Renueva la Unción, 3 de 4, Permanecer en Cristo

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El Señor nos permite reunirnos en su nombre y en su presencia. Vamos a empezar recordando que nuestra vida está en Cristo y que si nos separamos de Cristo perdemos la vida. Jesús dice en el capítulo quince del evangelio según San Juan: “Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, daréis mucho fruto” San Juan 15,7. El fruto depende de ese detalle: estar en Cristo, permanecer en Cristo, sólo el que permanece en Cristo da fruto.

Una cosa maravillosa de la naturaleza es ver cómo se forman con tanta paciencia y con tanta perfección los frutos; no son cosas instantáneas, se van completando y necesitan días y días hasta llegar a su madurez.

También nosotros necesitamos permanecer en Cristo, Él es el ungido, Él es el que ha recibido la unción, y ese Espíritu tiene que quedarse a vivir con nosotros. Entonces hay que acostumbrarse, hay que llegar a vivir con Cristo, de modo que el aroma de Cristo, el estilo de Cristo, el amor de Cristo, las palabras de Cristo sean nuestras palabras.

De lo que vamos a hablar en esta ocasión es precisamente de eso: cómo permanecer en Cristo, cómo no perderlo de vista, porque cuando perdemos de vista a Cristo, cuando se nos pierde Cristo y nos desconectamos de Él entonces ya no damos fruto.

Jesús nos dice que si un sarmiento, una rama de la vid, si un sarmiento se desprende de la vid ya no puede dar fruto, si se desprende se seca. Y hay una cosa importante: a ese sarmiento no le vale decir: "Yo una vez estuve pegado a una vid", no sirve. Apliquemos eso a nuestra vida, a ti no te sirve decir: "¡Oh, sí, yo tuve un muy buen retiro espiritual, allá sería en mil ochocientos sesenta y algo", eso no sirve.

Hay que estar unido a Cristo hoy, mañana, pasado mañana, y el día que sigue, y el año entrante, no sirve haber estado en Cristo, no sirve, lo que sirve es estar en Cristo. Hay una tentación, entre muchas, que puede acechar a la persona que ha tenido un proceso de conversión y es que la persona puede creer: “Ya sé, ya sé, ya conocí, ya viví", y se le olvida que si la rama se desprende de la vid ya no va a dar fruto, necesitamos permanecer en Él.

Hay una comparación muy bella, dentro de esa gran comparación de la vid. Fíjate como una misma sabia es la que está circulando por la vid y por los sarmientos. Si los sarmientos y esa ramas de la vid están conectadas a la vid, no es simplemente que están pegadas, no están pegadas con pegante, lo principal, lo que hace que esos sarmientos puedan dar fruto es que hay una misma sabia que circula por la vid y por los sarmientos.

Y lo mismo tiene que suceder en nosotros: hay una misma vida que tiene que circular por Cristo y por ti; la vida de Cristo se vuelve tu vida, la vida de Cristo, el ministerio de Cristo, el servicio de Cristo brota de la unción que Él ha recibido. Si ese Espíritu permanece en ti, si circula un mismo Espíritu en Cristo y en ti, entonces la vida de Cristo sucede en ti, el perdón de Cristo sucede en ti, los milagros de Cristo suceden en ti, la comprensión de la Escrituras como la mira Dios, eso llega a ti.

Fíjate lo que dice la Primera Carta de San Juan: “Ustedes no necesitan que nadie les enseñe porque su unción permanece en ustedes” 1 Juan 2,27. Si nosotros estamos conectados, si estamos unidos al Cuerpo de Cristo, si estamos unidos a Cristo y una misma vida circula por Cristo y por mí, entonces la vida de Cristo sucede en mí.

Por eso también dice también la primera Carta de Juan: “El que ha nacido de Dios no peca” 1 Juan 3,9, no puede pecar, ha nacido de Dios, no puede pecar porque la vida de Dios está sucediendo dentro de esa persona, eso es lo que significa la unción: que la vida de Dios circule dentro de ti, que tú estés unido a Cristo, de modo que lo que le sucede a Cristo te sucede a ti, de eso es de lo que se trata, que tengas vida en Él, que esa vida circule en ti, de eso es de lo que se trata. Y por eso el perdón es posible, porque no tienes que perdonar tú, perdona Cristo, y por eso los milagros son posibles.

El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta que "Pedro y Juan entraban un día al templo de Jerusalén, se dirigían para la oración de la tarde. Cerca de la puerta llamada Hermosa estaba sentado un paralítico, paralítico de nacimiento" Hechos de los Apóstoles 3,1-2.

Este hombre pedía limosna, cuando vio que se acercaban Pedro y Juan, entonces se les quedó mirando, esperaba de ellos una limosna. Pedro también se quedó mirando a este hombre y le dijo: “Oro ni plata yo tengo; pero lo que tengo, eso te lo doy: En el nombre de Jesucristo, levántate". Hechos de los Apóstoles 3,6.

Y el hombre se ha levantado, se han fortalecido sus articulaciones. Es uno de los milagros más hermosos del Nuevo Testamento, este hombre se pone en pie, y no contento con poder levantarse, empieza a caminar, a danzar, a saltar, está lleno de gozo. La gente se extraña: "¿No es ese el paralítico que estaba a la puerta del templo?" Unos decían "sí es", otros decían "no es, pero se le parece".

Pero sí era, ha sucedido un milagro. Y entonces la gente se da cuenta de que el milagro ha sucedido porque Pedro lo ha realizado, o eso decía la gente; pero Pedro tiene que intervenir y les dice: "¿Y ustedes por qué nos miran como si hubiéramos hecho algo?" Pedro no siente que ha hecho nada, es Jesús en Pedro el que ha hecho ese milagro.

Jesús hace obras, Jesús hace milagros. Esta semana tuvimos una hermosa Eucaristía orando por sanación aquí en la parroquia de San Borja, y ya he recibido una serie de testimonios: personas que tenían dolores en su cuerpo fueron curados. “¡Ay, el Padre Nelson hace milagros!” El Padre Nelson no hace nada, Nelson no hace nada, yo no tengo ni idea de cómo se repara una cadera, yo no tengo ni idea de medicina, yo no sé cómo se hace eso, yo lo que sé es que hay un Cristo vivo, y yo lo que sé es que ese Cristo vivo quiere vivir en ti, como quiere vivir en mí.

