La Humildad de Cristo, 04 de 12, Los Discípulos
De Nazareth a la Cruz, de la Cruz a la Luz.
Estamos haciendo en realidad un estudio, un recorrido sobre la humildad de Cristo en su contexto, fue lo primero que vimos: la región de Galilea, la falta de lugar para Nazareth; luego vimos la perspectiva de San Pablo, por lo menos en la Carta a los Filipenses, y luego vimos un tema un poco exótico: cómo aparece la humildad en el Cordero degollado del Apocalipsis.
Interesantísimo cómo en el Apocalipsis el Cordero degollado es el Cordero digno; sólo aquel que ha entrado en la profundidad del dolor humano tiene una palabra creíble sobre la verdad del hombre, y eso es exactamente lo que tenemos en Cristo.
Después de esa primera aproximación bíblica, vamos a tomar ahora tres momentos para descubrir por qué la humildad no es una virtud más, sino que es el suelo fundamental en el que se construye todo el edificio: el edificio de la vida de fe, el edificio de la vida espiritual, el edificio, también, de la comunidad. Y la mejor manera de descubrir la importancia de la humildad es ver qué sucede cuando esta virtud no está presente.
Entonces vamos a tomar en primer lugar, y es lo que asoma ahí en nuestro tablero, vamos a tomar una mirada a la situación de los Apóstoles, la comunidad de aquellos elegidos por Cristo, y vamos a examinar, un poco a la manera del médico, vamos a examinar las enfermedades, cuál es el diagnóstico de esa comunidad. Por las palabras que hay en el tablero ya podemos imaginar que el diagnóstico no será muy positivo.
ORGULLO------------ VANIDAD
CELOS-------------- RESENTIMIENTO
EGOÍSMO------------ OPORTUNISMO
COBARDÍA----------- COMPLICIDAD
- DESCONEXIÓN
En segundo lugar, en otro momento que será nuestra siguiente enseñanza, vamos a hablar sobre aquellos grupos que rodean la propuesta de Cristo. Porque es importante recordar que la propuesta del Señor no sucede en soledad, es decir, Cristo propone la llegada o anuncia la llegada del Reino de Dios, pero su mirada sobre el Reino no es la única mirada; los saduceos tienen también su mirada, los zelotas tienen su mirada, los fariseos, los saduceos, los escribas, cada uno de esos grupos tienen su propia perspectiva sobre qué es el Reino de Dios y sobre qué implica que Dios reine.
Es muy interesante hacer el contraste entre esos otros grupos y lo que propone Nuestro Señor Jesucristo, esa será la segunda reflexión.
Y la tercera reflexión de este día va a ser una mirada a las circunstancias que preceden a la Pasión. La meditación que hicimos a partir del texto de la Carta a los Filipenses, digamos que nos muestra el sentido teológico de la Pasión; pero lo que queremos ver en la tercera reflexión de hoy es cuáles son las circunstancias que rodean a la Pasión y qué nos pueden enseñar con respecto a esto de la humildad.
Esa es la tarea para el día de hoy, y empezamos por el núcleo más inmediato que es el núcleo de los discípulos.
Lo primero que yo quisiera, mis estimadas Hermanas, es que saliéramos de la idea de que los Doce eran algo así como los amigos de Jeśus, por lo menos en el sentido que nosotros solemos dar a esa palabra, la palabra amigo. Cuando nosotros hablamos de un grupo de amigos, hablamos de personas que se entienden, que se quieren y que están a gusto unos con otros, especialmente nuestros jóvenes son muy sensibles a la palabra amistad., casi más que al concepto de familia, para ellos sus amigos o sus amigas son su todo.
Y básicamente lo que ellos esperan de sus amigos es una acogida incondicional, una escucha permanente, una comprensión que no puede fallar, y además esperan que sus amigos estarán ahí siempre, que sus amigos no les van a reprochar, que sus amigos son algo así una amable sonrisa que no va a irse nunca.
Los discípulos de Jesús no son eso. Si nosotros hacemos las preguntas realmente duras, lo que encontramos es muy difícil de asumir. Preguntas duras son, por ejemplo, estas: ¿Estaba Cristo a gusto con sus discípulos? Y apenas miramos los Evangelios vemos que no. Realmente, en ninguna parte hay ningún testimonio de que Jeśus estuviera a gusto con ellos; Jesús parece más haciendo una tarea, es una labor, es algo que le toca, algo que hace con todo amor pero con un mínimo, por no decir, inexistente retribución.
