La Humildad de Cristo, 06 de 12, La Cruz

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La razón principal por la que hay que meditar en la Cruz es porque necesitamos que nuestra inteligencia sea evangelizada, y necesitamos también ayudar a evangelizar la inteligencia de nuestros hermanos.

La inteligencia es terreno de evangelización, lo mismo que el corazón, lo mismo que la afectividad, lo mismo que la justicia social, lo mismo que los derechos de los excluidos. La evangelización no puede abandonar ninguna región, ningún país, ningún aspecto de la vida humana.

Cuando hacemos algunos ejercicios santos de devoción, como puede ser por ejemplo el Vía Crucis, o como puede ser la meditación de los misterios Dolorosos del Santo Rosario, hacemos algo que es válido y saludable, algo que es muy bueno y que ayuda a que nuestra sensibilidad y nuestra voluntad sean evangelizadas. Pero no es solamente nuestro sentimiento, nuestra emoción o sensibilidad la que necesita el evangelio, también necesitamos que nuestra inteligencia sea renovada con la misma gracia, con la misma fuerza que llega a nuestro corazón.

Téngase en cuenta que un número cada vez mayor de personas, cuando piden de nosotros una palabra sobre Dios, piden una palabra que tenga algo de razonable. A mí me parece que van quedando atrás, para bien o para mal, van quedando atrás aquellos tiempos en los que para evangelizar era suficiente la autoridad de: "Yo soy el sacerdote y usted me escucha", "yo soy la hermanita, yo soy la Madre, y usted obedece". Cada vez más, nuestros niños y jóvenes se acostumbran a lanzar la pregunta incómoda: "¿Por qué?"

Y por eso, si queremos tener una palabra útil y si queremos tener una presencia útil para las nuevas generaciones, necesitamos, por supuesto, que nuestros corazones estén fascinados por Dios, necesitamos estar enamorados del Señor, pero necesitamos también que cuando aparezcan esas preguntas, nosotros podamos decir algo, algo que sea comprensible, que sea respetuoso y que ayude a poner en la ruta de Dios a los que están buscando.

A mí me parece que es el mismo Papa, Benedicto, el que nos señala este camino. El Papa ha sido verdaderamente profético con una iniciativa que se llama "el atrio de los gentiles", que ha sido especialmente acogida y que ha tenido especial resonancia en Europa.

Se llama "Atrio de los Gentiles" a una serie de encuentros intelectuales católicos y no católicos, muchos de ellos adversos en cierto sentido a las posturas y a la fe nuestra. Pero el Papa ha querido que se den esos encuentros y la razón es porque no podemos descartar de entrada al que está buscando.

No todas las personas que hacen preguntas son personas que están perversamente deseando burlarse de la Iglesia o burlarse de Dios; muchas de esas preguntas son preguntas sinceras y bien intencionadas. Y el Papa ha querido que haya un espacio para ese diálogo en donde las preguntas puedan aparecer y los prejuicios puedan desparecer.

Por eso yo creo que otra de las líneas de crecimiento para el Capítulo General que ustedes, en cierto sentido ya han iniciado, es esta preocupación por una mayor formación bíblica y doctrinal. Me parece que seis años, que sería el tiempo ordinario, son bastante tiempo, y me parece que hay que pensar en este momento no en cómo está el mundo para el dos mil doce, hay que pensar en cómo se va a responder al mundo del dos mil dieciséis, al mundo del dos mil dieciocho, es decir, hasta la próxima oportunidad que se reúna un Capítulo de esta naturaleza.

Yo realmente le pido a Dios que ilumine cada una de las conversaciones de ustedes para que tengan esa visión sumamente adelantada, esa visión que tenemos que llamar profética. Me llena de mucha alegría, aunque no he estado presente en todas las oraciones, me llena de mucha alegría ver con qué dedicación, con qué delicadez y amor, sobre todo, ustedes han querido hace sus oraciones. Así tiene que ser, especialmente la Santa Misa. Lo primero y lo fundamental es la oración, en eso no hay la menor duda; pero recordemos que esa oración tiene que adueñarse de todo nuestro ser.

