Retorno del Destierro, 5 de 8

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Tema. 5. Jeremías. Segunda parte.


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Continuemos con el ministerio de Jeremías. Un hombre que durante 40 años, es decir, en la práctica durante toda su vida acompaña a Israel; acompaña al pueblo elegido. Pero en las horas más oscuras, precisamente en las que parece que menos brilla esa elección.

Veíamos la vez pasada como Jeremías denuncia al pueblo sus pecados. La queja fundamental es que han abandonado a Dios, pero no se dan cuenta porque siguen sosteniendo un culto. Pero es un culto externo, sin alma. "Este pueblo me honra con los labios, su corazón está lejos de mí", había dicho Isaías; y eso cae perfectamente en este caso. Jeremías usa un lenguaje fuerte, imágenes dramáticas, escandalosas, casi vulgares. Llamando una y otra vez al pueblo de Judá como una raza adúltera, los trata como a una prostituta.

Hay varias razones para esta comparación, la principal es que la idolatría supone desprenderse del amor único, del amor de Dios. Un Dios que es celoso y que quiere un corazón unido, no un corazón dividido. Lo mismo que el esposo que se consume de ira por la infidelidad de su esposa, así también Yahvé se consume de ira por la infidelidad de su pueblo que le provoca celos, yendo tras otros dioses.

Esa es la primera razón para comparar la idolatría con el adulterio, pero hay otras dos razones. La segunda es que los cultos idolátricos a menudo incluían intimidad carnal, como ya veíamos la detestable práctica de la prostitución sagrada. Esto hacia todavía más cercana la imagen. Y la tercera razón, es que uno de los pecados que abunda en el pueblo, como lo dice el mismo Jeremías, es la infidelidad también entre las parejas. Es decir, adulterio como tal entre parejas humanas.

Yo creo que este es un hecho importante, aprender a relacionar la infidelidad con Dios y la infidelidad con el hombre. ¿Por qué lo subrayo? Porque a veces se cree, pienso yo que es una gran ingenuidad, a veces se cree que por ejemplo un personaje público va a ser fiel a sus promesas. Las promesas que hace al pueblo cuando ha demostrado que esa persona es perfectamente capaz de mentir, de engañar, de adulterar. Por ejemplo a la mujer a la que le prometió su amor. Es el viejo tema de la vida privada y la vida pública.

Para ponerle algún nombre a esto recuerda el caso de Bill Clinton, cuando se descubre todo ese episodio tan bochornoso de Bill Clinton, y obviamente su infidelidad matrimonial. Algunas potencias europeas se preguntaban con extrañeza y mirando con desdén a los norteamericanos ¿Eso que tiene que ver con su gestión como estadista o como político? O sea que había la idea por ejemplo en Francia, que una persona le puede prometer a una mujer que va a ser el amor de su vida y luego puede romper esa promesa y vivir en una mentira; y esa misma persona le puede prometer a toda una nación lo que se le dé la gana y eso si lo va a cumplir. Yo llamo a eso la teoría de los dos corazones, es la teoría de que la gente funciona de un modo para lo privado y de otro modo para lo público; pero es una teoría absurda desde el punto de vista bíblico. Desde el punto de vista bíblico hay un solo corazón para lo privado y para lo público. Y por eso si el corazón se acostumbra a mentirle a Dios ¿Qué problema va a tener en mentirle al ser humano? El que es capaz de mentirle a Dios, pues luego más fácilmente puede también mentir al ser humano. Yo creo que es un asunto que tenemos que predicarlo mucho más, porque si algo necesitamos en todas partes son personas íntegras, y la integridad, la honestidad, es en lo privado y en lo público. Es en lo religioso y es en lo moral. Es en la manera de educar, en la manera de negociar, en la manera de tratar.

Jeremías anuncia con vigor el desastre que ya se acerca, lo que pide ¿Qué es? Bueno, su ministerio tiene varias fases. Cuando el desastre todavía parecía poderse evitar, lo que pide es arrepentimiento sincero, conversión profunda del corazón. Es bien interesante como este desastre del destierro obliga a profundizar, obliga a bucear en el corazón humano. Es decir, la magnitud del desastre obliga a plantear profundas preguntas. Ya no se trata simplemente de ¿qué estamos haciendo mal?, por ejemplo en los ritos del templo. Si no se trata de, ¿Qué es lo que está fundamentalmente mal en nosotros? Esa clase de preguntas pueden ser una verdadera gracia de Dios. Y el ideal es que nosotros, por ejemplo en un retiro espiritual, podamos alcanzar un cierto nivel en esas preguntas. ¿Qué es lo que seriamente debería cambiar en mi vida?

A veces hay construcciones que están realmente agrietadas y amenazan ruina, es que ya se ve el cataclismo, ya se ve que se van a caer. Y a veces la solución que se plantea es: cambiemos la pintura, movamos los muebles, sembremos por ahí algunas flores y echemos un poco de ambientador. ¿Qué es lo que seriamente, qué es lo que profundamente debe cambiar? Cuando pasa el tiempo, después uno se pregunta ¿cómo se puede llegar a ciertos extremos? Y sobre todo se pregunta, ¿por qué la gente en aquella época no se lo planteó?