A veces en algunas catequesis de la Eucaristía, y esto sirve para sus colegios, se plantean las cosas de la siguiente manera: "Bueno, vamos a hacer catequesis de Primera Comunión. ¿Qué es la Eucaristía, niños? Es un banquete de amigos". ¿Qué están pensando los niños cuando yo digo eso? Los niños lo que están pensando es que Jesús se sentía, como dirían ellos, "súper a gusto" con sus discípulos, y que ellos compartían la Eucaristía más o menos como esos niños comparten una fiesta en Mc Donald's.
Es decir, "qué alegría estar aquí, qué bueno que estemos juntos, qué bien que la pasamos", y esa es la idea que ellos tienen de la Eucaristía. Esa idea no solo es teológicamente incorrecta, sino que es históricamente falsa. Ese no es el grupo de los amigos de Jesús. Alguien podría decir: "Bueno, pero Jesús dice: "Ya no os llamo siervos, a vosotros os llamo amigos" San Juan 15,15.
Es verdad, pero a eso hay que hacer dos anotaciones. La primera, es Jesús quien los declara amigos a ellos, es una declaración de Jesús, no son ellos los que le llaman amigo a Jesús. De hecho, Él dice: "No fuisteis vosotros los que me elegisteis a mí, yo os elegí a vosotros" San Juan 15,16.
Y en segundo lugar, obsérvese que Jesús pone varias condiciones para esa amistad, eso no tiene nada que ver, o tiene muy poquito que ver, con lo que nuestros muchachos y muchachas entienden hoy por la amistad. En ese mismo capítulo dice Jesús: "Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando" San Juan 15,14.
Yo quisiera saber qué sucede en una amistad, en un colegio, sea de varones o de niñas, si una niña le dijera a su amiga: "Mira, tú res mi amiga si haces lo que yo mando", eso no se entiende, no tiene nada que ver con la amistad como se entiende hoy. La amistad como se entiende hoy es una relación horizontal, de acogida mutua, sin condiciones, de cariño perpetuo, que precisamente, por plantearse así, tiene un grave problema o por lo menos una grave tentación, la tentación de volverse complicidad.
Y de hecho, muchos amigos, y sobre todo amigas, describen su relación de amistad en términos de complicidad, y esperan que su amiga sea su cómplice, la que les guarda los secretos de las trampas, o la que les guarda los secretos, ya una vez que crecen más, de sus adulterios o de sus infidelidades, eso es ser amiga.
Entonces, paso introductorio dentro de esta reflexión: tomemos el concepto de amistad que se utiliza hoy, y tenemos que tacharlo casi todo, eso no es Cristo y esa no es la relación de Cristo con los Apóstoles.
Y aunque este retiro tiene un propósito muy específico por el don de liderazgo que ustedes tienen y por el Capítulo General que van a celebrar, o que ya de algún modo están empezando, aunque eso es así, pues conviene ir haciendo anotaciones pastorales. Y una anotación pastoral es: Por favor, en los colegios suspendan ya, ya, a partir del año entrante, suspendan esas catequesis de la Eucaristía como banquete de amigos o como comida de amigos. Ustedes están transmitiendo un mensaje que es absolutamente contrario a los de Jesús.
¿Qué es lo que sucede en la Pasión? ¿qué es lo que sucede en la Última Cena? Con el favor de Dios, eso lo miraremos en otra reflexión que no alcanza a ser en este día. Porque tenemos que ver el misterio de la humildad en la Santísima Eucaristía, pero eso no es hoy; hoy tenemos que dedicarnos a los discípulos, a los grupos que rodeaban a Jesús y a las circunstancias que estuvieron en torno a la Pasión, ese es nuestro itinerario de hoy y no lo podemos mover de ahí.
Bueno, entonces aclarado eso, miremos cómo se sentía Cristo con sus discípulos. Hay un pasaje, hay un versículo que es impresionante: "¿Hasta cuándo tendré que soportaros?" San Mateo 17,17. Yo creo que las que hayan sido maestras o directoras, que creo que son la mayoría de ustedes, ¿por qué no hacemos una pequeña encuesta, así, a mano alzada? ¿Quiénes han sido directoras o quiénes han sido Maestras, Provinciales, Generales entre ustedes? A ver, manitos levantadas, ¿quiénes son? ¡Ay, Dios, prácticamente todas!
