Renueva la Unción, 1 de 4, Crisma

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Mis Hermanos:

Jesucristo es el Hombre espiritual, Jesucristo es el Hombre ungido por el Espíritu. Tuvimos anteriormente la Fiesta del Bautismo del Señor, y les cuento un detalle, para los que no lo sepan, la Fiesta del Bautismo del Señor es también la Fiesta de la unción del Señor; después de que Cristo sale de las aguas, se vio una paloma que representaba al Espíritu Santo, y esa paloma bajó y se posó sobre Cristo.

La Fiesta del Bautismo es la fiesta de la unción, Jesucristo bautizado es Jesucristo el ungido, de hecho, la palabra Cristo quiere decir exactamente eso, “ungido”. Esa palabra tiene mucho que decirnos en este encuentro, porque nosotros como servidores lo que queremos es renovar nuestra unción.

El Señor te ha dado una unción, el Señor te ha permitido degustar el poder de su Espíritu; pero hay que renovar esa unción, y por eso nosotros, contemplando a Jesucristo y en la intercesión eficaz y victoriosa de Cristo, queremos experimentar la renovación de nuestra unción, para ser también nosotros hombres y mujeres de Espíritu.

Me gusta decir que la Fiesta del Bautismo del Señor es el momento en el que Cristo adquiere su nombre completo, hasta la Fiesta del Bautismo, o mejor dicho, hasta el momento de su Bautismo, Él se llama Jesús; pero en el Bautismo Él es ungido y esa unción hace de Él el Cristo.

Entonces, Jesucristo es Cristo desde el Bautismo, y es en la hermosa Fiesta del Bautismo del Señor, es ahí donde Él recibe su nombre completo. Nosotros también cuando hemos sido bautizados hemos recibido un nombre, ese es el momento en el que nos han puesto un nombre, lo mismo que nosotros recibimos el nombre en el Bautismo, Jesucristo recibió su nombre en el Bautismo. Él se llamaba Jesús, pero a partir del Bautismo se llama Jesús el Cristo, Jesús el ungido. Bueno, ese el primer punto el día de hoy, la Fiesta del Bautismo del Señor, la unción que recibe Cristo.

¡Qué bueno familiarizarnos con ese lenguaje! La palabra Cristo quiere decir ungido, ¿y cómo se dirá unción? ¿Alguien sabe cómo se dice unción? Porque ungido se dice Cristo, y ¿unción cómo se dice? Hay una palabra, Cristo es una palabra en griego, "Jristós” eso quiere decir Ungido, entonces unción se dice “crisma”. ¿Te acuerdas que en el Jueves Santo el obispo consagra el crisma? El crisma es el aceite más santo, es el aceite sacrosanto que tiene la Iglesia, el crisma, crisma quiere decir unción, y lo que representa el crisma es precisamente la unción del Espíritu.

Entonces observa, unción se dice crisma, ungir es la crismación o crismarse podría decir también, y el ungido es el Cristo. Eso quiere decir que si tú has recibido el crisma, entonces tú también eres Cristo, tú llevas el nombre de Cristo, porque llevas el Espíritu de Cristo, el Espíritu de Cristo está en ti, obra en ti y ese es el crisma.

Ese aceite, que es consagrado por el obispo el Jueves Santo, es decir, ese santo crisma, así se llama “santo crisma”, ¿cuándo lo recibe uno? Hay momentos en la vida en que se recibe el crisma, no es para cualquier momento, ese aceite, vamos, es un aceite santo, por eso se llama “santo crisma”.

¿Quiénes aquí alguna vez han recibido el Santo Crisma? ¿cuándo recibimos el Santo Crisma? En el Bautismo. ¿En dónde le ponen a uno el Santo Crisma? En la frente, ¿por qué? Porque cuando Samuel el profeta ungió a los primeros dos reyes que tuvo el pueblo de Dios derramó aceite sobre su cabeza, sobre su frente, un aceite perfumado. Entonces la frente es el lugar de crisma.

En el Bautismo recibimos el crisma, ¿y ya no lo volvemos a recibir en la vida o sí lo volvemos a recibir? Lo volvemos a recibir en la Confirmación, ¿y dónde nos ungen en la Confirmación? Nuevamente en la frente, es el obispo o el delegado del obispo, usualmente un sacerdote, el que como ministro extraordinario, si es sacerdote, o ministro ordinario, si es el obispo, te pone el crisma en la frente.

