La Humildad de Cristo, 11 de 12, El Resucitado
Cuando los generales romanos obtenían victorias, esas victorias añadían terrenos, riquezas y posibilidades al imperio, pero también añadía bastante a la gloria personal del victorioso. Y por eso era famoso, entre los romanos pero también en otras culturas, que después de lograr una victoria, el general respectivo hacía un gran despliegue, lo que se llamaba un "triunfo", en griego llaman a eso una "parusía".
Es como un desfile solemne, glorioso, que iba acompañado de música, iba acompañado de animales extraños, y, sobre todo, hacia la parte final del desfile, se llevaba usualmente en una jaula, o si no con una cadena al cuello, al general o al rey al que hubieran derrotado los romanos. Era, por supuesto, una manera de humillar al que había sido derrotado, y a la vez exaltar la propia gloria.
Entonces, si se venció al rey de Bitinia, el general que había vencido a este rey, pues hacía una gran entrada en Roma, que se convertía como en un día de asueto, un día libre y de carnaval; se repartían regalos, se repartía trigo, el trigo fue siempre muy apreciado como regalo de los potentados para el pueblo, se podían llevar animales extraños, sobre todo si eran de esa región, en algunos de esos desfiles llevaban elefantes o llevaban leones, y al final, vuelto una miseria, herido, destrozado, en cadenas, el rey de Bitinia, que fue el perdedor.
A veces, ese cortejo triunfal terminaba con la ejecución del mismo rey, el rey vencido, por supuesto; otras veces se le sometía al exilio o a otro tipo de penalidad.
Ese despliegue de orgullo tiene un contraste total, un contraste inmenso con lo que sucede en el caso de Cristo. Y por eso, yo creo que es muy importante hacer esta meditación. Les confieso que tratando de recoger algún material para esto que estoy exponiendo, veo que de esto no se habla nunca: la humildad del Resucitado.
Y es muy importante mostrar la humildad del Resucitado porque la humildad de Cristo, en su victoria, nos muestra qué clase de victoria es la suya, pero de esto se predica demasiado poco. Yo no fui capaz, quizás me falta saber buscar mejor, pero yo no fui capaz de encontrar gran cosa sobre esto. Por supuesto, como nosotros llevamos esta línea en el retiro, pues me interesa mucho que lo veamos; pero a la vez, me llama mucho la atención que de esto casi no se predica, ni se medita, ni nada, ¡y es tan importante!
Porque claro, cuando esos generales romanos hacían ese despliegue arrogante y a la vez cruel, la crueldad podía llegar incluso a que la persona derrotada ni siquiera se le dejaba caminar, sino que que se le arrastraba despedazándole el cuerpo. Ese despliegue de arrogancia y de crueldad en la victoria está mostrando cuál es el corazón que logró esa victoria, y qué es lo que quiere ese corazón.
Por el contrario, la exquisita humildad, la dulce caridad de Cristo en su resurrección, está mostrando qué corazón fue el que logró esa victoria. O dicho de otra manera, la humildad de Jesús en su victoria es una revelación de su Sagrado Corazón. Ver a Cristo tan humilde en su victoria es una manera hermosa de aproximarnos a la hermosura de ese Corazón, es un modo de acercarnos verdaderamente a Aquel que tanto hizo por nosotros.
Los puntos que aparecen a continuación nos ayudan a desglosar un poco la riqueza que tiene este misterio:
LA HUMILDAD DEL RESUCITADO
-. Nada de triunfalismo
-. No se impone; se ofrece
-. Anuncia otro don
-. Comparte su herencia
-. Acompaña, consuela, fortalece
Y empezamos por el hecho de que no hay ningún triunfalismo. Un desfile triunfal o una marcha triunfal es la marcha de un triunfo, y el triunfo ya vimos que era esa parada, esa ceremonia que hacían los generales romanos.
Hay varios autores, -yo no soy experto en Roma, yo creo que mi papá puede saber un poco más de Roma por sus clases de Derecho Romano y su estudio de la cultura romana-, pero una cosa que sí es cierta es que para los romanos en un momento dado la gloria, sobre todo la gloria militar era más importante que las riquezas, más importante que las tierras. Porque cuanto más glorioso fuera ese triunfo, fuera ese despliegue, más influyente era esa persona.
Realmente, lo que estaba haciendo el general romano era mostrándole al imperio: "Mira yo cuánto te puedo dar". Y por eso, en esos desfiles algunos de estos generales gastaban de su propia fortuna, de modo que como negocio era pésimo, porque para darle regalos a miles y miles de personas, y para hacer todo ese desfile con la corona de laurel y con todo ese tipo de cosas, o lo que utilizaran, eso valía muchísimo dinero.
Pero es interesante ver por qué ellos lo valoraban tanto. Es que en Roma lo militar y lo político no estaban separados como sucede en nuestras culturas y sociedades. Para nosotros sería repugnante e inaceptable que un militar pretendiera hacer política, entre los romanos eso era lo normal. El militar victorioso lo que le estaba diciendo al imperio era: "Mire todo lo que yo le doy, mire todo lo que yo hago por usted". Y eso lo situaba, de acuerdo con el tamaño de la victoria, eso lo situaba en una estatura, lo situaba en un nivel de influencia.
Porque la política entre los romanos funcionaba con un sistema que era el sistema de los clientes, de ahí vendrá la palabra "clientelismo" también. Puede decirse que el sistema de clientes de la política romana era algo así como una formalización de las influencias, los favores y las intrigas, todo a la vez. Un gran general, que obtenía una gran victoria, lo que estaba diciendo es: "Le conviene ser amigo mío porque yo tengo una gran influencia", y esa influencia era la que luego permitía todo, incluyendo puestos, riqueza, amigos, o desquitarse de los enemigos.