Y yo sé que ese Cristo vivo hace sus obras prodigiosas, y por eso decía San Pablo: “He obrado más que todos; pero no yo, la gracia de Dios conmigo” 1 Corintios 15,10; "no yo, la gracia de Dios conmigo" 1 Corintios 15,10, es Dios el que hace la obra, es Dios el que vive.

Entonces la pregunta que tenemos que hacernos, hermanos, la pregunta que tenemos que hacernos es es: ¿Queremos que Cristo viva su vida en nosotros? Esa es la pregunta que hay que hacer, si queremos que Cristo viva su vida en nosotros, y entonces descubriremos que deja de haber cosas imposibles, deja de existir la palabra imposible cuando Cristo vive en nosotros.

“Vengo a acusarme, padre, en esta confesión, vengo a acusarme que yo tengo un resentimiento terrible porque hace doce años, va a ser trece años, descubrí una infidelidad que había tenido mi esposo. Y es verdad que él se ha corregido y es verdad que ha sido un buen hombre, pero a mí no se me quita ese recuerdo. Yo tengo ese resentimiento con él y yo ya nunca lo volví a amar lo mismo. Y la verdad, padre, yo siento que yo no lo he perdonado, yo siento que tengo ese resentimiento y por eso me vengo a confesar, y para serle franca yo siempre me confieso de lo mismo”.

A ver, ¿qué está sucediendo en esa persona? Esa persona está pensando que el problema del perdón es un problema de ella, ella está pensando que ella con sus fuerzas tiene que ver cómo perdona una traición, que es una traición dolorosa, humillante, asquerosa, es una traición que duele, es una traición que arde, que lastima.

¿Sabe lo que yo le digo a esas personas? Yo le digo: "Señora, entienda una cosa, por favor, usted nunca, nunca, jamás podrá perdonar a ese hombre, nunca, -y le abro harto los ojos-, nunca lo podrá perdonar". Y entonces ya lo que pasa es que la señora se asusta: "-¿Y entonces me voy a condenar?" "-Quizás sí, señora", entonces se asusta peor: "-¿Pero sí me voy a condenar?" "No sé si se va a condenar, pero usted no puede perdonar, usted no puede".

Porque una cosa de esas no se puede perdonar, las fuerzas humanas no dan para perdonar eso, sobre todo hay personas que aman mucho. Por eso incluso hay un libro que dice: “Mujeres que aman demasiado”, porque las mujeres suelen entregarse al amor con todas sus fuerzas, con toda su generosidad y luego dicen: "–Padre, yo me entregué a ese hombre sin reservas, yo nunca esperé nada, yo me entregué totalmente a ese hombre, yo no esperaba nada". "-¿Y él qué le dio?" "-Nada". "-Por eso, ¿no dice que no esperaba nada? Por eso no le dio nada".

Uno tiene que ser consciente. Mira, en el amor humano, por más que tú lo quieras poner súper poético, romántico, hermoso, con colores rosados y visos fucsia y todo tierno, en el amor humano siempre se espera una contraprestación, siempre, siempre.

No te engañes, lo primero que yo le digo, especialmente a las jovencitas que están así como en la edad del amor y quieren sentir cómo el amor hace maravillas y el amor es tan potente y el amor lo llena todo de significado, "yo entonces voy a tener un amor que va a ser un amor como nunca ha habido en esta tierra, esas personas lo primero que deben aprender es: Tú sí estás esperando una contraprestación.

“No, no, yo no espero nada”. Bueno, supónte que Dios te dice que ese hombre va a ser muy, muy feliz pero no contigo sino con tu mejor amiga, si tú lo amaras como tú dices que lo amabas, "yo solo quiero lo mejor para él", tú tenias que decir: "Bueno, entonces que les vaya bien, chao". Siempre estás esperando una contraprestación, en el amor humano, siempre.

¿Qué quiere decir esto? Que como el amor humano siempre espera una contraprestación, si no llega la contraprestación, la persona se llena de amargura, la persona se siente estafada, se siente robada, porque efectivamente, "ese hombre robó mi juventud, robó mi generosidad, robó mi alegría", y tiene razón al decirlo.

Y por supuesto, las fuerzas humanas no dan para perdonar algo así, no dan, ¿porque quién me va a devolver la juventud que yo tenía? Yo le entregué los veinte más hermosos años de mi vida, se los entregué a ese hombre, ¿quién me los va a devolver? Yo le entregué las ilusiones de mi juventud, yo le entregué la lozanía de mi piel, yo le entregué las primicias de mi amor, ¿quién me va a devolver todo eso? Nadie puede echar el reloj de para atrás, nadie puede devolverme eso que yo he perdido.

Entonces, humanamente, el perdón es imposible, el perdón no puede suceder, y por eso yo le hablo todo lo que puedo, a veces me quito las gafas y abro bien los ojos para decirle: “Señora, nunca podrá perdonar, usted no puede perdonar. Solo cuando nos sumergimos en el misterio del perdón de Cristo empieza a cambiar la manera de pensar, porque cada uno de nuestros pecados ha sido un adulterio en el espíritu.

Los profetas siempre comparaban al pecado con el adulterio; porque así como en el adulterio se da la unión íntima con aquel o aquella que no es tu esposa o aquel que no tu esposo, así también, al pecar, nos unimos íntimamente a los ídolos, nos hacemos una sola cosa con eso; el que idolatra el dinero se hace una sola cosa con el dinero y adquiere así cara como de dólar.

Lo que uno idolatra le va quedando poco a poco en la cara y eso se nota, la persona que vive en la lujuria adquiere una mirada que envía un mensaje sucio; la persona que vive en la mentira adquiere una mirada engañosa y burlona; la persona que vive en la amargura adquiere una cara repugnante, como mirar un camión por debajo.

