Renueva la Unción, 2 de 4, Obra del Espíritu
Queremos descubrir en Jesucristo, el ungido del Padre, Cristo es el ungido del Padre y la unción que Él recibió fue precisamente el don del Espíritu Santo, ese es el gozo que nosotros tenemos, porque esa unción de Cristo es una unción de júbilo, una unción de alegría. "El Señor tu Dios te ha ungido con aceite de júbilo entre todos tus compañeros" Salmo 44,8. La unción que ha recibido Jesucristo es una unción de júbilo.
Hay que tener en cuenta, hermanos, que el aceite que utilizaban los antiguos hebreos era un aceite perfumado y todavía hoy se acostumbra, el crisma siempre se mezcla con perfume; y ese aceite perfumado, ese perfume del rey era exclusivo del Mesías. Así como algunos famosos actores o cantantes tienen su propio perfume, así también en la antigüedad el Mesías, es decir, el ungido de Dios tenia un perfume y él era el único que podía utilizarlo, era una unción única.
Esto nos muestra cuál es el papel de esa unción. Mira, esa unción es medicina, esa unción es un llamado a la misión, esa unción es expresión de fiesta, esa unción es fuerza penetrante, todo eso es lo que significa la unción, la unción tiene todas esas dimensiones.
Miremos un poco cómo esas dimensiones se cumplen en Jesucristo y se cumplen también en nosotros. Muchas sustancias medicinales tienen la textura, tienen la presentación de una pomada y las pomadas tienen la característica de que penetran, son bálsamos, muchas veces un golpe, por supuesto, produce dolor, un calambre en el músculo produce dolor, la tensión que a veces uno tiene, tensión en los hombros, tensión en el cuello, pide un masaje, y el masaje siempre se hace con alguna sustancia, siempre hay una crema, siempre hay una pomada.
El espíritu tiene esa característica, la unción del Espíritu, vamos a llamar a esa dimensión bálsamo, el Espíritu es bálsamo, podemos decir que Dios Padre te hace el masaje, te masajea, Dios Padre te alivia, Dios Padre relaja tus músculos. Yo no quiero insistir demasiado en la relajación porque hay algunos que se me pueden relajar demasiado a esta hora con este calor, entonces si hablamos demasiado de la relajación, "descanse, relájese", entonces después no va a haber quién los despierte.
El bálsamo del Espíritu, ¿bálsamo qué es? Alivio, que es medicina y que es descanso, eso es el bálsamo. Bálsamo que es medicina que me cura, el Espíritu de Dios viene y el Espíritu sana. A veces uno dice: "¡Pero yo cómo voy a poder evangelizar, yo cómo podré evangelizar! ¡Tengo tantas limitaciones, tengo tantos defectos!". Pero el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad.
El Espíritu nos ayuda a orar, el Espíritu nos predicar, el Espíritu sana nuestras heridas y flaquezas, Espíritu que nos da alivio, por eso se le llama también refrigerio, el Espíritu Santo es ese descanso, es ese alivio después de tantas tensiones; el Espíritu Santo hace que te sientas en casa, cuando llega el Espíritu tú te sientes en casa, en una casa que se llama la Iglesia y te sientes a gusto y te sientes bien.
El Espíritu hace que tú sientas el calor de familia, el Espíritu hace que tú puedas reconocer a los hermanos y que los puedas sentir hermanos, aunque sean personas que no las hayas visto en mucho tiempo, personas que apenas conoces.
Yo les puedo dar ese testimonio, mis amigos, porque lo he vivido muchas veces, el Señor me tiene en esta labor misionera, he tenido que ir a tantos lugares, he tenido que ir a tantos países y, aunque no conozca sus nombres, aunque no conozca los detalles de la vida de muchos de ustedes, yo me siento en familia, yo siento que somos una familia, yo siento que nos entendemos; y he visto que muchos de ustedes, al saludarme, al darme un abrazo, al darme una sonrisa, ustedes me tratan como si me conocieran de toda la vida.
Es decir, el Espíritu es el Espíritu de familia y hace que nosotros tengamos el alivio que solamente se siente cuando uno está en casa. El espíritu hace que tú tengas el alivio, ah, ese delicioso alivio que se siente al llegar a casa, por eso se dice: “Hogar dulce hogar”.
El Espíritu es la dulzura del hogar del cristiano, y tú te sientes a gusto, y tú no sientes prisa, a pesar de que haya algunas incomodidades, tal vez en el momento de la oración o en el momento de la predicación, pero tú te sientes a gusto; y cuando uno está realmente a gusto, incluso el tiempo, decimos, "se va volando", porque uno está a gusto, uno está en casa.
Entonces fíjate, el Espíritu es bálsamo y bálsamo significa medicina, significa alivio, descanso, “tregua en el duro trabajo”, es uno de los nombres que se la da al Espíritu Santo, “tregua en el duro trabajo”, porque está uno luchando, está uno batallando a todas horas, encendemos la televisión y empiezan a meternos en el mundo del comprar y comprar y comprar; miramos al Internet y nos lleva al mundo del consumismo, al mundo del hedonismo, todo es, muchas veces, comercio y tentaciones, tentaciones y comercio. Y entonces uno tiene que estar batallando continuamente.