Bueno, ese es el caso con estos paganos. En Cristo no hay nada de triunfalismo, Cristo no hace un desfile triunfal, aunque la Carta a los Colosense sí nos habla de un desfile triunfal, sólo que ese triunfo de Cristo, esa marcha victoriosa de Cristo es distinta, no está motivada ni por la vanidad, ni por la arrogancia, ni por la crueldad, ni por el desquite.
Empecemos por ahí. Cristo resucitado no se aparece allá en la oficina de Pilato a decirle: "Bueno, ahora sí, ¿en qué fue que quedamos?" Cristo no va donde Herodes a decirle: "Con que muy burletas, ¿no?" Sobre todo, Cristo no va donde el archienemigo de Cristo, que sabemos que más que Judas Iscariote era Anás, acuérdese que Anás fue el arquitecto de la muerte de Cristo en su mayor parte, por sus propias razones, por lo que fuera.
Anás es el cerebro oscuro que planea, que diseña cómo hay que dar los pasos exactamente para lograr deshacerse de Cristo en la noche, para lograr que el pueblo no se subleve y para lograr que los romanos no teman nada, eso era lo que necesitaba Anás: "Hay que deshacerse certeramente de este loco alebrestado, hay que lograr que el pueblo no se subleve, y hay que lograr que los romanos se queden quietos".
"Desaparecido el estorbo del Nazareno, la gente lo extrañará un tiempo y luego se calma, los romanos descubrirán que seguimos siendo sus aliados y nosotros, como dicen en inglés, "business as usual", todo sigue normalmente, la vida sigue sin problema", ese era el plan de Anás.
Pero resulta que en el primer día de la semana, es decir, lo que corresponde al domingo nuestro, empiezan a llegar unas noticias: "Oiga, que no aparece el cuerpo del Nazareno", primer dolor de cabeza para Anás; pero es un hombre de rápido pensamiento, entonces él dice: "Pues lo que hay que hacer es sobornar a los soldados romanos, y que ellos digan que mientras dormían, les robaron el cuerpo" San Marcos 28,13. Y ahí es en donde se burla San Agustín y dice: "¿Exhibes testigos dormidos? ¡Valiente testimonio el de estos dormidos!"
Jesús no toma una actitud triunfalista, puede parecer la pregunta más ingenua del mundo, pero hagámosla: ¿por qué? ¿Por qué Jesús no va a donde sus verdugos, empezando por estos arquitectos de su condena y muerte, por qué no va a donde ellos a desquitarse o a poner las cosas claras? Por supuesto, nuestra respuesta es una conjetura, no tenemos una respuesta definitiva, pero hay algo que podemos saber, y es que Cristo, en los días de su vida mortal, hizo siempre del Evangelio una oferta; el Evangelio siempre es ofrecimiento; el Evangelio no es imposición; el Dios que parece imponerse, -de ahí viene la palabra "imponente", por supuesto-, el Dios imponente, el Dios que aplasta, ese Dios poco logró.
A ver lo digo con una frase más clara: Dios, el único Dios, ya había intentado la fórmula del grito, de la imponencia, del portento; Dios ya intentó muchas veces el portento, y el portento no sirve, el portento no convence, mire, el portento no convierte, y esta es la frase más importante de esta enseñanza: el portento no convierte, al corazón humano no se le convierte a través de portentos, a través de imponencia; los milagros más grandes, los prodigios más espectaculares, las señales en el cielo, todo eso ya se intentó en el Antiguo Testamento, y eso no convierte.
Mencionemos algunos de los portentos: ¿cómo recuerda el pueblo de Israel el cruce del Mar Rojo? Ahora hay exégetas que dicen muchas cosas, dicen no, que eso hay tiempos en el que el mar se pone pandito, pandito, pandito, es como un afán de quitarle todos los milagros a la Biblia, como si eso facilitara la fe. El hecho es que en la memoria del pueblo, la salida de Egipto fue portentosa, y ellos durante todo el día veían una columna de nube, y durante la noche, una columna de fuego.
Era un portento y un portento cotidiano, y la columna de nube los guiaba, ¿qué es la nube? La nube es la señal de la presencia incomprensible de Dios; la nube sirve para decir: "Ahí está Dios pero no lo veo"; la nube es al mismo tiempo el Dios que se hace visible pero que sigue siendo invisible, esa es la maravilla de la nube. Por eso la nube es tan importante a lo largo de la Escritura, y por eso Cristo, cuando asciende a los cielos, queda en una nube, esa nube significa sobre todo la gloria divina.
Entonces portentos ya habían visto, en el Sinaí vieron portentos, ya aquí mencionamos los portentos que ellos vieron en el Sinaí, que hicieron que quedaran aterrados hasta el punto de decirle a Moisés: "¿Sabe qué? Mejor háblenos usted, hermano, porque esos truenos nos tienen temblando". Los portentos ya habían sucedido.
Mire, cuando usted vaya a buscar milagros, no los busque únicamente en la vida de Jeśus, por supuesto que nuestro divino Salvador hizo prodigios maravillosos, pero cuesta encontrar un milagro que haya hecho Cristo que no aparezca en el Antiguo Testamento, incluyendo resucitar muertos.
O sea que los milagros no son la originalidad de Cristo, además algunos de los milagros del Antiguo Testamento son tan bonitos, ¿qué tal esos milagros de Eliseo, que es el profeta taumaturgo por excelencia, Eliseo, acuérdese de ese hombre que sólo tenía un hacha, con tan mala suerte que iba a dar el hachazo y se le salió el cabezote de metal, y cayó al agua y se le hundió, ¡ah! Y él dice: "¡Ay, Eliseo mi hacha se me dañó!" Y Eliseo hace una oración y el metal flota, ¿no le parece a usted un milagro?