Yo veía en mi convento de Irlanda, veía algunas fotos de una especie de procesión, yo pensé que era una procesión, una foto antigua en blanco y negro, parecía como una procesión y se veía una cantidad de niños. Yo pensé que eran los niños de un colegio: le pregunto a quién me mostraba la foto que, ¿cuál colegio era ese? y me dice, ese no es ningún colegio, esos son los acólitos de la parroquia; es decir, que la parroquia que yo conocí, 40 años después de esa foto. La parroquia que yo conocí en caída libre, había conocido horas tan gloriosas que tenía una escuela de acólitos, una especie de escuela litúrgica para niños.

En aquella época no se utilizaba lo de que hubiera niñas. Tenía una escuela litúrgica para niños y había 40 o 50 niños inscritos en esa escuela, 40 o 50 niños aprendiendo liturgia para ayudar a celebrar la misa. Varios de esos niños, como suele suceder donde se organiza bien lo del acolitado, varios de esos niños entraron después de sacerdotes, 40 o 50. Cuando yo llegué solamente había un acólito, ese acólito era un señor que tenía 76 años en esa época. Probablemente de los mismos de la escuela, de los mismos de la foto, era el único señor que ocasionalmente ayudaba a la misa allá.

Y uno se pregunta, ¿Fue que nadie se cuenta de lo que estaba pasando? ¿Nadie vio que esto podía suceder? ¿Nadie vio que había cerca de 1000 denuncias de abuso sexual que estaban ahí a punto de explotar? Entonces en medio del tiempo libre, quizás excesivo, que tenemos en este retiro espiritual. Yo si quisiera que nosotros llegáramos a esos niveles, a esas preguntas. En nuestra amada arquidiócesis, en nuestra iglesia de Panamá, ¿Qué es lo que no estamos viendo? ¿A qué están cerrados nuestros ojos? ¿Cuáles son los fenómenos que ya vienen, que ya están encima?

Parte de la angustia de Jeremías es esa: que el ve lo que nadie más ve. El ve el desastre. Para los demás todo era un problema de, echemos otra capa de pintura, mueva ese mueble para allá y ese mueble para allá, un poquito de ambientador, quedó arreglada la casa. Jeremías ve lo que los demás no ven. Yo no presumo, ni mucho menos, Dios me libre. Yo no presumo de profeta, no es mi oficio, pero quizás entre ustedes si haya voces que deberían levantarse. Voces que están viendo el peligro, que están viendo lo que puede suceder. Porque ustedes se dan cuenta que estamos viviendo una coyuntura muy interesante, pero también muy compleja y muy peligrosa.

Una de las cosas que me llama la atención de esta querida nación panameña, es que realmente yo no me encuentro mucha gente que se atreva a decir que va a pasar en cinco años, en diez años, en quince años. Si alguien cuando se tomó la foto de la escuela de acólitos, que déjame decirte una cosa, ese desfile era por la calle central de Dublín O’Connell Street. Es decir, era tan importante la parroquia y la escuela de acólitos que cerraban la avenida principal para esa procesión.

Si en esa época, cuando a una voz de un párroco se cerraba la avenida principal de Dublín. Si en esa época, cuando había que rechazar solicitudes de nuevos acólitos porque no había materialmente donde sentarlos. Si en esa época, cuando en las iglesias la gente ya no cabía ni sentada ni de pie. Si en esa época les hubiéramos dicho a esos irlandeses, -muy queridos porque yo vivo agradecido con Irlanda-, si en ese momento les hubiéramos dicho: oiga la iglesia se les va a quedar vacía.

Se parece a lo que dijo Jesús en alguna ocasión. La iglesia se les va a quedar vacía, esto no va a durar, ha hecho muy bien en tomarles esa foto a esos niños porque eso ya no lo va a volver a ver. ¿Qué me hubiera dicho ese padre? Está loco, aquí está todo bien organizado, tenemos todas las capellanías, aquí las cosas funcionan, ¡vaya usted más bien y evangelice allá en su país!.

Ustedes tienen unos tesoros muy grandes aquí, tesoros muy grandes. Algo como lo que se hace en Corpus Cristi por decir un sólo ejemplo. Aquí en Panamá, algo como lo que sucede en Chitré, donde fui invitado hace unos meses, eso no se consigue así no más, pero así como parece que esa son horas felices para ciertos eventos pastorales.

Yo pregunto ¿Dónde están los Jeremías de hoy? Es decir, ¿Dónde está la gente que tenga una vista larga y que se dé cuenta para dónde van los problemas? Porque hay situaciones que tal vez están reclamando nuestra atención. Entonces es muy bueno que descansemos, muy bueno que tengamos ese tiempo libre, nos hace bien. Pero muy bueno también que entremos en intimidad con el Señor y que nos preguntemos muy a fondo ¿Qué es lo que se nos está olvidando?

Una cosa muy interesante que le sucedió a Jeremías, es que también se parece a Jesucristo cuando Cristo hablaba del destino del hijo del hombre. Cristo les decía a los apóstoles: el hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, va a ser entregado a los sumos sacerdotes, lo van a maltratar, lo van a torturar, lo van a matar. Y dice la escritura, los apóstoles ni entendían, ni querían preguntar. Lo mismo le pasa a Jeremías. Está Jeremías diciendo claramente: mira que viene el desastre, y los de su pueblo ni entienden ni le quieren preguntar. Es decir, se trata de una ceguera voluntaria.