Y vas caminando por la calle y otra vez la publicidad está avasallando tus sentidos: “Tiene que comprar”, “tiene que gastar”, “tiene que disfrutar”, el placer, la compra, la venta, más placer, más comprar, más vender, es pesado, es cansado, y entonces uno necesita un descanso y el Espíritu Santo te da ese descanso, tú sientes que el Espíritu te lleva como en sus alas, tú sientes que el Espíritu batalla a tu lado, tú sientes que el Espíritu te sostiene, todo eso significa que el Espíritu es bálsamo.
Lo repito, las tres palabras claves: bálsamo quiere decir medicina, bálsamo quiere decir alivio, bálsamo quiere decir descanso. ¿Cuál es la diferencia entre el alivio y el descanso? El alivio es ante algo que duele, el descanso es del esfuerzo que tiene uno que hacer, por ejemplo, esfuerzo para no dejarse llevar por la corriente consumista, por la corriente hedonista, por tantas mentiras que tiene este mundo.
Entonces ahí llevamos una dimensión muy importante de esa unción del Espíritu: el Espíritu es bálsamo y si tú recibes este bálsamo de Dios, tú experimentas sanación, y tú experimentas alivio, y tú experimentas descanso; por supuesto, somos combatientes y el descanso no es todavía el descanso eterno, el descanso es apenas para prepararse a una nueva batalla, porque mientras estemos en esta tierra tenemos que seguir batallando, entonces descansamos.
Por ejemplo, venimos a un retiro espiritual, recibimos la ayuda, el auxilio, el poder de Dios, el bálsamo de Dios, salimos fortalecidos; pero el combate nos espera, termina el retiro, vuelves a tu casa, alguien se burla de ti; terminas el retiro, vuelves a tu trabajo, alguien se burla de ti; terminas el retiro, vuelves a tu distrito, vuelves a tu barriada, y allá encuentras otra vez los mismos combates, ahh, pero ya estás fortalecido, el Espíritu Santo ha sido tu bálsamo, el Espíritu Santo te ha aliviado, te ha sanado, te ha descansado, el Espíritu es bálsamo.
¿Qué más decimos del Espíritu? Hemos dicho que el Espíritu es fuerza, el Espíritu es fuerza penetrante, es fuerza de Dios, fuerza que hace que tú puedas vencer a tus enemigos, acuérdate de lo que nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles refiriéndose a ese gran hombre, Esteban, conocido como el primero que derramó su sangre por Cristo, y de qué manera.
Esteban murió apedreado, ¡Dios santo, qué muerte esa! Esteban fue maltratado hasta el extremo, pero antes de su martirio, Esteban predicaba y precisamente decidieron silenciar su voz por una razón, que nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles: "Nadie podía resistir la sabiduría y el espíritu con que hablaba" Hechos de los Apóstoles 6,10, es decir, el Espíritu le daba fuerza, el Espíritu le daba poder, y con ese poder y con esa fuerza vencía a aquellos que querían contradecir su testimonio sobre Jesús.
Y nosotros necesitamos esa fuerza, porque muchos nos sentimos débiles, muchas veces tú dices: "Ay, yo estoy convencida pero mi esposo no, y tengo mucho problema con mi esposo, y ¿quién convence a mi esposo?" Y tal vez el esposo se ha vuelto para ti como una especie de monstruo invencible. Si creyéramos mas en el poder del Espíritu Santo descubriríamos que con ese poder, con esa fuerza del Espíritu podemos encontrar las palabras justas.
Y esas batallas se ganan, esas batallas las gana Dios, y si tú crees en el poder de Dios, el Señor te va dando la palabra justa, no es un asunto simplemente de ganar unas discusiones, lo importante no es ganar una discusión, lo importante es ganar gente para Cristo; pero pasa eso, pasa que el Espíritu vence, y algunas veces ese esposo que era renuente y que era perezoso, luego va llegando a los pies del Señor y se gana esa batalla.
Yo tengo una curiosidad, a ver, cuéntenme ustedes: ¿Habra entre ustedes ese caso? ¿Habrá entre ustedes un esposo que era perezoso, que no quería venir a estas cosas, que le parecía que eso tanta rezadera, que se burlaba incluso de los tales carismáticos y los veía como locos, ¿pero ese esposo está ahora aquí? ¿Ese caso se ha presentado? ¿Sí habrá por ahí algún caso? A ver, ahí hay otro perezoso, él era perezoso, de hecho, sigue siendo un poco perezoso porque ni siquiera se paró.
Ahí llevamos dos esposos que fueron ganados por el amor de Dios, por el testimonio de la esposa, seguramente. A ver, algún otro ejemplo, levanten la mano, mire, ahí está otro caballero, levántese, no le de pena, miren, ahí está, allá hay otro que está levantando la mano, muy joven, ¿y la esposita dónde esta? Miren, por allá está la esposa, ¡fíjese qué lindos, qué lindos!
Entonces, no haga de tu esposo un ogro que no se puede vencer, no, es asunto de decir: "Yo no le voy a ganar a mi esposo, pero el Espíritu Santo sí le puede ganar, y esa fuerza y ese poder del Espíritu lo logra.
Mira, hay veces que el respeto humano, esa especie de temor ante la opinión de otro, nos vuelve cobardes, a veces los sacerdotes nos volvemos cobardes, a veces los sacerdotes nos volvemos cobardes porque delante de otros sacerdotes nos cuesta trabajo dar testimonio de las maravillas del Señor y nos da temor la opinión de los otros sacerdotes, seguramente no es el caso del Padre Víctor, al que queremos mucho y que ha dado gran testimonio, creo que tampoco es mi caso, pero esos casos se dan.