Recordemos que el Espíritu Santo tiene que llegar a todo los que somos, porque tenemos que evangelizar también con todo lo que somos. Ahí termina esta introducción.

Ahora vamos para nuestro tercer y último tema del día de hoy. Recordemos que la tónica general de nuestro retiro va en la línea de la humildad, un estudio de la humildad de Cristo bajo ese lema de Nazareth: "De la Cruz a la Luz". Estamos recorriendo la humildad de Cristo porque no se puede separar a Cristo de Nazareth y no se puede separar a Nazareth del misterio de la humildad, que es también el misterio que unifica los orígenes y la infancia del Señor con el final de su vida precisamente en la cruz.

Entonces, una vez más hagamos un sumario del camino recorrido. Hemos empezado por las circunstancias específicas, por el contexto de la humildad de Cristo, una región a la vez oprimida y excluida, llena de riqueza y con un contacto impresionante con el mundo exterior, si queremos llamarlo así. Luego hemos visto un poco sobre ese gran texto que es como una síntesis de la teología paulina, en el capítulo segundo de la Carta a los Filipenses.

Terminábamos el día de ayer con una tercera reflexión, esta vez sobre el Apocalipsis, y lo que más nos interesa en esa reflexión es cómo adquiere el Cordero su dignidad. El Cordero degollado es el que es digno de recibir honor, poder y gloria porque el Cordero es el único que, atravesando todos los estratos de la tragedia, del dolor y del absurdo humano, tiene luego una palabra, es capaz de dar una palabra, un para qué a la vida humana, y esto hace completamente único a Nuestro Señor Jesucristo.

Luego en el día de hoy estamos mirando lo que podríamos llamar el contexto teológico o el contexto bíblico de la humillación de Cristo. Hemos empezado por las circunstancias más inmediatas, es decir por su grupo de discípulos, y la verdad es que lo que hay ahí es toda una patología, una compleja patología en la que aparecen orgullos, vanidades, egoísmos, resentimientos, donde aparece oportunismo, cobardía, complicidad, ese es el mundo que rodeó a Cristo.

Y entonces ahí hemos hecho anotaciones sobre cómo es necesario quitarse esa idea de que Jesús andaba con un grupo de amigotes, donde todos se entendían y se querían muchísimo, nada de eso. El grupo de discípulos que escoge Cristo lo escoge para la obra del Reino, no lo escoge para consuelo de su Corazón.

Probablemente, -y yo no sé que tan extraña suene esta afirmación-, Cristo se sentía mucho más a gusto en lugares como Betania, o se sentía mucho más a gusto con su amigo José de Arimatea, que con sus propios discípulos. Pero Cristo no estaba para darse gusto, Cristo estaba para realizar su obra, para hacer la voluntad del Padre; y, por supuesto, que en el camino de esa obra y en la realización de esa voluntad, pues también hay un gozo para Él. No se me olvida lo que dice Santa Catalina de Siena que en la Cruz Cristo estaba perfectamente triste y perfectamente alegre, las dos cosas a la vez.

Después de ver los discípulos, pues hemos mirado un poco cuáles eran los grupos que estaban en el tiempo de Cristo. Esta especie de formación o de catequesis bíblica como la que tuvimos en nuestra reunión anterior, a pesar de que tiene una estructura quizás demasiado académica o demasiado formal, yo pienso que no nos aparta del propósito de nuestro retiro.

Es que tenemos que vivir la Liturgia de otra manera. Necesitamos acercarnos a las palabras que recibimos en la Liturgia no como extraños a los que les caen en paracaídas unos versículos. A veces me da dolor ver que frailes nuestros, ver que sacerdotes amigos y ver que tantas religiosas llegan a Misa un poco a ver qué cae, a ver hoy qué sale, eso es triste porque quiere decir que no se está cumpliendo en ti Efesios, capítulo dos: "Ya no sois extranjeros ni forasteros, sois ciudadanos de la casa de Dios" Carta a los Efesios 2,19.

