La Humildad de Cristo, 10 de 12, Eucaristia

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Vamos llegando al final de nuestras reflexiones. Estamos haciendo un camino por la humildad de Cristo y hemos visto cómo hay una serie de prefiguraciones en el Antiguo Testamento: Abel, Isaac, José, el hijo de Jacob, el cordero pascual, los profetas perseguidos. Y luego hemos visto cómo una figura misteriosa, la del Siervo de YHWH, en los cánticos que están en el segundo Isaías, pues nos ayudan a descubrir elementos de la vida de Jesús, y en concreto de su entrega, de su inmolación.

Y luego, pues hemos visto que hay un puente que une esa realidad del Antiguo Testamento con el Nuevo Testamento, y en concreto con las Bienaventuranzas, y ese puente se llaman los pobres de YHWH, lo anawin, y entre los pobres de YHWH hay dos que interesan mucho a esta historia, esos dos son José y María.

Bueno, con ese contexto vital, demos un paso más y descubramos en la Eucaristía un momento que podemos llamar de inflexión dentro de la historia de la humildad. Lo llamo un punto de inflexión porque así como las curvas de las ecuaciones en matemáticas, allí donde se cambia la dirección, se da ese punto que se llama punto de inflexión, así también la Eucaristía cambia la ruta y cambia la ruta por esta fase tan sencilla: "Porque los demás dioses se alimentan de nosotros, en cambio nuestro Dios nos alimenta.

La Eucaristía es el gran punto de inflexión, porque la Eucaristía cambia completamente la manera como se entiende la relación entre Dios y el hombre, entre el Creador y su criatura.


EUCARISTÍA

- Última Cena

- Lavatorio

- Comida Pascual

- Banquete Escatológico

Es una cosa muy interesante lo que cuenta el libro de Daniel, cómo las propuestas y los imperios humanos finalmente tienen pies de barro, y cómo esos imperios humanos tienen rostro de fieras, este es el origen de la expresión "el Hijo del Hombre", o uno de los orígenes, la otra raíz en el Antiguo Testamento la tenemos en el profeta Ezequiel. Ezequiel es llamado consistentemente "hijo de hombre".

Entonces, ¿qué significa hijo de hombre en el profeta Daniel? Significa que sólo hay un reino que humaniza y es el Reino de Dios; los reinos del hombre, sin Dios, son reinos de fieras que despedazan y que destruyen. De modo que los poderes son poderes que nos devoran, nos comen, incluso literalmente. Por eso, los sacrificios humanos en tantas religiones, caso dramático el de la serpiente emplumada, en Méjico.

La serpiente emplumada, que era una de las deidades de la cultura azteca, se alimentaba de corazones de jóvenes. En esas famosas pirámides, o por lo menos en algunas de ellas, lo que había en la cumbre era una especie de agujero que bajaba hasta el fondo, y se supone que lo que había que hacer era tomar a una persona joven, hombre o mujer, porque de ambos sacrificaban, no pasaban por el trabajo de matarlo, sino que así vivo le abrían el tórax, porque se trataba de entregarle corazones vivos a la serpiente emplumada.

De manera que la persona era muerta, era asesinada ritualmente, porque le arrancaban el corazón, le rompían el tórax y le cortaban el corazón, para tirarle ese corazón palpitante de sangre a la serpiente emplumada.

Los dioses que había en Canaán eran dioses que se alimentaban de vidas humanas. Es que es importante descubrir que la Eucaristía es un punto de inflexión. ¿Cómo era en Canaán? Había que ofrecer sacrificios humanos. Yo creo que lo de Canaán nos ayuda a entender por qué los dioses muertos piden vidas humanas, mientras que el Dios vivo alimenta, ¿sí ves que es un cambio total de dirección? Los dioses muertos piden vida, el Dios vivo da vida.

Miremos cómo sucede en Canaán, y esto nos ayuda a entender mucho qué es la Eucaristía. Los cananeos, o canaanitas entienden la religión como una especie de transacción. Si yo voy a una tienda, un supermercado, y voy a comprar una chocolatina, pues unos cuantos pesos son suficiente. Pero si yo voy a la tienda y quiero comprar un televisor plasma de cuarenta pulgadas, ya no son unos pesos, son unos millones de pesos. Si quiero más, tengo que dar más, ojo, esa es la ley de los dioses muertos, "si quieres más, tienes que dar más".

Con esa ley, si yo quiero algo realmente muy grande, tengo que dar mucho, y para un papá probablemente lo más grande que tiene son sus hijos. Pensemos en uno de estos guerreros que quiere asegurar la victoria y quiere que su dios le ayude en la batalla. Pero como es una batalla muy difícil y está pidiendo mucho, tiene que dar mucho. Ejemplo de eso encontramos en el libro de los Jueces en un hombre llamado Jefté.