Nosotros nos vamos volviendo aquello que idolatramos, y por eso el pecado es adulterio. Entonces, lo primero que tiene uno que descubrir es que el pecado existe en la propia vida y uno tiene que descubrir que uno no puede devolver el reloj de para atrás. Lo que tu decías de tu esposo aplícatelo primero tú; tú no puede devolver el reloj de para atrás.

También para ti vale aquello que tú has desperdiciado, muchos de los mejores años de tu vida, y también para ti vale que las primicias hermosas de amor de tu juventud que debían ser para Dios no lo fueron, y tú has utilizado la boca que te dio Dios para el pecado y tú has utilizado el cuerpo que te dio Dios para el pecado.

Nos dicen las lecturas de hoy, la segunda: "El cuerpo no es para la fornicación sino para el Señor", y tú has ofendido al Señor. Entonces tú tampoco puedes echar de para atrás el reloj del tiempo, entonces lo primero, para llegar al misterio del perdón y para que Cristo realice su perdón en nosotros, lo primero es descubrirnos pecadores y descubrir que tampoco nosotros podemos devolver el reloj del tiempo, eso es lo primero que hay que descubrir.

Y lo primero que hay que descubrir, después de eso, es a quien hemos ofendido. Decía el gran poeta Lope de Vega, refiriéndose al llamado de Jesucristo, cómo Cristo insiste tocando la puerta: “Oh, cuán duras fueron mis entrañas, pues no te abrí”, y eso es lo que tú y yo hemos hecho, quién de nosotros podrá decir: “Al primer toque de la gracia divina yo le abrí a Jesús”, no es así.

Nosotros hemos sido obstinados, hemos sido orgullosos, hemos sido tercos, y Jesús llamaba nuestra puerta y nosotros decíamos: "Después, estoy ocupado disfrutando la vida; vuelva después", eso es lo que le hemos hecho a Jesús muchas veces; "y lo que es detestable ante tus ojos, eso hemos cometido, Señor".

Miren, mis hermanos, mientras uno no descubra que uno es un pecador y que uno ha rechazado a Dios y que uno ha pospuesto a Dios, mientras uno siga creyendo que uno es el bueno, jamás podrás participar de la vida de Cristo, jamás. Solamente cuando descubrimos que de verdad hemos ofendido al Señor, que lo hemos hecho esperar, que lo hemos rechazado, como decía San Agustín: “Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé”.

Y nuestro proceso de conversión es lento, y somos unos perezosos, y cada rato creemos que somos buenos, y que ya llegamos, y que ya aprendimos y que ya sabemos, y luego llega un congreso y le preguntan a uno: "¿Con qué se unge al enfermo?" Y uno dice: “Con el Santo Crisma”, no sabemos ni cosas básicas de nuestra fe, no las sabemos.

¿Cuál es el tiempo que le dedicamos a estudiar la Palabra? ¿Cual es el tiempo que le dedicamos? no dices tú que “la Palabra de Dios es viva y eficaz más tajante que espada de doble filo” Carta a los Hebreos 4,12, como lo cuenta la Carta a los Hebreos? Pero ¿cuál es tu tiempo, el tuyo? ¿Cuál es tu tiempo para estudiar, para escrutar la Palabra? ¿Cuál es tu tiempo para una oración íntima, en la mañana, en la tarde, en la noche? ¿Cuál es tu tiempo para preguntar con humilde y sincero corazón todos los días: “Señor, ¿hoy qué quieres de mí”?

¿Por qué no hay más santos? ¿Por qué muchas veces nuestra Iglesia es objeto de burla? Dicen que Martin Luther King afirmó lo siguiente: “Lo que le hace más daño al mundo no es la maldad de los malos sino la indiferencia de los buenos”. ¿Dónde están las obras de evangelización? ¿Dónde están? ¿Dónde están los corazones, los centenares de corazones que tú deberías llevar al cielo? ¿Donde están?

¿No es verdad que la mayoría de nosotros somos tan espantosamente cómodos y nos quedamos encerrados simplemente en nuestra vida y allá que Cristo se las arregle para evangelizar como pueda? "Yo no me puedo perder este partido de béisbol", "yo no me puedo perder la final del Dakar", "yo no me puedo perder esta pelea de boxeo", "yo no me puedo perder este reinado, yo no me puedo perder este paseo", ¿y dónde está la evangelización?

Hermanos, no hace mucho terminó este año 2011, hagámonos esta pregunta: ¿Cuál fue el tiempo real que le dedicamos a la propagación del Evangelio? Terminó el año 2011, ¿cierto? Hazte esta pregunta: ¿Cuántos corazones pueden decir: “Llegué a Jesús, bendito sea Dios por Rosalba que me acercó a Jesús"? ¿Cuántos pueden decir: "Bendito sea Dios por Alfonso, hombre, Alfonso me acercó a Jesús", si tu nombre es Alfonso.

Te lo hablo en serio, verdad, pregúntate, ¿cuántas personas pueden decir: "En el año 2011 mi vida cambió porque me encontré con Alfonso y ese hombre me dio un testimonio del Señor que realmente me cambió todo, y gracias a ese instrumento de Dios mi vida fue distinta, y gracias a la palabra que él me dio hoy puedo decir que soy feliz en Jesús"?

¿Tú tienes gente del 2011? ¿Cuánto son? ¿Uno? ¿Dos? ¿Diez? ¿Veinte? ¿Cuántas personas, seres humanos creados por Dios y para Dios, cuántas personas, así, en números reales se han acercado a Cristo gracias a ti? ¿No es verdad que somos unos egoístas? ¿La gran mayoría de nosotros somos unos cómodos? ¿Y la gran mayoría somos unos egoístas?

¿No es verdad que la gran mayoría de nosotros pensamos: “Pues si las cosas en mi casa están bien, y si yo estoy tranquilo en mi casa y si todo funciona bien, pues así está bien. Ya Cristo se las arreglará, ya Cristo tendrá por ahí sus monjitas, o tendrá sus padrecitos, o tendrá sus misioneros, que ellos vayan y recorran el mundo, que caminen y caminen hasta que les dé el colapso, mientras tanto yo aquí estoy tranquilo"? ¿No es ese el egoísmo que muchos tenemos?