Y sentirse uno a gusto en la casa de Dios es sentirse a gusto en la oración, es sentirse a gusto en la Liturgia, pero también es sentirse a gusto con la Palabra, poderse ubicar, que cuando a uno le digan: "Escriba", un inmediatamente conecte qué era lo que querían, cuáles eran sus pretensiones, por qué eran enemigos de Cristo.

Lo que hemos dado aquí es muy elemental, es una simple semilla, pero es tratando de despertar ese interés; que ya nunca más seamos extranjeros, que cuando llegue cualquier texto de la Biblia, incluyendo las lecturas tan sabrosas y tan densas del Oficio de Lecturas, cuando lleguen esos textos nosotros nos sintamos en casa, y si nos van a hablar de Boóz, pues yo sé quién es Boóz; si nos van a hablar de Jofní y Finés, claro, conocidísimos, gente muy de mis entretelas, gente muy conocida.

Si a nosotros nos van a preguntar, por ejemplo: "-Oye, ¿todos los reyes fueron unos corruptos?" "-No. Hay unos reyes que se salvaron, hay unos reyes que tenían un cierto grado de fidelidad". "-¿Cómo cuáles, hermanita?" "-Ay, pues mañana le cuento". Eso es ser de la familia de Dios, ser de la familia de Dios es eso.

¿Qué pensarían ustedes de encontrarse con una persona y entonces: "Gusto de saludarle, ¿su apellido cómo es?" "-Pérez Solórzano". "-¡Ah! ¿Y usted es de los Solórzano de Caldas?" "-No, yo no sé, yo realmente no conozco ni mi papá ni mi abuelo, ni mis tíos, mejor dicho, yo sólo sé que soy Solórzano". "Pero entonces ¿dónde está su familia?" Hay que conocer la familia.

Y si nosotros esperamos que los estudiantes en los colegios y que las personas que nos colaboran tengan un poco de esa cultura, pues los primeros que tenemos que recibirla somos nosotros.

Qué cosa tan hermosa, -yo aquí voy soltando sugerencias, yo no sé ustedes que piensen de esas sugerencias-, pero qué cosa tan hermosa que este Capítulo General tomara una opción bíblica y de Lectio Divina pero bien clara, una cosa bien profunda, que deje una impronta durable en Nazareth, yo creo que esa es una deuda que tenemos. ¿María de Nazareth cómo es? Ella meditaba en su corazón todas estas cosas, Ella guardaba esa Palabra en su corazón.

Y por supuesto, Jesús Nuestro Señor. ¿Qué es lo que hace Jesús en la Cruz? Repetir la Palabra, orar. Ustedes miren las siete palabras y verán que todas, y hay algunas que son textuales, están tomadas de textos de la Escritura, en particular destaca aquello de: "Padre, a tus manos encomiendo mi Espíritu" San Lucas 23,45, y también aquello otro que dice Él: "Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" San Mateo 27,46, esas son frases de salmos, ese es Jesús orando.

Es decir, despedazado por fuera y despedazado su cuerpo, su corazón sigue repitiendo la oración, lo que Él ha bebido desde niño con la leche materna, lo que Él ha recibido, lo que es su alimento.

Qué interesante, -yo suelto ahí sugerencias, algunas pueden servir-, qué interesante que este Capítulo General dijera: "Tenemos una deuda bien grande, que se ha cubierto muy poquito todavía, algo se ha hecho pero es muy poco, tenemos una deuda con la Palabra de Dios y tenemos una deuda con la evangelización de la inteligencia.

Esa es la evangelización versión siglo XXI, esa es la evangelización. No le quitamos nada a los esfuerzos heroicos, santísimos de nuestros fundadores, pero eran otros tiempos, ¿en qué sentido? En el sentido de que si tú recogías gente humilde, y tú eras la hermanita, ya tenías toda la autoridad, y con esa autoridad pues ya llevabas a la gente por el camio de la piedad, por el camino de la oración y más o menos todo se iba resolviendo por el camino.

Pero resulta que, sin que le quitemos amor a los actos de piedad y sin que le quitemos su lugar central a la oración, ahora ya no es así, ahora necesitamos una evangelización que toque la mente y que la toque con el poder de la Palabra. Ahí termina la segunda y última introducción.