Jefté se da cuenta que tiene una batalla muy complicada, está casi seguro que va a perder y, por lo consiguiente, pues su derrota implicará no solamente una pérdida material sino la pérdida de su vida y de su familia. Y entonces Jefté hace este voto al Señor: "Si me das la victoria, cuando vuelva a mi casa, sacrificaré al primero que salga a mi encuentro" Jueces 11,30. Y, efectivamente, como ustedes lo recuerdan, la que salió a recibirlo con gozo y panderos y cantos fue la hija, conclusión: toca sacrificar la hija.

¿De dónde viene el sacrificio humano? De entender la religión como una transacción, ¿y de dónde viene entender la religión como una transacción? De desconocer que el Dios verdadero es un Dios que ama sin condiciones. La novedad que trae Jesús, la novedad que manifiesta el Señor y la irrupción misma del Reino de Dios son un amor que no tiene condiciones.

O sea que ¿cuál es el punto de inflexión? Es que se rompe la lógica de la transacción: Dios me ama porque sí, Dios me ama porque me ama, porque me quiere amar. Se parece a esa famosa predicación de San Bernardo: "El amor no tiene más explicación que el amor mismo", el amor tiene su explicación en sí mismo, no necesita una explicación exterior. El Dios que es amor, según la palabra de la Primera Carta de Juan, nos ama porque nos ama, sin retribución, sin transacción. Y eso es lo que Cristo predica, y eso es lo que Cristo practica, y esa es la Eucaristía.

Entonces llegamos a una primera definición, hermosa, sobre qué es la Eucaristía: es aquel punto de inflexión, es aquel cambio de rumbo en el que se destruye la lógica de la transacción, se destruye la lógica de la transacción y se instaura la lógica de la gratuidad. Dios me ama porque me ama, porque me ama, porque no necesita más explicación, me ama porque me ama. No hay con que pagarlo, no hay con que pagar ese amor, ni está a la venta, ni se puede comprar.

La lógica de la transacción termina siendo homicida, claro, porque si quiero más, tengo que dar más; Jefté quería mucho, tenía una idea errada de YHWH, una idea pagana, aunque usaba el nombre de Dios, si idea de Dios era pagana, porque su idea de Dios era una compra, él lo que quería era comprar a Dios, comprar la benevolencia de Dios, eso era lo que él quería. Y entonces, como quería mucho, tenía que dar mucho.

Los sacrificios humanos son una de las grandes vergüenzas del pueblo de Canaán, ser hijo en aquella época era muy peligroso. Mataban a los hijos, casi siempre mataban al primogénito. Por ejemplo, cuando iban a fundar una ciudad, fundar una ciudad es una empresa que está llena de incertidumbres: "¿Y si llega a faltar el agua qué hacemos? ¿Y si llegan los enemigos a arrasar qué hacemos? ¿Y si aparecen las fieras y diezman nuestros rebaños qué hacemos? ¿Y si hay una sequía espantosa qué hacemos? Pues tratemos de asegurar los dioses".

Pero fundar una ciudad es algo muy grande lo que estás pidiendo, entonces tienes que dar algo grande, ¿entonces qué hacían? Mataban al hijo, y el cadáver del hijo quedaba como primer cimiento de la ciudad, o sea, la ciudad quedaba construida sobre un cadáver. La lógica de la transacción lleva al homicidio.

Me parece muy bien que tomen nota de esa frase porque la vamos a aplicar luego a una serie de situaciones pastorales: la lógica de la transacción lleva al homicidio. Procuro no lastimar más sus oídos pero toca todavía decir otro par de cosas desagradables. Resulta que si había que ofrecer un sacrificio que fuera todavía más doloroso, ¿qué había que hacer? No se mataba al hijo para echarlo al hueco, sino que se echaba vivo y se sepultaba vivo. Se sepultaba vivo al hijo como sacrificio de altísimo precio, de manera que la divinidad quedara obligada, eso eran los pueblos de Canaán, esa era la manera de asegurarse el favor de Dios, o de los dioses, en circunstancias espantosas.

Frente a ese Dios que está muerto y que toca mantenerlo vivo, nosotros tenemos a un Dios que esta vivo y que nos rescata de la muerte; ahora creo que se ve mejor el cambio de inflexión: los dioses muertos requieren muerte, el Dios vivo da vida, ahí está bien resumidito; el Dios vivo da vida.