Es que yo digo que los niños no deberían ver tiras cómicas, no hace falta que los niños vean, sobre todo las tiras cómicas actuales y los programa actuales son más veneno que otra cosa. Todavía las tiras cómicas que existían en mi tiempo, -y aquí vamos a averiguar edades-, a ver, ¿quién se acuerda de "Centella?" Ah, entonces ahí vamos encontrando edades. Todavía en esa época, las tiras cómicas de mi época, el "Agente S-5", ya cuando una persona se acuerda del "Agente S-5", ya uno dice: "Bueno, válgame Dios, ya estos son palabras mayores".
Yo sé que hay algunas que no van a admitir que veían el "Agente S-5" para que no le averigüen la edad. Claro, yo vi el "Agente S5" en blanco y negro, para que ustedes vean la edad del sujeto, claro, eso era así, en un televisor "Philips", de aquella época.
Oiga, los niños no deberían estar viendo tiras cómicas, deberían leer más la Biblia, y la Biblia que hay que leer no debe ser una Biblia ilustrada, eso lo tendremos que explicar en otro retiro o en un cursos que hagamos con catequistas, o con educadoras, o esto. Después de muchos análisis y estudios con mis amigos de "Sanctus", la conclusión a la que hemos llegado es que la mejor catequesis para los niños no es catequesis con dibujos, a pesar de todo lo que digan los pedagogos, pero ese tema no lo podemos desarrollar hoy porque hoy tenemos que terminar nuestro ciclo de predicaciones.
La mejor catequesis y la mejor manera de despertar la imaginación de los niños no es darles dibujos, ni dibujos "Manga", o "Ninja", o de los que sean por allá asiáticos, ni dibujos de tiras cómicas; la mejor manera de despertar la imaginación en los niños es contarles historias y obligar al cerebro del niño a que cree la imagen, eso es mucho más pedagógico, mucho mejor. Cuantas menos imágenes, mejor.
La vida en la familia debe tener muy pocas imágenes. Nosotros no somos iconoclastas ni tampoco creemos el absurdo de los protestantes de que las imágenes son idolatría; pero, en las casa y en los conventos debería haber pocas imágenes, pocas, pero muy bellas, y muy santas, y muy inspiradoras, eso es lo que debe haber en las casas y en los conventos. Esa es la catequesis que hay que dar.
¿Por qué llegamos al tema de las tiras cómicas? Porque estábamos hablando de prodigios. Los prodigios maravillosos, prodigios bellísimos están en el Antiguo Testamento. Jesús no detuvo el sol, en cambio, en el libro de Josué se cuenta que el sol se detuvo, ¿ah? Y en el libro del profeta Isaías se cuenta que el tiempo se devolvió, ¿te acuerdas cuando está el rey, que toca decirle al rey Ezequías que sí se va a curar, que Dios le va a dar más tiempo, y el rey estaba tan enfermo, que por utilizar una expresión de los adolescentes de nuestra época, el pobre Ezequías estaba en la inmunda.
Oiga, y Ezequías ya no creía así como mucho, que Dios le fuera a dar más tiempo, que tiempo ni que más tiempo, ya esto se acabó, ya Ezequías decía lo que dijo el tahúr que se estaba muriendo: "Voy restos, ¡esto aquí, esto se acabó!" Y entonces Isaías le dice: "Dios te va a dar más tiempo", pero Ezequías no lo puede creer, y entonces le muestra el reloj de sol que estaba ahí en el palacio, y le dice: "¿Qué quieres, que la sombra avance diez grados o que retroceda diez grados?" Oiga, que son valientes esos profetas, ¿ah?
Y Ezequías, que ya no creía en nada, ni en el rejo de las campanas, porque no había campanas tampoco, le dice Ezequías: "Que avance la sombra diez grados, es fácil; lo difícil es que retroceda diez grados" 2 Reyes 20,10. Isaías hace una oración: retrocede la sombra; es decir, oficialmente, lo que cuenta la Biblia, luego que vengan toda las explicaciones de todos los teólogos que quieren negar todos los milagros, como a ellos no les han pasado milagros, no creen; como a mí sí me han pasado, entonces yo tengo que creer, porque a mí me han pasado milagros, y yo soy un pecador, a mí me ha pasado, que uno ore por una persona, y se cure.
En este momento, -esto no lo tomen como ninguna señal de que yo sea nada-, pero en este momento yo puedo contar ocho personas, es decir, ocho parejas, en las cuales hay ocho mujeres que no podían tener hijos, médicamente, y que han tenido hijos, después de oración. Y la primera persona que me invitó a hacer oración por una estéril, o por una que no podía tener hijos, fue mi madre.
Y con la oración de mi madre y la mía, durante este tiempo de sacerdocio, hay ocho personas a las que aparentemente les ha sucedido ese milagro, ¿entonces yo cómo no voy a creer en milagros? ¡Uno tiene que creer que hay cosas fantásticas que Dios hace, maravillosas, y que la gente se cura!
Yo todavía no era sacerdote cuando en un grupo de oración oramos por un muchacho que estaba tan triste, un universitario, tan triste, tan triste, nos llevó sus exámenes de un temor que tenía, que, "por favor, ayúdenme". Y esa fue una experiencia muy extraña. Nos pusimos a orar, -éramos unos poquitos-, nos pusimos a orar por ese cáncer, a pedirle a Dios que sanara a ese muchacho.
A los ocho días, que se volvía a reunir el grupo, no apareció el muchacho, entonces pensamos que él había muerto, uno tiene que estar listo para todo, ¿no? A los quince días apareció, jubiloso, dándole gloria a Dios, se había hecho exámenes, el tumor había desaparecido, ¿Ah? ¿Y entonces esos cómo se entiende?
Uno tiene que creer en los milagros, y hay que pedir milagros por intercesión de nuestros santos fundadores, y hay que pedir milagros por la amable intercesión de la Madre María Sara. Ustedes tienen que pedir milagros porque eso sucede, eso es parte del plan de Dios, no es todo pero es parte, y esas cosas pasan.