No quiero yo ser tan dramático, obviamente, pero es que un ejemplo como los de Irlanda a mí me pone a pensar. Porque acuérdate que el término era la católica Irlanda, era referencia de catolicismo en toda Europa, junto con Polonia, junto con la España de Franco, era otra que tenía también. Cuando se construyó el gigantesco convento de Algoendas , convento de los Dominicos de la provincia Del Rosario. Cuando se construyó el convento de San Esteban de Salamanca ¡gigantesco! Eso era para llenarlo de los centenares de frailes que iban a venir. Y resulta que la curva apenas se rizó un poquito y luego bajó. Entonces ya los dominicos de la provincia Del Rosario en España están en negociaciones para vender esos terrenos. El convento de los dominicos en Nimega, a la venta. El convento de River Forest en EEUU, un convento emblemático para nosotros ya lo vendieron.

Entonces yo pienso que el Espíritu Santo no está dormido. Yo pienso que el Espíritu Santo está obrando. Yo les pido mis hermanos que tomemos en serio que el Espíritu también puede tocar nuestros corazones. Tal vez lo que ven tus ojos, tal vez tus palabras son las que hacen falta en este momento para que todos veamos eso que no hemos querido ver o que no hemos podido ver.

Jeremías quiere poner al pueblo en la ruta de una religión que sea interior colmada de humildad, de verdad y de celo por la causa de Dios., y aquí llego yo a un punto que me parece muy interesante, en las crisis se encuentra el corazón. El fruto positivo de una crisis es que se encuentra el corazón, y encontrar el corazón es encontrar como esa verdad interior, encontrar como ese recinto donde se toman las decisiones más profundas; entonces, qué bueno también aplicar esta meditación a nuestras propias crisis, a nuestros propios desengaños.

Salir de una crisis no es simplemente seguir funcionando, más o menos como un motor al que se le aprietan dos o tres tuercas y ese todavía aguanta otro poco. Si hay algo interesante que nos muestra este tema del destierro, es que de una crisis sale un ser nuevo. Si hay una crisis que tú has pasado en tu vida sacerdotal, una crisis de autoestima, una crisis afectiva, una crisis psicológica, una crisis de fe. La manera de salir de la crisis, no es simplemente decir: de todas maneras ahí se puede seguir. No, el punto no es seguir funcionando, si por “funcionar” entendemos por ejemplo: Decir la misa, recibir una parroquia, cumplir las funciones que se esperan de uno.

Lo interesante de una crisis es salir renovado. Esto lo vamos a ver con mucha claridad en el caso de Isaías. Salir de una crisis es salir renovado, y esa renovación, ese cambio, esa transformación profunda se manifiesta ¿en qué? En una nueva alegría. Muchas veces de las crisis salimos decepcionados, salimos con las baterías bajas, salimos desilusionados. Pues a la luz de lo que yo veo en estos profetas, eso no es salir de la crisis, eso no es salir; es decir, tú puedes declarar superada una crisis cuando tienes una alegría mayor que la que tenías antes, cuando tienes un amor más fuerte del que tenías antes. Amor por Cristo, amor por la Iglesia, amor por el pueblo, amor a tu ministerio; eso es vencer una crisis. A veces, repito, se mete esa mentalidad de que salir de la crisis es ya no poner más problemas. Y eso les puede pasar a los provinciales y les puede pasar a los obispos.

Había por ahí un padrecito que era problemático y que estaba siempre murmurando, alegando, quejándose de todo; pero ya como que se le pasó, ya dejémoslo tranquilo. Que a la persona se le acabe la quejumbre o la quejadera no garantiza nada, eso no garantiza nada.

Lo hermoso de salir de una crisis es encontrar de nuevo las fuentes de la vocación. Lo hermoso de salir de una crisis es encontrar una alegría más fuerte, mejor sustentada. Lo hermoso de salir de una crisis, es salir con más ganas de anunciar el reino de Dios. Eso es salir de la crisis. Entonces yo me pregunto ¿Cuántas veces hemos salido pero solo a medias? Más o menos como lo que se quejaba Jeremías, hay conversión pero no es una conversión de todo corazón. En nuestras oraciones es muy importante – muy importante – que nosotros lleguemos hasta ese punto.

Dicen que la Virgen dijo, a mí pues no me puede constar eso, pero ya verá la profundidad que eso tiene. Dicen que la Virgen dijo en este lugar en Medjugorje: "Hay que rezar hasta que acontezca la resurrección en tu oración". La oración no es una muleta para un momento. La oración tiene que ser un cohete que te lanza a una nueva orbita, más alta y más bella. Hay que orar, hay que rezar hasta resucitar. El rostro propio de un sacerdote que sale de retiro es el rostro del resucitado. Somos portadores de la resurrección, portadores de la noticia de pentecostés. Eso es salir de una crisis.

De la crisis no se sale porque ya me cansé y decir: “entonces no hablo más, está bien, ya no me quejo más, hagan como quieran”. Nosotros teníamos en el consejo de provincia un fraile que siempre alegaba y decía cosas y cuando veía que ya iba a perder la discusión, decía:” bueno hagan como quieran”. Eso no es vencer la crisis.

Vencer la crisis tampoco es refugiarse en una moral personal o particular. Lamentablemente eso está pasando con algunos sacerdotes. Se refugian en una moral personal es decir: – la iglesia tiene sus leyes, pero yo tengo mi derecho canónico chiquito, el mío; la iglesia tiene la instrucción general del misal romano la IGMR, pero yo tengo la IPMR que es la instrucción particular del misal romano, es la mía; yo tengo mi ritual propio, tengo mi derecho canónico propio y tengo mi manera de resolver las confesiones –. En mi país (Colombia) ya tenemos el caso de unos sacerdotes, y ese problema se va a complicar muchísimo, sacerdotes que aprovechan el fuero de confesión para desarrollar su propia teología como les parezca. Me explico: – bueno la Iglesia dice que usted no puede comulgar, la Iglesia dice eso, pero yo lo conozco muy bien a usted y a su pareja, entonces vaya tranquilo o vaya tranquila; entonces yo tengo mi derecho canónico propio – Esa actitud es una crisis mal resuelta.