Es importante destacar que lo de los dioses muertos sigue funcionando. Vivimos en un hermoso planeta, que según los estimados más conservadores podría sostener, si se administrara bien, podría sostener seis veces la población actual; es decir, el planeta tierra, bien administrado, puede sostener, por lo menos, treinta y cinco mil millones de personas, asómbrese de la cifra, es decir, cultivando lo que hay que cultivar, etcétera.

¿Por qué hay hambre entonces en el mundo? No es porque la tierra no dé. ¿Por qué hoy han muerto niños de hambre, por qué? No es porque la tierra no dé; los niños y adultos muertos de hambre son las víctimas que hoy le ofrecemos a los ídolos del egoísmo, a los ídolos del capitalismo, a los ídolos de la ganancia, a los ídolos de la codicia. ¿Cuántas veces nos hemos encontrado con protestas de productores de alimentos que desperdician alimentos buenos y sanos porque no hay el precio que ellos quieren?

Hace poco, en no sé qué reunión importante que había en la Unión Europea, para protestar por subsidios insuficientes, o el tema que fuera, llenaron unos camiones con leche, leche fresca y potable, sana, bebible, y los arrojaron al edificio donde se reunían los que discutían eso. Entonces se fueron unas cuantas toneladas de leche apta para consumo en esa protesta. Es algo menor en comparación con tanto desperdicio que hay.

Un estudio reciente decía que en un país como España, cada persona, cada español o residente en España, desperdicia ciento sesenta kilogramos de comida útil cada año por persona, ciento sesenta kilogramos por año por persona, esa es la proporción.

Vivimos en la sociedad del desperdicio, como decía algún cantante: "Vivimos en un mundo donde unos mueren de hambre y otros de indigestión", vivimos en un mundo donde la niña de estrato seis es anoréxica y termina pareciéndose a la niña de estrato uno que no pudo comer bien, como en suprema ironía, esos son los ídolos que matan hoy. Es decir, seguimos ofreciendo víctimas humanas, se siguen ofreciendo.

A veces son políticas de Estado. Le dio la vuelta al mundo la noticia de aquella mujer, china de nacionalidad, que tenía ocho meses de embarazo, y era su tercer hijo y el Estado le había dicho: "No puede tener más hijos", y ella quedó embarazada, y en contra de su voluntad le sacaron al niño y lo mataron, una aborto forzado, "porque usted tiene que cumplir con lo que diga el Estado". Ese niño, que era perfectamente viable, tenía ocho meses de vida, ese niño fue despedazado, fue triturado en el altar de una política estatal.

Es para que no nos quedemos haciéndonos aspavientos de esas sociedades antiguas: "¡Ay, pero cómo se les ocurre echar un niño vivo!" ¿Y todos los abortos de hoy que están vivos? ¿Acaso no hay pruebas de que cuando se intenta matar al feto el feto intenta defenderse? Que es la cosa más horripilante y la vergüenza más grande de esta sociedad?

Cuando empiezan a chuzarlos y a envenenarlos y a quemarlos, los fetos tratan de defenderse, fetos humanos, y son sacrificados, ¿por qué? ¿por qué? En el altar del egoísmo, en el altar de que, "no me puedo dañar la vida", en le altra de que hay mentiras que hacen carrera. Esta señora, por ejemplo, que Dios le dé conversión, vergüenza de la especie humana, se llama Florence Thomas, cada rato anda repitiendo sus mentiras: "La mujer es dueña de su cuerpo", ¡vieja bruta, dueña será de su cuerpo pero no del cuerpo de otro, y el bebé es otro! Pero ella es predicadora de la religión que mata bebés.

Y detrás de muchas campañas de políticos hay incienso para los dioses muertos. ¿Cuáles son los criterios para un Barack Obama, cuáles fueron los criterios para un Rodríguez Zapatero al tratar estos temas en campaña electoral?: "Qué es lo que la gente quiere oír? Eso le doy. La gente quiere aborto libre, voluntario, subsidiado, se le da aborto libre voluntario y subsidiado".

De manera que en un país como España hay gente que le ha dado de comer la sopa a los hijos con el producto de los abortos del mes, de eso viven, viven de hacer esos abortos.

Cómo nos hace falta que haya un santo como Luis Bertrán, ¿ustedes conocen la historia de Luis Bertrán? Cuando Luis Bertrán empezó a predicar contra la injusticia, por la manera como se oprimía a los indios, se les oprimía, pero nada se parece a la barbarie que vivimos hoy.

