Retorno del Destierro, 2 de 8
Tema 2. Tierra
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Estamos siguiendo un hilo conductor que es el Destierro, pero por supuesto, la mejor manera de entender lo que es el destierro es empezar por mirar que era y qué significaba la tierra para aquella gente en aquél tiempo, porque la tierra ha ido cambiando de significado con los años, o con los siglos, o con los imperios.
No significa lo mismo la tierra para un nómada que para un sedentario; no significa lo mismo la tierra en una cultura agraria o en una cultura industrial. No significa lo mismo la tierra en un régimen de alta tecnología o en un régimen de extracción; la tierra, podemos decir, que es el recurso básico del cual toman su punto de partida todas las culturas, pero eso no significa que quiera decir lo mismo para todos.
Para nosotros, en general, la tierra es bastante intercambiable, lo cual significa que aunque uno pueda conservar y uno tiene su nostalgia del pueblo donde nació o del país de donde viene, en general, si las circunstancias de vida son buenas, si uno tiene salud y tiene sus derechos asegurados y sobre todo si tiene una posibilidad de vida digna y buenos amigos, la nostalgia de la tierra es algo muy menor.
En cambio, en la antigüedad, la tierra estaba ligada con la lengua, con las costumbres, con los derechos y sobre todo con la religión. Encontramos en el Libro del Deuteronomio un cántico -Capítulo 32- que habla de cuando Dios distribuyó a las naciones de acuerdo con el número de los Hijos de Dios.
Es interesante esa frase porque según los exégetas, esos Hijos de Dios se refieren a los ángeles, de manera que había como la idea de que distintas fuerzas sobrenaturales, distintas potestades, tenían autoridades en distintas regiones, de modo que cada tierra tenía, por así decirlo, su propio Dios.
Esta misma idea la encontramos en el Libro de los Reyes -en el Segundo Libro de los Reyes- cuando se habla de lo que sucedió una vez que los israelitas fueron sacados de su tierra. A esa región Norte la llamaban Samaría, es decir, Samaría era el nombre de una ciudad y el nombre de una región. El Reino de Israel o Samaría viene a ser lo mismo.
Entonces los asirios sacan a los israelitas, a los habitantes de esa región de Samaría, los sacan, ese es el gran exilio de las diez tribus; acuérdense que hay dos exilios: el exilio de las diez tribus que son las tribus del Norte y luego el exilio de las dos tribus y esas dos tribus son Judá y Benjamín.
Pero la tribu de Benjamín fue siempre muy pequeña y prácticamente fue asimilada por la tribu de Judá y por eso solo quedó el pueblo judío. Cuando sucedió el exilio de las diez tribus los asirios se llevaron a toda esa gente especialmente para su capital; la capital del Imperio Asirio era Nínive. Nínive era la enorme ciudad, la gran corrupta de aquél tiempo, los reyes asirios tenían una lógica implacable. Fue un imperio creado a sangre y fuego.
Hay muchas anécdotas sobre lo que fue Nínive, una ciudad prácticamente desconocida para nosotros hoy, pero que en un cierto punto hacia el Siglo IX o VIII a de c. era prácticamente la capital más importante del mundo conocido, por lo menos en Occidente. Dejemos aparte lo que es China, la India y Japón.
En Occidente la ciudad más importante del mundo en el Siglo IX era Nínive y los reyes asirios eran famosos por su crueldad. Es famoso, por ejemplo, que en el palacio de Nínive el despacho o la sala de audiencias del rey iba precedida por un larguísimo corredor que servía también de museo.
¿Y qué era lo que se conservaba en ese museo? Cosas interesantes, por ejemplo la piel de un rey que fue despellejado vivo, entonces, ese cuero humano lo tenían ahí en exhibición. En otra parte estaban las cenizas de otro que fue quemado. En otra parte estaba una colección de huesos molidos de los generales de no se que otro ejército.
Entonces, cuando alguien iba a hablar con el rey de Asiria, primero tenía que ver todo esos pellejos y todos esos huesos y después sí, ahora sí, ¿qué era lo que Ud. quería señor?. Ese era el método de los asirios, primero infundir miedo, primero mantener el miedo; o sea que cuando uno lea los Libros Primero y Segundo de los Reyes, Primero y Segundo de las Crónicas tiene que acordarse que era lo que estos reyes de Israel estaban viviendo, porque la Biblia pasa un juicio muy severo sobre esos reyes.
Uds. se acuerdan por ejemplo de Ajab. Ajab cuya esposa era Jezabel. Allá fue donde ejerció su ministerio profético Elías y cuando uno lee las cosas desde esta perspectiva uno dice ¡pero qué tipo tanto cobarde ese Ajab! .No señor, hay que ponerse en la situación de él y ver que el vecinito que tenía era Asiria y lo que hacían los asirios.
Entonces creerles las promesas de fidelidad a Dios cuando se tiene semejantes genocidas, psicópatas de vecinos es una cosa exigente, no digo yo imposible, pero es una cosa exigente; entonces, cuando salieron los israelitas -allá en el siglo VIII a de C., salen los israelitas- el Rey de Asiria, pues manda otra gente a reemplazar. Esa ha sido siempre técnica de los tiranos.: la emigración forzada o el desplazamiento de grandes masas de seres humanos ha sido siempre un recurso de los tiranos.
En tiempos recientes el déspota que utilizó con más frecuencia esa técnica fue José o Joseph Stalin. Stalin era adicto a esa práctica. Tomaba por ejemplo la población y la población son dos o tres millones de personas de un cierto punto dentro de la llamada Unión Soviética y decía: Uds. se salen de aquí y se van para acá y los que están acá se van para allá como quien mueve un ajedrez de millones y millones de personas.
La gran ventaja que un tirano obtiene de esos desplazamientos masivos de personas es que el desarraigo pone al ser humano en una situación psicológica muy débil. No hay manera de organizar una resistencia mientras tú a duras penas logras responder por tus necesidades personales y las de tus familias. Es decir, la manera de mantener a la gente débil, de mantenerla arrodillada y fracturada es mantenerla en desplazamiento. Además, uno de los frutos de esos desplazamientos, y este es un pensamiento escalofriante, es la depuración étnica.