Sobre la Cruz. Sobre a Cruz del Señor nos hacemos básicamente cuatro preguntas que son las que aparecen en nuestro tablero: ¿Se podía esperar la Cruz? ¿O fue algo que simplemente se dio? ¿Desde cuándo podía Cristo presentir ese misterio de la Cruz? ¿Era inevitable la Cruz? Observemos que que dentro de una mentalidad gnóstica, dentro del llamado gnosticismo, la muerte de Cristo no importa, lo que importa es las palabras, las enseñanzas de Cristo; y observemos que dentro de una mentalidad pelagiana la muerte de Cristo no importa o sólo importa como un ejemplo, y lo que más importa es la vida de Cristo, qué fue lo que Cristo hizo durante su vida como referencia y como modelo de lo que nosotros se supone que tenemos que hacer.


LA CRUZ

-¿ESPERABLE?

-¿INEVITABLE?

-¿REVELADORA?

-¿ÚTIL?

Por supuesto, no somos pelagianos y, por supuesto, tampoco somos gnósticos. Para nosotros es claro que la culminación del Evangelio entero, la culminación de toda la obra de Cristo está precisamente en la Cruz. Y la pregunta es: ¿esa Cruz era esperable, era inevitable, era reveladora, era útil? ¿Cuáles son las circunstancias que rodean ahí?

En cierto sentido, esta reflexión es como una segunda parte de lo que vimos la vez pasada. Porque ya la vez pasada comentábamos que había una serie de grupos, y que entre esos grupos había algunos que de ninguna manera podían tolerare la predicación del reino de Dios, y que de ninguna manera podían tolerar un Mesías. Mire de lo que estamos hablando: para los herodianos, la aparición del Mesías era una tragedia: "Si aparece el Mesías, quiere decir que Herodes es un payaso y un impostor". Efectivamente, era un impostor y un payaso. Pero estos no querían enterarse, estos no querían asomarse a la verdad.

Para los saduceos, la Cruz de Cristo viene a ser una solución limpia, porque muchos antes la predicación de Cristo es un fastidio: que Cristo predique el Reino de Dios, por los caminos de la misericordia y de la fe, es una tragedia para los saduceos, tragedia ¿por qué? Porque los saduceos vivían, literalmente vivían, comían de eso, los saduceos vivían del Templo, de los sacrificios del Templo, de manera que cualquier cosa que atentara contra el ritmo normal de sacrificios del Templo, es una tragedia para los saduceos, es gravísimo.

A los saduceos no les sirve la predicación del Reino de Dios. que venga este a decir que la misericordia y el perdón, que venga este a decir que lo que interesa es creer, como aparece en el capítulo sexto de San Juan, cuando la gente le pregunta allá en Cafarnaúm: "¿Qué obra tenemos que hacer?" San Juan 6,28, Y responde Jesús: "La obra que tienen que hacer es creer" San Juan 6,29.

"¡Eso es terrible! ¿Cómo va a decir eso? No, "la obra que tienen que hacer es cumplir con la Ley, ofrecer sus sacrificios", eso es lo que tenía que haber dicho, ¿por qué se sale del libreto?" Esa frase o esa expresión es muy útil para entender lo que está sucediendo. Jesús es el profeta que se sale del libreto.

A los escribas no les sirve que Cristo sea el Mesías, no les sirve para nada, porque la autoridad de los escribas estaba en su prodigiosa memoria, en su erudición fantástica, en la repetición de palabras humanas, en discusiones interminables". Decía Jesús: "Ustedes ni entran ni dejan entrar a otros" San Mateo 23,13. Para los escribas esa era la gran solución, la gran solución de los escribas es esa.

¿Qué sacaban los escribas de eso? ¿Sacaban dinero como los saduceos? No. De hecho, los rabinos, los escribas consideraban que era casi un pecado cobrar por la enseñanza; no, ellos no cobraban, pero sentían que tenía una enorme importancia, prestigio e influencia y eso, ¡ay!, eso les acariciaba su ego.Y que Jesús los hiciera quedar como los hizo quedar, que tantas veces les mostrara que no entendían nada, que resolviera las discusiones más espesas con unas cuantas palabras, y luego dijera: "Permiso, permiso, que tengo que seguir sanando gente", eso desconcertaba y desilusionaba a los escribas. Jesús se sale del libreto.