Y el muchacho quedó tan feliz con la curación de su cáncer que nunca volvió al grupo de oración. Ahí aprendí yo que las sanaciones suceden, pero las sanaciones no son todo. La curación le puede servir a Dios para muchas cosas, pero la curación depende mucho de cómo la use cada corazón.
Estamos en el tema de los portentos. Los portentos fallan. ¿Qué más le pide usted a Dios que ver una roca, golpear una roca, que se haga una grieta y empiece a salir agua de la roca? Y cada vez sale más agua y más agua hasta que se forma un arroyo y la gente puede beber, o sea, no son tres gotas, ¿no? No son tres gotas, eso sucedió en el lugar que se llaman Masá y Meribá, lugar de la prueba y la tentación, que no es tentación de los hombres sino donde se tentó a Dios.
¡El Antiguo Testamento está lleno de unos milagros! Dígame el milagro de Elías y la viuda, ¡qué cosa tan linda! ¡Que de eso salen unas catequesis preciosas! Pero ustedes procuren no darle dibujitos a los niños, si acaso póngalos a dibujar, pero no les den dibujos a los niños, así como sugerencia, otro día hablamos más de eso.
Mire, ¿cuál es el límite de los portentos? El límite de los portentos lo muestra el mismo Jesús: "¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Que sin en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en ti..." San Mateo 11,21. "Y tú, Cafarnaúm, ¿crees que vas a ser exaltada hasta los cielos? En el abismo te vas a hundir. Porque si en Sodoma y en Gomorra se hubieran hecho los milagros que en ti, todavía susbsistirían" San Mateo 11,23.
El camino de los portentos no va muy lejos. Como a mí me ha pasado eso de que la gente reciba un milagro pero no se convierta, como fue el caso del muchacho del cáncer, entonces yo me he puesto a pensar, a orar, a discernir y a preguntar qué es lo que falla con los milagros.
La respuesta a la que he llegado, -otro encontrará otra respuesta mejor-, es la siguiente: lo que falla en los milagros es: que no necesariamente tocan el corazón, esa es la primera parte de la respuesta. Y la segunda parte de la respuesta es: lo que falla en los milagros es que la persona que recibe el milagro no suelta el timón de la vida.
Y las dos respuestas van unidas, lo que falla en los milagros es: que el que recibe el milagro sigue con el timón en la mano, eso es lo que falla. En cambio, hay otra arma de Dios que es la predicación. La predicación sí puede llegar más profundamente. La predicación puede lograr lo que no logran los milagros, y por eso Jesús quiere que la gente no se quede en el milagro, y por eso Jesús quiere que la gente más bien recuerde las palabras y repita las palabras, porque esa es mejor estrategia.
¿Usted ha caído en cuenta la cantidad de veces que Jesús después de un milagro le dice a la persona: "No se lo vaya a decir a nadie"? Que a veces son cosas como absurdas, porque, por ejemplo, un ciego que se cura, ¿cómo no le va a decir a nadie? O sea, llega a la casa viendo: "-Mamá, te luce esa blusa". "¿Cómo, y usted ya ve?" ¿Ah?
¿Cuál es el sentido del secreto mesiánico? Secreto mesiánico se llama a esa estrategia de Jesús de decirle a la gente: "No cuente el milagro". ¿Cuál parece ser el sentido, el por qué del secreto mesiánico? El sentido parece ser este: que Jesús quiere que la persona después de recibir el milagro, en vez de derramarse en una algarabía exterior, entre en una peregrinación, vaya a su corazón y aprecie lo que Dios le ha hecho, aprecie lo que Dios ha hecho por él.
Por eso Jesús lo despide con una frasecita o dos y lo manda a retiro espiritual, eso es lo que hace Jesús, después del milagro manda a la gente a retiro, para que en el silencio le retumbe, le resuene esa palabra: "Tu fe te ha salvado", ese palabra tiene que quedarle aquí en el corazón,tien que resonar: "La fe salva, la fe salva". Entonces hay algo más profundo que el portento: la Palabra; y hay algo más profundo que la Palabra, el amor de la Cruz.
Ahora ya podemos superar ese primer punto que mencionamos más arriba: ¿Por qué Cristo no toma una actitud triunfalista? Porque a Cristo le interesan corazones, porque Cristo quiere llegar, y quiere sanar, y quiere convertir, y los portentos no son lo mejor.
Hay una historia preciosa de un hombre llamado Longuino. Longuino es el soldado romano, de acuerdo con la tradición, es el soldado romano que con su lanza atravesó el corazón de Cristo cuando ya el Señor había muerto. Longuino atravesó con su lanza el corazón de Cristo, de ese corazón salió sangre y agua, y esa sangre y esa agua lavaron la mano de Longuino, él fue bañado en la sangre de jesús.
Por supuesto, Longuino era pagano, era un torturador, era un verdugo, estaba en el piquete de soldados encargados de matar esclavos, y era un hombre con el corazón más duro que el pedernal; pero Longuino fue bañado por la sangre de Jesús. Y resulta que este Longuino, según una tradición muy firme y muy antigua, se convirtió, él se volvió cristiano; el que atravesó a Jesús con la lanza, se convirtió.
En la Basílica de San Pedro, que como ustedes saben tiene forma de cruz, en la parte central, donde está el altar mayor, pues quedan las cuatro grandes columnas, y esa cuatro grandes columnas, en la parte interior tienen sendas estatuas, una de las grandes estatuas, mirando de frente, yo diría que es la que está delante del altar y a la derecha, es la estatua de Longuino.
Longuino se convirtió, pero no se convirtió por un grito ni por un portento, se convirtió por el valor de esa sangre, se convirtió por el testimonio de esa sangre; parece que el centurión romano también se convirtió, de ese centurión se habla en el capítulo número dieciséis del evangelio de San Marcos. El centurión romano es aquel que dice, cuando Cristo da su último grito y expira, dice: "Verdaderamente este era Hijo de Dios" San Marcos 15,39.