¿Y qué decir de nuestra manera de abandonar los grupos de oración? ¿Y qué decir de la mediocridad con las que preparamos tantas reuniones? ¿Y qué decir de la falta de oración personal que muchos tenemos? Hay gente que todos los días, y no me opongo a eso, al contrario, lo admiro y lo aplaudo, hay gente que todos los días toma buen cuidado de su cuerpo, tienen sus rutinas, sus ejercicios, está bien eso, tenemos que cuidar nuestra salud, ¿cuántos dedican siquiera el mismo tiempo a cultivar su mente, a conocer su Iglesia, a conocer su fe, a preguntarle a Jesús: ”¿Hoy que vamos a hacer, Jesús, para que tú seas más conocido?”

Ah, pero hay una cosa para la que sí somos buenísimos, para las disculpas, todo el mundo tiene disculpas: "–No, yo, pues, yo soy un ama de casa, no, pues la vida mía, ¿qué? Los hijos, cuidar de los hijos, y entonces educar a los hijos y luego toca cuidar a los nietecitos", -y entonces ellos van allá y se divierten y llevan una vida de ricos sin ser ricos, porque para eso tienen abuelos que les cuiden los nietos-, "entonces mi trabajo ahora es ser esclava de mis hijos, que eso es lo que yo he sido toda la vida, no he hecho sino servirlos a ellos".

"Y ellos son los ídolos que yo tengo, porque yo desbanqué a Dios y en cambio puse a mis hijos como mi ídolo y ese es el ídolo que yo tengo en mi corazón, y como ese es el ídolo que yo tengo, como ahora mis hijos ya resultaron cada uno bastante fecundos, padre, entonces casarse no se ha casado ninguno, porque yo la verdad los idolatraba a ellos, yo no les enseñé el temor de Dios, yo les enseñé que se merecían todo, yo les enseñe que ellos eran emperadores y emperatrices del mundo entero".

"Entonces como yo he sido la esclava de ellos, pues ahora me toca seguir siendo la esclava, entonces como mi hijita, la hijita mía quedó madre soltera, entonces yo le tengo que cuidar la hija para que ella se siga divirtiendo y conozca otros hombres a ver si cuaja alguno".

"-¿Y Jesús?" "-No, qué Jesús, padre, si eso, mire, entre cambiar pañales, preparar teteros, cuidar a la hija, ser esclav del otro hijo.... El otro hijo no le he contado, padre, el otro hijo tiene treinta y cuatro años, no sirve para nada, en verdad, siendo honesta, ese hijo no sirve para nada, o mejor dicho, sí sirve para algo, para acabar ropa y para tomar cerveza, para eso sí sirve, eso es buenísimo".

"Y además, pues él es el que me ayuda a configurar el computador, entonces él por la mañana me configura el computador, y luego él tiene que tener sus amigos, porque si no él se traumatiza, él tiene que tener sus amigos y tiene que pasarla bien y tiene que darle libre desarrollo de su personalidad, yo soy la esclava, y entonces esos fueron los ídolos que yo tuve".

"-Señora, ¿usted ha pensado que usted se va a morir?" "-Yo creo que sí me voy a morir y a la larga hasta un descanso, padre, porque eso, entre estar preparando los alimentos para todos... y entonces ahora mi hijo se consiguió una enamorada y ya la llevó allá a la casa, esa es la tercera enamorada que lleva allá a la casa, entonces toca prepararle también a la enamorada, hay que hacerle también los alimentos y la enamorada parece que va a traer a la mamá y a tres primas".

"Entonces me toca prepararles comida a todos, me toca cuidarlos a todos porque como yo soy la esclava, entonces yo nunca puedo evangelizar, yo no serví para nada, yo soy únicamente para trabajar, hasta que un día reviente y entonces van a saber que tuvieron una mamá que sí los quería".

"-Su historia es mucho más triste de lo que usted cree, señora, porque usted, cuando se presente donde Jesús, la primera pregunta que le va a hacer Jesús en su calidad de madre es la siguiente: “Señora, ¿usted engendró hijos sólo para la tierra o también para el cielo?” Y ahí es donde la señora se lleva la mano a la cabeza y dice: “-Ay, se me quemó el tetero”. Claro, esa es la pregunta.

Entonces las señoras tienen excusas, los señores tienen excusas, porque están trabajando, están haciendo mucha plata: "la situación está dura, estamos trabajando, hay que trabajar muy duro, trabajar durísimo, pero como no todo ha de ser rigor también hay que reunirse con los amiguitos y también hay que gozar un poco y también uno necesita un poco de relax, se reúne uno con los amigos y a veces los amigos tienen unas amiguitas, entonces las amiguitas de las amigos, y las amiguitas de las amiguitas de los amigos y los amigotes, y ahí se va llevando la vida poco a poco", y no tienen tiempo para evangelizar.

Y los jóvenes no evangelizan porque los jóvenes son jóvenes y tienen que disfrutar la vida, y tienen que pasarlo bueno, y tiene que estar en el lugar de moda, y además muchísimos de nuestros jóvenes, con el perdón de los que están aquí presentes, son unos monstruos de egoísmo, lo único que saben es el primer pronombre personal: "Yo, yo, yo y yo, mi carrera, mis estudios, mi novia, mi tiempo".

"-Se necesita que ayudes en esto en la casa", "-no puedo, porque mi novia y mi tiempo y mi carrera y todo eso lo hago yo, porque estoy viviendo para mí". Entonces no hay tiempo para evangelizar, ya no hay quién evangelice. Entonces los jóvenes no pueden, las mamás idolatran a los hijos, los papás idolatran a los amigos, los novios idolatran a las novias, las enamoradas idolatran a los enamorados, ¿quién va a evangelizar? ¿Quien se está muriendo por Cristo? ¿Quién conoce el nombre de Cristo? ¿Quién está haciendo que Cristo sea conocido?