Y a veces no son sacerdotes sino en los jóvenes pasa eso, hay mucho joven que tiene temor de perder sus amistades, tiene temor de que se le burlen, nos decía el Papa Benedicto en su viaje apostólico al Reino Unido, allá Gran Bretaña, todo esto. Decía el Papa Benedicto que hay una nueva persecución contra los jóvenes, es la persecución del ridículo.
Entonces muchos jóvenes tienen gran temor, ¿temor de qué? Temor de que los aíslen, temor de que los saquen del círculo de amistades, temor de que me saques de tu Facebook, "no me saques de tu Facebook, "temor de que no me invites a tu fiesta, temor de que no me invites a tus reuniones, temor de ser excluido, temor de quedarme sin amigos, me voy a quedar sola, solita, me voy a quedar solita como pájaro sin pareja en el tejado, solita, solita, nadie me volteará a mirar, me marchitaré y me secaré y luego moriré".
Entonces hay una cantidad de jóvenes que tienen miedo y necesitan poder del Espíritu. Haber ¿hay jóvenes aquí que tengan temor? no, de ninguna manera aquí alabamos al Señor, bendito sea Dios, sí muy bien, aquí cualquiera, claro, cuando uno está en medio de todos estos locos que cantan, danzan y bailan y hablan en lenguas, uno dice pues yo también alabo, bendito sea Dios, pero mostrarse como convencido de Dios, de Cristo y de su Iglesia en medio de los compañeros, en medio de los amigos, eso sí es más difícil. Hay una cantidad de jóvenes que tiene miedo y necesitan poder del Espíritu.
"-¿Hay jóvenes aquí que tengan temor?" "-No, no, de ninguna manera, nosotros no tenemos temor, ¿cómo vamos a tener temor si aquí alabamos al Señor? ¡Bendito sea Dios! ¡Alabado sea el Señor!" ¡Ah, sí, muy bien, aquí, cualquiera! ¡Claro! Cuando uno está en medio de todos estos locos que cantan y danzan y hablan en lenguas, uno dice: "Pues yo también alabo, a ver, bendito sea Dios", no pasa nada; pero mostrarse como convencido de Dios, de Cristo y de su Iglesia, en medio de los compañeros, en medio de los amigos, eso ya es más difícil.
Yo quiero saber si aquí hay valientes, valientes que reconozcan que tienen miedo, ¿ah? ¿Hay aquí jóvenes que con toda humildad puedan decir: “Yo soy uno de esos que se asustan”? ¿Hay aquí jóvenes de los que se asustan, de los que a veces tienen temor de que me dejen solita, solita, me marchitaré a la sombra y luego moriré"?
A ver, hay o no hay jóvenes aquí? Jóvenes valientes que reconozcan que se asustan, hombre, si yo también fui joven, yo no nací así viejo como estoy, yo nací joven, mejor dicho, menos que joven. A ver, los jóvenes valientes que reconocen que se asustan, mírenlos, están levantando la mano; levanten la mano los jóvenes valientes que reconocen que se asustan, allá hay otro, claro levantan la mano asustada, ¿no?
Hay que hacer oración por los jóvenes valientes que reconocen que se asustan, es que eso da miedo, porque muchas veces lo que uno más quiere como joven es tener amigos, tener amigas, porque es terrible ver que se llega una cosa que se llama fin de semana y no ha recibido uno ni una sola llamada, nadie lo volteo a mirar, "se va llegando un sábado, se va llegando un domingo, no hay nada que hacer, nadie pensó en mí, desaparecí, me sacaron de su círculo, ya no existo, me marchitaré en soledad, quedaré solita, solita y luego me moriré".
Ese es un miedo, el miedo al ridículo, la persecución del ridículo y tú necesitas el poder del Espíritu. Durante mucho tiempo hay hombres que han sentido que eso de estar rezando es para mujeres, porque asi uno reza mucho pierde potencia, hay hombres que sienten eso, ¿ustedes creen que les estoy hablando del siglo XVII, o del siglo XVIII, o del siglo XIX? Le estoy hablando del siglo XXI.
Hay una parroquia que se llama nuestra Señora de la Alegría, donde yo estoy hospedado. Como ustedes saben, en la parroquia de Nuestra Señora de la Alegría hay adoración perpetua, veinticuatro horas al día el Santísimo está expuesto, veinticuatro horas al día hay personas que van a la capilla de la adoración perpetua y reconocen a Jesús como su Señor y Salvador y le adoran, interceden por el mundo, es una cosa muy bella la adoración perpetua.
Pero hay un fenómeno que se presenta: los hombres no aparecen a cualquier hora, el Padre párroco de allá, el Padre Rafael, dice que los hombres son los Nicodemos, ¿porque te acuerdas que Nicodemo fue de noche? Cuando nadie se dio cuenta, allá llegó donde Jesús, quiere decir que Jesús tenía casa en aquella época, seguramente era la casa en Cafarnaúm, Jesús tuvo casa ahí, probablemente parte de la casa era la casa que había sido de Pedro, ahí vivió Jesús.
Entonces llega este Nicodemo y toca allá la puerta y pregunta de dentro Jesús, supongo yo: "-¿Quién es?" "-No grite, no grite, hombre, no grite". "-¿Por qué no se puede gritar? ¿Quién es?" "-Que no grite, hombre, no grite", Nicodemo tenía miedo y hay una cantidad de hombres que tienen miedo, tienen miedo de doblar la rodilla delante de Jesús, tienen miedo de que se les vea la piedad, necesitan poder, necesitan fuerza del Espíritu; no le tengas miedo a tus compañeros de trabajo, no les tengas miedo a tus amigos del colegio, no le tengas miedo a tu jefe, no tengas miedo de decir: "Mire, yo doblo la rodilla delante de Jesús, Jesús es mi Señor".