Cuando se hace un desplazamiento, por ejemplo de 500 km a pie, es obvio que los niños débiles, los retrasados mentales, los enfermos graves y los ancianos, van a morir.; luego la población que llega allá es una población sana y fuerte. Es decir, es un medio, por supuesto repugnante, pero muy eficaz, de depuración étnica. Esa es una de las “ventajas” que traen los destierros.
Entonces el rey de Asiria sacó a los israelitas y metió otra población y nos dice el Libro de los Reyes que leones atacaban a los nuevos habitantes, y ellos llegaron a una conclusión: estos leones nos están atacando porque nosotros desconocemos la religión de este lugar. Nosotros no le estamos dando culto al dios de este lugar; esa manera de pensar, por supuesto completamente ajena a nosotros, nos hace comprender cómo miraban ellos la tierra.
Para ellos el ser humano nunca era realmente dueño de la tierra, solo Dios es el dueño de la tierra, o mejor, por lo menos si vamos a esa época, solo los dioses son dueños de la tierra. Y los dioses entonces reciben en su respectiva tierra, a los distintos habitantes, más o menos como un anfitrión recibe a unos invitados, si los invitados se portan bien con él, el anfitrión los cuida y los hace prosperar. Si los invitados no se portan bien con él, entonces el anfitrión seguramente se disgusta y les hace la vida imposible.
Ese era el razonamiento que hacían los que llegaron a Samaría para reemplazar a los israelitas. Ellos decían: “ Cómo nosotros no le estamos dando culto al dios de este lugar, ese dios nos está mandando leones´”.
Repito, la razón por la que menciono esto es para que se vea la concepción que ellos tienen de la tierra porque esto significa que la tierra es siempre para ellos un regalo, un regalo que permanece en el tiempo, pero es un regalo, es una concepción. Sobre esa base general que ya nos ubica en la mentalidad antigua, miremos algunos textos bíblicos para que se comprenda lo hermosa que es esta visión de la tierra y también las consecuencias que tiene para cuando hablemos del destierro.
Nos vamos al Génesis, en el Génesis la tierra firme es el espacio de libertad y de firmeza que Dios regala a sus criaturas y singularmente al hombre. Hay un texto que es fundamental en el Génesis y yo no quiero llenarlo con citas bíblicas, además que existe esa posibilidad de Internet donde usted escribe dos o tres palabras y tiene el texto bíblico.
Pero usted se acuerda perfectamente del Génesis donde se describe que Dios separó las aguas; esa separación de aguas no es una separación horizontal. Es una separación vertical porque el mismo Génesis nos habla de las aguas superiores y las aguas inferiores, es decir que la visión que tiene del universo el autor del Génesis, el hagiógrafo, la visión que tiene es que la tierra firme es un emparedado.
Arriba hay agua, las aguas superiores, que cuando abren sus compuertas, dejan caer la lluvia y las aguas inferiores, que son las que vemos brotar en los manantiales, en los ríos. Es decir, para ellos, en su cosmovisión, el agua circunda todo y el agua es la imagen ¿de qué? El agua es la imagen, ustedes lo saben muy bien, es una imagen ambigua, es ambivalente, digo mejor.; por una parte el agua es una fuente de vida y por otra parte el agua es mensaje de destrucción.
Si lees, por ejemplo, el relato del diluvio, te encuentras que lo que sucede en el diluvio no es simplemente una lluvia muy larga sino el diluvio es la anti-creación. Es lo contrario de la creación. El diluvio es deshacer la obra de la creación. Si la creación fue la separación de las aguas, el diluvio es el retorno de las aguas y efectivamente en el Génesis cuando se describe el diluvio se dice que caía la lluvia y que se abrieron los manantiales, como cuando se abren las esclusas. Se abrieron los manantiales y esa agua solo la gobierna Dios.
Acuérdate lo que le dice Dios a Job en el Libro de ese nombre. Job durante todo el libro discute y discute con Dios sin verlo y reclama verlo, finalmente, capítulos 38 y 39, Dios se le presenta a Job y lo primero que hace Dios es hacerle una presentación de su majestad, de su soberanía. Entre los elementos que hablan de la majestad divina están las aguas, le dice Dios a Job “¿dónde estabas tu cuando yo puse un freno a las olas y cuando les dije: hasta aquí llegará vuestra arrogancia?”
Sólo Dios gobierna las aguas. Sólo Dios le pone un límite al caos, las aguas son la imagen misma del caos, sólo Dios pone un límite a las aguas, sólo Dios es capaz de crear tierra; la tierra es la señal de la soberanía de Dios que detiene las aguas, porque si Dios no detuviera las aguas entonces todo sería caos y sería confusión. Entonces la tierra firme es ya una señal de un pacto. La tierra firme ya es una señal de misericordia. La tierra firme ya es una proclamación del cuidado que Dios tiene de su criatura, el hombre.
Otro momento en el Génesis después de la creación, otro momento que nos habla del significado de la tierra es lo que sucede cuando aquella primera pareja, según el relato de la caída, cuando aquella primera pareja tiene que salir del paraíso y tiene que enfrentar la tierra y la dureza de la tierra, en particular, Dios le dice a Adán que tendrá que sembrar la tierra y le dará cardos y espinas y tendrá que fatigarse y su frente tendrá que sudar. De esa manera la tierra parece como el lugar de penitencia, también es una escuela, es una pedagogía y también es una experiencia de providencia.
Estas tres ideas aparecen en la tierra en el relato de la caída, la tierra como lugar de penitencia, lugar de la pedagogía de Dios y como lugar también de experiencia de su providencia. Dios administrará esa providencia precisamente a través del agua, el agua es importantísima y esa relación dialéctica, muchas veces conflictiva entre la tierra y el agua recorre todo el Antiguo Testamento.