Esa es la actitud de la persona que dice: “bueno como nadie me puso cuidado por lo menos en un enclave o pequeño imperio que llaman parroquia mía, yo hago lo que a mí me parece; en un enclave o territorio mío que llaman confesionario ahí yo soy el Papa, ahí yo soy el pequeño Papa de la Iglesia personal de Nelson Medina y ahí yo funciono – Eso es una crisis mal sanada. Eso es una crisis mal digerida.

Y yo les pido que nos salgamos de ese engaño porque eso no tiene ningún asidero en el nuevo testamento. En el Nuevo Testamento se ve claramente que nosotros somos testigos de un mensaje que no es nuestro. Precisamente la paradosis, es decir la traditio, es la entrega. Y Pablo, fíjate lo fiel que es en este tema: “Os entregué lo mismo que yo recibí"; lo que yo recibí lo entregué. Eso de que yo me invento mi Iglesia porque yo soy el único que he dado con el chiste del reino de Dios; yo soy el único que entiende a Jesús; es decir, Jesús, Giordano Bruno y yo nos entendemos, los demás están perdidos.

Por eso que este retiro yo le pido al Señor sea una ocasión de renovación profunda. No simplemente de seguir funcionando como si nada pasara. No simplemente de callarse. No simplemente de empezar a inaugurar la iglesia particular de Nelson Medina o del nombre tuyo. Sino que este sea un momento de reencontrar nuestras fuentes y reencontrarlas con gozo; de reencontrar la alegría de anunciar el evangelio que no es mío.

Yo creo que la frase que más puede liberar a un sacerdote en la edad media. En mi país y en mi comunidad se juega mucho con esa expresión: la edad media, es como esa edad en la que estamos aquí muchos. Es decir ya han pasado 10, 12, 15 años de sacerdocio; usualmente empiezan a asomar ciertas crisis, que son crisis de madurez. Ese podría ser un tema interesante para otro retiro, la edad media del sacerdote.

Entonces, dentro de las crisis de la edad media, a mí me parece que la mejor salida es cuando uno descubre: yo no soy dueño del evangelio; yo no soy el poseedor del evangelio; yo soy servidor del evangelio; yo no soy dueño de la iglesia, soy servidor de la iglesia; no soy dueño de la liturgia, soy servidor en la liturgia, y así sucesivamente. Porque lo que yo he visto, tengo que decirlo con sinceridad, es que cuando uno se siente dueño, uno está queriendo solucionar las cosas por la propia mano. Esa es una crisis mal resuelta.

Cuando uno empieza a cambiar las cosas a su arbitrio, la moral a su arbitrio, el derecho canónico a su arbitrio, la liturgia a su arbitrio; usualmente el problema es una crisis mal resuelta. Y entonces como no me hacen caso, por lo menos aquí en mis tres baldosas donde yo mando, pues ahí por lo menos lo hago así. Lo más hermoso realmente para un sacerdote es descubrir: Soy servidor, yo sirvo el evangelio, lo ofrezco, lo presento; pero yo no soy dueño del evangelio.

Hay que destacar en la predicación de Jeremías que la calamidad que el anuncia es calamidad para todo el pueblo. No se trata de culpabilizar ni a los pobres, ni a los ricos, ni a los ignorantes, ni a los eruditos, ni al rey, ni a los profetas, ni a los sacerdotes. Se trata de una situación generalizada. La rebelión contra Yahvé ha sido total y el castigo también viene para todos.

Yo creo que hay un pasaje que es interesante, un pasaje que recordamos sobre Jeremías: Cap.9, 1-7 “Quien me diese en el desierto una posada de caminantes, para poder dejar a mi pueblo y alejarme de su compañía. Porque todos ellos son adúlteros, un atajo de traidores. Que tensan su lengua como un arco; es la mentira y no la verdad la que prevalece en esta tierra. Van de mal en peor y a Yahvé desconocen. Que cada cual se guarde de su prójimo, desconfiad de cualquier hermano; porque todo hermano pone la zancadilla y todo prójimo propaga la calumnia. Se engañan unos a otros, no dicen la verdad. Han avezado sus lenguas a mentir, se han pervertidos incapaces de convertirse. Fraude por fraude, engaño por engaño; se niegan a reconocer a Yahvé. He decidido afinarlos y probarlos dice Yahvé Sebaot ¿Más cómo tratar a la capital de mi pueblo? Su lengua es saeta mortífera; las palabras de su boca embusteras. Se saluda al prójimo, pero por dentro se le pone trampa ¿Y por esas acciones no les he de castigar oráculo de Yahvé? ¿De una nación así, no voy a vengarme?”

Se trata de una situación de pecado generalizado. La importancia que esto tiene es que la conciencia de que el pecado hiere a todos en la sociedad, lleva a descubrir finalmente la teología del pecado original. Uno de los frutos teológicos del destierro es el pecado original, la conciencia del pecado original. De acuerdo con los estudiosos de la composición del antiguo testamento, la versión final del Génesis; se completó después del exilio. En particular el llamado relato sacerdotal que contiene por ejemplo, la parte de la creación y la parte de la caída.