Segunda vez que se recibe el crisma, ¿será que se recibe alguna vez en la vida? Voy a llorar ¿o sea que según ustedes el crisma se recibe en la unción de los enfermos? ¡ay, Dios santo, voy a llorar! Y estos son los católicos fervorosos, convencidos del poder de Dios, testigos de la gracia del Señor.

A ver, yo les hago esta pregunta: ¿Cuántos aceites utiliza la Iglesia en sus sacramentos? otra cosa son los sacramentales, ¿cuántos aceites utiliza la Iglesia en los sacramentos? Algunos dicen dos, otros dicen tres, otros ponen cara de que: “Padre, yo no sabía que venía a examen de religión”.

La Iglesia Católica tiene tres aceites que utiliza en sus sacramentos, tres aceites distintos, y si ustedes han asistido a la Misa Crismal, se han dado cuenta que al obispo se le presentan tres aceites, usualmente van en tres vasijas muy elegantes, dos de esos aceites se bendicen y uno de esos aceites se consagra, el aceite que se consagra es el crisma, aquí estamos haciendo una catequesis, pero esto es bello porque la Iglesia es bella.

Miren, en los congresos carismáticos les dan aplausos a Jesús, al Espíritu Santo, al predicador, le dan aplausos al que prendía y apagaba las luces, le dan aplausos al que corre la cortina, pero no le damos aplausos a nuestra madre la Iglesia, la Iglesia merece un aplauso, nuestra madre la Iglesia.

Fíjate qué bella es nuestra Iglesia y cómo todo lo provee para nuestra salvación. Hay tres aceites distintos, si ustedes van a una Misa Crismal presidida por el obispo, quien es acompañado por sus presbíteros, por sus sacerdotes, es la Misa hermosa en la que se consagra ese aceite, el más santo de todos, que por eso se llama el crisma y que no representa menos que el Espíritu Santo.

Imagínate, no se puede hablar de algo como la transubstanciación que tenemos en la Eucaristía, en La Eucaristía el Cuerpo de Cristo se hace presente entre nosotros, nosotros no vamos a decir que el crisma es el Espíritu; pero podemos decir que es el símbolo más precioso y el símbolo más perfecto que tenemos del Espíritu Santo, ese es el Crisma, ese es el aceite más importante que tiene la Iglesia y sólo se recibe en el sacramento del Bautismo o en el sacramento de la Confirmación.

La gran mayoría de aquí son los confirmados, y los no confirmados, los que no han recibido todavía la Confirmación, mira, pronto, prepárate y recibe la gracia de la Confirmación, en la Confirmación recibes la unción con el crisma, el Santo Crisma, el aceite más santo que tiene la Iglesia, cuyo uso está reservado a esos sacramentos que estamos diciendo, el Bautismo, la Confirmación.

Y luego hay otro sacramento en el que utiliza el crisma, ¿cuál es ese otro sacramento? El Orden, el sacramento del Orden, ahí se utiliza. Mire, por ejemplo ahí se encuentra un padre, ¿ustedes conocen ese padre? ¿Sí lo quieren o no lo quieren? Lo quieren pero no saben su nombre. Bueno, entonces le va a decir al padrecito que lo quiere mucho, a ver cómo se oye. ¡Ay, qué bonito, cómo lo quieren!

Mire, el sacerdote recibe el crisma, ¿dónde recibe el crisma el sacerdote? En las manos, el sacerdote recibe el crisma en las manos. Fíjate que signo tan hermoso: todos recibimos el crisma en el Bautismo y en la Confirmación, y los sacerdotes, es decir, en el sacramento del Orden se recibe el crisma también en las manos.

¿Qué significa recibir el crisma en las manos? El crisma, dijimos, es el símbolo más precioso que tiene la Iglesia de la acción del Espíritu; cuando el sacerdote recibe unción de las manos, ¿qué es lo que se le está diciendo con ese símbolo? Que sus manos tienen que servir para santificar, sus manos tienen que servir para bendecir, sus manos, que han sido ungidas, tienen que hacer la obra del Espíritu.

Las manos del sacerdote son manos para consagrar el Cuerpo y Sangre de Cristo, las manos del sacerdote, son manos que puestas sobre la frente del que está enfermo, muchas veces traen la salud y siempre traen el consuelo.

Las manos del sacerdote son las que bendicen la gran mayoría de los matrimonios para que el amor humano haga un santo nudo de alianza con el amor del cielo; las manos del sacerdote son también las manos que trazan sobre nosotros la señal que nos libera del pecado en el sacramento de la Confesión, benditas las manos del sacerdote. Incluso, el sacerdote autorizado por el obispo, utiliza sus manos, las utiliza con poder para arrojar lejos el poder de las tinieblas, el poder de Satanás.