Alguien que tuviera buen tiempo y buen talento podría escribir un libro que sería hermosísimo y podría llamarse “Tierra y Agua”, porque esos dos van como haciendo una danza en el Antiguo Testamento hasta llegar a Jesús, y en Jesús sucede una cosa maravillosa.
Hagamos aquí un pequeño paréntesis. Jesús es el que vence las aguas, cuando Jesús camina sobre las aguas, eso para el judío solo tiene un significado: “éste es Dios” .Caminar sobre el agua, vencer el agua es algo que en el Antiguo Testamento se atribuye exclusivamente a Dios.
No olvidemos jamás que los hebreos fueron pésimos navegantes, sobre todo si se les compara con sus vecinos los fenicios; mientras que los fenicios se movían por la cuenca del Mediterráneo con bastante comodidad y soltura y por eso pudieron fundar una ciudad como Cartago.
Miren donde está Fenicia, que corresponde más o menos a la actual Siria, y miren donde está Cartago, la actual Libia; es decir, esa gente se movía, ellos fundaron Cartago, ciudad fenicia, ciudad de comercio, porque ellos dominaban el medio acuático y los hebreos no.
Entonces el agua tiene un significado muy especial y es que el agua es la mensajera de la providencia divina. Cuando Elías entra en disputa con Ajab, o más que con Ajab, con Jezabel, Elías lo que dice es: “Vive el Señor, no volverá a llover mientras yo no lo diga”. Esa palabra del profeta tiene un solo significado: escúchame Ajab, te estoy hablando de parte de Dios y para que veas que es Dios quien me envía date cuenta que el único que gobierna las aguas habla a través de mi boca: no va a haber más lluvia.
Es decir, que la lluvia no es un fenómeno natural o no es simplemente un fenómeno natural. La lluvia es la mensajera de la providencia, la lluvia es la manera como Dios cuida la tierra firme, además observa que la lluvia tiene que tener su medida precisa: ausencia de lluvia significa muerte, exceso de lluvia significa muerte. Sólo la medida precisa del agua, solo la oportunidad del agua, solo la llegada precisa y oportuna del agua conserva la vida.
Así la tierra firme es el lugar para experimentar la providencia de Dios que va dando, como dice la Carta de Santiago, las lluvias tempranas y las tardías; esas lluvias que van llegando a su debido momento son las aguas que van cuidando la vida, la lluvia va cuidando la vida, es el recordatorio permanente de que hay un Dios que sabe cuando abrir y cuando cerrar las llaves. Un Dios que nos sigue cuidando.
Demos un paso más y nos vamos a la época de Abraham, en el capítulo 12. Todos recordamos lo que le dice Dios a Abraham: “Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, para ir a la tierra que yo te mostraré”. Aquí hay que hacer dos anotaciones, en primer lugar téngase en cuenta que Abraham no inicia su peregrinación hacia la tierra de Canaán en solitario, es decir, de Ur, Ur de los caldeos, no sale Abraham solo, es el papá de Abraham, Teraj, es Teraj el que determina la primera fase de la emigración, entonces eso te lo encuentras en el capítulo 11, a finales del capítulo 11 del Génesis.
La peregrinación o recorrido de Abraham se puede mirar como un triángulo, vamos a suponer un punto imaginario que es Ur, había que ir primero hacia Jarán y luego había que bajar hacia Canaán, Ur queda en la Baja Mesopotamia, Jarán queda al Noroeste , aquí está Jarán y luego baja hacia Canaán- pero de ese recorrido que fue el que hizo Abraham, la primera parte no fue liderada por Abraham sino por Teraj. El dato es interesante, porque cuando llegan a Jarán se establecen, básicamente son pastores y comerciantes y luego bajan de Jarán hacia Canaán.
Pero Teraj muere en Jarán, o sea que realmente lo que sucede en el Capítulo 12 del Génesis es un cambio de paternidad, es decir: ¿quién es Abraham hasta ese punto? Es un hijo de familia. El líder del grupo no es Abraham, el líder del grupo es Teraj. Y es Teraj el que va a llevando el ritmo y el que va marcando el lugar y es el señor de la casa. Ese es Teraj. Pero cuando Teraj muere, ¿en qué condición queda Abraham? Tiene unas posesiones, tiene una esposa, no tiene hijos, no tiene padre, no tiene tierra; es decir, es un hombre suspendido en el vacío. Abraham es un hombre colgado de la nada y es ahí cuando Dios se le revela y es ahí cuando Dios se convierte en su Padre.“Vas a salir de la tierra de tu padre y vas a venir a la tierra de este nuevo Padre, que soy Yo”.
Y ese será el estribillo que se va a repetir después muchas veces en el Antiguo Testamento referido a la descendencia de Abraham. “Será para mi un hijo –dice Dios- Yo seré para él un Padre”. De modo que, la promesa a Abraham implica como una nueva adopción. Abraham queda adoptado por Dios y la tierra que va a tener es el lugar que Dios le prepara para que él y su descendencia puedan vivir.
Abraham ya no va a ser hijo de la tierra de Teraj, sino hijo de la tierra que le va a dar Yahvé, y ahí se establece Abraham, en Canaán y después de vivir él, pues luego Isaac y luego Jacob, le toca ir a Egipto, y Egipto trae un nuevo tema en esto de la tierra. ¿Qué es Egipto? Egipto es la tierra engañosa, Egipto es la tierra que tiene abundancia a precio de esclavitud.
¿Recuerdas cómo cuando iban por el desierto se le quejaron una o dos veces a Moisés? y decían:”¡Hay cómo nos acordamos de las cebollas!”Siempre se dice, ¿no? de las cebollas de Egipto, ¡cuando nos sentábamos alrededor de la olla a comer y a comer! .Entonces, fíjate ¿qué es Egipto? Egipto es la tierra de idolatría porque en Egipto se idolatra al faraón al que se lo considera un dios, Egipto es tierra de idolatría, es tierra de engaño es tierra de esclavitud. Egipto es la imagen de la abundancia que atrapa, de la abundancia que engaña,Egipto no es el desierto, Egipto no es escasez; Egipto es abundancia, pero una abundancia que tiene un precio espantoso, el precio de la libertad.
