que tú seas el hombre que eres, de que té seas la mujer que eres", se necesitan las dos cosas. Si únicamente hay necesidad, se termina usando a la otra persona, como cuando la gente dice: "Usted es sacerdote, a usted le toca", eso es usar a la persona.
En la pareja, si únicamente hay necesidad, se está usando a la persona, "te necesito", bueno, es bonito oírlo una o dos veces, pero si únicamente me necesitas terminas usándome; en cambio, "te necesito y te admiro", "te necesito y te agradezco", "te necesito y te venero", -hay que sentir veneración-, esto sirve de todo, hasta sirve de curso pre-matrimonial.
Sí, hay que sentir veneración, veneración: "¡Es una maravilla que en mi casa, y si están casados, que en mi casa, que entre mis brazos, que en mi cama, que junto a mí estés tú; es una maravilla que tú estés, que tú, que eres joya preciosa, que vales Sangre de Cristo, que estés aquí, que yo te pueda disfrutar, que yo te pueda besar, que yo te pueda amar, es un regalo maravilloso!"
Entonces, tiene que haber veneración; cada persona tiene que sentirse necesaria, pues, dentro de cierto límite, porque el único que absolutamente necesario es Dios.
Pero tiene que sentirse necesaria, pero tiene que sentirse venerada también, tiene que sentirse venerada y venerado y tiene que sentir que es valioso, y tiene que aprender a tratarse así que eres valioso, y tienen que aprender a tratarse así: "Es que es tu eres muy valioso", "es que tú no eres cualquier cosa", "es que tú vales Sangre del Hijo de Dios".
Yo trato de imaginarme como será eso, cómo será eso, ¿no? Compartir así la vida, no tener amistades, porque amistades uno tiene; pero compartir así la vida, y eso que se da en el matrimonio, eso toca vivirlo en la comunidad.
Una comunidad está madura para el apostolado, cuando ha descubierto esos niveles de mutua de co-dependencia, es decir, dependemos unos de otros, y de mutua veneración; de modo que aprendemos a venerarnos, que tú te sientas feliz de las personas que están en tu comunidad, que tú sientas: "¡Qué maravilla esta gente que nos ha dado!" Esta es una comunidad, esto es bendecido, esta es casa de Dios".
"Esto es casa de Dios, se ve que Dios habita entre nosotros, "¡qué dones tan maravillosos Dios le ha dado a mi hermana! ¡Qué dones el que le ha dado a mi hermano!" "¡Qué bello es Dios con nosotros!"
Esa Comunidad que siente esa alegría, es la comunidad que está realmente lista para ser misionera, eso es lo que nos cuentan en Hechos de los Apóstoles, ellos tenían allí sus oraciones, y un día estaban ayunando, y estaban dando culto al Señor y tenían muchos dones, claro, había muchos dones: dones de lengua y sanaciones y de exorcismo y de profecías.
Y de pronto viene una profecía: “Sepárenme a Pablo y a Bernabé” (véase Hechos de los Apóstoles 13,2), momento culminante: viene una etapa nueva, "sepárenme a Pablo y a Bernabé" (véase Hechos de los Apósotoles 13,2), porque el Espíritu es incontenible.
lo que sucedió, dice Santa Catalina de Siena, -la que hay que mencionar con frecuencia, y hay que amarla muchísimo-, Santa Catalina de Siena dice que en la Cruz fue como si se reventara un saco de amor, y ya ese diluvio no lo para nadie, ya esa represa se quebró, y ese río abundantísimo del Espíritu toma posesión de los corazones y arrasa, entonces va llenando siglos y va llenando culturas y va llenando hogares, y va llenando razas, porque ese río ya no lo detiene nadie, eso no lo para nadie.
Entonces ¿qué pasa? Que ese río, cuando llega a una determinada comunidad, nosotros empezamos a llenarnos y a llenarnos, y luego se produce un fenómeno: el desbordamiento con tendencias a ceba, entonces ya en ese momento nosotros no podemos cebarnos, eso no se puede, ya nos alimentamos, esto toca dar.
Es que esto no es únicamente a nosotros, es que esto toca darlo y siguieron orando, y el Espíritu dijo: “Sepárenme a Bernabé y a Pablo” (véase Hechos de los Apóstoles 13,2), y la gente dijo "sí, es la hora, esto no lo podemos frenar aquí, esto tiene que seguir".