Eso es lo que necesitamos, cuando decimos aquí que se renueve la unción es eso: necesitamos familias donde las mamás sean,por supuesto, muy buenas mamás, pero esclavas de nadie, la señora no debe ser esclava de nadie, ni del esposo ni de los hijos, la señora tiene derecho de formarse en su fe, la señora tiene el derecho de compartir los dones de su feminidad y de su maternidad y de su fraternidad mucho más allá de las fronteras de cuatro paredes de una casa, conseguiste una esposa, no una esclava.

Lo mismo los jóvenes, nuestros jóvenes, y yo no estoy hablando de los jóvenes perdidos en los vicios, los jóvenes sumergidos en un océano del alcohol y de la droga, no, estoy hablando de los jóvenes que parecen buenas personas, son jóvenes, dice uno normales, sanos, sí, todo muy bien, le estoy hablando a los jóvenes sanos de la Renovación Carismática y les estoy preguntando a ustedes, jóvenes: ¿En el 2011 qué pasó con tu evangelización? ¿Dónde están los frutos de tu evangelización? Eso tienes que preguntártelo, ¿dónde están los frutos de tu evangelización?

El hecho de que tú seas jovencita, bonita, lindita, medio pituca, como que dicen aquí esta palabra, medio pituca, el hecho de que tú seas así como una florecita y seas así toda bonita, que tengas esa piel perfecticas y tienes esos ojos color miel, porque es tanta tu dulzura que tus ojos no se llaman color burro al trote, no, es color miel, entonces tú eres así toda lindita y además has cuidado tu cuerpecito, entonces tienen tus piernitas y tus tobillitos y no voy a seguir describiendo todo porque no se trata de eso.

Y estoy hablando de una joven carismática que además, y para sorpresa de todo el mundo, no se ha operado nada, cosa que cada vez más rara. Muy bien, tú, jovencita maravillosa, linda, tierna, súper dulce, de ojos color miel, tú, ¿para qué te sirve eso en términos de Evangelio? Ese cuerpo que tú tienes en la flor de la edad, esa hermosura que tú tienes, ese cutis tan bello, ese cabello que sirve para grabar propagandas, yo nunca sé cómo hacen esas propagandas, que la modelo nada más hace así, ¡zúas!, y sale, ¡wuau!, yo como nunca he tenido ese cabello ni lo voy a tener...

Tú, jovencita, que tienes el cabello “zúas”, y flota ese cabello, y luego ella hace ¡zúas!, y flota para el otro lado, yo me imagino que esas muchachas por la mañana hacen así y así, y por la tarde otra vez así: por supuesto, ¡se acuestan con un dolor de cuello!

Bueno, niña de cabello "zúas" y ojos color miel, ¿a quién evangelizas? Por lo menos se espera que evangelices a las otras niñas que tienen ojos color cielo, ¿sí? Como aquella muchacha que el novio le decía: "Tus dientes son como perlas", y ella decía: "Sí, mi amor, escasos".

¡Ay, esos muchachos! No les he contado de un amigo mío, de un muchacho, que estaba en proceso de conquista, en España eso llaman, proceso de acoso y derribo, entonces le dice a la candidata a enamorada: “Mi amor, ¿y quién te dio esos ojos?" Y dice ella: "–No sé, venían con la cabeza". Muchachita, con ojos color miel y cabello ¡zúas!, ¿a quién estas evangelizando?

Yo les quiero advertir algo a los papás, le pongo así un poquito de chiste a esto, pero les quiero advertir algo a los papás: si ustedes ven que su hija llega a los quince o dieciséis años y no ha empezado a evangelizar, prepárense para un embarazo fuera de tiempo, prepárense.

La niña, porque las hijas de ustedes todas son bonitas, todas, mire, la niña que llega a los quince años y no tiene el impulso de servir el Evangelio a otros, es una muchacha que vive únicamente para su cuerpo, que vive para ser bonita, que se siente sensual, es una muchacha que se siente feliz de cómo le flota el cabello, es una muchacha que se siente feliz de ver cómo ella va pasando por la calle y la van mirando, ellas se dan cuenta de todo, ellas se dan cuenta cómo la van mirando, mirando. Y son miradas sucias y ella sabe que son miradas sucias, pero ella dice: "Bueno, entre eso y nada, por lo menos esto".

Si tu niña tiene catorce, quince, dieciséis años, y no habla de la evangelización, prepárate para un embarazo fuera de tiempo; si tu hija tiene 1catorce, quince, dieciséis años, y no habla de evangelización tu hija está viviendo para sí misma, para su placer, para su cuerpo, para su para su provecho, para su beneficio, para su imperio. Esa niña no va a conocer límites, esa niña acaba en aborto o acaba en embarazo; porque ella lo que va a sentir es que se merece el novio más espectacular, de acuerdo con los gustos que sean prevalentes en ese momento.

Preocúpense, papás. Si ustedes pertenecen a la Renovación Carismática Católica, su primer deber es formar santos, ese es su primer deber. Si ustedes no ven en sus hijos, un muchacho que tenga quince o dieciséis años y no hable de evangelización, prepárese para una noticia grave, el día de mañana le sale con un problema de droga, el día de mañana le sale con que embarazó a una niña, el día de mañana le sale con lo que sea.

Porque si su hijo varón tiene quince, dieciséis años, y no habla de evangelización y no habla de servicio a los pobres, su hijo está viviendo para sí mismo, y si su hijo está viviendo para sí mismo está viviendo para su placer, y resulta que en la naturaleza del ser humano masculino el placer se concentra en un punto, que no voy a mencionar, y ese placer concentrado en ese punto hará que ese muchacho quiera que ese punto sienta muchísimo placer; pero sí ese punto siente tantísimo placer seguramente tu hijo va a producir un embarazo o va a producir un aborto.

Entonces dejemos de pensar que "somos buenos padres de familia y somos buenas madres de familia". "No, si yo llevo un hogar normal" "-¿Normal? No, no llame eso normal, usted diga que es un hogar corriente, diga que es un hogar estadísticamente frecuente; lo normal seria que, si Cristo vive en usted, entonces Cristo vive en la casa suya; y si Cristo vive en la casa suya, su hijo, a los catorce, quince, dieciséis años debería estarle preguntarle a usted: “Papá, ¿por qué no organizamos una misión? Papá, hay mucha gente que no conoce a Jesús, papá, ¿qué hacemos?"