Les tengo una buena noticia, a las Provinciales, Directoras, Maestras, Generales, les tengo una buena noticia: si alguna vez usted ha sentido: "¡Hasta cuándo tendré que aguantarme a esta gente!", no se desanime, Jesús sintió lo mismo: "¡Hasta cuándo tendré que aguantarme a esta gente! Eso no lo dice un amigo con sus amigos de parranda; por el contrario, no quisieran despedirse nunca, hablan a todas horas y cunado se callan empiezan a mandarse textos.
Bueno, ¿y qué era lo que oprimía tanto, qué era lo que torturaba tanto la paciencia de Cristo? Es lo que encontramos aquí. Esto va como en cinco niveles, y pido al Espíritu Santo de Dios que nos ayude a hacer este recorrido. Lo primero y lo que más se nota es orgullo y vanidad. Orgullo que quiere decir "yo voy de primero, primero, primero yo". ¿Cuál era el tema principal de discusión entre los Apóstoles? "¿Quién es el primero?" Eso es constante en ellos.
Jesús se apartaba a rezar un rato y ellos aprovechaban para seguir discutiendo: "¿Quién es el primero?" Jesús estaba sanando gente y ellos seguían conversando: "Bueno, ¿pero el primero soy yo o eres tú, o quién es el primero?" Tenían una obsesión por ese tema.
Luego he visto que esta preocupación, esta combinación de orgullo y vanidad, ha acompañado tristemente a la santa Iglesia desde la época de los Apóstoles. ¿Qué nombre tiene esa enfermedad de estar buscando ser el primero, qué nombre tiene? Tiene muchos nombres hoy. Uno de los nombres, prestado de la lengua italiana, es carrierismo. Carrierismo es aquello de estar haciendo carrera, por ejemplo, se nota más en los hombres que en las mujeres, pero luego vamos a ver que también se da en las mujeres.
Carrierismo es aquello de que me han ordenado sacerdote, y como soy un recién ordenado, pues tengo que irme a donde me manden; pero ya después de eso, se supone que me vana a dar una parroquia mejor, y una vez que ya me han mejorado ya no me pueden desmejorar. Entonces, del cinturón de miseria de la parroquia que queda pasando la porra, de esa parroquia ya me mandaron a otra que está un poco mejor, con gente más civilizada, con mejores limosnas, con mejores amigos, con mejor nombre.
De ahí ya no me pueden volver a mandar a la parroquia de la porra, "Nuestra Señora de la Porra", ya no me pueden mandar allá, es decir, yo tengo que seguir ascendiendo. Y qué escándalo se forma en una diócesis cuando un obispo toma a uno d esos que son considerados "vacas sagradas", y que llevan quince, veinte años en la parroquia de no śe qué y es el Monseñor no sé cuánto, y que ese Monseñor sea enviado a una parroquia de la periferia, "¿pero qué hizo? Tuvo que haber hecho algo muy terrible, porque fue castigado de esa manera".
Esto no sucede solamente en el clero diocesano, esto sucede también en las Hermanas, sucede en los frailes, porque nosotros tenemos la idea de que uno tiene que ir progresando, y progresando es ir llegando cada vez más al centro, cada vez con más influencia, cada vez con mejores amigos, cada vez con más comodidad, "cada vez soy más el primero".
Y por supuesto, esto causa un daño muy grande, porque la lógica de Cristo es: "El que quiera ser el primero, que sea el último" San Marcos 9,35, y la lógica de Cristo es que: "El que sea el primero, que se haga el servidor de todos" San Marcos 9,35.
Pero en la medida en que se están buscando los primeros puestos para tener más poder, más influencia, para salirme con la mía, para ver que mis planes sí se cumplen y los de los demás no, en la medida en la que tomamos esa actitud, es evidente qué es lo que va a suceder: que vamos en contravía del Evangelio.
Nosotros los hombres, nosotros los varones, y especialmente los sacerdotes, somos los primeros culpables, estoy convencido, de todo el malestar y confusión que hay en torno al sacerdocio femenino. si nosotros los sacerdotes viviéramos siempre el sacerdocio como un servicio, siempre como una inmolación, a partir del silencio, la humildad y la caridad, dejaba de ser el sacerdocio un plato apetecible, que se supone que hay que repartir.