Y estaba un grupo de encomenderos españoles, estaban comiendo unas arepas, unas arepas de maíz, y miraban con desprecio y miraban con burla al misionerito, español también, por supuesto, Luis Bertrán, al misionerito que predicaba la injusticia con los indios, y Luis Bertrán no sé si hizo la señal de la cruz o qué gesto o palabra, y en el siguiente mordisco salió un chorro de sangre de esas arepas de maíz. Y esta gente horrorizada, por supuesto, no pudo seguir comiendo, sus manos se llenaron de sangre, su boca quedó sucia de sangre, y ahí entendieron de qué se estaban alimentando.

Por eso digo, necesitamos santos como Luis Bertrán, que hagan eso en las familias de los que viven del aborto. ¡Qué bueno sería que hubiera un santo de esos que pudiera convertir en sangre lo que esta gente está consumiendo para ver si despiertan!

Los ídolos muerto siguen, siguen, y siguen reclamando, y siguen reclamando su porción de sangre. ¿El satanismo de qué se alimenta? De sangre. Y estas obsesiones mentales, estos desórdenes mentales, yo no voy a decir aquí quién tiene la culpa, eso cambia de caso a caso, pero estos desórdenes mentales como la anorexia, eso reclama sus vidas humanas. La diosa anorexia reclama: "A ver, denme mis muertos de este año". ¿Y la violencia, la violencia contra la mujer, la violencia contra los niños?

Los dioses muertos se alimentan de sangre humana, la Eucaristía es el Dios vivo que nos alimenta. Por eso es tan impresionante la Eucaristía y tan bella! Eso de que Jesús diga: "Tomad y bebed, esta es mi, mi, sangre" San Mateo 26,27-28, "¡mi sangre!" San Mateo 26,28.

¡Eso es lo más bello que hay! Porque todos los demás es a sacarnos la sangre, como se le saca la sangre al feto para matarlo, como se le saca la sangre al obrero, al que nunca se le paga justamente, como se le saca la sangre a los países donde se predica la esterilización masiva o la planificación familiar obligatoria u otras políticas estatales desastrosas. Los demás nos sacan la sangre; Jesús se saca la sangre.

Y ahora sí entendemos la palabra "última", ahora sí. ¡Es que las palabras en la Biblia tiene una fuerza! ¡Esas sí tienen fuerza! ¿Qué quiere decir último? Mire, en el lenguaje usual, "esta es la última colección de Yves Saint Laurent", "esta es la última", la última nunca es la última, porque la última siempre es penúltima porque siempre va a haber otra después. En la Biblia no, en la Biblia la palabra "ésjaton, de donde viene "escatología", "ésjaton", en la Biblia la palabra "ésjaton, que significa lo último, es lo que ya no tiene continuidad, lo que ya no tiene más.

Y aquí viene la parte que, no śe, a mí me impacta más de la Eucaristía. Cuando hablamos de la Última Cena, ay, mi gente querida, cuando oigamos "Última Cena, no es simplemente la última que alcanzó a comer Cristo con los discípulos, ¿la Última Cena sabes qué significa en el lenguaje del ésjaton? significa la cena donde lo entregó todo, ya no queda más por dar, "más, más, no puedo dar", esa es la Eucaristía, por eso es última, última quiere decir: ya no hay más, "más no puedo darles".

"Todos los dones juntos, -nos dice Santo Tomás de Aquino refiriéndose a la Eucaristía-, todos los dones juntos los dio dándose a sí mismo". La Última Cena, ¿por qué no hay otra cena después de esa? Porque ya se entregó todo, se consumió todo, porque ya entregó todo lo que podía entregar, por eso es Última Cena.

Y ahí entendemos también el sentido del lavatorio. Recuérdese que el lavatorio tiene tres significados, ¿no? Por favor, para sus catequesis de Semana Santa, el lavatorio tiene tres significados: hay un significado inmediato, hay un significado simbólico y hay un significado último o escatológico.

El significado inmediato es que Cristo toma el lugar del esclavo, ¿te acuerdas que era un esclavo el que lavaba los pies? En las casas de la gente pudiente, de la gente adinerada había un esclavo cuyo trabajo era ese: llegaron los visitantes, los visitantes llegan cansados, acalorados, y por supuesto traen esos pies hinchados y polvorientos, entonces con un agua templada le da un baño y un pequeño masaje, ya la gente queda en casa. El significado inmediato es: Cristo toma el lugar del esclavo: humildad, que es nuestro hilo conductor. Cristo toma el lugar del esclavo. Ahí va la primera.

Segunda: el significado simbólico. Cristo mismo lo muestra. "¿Comprendéis lo que yo he hecho?", dice Jesús, así como yo os he lavado los pies, vosotros tenéis que lavaros los pies unos a otros" San Juan 13,12-14, ese ese el significado simbólico. Entonces lavar los pies no es solamente lavar los pies, sino lavar los pies es tener la actitud que permita que el otro se sienta servido, se sienta acogido y se sienta descansado.