No tengo que decir con respecto a los fariseos qué sensación había, qué podían sentir ellos con respecto a Cristo. Pues resulta que ellos toda una vida modelando una imagen, una fachada, para que llegue Jesús y diga: "Quiten esa fachada que está bonita, pero detrás de ella no hay sin corrupción. Ustedes son tumbas pintadas, y la gente pasa por el lado y no se da cuenta que están repletos de corrupción". Con esa clase de lenguaje y con esa clase de palabras, Dios santo, ¿qué podía sentir esta gente? Que Cristo era un estorbo, qe Cristo no respondía a lo que ellos esperaban.

Y ya hablamos también la vez pasada de la decepción del los zelotas. "¡No te faltó nada, Jesús! Lo único que tenías que haber dicho era: "Bueno, gente, los que quieran un cambio, conmigo", y ya. Cuántas veces, ni siquiera pidiéndolo Cristo, la gente misma lo aclamaba como rey. "Ya, ya estaba hecho, ¿qué pasó, hombre? ¿Por qué no seguiste por donde ibas?"

El veredicto al que tenemos que llegar es muy sencillo: Cristo decepciona, frustra, contradice, desenmascara, los grupos y poderes de su tiempo. Tomemos, por ejemplo, el evangelio según San Marcos. Ya desde el capítulo tercero, y son dieciséis, ya desde el capítulo tercero, ya aparece la oposición de los fariseos y de los escribas. Es que el ambiente estaba supremamente caldeado, no, el ambiente no daba para muchos experimentos, no, el ambiente no estaba para eso; lo que la gente esperaba y lo que la gente tenía en mente era algo muy distinto.

Y en esto no se podía jugar porque todos sentían, especialmente saduceos y herodianos, sentían que estaban sentados sobre un polvorín. Ellos sentían que cualquier paso en falso llevaría a la conmoción total, a la revolución sin freno, a la destrucción. El ambiente estaba caldeado. Y en esas circunstancias, o Cristo era, -que blasfemo es de sugerirlo-, o Cristo era un tonto de capirote, o tenía que darse cuenta que lo odiaban.

Los rostros de desaprobación, las muecas de burla o de rabia de los fariseos, de los saduceos, ¿era acaso Cristo tan despistado que no se diera cuenta que cuando Él hacía un milagro, mientras mucha gente levantaba sus manos y alababa a Dios, se reunían tres o cuatro de los fariseos y empezaban a hablar bajito y decían: "¿Y ahora qué hacemos? Este está haciendo muchos milagros, ¿aquí qué se hace, qué se hace? ¿Era Cito tonto para no darse cuenta de eso? Él tenía que saber lo que estaba pasando.

¿Desde cuándo conoció Cristo saduceos? Desde su primera ida al Templo, capítulo segundo del evangelio de Lucas, desde ahí conoció a escribas y saduceos, y desde ahí conoció la burla y negocio que se había vuelto el Templo. O sea, la santa ira que le llevó un día a sacar a fuetazos los animales que se vendían en el ámbito del Templo, esa santa ira no empezó ese día por la mañana, esa ira se había cocinado de mucho tiempo atrás, Jesús conocía muy bien quñe era lo que estaba sucediendo.

Jesús tenía que saber que lo odiaban, y Jesús tenía que saber que Él, exactamente Él era el estorbo para los planes de todos esos grupos. No se puede creer en Cristo y ser saduceo, o renuncias a tu estilo de negocio religioso, de pactos traidores a la fe con Pilatos y con Herodes, o renuncias a eso, o renuncias a Cristo.