Seamos sinceros: La lógica mundana que se aplica cuando se habla de sacerdocio de las mujeres es por qué ese poder, por qué esa función, por qué ese privilegio tiene que estar reservado únicamente a los varones. ¿Pero quiénes somos los culpables de que se vea como un poder, como un privilegio? Nosotros, porque muchas veces nos miramos a nosotros mismos, o persuadimos a la gente de que nos trate a partir del privilegio. Y eso, por supuesto, crea una enorme confusión.
Se ve que los Apóstoles estaban enfermos de esto: ellos quieren ser el primero, ellos quieren ser jefes. Una de las razones por las que probablemente quieren ser jefes, y es lo que vamos a ver con más detenimiento en nuestra siguiente enseñanza, es porque había muchas versiones sobre cómo funciona esto del Reino de Dios, eso no estaba claro, había muchas versiones. Y por supuesto que cuando hay muchas ideas, la idea que triunfa es la idea del que tenga el poder.
Como decía de una manera tan horrible alguna vez alguien, la idea que triunfa es la idea del que firma los cheques. El que tenga el poder del dinero, el que tenga el poder de las asignaciones, o las obediencias, o el nombre que se le dé, es es el que impone su idea. Esa es una de las razones.
Observe usted que era muy diverso ese grupo, muy, muy diverso, y ahí había distintas tendencias, desde algunos que habían sido colaboracionistas con el Imperio Romano: Mateo, Mateo había sido un colaboracionista, ¿publicano qué es? Que recoge impuestos para el Imperio; y en el otro extremo hay uno que se llama Simón, Simón el Zelotes o el Zelote. sabemos que esos grupos de celosos o de zelotes eran grupos prácticamente guerrilleros. O sea que Jesús tenía entre sus Apóstoles toda la gama.
Era evidente que ellos no se entendían, es decir, sus diferencias no desaparecieron mágicamente por el hecho de que Jeśu los llamara para que estuvieran con Él. Realmente, esas diferencias vienen a desaparecer casi del todo, no del todo, pero casi del todo, con Pentecostés, pero para eso se necesitaba, entre otras cosas, que Jesús muriera, o sea que faltaba todavía un buen rato. Esto es lo primero que aparece en ellos.
Una de las características del orgullo y la vanidad, y aquí pasamos al segundo punto, es que por supuesto produce celos y produce resentimiento. El caso más evidente es aquel de los dos hijos de Zebedeo, dice una versión, otra versión dice la mamá de los hijos de Zebedeo, que llega donde Jesús y le dice: "Quiero pedirte algo: que cuando tú llegues a tu reino un hijito mío quede sentado a tu derecha y otro hijito quede a tu izquierda; eso sí, te doy permiso que tú escojas cuál es cuál. Pero con tal de que sean mis hijos que estén ahí, todo está bien".
La otra versión dice que eso no lo pidió la mamá sino que lo pidieron ellos mismos. Y el pasaje cuenta que de inmediato los demás se sintieron resentidos, disgustados, como comenta agudamente alguno de los Padres de la Iglesia, que me parece que es San Juan Crisóstomo, eso demuestra cómo estaban aspirando ellos a lo mismo; todos estaban deseando lo mismo, sólo que Juan y Santiago se atrevieron a decirlo. Y entonces surgen los celos y surge el resentimiento, surge el dolor. Este es el grupo con el que anda Jesús, estas son las personas con las que Él está de día y de noche.
Una cosa que es importante destacar aquí es que ese tipo de resentimiento, ese tipo de celos no se solucionan por un acto de inteligencia organizativa, que yo creo que este dato puede ser interesante para el próximo gobierno general.
Observemos que Jesús recibe esa petición, y lo que hace Jesús no es un cato de inteligencia organizativa, ¿a qué llamo acto de inteligencia organizativa? "Repartir la torta", otros dicen con cierto resentimiento, "repartir la marrana". Es decir: "Aquí está la torta del poder, todos quieren, entonces a ver cómo yo reparto un pedacito para cada uno, tratando de que todos queden más o menos contentos.
Jesús dice: "Eso del puesto a la derecha o a la izquierda no tiene que ver conmigo, eso lo reparte el Padre: Yo no voy a repartir la torta, dice Jesús, y en cambio sí dice esto otro: "¿Podéis beber el cáliz que yo voy a beber? San Mateo 20,22.