Es decir, lo que viene a descubrir Jeremías es que el mal realmente hunde sus raíces muy profundamente en el corazón humano. Si tu vieras, por ejemplo en una finca, que hay una cierta plaga que acecha digamos al café, pero solo al café; pues bueno se ve que es un problema que tienen esos cafetales. Pero imagínate una plaga que afecta al café, que afecta a las flores, que afecta al pasto, que afecta a los manzanos, a las naranjas; inmediatamente te das cuenta que es algo muy profundo, aquí hay algo gravemente malo.

La teología del pecado original, por supuesto es una mala noticia, es una noticia triste y grave, pero la teología del pecado original va a ser el fondo ante el cual se enseña la teología de la gracia, es decir, el descubrimiento del poder salvador de Dios es mucho más grandioso, dramático y mucho más feliz cuando se comprende lo que es el pecado. El papa Juan Pablo II insistía mucho en esto, cuando se pierde la noción del pecado, se pierde la noción de la Gracia. El que no se siente pecador, jamás tiene la alegría de ser perdonado. El que no se reconoce culpable de nada, jamás se siente salvado de nada.

El que no siente que tiene que cambiar nada en su vida, jamás descubre la mano de Dios que se le tiende. Estos dos datos van en paralelo y por eso el descubrimiento, y ese descubrimiento lo hizo Judá en el destierro, el descubrimiento de que todo está infectado lleva a otro descubrimiento. Aunque eso tomará tiempo, y es el descubrimiento que aparecerá luego en la carta a los romanos. Todos han pecado, dice Pablo, y han sido privados de la Gloria de Dios. Solo que en Jeremías esas palabras simplemente quedan como una triste constatación. En Pablo, después de Jesús, ya hay un salto maravilloso. Todos han pecado, están privados de la Gloria de Dios, son redimidos gratuitamente por Gracia y mediante la Fe. Por eso, nadie piense que es una mala noticia llegar a este punto; el punto de la condición de perversión o la condición de extravío de la raza humana.

Ese es el punto de partida de un sacerdote. El punto de partida del sacerdote no es que la gente es buena, sino que la gente es amada por Dios. El punto de partida no es que queda todavía algún bien en la gente, el punto de partida es que queda demasiado bien en el corazón de Dios. Ese el punto de partida, porque cuando uno toma como punto de partida el bien de la gente y gente son también los otros hermanos sacerdotes. Cuando uno empieza a apoyarse en la gente, se lleva una y otra decepción.

Por eso en Jeremías 17, 5 , nos lanza ese texto tan terrible donde dice: “Así dice Yahvé: Maldito quien se fía del hombre y hace de la carne su apoyo y de Yahvé se aparta en su corazón”. Más adelante “Bendito quien se fía de Yahvé, pues no defraudará Yahvé su confianza”.

Entonces, fíjate cómo cambia dramáticamente el enfoque de una pastoral. Si yo llego a un lugar pensando: vamos a ver qué hay de bueno aquí o yo llego a un lugar pensando vamos a ver cuál es la bondad que Dios va a traer acá; son dos miradas completamente diferentes. Cuando yo llego, vamos a ver qué hay de bueno aquí, muy pronto empiezan las decepciones ¡ay no me tocó lo peor de lo peor! Pero cuando yo llego, vamos a ver cuál es el Bien que Dios quiere hacer acá, entonces empiezo a descubrir ese Poder del Señor.

El patrono de los párrocos, el santo cura de Ars, es un gran ejemplo de esto. Ese era el poblado al que nadie quería ir, porque no tenía nada de bueno. Los grandes pecados de ese pueblo además de ser ladrones, incultos; los grandes pecados, borrachos y murmurones. Pero el santo cura Juan María Vianey no fue allá a ver que quedaba de bueno, él fue allá con una certeza; no voy solo, vamos a ver que va a hacer Dios acá. Y desde el principio Juan María Vianey no se apoyó en sí mismo. Desde el principio él sabía que la naturaleza humana estaba viciada, agrietada, rota por el pecado. Entonces, Juan María Vianey no va al poblado de Ars a apoyarse en nadie, eso le salvó.

Si él hubiera llegado allá simplemente a hacer el inventario de las cosas buenas que quedan todavía en Ars, se lleva la decepción del siglo y dice aquí no queda nada, esto no sirve para nada, me mandaron al peor sitio. Pero él no se apoyó en sí mismo, él no se apoyó en esa supuesta bondad de la gente, él se apoyó en el Señor.

Vamos a ver qué es lo que Dios va a hacer en esta parroquia. A mí me parece una actitud muy bella para asumir un reto pastoral. Vamos a ver qué es lo que Dios va a hacer en esta diócesis. Vamos a ver qué es lo que Dios va a hacer en esta parroquia. Esa es la importancia que tiene el descubrir que el pecado es generalizado. Nunca esperar demasiado de nadie.

Ustedes y yo mis hermanos, hemos hablado del seguimiento de Jesucristo. Un texto que prácticamente en todos los retiros me gusta citar: Juan 2,23-25 “Mientras estuvo en Jerusalén por la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre al ver los signos que realizaba. Pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos. Y no tenía necesidad de que se le diera testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que hay en el hombre”

Esto es lo que necesita un sacerdote. Una mirada intensa, limpia, pura, una mirada que descubre la verdad del ser humano sin escandalizarse. Y desde ese descubrimiento saber que en ese ser humano lo que va a encontrar es la debilidad, el pecado, eso es lo que va a encontrar. Repito, como le toca al médico, el médico finalmente se acostumbra a eso. El médico cuando va para el hospital ¿Qué espera encontrar? Enfermos.