¿Y qué hicieron? Volvieron a orar, y volvieron a ayunar, y les impusieron las manos, y los enviaron: "Bueno, entonces vayan ustedes y prediquen". Y se fueron a predicar. En ese momento el que dirigió la misión no fue Pablo, Pablo iba de segundo, el que iba de primero fue Bernabé; Bernabé iba al frente, entonces se fueron a hacer la primera misión en tierras paganas, se fueron; primer viaje misionero de San Pablo.
Ese es el recorrido, las escalas básicas son: predicación, comunidad y misión. No nos podemos saltar la comunidad, la comunidad es muchas cosas, la comunidad es todas estas cosas que aparecen en la parte derecha de nuestro tablero. Aquí hay mencionados algunos aspectos importantes de la comunidad, para que descubramos qué significa hacer comunidad.
Una Comunidad es un hogar espiritual, con todo lo que eso implica; una comunidad es una escuela, una comunidad es un hospital, una Comunidad es una plataforma de lanzamiento, estos son los aspectos, algunos, la lista es más grande, pero he querido destacar algunos de los más importantes.
La comunidad es hogar, escuela, hospital, plataforma, como voy a desarrollar después más lo de plataforma y hogar, permítame decir algunas palabras sobre hospital y escuela. Hospital, ¿qué es el hospital? Hospital no es donde yo vivo, el hospital es donde yo me rehago, donde yo me reconstruyo, donde yo me recupero.
Salir al mundo es empezar a recibir heridas, usted necesita rehacerse, porque ¿qué es salir al mundo? Salir al mundo es encender la televisión, y usted enciende la televisión, y ya se encuentra con un mensaje contrario a Cristo.
Usted compra un libro, entra en una librería. Hace poco, por ejemplo, entré en la Librería Nacional, que me gusta mucho, no les miento, mucho más del noventa por ciento absolutamente enemigos de Jesucristo, es burla del Evangelio, es contrario a Jesucristo, es propaganda de lo contrario del mensaje de Cristo, es impresionante.
Entonces, como está el mundo ,uno no puede salir a la calle, uno no puede entrar en una librería, uno no puede ver una película de cine, uno no puede conectarse en Internet, uno no puede leer el periódico sin sentir que le están ofendiendo al Jesús que es el dueño de la vida de uno.
¿Eso qué quiere decir? Que como decía la abuelita de uno de nuestros frailes, "uno sale a la calle y es a sufrir", y eso es verdad, uno sufre, y uno queda herido, y uno no toma en cuenta esas heridas, porque uno resuelve las heridas con callos, y eso no debe ser.
Si uno se encallece, uno pierde la capacidad de la misericordia, encallecer el alma es frenar el diluvio o pretender frenar el diluvio de la misericordia de Cristo; Cristo nos necesita sensibles, capaces de llorar, capaces de sufrir, capaces de compadecernos.
Entonces, cuando uno hace callo, realmente uno está negando el Evangelio; ese no es el camino, pero es lo que hacemos la mayoría de los católicos, hacemos callo, que no nos importen las cosas, que no nos importen las porquerías que nos pongan por delante, porque no nos podemos dejar afectar por eso. Digamos que es una solución de emergencia, pero es una mala solución, esa no es la verdadera solución.
La verdadera solución es que uno recibe todas esas heridas chiquitas y grandes y uno llega todo raspado, ¿a dónde? Al hospital, la comunidad se convierte en mi hospital, entonces a través de la oración, a través del cariño, a través de la alegría, la comunidad me sana, la comunidad me restablece.
Por ejemplo, el mundo quiere que yo me confunda, y quiere que yo haga esta ecuación: amor = placer, eso hiere, eso hiere mucho, una persona joven sufre mucho por eso, porque todos queremos amor, especialmente en la juventud queremos muchísimo ser amados.
Entonces, si amor es igual a placer, la única forma como me van a amar es si yo doy placer, eso me hiere en mi pureza, eso me hiere en el pudor, eso me hiere en mi sensibilidad, eso me hace sentir una cosa, eso me hace sentir que el día que yo diga: “Oiga, no quiero más sexo con usted”, me va a dejar de querer, y eso es tenaz, eso hiere.
Pero entonces voy a la comunidad, y en la Comunidad encuentro el hospital, encuentro que sí hay personas que me pueden querer sin utilizarme, que no me pasen cuenta para pagar en especie: "Lo voy a querer pero usted sabe, ¿no? Usted tiene un cuenta aquí, pagadera el próximo fin de semana, rumba ya sabe dónde".