“Vade retro Satanás”, esas palabras dice, en el ritual de exorcismo, el sacerdote, y traza la señal de la cruz, y las manos que han recibido la unción, las manos que han recibido el crisma, son manos que con la oración de la Iglesia y con el poder mismo de Cristo expulsan el poder del enemigo en el sacramental del exorcismo.

Bueno, ese es un aceite que tenemos, el Santo Crisma. Mire, ¡qué hermoso que conozcamos nuestra Iglesia y que la amemos! Si no han asistido a una Misa Crismal, por favor, háganlo, vayan a la Misa Crismal, miren lo que allí sucede, es tan hermoso ver cómo el grupo de sacerdotes alrededor de su obispo, renueva su compromiso sacerdotal, ¿y por qué se celebrará la Misa Crismal el Jueves Santo? Porque es el día en que recordamos la institución de la Eucaristía y la institución del sacerdocio.

Cuando Cristo dijo a sus apóstoles: “Hagan esto en memoria mía” San Lucas 22,19, les estaba haciendo un encargo, les estaba haciendo una petición, nacida de su amor de hermano, y les estaba dando una orden, un imperio, y esa orden de Cristo es la que los constituye a ellos en ordenados, por eso se llama sacramento del Orden, porque hemos recibido la orden de Cristo.

Este venerable hermano sacerdote, este que les habla, nosotros hemos recibido la orden de Cristo, es Cristo el que nos ha ordenado, es Cristo el que nos ha mandado: "Mira tienes que hacer esto", y esa orden de Cristo es la que nos constituye también en un orden dentro de la Iglesia, y por esas dos razones se llama el sacramento del Orden.

Ya que estamos aprendiendo tantas cosas, que yo espero que ustedes encuentren bellas como yo las encuentro bellas, porque para mí conocer la Iglesia es como conocer a mi madre, para mí conocer la Iglesia es como conocer la casa donde vive mi fe, mi Iglesia es mi casa, es la casa donde vive mi fe.

Dijimos que hay tres aceites, y en la ceremonia de Misa Crismal se le presentan tres vasijas al obispo, la primera vasija y la segunda reciben bendición de la mano del obispo, en cambio, el crisma se utiliza una palabra distinta, es consagrar.

Y ahora viene la otra pregunta: y esos otros dos aceites que también se utilizan en los sacramentos, ¿en qué sacramentos se utilizan y cómo se llaman esos aceites? Vamos a aprenderlo. A ver, hay un sacramento en el que se utiliza también aceite, es la Unción de los Enfermos, ¿cuál es el aceite que de manera ordinaria debe utilizarse para la Unción de los Enfermos? Ese aceite que está en una de las tres vasijas.

Ya está descartado el crisma, el crisma es cuento aparte, el crisma es el aceite sacrosanto que sólo se utiliza para el Bautismo, para la Confirmación y para el Orden sacerdotal, no se utiliza para nada más.

Ahora estamos con un segundo aceite aceite, ese aceite, si ustedes entran a muchas sacristías, en las parroquias encuentran que hay unos recipientes, a veces hay unas jarras, a veces unos frascos que están marcados, y uno está marcado con la letra “SC” y eso significa Santo Crisma, y ya ese está explicado; el otro, que es el de la Unción de los Enfermos, está marcado con estas dos letras “OI”, ¿qué significará eso? Pues eso está en latín: "Óleum Infirmorum", el aceite de los enfermos.

En la Misa Crismal, la segunda vasija que se le presenta al obispo, contiene aceite para que el obispo lo bendiga y ese aceite se llama el "OI", “el Óleum Infirmorum”, el aceite de los enfermos, y luego de esa vasija grande que fue bendecida por el obispo, se sacan para los recipientes que los padrecitos llevan a sus parroquias.

Entonces el padrecito tiene, allá en su sacristía, tiene una vasijita que es chiquita, que es la vasijita que es el del “OI”, del "Óleum Infirmorum", entonces cuando usted llama al padre párroco y le dice: "–Padrecito, padrecito, mi tía está muy grave, venga, por favor, para que le dé la extremaunción, -la llamaban algunas personas antes-, pero el nombre propio es: “Unción de los Enfermos”.

Entonces el padre saca de esa vasija, o a veces la lleva porque a veces es como un tarrito pequeñito, entonces el padre lleva su poquito de óleo de los enfermos, y con ese aceite que ha sido bendecido por el obispo, con ese aceite unge al enfermo. Normalmente, lo unge en la frente y en las manos, queriendo significar los pensamientos y las obras, las intenciones y los hechos.