De las cosas bellas, no por adular a esta Congregación que quiero tanto, pero de las cosas bellas que yo he experimentado muchas veces en muchas casas de Nazareth, y no solo yo sino mis papás, es el sentirnos acogidos, recibidos, escuchados, bienvenidos, eso es el lavar los pies. Entonces es el valor simbólico.

Pero hay un valor también escatológico o último. Resulta que ustedes recuerdan que llega Jesús donde Pedro, Pedro le dice: "¿Lavarme tú los pies a mí? ¡Jamás!" Jesús le dice: "Si no te lavo, no tienes que ver conmigo" San Juan 13,6-8, ¿esa frase qué significa? Esa frase ya no significa únicamente para lo comida que iban a tener, ya no es solamente lo simbólico, "si no te lavo, no tengo nada que ver contigo", Pedro le dice: "Entonces láveme todo", Jesús dice: "Uno que se ha lavado solamente necesita lavarse los pies" San Juan 13,10, o sea que Pedro no acertaba ni una.

Pero bueno, tomemos la frase de Jesús, tomemos esa frase: "Si no te lavo, no tienes que ver conmigo" San Juan 13,8, esa frase no se relaciona únicamente con la comida, ni se relaciona únicamente con lo que podríamos llamar la vida cristiana en general. Mire cómo es de bello Nuestro Señor . Cuando llega la persona a la casa y le lavan los pies, ¿qué es lo que siente?: "Ya estoy en casa, estoy en casa", entonces, ¿qué es lo que le esta diciendo Jesús?: "Te he lavado los pies para que ya nunva te vayas, para que estés siempre conmigo".

Los servicios de Cristo también tiene esa triple dimensión: por un lado, es el servicio y es la acogida; por otro lado, es el amor que se expresa; y por otro lado es: "Ya puedes quedarte aquí". ¡Qué cosa tan linda entender que la evangelización es darle una casa para siempre a la gente! El que evangeliza le da una casa para siempre; hay que unirlo con la expresión de Cristo: " En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones" San Juan 14,2. Evangelizar es darle casa para siempre a la gente.

¡Qué hermoso lo que hace en Colombia el Minuto de Dios, le da casa a la gente! ¡Bello! Y hay que colaborar con esas obras de misericordia, eso es muy válido. Pero esas casas son por un rato, son por un tiempo. El que evangeliza le da casa para siempre al otro, eso es evangelizar, lo cual significa que la evangelización solo termina cuando la gente quede en la casa de Papá Dios.

Por ejemplo, pensemos en un papá o una mamá, aprovechando que hay por ahí unos papás o mamás. ¿Cuando termina una mamá de educar a los hijos? Cuando los vea en el cielo, que el hijo esté en el cielo significa "ahora sí soy mamá", eso es ser mamá, lo demás, se quedó corto, "le falta tarea todavía, señora".

Entonces nosotros como padres y madres espirituales, y esto vale para todo el que evangeliza, está prestando un servicio para los cielos, estamos preparando el cielo, ese es el lema que escogieron los del movimiento católico Sanctus, al cual tengo la alegría de servir también, "estamos preparando el cielo", evangelizar es preparar el cielo. Si yo no estoy preparando la gente para el cielo y buscando que la gente tenga casa para siempre, mi servicio es corto.

Entonces, esto del lavatorio fíjate hasta dónde nos lleva: que entendamos hasta dónde llega el servicio, ¿cuál es mi servicio? Mi servicio no es simplemente el alimento que seda, la bebida que seda, la enfermedad que se cura, el servicio mío es hasta el cielo, hasta que tengan casa en el cielo, ese es el servicio.

La Eucaristía es comida pascual, es un acto celebrativo, ¿qué celebramos? Pues miremos los antecedentes, ¿qué celebraban los judíos? la salida de Egipto, la derrota del faraón. La Eucaristía es entonces comida de paso. Recuerda que lo judíos tenían que comer la Eucaristía de pie y ceñidos, entonces la Eucaristía es comida para el camino, acuérdate de Elías: "El camino es superior a tus fuerzas. Levántate y come", el camino es superior a tus fuerzas.

Ya vamos llegando al final del retiro, hagámonos las preguntas profundas: ¿qué significa volverse Eucaristía? Porque si nosotros nos unimos a Cristo es para ser Eucaristía con Cristo, entonces, ¿qué significa ser Eucaristía? Ser Eucaristía es ser Pascua. Cuando estaban en el proceso de canonización de mi buena amiga Catalina de Siena, la gente se llenó de tanto entusiasmo porque la conocían y porque habían visto tanta santidad en esa mujer, ¡y es que con ella pasaron tantas cosas tan hermosas!