Jesús sí quiere ganar corazones, y los corazones no se ganan aplastándolos, se ganan sanándolos, amándolos, sirviéndolos, hablándoles. Por eso, ni el Resucitado es triunfalista, ni nuestra santa y bendita Iglesia Católica puede ser triunfalista. El triunfalismo es un rezago de una etapa que ya quedó superada incluso en el Antiguo Testamento.
El triunfalismo, ese creer que cuanto más fuertes seamos, más conversiones vamos a tener, no. Muchas veces lo que más convierte, lo que más impacta no son las grandes estructuras, que es otro rezago de triunfalismo, sino la sencillez de una vida entregada por los más necesitados.
Yo he tenido ocasión de visitar a las Misioneras de la Caridad, las de la Madre Teresa de Calcuta, en varios países, y he tenido oportunidad de ver el impacto que causan estas mujeres y sus obras en la gente. Una de las cosas que más le impresiona a la gente, no digo yo para que ustedes lo fotocopien porque cada comunidad es cada comunidad, pero una cosa que impacta mucho lo vi en el rostro de la gente, por ejemplo, allá en Lima, donde fui a un hogar de estas Madres.
Llega la gente, claro, les colabora mucho, sus donaciones, dinero, alimentos, todo, pues, para la gente que ellas atienden. Y entonces yo fui allá para una Eucaristía y llegaron también otras personas que llevaban algunas donaciones. Las Hermanas, por supuesto, invitaron a la gente a que se uniera a la Eucaristía.
Bueno, cuando vamos llegando a la Eucaristía, y resulta que la capilla no tiene sillas, y resulta que las Hermanas entran a la capilla, que tiene solamente como una estera gigantesca, como un tapete, entran descalzas, es decir, lo más pobre de la casa es donde ellas viven. Y entonces ellas asisten a la Eucaristía, la parte que es de pie, de pie, la parte que es de rodillas, de rodillas, y la parte que es sentada, se sientan en el piso.
Entre otras cosas, una que también se sentaba en el piso era mi muy querida Catalina de Siena; ella por rareza se sentaba en un asiento, estuviera donde estuviera, cuando se le indicaba que se sentara, ella se sentaba en el piso, es una cosa que impresionaba muchísimo. Por ejemplo, cuando estuvo en la Corte allá en Avignon, que era una Corte más principesca que otra cosa, y esos cardenales compitiendo en sus sillones.
Oiga, en ese lujo de la Corte Papal, y todo con brocados, y sedas, y tules, y no sé cuántas cosas, y esta mujer no toleraba sino sentarse en el piso, eso impresionaba mucho. Claro, impresiona cuando no es pose, como en el caso de esta gente, si se vuelve una cosa afectada, pues no produce sino el efecto contrario.
Los corazones se conquistan con el amor, con el servicio, con la sencillez; no son las estructuras impactantes, no. Como yo ya sabía lo que iba a pasar allá en Lima con estas Hermanas, entonces yo así, disimuladamente, miraba qué cara iban a hacer los que iban para Misa. Cuando ellos llegan a allá, y resulta que hay unos pocos asientos, pero los asientos son para los visitantes.
Y entonces ellos se sientan en sus asienticos y ven a las Hermanitas ahí en el piso, ¡oiga, y el impacto que esto causa, lo que esto produce en la gente! Jesús sabe eso, que el que tiene verdadero poder es el que está al servicio; el que tiene verdadero poder es el que está amando. La puerta que el corazón humano nunca cierra es la puerta que lleva un título, -y esto también le puede servir de resumen de esta predicación-.
Le repito esa frase desde el principio: la puerta que nadie cierra es la puerta que lleva un título: "Ámenme", esa es la puerta por donde siempre, siempre se puede entrar al corazón humano. Aun los seres más crueles, aun esas personas que ya no sabemos si calificar de humanas, siempre tienen un resquicio abierto en la puerta del "ámenme".
Mire usted el caso de este hombre, Pablo Escobar, que verdaderamente en sus años finales adquirió, y no podía ser de otra manera, gustos completamente sádicos, porque él ya no sólo quería derrotar a sus enemigos, por ejemplo, gente del gobierno, gente de la policía, delatores, infiltrados, traidores, competencia de otros carteles de drogas, cuando Pablo Escobar estaba en la infame cárcel, que no era cárcel, llamada "La Catedral", él mandaba que le llevaran a allá a sus enemigos para matarlos torturándolos, ese es Pablo Escobar, un tipo que desarrolló gustos sádicos.
Pero aun esa persona, por allá en el último rincón de su alma, necesitaba una conexión con el amor. Ustedes saben muy bien, lo mismo que yo, que por eso pudieron atraparlo. Porque cuando todo le falló, el último hilo que a él le quedaba con el amor era un teléfono, para poder hablar con las únicas personas que él probablemente amaba: su familia.
Esa es la puerta que nunca se cierra. Y él sabía que lo podían localizar si hablaba mucho tiempo por teléfono, pero le ganó el amor, prueba de que esa puerta estaba abierta; y por demorarse hablando por teléfono, entonces pudieron triangular la llamada, pudieron saber en qué casa se encontraba y pudieron caerle, ya sólo tenía un guardaespaldas que dio su vida por Pablo Escobar de una manera inútil y estúpida.
Esto lo sabe el Resucitado, el Resucitado quiere ganara todos los corazones, pero sabe que la única puerta abierta a todos los corazones es la puerta que lleva por título: "Ámenme", eso es lo que todos estamos esperando.
Hace poco hicieron una película que fue muy criticada, yo no la he visto, -yo veo realmente muy pocas películas-, una película sobre Hitler, otro monstruo, ¿porque qué nombre le damos a ese señor? Otro monstruo, ¿y sabe qué pasó con esta película sobre Hitler? Que empieza a mostrar los amores de Hitler, porque claro, con una persona que uno detesta tanto como Hitler, uno sólo quiere oír las cosas malas.