Esa unción de los enfermos es un sacramento bellísimo que expresa la compasión, la cercanía y el perdón de Dios, y con alguna frecuencia la Unción de los Enfermos trae salud, no hay que mirarla como una unción para que se muera, suena cruel eso, ¿no? Pero hay gente que aplaza y aplaza la Unción de los Enfermos, porque son personas supersticiosas que creen que si le ponen la Unción de los Enfermos ya se va a morir, entonces, como diciendo, "para que no se muera, mejor no le ponemos la Unción de los Enfermos", eso se llama una manera muy triste y muy supersticiosa de pensar.

El sacramento de la Unción de los Enfermos no es para que muera, sino para que viva, para que se restablezca, para que tenga vida en abundancia. Pero usted me dirá: "Padrecito, ¿pero por qué entonces si es para que viva, le pusimos la Unción de los Enfermos a mi tía que estab tan enferma y mi tía se murió? Entonces no era para que viviera".

Mira, lo que sucede es que nosotros deseamos que la persona viva, si Dios quiere que viva otro tiempo, ojalá en buena condición en esta tierra, ¡aleluya! Si el Señor tiene dispuesto llevarlo de esta tierra, no es para darle muerte eterna, sino para darle vida eterna. Entonces la persona que recibe la Unción de los Enfermos, aunque no viva para esta tierra, sí que recibe vida y recibe una vida plena y recibe una vida eterna.

Bueno llevamos dos aceites: el Santo Crisma que es lo más hermoso y lo más santo que tenemos en aceites la Iglesia Católica, y el óleo de los enfermos, y ahora queda una tercera vasija que es la se suele presentar primero al obispo en la Misa Crismal, cuando llega el momento de los aceites, y ese aceite, eso sí es muy difícil que ustedes reconozcan ese aceite, pero tal vez haya alguno.

Claro, el padre sí sabe todas las respuestas, a él no le vamos a preguntar, porque son tres vasijas, la una la tiene la letra "S" y la letra "C", “Santo Crisma”, la otra tiene la letra "O" y la letra "I", “Óleum Infirmorum”, el aceite de los enfermos, y la otra en cambio tiene una letra "O" y una letra "C", esa es como mas difícil, ¿que será ese aceite y en qué momento se utiliza ese aceite? ¿Ese aceite para qué es es?

Eso es ya más difícil, es menos conocido; lo del crisma no se los voy a perdonar, que ustedes se confundan con el crisma, es una herida que me llevaré en mi pecho y yo creo que moriré con esa herida; pero esta otra sí es más difícil, "OC" ¿qué significa? "O" debe ser óleum, ¿y la "C" qué será? La "C" quiere decir "catecúmeno", es el "Óleo de los Catecúmenos", ¿qué significa la palabra catecúmeno? Catecúmeno es el que se está preparando para el Bautismo.

¿Cuándo se utiliza el Oleo de los Catecúmenos? En el sacramento del Bautismo. El sacramento del Bautismo tiene dos unciones, al principio se hace una unción con el Oleo de los Catecúmenos y esa unción se hace en el corazón, el objetivo de esa unción es mostrar la penetrante actividad de Dios que derrota el imperio de las tinieblas. La unción de los catecúmenos está vinculada a la convicción de que allí donde llega Dios, cae el imperio de Satanás, está unida a la oración de exorcismo que se hace cuando se bautiza a un niño o también a un adulto.

Entonces representa también la acción del Espíritu en el sentido de su penetrante actividad y su señorío sobre el poder de las tinieblas. Tenemos entonces tres aceites: el Oleo de los Catecúmenos, que se utiliza solamente para el Bautismo; el Oleo de los Enfermos, que se utiliza únicamente para la Unción de los Enfermos; y el Santo Crisma, que se utiliza en el Bautismo, en la Confirmación y en el Sacramento del Orden, esos son los aceites que la Iglesia utiliza en sus sacramentos.

También hay un uso sacramental del aceite, ¿qué queremos decir con un sacramental? Un sacramental es un ritual o un rito que establece la Iglesia para proveer con gracias especiales, bendiciones especiales, de acuerdo con la disposición de los ministros y de quienes lo reciben; o sea que hay varias diferencias entre un sacramento y un sacramental.