A ver, ¿cuáles son los hombres a los que ya se les pasó el miedo? Levanten la mano, a ver, ¿dónde están los hombres? En primer lugar, sí hay hombres; en segundo lugar, hombres a los que ya se les pasó el miedo, ¿dónde están? Mire, aquí hay un hombre, ya se le pasó el miedo, otro hombre allá, a ver, démosle ánimo a los hombres a los que ya se les pasó el miedo.
El Espíritu es fuerza, el Espíritu es poder. Qué tiene que hacer una joven, por ejemplo, que tiene terror, pobrecita, -hay que saber que las jovencitas sufren mucho-, ella tiene terror porque ella siente que se va a marchitar, va a quedar solita, entonces esta joven que siente que se va a quedar solita, que nadie la va a querer, que va a tener unos fines de semana aburridos, gravísimos.
Entonces esta muchacha que se llama Claudia, llama a su amiga que se llama Clara, entonces Clara no está en los caminos del Señor, Claudia sí está en los caminos del Señor, Clara, la que no está en los caminos del Señor, le pregunta a Claudia: "-¿Qué vas a hacer este fin de semana?" "-Me voy de retiro. “-Uy, eso es mucha falta de programa, tú sí estás muy mal, pero muy mal en la vida, no tienes más que hacer, no tienes más que hacer sino irte allá a rezar, eso sí es muy triste, no hay a nadie quien te invite a nada, no, rezar y rezar, ¡terrible!"
Y entonces Claudia siente: “¡Qué rara soy, qué extraña, qué incomprensible es mi vida, qué dura es mi existencia, cuánto sufro!” Esa Clara no conoce el poder del Espíritu. Mira, la fuerza que da el Espíritu es para dos cosas, para resistir los ataques de Clara cuando te llama y te dice que eres una ridícula rezandera, que tanta piedad para qué, que es que te vas a meter de monja, y efectivamente, algunas se entran de monjas, por ejemplo por allá hay dos monjitas ¿ve? Hay que querer a las monjitas, déjense ver monjitas para que se les dé un aplauso, ¡las monjitas!
La fuerza que te da el Espíritu es para dos cosas: primera, para no dejarse uno derrumbar, cuando lo traten de ridículo, cuando lo traten de rezandero, cuando lo traten de desocupado, cuando lo traten mojigato, de hipócrita, de todas las cosas que le dicen a uno. La fuerza que da el Espíritu no te deja derrumbar, lo primero es resistir el impacto del insulto, el impacto de la burla. Hoy, que vamos a hacer unción, hoy le vamos a pedir al Espíritu que tú tengas esa fortaleza, que cuando se burlen de ti tú permanezcas en paz.
Pero el Espíritu te da más que eso, no es solamente que tú resistas, tú tienes que ganar a esa Clara, tú tienes que ganarla; y les voy a contar un secreto a todos, no sólo a los jóvenes, les voy a contar un secreto: si tú no estás ganando gente para Cristo te están ganando a ti para el mundo, se los repito: si tú no estás ganando gente para Cristo te están ganando a ti para el mundo.
Vamos a suponer la conversación entre estas dos amiguitas. Entonces Claudia, la que está en los caminos del Señor, le cuenta a Clarita, le cuenta que va a ir a un retiro de la Renovación Carismática, como efectivamente vino, Clarita se dedica durante doce minutos a burlarse de tanta religión, le parece que eso es ridículo, le parece que hay cosas más interesantes: "Qué bueno ir a una Misa de vez en cuando, cuando a uno le nace".
Durante doce minutos Clara dispara sus dardos, sus burlas, sus comentarios, cuenta todo lo que ella va a hacer, los lugares tan interesantes, los paseos maravillosos de los que Claudia se va a perder, por estarse cocinando en un coliseo: "Mira, mientras tú te sancochas en el coliseo, yo voy a estar haciendo un paseo y vamos a ir y vamos a subir y vamos a bajar, y tengo unos amigos que son apuestos, inteligentes y seguro que va a resultar algo por ahí, porque ya varias veces el tal Antonio me ha invitado varias veces, yo creo que ya está listo para caer, porque ¿ustedes saben cuál es la definición de noviazgo? Noviazgo es un hombre que persigue una mujer hasta que la mujer lo atrapa.
Entonces Clarita le dispara todos sus dardos, le hace sentir a Claudia que es una ridícula y Claudia siente que efectivamente se está sancochando, entonces dice: “¡Uy ya estoy llegando a punto de ebullición!”. Entonces Claudia empieza a pensar: “Clarita tenía razón, yo tenía que haber ido a ese paseo con Antonio, con Javier, con Ernesto, con Rodrigo y con la tonta esa de la Aurora, pero eso no importa.
¿Cuál es la obra del Espíritu? Fíjate, ponle cuidado, después de doce minutos de que Clara le estaba disparando sus burlas a Claudia, Claudia dice: "No, de todas maneras voy a ir porque es que..., yo pienso que es mejor ir, porque ya le dije a mi tía que iba a ir y entonces yo voy a ir con mi tía, y allí estaremos las dos todo el fin de semana. Hasta luego".