No solamente porque implica una esclavitud material o física. Es sobre todo la esclavitud de la mente, es la esclavitud del corazón, es la esclavitud de la creencia, Egipto es tierra, pero es la tierra engañosa y aquí hay que recordar dos cosas: Primera: como cada uno de nosotros también tiene su Egipto, es decir, cómo hay circunstancias en las que una abundancia engañosa le tapa a uno la boca. Hay momentos en la vida en que la comodidad, momentos en la vida en que el placer, momentos en la vida en que el poder hacen que uno sea lo peor que se puede ser en esta tierra, un esclavo feliz, porque ese era el propósito del faraón.
El faraón no quería tener esclavos, quería tener esclavos felices, porque el que solo tiene esclavos, siempre debe temer una revuelta, el que tiene esclavos felices los tiene para siempre y faraón había logrado construir un sistema en el cual el esclavo pudiera sentirse feliz. Entonces hay que tenerle miedo a la esclavitud feliz, mucho mejor es la esclavitud amarga. La esclavitud amarga hace que el corazón, finalmente, se revele. En cambio el esclavo feliz morirá atado a su cadena; por eso la tierra del engaño es Egipto.
En segundo lugar, obsérvese el paralelo que hay entre la tierra del engaño, o sea Egipto, y el Paraíso., como lo he comentado en otras ocasiones, -me gusta repetirlo ahora-, fíjate que en el Génesis Dios expulsó a Adán, Dios expulsó a Eva, pero Dios no expulsó a la serpiente. La serpiente sigue en el Paraíso y por eso todo paraíso tiene su engaño y todo paraíso tiene su serpiente y por eso toda prosperidad tiene su engaño y por eso uno se da cuenta en países como Irlanda, donde tuve la ocasión de vivir por unos años, uno se da cuenta como esas maravillas de prosperidad en un país producen oleadas de increencia, de ateísmo, de agnosticismo, de autosuficiencia y sobre todo de juicio rabioso e implacable contra la iglesia.
Egipto es como el primer eco del paraíso en la Biblia y eso explica también por qué Dios puso ese Querubín con una espada de fuego: ¡para que no se le volvieran al Paraíso! La versión que muchos aprendimos en la catequesis o por lo menos lo que quedó en nuestras mentes infantiles, es que Dios había hecho eso porque estaba muy bravo, más o menos como una mamá que le hecha llave al televisor para que no lo vean, o como un rector de colegio que cuando llega la hora de recreo no permite que salgan al campo a jugar los niños, sino que los deja en el salón.
Es exactamente lo contrario, el querubín con la espada de fuego está protegiéndonos del paraíso y yo me permito decirles, amigos y hermanos sacerdotes, hay que protegerse del paraíso porque en el paraíso sigue la serpiente y porque si te rodeas de comodidad y si te rodeas de paraíso descubrirás que tus apetitos renacen, se fortalecen y cada vez te dominan más. Hay una reflexión muy hermosa que una vez le leí a este teólogo Carlos Ranher, Karl Ranher , donde él habla del peligro del aburguesamiento del sacerdote y más o menos lo que viene a decir es que a medida que tu vida se vuelve más “normal”, o sea más parecida a la de cualquier otro, empiezas a sentir que tus derechos cobran más fuerzas y empiezas a preguntarte ¿y por qué no puedo esto? y ¿por qué no puedo esto otro? y ¿por qué no puedo lo de más allá?
Rodéate de comodidades, rodéate de una vida fácil y empezarás a preguntarte, bueno y ¿por qué no tengo derecho a una mujer? y ¿por qué no tengo derecho a unos hijos? y ¿por qué no tengo derecho?. Entonces, es interesante reconocer en Egipto la tierra del engaño, la tierra falsa, la tierra del esclavo feliz. ¿Por qué le costó tanto trabajo a Moisés sacar a los israelitas de Egipto? ¡Porque estaban felices!
El gran peligro, es esa felicidad que anestesia. El gran peligro es esa drogadicción que hace que la persona destruya su ser, mientras tiene una sonrisa estúpida en la cara, frente a la tierra engañosa, la tierra de Egipto, Dios promete una nueva tierra, esa nueva tierra se describe con las palabras de “leche y miel”, la leche habla de la nutrición, en toda la Biblia leche siempre significa alimento, alimento para los débiles, alimento para los pequeños, alimento para los que están empezando. Y la miel siempre indica el deleite, el gusto.
Así que la tierra de la leche y miel que se les propone a los israelitas cuando salen de Egipto es la tierra que nutre y que deleita, es la tierra que da fuerza y que da gusto, esa es la tierra que se les promete a los israelitas. Y hay algo muy hermoso que toca irlo conectando con el Nuevo Testamento. Ese ideal ¿en dónde se encontrará en el Nuevo Testamento? Y la respuesta es: se encuentra en el Espíritu Santo de Dios. Fíjate como se describe la tierra, que tiene características maternas.
La tierra tiene características maternas, de ahí que hoy tantos quieren relacionar estos textos con la madre tierra al estilo de los indígenas, pero luego vamos a ver la gran diferencia que hay entre la madre tierra de los indígenas y los aspectos maternos de la tierra en la Biblia. Entonces el Espíritu Santo es el que viene a tomar ese lugar de la tierra porque la tierra mana leche y miel, es decir, la tierra te da fuerza y te da alegría. Eso es lo que hace el espíritu, ¡eso es lo que hace el espíritu! Y esto explica por qué los más espirituales, o los que debían haber sido más espirituales en el Antiguo Testamento, es decir los levitas, los descendientes de Levy, se supone que eran los que no tenían tierra.