Le voy a dar este ejemplo: sacramento es el Bautismo, sacramental es el agua bendita; sacramento es la Confirmación, sacramental es el aceite bendito. Miremos la diferencia entre el Bautismo y el agua bendita. El Bautismo, si se cumplen unas condiciones que son mínimas que pide la Iglesia, mínimas pero muy claras, el Bautismo obra por sí mismo, es decir, como se trata de una institución que viene de la voluntad misma de Cristo, el Bautismo no puede dejar de alcanzar su meta y el Bautismo da esa victoria de Cristo, de acuerdo con lo que hemos aprendido y es verdad.

Es decir, destruye la acción del pecado, nos hace hijos de Dios, nos hace miembros vivos de la Iglesia, eso sucede en todo Bautismo. Incluso, si se diera el caso de un sacerdote que tiene poca fe o que casi ha perdido la fe, o, cambiemos el caso, ¿un laico puede bautizar? Sí puede bautizar, en un caso de emergencia un laico puede bautizar.

Si hay un niño en su casa, un bebé que no ha sido bautizado, se presenta una emergencia, realmente se teme que el niño va a morir en cosa de minutos, es algo grave, es muy grave, no hay manera de conseguir un sacerdote, usted, hombre o mujer, puede bautizar, ¿sabía eso? Muchos sí, otros no, otros me miran con cara de "esto es chino avanzado".

El Bautismo obra desde Cristo y en virtud de Cristo por la institución de Cristo, en teología eso se llama "por la obra que se ha realizado", en latín se dice “ex opere operato”, "por la obra que se ha obrado", así obra el Bautismo y así se obran los demás sacramentos. Lo mismo sucede en la Eucaristía, si un sacerdote tiene muchas dudas de fe sobre la Eucaristía, pero en su intención quiere hacer lo que hace la Santa Iglesia y sigue lo propio del sacramento, ahí está presente el Cuerpo, la Sangre y la divinidad de Jesucristo.

¿Qué sucede en cambio en el agua bendita? El agua bendita es un uso que la Iglesia le da al agua, agua que se ha bendecido, entonces ya no es una institución directamente de Cristo, es más bien una disposición pedagógica, una disposición amorosa y materna de la Iglesia, que depende entonces de la fe del ministro y depende de la fe de la persona que la recibe.

Entonces ya no depende "ex opere operato" sino dicen en latín, "ex opere operantis", es decir, “de aquel que realiza la obra”. Y por eso, cuando nosotros utilizamos el agua bendita, se pide de nosotros un máximo de fe y se pide del sacerdote, del ministro que administra esa agua bendita, que ponga en juego también toda toda su fe.

Una de las cosas que vamos a hacer hoy, esto es una pequeña sorpresa que les tengo, una de las cosas que vamos a hacer hoy es que vamos a ungir, ¿ustedes qué opinan de eso? Vamos a hacer una unción con aceite bendito, pero ustedes no vayan a decir: "¡Ay, el Padre Nelson estaba haciendo unas ordenaciones allá en el colegio!" Tampoco digan: "El Padre Nelson estaba confirmando a los que no estaban confirmados", ustedes lo que puede decir es: "El Padre Nelson nos ungió con aceite bendito".

Es un sacramental, tiene características de un cierto ritual, pero no es una institución que venga directamente de Jesucristo, sino que es un uso pedagógico, un uso materno, un uso caritativo la Iglesia hace de ciertos signos naturales, con un propósito. ¿Y ese propósito cuál es? El propósito de que nosotros recibamos ciertos bienes, de eso es de lo que se trata. ¡Mira todo lo que hemos aprendido hoy!

Repasemos lo que hemos aprendido, así muy rápido. Mire, hemos aprendido que en su Bautismo Jesús recibió su nombre completo, porque hasta el Bautismo Él se llamaba Jesús y después del Bautismo se llamaba “Jesús el Cristo”, que se abrevia Jesucristo. Segunda cosa que hemos aprendido: hemos aprendido que la palabra "Cristo", que en griego se dice Jristós, quiere decir "Ungido", y como nosotros también hemos sido ungidos, nosotros también somos Cristos, nosotros somos Cristos en el Cristo.

Hemos visto también que en el mismo griego, la palabra unción se dice “Jrisma” y ese "Jrisma" es nuestro "Crisma" y ahí empezamos la catequesis sobre los aceites. Vimos que en la Iglesia Católica hay un aceite especialísimo, es el más fino, es el aceite perfumado, es el aceite que es consagrado únicamente por el obispo y se llama "Santo Crisma".

El Santo Crisma se utiliza en algunos sacramentos, a saber: en el Bautismo, en la Confirmación y en el Orden Sagrado. Destacamos el hecho de que en el Orden Sagrado el Crisma se pone sobre las manos, indicando así que las obras del ministro de Dios, -las manos representan lo que uno hace, las obras-, que las obras del ministro de Dios sean obras de santidad, de santificación, ese es el crisma.