Es decir, la inteligencia organizativa puede tener sentido pero sólo después de la conversión. Lo que hace Jesús frente a las aspiraciones de orgullo y vanidad que terminan produciendo celos y resentimiento, lo que hace Jesús es llamar a la conversión.
Y es muy importante que entendamos esto, porque tenemos un ejemplo muy a la vista, el caso de los anglicanos. Los anglicanos, que ya tienen sacerdotisas, han estado discutiendo estos días si deben tener también obispas, y la parte más interesante son los argumentos que se plantean.
Porque esos argumentos miran el sacerdocio como un poder, como un privilegio, como un oficio: "Si tenemos notarios, ¿por qué no vamos a tener notarias?" Es un oficio; si tenemos conductores de bus, ¿por qué no vamos a tener conductoras de bus?" "Si tenemos enfermeras, ¿por qué no vamos a tener enfermeros?" Es un oficio. O si no es un poder, o si no es un privilegio. Ese es el tipo de argumentos que ellos presentan.
Pero la parte que me llama más la atención aquí es las recomendaciones que les da el Parlamento Británico, porque en esas recomendaciones lo que está es: "Mire, hay que seguir el modelo de la sociedad; como en la sociedad todo se reparte, repartan también ustedes". Y parece que estuvieran dispuestos a manejar ese tema, no como un tema de fidelidad a Jesús, ni de fidelidad a la Biblia, ni de fidelidad al Espíritu, sino como un tema práctico de repartir una torta.
El cincuenta y uno por ciento de la población son mujeres, -lo cual demuestra matemáticamente que no todas se van a pode casar-, el cincuenta y uno por ciento de la población son mujeres, luego el cincuenta y uno por ciento de la torta debe quedar para las mujeres".
¿Cómo soluciona Cristo el tema de los resentimientos, de los celos y de la pugna por el poder? No los soluciona con inteligencia organizativa, "a ver cómo le tiro un pedazo a cada uno para que cada uno quede contento", lo que hace Cristo es, en primer lugar, corregir a los que hicieron la petición, y en segundo lugar, corregir a los demás, corregir las aspiraciones de los demás.
Y esto también significa algo: sin una actitud de conversión hacia la humildad no es posible crear comunidad; no se puede crear comunidad sin una actitud de conversión hacia la humildad. Dicho de otra manera, la humildad es uno de los tres ingredientes en el cemento que pega a una comunidad. ¿Queremos comunidades sólidas, unidas? Entonces necesitamos cemento, el cemento tiene tres ingredientes, los tres igualmente importantes: la fe, la caridad y la humildad.
Y sin esos tres ingredientes no hay cemento. Tener uno mucho amor, y tener uno mucha fe, si no se da espacio para que el otro crezca, si no se da espacio para la idea del otro para el proyecto del otro, para el sueño que el otro tiene, no funciona; tener humildad y tener caridad si no hay una referencia a Dios, termina volviéndose un asunto de conveniencias humanas; tener fe y tener humildad, pero sin dar el paso de amar al hermano, tampoco sirve. El trípode sobre el que se sostiene la comunidad, el cemento que pega a una comunidad es siempre fe, caridad y humildad.
Avancemos. Orgullo y vanidad, presentes prácticamente en todos; celos y resentimiento, presentes casi en todos, pero también hay egoísmo. Y yo creo que hay dos pasajes bíblicos que nos ayudan a descubrir cómo se manifiesta este egoísmo. Mira esto: en el pasaje de la multiplicación de los panes sucede una cosa muy graciosa, ayer tuvimos en la Misa ese pasaje. Bueno, Mateo describe dos multiplicaciones, una con cinco panes y otra con siete panes, ayer escuchábamos la de los siete panes.
Y una cosa que es muy interesante es que Jesús les dice: "Llevan ya tres días conmigo, hay que darles de comer, porque tengo temor de que se vayan y desfallezcan por el camino San Mateo 15,32, y la respuesta de los Apóstoles es: "Despídelos, que ellos arreglen lo suyo". San Mateo 14,15.