Si tu hijo no te está haciendo esas preguntas es porque tu hijo seguramente está concentrado en cuál va a ser su próxima enamorada, cómo va a ser su primer millón de dólares, cómo va a sentir placer en ese, en ese punto de su cuerpo; y si tu hijo está concentrado en eso, ¿tú crees que tú tienes a Dios en tu corazón, y tú crees que tú tienes a Dios en tu hogar?

Y si un día tu hija te dice: “-Mamá, ¿a ti te gustan los nietos?” Y tú dices: "-¿Qué, qué, qué, qué, mijita, qué dice usted? “-No, yo nada más quería saber, chao, me voy otra vez a la fiesta, porque esta semana tuve cuatro fiestas y creo que me estoy desvalorizando, mamá, además, no sé, ese último peluquero únicamente me cobró, pero hizo nada, fíjate que ya el cabello, no sé, ya no me hace el ¡zuáz!, no sé".

Tu hija nada más está viviendo para esas tonterías! No digas: “Ay, es que los jóvenes son así”, no, los jóvenes los hemos vuelto así, Jesús también fue joven, como Rosa de Lima fue joven y hay que ver la belleza de Rosa de Lima, qué hermosura de mujer, yo digo que toda mujer hermosa y especialmente toda mujer peruana y limeña debe mirar la estampa de Rosa de Lima y debe decir: “¿Yo qué estoy haciendo con mis ojos color miel?” “¿Yo qué estoy haciendo con mis labios que son un clavel?” “¿Yo qué estoy haciendo con mis mejillas?” "¿Yo qué estoy haciendo con mi frente?"

Y resulta que lo que tú estás haciendo es que todo eso únicamente sirve para despertarle lujuria a un poco de personas, eso es para lo único que sirven.

Tú tienes que preguntarte, jovencita, y aquí hay una cantidad de jovencitas lindas, porque la juventud Dios la hizo así, son bellas. Muchachas bellas de Lima, muchachas hermosas que están en este Congreso, yo les conjuro en el nombre de Jesucristo, pregúntense si su cuerpo va a servir sólo para despertarles la lujuria a una cantidad de viejos corruptos, o si su cuerpo va a servir para dar el testimonio de que somos templo del Espíritu.

No te pide Dios que seas fea, no, has de ser hermosa, así te hizo Dios, hermosa y casta, hermosa y pudorosa, hermosa y capaz de guardar el tesoro de ese templo que es tu cuerpo, ¿para qué? Para un día entregar la hermosura de tu cuerpo a ese hombre con el cual tú vas a formar un hogar santo, para eso te dio Dios un hermoso cuerpo, y todo en tu hermoso cuerpo es para eso, para un hogar santo, tus caderas las hizo Dios para que fueran la casa de un bebé, no únicamente la provocación de unos viejos lujuriosos por la calle, para eso te dio Dios caderas.

Tus muslos Dios los hizo firmes para que tú puedas marcar el paso de los hijos que Él te dio; tus brazos los hizo fuertes y torneados para que puedas abrazar al hombre de tu vida, para que puedas repartir ternura a los pobres y a los enfermos y para que puedas sostener a tus hijos; y esos pechos tan hermosos que tú tienes son manantiales de vida, no son únicamente para despertar los peores y más bajos pensamientos cuando tú te semidesnudas por la calle. Para eso tu eres bella, yo no quiero que tú seas fea, me parece hermoso que tú seas hermosa, pero aprende para qué sirve tu hermosura.

Y tú, muchacho, ahora dirán que todo es con las mujeres, no, los muchachos también, hay unos muchachos que son inteligentes, altos, apuestos, son el orgullo de las mamás, ah, las mamás ven ese hijo que parece que fuera guardaespaldas de la Casa Blanca, "ah, ese hijo mío", y además el hijo va al gimnasio, y el hijo parece así como un súperman, claro, que con los calzoncillos adentro, pero parece como un súperman.

¿Para qué eres fuerte, muchacho? ¿Para qué eres inteligente? ¿Para qué? ¿Únicamente para andar trastornándole la cabeza a muchachitas por la calle? ¿Para tener una novia por tres meses par jugar con ella y luego pasar a otra? ¿Para eso te sirve la hermosura que te dio Dios? Mira, la Iglesia necesita gente hermosa, y necesita gente inteligente, y necesita gente llena de talentos y de dones.

Qué importante cuando una joven bien bella, qué importante cuando un joven bien apuesto y bien fuerte toma un día un micrófono y se para delante de una asamblea y un muchacho, ojalá que sea uno de esos como le gusta a la gente, bien alto, apuesto, buen mozo, con ojos penetrantes, tiene una mirada así, como de rayos X, y una voz profunda, qué hermoso cuando un muchacho de esos toma el micrófono y dice: "Les voy a contar cuál es el amor de mi vida", y todo el mundo está esperando, chisme fresco, farándula, y dice este muchacho: "No hay otro amor como el amor de Jesús en mi corazón", ¡wuahu!

Necesitamos muchachos hermosos, necesitamos jóvenes bellísimas, con talentos, con salud, con capacidades, los necesitamos, pero los necesitamos rendidos ante Cristo. Y si tu hijo tiene trece, catorce años, si tu hijo está en los quince, dieciséis, y no te habla de evangelización, yo te invito a que te postres ante Jesús y llores; si tu hijo que tiene quince años no te habla de evangelización, llora, por favor, tu hijo está obsesionado en algún vicio, te lo dice un cura, en este caso yo, que no soy cura sino sacerdote, porque cura propiamente el que tiene parroquia, yo no tengo parroquia.

Mira, te lo dice un sacerdote católico que te ama. Voy a cumplir veinte años de sacerdote en este 2012, si Dios me los concede, veinte años. Con veinte años de experiencia sacerdotal, recíbeme esta palabra: si tu hijo de quince años no te habla de evangelización, tu hijo está metiéndose en algo feo, ese algo feo le puede destruir la vida, como la droga o el trago, o puede ser simplemente un manchón horroroso en su alma que fue redimida por Cristo.