Yo voy a la comunidad y no encuentro eso, lo que encuentro es que hay gente que sí me puede querer de otra manera, que sí existe el verdadero lenguaje del amor, y eso me reconstruye, eso hace que yo vuelva a creer en lo que estaba creyendo sin encallecerme, sin desarrollar callo, eso es hospital.
Lo de escuela es mucho más sencillo. Por supuesto que la comunidad es escuela, porque necesito aprender, sobre todo aprender lo que tiene que ver con Jesús, tengo que aprender de Él, tengo que aprender de su Evangelio, tengo que aprender de su enseñanza, tengo que aprender de lo que Él ha querido que yo aprenda, entonces la Comunidad es escuela.
La comunidad es plataforma como se vio muy bien en el caso de aquélla Comunidad de Antioquía de donde salieron Bernabé y Pablo, plataforma que sueña y diseña, plataforma que envía y plataforma que evalúa. En la Iglesia nadie está solo: se diseña la misión, se envía a los misioneros, se evalúa los resultados de lo misionado, de la misión.
Entonces, la comunidad se convierte en esa plataforma. La Iglesia no es una sociedad anónima de francotiradores, la Iglesia es una comunidad y desde la Comunidad se envía, el apostolado tiene que funcionar así, como un envío de la comunidad.
Hablemos de lo que he dejado de último, sobre hogar. Hogar espiritual es hogar de acogida, es el lugar donde yo encuentro mi identidad.
Esta mañana una de ustedes decía, lo que yo considero un elogio bellísimo: “Me siento feliz con ustedes, porque puedo ser como soy”, ¡eso es lindísimo! "No tengo que vestirme de mujer fatal, no tengo que ponerme la máscara de ejecutiva, no tengo que hacer creer al mundo que nada me duele, no tengo que volverme de piedra, no tengo que venderme barata""No, puedo ser lo que soy".
Y ese recobrar la identidad es una sensación de libertad muy grande, eso es lo que tiene que ser la comunidad, el lugar donde poco a poco aprendemos a conocernos y aceptarnos y a acogernos, de tal manera que la gente puede llegar desarmada, que eso era un poco lo que nos angustiaba en algunos momentos de las tensiones que conocimos en Sanctus Bogotá, que la gente estaba llegando, pero estaba llegando asustada.
Antes llegaba así como temblando: “¡Ahora aquí quién sabe que irá pasar", ¿Y aquí por donde irá a totear esto?" "¿Cuál será el problema?” Y eso es exactamente lo contrario. ¡Por Dios, tenemos que cultivar un sentido de comunidad donde las personas sienten que pueden llegar desarmadas!
Como llega uno a la casa, bueno, cuando las casas están llenas de amor, cuando las casas se parecen a las casas de Dios, porque lamentablemente también ha sucedido en las familias, que entonces las personas van llegando a las casas y ya van de una vez armándose, ¿no? "-¿Y usted para dónde va?" “-Para mi casa”, y ya se está arremangando, y listo, a ver, ¿aquí con quién toca trompearse?" A ver si me toca con el hijo, si me toca con la esposa, o lo que sea.
Pero eso no debe ser así, todo ser humano necesita un lugar donde desarmarse, donde llegar sin armas, donde llegar sin prejuicios, donde poder ser como uno es. Ése es el hogar espiritual, por consiguiente, es también el lugar del descanso. Esto parece una contradicción, porque hace un rato dije que era una plataforma, y plataforma es para trabajar.
Pero es que la evangelización, la buena evangelización, la verdadera evangelización, es un trabajo descansado, mientras que el mundo lo que nos da es un descanso trabajoso, nosotros, al descanso trabajoso del mundo, le oponemos el trabajo descansado nuestro.
Apréndase eso que le va a servir: el mundo lo que ofrece es un descanso, pero es un descanso trabajoso. Por ejemplo, "emborráchese", supuestamente para descansar, pero las consecuencias son horribles, el remordimiento lo que destruye es tu cuerpo, es un descanso, pero un descanso trabajoso. frente a ese descanso trabajoso del mundo, nosotros, cristianos, ofrecemos un descanso, un trabajo descansado, es decir trabajamos pero de un modo descansado.
¿Y en qué consiste nuestro descanso? ¿Y en qué consiste nuestro trabajo descansado? Consiste en algo muy sencillo, consiste en lo que dijo Jesús: “Mi yugo es suave, mi carga es ligera” (véase San Mateo11,30). Sí hay carga y sí hay yugo, pero es suave, es ligero, ¿y por qué es suave y por qué es ligero? Porque Él dice: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (véase San Mateo 28,20).