Entonces esta película, por supuesto, muestra el odio que Hitler le tenía a todo el mundo, es que Hitler odiaba a casi todo el mundo, se dice de los judíos, pero ese era solamente una parte del odio; Hitler odiaba a los judíos, despreciaba y consideraba como basura a los gitanos, le repugnaban los polacos por ser polacos, no por otra razón, sentía una mezcla de odio y fastidio hacia los rusos, ¡pobre hombre, era un manojo de odios!
Pero tenía amores también. Esa puerta siempre está abierta. Eva, me parece que se llamaba la mujer esta que fue su última amante, o compañera, o como se llame, ¡y él necesitaba la compañía de ella!
Cuántas trampas, algunas de ellas exitosas, le pusieron a Napoleón, tentándole, a veces por el orgullo y a veces por sus amoríos, en concreto con esa señora Josefina. Esa es la puerta que siempre está abierta.
Y el Resucitado no se impone, se ofrece; el Resucitado, claro que quiere ganarnos a todos, pero quiere ganarnos por la puerta que es, ¿y a esa puerta cómo se llega? Se llega por la humildad, por el servicio, por la escucha, por la intercesión, por el amor. El gran triunfo de Cristo no es aplastar al enemigo, el gran triunfo de Cristo está en el Salmo ciento tres, que yo espero que ya ustedes se lo sepan de memoria, los salmos hay que aprendérselos, ¿no? Y tratar de no demorarse mucho uno aprendiéndose los salmos.
Dice el Salmo ciento tres: "Él aleja de nosotros nuestros delitos" Salmo 103,3. "Como dista el oriente del ocaso, así separa de nosotros nuestros delitos" Salmo 103,12, ese es Dios. La victoria de Dios no es triturar al pecador, la victoria de Dios es separar al pecado del pecador y triturar el pecado.
Tercer resumen que le doy de esta predicación: la victoria de Dios no es triturar al pecador, es separar al pecador de su pecado y triturar el pecado. "Y ya no habrá muerte ni dolor" Apocalipsis 21,4. Triturar lo que tritura a la raza humana.
¿Cuál es la raíz del amor que Cristo nos tiene? La raíz del amor que Cristo nos tiene es una raíz eterna, tan eterna como el Hijo y tan eterna como el Padre. Como nosotros somos imagen y semejanza del Padre, es la imagen violentada y profanada de Dios Padre lo que Cristo más ama en cada uno de nosotros.
La redención es ante todo separar el pecado de nosotros para que aparezca la imagen bendita, la única que Cristo contempla, la única que Él ama, eso es lo que Cristo quiere, eso es lo que Cristo hace, por eso la evangelización no se impone, se ofrece.
Y nosotros tenemos que buscar, a través de todas las estructuras, porque las estructuras también se necesitan, hay que tener colegios, se necesita, mientras nos permitan, porque vendrán tiempos también de persecución, ya por ahí asoman unas políticas de impuestos en algunos países que tratan de asfixiar la educación religiosa. Sabemos que esa pelea no se ha acabado, y mientras estemos en el servicio a Dios, siempre habrá guerra.
Hay que tener estructuras, hay que tener colegios, hay que tener hogares, hay que servir en parroquias, hay que estar en las misiones, pero que nuestro corazón sea el del Resucitado. Qué hermoso una hermana directora, una hermana rectora que cuando vea, por ejemplo, a esos niños y niñas, cuando vea a esas alumnas, sienta en primer lugar: "Jesús santo, Jesús, Cristo bendito resucitado, ¿cómo puedo llegar yo a la puerta del amor en cada uno de estos corazones?"
Eso es lo que tenemos que pensar con nuestros pigmeos, eso es lo que tenemos que pensar con los funcionarios que nos hacen la vida imposible, eso es lo que tenemos que pensar con nuestros adultos mayores, tenemos que pensar eso: "¿Cómo llegar, -y esa es la oración que tiene que hacer una hermana directora, una hermana rectora-: "Santo y bendito Jesús, Cristo resucitado, humilde de corazón, muéstrame cómo puedo llegar al corazón de estas personas, cómo puedo hacer para que se sientan amadas, amadas por ti, ¿qué puedo hacer para que esta persona experimente tu dulce amor?" Esa es la oración que tenemos que hacer.
Pero la humildad del Resucitado todavía es más grande, que cuando uno está fervoroso,- hay día en que uno está fervoroso-, es posible que se le encharquen los ojos de pensaren esto: oiga, y el Cristo resucitado, el Cristo bendito y glorioso, anuncia a otro: anuncia el don del Espíritu. A mí eso me parece como tan humilde, es como humildad trinitaria, ¿se llamará eso? Que el Hijo como que se vuelve chiquito para darle el protagonismo al Espíritu, ¿dígame usted si no es tierna la Santísima Trinidad?
Dice Jesús que ya ha vencido al pecado y a la muerte, que ya ha triunfado sobre Satanás y sobre las tinieblas, y dice Jesús: "Quédense en Jerusalén y oren, ahora sí les va a llegar la promesa", ¿ah? ¿Y no es este el mismo Cristo que antes de morir les había dicho, "¿Saben qué? Les conviene que yo me vaya"?, ¿a ustedes no les parece que eso es mucha humildad que Jesús diga: "Mejor para ustedes es que yo muera, a ver si así les llega el Espíritu y hace la obra en ustedes"?, ¡Mire qué precio está dispuesto a pagar! ¡Mire cuánto se agacha, mire cuánto se abaja!
Yo digo, ¿qué clase de torpe es uno que no entiende? Mire cómo Jesús se disminuye, se achica, se agacha. Dice: "Es que el que viene es el que hace la obra" , y se humilla ante el Paráclito. Bien explica que el Paráclito viene por mérito y por oración suya: "Yo rogaré al Padre, y os enviará otro Paráclito" San Juan 14,16, Él sabe muy bien que el Paráclito es su coigual, Él lo sabe, pero se humilla.