Tú te acuerdas que en el Libro de Josué, cuando se hace la distribución de la tierra entre las tribus, a la tribu de Levy no se le da y se le dice, el Señor será tu porción, por eso, porque lo que los demás han de encontrar en el suelo, en los frutos del suelo, es decir leche y miel, fuerza y deleite, eso has de encontrarlo tú en el Señor. Y de ahí la importancia, especialmente de nosotros, levitas del Nuevo Testamento que somos, de ahí la importancia de llevar una vida en el Espíritu, porque el sacerdote que no tiene una vida en el espíritu se va a sentir desterrado.
El sacerdote que no tiene una vida en el Espíritu Santo va a sentir que necesita encontrar su nutrición y su deleite en algo o en alguien., el sacerdote que no tiene la vida del Espíritu Santo guiando su ministerio, fortaleciendo su vida, pues va a buscar fuerza y gusto en alguna parte. Encontrará su fuerza, por ejemplo en grandes posesiones, encontrará su fuerza en cargos importantes, encontrará su deleite en amistades de alto nivel o en amistades particulares que nos decían a nosotros cuando estaban formándonos allá en el noviciado; ¡Cuidado con las amistades particulares! Y uno siempre se preguntaba ¿qué tendrá de particular una amistad?
Entonces fíjate como el tema de la tierra se vuelve el don del Espíritu. El Salmo 139 desarrolla este tema de la tierra como madre:” Cuando en lo oculto de la tierra se estaba entretejiendo mi ser”. Para el hebreo la mamá es como una tierra, el vientre materno es como una tierra de la que sale finalmente el fruto que es el ser humano.; por eso a Jesús se le llama el fruto del vientre. Es una terminología normal, fruto del vientre de María.
¿Pero cuál es la diferencia, la gran diferencia entre el lenguaje de madre tierra que utilizan los indígenas y los aspectos maternos que tiene la tierra en la mentalidad bíblica? La respuesta es muy sencilla: la tierra, lo mismo que el agua, lo mismo que el aire, lo mismo que todos los elementos creados, es simplemente instrumento del actuar de Dios, mientras que en la mentalidad indígena, la madre tierra tiene personalidad por sí misma y obra por si misma. Es decir, la madre tierra viene siendo una diosa, mientras que en la mentalidad bíblica la tierra es simplemente un instrumento, instrumento –como ya dijimos- de la pedagogía y de la providencia de Dios.
¿Qué pasa cuando esta gente llega a su tierra? Cuando llegan a la propia tierra ¿qué pasa? El Libro de Josué y el Libro de los Jueces son los que nos cuentan la entrada a la Tierra Prometida, pero sabemos que son dos enfoques diferentes: el Libro de Josué nos da una lectura mucho más teológica, mientras que el Libro de los Jueces nos da una aproximación mucho más cercana al proceso histórico. Ambas miradas son importantes, porque se necesitan tanto los hechos como los significados, Josué nos da más el significado. Jueces nos da más los hechos. Entonces, ¿qué encontramos? Según el Libro de los Jueces, la llegada a la tierra prometida es, por supuesto, el cumplimiento de la promesa de Dios, eso está claro.
Pero lo más interesante, para mí, en el Libro de Josué, con respecto a este tema, es que en el Libro de Josué solo quedan dos deberes para los israelitas y esos dos deberes anticipan el gran tema de la gracia en San Pablo; los dos deberes de los israelitas son: creer y alabar. Es lo único que ellos tienen que hacer. Fíjate como cuando van a entrar a la Tierra Prometida, según el relato de Josué, lo que les pide Josué a las orillas del río Jordán, es una profesión de fe.
Ahí es cuando Josué dice su famosa frase “Escojan a quién van a servir”. Escojan si van a servir a los dioses de Egipto, escojan si van a servir a los dioses de Canaán o si se van a quedar con Yahvé. Mi familia y yo, yo y mi familia nos quedamos con Yahvé, ustedes verán que hacen. Ese es el desafío, ese es el cuestionamiento que Josué pone frente a los israelitas y ellos responden con tanto entusiasmo como inconsciencia: serviremos al Señor,luego no cumplieron eso. Pero eso fue lo que dijeron. Eso explica por qué Juan el Bautista bautiza en el Jordán.
Yo no se si ustedes se han preguntado eso alguna vez, habiendo tantas aguas, ¿por qué tenía que ser el Jordán donde Juan bautizara? La razón está en el Libro de Josué, es que en las aguas del Jordán fue donde se le preguntó al pueblo si iba a creer en Dios o no, y en las aguas del Jordán ellos dijeron que sí iban a apoyarse en Dios, y ustedes se acuerdan que Josué hizo un espectáculo, ¿no? levantó unas piedras y dijo miren: “El cielo y la tierra y estas piedras son testigos contra ustedes porque ustedes dijeron, ustedes están diciendo, que van a obedecer a Dios y yo los conozco y ustedes no van a obedecer a Dios”.
Seguramente el lugar preciso de esas piedras se perdió en la noche de los tiempos, pero lo que quedó en la memoria colectiva de Israel es que a las orillas del Jordán habían dicho que sí iban a obedecer y por eso a las orillas del Jordán se para Juan el Bautista, a las orillas del Jordán, como diciendo: aquí donde dijimos y aquí donde no cumplimos, pues aquí nos arrepentimos. Ese es el lugar del arrepentimiento. Entonces la lectura que hace el Libro de Josué de la entrada de la tierra prometida es una lectura muy hermosa. Dios que cumple su promesa y el pueblo que solo tiene dos deberes: creer con todo el corazón y alabar con todo el corazón. Por eso te acuerdas de la caída de Jericó, que es fruto de alabanza. La caída de Jericó está indicando que el verdadero destino del Pueblo de Dios es cantar las maravillas de Dios.
Y basta con que tú le creas a Dios y basta con que tú proclames sus maravillas para que esas maravillas se repitan en tu vida, es decir, Josué nos habla del poder de la alabanza.El Libro de los Jueces, por contraste, presenta las cosas en un tono menos entusiasmado, lo que nos presenta es un pueblo que anda en ciclos. Un pueblo que repite la misma historia, una y otra vez.