Ella cuelga su teléfono, pero por dentro su corazón ya reportó una derrota, a pesar de que hizo lo correcto, porque fue a su retiro, su corazón no quiere estar en el retiro, su corazón en realidad fue ganado para la causa de Clara. Por eso, cuando aquí hablamos del poder del Espíritu, lo que estamos diciendo es que tú tienes que ganar a Clara para el retiro, tú tienes que ganar a Clara para Cristo, tú tienes que ganar a Clara para el grupo.
Cuando una persona se burle de ti, cuando una persona te muestre su incredulidad, cuando una persona te quiera hacer sentir mal, tú tienes dos tareas y para esas dos tareas te va a ayudar el Espíritu Santo. La primera tarea es: "Esta persona no me va a ganar a mí ni me va convencer a mí, esa es la primera tarea; y la segunda tarea es: "Yo sí tengo que convencerla a ella". Por eso, los dos actos de la fortaleza son resistir y acometer, resistir las burlas, resistir los impactos.
Si tienes un compañero en el colegio, si tienes un compañero en la universidad, si tienes un compañero en el trabajo que siempre está con el tema de que es incrédulo, que es ateo, que no cree en nada, que la Iglesia, que los curas, que no se que, tu trabajo no es simplemente decir: "No, yo permanezco firme en mis principios, yo estoy convencido de lo mío", esa es la mitad, hermano, la otra mitad es: "A veces, al más obstinado, al más terco, al más blasfemo, a ese, a ese es al que hay que ponerle en el centro del Corazón de Cristo en oración y que venga una gran victoria.
Fíjate una cosa, cuando estaban apedreando a Esteban había un hombre llamado Saulo de Tarso que estaba ahí y Saulo aprobaba esa muerte, pero la muerte de Esteban, junto con el testimonio de muchos otros cristianos y sobre todo con el poder del Espíritu, fue trayendo finalmente el don de la conversión para San Pablo.
Llevábamos bálsamo, ¿te acuerdas lo que es bálsamos? Bálsamo es medicina, alivio y descanso; ahora hemos hablado de fuerza, ¿y fuerza qué es? Fuerza para aguantar cuando la gente se burla, cuando me excluyen, cuando sientes: "¡Caramba, me voy a quedar ahora otra vez sin novio! ¡Qué problema tan complicado con esta gente! ¡Todos los hombres son iguales! ¡Al fin parece que me va a tocar con uno de la Renovación! ¡Me va a tocar!"
Esa persecución, ese sentirte solo, ese sentirte distinto, ese sentirte ridículo, ese sentirte humillado, aguantar, resistir, esa es la fortaleza que te da el Espíritu, y resistir y resistir en paz y resistir con alegría. Y luego viene la segunda parte: yo no solamente resisto, sino que además, en el nombre de Cristo y con las palabras que me da Cristo y con la unción que me da el Espíritu, yo salgo a conquistar gente para Jesús; si tú no estás ganando gente para Cristo te puedo asegurar que el mundo ya te está ganándote para su causa.
Dicho de otra manera, en estas cosas del Señor, o estas ganando o estás perdiendo, pero uno nunca está quieto. Hay una vecina que se burla de ti, esa vecina que se burla de ti, tú has de estar con la tarea: "Cómo la gano para Cristo". A veces, lo más prudente es callar y orar; a veces, frenar a la persona, pero sin insultarla; a veces, mostrar nuestro punto de vista; a veces, interceder ante Dios por ella, pero tú tienes que ganar.
Yo quiero, mis hermanos, que salgamos de nuestro retiro con una convicción: en el nombre de Jesús vamos a ganar, vamos a ganar, hay que ganar gente para Cristo, hay que ganar la familia para Cristo; tú tienes temor de que te vas a quedar sin amigos, no, tu temor no tiene ningún fundamento: Cristo le dará conversión a tus amigos y Cristo te dará nuevos amigos.
Entonces fíjate, llevamos dos: el Espíritu de Cristo, Espíritu que es bálsamo, el Espíritu de Cristo, Espíritu que es fuerza. Y vamos a ver el último: el Espíritu, Espíritu perfumado que te prepara para la fiesta.
Yo me imagino que en todas partes existe la misma costumbre, para las grandes fiestas siempre buscamos un vestido especial y seguramente una colonia o un perfume especial. Cuando se trata de una reunión que es realmente única, una reunión que es especial, pues entonces necesitamos un vestido de fiesta y necesitamos un perfume especial.
¿Qué queremos decir con ese perfume especial? Mira, el aroma, el buen olor de Cristo que decía San Pablo, es algo muy importante. Que me ayude el mimo Espíritu Santo para explicar por qué. El aroma es el ambiente de un encuentro y de una conversación. Cuando estamos cerca de una persona, pues sentimos de su perfume, de su colonia, de su aroma; si lamentablemente la persona no está muy aseada, pues la experiencia es desagradable.
Si la persona es aseada, si tiene una colonia grata, pues el aroma habla de la proximidad, el aroma es la atmósfera de la cercanía, es el ambiente de la confianza. Tener el aroma de Jesucristo es tratar a Cristo con tal confianza, es estar tan cerca de Él que esa atmósfera de Cristo la llevas contigo.
Podemos decir que Jesucristo no depende del ambiente sino que crea el ambiente, Jesucristo transforma el ambiente, eso es lo que significa el aroma de Cristo, Él trae un aire nuevo, Él trae un ambiente nuevo.