Pero hay otros dos aceites, el aceite de los enfermos, que se abrevia en latin “OI”, "Óleum Infirmorum", y el aceite de los catecúmenos, que representa la actividad poderosa y penetrante irreversible de Dios que le da la victoria sobre el poder de las tinieblas, ese es el óleo de los catecúmenos. El óleo de los catecúmenos se utiliza en el sacramento del Bautismo, porque el catecúmeno es el que se está preparando para el Bautismo, mientras que el óleo de los enfermos se utiliza únicamente en la Unción de los Enfermos, estos son los usos del aceite en los sacramentos.

Y luego finalmente hemos hablado de que también hay sacramentales, con la diferencia de que los sacramentales no son directamente instituidos por Cristo, ni tampoco obran únicamente "ex opere operato", "por la obra que se realiza", sino que entra en juego, particularmente, cuál es la actitud del ministro y cuál es la actitud del que recibe.

Con esa catequesis que hemos recibido hasta este momento, les pido que nos pongamos de pies, porque todo el propósito de este retiro es que se renueve la unción, que eso que tú recibiste en el Bautismo, esa unción que llegó a ti en el Bautismo se renueve.

Por eso les voy a pedir el favor aquí a mis hermanos del ministerio de música, vamos a cantar al Espíritu Santo pidiendo la renovación de nuestra unción, y luego vamos a tener uno o dos cantos, hacemos un momento de oración y terminamos con una reflexión sobre lo que significa la obra del Espíritu en Jesucristo, para que veamos, mis hermanos, todo lo que nosotros podemos esperar de este Ungido, de este Cristo.

Me falta decirles una perla muy hermosa: ¿sabes tú cómo se dice ungido en la lengua hebrea? ¿Sabes como se dice? "Mesías". Fíjate, en hebreo se dice "Mesías", en griego se dice "Cristo", en castellano se dice “Ungido”, el "Mesías", por eso somos el pueblo mesiánico, nosotros hemos recibido el encargo de anunciar la salvación, de llevar la unción de Cristo.

Y yo quiero, en el nombre del Señor, que cuando tu salgas de este congreso, tú lleves ese poder del Espíritu, para que esas obras que contemplamos en Jesús, se realicen también en tu vida.

A ver, ¿cuál es ese canto con el que vamos en este momento a clamar la renovación? Dile al Señor en tu corazón: "Yo soy ungido. Tú me has ungido, Señor. Renueva la unción, renueva el don del Espíritu en mí”.


"Ven, Espíritu, ven, y lléname, Señor, con tu preciosa unción".

Desde el fondo de tu alma:

"Ven, Espíritu, ven, y lléname, Señor, con tu preciosa unción".

Clama con fe:

"Purifícame y lávame, restáurame, Señor, con tu poder".

"Purifícame y lávame, renuévame, restáurame, Señor, te quiero conocer".

Ven, Espíritu ven y lléname, Señor, con tu preciosa unción".

¡Tu precisa unción!

"Ven espíritu ven y lléname Señor con tu preciosa unción".

Quiero oírte:

"Purifícame y lávame, renuévame, restáurame, Señor, con tu poder".

"Purifícame y lávame, renuévame, restáurame, Señor, te quiero conocer".

Pues sí, Señor, un día el agua corrió sobre mi frente, nací para ti, Señor; un día, en brazos de mis padres o padrinos recibí esa agua fresca, yo no sabía lo que estaba pasando, Señor, pero tú sí lo sabías, tú sabías que en ese momento yo nacía para el cielo, para ser tuyo, para ser eternamente tuyo, profundamente tuyo, completamente tuyo. Bendita la hora de mi Bautismo, bendito ese momento, Señor.

Y la mano de un ungido, seguramente un sacerdote, una mano que tú habías ungido previamente con el crisma, tomó un poco de ese aceite santo y trazó la señal de la cruz sobre mi frente y en ese momento, Señor, quedé sellado, recibí el sello; en ese momento, Señor, y para toda la eternidad, mi nombre quedó entrelazado con el tuyo; en ese momento, Señor, y para toda la eternidad, yo soy Cristo, como tú eres Cristo; en ese momento, Señor, y para toda la eternidad, un lazo de amor me amarró a tu Pascua; en ese momento, y para toda la eternidad, tus ojos se posaron sobre los míos y mi corazón aprendió a palpitar junto el tuyo. ¡Bendita hora de mi Bautismo! ¡Bendita unción!