¡A mí esto me parece tan grande! Yo digo, es para pasarse uno el resto de la vida pidiendo perdón por la vanidad que uno ha tenido sobre todo en la evangelización, razón tenía el Apóstol Santiago cuando decía: "No quieran ser maestros. A los maestros los van a juzgar muy duro!"
¿Por qué dijo eso el Apóstol Santiago? Porque resulta que esto de estar predicando, -como el Señor me ha llamado, y que Él tenga piedad de mí-, tiene muchísimos peligros, tiene el peligro de los que dice San Pablo: "¿Qué tal que yo, evangelizando a otros, sea yo mismo excluido?" 1 Corintios 9,27, ¡y ha pasado! Entonces ese es un peligro.
Pero otro peligro es la vanidad, ese querer adueñarse uno de la gloria que sólo le pertenece a Dios. Y cuidense ustedes porque en las disputas que tuvo Jesús con las autoridades judías, dijo que el mayor obstáculo para recibir el Evangelio era lo siguiente: "¿Cómo van a buscar ustedes la gloria de Dios, si ustedes andan buscando la gloria unos de otros?" San Juan 5,44.
¡Para mí esa frase es como una cachetada, es como una bofetada! Es Jesús diciendo: "Mientras ustedes estén buscando ser importantes, mientras ustedes estén buscando aplauso, gratitud, reconocimiento, o cualquier género de pago, ¡no han empezado en el Evangelio!" ¡Qué actitud tan distinta!
Mire, los actos de humildad de Cristo, -que esa sería otra predicación y no la vamos a alcanzar a hacer en este retiro-, los actos de humildad de Cristo frente al Padre. Mire, por ejemplo esta frase de Cristo, que el día que usted esté fervorosa, usted va a llorar delante del Santísimo; pero claro, con esa dureza de alma que nos gastamos, así es muy difícil. Pero el día que le vuelva a usted el amor, le vuelva el fervor con toda la fuerza, usted va a llorar delante del Señor.
Mire esta frase de Jesús: "Yo no digo nada por cuenta mía" San Juan 14,10, es decir, Cristo se reduce a la condición de un tubo que deja pasar, "yo no soy dueño de nada, y como veo, así hago", ¡cuando lo propio del protagonismo siempre es creerse uno original!
Razón tiene el Papa Bendicto en regañarnos a los sacerdotes, harto regaño que necesitamos, por estar creyendo que la Misa es nuestra, y que "yo celebro mi Misa y que yo hago mi Misa", ¿cuál tu Misa, cómo vas a decir eso? ¿Cómo va uno a adueñarse de la Misa? ¿Cómo va uno a adueñarse de la doctrina? ¡Nosotros no somos dueño de la doctrina, ni del Evangelio, ni de la Iglesia, ni de nada!
¿Ya se acordó de la frase de San Pablo?: "Todo es de ustedes; ustedes de Cristo, y Cristo de Dios" 1 Corintios 3,23. Mire la humildad de Cristo: Cristo se reduce casi a la condición, -que Él me perdone, Él es bendito por los siglos, que me perdone-, pero se reduce casi a la condición de una marioneta: "Yo no hago nada; lo que me mandan, eso hago; lo que yo veo, eso repito; y mi palabra no es mía". ¡Mire esa humildad del Señor! Y yo digo: ¿y todo el protagonismo que uno busca? ¿Y todo ese afán de ser importante y que le reconozcan? Y uno sirve por dos o tres tristes años, y ya presenta: "Informe de Gestión de Fray Nelson Medina y sus Chocoaventuras".
Cualquier bobada que uno hace, y ya es a que se la reconozcan: "Y acuérdense, y yo partí la historia en dos, y yo hice, y yo deshice", y uno por ahí habrá ayudado a un parto a un gato, eso fue todo lo que hizo, pero es a darse importancia. Oiga, ¿y Jesús? Jesús que acaba de vencer a Satanás, Jesús que acaba de vencer a la muerte por los siglos, Jesús que ya no puede morir porque la muerte no tiene poder sobre Él, ¿qué actitud toma?: "Ahora sí viene la promesa. Oren, por favor, para que les llegue la promesa".
Mire, la humildad de Cristo es la cosa más desconcertante del mundo. Realmente, delante de la humildad de Cristo uno no puede sino decir: "Perdón, Señor, perdón, perdóname", porque todas las soberbias de uno más que maldad parecen ridículo; toda esa soberbia de uno y estar levantando la cabeza y estar alegando, ¿ah? ¿Y esas palabras que dice uno?: "A mí sí no me hacen esto", y saca uno así el pecho, "a mí sí no me hacen esto", ¿toda esa soberbia de uno en qué queda? ¿Le parece poco ser tan humilde?
Cristo comparte su herencia, nada considera suyo. Bueno, que Cristo diga: "Mi palabra no es mía sino del Padre", uno dice: "Esa es humildad trinitaria", pero usted sabe lo que le dijo a Magdalena, ¿no?: "Subo a mi Padre y a vuestro Padre" San Juan 20,17, Jesús no quiere quedarse solo con el Padre, no retiene nada.
Ustedes, verdad, ¿qué sienten por Cristo? Cristo no retiene nada. Por eso San Pablo utiliza la palabra "coheredero" Carta a los Romanos 8,17, Jesús comparte su herencia con nosotros; osea, el único que trabajó fue Él, y reparte para todos. "Coheredero Carta a los Romanos 8,17: tenemos la misma herencia, llamamos Padre al mismo Padre, vamos para el mismo cielo, nos alimentamos del mismo Dios.
Tenemos que suplicar a Cristo resucitado, el que nos acompaña, el que nos consuela, el que nos fortalece, tenemos que suplicarle que de verdad traiga conversión a la Iglesia. Mire, créame que el mayor problema de la Iglesia en el siglo XX fue la soberbia, y el mayor problema del siglo XXI ya es la soberbia.