Te voy a dar dos ejemplos. Nos cuenta el libro de los Hechos de los Apóstoles que estando predicando en el corazón de la actual Turquía, lo que en aquella época se llamaba el Asia Menor, Pablo y su compañero de misión que se llamaba Silas o que a veces también se traduce por Silvano, Pablo y Silas fueron maltratados, fueron azotados, azotados hasta sacarles sangre y fueron arrojados a lo profundo de un calabozo.
Imagínate esa condición: estás en tierra extranjera, te calumnian, te acusan de una cosa falsa, se agarran a golpearte hasta sacarte sangre y luego te meten al calabozo con grillos, con cadenas en tus pies.
Pablo y Silvano están en el fondo de aquella mazmorra donde están otros prisioneros; no se necesita demasiada imaginación para describir qué clase de ambiente había ahí, el hedor de estos seres humanos se unía a la sensación de rabia, deseo de venganza, gente que maldice, gente que amenaza, gente que blasfema, ese es el ambiente en lo profundo de esa mazmorra, ese es el ambiente que encuentran Pablo y Silas cuando llegan ellos mismos a ese lugar.
Pablo y Silas llegan a ese sitio y les ponen cadenas como a los demás, y después de que se va el carcelero con la única luz que había, quedan metidos en esa oscuridad que es al mismo tiempo oscuridad física, oscuridad moral y oscuridad espiritual, rodeados de seres humanos que apestan tanto en su cuerpo como en su conversación, como en su corazón, es difícil imaginar un ambiente que fastidie mas, que hiera más, un ambiente tan pesado, tan envenenado.
Pero Pablo, el que escribió: “Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” Carta a los Gálatas 2,20, Pablo trae un nuevo ambiente, Pablo trae un ambiente de Cristo.
Pablo y Silvano ¿qué hacen en esa condición? ¿Se ponen a gritar insultos, blasfemias a maldecir su suerte a llorar o a suplicar ante un carcelero impasible y duro, más duro que las mismas cadenas? No, se ponen a cantar, se ponen a bendecir, se ponen a alabar bendiciendo a Dios, ¿en ese ambiente? ¿Bendecir a Dios ahí? A oscuras, con la piel rota después de haber sido calumniados y juzgados mal, ¿bendecir a Dios ahí? Y hay gente que dice: "¡No, yo que voy a bendecir a Dios!" Pero estos, con la bendición, cambiaron su suerte.
Y óyeme bien lo que voy a decir porque es un secreto muy importante: a veces Dios cambia las cosas y tú bendices, otras veces tú bendices y las cosas cambian, ¿si lo entendiste? A veces, cuando algo sale demasiado bien, bendecimos, alabamos al Señor: las cosas cambiaron y yo bendije; pero a veces es al revés, a veces yo bendigo y las cosas cambian, y eso tiene todavía más mérito.
Si a mí me dicen: "-Mira, te ganaste la lotería, docientos cincuenta mil dólares son tuyos", "-¡alabado sea el Señor!", claro, ese es un motivo de mucho júbilo, ese es un descanso muy grande, ya con eso se pueden pagar bastantes deudas, ¿no?
Pero todavía tiene más testimonio y más hermosura lo otro: yo bendigo a Dios y mi alabanza atrae la bendición de Dios; oye, la alabanza atrae la bendición de Dios, no esperes a que las cosas cambien para empezar a bendecir, empieza a bendecir y las cosas cambian, eso fue lo que hicieron Pablo y Silvano, metidos en esa asquerosa prisión, metidos en lo más profundo y en lo más oscuro de esa mazmorra, ¿qué fue lo que ellos hicieron? Alabar, bendecir, se pusieron a cantar al Señor, estaban bendiciendo y los demás presos se iban contagiando de ese nuevo ambiente.
Hermanos, no esperemos encontrar un buen ambiente para sembrar a Cristo, no esperemos encontrar un ambiente amable y receptivo para llevar el amor de Dios; al contrario, lleva el amor de Dios y cambia el ambiente, eso es tener la atmósfera eso es llevar tú el ambiente.
Lleva tú el ambiente nuevo, lleva tú el aroma nuevo, ¿tú has oído una oración que se atribuye a Francisco de Asís?: ”Hazme un instrumento de tu paz, donde haya odio siembre yo amor", es que hay unos evangelizadoras que dicen: "Señor, llévame donde haya mucho amor para que me traten bien, después me proteges, me arropas, me cuidas y me llevas donde haya muchísima paz, y después me envuelves en tu manto protector y me llevas donde haya harta alegría y así yo voy a evangelizando".
Tu evangelización es: “Señor, llévame a un mundo donde hay incredulidad, donde hay sarcasmo, donde hay egoísmo, donde hay dureza, donde hay resentimiento, y que en ese mundo yo lleve un nuevo ambiente”, eso es evangelizar, lo cual significa: "De ahora en adelante yo no recibo como disculpa que alguien me diga: “-Yo no puedo evangelizar porque es que estoy en un ambiente tan pesado. Es que yo trabajo en el sector de la salud, y esos médicos y esas enfermeras, es un ambiente tan pesado, es un ambiente tan incrédulo, no, no, yo ahí no puedo evangelizar, porque es un ambiente muy pesado”.
"-Ahh, no puede evangelizar! A ver, y usted, ¿usted por qué no puede evangelizar?" "-No, padrecito, yo no puedo evangelizar porque es que yo soy artista, yo trabajo en el ambiente de los artistas, y el ambiente de los artistas es un ambiente muy pesado, es un ambiente, eso hay de todo, padre, es que no le digo por no lastimar sus castos oídos, pero eso entre los artistas, eso hay de todo, de todo". "-¿Entonces usted tampoco puede evangelizar?" "-No, porque en ese ambiente no se puede hacer nada, y no me pida nada".