Ese perfume, Señor, el perfume más suave, el más delicado, el más penetrante, el más aromático y delicioso que tiene la Iglesia, ese perfume envolvió todo mi ser; pero a lo largo de los años, Señor, he perdido ese perfume, han llegado otras voces, en vez de las aguas cristalinas del Bautismo, he conocido aguas corruptas, aguas hediondas.

Señor, necesito que tú renueves el torrente primero, porque otros aromas también han llegado a mi vida, incluido el azufre detestable del pecado y del demonio. Trae, Señor, el viento de tu Espíritu, aparta esas miasmas, aparta el hedor del pecado, renueva ese día en que yo olía a Jesús, renueva el día en que yo olía a unción, renueva el día en que yo olía a crisma, renueva ese día, Señor, renueva esa gracia, Señor.

Que venga el poder del Espíritu, Señor, que venga el poder de la gracia, Señor, que venga el poder, Señor. Con tu fuego consume lo que me aleja de ti; te doy permiso, Señor, en esta hora y en este lugar, te doy permiso en este sitio y en este tiempo, te doy permiso, Señor, de que tú quemes con tu fuego lo que me aparta de ti, Señor.

Quita todo eso, consúmelo, Señor, y que venga la unción purísima de tu Espíritu, Señor. Ven con ese poder del Espíritu, Señor. Renuévame, haz que yo pueda ser como ese Jesucristo, dame mi nombre completo, Jesús recibió su nombre completo, yo quiero mi nombre completo, mi nombre completo es Cristo, mi nombre completo es Ungido, mi nombre completo, Señor, sólo tú lo conoces, solo tú lo puedes pronunciar. ¡Bendito seas, Dios mio!

Vamos a pedir ese paso, ese ventarrón del Espíritu, ese poder de la gracia para que tú y yo nos gocemos en el huracán de la gracia, nos gocemos en el ventarrón del Espíritu, que tú seas levantado. Siente tú, hermano, cómo el poder del Espíritu te levanta de la mediocridad, te levanta de la pereza.

La pereza se está entrando en la Renovación Carismática, nos volvemos inactivos, nos volvemos perezosos, inconstantes, cobardes, ¡nada de eso! Deja que venga el viento del Espíritu, mira cómo te levanta, como ese gran santo, bendito, Martin de Porres, te amo, beso con respeto tus sandalias, Martín de Porres.

Martín de Porres era tomado por el Espíritu, y era tanta la fuerza, que levitaba, hermanos, se levantaba el santo, se levantaba de la tierra atraído, irresistiblemente hacia la gloria del cielo. ¡Bendito sea Martin de Porres y la ciudad que él santificó con sus pisadas! ¡Bendito sea Martín de Porres y el Perú tan amado por el Señor!

¡Toma, Señor, la intercesión de Rosita de Lima, de Toribio de Mogrovejo, de Francisco Solano, toma la intercesión de Juan Macías y de Martin de Porres y dale una nueva generación de santos a este pueblo tan amado, a este país que te pertenece, Señor! ¡Ven con el poder de tu Espíritu , ven, ven, Señor!

Canto:

Úngeme, Señor, otra vez, úngeme con tu poder, úngeme con tu Espíritu, úngeme, Señor, otra vez.

Úngeme, Señor, otra vez,

¡Créelo, hermano, créelo!

úngeme con tu poder, úngeme con tu Espíritu, úngeme, Señor otra vez.

Úngeme, Señor, otra vez,

¡Üngeme, Señor, úngeme!

Üngeme con tu poder, úngeme con tu Espíritu, úngeme, Señor, otra vez.

Renuévame Señor otra vez, renuévame con tu poder, renuévame con tu Espíritu,

renuévame, Señor, otra vez.

Renuévame, señor, otra vez, renuévame con tu poder,

renuévame con tu Espíritu, renuévame otra vez.

Gracias, Señor, porque tú tomas nuestra humildes plegarias, Señor; gracias, porque para que podamos orarte, tú mismo te haces oración en nuestros labios.

Mira, en tu corazón está el borbotón, está el murmullo del Espíritu. Ve sintiendo cómo llega a tu boca, siente cómo, desde tu corazón, va subiendo una alabanza, ve sintiendo, simplemente suéltate, hermano, y siente cómo el Señor toma tu pecho, toma tus pulmones, cómo el Señor juega en tu boca, siente cómo el Señor empieza a bendecir. Alabado seas, Señor.