Por soberbia no se ha recibido bien el Concilio Vaticano II, ¿a usted no le parece mucha presunción la de esos señores que dicen: "El concilio se apartó de la enseñanza tradicional de la Iglesia, nosotros sí permanecemos fieles. Roma un día tendrá que convertirse"? Hasta allá llegan a decir. ¿Y los otros? Por el lado de lo que se suele llamar extrema derecha, los lefebvristas, diciendo que ellos están por encima del Concilio, y luego los otros, vamos a llamarlos los de la izquierda: "El Concilio Vaticano II se quedó corto, toca convocar el Concilio Vaticano II o el Latinoamericano I".
Yo tuve un profesor que nos decía así, lo decía un poco por chiste. "Y en el Latinoamericano I ya la Iglesia entrará en sensatez" y entonces entrará a aprobar todo lo que está aprobando hoy en mundo, ¿no? Matrimonio gay, aborto, ordenación de mujeres, todo eso.
Oiga, y dicen eso, y según la expresión española que me fascina, dicen eso y se quedan tan panchos, dicen eso y se quedan tranquilos, se ponen por encima del que sea. Cuántos teólogos hay, pero se cuenta especialmente de uno cuyo nombre no diré aquí, un teólogo al que le preguntaron: "-A usted le gustaría ser Papa?" Y él dijo: "-No, porque si llegara a ser Papa dejaría de ser infalible", ¿qué tal? Calcule en dónde va la arrogancia.
¿Cómo vamos a entender el regalo que nos dio el Espíritu Santo con el Concilio Vaticano II, cómo lo vamos a entender? ¿Cómo vamos a entender el Concilio Vaticano II desde esa arrogancia? ¿Desde creernos jueces de todo? ¿Creer que nuestra autoridad y nuestra cabeza y nuestras razones van por encima de todo? Por eso lo más necesario en un Capítulo General, pues son obviamente tres virtudes: la fe, la humildad y la caridad, este retiro lo hemos querido dedicar a la humildad; ustedes tendrán otras ocasiones en el año de la fe de reflexionar sobre la fe, y, por supuesto, sobre la caridad. Pero sobre la humildad no se predica mucho, por eso hemos querido que este retiro vaya en esa línea.
Qué hermoso un Capítulo General donde de verdad brille la humildad, donde cada una realmente pueda decir: "Yo estoy poniendo en primer lugar a Dios nuestro Padre, al Evangelio de Jesús, a la Iglesia del Dios vivo, en primer lugar la Congregación. Mire, este noveno Capítulo General va a ser una bendición muy grande para ustedes, si ustedes escogen ese camino. Escojan, por favor, el camino de la humildad, escojan el camino de darle la gloria a Dios, escojan el camino de cada una por posponer sus intereses, y eso incluye sus intereses de región, sus intereses de cultura, sus intereses de gusto.
Me dio tanto dolor un Capítulo General de una Hermanas Dominicas en los Estados Unidos de América de una cierta Congregación, me dio tanto dolor oír cómo estas Hermanas iban al Capítulo cada una representando unos intereses. Entonces, "la hermanita no sé qué, -no digamos ningún nombre-, viene de tal parte y su misión es no dejar cerrar tal cosa", "y la otra viene de tal parte y su misión es que se respete lo que se ha hecho", "y la otra es para cuidar el presupuesto de no sé que".
¿Ustedes se imaginan qué asco de Capítulo es ese? ¿Ustedes se imaginan qué diálogo hay entre esas viejas, porque eso no merece el nombre de monjas? ¿Qué diálogo puede haber ahí? Cada una tomándole el pulso a la otra "a ver si te gano, a que te gano, a que no me dejo". ¿Esa es la Iglesia de Dios? No, la Iglesia de Dios es esto, la Iglesia de Dios es donde brilla el Resucitado, la Iglesia de Dios es donde está el que nos acompaña, consuela y fortalece.
Y quiero terminar con esa escena tan hermosa, que el día que usted esté fervorosa ya sabe lo que le va a pasar, porque uno tiene días en que vuelve al fervor, como a uno se le pasa el fervor entre tantos gobiernos y trabajos e idiomas, entonces ya a uno se le pasa el fervor; pero hay que volver al fervor, porque si no volvemos a creer con la fuerza de un niño que se abandona en los brazos de su padre, yo no sé qué Capítulo van a tener ustedes. Hay que creer en Dios con esa confianza: como el que se arroja en el regazo de Papá Dios.
Bueno, cuando ustedes vuelvan a ser fervorosas, les va a impactar muchísimo esta frase. Estaba el Apóstol San Pablo desilusionado, porque la vida de los predicadores y de los apóstoles, pues, a menudo es dura, además de las tentaciones que tiene, le había ido mal, mal a ese hombre, muy mal le había ido. Oiga, y se aparece Jesús, de noche, y le dice: "No temas, -eso fue en la ciudad de Corinto-, sigue; en esta ciudad muchos son pueblo mío" Hechos de los Apóstoles 18,10.
¡Qué cosa tan bella! Bello por donde se mire. Jesús no le quita el trabajo, no le quita la tarea: "A usted le toca seguir moliendo, ¿no?" Jesús no le quita el trabajo, no lo reemplaza, no le alivia el dolor, pero sí se lo alivia porque lo consuela, y le dice: "Muchos aquí son pueblo mío" Hechos de los Apóstoles 18,10. Y guiado por ese llamado del amor, fortalecido por esa palabra del Resucitado, Pablo siguió predicando, y su predicación fue tan eficaz que de ahí nació esa comunidad, la comunidad de Corinto.
Ese es el Resucitado: no nos va a quitar la tarea, pero está a nuestro lado fortaleciéndonos, haciendo que nuestro corazón tenga el amor suficiente para laborar y padecer..