"-Bueno, entonces usted, señora, ¿tampoco evangeliza?" "-No, no, yo tampoco evangelizo, padre, porque es que figúrese que yo estoy en el tema del comercio y usted sabe que el tema del comercio pues es duro es frío, es un ambiente es frío, la gente ahí no cree sino en la platica, entonces yo no puedo evangelizar nada, padre, nada, yo no hago nada nunca, nunca hago nada de nada, ni me pida ni se le ocurra pedirme, porque yo no puedo evangelizar, porque es un ambiente metalizado, porque es un ambiente donde solo reina la plata".
"-Pues por eso, hermana, por eso, precisamente porque reina la plata se necesita que tú ahí traigas el reinado de Cristo; precisamente, porque en tu grupo de artistas reina la droga, reina la promiscuidad sexual, precisamente por eso Cristo te puso ahí para que tú lleves el reinado de Cristo, tú eres el quien tiene que llevar el ambiente nuevo.
"-No, padre, yo no puedo evangelizar entre los jóvenes porque es que los jóvenes ahora, pues usted sabe cómo son los jóvenes ahora, y como yo soy joven, entonces yo no puedo evangelizar, yo no puedo hacer nada, y yo realmente vine aquí a este congreso pero no me pida nada, ni se le ocurra pedirme nada, padre, porque yo no podré evangelizar, porque usted sabe cómo son los jóvenes" "–Sí, yo sé cómo son los jóvenes y también se cómo van a ser los jóvenes cuando tú les des a Cristo.
Cuando tú les des a Cristo, cuando tú les muestres a Cristo, cuando tú lleves el aroma contigo, cuando tú lleves el ambiente contigo, tu aroma, tu ambiente, tu unción tiene que ganar".
"-Sí, pero es que todas mis amigas, mire, la una es promiscua, la otra es adúltera, la otra es bisexual, la otra es lesbiana, la otra prostituta por horas, es que son unas amigas, es que es un ambiente muy pesado, ¿sí me explico, padre? Es muy difícil, porque así está la juventud". "-Claro que así está, pero la pregunta es: "-¿Queremos que así esté?" "-No". "-¿Entonces?" Por supuesto que así está y así va a seguir y se va a empeorar, ¿entonces qué es lo que te toca a ti? Tú eres quien tienes que llevar el aroma de Cristo.
¿O qué es evangelizar? Evangelizar es: “Señor, llévame...” Hay una canción que dice: “Llévame donde los hombres necesiten tus palabras, necesiten las ganas de vivir”, donde los hombres necesiten ¿qué? Tus palabras” ¿no dice así la canción? "Llévame donde los hombres necesiten tus palabras", y uno canta eso y uno se conmueve y no falta la persona que dice conmovida: "Llévame donde la gente necesite tus palabras, Señor".
Hay muchachos que se conmueven, hay jovencitas que se conmueven y lloran: “Sí, Señor, sí, Jesús, cuenta conmigo, llévame donde la gente necesite tus palabras", un día Jesús le responde: "Qué bueno que dijiste eso, ¿sabes que sí? Necesito que vayas donde tu grupo de amigas, la promi, -¿cuál es la promi? La promiscua-, necesito que vayas donde la promi, y la otra, y la que es así medio bisexual, y la que es no śe cuánto, y la que está haciendo no sé qué experimento, y la que lleva ochenta novios, y la que no sé cuanto.
Esos son los que necesitan mis palabras, esos, ese grupito de amigas perniciosas que tú tienes, ese grupito de amigos medios drogadictos, esos compañeros de trabajo metalizados que sólo creen en el dios dólar o en el dios sol, que tienen esos dos dioses, esos son los que necesitan mis palabras".
Tú le dices a Jesús: “Llévame donde los hombres necesiten tus palabras”, esos son, ahí Jesús interrumpe: "Qué bueno que cantó eso, ahí le tengo ese encarguito, ahí es donde lo necesito". “Ay, yo tengo unas vecinas, mire, padre, mi situación es distinta, lo que pasa es que..., yo no quiero parecer pedante, padre, pero digamos que el Señor ha sido generoso, nos ha dado unas ciertas facilidades, entonces mi esposo ya compró la cuarta mina, entonces tenemos algunas facilidades", algunas facilidades es que están podridos de plata, ¿no?
Y entonces las amigas que yo tengo pues son amigas, no se cómo decirle, padre, no se me vaya a ofender, pero digamos que usted a duras penas daría para limpiarle los zapatos a mis amigas, ¿sí? Entonces son amigas que están en un nivel muy alto y en esa clase social tan alta en la que yo ya me muevo, yo me muevo en unos círculos, ¿sí me explico, padre? Me muevo en unos círculos altísimos, no como usted que anda por allá metido en todas esas ratoneras, no, yo me muevo en unos círculos altos.
Y entonces esa gente no cree en nada, esa gente cree es en el feng chui, esa gente cree en el yoga, esa gente está metida en todo eso, y es un ambiente ya muy cerrado, muy exclusivo, y a mí me costó mucho trabajo entrar ahí,, porque yo vengo de una familia muy humilde, sólo que mi esposo pues le fue muy bien en los negocios, entonces yo estoy en ese círculo y ahí no se puede hacer nada, padre.