¿Por qué el párroco cuando va a su parroquia espera una cosa distinta? Cuando el médico va a su hospital o su consultorio, pregúntale a un médico que tiene 12 pacientes en un día ¿Doctor, usted que espera para hoy? Enfermos, gente con problemas, gente que está tratando de salir, gente que ha retrocedido un poco. Ese es el sacerdote, médico de almas.

Que te trasladaron de parroquia, que ahora te sacaron de esta para esta otra, de arriba para abajo, de abajo para arriba ¿Qué esperas encontrar allá? Los enfermos de allá, eso es lo que espero encontrar; gente con necesidad de Dios y un Dios que quiere sanarlos. Eso es lo que yo espero de mi sacerdocio.

Si la vida uno la logra simplificar hasta ese punto, uno vive en paz hermanos, y la alegría no se pierde, es que la alegría sacerdotal no se puede perder. ¿Qué esperas encontrar en tu nueva parroquia? Gente con necesidad de Dios y un Dios que los ama mucho; eso es lo que yo espero encontrar. Eso era lo que esperaba encontrar el santo cura de Ars, eso era todo lo que él esperaba de ese pueblo y lo encontró y lo transformó; y lo transformó dramáticamente.

Entonces ese punto es muy importante, porque si no empezamos a competir, que esta parroquia es mejor que esta otra, que el dinero de esta, que la limosna de esta, que el estipendio de esta, que el tamaño de esta, que la gente que va allá, que la que no va. Que hermoso seria que nuestros corazones conquistados por el espíritu santo que habló por los profetas, dice el credo, que hermoso seria que nuestros corazones conquistados por el espíritu hicieran el experimento de cambiar el lenguaje. Y cambiar el leguaje es ¿Qué es lo que yo espero encontrar? Gente que necesita de Dios y un Dios que quiere ayudarlos, y un Dios que quiere sanarlos. Eso es lo que yo espero encontrar. Eso es servir al Reino de Dios.

Vamos terminando con Jeremías. El profeta lanza sus palabras como latigazos que primero le golpean a él mismo. El incendio del fuego de Dios, primero lo ha consumido a él, y por eso su vida es dramática, hasta el límite de volverse un martirio prolongado, casi insoportable. Cuando yo era niño había una canción que cada vez se oye menos en las iglesias. Yo no sé si esa fue popular aquí también o es popular: “…Por ti mi Dios cantando voy, la alegría de ser tu testigo Señor…” Bueno y esa canción desde que yo era niño me impresionó “…Déjate quemar si quieres alumbrar”. ¡Eso es el profeta! Eso es el profeta: déjate quemar si quieres alumbrar. Y ese es Jeremías.

Leamos un trocito de las confesiones de Jeremías, cap. 15, 10 y siguientes: “¡Ay de mí, madre mía, que me diste a luz para ser varón discutido y debatido por todo el país! Ni les debo, ni me deben, pero todos me maldicen. Di Yahvé si no te he servido bien, intercedí ante ti por mis enemigos en el tiempo de su mal y de su apuro. Se mella el hierro, el hierro del norte y el bronce. Tu haber y tus tesoros al pillaje voy a dar gratis por todos tus pecados, en todas tus fronteras. Y te haré esclavo de tus enemigos en un país que no conoces, pues ha estallado el fuego de mi ira que sobre vosotros estará encendido. Tú lo sabes Yahvé, ¡acuérdate de mí, visítame! ¡Véngame de mis perseguidores!”

El hombre estaba amargado…es decir la experiencia es dramática. Ustedes dirán ¿qué clase de promoción sacerdotal es poner de ejemplo a Jeremías? Estamos diciendo que a este hombre lo trituraron por todas partes y luego, bueno ya saben; pero por supuesto nosotros miramos a Jeremías y lo leemos desde Cristo, desde nuestra vida cristiana. Realmente Jeremías se queda en la mitad del camino, por supuesto. Para mí, eso hasta cierto punto lo hace más heroico. Él no tenía la luz que nosotros tenemos. Acuérdate lo que le dijo el Señor a los apóstoles: muchos reyes y profetas quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron.

Aquí nosotros relacionamos el templo con Cristo. Relacionamos el dolor de Jeremías con la Pascua del Señor. Relacionamos la persecución de Jeremías con la Cruz Gloriosa. Pero ese hombre, en ese tiempo ¿Qué tenía? Realmente fueron muy amargos esos tragos, muy duro ese tiempo. Entonces, nos da un tremendo testimonio este hombre. Necesitamos que la palabra nos consuma. Necesitamos que el fuego de Dios nos llegue. Por eso, es importante también que tengamos momentos muy especiales de oración.