Recordemos: ¿cómo era ese ciclo?, eso que cuentan los Jueces, ¿cómo era que funcionaba? Funcionaba de la siguiente manera: el mismo Libro de los Jueces lo resume en el capítulo segundo, cuando los hacía morir lo buscaban. ¿Qué quiere decir eso? Que el pueblo estaba en aprietos, ¿qué clase de aprietos? Los aprietos se llamaban los filisteos. La palabra filisteos es una palabra genérica para indicara a los habitantes de Palestina, porque la palabra Palestina quiere decir tierra de los filistín. La Palestina es la tierra de los filistín y filistín son los filisteos. En varias ocasiones la Biblia trae una enumeración de los principales pueblos filisteos: que los hititas, los yebuceos, los cananeos, los no se qué.
Uno no se aprende esos nombres., eran pequeñas tribus que no tenían una verdadera cohesión en términos de gobierno pero qué sí tenían una cohesión en términos de religión, porque ellos adoraban los baales. La palabra baal, ese “al”, es la misma raíz que está en Al-á, Alá. Es la misma raíz que está en Elohim, es la misma raíz que está en Elí, “Elí lamá sabactaní.” El o al es un término antiquísimo, ¡antiquísimo de la Mesopotamia! para indicar la divinidad.
Los pueblos filisteos adoraban a los baales y entonces, ¿qué cuenta el Libro de los Jueces? Cuenta la historia cíclica de los israelitas frente al fenómeno filisteo, e decir eran acosados por los filisteos, los israelitas clamaban a Dios. Dios les daba un liberador, ese liberador era lo que se llamaba un juez. ¿Por qué se llamaba juez? Porque los jueces son los que traen la justicia de Dios. Otra manera de verlo es que los jueces son los que ajustan la historia para que se parezca más y más al plan divino.
Entonces, sigamos el ciclo, los israelitas eran acosados por los filisteos, clamaban a Dios. Dios les enviaba un liberador, el liberador vencía a los filisteos, gozaban de paz y tranquilidad, se olvidaban del Señor. Cuando se olvidaban del Señor los filisteos empezaban a acosarlos, ellos clamaban al Señor, les enviaba un liberador, el liberador vencía a los filisteos, los filisteos vencidos ya no estorbaban, volvía la paz y la prosperidad. ¡Prosperidad! Y cuando volvía la prosperidad se volvían a olvidar del Señor, los filisteos volvían a oprimirlos.
Ese ciclo se repite por lo menos diez o quince veces en el solo Libro de los Jueces,cada uno de los jueces, incluyendo Gedeón, Débora, Jefté, Sansón y el último de los jueces que es Samuel, cada uno de los jueces es otra vuelta de este círculo; entonces fíjate como el Libro de los Jueces viene a mostrar una cosa muy interesante, y viene a mostrar que la idolatría no es una prerrogativa de Egipto. Viene a mostrar que la tentación del paraíso, que era el problema de Egipto, la abundancia engañosa, la tentación del paraíso no es una privativa de esa región del Nilo. La tentación del paraíso la llevamos todos adentro, ese es el descubrimiento del Libro de los Jueces.
Otra manera de mirar el Libro de los Jueces es que este libro trae una tensión entre dos cosas. Dos preguntas profundamente existenciales: ¿cómo quiero estar? y ¿quién quiero ser? Porque, cómo quiero estar es lo que me ofrecen los baales. ¿Qué era lo que ofrecían los baales? Ofrecían seguridad, prosperidad, fecundidad. Y así es como yo quiero estar, no hay un ser humano que esté en sus cabales que no quiera esas tres cosas. Seguridad, o sea que los males estén lejos y controlados; prosperidad, que las cosas me salgan bien, que los esfuerzos den frutos y que haya abundancia. Fecundidad, que de cara al futuro esto dure. Que no se acabe, usualmente pues, por una descendencia, pero por lo pronto que el futuro sea tan bueno y tan seguro como el presente.
Entonces las promesas de los baales eran esas tres: seguridad, prosperidad, fecundidad. Y eso era lo que buscaban los filisteos, a veces lo buscaban de una manera dramática, por ejemplo con sacrificios humanos. A veces lo buscaban de una manera deleitable, por ejemplo, a través de los cultos en alguno de esos santuarios donde había hieródulos y también hieródulas, -si esa palabra existe-. Eso significa prostitución sagrada, tanto masculina como femenina, porque resulta que en esos santuarios había la idea de que había que fecundar la tierra, entonces la sacerdotisa hacia de tierra y había que fecundarla.
De ahí que no tiene nada de extraño que los profetas empezaran a hablar del pecado como de un adulterio, porque literalmente había que adulterar para realizar ese tipo de culto, había que unirse a la prostituta sagrada o al prostituto sagrado; entonces, fíjate, a través de ese llegar a la tierra se presenta esa tensión. La tensión entre cómo quiero estar, porque como quiero estar es eso: seguridad, prosperidad y fecundidad y ¿quién quiero ser?, porque el ser de Israel ha nacido de la alianza, ha nacido de Yahvé.
Luego la confrontación entre Baal y Yahvé es la confrontación entre estas dos preguntas: si a un sacerdote en estado de retiro espiritual se le pregunta quién quiere ser, seguramente todos diremos que queremos ser mejores personas, mejores cristianos y por supuesto, mejores sacerdotes; y si nos preguntan más en detalle, seguramente diremos, quisiera tener más celo pastoral, quisiera tener mejor preparación académica, quisiera tener más oración, más fervor. Quisiera ser más fiel a mis compromisos, especialmente a la oración, ese es el quién quiero ser.
Pero si le preguntan a uno ¿cómo quiere estar? Yo quiero estar cómodo, yo quiero que nadie se meta conmigo, eso es lo que yo quiero, quiero estar bien, que las cosas me salgan bien, quiero estar contento, no quiero tener problemas; entonces el Libro de los Jueces nos abre a esa confrontación tan interesante desde el punto de vista existencial.