No me pida nada, ¿sí? Porque ahí no se puede hacer nada, ya ese círculo es así, ya eso se queda de ese tamaño, ya ahí nadie se va a convertir, ahí no va a pasar nada". Pues ahí, en ese grupo de amistades, en esos círculos altísimos, que yo no sé cómo dibujar esos círculos, porque son altísimos, esos círculos altisísimos, en esos círculos, allá necesitan las palabras del Señor.
¿Así en que queda el tema del aroma? El tema del aroma es: no esperes un ambiente amable, no esperes que cuando tú salgas de tu retiro entonces tus amigas, incluida la promi, te reciban: "Ay, qué bueno, ¿cómo te fue en el retiro? Yo quiero sentarme y que tú me expliques para que yo también me convierta. Habla, querida amiga". No, eso no va a pasar, la promi se va a burlar de ti, la promi va a considerar que tu eres una ridícula, entonces ahí es donde vamos a ver si ganan los perfumes de fornicación de la promi o si gana el aroma de Cristo que llevas en ti, ahí es donde toca ver.
Entonces esto es batalla, hermano, esto es batallando, y tú tienes que llevar tu unción, ¿en qué terminó la historia de Pablo y Silvano? Se rompieron las cadenas y fueron liberados, y el carcelero cayó a los pies de Cristo y les pidió el bautismo. ¿Qué tal que Pablo se hubiera sentado con Silvano y hubiera dicho: “-Somos unos fracasados”, y Silvano le dice: "-Yo soy fracasado pero usted es más fracasados que yo" "-Sí, es verdad, estamos mal estamos fracasados, hermano, estamos peor que peor, o sea nos vamos a pudrir". "-Sí, señor, y no va a quedar más nada, esto es lo último, esto es lo peor, ¿llora usted primero o lloro yo primero?"
¿Qué hubieran sacado de esa actitud? Nada, pero ellos llevaban su aroma, ellos llevaban su ambiente, ellos llevaban el ambiente de Cristo, ellos llevaban el aroma de Cristo y ellos impusieron el ritmo de Cristo, y ellos impusieron la música de Cristo, y trajeron el Espíritu de Cristo y fueron liberados ellos y liberaron a los demás prisioneros y liberaron a un prisionero que no tenia cara de prisionero, el carcelero, lo liberaron, liberaron hasta su propio carcelero.
Jóvenes, los amo, jóvenes, ustedes tienen que ir con el aroma de Cristo, ganen, vayan a la victoria, vayan a vencer, tienen que ir a vencer, salir a vencer, tú tienes que cambiar el ambiente, “ay, es que es un ambiente pesado”, pues por eso,para eso está el Espíritu Santo, ¿cuál fue el ambiente que encontró Cristo? Encontró un mundo en tinieblas, ¿cual fue el ambiente que encontró San Pablo? Encontró un mundo en cadenas. Lleva el ambiente tú; el ambiente no lo esperes afuera, lleva el ambiente tú, ¡qué secreto tan lindo!
Cuando uno se echa perfume, yo, por ejemplo hoy no me eché perfume, no se me acerquen mucho, cuando uno se echa perfume uno lleva su ambiente, lleva el ambiente tú, no lo esperes afuera y que tu ambiente sea un ambiente de fiesta, ambiente de alabanza, ambiente de triunfo, ambiente de victoria, ambiente de Cristo el Señor.
Lleva el ambiente tú, no te fíes porque mañana o pasado mañana te vas a encontrar con tus amigos y tus amigos otra vez te van a mirar así como con cara: "Usted sí, qué tipo tan aburrido, todo lo que reza..." Lleva el ambiente tú, y tú míralos a los ojos, tú tienes que pensar: "Este tiene que caer en las redes de Cristo, en el nombre del Señor, tiene que caer en las redes de Cristo", lleva el ambiente tú.
¿Pero qué hay que hacer para llevar el ambiente? Hay que recibir la unción, y hay que renovar la unción, y hay que creer en la unción; claro, si tú no llevas aroma, si tú no llevas el ambiente cualquier olor se te pega, dicen que hay olores que se pegan, entonces lleva el ambiente tú, deja todo impregnado de Jesús, lleva el aroma tú, lleva la alabanza, lleva la victoria, el Señor no te ha de faltar.
Vamos a pedir al Señor esa unción. Yo siento en mi corazón, y eso no es mío, ¿sabe qué siento yo? Yo siento un amor muy grande, un amor que no es mío, lo siento muy especialmente por los jóvenes, es un amor que no es mío, no es simpatía, no es que yo diga: "Ay, me cae tan bien, son muy agradables, son muy simpáticos", no, no es simpatía, es como un amor que viene de Jesús, Jesús diciéndole especialmente a los jóvenes, especialmente a ellos: "Tráiganme la victoria, traigan gente, ustedes muchachos, ustedes, ustedes tienen que vencer, pero eso vale para jóvenes y para todos: la victoria, hay que vencer.
Acuérdate, el Espíritu, bálsamo, Espíritu fuerza, Espíritu aroma; Espíritu que es bálsamo y que se vuelve medicina, alivio y descanso; Espíritu que es fuerza para que resistas y no te dejes y para que emprendas el combate y venzas; Espíritu que es aroma, no esperes un ambiente muy bueno por fuera, lleva el ambiente tú, llévalo, lleva tu aroma y que tu aroma sea aroma de fiesta, aroma de alabanza, aroma y de victoria.
¡Bendito sea Jesús! ¡Bendito sea Jesús! ¡Bendito sea Jesús!