En vísperas ya del destierro, Jeremías todavía tiene que disputar contra los falsos profetas. Era la historia que les contaba de Hananías, que impresionante esa historia, Jeremías 28: “Aquel mismo año, al principio del reinado de Sedequías rey de Judá, en el año cuarto, en el mes quinto, se dirigió a mí el profeta Hananías, hijo de Azur, que era de Gabaón, en el templo de Yahvé a vista de los sacerdotes y de todo el pueblo diciendo: – así dice Yahvé Sebaot del Dios de Israel: He quebrado el yugo del rey de Babilonia, dentro de dos años completos yo hago devolver a este lugar todos los objetos del templo de Yahvé que el rey de Babilonia Nabucodonosor tomó de este lugar y llevó a Babilonia. Y a Jeconías, hijo de Joacim, rey de Judá, y a todos los deportados de Judá que han ido a Babilonia, yo los hago volver a este lugar oráculo de Yahvé, en cuanto rompa el yugo del rey de Babilonia–”. Así habló Hananías, delante del rey, delante del pueblo, delante de todo el mundo. “Dijo el profeta Jeremías al profeta Hananías, a vista de los sacerdotes y de todo el pueblo que estaban parados en el templo de Yahvé: – ¡Amen, así haga Yahvé! ¡Confirme Yahvé las palabras que has profetizado, devolviendo de Babilonia a este lugar los objetos del templo de Yahvé y a todos los deportados! Pero oye ahora esta palabra que pronuncio a oídos tuyos y de todo el pueblo: Profetas hubo antes de mí y de ti, desde siempre, que profetizaron a muchos países y a grandes reinos, la guerra, el mal y la peste. Si un profeta profetiza la paz, cuando se cumpla la palabra del profeta se reconocerá que le había enviado Yahvé de verdad. Entonces tomó el profeta Hananías el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías y lo rompió, y habló Hananías delante de todo el pueblo: – Así dice Yahvé: ‘Así romperé el yugo de Nabucodonosor, rey de Babilonia, dentro de dos años completos, de sobre la cerviz de todas las naciones.’

Y se fue el profeta Jeremías por su camino. Entonces dirigió Yahvé la palabra a Jeremías en estos términos, después que el profeta Hananías hubo roto el yugo de sobre la cerviz del profeta Jeremías: ‘Ve y dices a Hananías, así dice Yahvé: Yugo de palo has roto, pero tú lo reemplazarás por yugo de hierro, porque así dice Yahvé Sebaot el Dios de Israel: Yugo de hierro he puesto sobre la cerviz de todas estas naciones para que sirvan a Nabucodonosor rey de Babilonia y le servirán. Dijo también el profeta Jeremías al profeta Hananías: – ¡Oye, Hananías! No te envió Yahvé, y tú has hecho confiar a este pueblo en cosa falsa. Por eso, así dice Yahvé: ‘He decidido arrojarte de sobre la faz del suelo. Este año morirás, porque rebelión has predicado contra Yahvé.’ Y murió el profeta Hananías aquel mismo año en el mes séptimo.”

O sea que el asunto es en serio. Los falsos profetas… ¿Cómo identificar los falsos profetas? ¿Cuál es la gran diferencia entre Jeremías y Hananías? Las diferencias son tres. Y como el problema de los falsos profetas sigue, acuérdate que las cartas a Timoteo y a Tito nos hablan también de los falsos doctores, las falsas enseñanzas, los falsos maestros, ese problema sigue y también en nuestra época sigue. Tres son las señales que ayudan a identificar a un falso profeta: El acento en el verdadero profeta está siempre en la conversión. El acento en el falso profeta está en que va a pasar el problema., es decir, el falso profeta quiere halagar los oídos, quiere traer un descanso, quiere quitar un problema, quiere retirar una incomodidad. El falso profeta evita la palabra “conversión”. El verdadero profeta insiste en la conversión, en el arrepentimiento.

El verdadero profeta, como lo muestra Jeremías aquí, tiene una profunda continuidad con la obra que Dios ha hecho. Jeremías por ejemplo se da cuenta que el ministerio de los profetas ha sido siempre para anunciar dificultades, guerras, plagas, y ahora llega este y dice: “ranquilos todos, tranquilos, esto se compone, esto va a estar bueno, no va a haber ningún problema”. Espérate que hay una ruptura, dicho en términos un poco más teológicos, el verdadero profeta se sitúa siempre dentro de la evolución homogénea de la fe.

Esa ruptura radicales de que antes era y ahora ya no es, usualmente son una señal de peligro, entonces la tradición pesa mucho para el profeta, eso es lo segundo, la tradición pesa mucho. Porque en la tradición, no la tradición por la tradición, sino la tradición como testimonio del modo como Dios ha obrado. La tradición como lectura del paso de Dios en nuestro pueblo. La tradición como secuencia que nos permite reconocer por donde va el Señor. No es idolatría de la pura tradición, sino más bien es reconocimiento de ese paso de Dios. En cambio el falso profeta no tiene eso. Una vez más, el falso profeta lo que tiene es halagar los oídos de la gente.

Y la tercera diferencia entre el falso profeta y el verdadero, es una señal muy clara mis hermanos. El verdadero profeta proclama los derechos de Dios sin restricciones. Es decir, proclama el Señorío de Dios. Un Dios que se merece todo el corazón, toda la vida, todas las fuerzas. Lo que dice el primer mandamiento, la ley de Dios. Dicho de otra manera, el verdadero profeta se alimenta del Shemá. “Escucha Israel el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor, con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”.

El falso profeta en cambio, le pone mil matices. No vive del Shemá, está dividido, trata de mantener una apariencia religiosa, pero en el fondo lo único que le preocupa y lo digo por tercera vez, es halagar a la gente, dar gusto a la gente, acariciarle los oídos a los demás.