Suéltare,hermano, suelta esa boca, siente el canto del Espíritu, el canto del Señor, el canto del Espíritu Santo en tu garganta; suéltate, hermanita, solamente deja que el murmullo del Espíritu brote. Alabado seas, Señor, bendito seas, Señor, gloria a ti, Señor, gloria a ti, gloria a ti, Jesús Jesús, Jesús, bendito seas.

Suelta esa boca, deja que el canto salga, no le pongas barreras al Señor, deja que salga ese fuego, deja que el Señor te convierta en un arpa de su espíritu, deja que el Señor cante, deja que el Señor, renueve el don, deja, tu y yo sabemos que tenemos que renovarnos, deja que el Señor, suelta, mira como se va soltando la voz, alabado el Señor Jesús, es el ungido, el crisma de salvación, alabado seas oh Señor, bendito seas, gloria a ti Señor, bendito seas, bendito, bedito seas, gloria a ti, Señor.

Suelta, suelta esa boca, suéltala, deja que el canto salga, no le pongas barreras al Señor, deja que salga ese fuego; deja que el Señor te convierta en un arpa, un arpa de su Espíritu; deja que el Señor cante, deja que el Señor renueve el don. Tú y yo sabemos que tenemos que renovar el don, ¿sí o no? Tenemos que renovarnos. Suelta, suelta, mira cómo se va soltando la voz. ¡Alabado, Jesús! Jesús es santo, Jesús es el Hombre espiritual, Jesús es el Ungido, el Crisma de salvación. Alabado, alabado, alabado seas, ¡oh, Señor! ¡Bendito seas! ¡Bendito seas! ¡Gloria a ti, Señor!....

Suelta un poco más, simplemente pon tu mirada en Jesús, deja atrás tantas cosas, sólo maravíllate viendo a Jesús, acuérdate cómo sale del Bautismo este Jesús, yo lo veo: ¡Es tan bello, es tan hermoso! Míralo cómo sale del agua, "eres el más bello de los hombres; en tus labios se derrama la gracia; el Señor te bendice eternamente. Cíñete la espada, valiente es tu gala y tu orgullo. Cabalga victorioso por la verdad y la justicia; tu diestra te enseña a realizar proezas. Tus flechas son agudas, tus enemigos se te rinden" Salmo 45,3-6

¡Bendito, Jesús, el Ungido! ¡Bendito el Mesías, el Ungido! ¡Santo, Santo y poderoso, Santo, cabalga victorioso por la verdad y la justicia; sal, cabalga, Jesús, cabalga victorioso; recorre esta asamblea, Jesucristo; recorre, Señor, esta asamblea, colma de bendiciones al pueblo hambriento; derrama tu bendición, Señor.

¡Bendito seas, Señor! ¡Qué hermoso es el Hijo de Dios! ¡Qué hermoso el Hijo de María! ¡Qué hermoso el Buen Pastor! ¡Qué hermoso Abogado nos ha deparado el cielo! ¡Qué bendito Líder y Salvador! ¡Hijo de David, ten compasión de mí! ¡Bellísimo Cristo, te proclamo como Rey, Rey bendito de mi alma! ¡Santo Santo, Santo, Santo, Santo, Santo, Santo, Santo, Señor! ¡Cristo vive, Cristo reina, Cristo impera! ¡Bendito seas, Señor!

Prepare un canto para Cristo, para el Señor, Él es el Señor, Él Ungido, ante Él se dobla toda rodilla, ante El cae todo poder de las tinieblas; nada nada puede Satanás, nada puede el enemigo, nada puede el pecado, nada pueden las tinieblas, nada pueden! ¡Cristo reina, Cristo impera, Cristo vive! !Santo, Señor!

Canto:

Jesús, tú eres la persona más importante en este lugar.

Que se escuche:

Jesús, tú eres la persona más importante en este lugar.

¿Quién es Él, quién es El? Dilo, dilo:

Rey de reyes, Señor de señores, Aquel que mi vida cambió.

Dilo más fuerte, dilo, dilo:

Rey de reyes, Señor de señores, Aquel que mi vida cambió.

Jesús, tú eres la persona más importante en este lugar.

Jesús, tú eres la persona más importante en este lugar.

¿Quién es, quién es?:

Rey de reyes, Señor de señores, Aquel que mi vida cambió.

Rey de reyes, Señor de señores, Aquel que mi vida cambió.

Rey de reyes, Señor de señores, Aquel que mi vida cambió.

Rey de reyes, Señor de señores, Aquel que mi vida cambio.


Bendito seas, Jesucristo; gracias, Señor, gracias.

A ver, ¿quién le tiene amor a Cristo para que le dé un aplauso?