Es muy interesante esto porque es el egoísmo de comunidad, y el egoísmo de comunidad, el egoísmo que se cierra al bien mayor, el bien mayor de la sociedad, el bien mayor de la Iglesia local, el bien mayor de la Iglesia universal, ese egoísmo, que ya está presente en la comunidad, luego se manifiesta en personas específicas. ¿Qué nos dice el Evangelista Juan con respecto a Judas Iscariote? Nos dice: "Como llevaba la bolsa, pues entonces robaba", era un ladrón.
Esto es muy interesante. La persona que desarrolla egoísmo para sí misma, -es que hay como escalas en el egoísmo, o escenarios del egoísmo: hay el egoísmo del individuo, pero existe el egoísmo de la pareja, existe el egoísmo de familia, existe el egoísmo de comunidad, existe el egoísmo de nación, existe el egoísmo de civilización, si lo quieres poner de esa manera-. El egoísmo tiene distintos escenarios o distintos niveles pero es la misma enfermedad. Y créeme una cosa: cuando lo detectas en un nivel, puedes estar seguro que luego aparece en otros niveles, porque es el mismo virus.
Por eso digo, así como había es egoísmo de comunidad que les llevó a ellos a decir: "Que la gente haga lo que tenga que hacer, que se vayan, para que nos alcancen nuestro siete panes y nuestros peces", ese es egoísmo, ahí tenemos una expresión de egoísmo de comunidad, ¿pero luego qué se nos dice de Judas Iscariote? Que era un ladrón. El mismo que está enfermo de egoísmo de comunidad, está enfermo de egoísmo personal.
Y lo contrario también es cierto: cuando una persona empieza a vencer su egoísmo como persona, empieza a vencer también el egoísmo de pareja, de familia, de comunidad.
No se tome entonces como referencia o como ideal de hermana dominica de Nazareth aquella que únicamente vela por los intereses de la comunidad; la hermana dominica hija de Nuestra Señora de Nazareth, si queremos mirar un ideal, es aquella persona que tiene capacidad de salir de sí misma para apoyar a sus hermanas, y es capaz de invitar a sus hermanas a que salgan de si mismas para apoyar a la Iglesia. Y es ña persona que es capaz de invita a la Iglesia a salir de sí misma para apoyar al mundo.
Hermosamente, lo ha dicho varias veces el Papa Benedicto: La Iglesia no existe para sí misma, el principal propósito de la Iglesia no es servirse a sí misma, el principal propósito de la Iglesia es servir al mundo de un modo muy especial: a través de la caridad y el anuncio del Evangelio, en el nombre de Jesús, esa es la misión de la Iglesia.
Cuidado con esas enfermedades de egoísmo. ¿No pasa a veces que hay personas que miran únicamente para su comunidad? A nosotros nos pasó una cosa muy chistosa, que yo creo que se puede contar sin decir los nombres ni los conventos. Es que fue muy gracioso eso.
Figúrese usted, esto sucedió entre dos conventos, tenían que hacer un acuerdo para un préstamo entre conventos, y entonces el Padre que estaba en el convento que iba a prestar la plata buscó las condiciones más duras, que estoy por decir más ventajosas, para el préstamo que tenían que hacer, para el dinero que iban a dar, con todos los seguros, es decir, sin llegar a la usura y sin llegar ni siquiera a los niveles de interés de los bancos, pero puso las condiciones hasta el límite, hasta el límite, para que su comunidad resultara segura y beneficiada.
Cuando ya se firmó el pacto, resulta que lo cambiaron de convento, y llegó a la otra casa. Entonces intentó en vano renegociar lo que él mismo había negociado.
Y hay veces que en los conventos se mira con cierta admiración a la persona que vela por esos intereses, porque como las comunidades tienen que dar dinero al gobierno provincial o al gobierno central, general, entonces hay veces que se aprecia y se pondera a la superiora o a la ecónoma que logra mantener las contribuciones bajas y los privilegios altos, y se cree que es una gran virtud eso.
Y a veces se cree que es una gran virtud que el ecónomo de provincia haga lo mismo con el gobierno general; pero hay que tener cuidado, la enfermedad es la misma. Y la persona que tiene suficiente inteligencia para sacar provecho en favor de su comunidad local, luego tiene suficiente inteligencia para sacar provecho en favor de su economía personal, eso también lo conocemos en mi Comunidad.