Y hay algo muy interesante que nos asegura la Biblia más de una vez, y es que Cristo conocía lo que había en el corazón de la gente. Mira, por ejemplo, el final del capítulo segundo de San Juan, Cristo sabía lo que había en los corazones, vamos a decirlo de esta manera, cristo sabía leer las actitudes, los rostros y sabía leer entre líneas. Cuando llegan los saduceos con la famosa burlita esa de la mujer casada siete veces, Jesús sabe quiénes son los saduceos, esa es la gente que tiene un poder descomunal en el pueblo hebreo en ese momento, y Jesús sabe que acaba de dejar como un trapo viejo y sucio a los emisarios de los saduceos, si no eran ellos mismos.

Eso tiene consecuencias, uno no puede hablar así y creer que no le va a pasar nada, y ¿qué podía esperar Cristo que le pasara? Pues resulta que esta gente, cada uno de esos grupos, -si hacemos memoria no vamos a repetir aquí la predicación pasada-, cada uno de esos grupos tenía un compromiso vital, habían empeñado su existencia en un camino. Les voy a dar dos ejemplos. Sigamos con los saduceos a los que les tengo un cariñito aparte. Mire: pertenecer a la casta saducea era pertenecer al club más elitista, más exclusivo y más poderoso del judaísmo de esa época. No había nada que fuera tan poderoso y tan exclusivo.

Imagínate lo que es conocer personalmente a Anás, imagínate lo que es estar casado con la hija de Anás, imagínate lo que es pertenecer a ese club, lo que eso implica. Bueno, y esa cercanía y ese poder, ¿para cuándo es? Para toda la vida, porque resulta que los sacerdotes eran sacerdotes para toda la vida. Eso significa que los que lograban entrar a ese club exclusivísimo era para toda la vida, es decir, "de esto yo vivo y como, y de esto come mi esposa y mis hijos, y si ellos son inteligentes, de eso comerán ellos y mis nietos", y así sucesivamente, esa es una opción de vida.

Tomemos el caso de los escribas. Los escribas le preguntan una vez a Cristo, ¿te acuerdas de esa pregunta?: "No tienes todavía cuarenta años y ya has visto a Abrahám?" San Juan 8,57. Esa pregunta es rarísima, analizela, es que eso es lo que yo digo de la Biblia, ¿cómo es que uno pasa por esos textos y no los estudia, no los analiza.

"¿No tienes cuarenta años y ya has visto a Abrahám?" San Juan 8,57, ¿qué significa esa frase? Esa frase tiene este sentido. Resulta que la formación típica de un escriba llegaba hasta los cuarenta años de edad, ¿y cuándo empezaban ellos a a prenderse la Biblia? De niños, de siete y de ocho años empezaban a aprenderse trozos de la Biblia, muchos de ellos conocían todo el Antiguo Testamento y lo podían recitar de memoria.

¡Desde los siete años estudiando! Pero lo asombroso no es tanto tiempo que duraran, lo asombroso es esto: si te vas a los estudios sociológicos, ¿cuál era la expectativa de vida en aquella época? Cerca de cuarenta años. Eso significa que ser escriba en esa época es como si tú conocieras a una persona que desde niño está estudiando, por ejemplo, la Biblia, y que tiene setenta años y todavía está recibiendo clases o dando clases, o tiene ochenta años, que es más o menos la expectativa de vida en nuestra época.

o sea que los escribas el empeñaban toda la vida. Ser escriba no era simplemente que "yo sé leer y que yo me sé unos textos"; ser escriba es que "yo nací para ser escriba, vivo siendo escriba y me moriré siendo escriba. O sea, el que se mete con mi calidad de escriba, se está metiendo con toda mi vida, con todo lo que yo soy".

Lo mismo podríamos decir de los demás grupos ya mencionados, cada uno de ellos era una opción vital, una opción existencial: "Yo voy a ser fariseo porque soy hijo de fariseos, porque nosotros somos la avanzada, somos la vanguardia del Reino de Dios. Mi padre vivió en fidelidad a la Alianza, yo quiero vivir en fidelidad a la Alianza, esa será mi vida, y se acabó". Y llega Jesús, se me para al frente, y dice: "-Oye, tu padre y tú sois una raza de víboras" "-Oye, es que yo no voy a ser otra cosa sino fariseo, y este tipo me llama víbora y me llama raza de víboras". ¿Qué puede esperar Cristo? La muerte.