Entonces, por ejemplo, un sacerdote, ¿por qué un sacerdote debe aprender a trabajar descansando, o descansar trabajando? ¿Cuál podría decir mejor? Digamos que es un trabajo descansado; el verdadero sacerdote hace un trabajo descansado, no un descanso trabajoso, obviamente.
¿Y por qué es un trabajo descansado? Dónde mejor se ve, según mi opinión, es en los Sacramentos. Tomemos la confesión, ¿en qué consiste una buena confesión? Una buena confesión consiste en que el sacerdote es el espectador privilegiado de algo que Jesús va a hacer.
Un buen sacerdote es un gran mirón, o dicho de un modo más solemne es un gran contemplativo, un buen sacerdote es un mirón que está ahí pendiente, entonces llegó aquí una pecadora, entonces, ¿qué es lo que hace el sacerdote? El sacerdote lo que hace es mirar a Jesús y mirar a la pecadora, y mira a la pecadora y mira a Jesús, y cuánto más transparente sea él, lo que hace es dejar pasar a Jesús.
Entonces el sacerdote lo que hace es mirar lo que Jesús está haciendo. Por ejemplo, una Misa, ¿quién celebra la Misa? Jesús, Jesús es el Sacerdote, entonces, -en este caso este pecho-, ¿qué me toca hacer a mi? Mirar cómo Jesús celebra la Misa, hoy Jesús celebró la Misa de San Lorenzo, entonces yo estoy muy contento porque Jesús ama a San Lorenzo, así como Lorenzo amó a Cristo.
Entonces un sacerdote es un mirón, un sacerdote es un contemplativo que está mirando, eso que Jesús está haciendo, por consiguiente, como es un ejercicio de contemplación uno no se cansa mucho, porque uno lo que está es mirando lo que Jesús hace y uno dice: "Impresionante este Jesús, se lució Jesús, verdad se lució, muy buena la hizo Jesús".
Y uno mira y confiesa gente, ¿no? Entonces, por ejemplo, un exorcismo, un exorcismo no es difícil, el exorcismo consiste en que uno dice: "Ahora vamos a ver aquí a Jesús mostrando su victoria frente a esa creatura repugnante que pretende hacer daño; entonces, ¿uno que hace? mirar la victoria de Jesús.
Eso es un trabajo descansado. Entonces nosotros afirmamos las dos cosas: que la comunidad es una plataforma, por consiguiente hay trabajo, pero la comunidad es un hogar de descanso, a veces es incluso una casa de reposo, hogar de descanso, casa de reposo, entonces es finalmente un espacio sagrado.
Hay que llegar a la reunión, a la reunión de Sanctus o a la reunión de toda comunidad cristiana, hay que llegar como se llega a un templo, porque hay que llegar donde el hermano como quien saluda a un templo.
Si ustedes cultivan esa espiritualidad, ustedes van a ver muchas más maravillas, les repito, Jesús no es mezquino, Jesús quiere hacer maravillas, y Jesús no se cansa, y Jesús no es viendo "a ver ,que pretexto me invento para separarme de esta gente y para dejarlos".
Él lo que está diciendo es: "¿Cómo hago para convencerlos de que quiero vivir en medio de ellos? ¿Cómo hago para convencerlos?" Entonces hay que llegar a la reunión como el que llega a un templo, hay que llegar a la reunión saludando ese espacio sagrado, sintiéndonos felices de participar de un mismo amor y de una misma presencia del Espíritu.
Si ésta es la Comunidad que vamos construyendo, poco a poco, porque estas maravillas no se dan de un día a otro, esto requiere paciencia, requiere conocer, otra vez me sirve la analogía de la familia, tiene que pasar mucho tiempo para que uno descubra lo que significa: "te amo", mucho tiempo, porque esas palabras son muy fáciles de decir, y casi siempre lo que la gente está diciendo con "te amo", es: "Me gustas", eso es lo único que están diciendo, "me gustas".
El “te amo” profundo toma tiempo, hasta que uno va entrando en esa tónica, hasta que uno va diciendo: "Amo a la gente de mi comunidad, los amo, los venero, le agradezco a Dios por ellos, son realmente como una parte de mí, me hacen falta, creo que les hago falta también, estamos conectados"; eso es ser comunidad y ahí va surgiendo el testimonio y de ahí, sobre ese suelo, va naciendo la flor maravillosa de la misión.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.