Sobre esto del egoísmo hay que hacer esa anotación: el egoísmo es un virus que recorre desde lo más pequeño hasta lo mayor, y la única manera de salir de ese virus es lo que nos dice el Papa: descubrir que en cualquier instancia la lógica y la respuesta es la misma: Yo no existo para mí mismo, yo estoy para mis hermanos. Pero mi comunidad no existe para sí misma, existe para ayudar al bien de la Provincia y a la misión de la Provincia y a la misión de la Orden.
Pero la Orden tampoco existe para sí misma, es un servicio la Iglesia; y la Iglesia tampoco existe para sí misma, "la Iglesia existe para evangelizar", decía Pablo VI, la Iglesia existe para servir a la humanidad con el bien de la caridad y con el bien del anuncio del Evangelio. Y ahí aparece el oportunismo, y ahí aparece el egoísmo.
Como el único ejemplo de egoísmo personal que he dado hasta ahora es el de Judas Iscariote, alguien podría pensar que era un caso aislado, lamentablemente no es cierto. Nos dice Marcos en el capítulo catorce que Jesús les recuerda a sus discípulos aquello de: "Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas" San Marcos 14,27, y cada uno se fue a proteger lo suyo. A la hora de la Pasión, cada uno dedicado únicamente ¿a qué? A cuidar su cuero, a cuidar su pellejo. El egoísmo termina en eso.
San Pablo vuelve y se queja de lo mismo años después: "Todos buscan sus intereses personales, no los de Cristo Jesús" Carta a los Filipenses 2,21. Solamente aquel que tiene la actitud de Juan el Bautista sirve para evangelizar: "Que yo disminuya y que Él crezca" San Juan 3,30. La alegría del amigo del esposo es que el esposo encuentre su alegría. Sólo quienes aman a Jesucristo de esa manera servirán para el Evangelio.
Y esta es la pasión por la gloria de Cristo, esta es la pasión por la gloria del Evangelio. Realmente, un buen religioso, un buen evangelizador, es una persona como el Bautista, que no tiene como otro amor, no tiene como otra obsesión, sino que aparezca Jesús y que brille Jesús.
Cobardía y complicidad. Hay una cosa muy triste si miramos los Santos Evangelios: Antes de la Última Cena, antes de la Cruz, la Pascua y Pentecostés, hagámonos esta pregunta: "¿En qué momento vemos a los discípulos unidos? Es una pregunta incómoda. Antes de Pentecostés, antes de la Cruz, ¿en qué momento están ellos unidos? Y nos damos cuenta que aparecen unidos cuando Jesús los llama, por ejemplo, los llama para que vayan a un lugar apartado, los llama, pues, cuando los elige, como aparece en Marcos, capítulo tercero, ahí aparecen unidos.
Pero aparte de los momentos en que Cristo los llama, ¿cuándo aparecen unidos los Apóstoles? Sólo aparecen unidos por el miedo, por el desconcierto, por la cobardía, es lo único que los une.
En unas dos ocasiones dice el Evangelio: "Ellos no entendían nada, pero les daba miedo preguntar". Es un asunto muy triste; realmente, lo único que les une es eso. Vamos a pensar en la época en que liberales y conservadores no se entendían y se odiaban. Y resulta que están, algunos conservadores y algunos liberales, en un barco, y el barco amenaza hundirse y hay que sacar agua, entonces ahí todo el mundo saca agua, ahí desaparece si soy liberal o soy conservador.
Es decir, ante el peligro evidente, ante el ataque evidente, la gente se une, se une cualquiera con cualquiera. Pero esa unión es una unión de conveniencia, es una unión falsa; la unión de cobardía, la unión de complicidad es una unión falsa, y esa unión también existe. Hay personas que para fortalecer la amistad con una hermana le hablan mal de otra hermana. Es decir, a veces creemos que podemos crear una unidad a partir de la complicidad, a partir de la conveniencia, a partir del beneficio, a partir de la defensa de un peligro.
En mi comunidad eso también ha pasado. Uno sabía, por ejemplo, de una cantidad de divisiones y tensiones que había entre algunos frailes que trabajaban todos en la Universidad Santo Tomás hace años, no es la situación actual, gracias a Dios. Había tensiones entre ellos, pero cuando hubo que hacer unos cambios drásticos en la Universidad, entonces todos se sintieron amenazados y se unieron. Es muy humano, pero es una unión falsa.