Uno de los testimonios, -les voy a contar dos-, uno de los testimonios en la canonización de Catalina lo dio por ahí uno que dijo: "No conozco una sola persona que se hubiera acercado a ella y que no se hubiera alejado siendo mejor". ¿Qué era Catalina? ¿Sabe qué era Catalina? Era una Eucaristía, Catalina era una Pascua con hábito. Eso es servir, servir es convertirme en una Pascua que camina.

Entonces, si me mandan a Irlanda, o me mandan a Holanda, o me mandan a Alemania, o si me mandan a República Centroafricana, o si me mandan a Estados Unidos, o a Ecuador, yo quiero ser una Pascua, yo quiero ser Eucaristía, ¿y qué es ser Eucaristía? Ser el punto de inflexión en la vida de alguien.

Qué dicha recordar a nuestros santos, por ejemplo, el Papa Juan Pablo II. Yo he escuchado en mi vida los testimonios de dos personas que con solo ver al Papa cambiaron de vida, con solo verlo, uno, una muchacha colombiana que cambió, ella no le encontraba sentido a nada, ella estaba pensando incluso si no sería más lógico suicidarse por cosas que le habían pasado, y por esa época vino el Papa a nuestro país.

Y ella, cuando vio que las ruedas del avión del Papa tocaban suelo colombiano empezó a llorar, empezó a llorar de sentir que el Papa había llegado y no podía explicarse por qué la alegría. Y de ahí en adelante, a ver al Papa Juan Pablo II, el Beato, a ver al Papa. Entonces ella lo que hizo durante los siete días fue pegarse al televisor, y viendo y oyendo al Papa, y su vida cambió para siempre. Juan Pablo II fue Eucaristía, fue un punto de inflexión, hizo de instrumento precioso de Dios para una Pascua en esa vida.

Es es el servicio más grande, es que a veces me parece que se nos mete, ay, no sé, se mete como la idea de que el servicio es sobre todo el servicio que se ve en mantas, en ruanas, en chocolate que se reparte, en pan que se da; sí, sí, sí, sí, eso hay que hacerlo; pero de por Dios, el servicio verdadero es que nadie se vaya de mi vida sin se mejor. Ser Eucaristía es ser Pascua.

Y hay una cosa muy linda. Resulta que Catalina, como ustedes saben, ella entró por el camino de la santidad desde niña, de manera que cuando ella empezó amostrar el don de la ciencia infusa, ciencia teológica infusa, no tenía todavía veinte años, tenía dieciocho, diecinueve años, cuando ya hablaba una teología superior a la de los doctores de su tiempo, ese era el poder del Espíritu Santo en ella.

Por eso el Papa la escuchó en una conversación y dijo: ".Le voy a pedir un favor". "-Santidad, ¿qué me va a pedir? Lo que usted desee". "-¿Usted le puede dirigir un retiro a los cardenales?" Entonces esta muchachita la puso el Papa a que les predicara a los cardenales, porque tenía la ciencia infusa.

Y luego un Abad, rompiendo la clausura, no sé si fue de los cartujos o de los trapenses, uno de esos, metió a la mujer esta, al metió al monasterio y le dijo: "Necesito que usted le predique a estos monjes", y ella era una jovencita, y ella no sabía nada de eso monjes ni de ese monasterio, entonces, cuando le dijeron eso, ella lo que hizo fue ponerse a orar, mientras la llevaban por allá a la sala capitular.

Y cuando llegó a allá puso su mirada en Jesucristo Crucificado y empezó a hablar, y estuvo hablando como dos horas, y hubo unas conversiones, -porque los monjes también tienen que convertirse, ¿no?- Y hubo unas conversiones preciosas. Y luego le decía el Abad, con lágrimas en los ojos: "Si usted viviera aquí, y los conociera de todos los días, no le hubiera hablado con tanto acierto y dirección". Esa era Catalina de Siena para que la quieran más, me hacen el favor.

Bueno, pero ella era muy joven, y entonces decía un muchacho, que luego se hizo monje y se hizo sacerdote y que era muy amigo de ella, decía: "Cuanto más la trataba, más se me limpiaba el corazón". ¡Que cosa! Cómo irradian, ¿no? "Cuanto más la trataba, más se me limpiaba el corazón". Exactamente lo opuesto de lo que pasa con otras personas, que cuanto más se acerca, pues más pensamientos libidinosos, impuros, lo que sea. Esta mujer, de tal modo irradiaba, ¡ella era una Pascua!