Resulta que los judíos no debían matar; se supone que algunas muertes por apedreamiento sucedieron, pero se suponía que no debían matar, ¿entonces cómo tenían que matarlo? A través del Imperio, a través de los romanos, ¿y cómo mataban los romanos? Pues tratándose de gente que no eran ciudadanos romanos, la muerte más común es la cruz.

A partir de la primera predicación, máximo de la segunda, Jesús ya sabe que lo que tiene delante es la Cruz. ¿Es esperable, es inevitable? ¿Se podía evitar la Cruz? Depende de cómo hagas la pregunta. Hay un pasaje muy importante en la Biblia, que es cuando Jesús muestra su decepción hacia los lugares donde ha predicado:"¡Ay de to Corozaín! ¡Ay de ti Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubiera predicado lo que se ha predicado en ti, se hubieran convertido hace tiempo en saco y ceniza" San Mateo 11,21.

Y tú, Cafarnaúm, ¿tú crees que vas a ser exaltada hasta los cielos? ¡Al abismo te vas a ir! Porque si se hubieran hecho en Sodoma y Gomorra los milagros que se hicieron en ti,todavía subsistirían" San Mateo 11,23. Son las palabras de un hombre que experimenta la amargura y la frustración. ¿Qué hay detrás de esas palabras? No es solamente un mal rato, no es solamente la decepción de un momento; detrás de esas palabras hay un cambio de orientación, hay un cambio de misión.

Tomen ustedes sus Biblias, como dicen los hermanos protestantes, "tomen ustedes sus Biblias, hermanos, busquen el pasaje, que no les voy a dar la cita, busquen el pasaje: "¡Ay de ti Corozaín! ¡Ay de ti Betsaida!" San Mateo 11,21, búsquenlo.

Cuando usted encuentre ese pasaje, usted se dará cuenta que antes de ese pasaje la principal obra de Cristo eran milagros y exorcismos; después de ese pasaje, Cristo se dedica especialmente a la predicación, más que a los milagros y a los exorcismos. Y después de un tiempo de predicación a la gente, cambia otra vez y pasa a la formación de los discípulos; y después de u tiempo con los discípulos, cambia otra vez: se encamina a Jerusalén, predica en Jerusalén y muere.

Mire, la misión de Cristo tiene esas cuatro fases. Primero: abundancia de milagros, curaciones, exorcismos. Pero resulta que esos milagros no van muy lejos, porque la gente se cura, pero no cura su corazón; la gente se cura, pero sigue pecando; la gente se cura del cuerpo, pero no se cura en su voluntad, en su alma, en su mente. Primera fase: muchas curaciones y exorcismos. Segunda fase: predicación con las parábolas, predicación sobre cómo es el Reino de Dios. Tercera fase: formación de los discípulos. Cuarta fase: Jerusalén.

Cada una de esas fases responde a cosas que Cristo ve. Yo me resisto a pensar que Cristo tenía desde el principio como un plan que dijera: "Bueno, por ahí para el diecinueve, veinte de mayo, estoy en Betsaida". No. Más bien lo que nos muestra la Escritura es un Cristo que está en diálogos con los signos de los tiempos y que por eso pide, por no decir exige, a sus discípulos que lean los signos de los tiempos. Más bien eso es lo que hay, eso es lo que hace Cristo: exigir que lean los signos de los tiempos, Él mismo lo hacía.

¿Cuándo empieza Cristo a predicar? ¿tenía una fecha, como decir: "El dos de junio del año treinta y cuatro empiezo a predicar"? Cristo empieza a predicar a la vista de una señal: Juan el Bautista fue apresado. Cristo ve, Cristo juzga, discierne, Cristo actúa. Entonces, a la luz de los signos de los tiempos, Cristo va definiendo las etapas de su apostolado, de su evangelización.

Y cada fase termina con una especie de decepción. Primera fase: los milagros, la alegría de la gente, la gente llora de gozo: "¡Puedo ver, puedo ver, puedo ver!" ¡Qué hermosura! La mujer que recobra a su hijo sano, el paralítico que puede caminar con ese rostro luminosos que da testimonio y la gente que da gloria, ¡qué hermosura! Pero no se convierten, se sanan, pero no se convierten.