Entonces, fíjate las señales del verdadero profeta, señales que Dios ha de permitir que estén cada vez más en nosotros. Un lenguaje de conversión ¿Para qué estamos nosotros en nuestras parroquias? ¿Para qué nos subimos a un púlpito? ¿Para qué abrimos la palabra y la proclamamos? ¿Para qué celebramos la santa misa? Para que las vidas cambien. Para que las vidas se vuelvan eucaristía. Para eso celebramos la eucaristía, para que las vidas mismas se vuelvan eucaristía en Cristo eucaristía. Propagamos la palabra para que la palabra gane terreno en los corazones.

Nos subimos al púlpito para ser centinelas, como nos lo va a decir Ezequiel. Nos subimos al púlpito para atraer los corazones y que sean totalmente de Dios. Lenguaje de conversión en comunión con la Iglesia. Esa será una señal del verdadero profeta. Acuérdate lo que sucedió con Pedro Valdez, (no confundir con Juan Valdez), un predicador y sacerdote español del siglo XII, el de los valdenses. Pedro Valdez en el siglo XII y Francisco de Asís en el siglo XIII. Si tu miras la vida de Pedro Valdez y lo que el predicaba era muy, muy parecido a Francisco de Asís, con una gran diferencia. Para Pedro Valdez había que romper con el papado. Para Pedro Valdez el papa no representaba ni tenía nada que ver con Cristo; mientras que Francisco de Asís toma siempre una actitud diferente con respecto a la iglesia.

Es decir, Pedro Valdez quiere su Iglesia, Francisco de Asís quiere a La Iglesia; esa es la gran diferencia. Valdez acaba como hereje, es el fundador de los valdenses. Francisco de Asís, el hermano de Asís, el pobre lo pues ya ves quien es. Entonces, en comunión con la iglesia, predicando conversión, en comunión con la iglesia desde un amor total a Dios. Amor total, alimentados del Shemá. Eso es lo característico del verdadero profeta. Y eso es lo que encontramos por supuesto en Jeremías, eso es lo que tiene Jeremías, ese es el verdadero profeta.

Es interesante ver en el caso de Hananías, como el lenguaje religioso se puede aprender. Uno coge el estilo ¿Por qué digo esto? Porque hoy por hoy por ejemplo en términos de teología hay de todo, de todo. Uno compra un libro de teología y ya le cogieron el lenguaje, ya tienen el estilo. Y con ese lenguaje te dicen cualquier cosa.

Por eso, estos son tiempos en que tenemos que tener verdaderamente una gran precaución porque hay gente que ya tiene el estilo, ya tiene el lenguaje. Y te presentan la exégesis, la hermenéutica, los últimos resultados, las nuevas teorías, los géneros literarios, la respuesta y el lenguaje. Y se maneja, se hacen los malabarismos con las palabras para decir cualquier cosa. Entonces hoy, más incluso que en otras épocas, hay que estar atentos a que no cualquier novedad es mejor, no porque sea nuevo es mejor, tampoco porque sea viejo es mejor. Hoy se necesita mucho discernimiento, especialmente en términos de teorías, en términos de teologías, porque van saliendo distintas ideas.

Por ejemplo, ya va pasando creo yo, pero hubo una época en que se metió, que había que leer a Jesús desde el judaísmo, Jesús el judío. Leer a Jesús desde el judaísmo, eso da un elemento, pero no me vengas tú a decir que me vas a explicar todo Jesucristo desde el judaísmo, eso da un elemento. Que los géneros literarios, que la desmitificación. Uno abre un libro de Rudolf Wulman y Wulman te envuelve en una retórica. Que la creación, los estratos redaccionales, mientras uno aprende que son los estratos redaccionales, ya lo llevan por allá, quien sabe dónde.Hay que tener cuidado con eso, porque el falso profeta aprende la retórica y la maneja.

Hananías tenía todo el estilo, ¿viste como empezó? Dice: ‘Así dice Yahvé Sebaot, el Dios de Israel’. Ya tiene el tono, ya tiene el lenguaje. Nosotros alerta, a nosotros no nos van a envolver con retórica, ni con los estratos redaccionales, ni con la historia de las formas; esos elementos pueden aportar, pero mi evangelio, la salvación de Jesús, el corazón del mensaje, el Señorío Absoluto de Dios sobre toda carne, eso es innegociable.

Porque te empiezan a marear con los términos y después resulta que no hay milagros, resulta que no hay resurrección, resulta que finalmente Jesús vino a esta tierra para que nos diéramos palmaditas en la espalda y dijéramos: Hombre se buena persona, tú también, se buena persona. Se quiere volver, es una de las tentaciones más graves hoy, en muchos sacerdotes, volver al cristianismo un humanismo secular, volver al cristianismo una pura filantropía. Pero se marea todo, con un lenguaje que se aprende a manejar.

Nosotros tenemos que ser claros en nuestra fe, en nuestro credo y sobre todo en reclamar el Señorío de Dios sobre toda carne.

Terminemos la parte de Jeremías.: el castigo no es aniquilación, el castigo es una poda, es una purificación. Se trata finalmente de descubrir, descubrir de nuevo la firmeza en Dios. Descubrir de nuevo la fidelidad a Dios, descubrir de nuevo que el Señor es el mismo ayer, hoy y siempre.

Les invito para tener como un poco del sabor de la alegría que predica Jeremías, sólo hemos dicho cosas amargas y tristes. Pero para tener un poco de la alegría que anuncia Jeremías, les invito a que tomen el capítulo 31, libro de la consolación de Jeremías.