La unión de los que se abrazan porque el avión se va a caer, esa unión es falsa. Y una de las tareas, -por favor, para los equipos de gobierno tener en cuenta esto-, una de las tareas dentro de una comunidad es mostrar la falsedad de esas uniones que son complicidades. ¿Qué es una unión falsa? Es aquella que sucede en torno a algo a alguien que no es Cristo.
"Nos unimos porque nos caemos bien", "nos unimos porque logramos grandes beneficios", "nos unimos porque yo te rasco tu espalda y tú me rascas la mía", "nos unimos porque nos están atacando y entonces así nos protegemos mejor", "nos unimos porque tenemos los mismos gustos", "nos unimos porque tenemos la misma edad", "nos unimos porque tenemos la misma maestra", "nos unimos porque..." ¡Eso es falso!
Y una de las realidades más dolorosas en los Evangelios y en la vida de la Iglesia es creer que las uniones falsas son expresiones de caridad o son expresiones de unidad, y no lo son. Observa que cuando llega el momento de la Cruz la unión falsa desaparece, algo parecido a los de los liberales y conservadores en la barca que hace agua: mientras parece que se puede sacar agua, ahí están todos unidos; pero si el barco finalmente se hunde, cada uno por su lado.
Es muy importante que los gobiernos generales, cuando vean una comunidad unida, cuando vean una amistad que parece estrecha, cuando vean un grupo que parece compacto, cuando vean una comunidad local que parece muy feliz, se hagan esta pregunta dramática: ¿Es Cristo quien les une, o es porque e caen bien, o es porque tienen la misma edad, o es porque se protegen de los mismos enemigos? Eso también sucede, eso también sucedió en el grupo de los Apóstoles, y esa unidad falsa tiene que desaparecer, tiene que quebrarse.
Resumamos y terminemos. Nos damos cuenta que hay una amplia patología en el grupo de los amigos de Jesús. Por última vez, solicito respetuosamente, a estas Hermanas y a quienes puedan escuchar este mensaje, o lo vean después, respetuosa y amorosamente les pido: en la catequesis que hagan sobre la Eucaristía, muestren ustedes que el amor que une es el amor de donación, es el amor redentor, es el amor sacrificial, es el amor de caridad.
Si fuera posible, eviten esa expresión tan ambigua, estoy volviendo al principio, eviten esa expresión tan ambigua: "La Eucaristía, la comida de los amigos de Jesús", ¡que no! Para los niños, eso es Mc Donald's, esa es la fiesta de cumpleaños, incluso la misma expresión: "La Misa es una fiesta", es muy ambigua; por supuesto que es fiesta en el sentido de que celebramos el amor más grande, pero que llegue yo a decir que la Eucaristía es una fiesta es muy ambiguo, sobre todo hablando con niños.
Cuando ustedes estén compartiendo su testimonio vocacional en un Monasterio de Clausura, como por ejemplo algunos de los camaldulenses, que únicamente comen juntos una vez al año, entonces tienen lectura; cuando ustedes estén en un ambiente de austeridad y de penitencia constante como ese, tal vez pueden decir "la Misa es una fiesta" y los monjes van a entender lo que usted está diciendo. Pero a los niños que viven metidos en fiestas, parrandas, rumbas, chiquitecas, no les diga eso, pues no van a entender o van a entender lo que no es.
Los amigos de Jesús no son eso, los amigos de Jesús son los amados de Jesús, ¿amados por qué? Porque el Padre los eligió y porque, formados y preparados por la Palabra de Cristo, por el ejemplo de Cristo, por la oración de Cristo, y por el Espíritu de Cristo, llegarán a ser otra cosa. Pero ellos no son un grupo de gente que se empieza queriendo a la manera de los amigos que conocemos. ¿Qué es finalmente lo que falla dentro de ellos? Que están desconectados, están desconectados de Cristo, y el que no está conectado con Cristo no puede conectar profundamente con el hermano.
Escúcheme esto, querida Hermana: El que está desconectado de Cristo no puede conectar con el hermano y, si conecta, conecta en complicidad. La única unidad real, la única unidad verdadera, la única unidad profunda es la que viene de estar con Él. "Yo soy la vid, ustedes son los sarmientos; sin mí nada pueden hacer" San Juan 15,5. Pero por supuesto, y con esto terminamos, descubrir que sólo existiré cuando exista en Cristo, requiere la humildad suprema de desaparecer a mí mismo, de olvidarme de mí mismo y de buscar con ansia su gloria.