Lo que yo entiendo de lo que pude conocer y leer, por ejemplo, de la Madre María Sara Alvarado Pontón, es que ella soñaba ese tipo de religiosa, eso era lo que ella quería de sus religiosas, que fueran Pascuas que caminan, que fueran personas que marcan una diferencia para el bien, pero desde la sencillez como la Eucaristía, desde la discreción como la Eucaristía, desde la humildad suprema como la Eucaristía.

¡Cuántos escritos bellos, cuántas cartas preciosas tiene la Madre María Sara hablando del Prisionero del Sagrario, cómo está Cristo ahí por nuestro amor, cómo está humillado, cómo está prisionero, y sin embargo, desde su prisión de amor, que es el Sagrario en las palabras de la Madre María Sara, nos cambia la vida, eso es comida pascual.

Decía San Agustín de Hipona, que es otro al que hay que acercarse más, por favor, lean más Padres de la Iglesia, madrecitas, no estén tan pendientes de esas últimas novedades, eso no, eso despista mucho; ¡vayan a las fuentes profundas! Uno de los días más felices de mi vida podría ser este: el día en el que yo le preguntara a una Hermana Dominica Hija Nuestra Señora de Nazareth: "-¿Y en qué andabas?" "-Ah, estaba leyendo unas homilías de San Juan Crisóstomo, pero lo atiendo, Padre, con mucho gusto".

Eso: vaya a la fuente. "Padre, si no le molesta, ¿podemos conversar después? Es que estoy haciendo un estudio de San Basilio y no he podido terminar", eso es ir a la fuente. Les digo una cosa: ustedes se ríen, pero son más fáciles de entender San Basilio, San Juan Crisóstomo, San Gregorio Nacianceno, que muchos de estos recientes, que solo porque están de moda. Comida pascual, comida que hace una diferencia.

¿Qué cosa tan bella esa mujer! ¡Qué impresión Santa Catalina de Siena! Para las que no se acuerden de esa anécdota, le dice Catalina al Papa que estaba viviendo en Avignon, le dice: "Usted tiene que volver a su sede, su sede es Roma. Si usted es el primero que marca la cobardía, ¿qué vamos a esperar de los demás?" ¡Así le hablaba ella al Papa! ¡Qué santo valor el de esta mujer, hola!, ¡así le hablaba!

Y entonces el Papa decide ir a Roma, ah, pero es que esto tiene un antecedente todavía mejor. Cuando por primera vez se entrevistan el Papa y Catalina, entonces el Papa dice: "Bueno, oremos", y claro, pues hacen una oración, y después de que han hecho la oración se ponen a conversar y le pregunta el Papa, -que este es otro de los dones que tenía Catalina, ese don de lectura de conciencia y de palabra de conocimiento, y entonces le pregunta el Papa a esta muchachita, tenía como veintiséis años, veintisiete, le pregunta el Papa: "¿Tú qué crees que debo hacer?", pidiendo consejo.

Entonces le dice Catalina: "Lo que usted tiene que hacer es lo que usted le prometió a Dios y no ha hecho", porque efectivamente, cuando él fue elegido Papa, él hizo voto de que iba a volver a Roma, pero no le había dicho ese voto a nadie. Y ella lo supo por revelación del Espíritu, y el Papa se queda como impresionado: "¿Esta cómo supo que yo había hecho ese voto?" Claro, viéndose descubierto, entonces él le prometió a ella que sí.

Bueno, salió Catalina, que sufrió muchísimo en Avignon, e hizo una escala en la ciudad de Génova. Cuando el Papa iba de camino hacia Roma, hizo escala en Génova, y sintió miedo, sintió que lo iban a matar, porque es que de ese tamaño estaba la guerra en Roma, es que hoy uno dice: "¡Ay, pues es que el Papa vaya a Roma, pero lo normal!" No, es que lo estaban buscando para matarlo. Cuando él llegó a Roma se sintió cobarde, y tan cobarde se sintió, que vestido de simple sacerdote, recorrió calles de Génova hasta la casa donde estaba Santa Catalina a pedirle oraciones. Eso es una persona llena de Dios.

Ustedes, que quieren a las santas dominicas, háganme el favor de querer a Inés de Montepulciano, que era otra muchachita cuando la eligieron Priora, era una jovencita; y a demás ustedes saben, o si no les recuerdo, que el Monasterio de clausura de Montepulciano, se edificó y tomó como sede lo que había sido un prostíbulo, pero lo que es la fuerza de la santidad, mire, esta mujer estaba tan llena de Dios que entonces, y esto lo he contado otras veces, pero es bueno repetirlo porque algunas no lo han oído, resulta que a Inés de Montepulciano el obispo le daba permiso de hacer exorcismos.