El ¿cómo quiero estar? Y el ¿quién quiero ser? .El ¿cómo me quiero sentir y a dónde quiero llegar? Esa es otra manera de describirlo. ¿Cómo me quiero sentir? Bien, sin problemas, que nadie se meta conmigo, ¿a dónde quiero llegar? Bueno, quiero llegar a la unión con Cristo, quiero llegar al cielo, quiero llegar a la santidad. Pero esas dos respuestas entran como en tensión, porque la manera como yo quiero estar no es la manera que me lleva a ser lo que yo quiero ser.
Y ese es uno de los varios dilemas que quedan sin respuesta en el Antiguo Testamento, eso no tiene solución en el Antiguo Testamento, porque cada vez que los israelitas intentan ser lo que tienen que ser, lo que deben ser y lo que en profundidad quieren ser, pues descubren que es difícil estar, que es difícil sostenerse en eso. Mira, este mismo dilema lo tienes en el Capítulo séptimo de la Carta a los Romanos, ahí donde dice San Pablo: “Lo que yo quiero ser está en mi y lo entiendo, pero luego resulta que hago lo que no quiero”.
Es también la lucha entre el presente y el futuro, mi presente lo quiero delicioso y mi futuro lo quiero santo. ¡Eso no funciona tan fácil! Quiero un presente delicioso y quiero un futuro santo. Tu presente no está preparando un futuro santo, hermano, eso no tiene solución, hermano, pero si tú te vas a la Oración Colecta del día de Pentecostés, encuentras una respuesta: realmente quien une el estar con el ser es el Espíritu.
Quién une el presente con el futuro es el Espíritu Santo, por eso decimos en la oración del Espíritu Santo que nos haga gustar siempre el bien y gozar de su consuelo. Esa es de las oraciones más perfectas, dentro del rito romano, para el gusto mío, gustar el bien y gozar de su consuelo. ¿Sabes qué quiere decir gustar el bien? Quiere decir que el bien sepa a bueno, es decir que la búsqueda de la santidad no sea un perpetuo ejercicio de violencia contra mí mismo porque si la búsqueda de la santidad es un perpetuo ejercicio de violencia yo ya me conozco y sé que me canso, sé que me reviento y se que no puedo contra eso. Necesito que la búsqueda de la santidad sepa a bueno, y eso es lo que hace el don del Espíritu Santo, el Espíritu Santo hace una transformación del paladar espiritual para que el bien sepa a bueno. Eso es lo que trae el Espíritu.
¿Qué es entonces la propia tierra? La propia tierra es el lugar donde estoy en casa, pero para eso hay que purificar la tierra, es muy interesante ver de qué hay que purificar la tierra. Cuando los israelitas se establecen, Dios les manda que limpien esa tierra, acuérdate del Salmo 80: “Sacaste una vid de Egipto, expulsaste a los gentiles y la trasplantaste”.
Es decir lo que encontrábamos también en Isaías 5, la canción de amor de la viña de mi amigo. Cómo ese viñador tiene que roturar la tierra, tiene que limpiarla, la tierra hay que limpiarla porque la tierra se ha vuelto ambigua, porque la tierra es al mismo tiempo mensajera de la providencia de Dios y trampa de la idolatría. La tierra me habla de la bondad del Creador, pero la tierra con su bondad me atrapa en la idolatría.
El dinero me sirve para descubrir la presencia de Dios que me cuida y el dinero se erige como un ídolo que me engaña y que me retiene.La belleza me habla del esplendor de Dios pero la belleza me seduce y me atrap; el mundo se ha vuelto ambiguo, hay que purificar al mundo, la tierra no es un don unívoco.
Esta es otra diferencia que tenemos con los indígenas, el indígena se entrega a la madre tierra como si fuera completamente buena, para el judío, para el judeo-cristiano, la tierra es un don ambiguo, la tierra requiere purificación, no es algo que se puede abrazar como si fuera completamente bueno y por eso el cristiano católico y el sacerdote predicador y director de conciencias no puede nunca matricularse del todo en la ecología –cuidado con eso- la ecología es importante como respeto a la creación y como integrante del plan de Dios, pero, ¡cuidado!, sacerdotes ecologistas, sacerdotes en el naturalismo, ¡no!, porque para nosotros la tierra es ambigua, la tierra requiere purificación.
Y ustedes se dan cuenta que los teólogos y los sacerdotes que se han entregado, que se han arrojado a los brazos del ecologismo, han abandonado a la Iglesia, ¿se han dado cuenta de ese detalle? Eso es muy importante, que Dios nos libre del ecologismo, hay que tener cuidado del medio ambiente, hay que predicar el respeto a la creación, pero cuidado con la adoración de la naturaleza que es propia de las antiguas idolatrías, por ejemplo disfrazadas con el vestido de la Nueva Era.
¿Qué es purificar la tierra? Es quitar los ídolos para los israelitas, es quitar los ídolos, los santuarios paganos, las estelas, los altozanos. Esas estelas y altozanos ¿qué eran? Parece que eran cosas parecidas a lo que en la cultura celta llaman los menhires, menhir, es decir acumulaciones de piedras más o menos en forma de pirámides, algunas veces, que de todas formas se supone que señalan un punto de contacto con el mundo sobrenatural.
Lo más parecido que tenemos a un menhir en el Antiguo Testamento es lo que le pasó a Jacob cuando iba de camino, durmió en un lugar, vio esa escalera que subía y bajaban ángeles y dijo “qué terrible este lugar” no es otra cosa sino la puerta del cielo, esa idea llevada al extremo eso es lo que es una estela, eso es lo que es un altozano, es decir, son lugares que se supone que son como puertas físicas, si yo entro por aquí, entro al mundo sobrenatural.
Eso está al borde mismo de la mentalidad mágica, de la mentalidad supersticiosa, entonces la purificación de la tierra es la purificación de los ídolos. La purificación de la tierra es la purificación de los sacrificios humanos, para la cultura de los baales la sangre humana era indispensable. Acuérdate como en la confrontación entre Elías y los sacerdotes de Baal, estos sacerdotes se sacan sangre.