Jesús no es tonto, Jesús ve lo que está pasando, ve, discierne y ajusta el camino. Signos de los tiempos, lo mismo que le toca hacer a una Congregación: ve, discierne y va ajustando el camino, siguiendo a Cristo.

¿Qué es lo inevitable? ¿Era inevitable la Cruz? En sentido absoluto no era inevitable; Cristo hubiera podido hacer un centro de milagros en Betsaida, y: "Vengan y sánense, y vengan y sánense, y vengan y sánense"; Cristo hubiera podido hacer el gran centro de milagros de Betesda; el gran centro de milagros en Tiro y Sidón: "Pase un fin de semana y cúrese", Cristo hubiera podido hacer eso, pero eso no llevaba a conversión, eso no llevaba al reino de Dios.

Entonces viene las parábolas, viene la predicación, viene la enseñanza, y la gente escucha con muchísima atención, ¿pero le entendían? La mayor parte no entendía, entonces tampoco sirve eso, no sirve simplemente la instrucción. Jesús tenía una elocuencia literalmente celestial, literalmente divina, la gente quedaba prendada de sus palabras, se les olvidaba comer, era absolutamente perfecta su oratoria, pero ¿qué le quedaba a la gente? ¡No entendían! Se parece a uno de esos retiros que uno predica y le dicen: "-Padre, ¡qué hermoso habló, pero qué lindo". "-¿Qué fue lo que más le llamó la atención?" "-No sé, ¡pero todo, todo!" Y queda uno como con la sensación de que todo se oyó y nada se entendió.

Esa es otra de las razones para grabar los retiros, porque entonces la próxima vez que una hermana me venga con que "todo muy bueno, pero no sé qué decirle, padre", entonces uno le da un link: "Por favor, hermanita, vuelva y mire porque usted no ha entendido".

Cristo reajusta. Él hubiera podido hacer: "Gran Escuela de Sabiduría Bíblica", en Betesaida; "Gran Escuela de Sabiduría", en Betania; "acérquense para que conozcan la verdad sobre Dios, superamos a la competencia", ¿y de qué servía eso si el corazón no se rompe? Entonces Jesús empieza a hablar con los discípulos, y apenas para, para tomar un sorbo de agua, empiezan ellos a discutir: "Bueno, pero al fin ¿quién es el primero? A ver" ¡Tampoco entienden!

Jesús necesitaba algo que reventara el corazón de la gente, y escogió volverse Él mismo un misil, escogió reventarse Él, para que apareciera la verdad del pecado, para que apareciera la verdad de Dios. En ese sentido, no por fuerza de un destino ineluctable, sin por fuerza de una revelación que tenía que llegar hasta el fondo, la Cruz era inevitable.

Y si esto lo podemos comprender nosotros, tristes, ignorantes y pecadores como somos, mortales, ¿no lo iba a comprender Cristo? Cristo lo ve con claridad y por eso les dice: "Yo tengo que ser bautizado con un bautismo, yo tengo que beber un cáliz horrendo". Cristo ya sabía, es que no es un asunto de ser adivino. La Cruz es reveladora, por supuesto, se sigue de lo que hemos dicho, la Cruz muestra la verdad, la Cruz es el descenso al pozo del corazón humano.

Sobre esto ya hemos hablado en nuestra reflexión de Filipenses, capítulo dos, no vamos a repetir aquí. ¿Y cuál es su utilidad entonces? La utilidad de la Cruz es mostrar la verdad, la verdad del corazón humano y la verdad del corazón de Dios. ¡Bendita la Cruz del Señor! ¡Bendita Cruz que me revela quién soy, bendita Cruz que me revela quién es Dios!

Oraba, con lágrimas en sus ojos, el buen Agustín de Hipona, y escribió estas palabras inmortales: "Nóverim me, nóverim te, Domine", "que yo me conozca, que yo te conozca", "que yo llegue a mi verdad, lo que yo soy de verdad, y que yo llegue a tu verdad". La súplica de Agustín tiene su respuesta en la Cruz..