Pero lo exorcismos de Inés de Montepulciano eran la cosa más bella del mundo, porque los endemoniados no alcanzaban a llegar hasta la reja del convento y le tenían miedo a Santa Inés, los demonios le tenían miedo a Inés de Montepulciano. Entonces, en vez de tenerle miedo ella al Diablo, el Diablo le tenía miedo a ella. Sobre esto escribe, con mucha elocuencia, Santa Catalina de Siena en el Diálogo, -las que no hayan leído el Diálogo, leerlo, por favor, hay que leer el Diálogo de Santa Catalina, procurar leerlo antes de morirse.

Banquete escatológico, jesús lo anuncia: "Ya no vuelvo a beber del fruto de la vid hasta que lo beba nuevo en el Reino de Dios" San Lucas 22,18; San Marcos 14,25. Y esta es también otra anotación pastoral, ustedes que son evangelizadora, son misioneras, ustedes que tiene tanta juventud cerca y tanta gente, por favor, mire: casi siempre cuando se habla de la Eucaristía se hace énfasis, y es verdad, en que Dios viene aquí, eso es verdad, tenemos la Divina Eucaristía, es verdad, Jesús, con su cuerpo, sangre, alma y divinidad está ahí presente, eso no tiene duda.

Pero hay la otra parte, ¿a qué viene Cristo? a llevarnos con Él. Entonces, ahí sí como dice la canción de Marcelo Rossi: "No sé si el cielo bajó o la tierra subió, está bonito eso porque es verdad. Mire: la Eucaristía es que el cielo baja, pero la Eucaristía también es que la tierra sube, y hay que predicar eso también. Una espiritualidad que solo destaca el movimiento descendente, entonces termina convirtiendo la presencia de Jesús casi, casi, en un fetiche.

Por eso, la autoridad eclesiástica tuvo que prohibir en Colombia la costumbre que estaban tomando algunos sacerdotes de llevar la Eucaristía, o sea, el viático siempre con ellos: "Aquí llevo la Eucaristía". Entonces, salían a la calle con la Eucaristía, iban a clase con la Eucaristía, tomaban su chocolate con la Eucaristía, pasaban por el baño con la Eucaristía, regresaban a su convento o casa cural con la Eucaristía.

¡No, señor, la Eucaristía no es para pasearla así! Eso es una deformación porque eso es tratar la Eucaristía como si fuera un fetiche protector ahí, ¡No! La Eucaristía no es eso. Por supuesto, la llevamos, y la llevamos con todo amor, cuando se le lleva al enfermos, cuando se le lleva al que necesita, ¿cierto? Ahí la llevamos. ¿Y por qué pasa eso? Porque resulta que se enfatiza demasiado en que "Él vino, y Él está aquí, y aquí lo tengo, mire, ahí está", no, hay que recordar la otra cosa: viene pero para que todos subamos con Él.

Sobre eso vale la pena leer la Carta a los Efesios, donde nos habla San Pablo de la "cautividad cautiva" Carta a los Efesios 4,8, y donde habla de cómo Cristo ha puesto en su cortejo triunfal a todo el universo, "anakefalaiosastai", se llama esa palabra, me acordé, en griego, "anakefalaiosastai" quiere decir la recapitulación, todo tiene ahora cabeza en Cristo.

Entonces, la Eucaristía es al mismo tiempo movimiento descendente porque Dios condesciende, y es movimiento ascendente porque nos lleva con Él y nos da a degustar, esto lo dice preciosamente la antífona que proviene de Santo Tomás de Aquino: "¡Oh, sagrado banquete, en el que Cristo se nos da como alimento, el alma se llena de gracia y se nos da una prenda de la vida eterna!", banquete escatológico.

Que Dios el Señor haga nuestras vidas más eucarísticas. A mí me parece una bendición tan grande que ustedes desde el principio tienen esa impronta, eso es de lo más hermoso que ustedes tienen; por favor, revitalicen eso, infundan ese espíritu, que las actas que ustedes van a escribir, hablen de un amor grande hacia Jesús en la Eucaristía, yo sé por qué se lo digo, porque eso se está perdiendo.

Tenemos el caso de generaciones jóvenes que no se han enamorado lo suficiente de la adoración eucarística, tenemos el caso de hermanas que sienten que están perdiendo el tiempo delante del Sagrario habiendo tanto que hacer. Necesitamos recuperar el espíritu contemplativo y de adoración, necesitamos recuperar el espíritu de reconocer que ese Jesús que está ahí, está ahí por nuestro bien, y está ahí para ponernos en camino.