Algo feo puede ser pornografía, algo feo puede ser juegos impuros con las noviecitas,las enamoraditas, las muchachitas a las que esta ensuciando; algo feo puede ser que es un monstruo egoísta que sólo piensa en sí mismo y que el día de mañana, cuando tenga un puesto bien alto en el gobierno, cuando tenga un puesto bien alto en una empresa, solo estará pensando en una cosa: "Cómo hago yo para sacar más dinero para mí", ese es tu hijo, por eso tenemos que orar mucho por nuestras familias.

Mis hermanos, yo creo que ahí entendemos un poquito más lo que es permanecer en Cristo, no es tan fácil, ¿no? No es tan fácil, y no es tan fácil porque la mayor parte de nosotros creemos que ya estamos haciendo mucho. Hay algunos jóvenes que los ve uno en los congresos y participan con mucho amor, con mucha alegría, con mucha sencillez.

Pero hay otros que participan como mirándolo a uno, como diciendo: “Agradezca, cura, que le vengo a su congreso”, o sea, como si le estuvieran haciendo un favor a la Iglesia, como si le estuvieran haciendo un favor al sacerdote, como si le estuvieran haciendo un favor a Dios.

Queridos hermanos, Dios no nos debe nada, Dios no sale a deberte porque tú tomes una guitarra y le cantes, ese es un problema que a veces tienen los músicos, no estoy hablando de estos músicos, solo Dios conoce sus corazones, pero hay gente que siente eso: "No, Dios tiene que estar agradecido conmigo porque yo le estoy gastando mi domingo por la mañana, o sea, calcule, Dios tiene que darme las gracias, Dios tiene que agradecerme porque estoy aquí, no estoy haciendo plata en otra parte".

¡Dios no tiene que agradecerte nada! Vivir en Cristo es vivir el fuego del Espíritu, vivir en Cristo es vivir la Pasión de Cristo en los dos sentidos que esa expresión tiene: participar de sus dolores, por una parte; y por otra parte, participar de ese fuego que le consumía por dentro.

Si pasa un día de tu vida, si son la ocho o nueve de la noche, diez de la noche, si ya tú vas para tu camita que abre sus brazos como diciendo: " Ven a mí, descansa", si ya tú vas para tu camita y caes en cuenta: “Hoy no me preocupé por la salvación de nadie, hoy no oré por nadie, hoy no prediqué a nadie, hoy sólo viví para mí mismo".

Si llegas a esa conclusión, por favor, te pido, por la salud de tu alma, cae de rodillas en ese mismo instante y dile: "Jesús, perdóname, hoy te traicioné, Señor, hoy viví para mi, hoy se pudrió este día, este día fue perdido, este día no significa nada, cuando yo me esté muriendo este día me va a doler”.

Por eso, mis amigas de los ojos color cielo y color miel, mis amigas del ¡zuás! mis amiga,s cuídense, ustedes pueden pasar días y días caminando con sus amiguitas de un centro comercial para el otro, de una playa para la otra, de una fiesta para la otra, de un paseo para el otro, y mientras tú estás en ese trote sólo piensas en ti, en tu bienestar, en tu placer y el que no conoce a Jesús ¿qué?

¿Tú crees, muchacha de ojos color miel, tú crees que tú puedes presentarte ante Cristo con tu carita lavada y decirle: "Sí, Cristo, aquí estoy, ahora dame el cielo, ya gocé en la tierra todo lo que podía, ahora dame el cielo"? ¿Tú crees que se puede hacer eso? ¿Tú crees que se puede llegar al cielo habiendo desperdiciando el bautismo que recibiste? ¿Tú crees que tu linda cara es la que va a parecerle tan fascinante a San Pedro que va a decir: "Sí, sí, siga, ¿se escapó un ángel"? No, esas historias no son, con cara bonita o con cara fea, tú te presentas ante Cristo con obras de amor, eso es vivir con Cristo, eso es permanecer en Cristo.

Cristo dijo: “El que permanece en mí da mucho fruto” San Juan 15,5, si tú no estás dando mucho fruto no te digas mentiras, “ay pero es que yo no hago nada malo, lo único que sé es que mis amigas son loquísimas, es que mis amigas son mas simpáticas, mire, yo tengo unas amigas y con las amigas paseamos y con las amigas nos sacamos hartas fotos y luego publicamos todas las fotos en Facebook: Aquí, nosotras, nosotras gozando, yo con mi amiga, mi amiga conmigo; yo, echando la cabeza para atrás; yo, echando la cabeza para adelante; yo, abrazando a mi amiga, mi amiga abrazándome a mí".

¿Y a qué hora haces algo por el mundo? ¡Carajo! ¿A qué hora haces algo por el mundo? ¿Cuándo vas a hacer algo por el pobre? ¿Cuándo vas a hacer algo por el que sufre? ¿Cuándo vas a sacar de tu lindo tiempo, hermoso tiempo, y en vez de hacerte el octavo tratamiento para que te desaparezca ese lunar que daña la perfección de tu cutis infinito, en vez de hacerte ese noveno tratamiento, ¿por qué no vas y sirves a alguien?

Eso es vivir con Cristo, eso es permanecer con Cristo; no te ufanes ni de tu riqueza, ni de tus conocimientos, ni de tus estudios, ni de tus talento, ni de tu juventud, tu único título, el único título para entrar en la gloria del cielo es: "Llevo en mí la vida de Jesús", ese es el título. En el cielo sólo está Dios y los que se parecen a Dios; en el cielo sólo está Cristo y los que son como Cristo.

Ahí no vale: "-No, pero es que mis amigas, es que mis amigos, es que la pasábamos muy bien, es que nosotros no le hacíamos mal a nadie". Y entonces Jesús se te queda mirando, y a Jesús no lo vas a tramar con tus ojos color miel, Jesús se te va a quedar mirando y va a decir: “-Es verdad, no le hacían mal a nadie, tampoco le hacían bien a nadie, y yo no te mandé a la tierra para que no hicieras mal, te mandé a la tierra para que hicieras el bien: ¿Cuál es el bien que hiciste?"