La sangre era muy importante, tanto para la gente de los baales como para los israelitas, la sangre es el lenguaje de la vida. La sangre es el signo por excelencia de la vida. ¿Qué significa derramar sangre? En el caso de los que se hacían heridas y todavía más en el caso dramático de los que hacían sacrificios humanos. ¿Qué significa derramar sangre? Significa hacer negocios con Dios, ¿de qué manera? Pues es que la idea de sacrificio que tenían los pueblos que adoraban baales era la idea de un intercambio: yo le doy algo a Dios y Dios me da algo a mí.
Si lo que quiero es algo demasiado valioso, tengo que dar algo demasiado valioso. ¿Qué es lo más valioso que puedo dar? Mi propia vida o la vida de mi hijo. Entonces en algunos de estos antiguos pueblos se inauguraba una ciudad, precisamente con un sacrificio humano, con un sacrificio humano. ¿Por qué eso? Porque era una manera de decirle al dios respectivo ¿mira lo que yo estoy invirtiendo? ¡Ahora te toca a ti protegernos!
Es decir es una idea de compra, esta idea de la religión como compra, esta idea de la religión como intercambio viene a romperse solamente con una maravilla que está en el Nuevo Testamento y que se llama la Gracia; cuando Dios dice, cuando Dios afirma por boca de San Pablo que somos salvos por gracia y mediante la fe nos está liberando de la lógica del intercambio y sin embargo no es que no se pague el precio, sino que el precio ya ha sido pagado y eso es lo que tú y yo celebramos en cada Eucaristía, cada vez que nosotros decimos “Por Cristo, con Él y en Él”, en ese momento estamos presentando el precio que cubre todo. No es que no haya un precio sino que ese precio ha sido pagado y ha sido pagado con sangre, la sangre de Jesucristo.
La tercera y última purificación, que es muy hermosa, hay que purificar la tierra de la sobreexplotación, es decir de la explotación excesiva, ¿por razones ecológicas? ¡No!, por razones humanas. ¿De qué clase? Pues mira, es que el que quiere trabajar a todas horas, el que quiere que la tierra produzca a todas horas en el fondo es esclavo de su codicia.
La ley del sábado, entre otras motivaciones saludables, tiene ésta, que poniendo un límite al trabajo se pone un límite a la codicia, es muy interesante y lo vamos a ver en los profetas, como se habla expresamente de que la tierra necesita sus sábados. Poco antes del destierro lo dice el profeta, que se van a llevar a los judíos y por fin la tierra tendrá su sábado.
Es un modo muy irónico y muy doloroso de decir las cosas. Básicamente lo que está diciendo es esto: Como te dedicaste a la idolatría, como te dedicaste a la codicia, como no dejabas descansar esta tierra ni un minuto entonces vamos a quitarte a ti para que por fin el mundo descanse de ti un buen rato, yY eso fue lo que sucedió, cuando fueron al destierro, la tierra tuvo sus sábados; entonces las tres cosas de las que hay que purificar la tierra son: los ídolos, los sacrificios humanos y la sobreexplotación.
Y eso traducido a nuestro lenguaje significa que, pues que hay que purificar de ídolos, tanto los antiguos como los nuevos. Que hay que entender, recibir y proclamar el lenguaje de la gracia y que hay que darle la primacía a Dios y estar en guardia frente a toda forma de codicia. Terminemos diciendo que en el Antiguo Testamento Dios anuncia Cielos Nuevos y Tierra Nueva donde habite la justicia.
¡Qué hermoso reconocer en esa promesa una especie de nuevo diluvio, pero no es un diluvio de destrucción sino un diluvio de amor creador! La promesa que aparece en el capítulo tercero de Joel es un diluvio, el verbo que se utiliza es el mismo verbo para una inundación, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, una vez más el espíritu es la respuesta. ¡Derramaré de mi espíritu! .Lo más hermoso de ese texto de Joel es lo que suele olvidarse más en las traducciones: hay un pronombre posesivo, o mejor dicho un adjetivo posesivo, derramaré de mi espíritu.
Y en los Cielos Nuevos y en la Tierra Nueva Dios va a derramar de su Espíritu, y ¿qué quiere decir?, que ya no se trata de una señal más de su providencia como era la lluvia, sino que ahora se trata de una comunión, de una auto comunicación, como le gusta decir a Rahner. Una auto comunicación de Dios. Derramaré de mi Espíritu en ese diluvio nuevo, en ese diluvio de creación se establece la nueva lógica, el nuevo orden de cosas que va a suceder en Jesucristo.
Vamos a seguir viendo, mis hermanos, aquí termina esta parte. Nuestra siguiente estación, para que vayamos preparando el corazón, nuestra siguiente estación es El Templo, vamos a ver qué significa El Templo dentro de esa tierra santa y luego vamos a asomarnos al lenguaje de los grandes profetas.
Cómo ellos ven venir la tragedia, el drama que viven, por supuesto el más dramático de todos que en muchos aspectos anticipa a Jesús en su Pasión, es Jeremías. Cuando Jeremías con lágrimas en los ojos les dice: “Miren nos van a devolver a Egipto”, y efectivamente los devolvieron a Egipto, porque eso es otra cosa que mucha gente no sabe o no recuerda. El destierro no fue únicamente destierro a Babilonia, a Babilonia se llevaron la ropita limpia, lo mejor que había, pero los que no servían para gran cosa, en buena parte se lo llevaron para Egipto.
Tú no puedes imaginar, ni yo tampoco, lo que significaba para un judío en el siglo VI irse a Egipto, significaba echar el reloj hacia atrás, significaba deshacer las promesas, significaba la humillación de las humillaciones, era peor que estar muerto y sin embargo, según los datos históricos que tenemos, parece que nuestro amado profeta Jeremías tuvo que morir en Egipto. Parece, pero eso lo iremos viendo poco a poco. Aquí vamos avanzando, reconociendo la tierra y reconociendo poco a poco que todas esas bendiciones las tenemos ahora en Cristo y en su Espíritu.