"-Ah, pero es que si lo iba a hacer. Mira, el plan mío era este, yo iba a estudiar en la mejor universidad y luego iba a sacar un posgrado, luego iba a sacar un doctorado, iba a aprender inglés, francés, alemán y chino, por supuesto, además del japonés que me viene por familia. Después de que yo aprendiera esos idiomas, iba yo a recorrer el mundo, iba a hacer una cantidad de paseos, iba a montarme en algún crucero, que ojalá no se hunda, -se están hundiendo los cruceros-.

Y después de todo eso, cuando ya tuviera treinta y nueve años y medio iba a conocer a mi esposo, entonces íbamos a tener un hijo, porque más hijos no se pueden tener, ese hijo yo lo iba a malcriar, o mejor dicho, mi mamá, que es una esclava que tengo por allá en Perú, mi mamá me lo iba a criar, y entonces yo iba a seguir disfrutando la vida y por allá cuando yo tuviera más o menos unos sesenta y nueve, setenta años, entonces empezaba a dar dinero para una obra de caridad, y finalmente moriría a los setenta y ocho años de edad, y ya yo era la mujer más caritativa del pueblo, ese era mi plan".

Su plan tiene varios problemas: primer problema, usted se va a morir este año, los jóvenes también se mueren, el primer problema que tiene su plan es que usted se muere este año, "-ay, no pero ¿y mi cabello? ¿Y mis ojos? ¿Y el lunar? ¿Al fin me voy a morir con lunar o sin lunar?" Mire, hay unas muchachas que uno no las entiende: "-Te vas a morir este año". "-Con celulitis o sin celulitis?" Realmente uno no las entiende.

Permanecer en Cristo es dar fruto, si no estás dando fruto no te digas mentiras; si no estás dando fruto no te digas mentiras; si no estás dando frutos no te digas excusas; si no estás dando fruto no engañes a nadie, no vengas aquí con que eres hombre, con que eres mujer, con que soy pobre, con que soy rico, con que soy joven, con que soy anciano, con que soy enfermo, nada de eso, si no estás dando fruto no estás en Cristo.

De pies, por favor, vamos a pedir una vida en Cristo. Ustedes me perdonan si tal vez el lenguaje es un poco duro, pero yo les quiero decir una cosa, es que a mí esto me quema por dentro, me quema, es un fuego que tengo aquí, y me quema ver las mentiras que nos decimos, y me queda ver que Jesús se queda solo, solo, solo, en la Cruz, eso me duele y me quema.

Me perdonan cualquier exceso que haya podido tener en el lenguaje. Vamos a pedir, hermanos, vamos a pedir poder del Espíritu y vamos a pedir conversión, necesitamos conversión, así como se oye, conversión: necesitamos la conversión de los católicos, necesitamos la conversión de los carismáticos.

Mientras tú pienses que eres el gran muchacho: "Por favor, yo soy un joven súpercatólico, además, sacrifiqué una parte de mi domingo para venir aquí, es decir, íbamos a ir a la playa, allá al sur, y vine yo aquí aquí y viene usted a regañarme, padre, ¡por favor!" No le estás haciendo ningún favor a Dios, Dios te hace un favor despertando ti conciencia, Dios te hace un favor recordándote que todo lo que tienes se los debes a Él y es para su servicio. Y esa será tu alegría, y ese va a ser tu gozo, esa va a ser tu victoria

Señor, trae fuego del Espíritu para esta preciosa asamblea; Señor, trae fuego del Espíritu para los ministerios aquí presentes; trae fuego del Espíritu, Señor, para estas familias, para mis amados jóvenes, ¡yo cómo los amo, Dios mío! Fuego del Espíritu para estos muchachos, para estas niñas, fuego del Espíritu para estos matrimonios.

Te pido, Señor, fuego del Espíritu para los que estamos cómodos. ¡Despiértanos, sacúdenos, Señor! ¡Sacúdenos, sacúdenos, Señor! Que tenemos que evangelizar, que tenemos que dar testimonio con poder; ni una sola mujer que siga siendo esclava del esposo, esclava de los hijos, esclava de los nietos, esclava de los bisnietos y, al final, le ponen en la lápida: “Sirvió hasta el colapso”. No, necesitamos mujeres que den testimonio del poder Dios, dentro y fuera de casa.

Necesitamos hombres llenos del Espíritu. Te pido por los varones que están aquí presentes, Señor, que son representantes de muchos otros; te pido, Señor, que tomes a nuestros varones y que sean hombres tuyos, hombres que tengan la mirada limpia y clara como la tuya, hombres que tengan una voz capaz de convencer y de tocar, hombres, Señor, llenos del Espíritu, llénanos Señor con el fuego de tu amor.

Te pido por nosotros, sacerdotes y religiosos, aunque en este momento sea yo casi el único representante, creo, de de los sacerdotes, hay lgunas Hermanas también. Te pido, Señor, que nosotros vivamos nuestra consagración con fuego, Señor, porque también al religioso se le entra el egoísmo, se le entra la comodidad, se encierra en su mundo que ya está todo organizado y limpio.

Señor, yo te quiero pedir, danos fuego del Espíritu a los religiosos, a los sacerdotes, a las religiosas, a los obispos, a los misioneros; Señor, renueva la unción, que dejemos de decirnos mentiras, Señor, que dejemos de mentir, porque estamos mintiendo, nos creemos buenos, es la peor mentira del mundo, nos creemos buenos. ¿Donde están tus hijos? Si tus hijos no están muriéndose por evangelizar hay algo muy grave que está fallando en tu casa, muy, muy grave.

¡Fuego del Espíritu! Hermanos, vamos a clamar el fuego del Espíritu, vamos a pedir al Señor que venga, que renueve la unción, dile al Señor: "Renueva la unción en mi vida, en mi hogar, renueva mi matrimonio, renueva tu poder, Señor, en mí; renueva, Señor, tu acción y tu gracia.

¡Bendito seas, Señor!