Gramática de Cristo, 3 de 4, YHWH

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Bueno, estamos comentando la gramática, lo hemos llamado, es decir, estamos examinando que las palabras tienen una historia, tienen un recorrido. Y esas palabras no son simples sonidos. Cuando nosotros utilizamos, por ejemplo, la palabra "Cristo", no es un simple sonido, como decir "Juancho", como decir "Roberto". Detrás de la palabra "Cristo" está todo el camino de la unción, la historia de los reyes, el actuar de los profetas, la revelación progresiva de Dios.

Y ese peso, el recordar el peso específico de las palabras, es lo que hace que las utilicemos de un modo no solo más inteligente sino más amoroso. El Santo nombre de nuestro Salvador Jesús sabemos que tiene una historia, "jeshua", o "Joshua", o en fin, tiene una serie de variaciones, quiere decir "Yahvé Salva". Entonces, los nombres, las palabras, las aclamaciones, "aleluya", "alabad al Señor", tienen una historia.

Esta sencilla serie de meditaciones tiene este propósito: que nos encariñemos con el camino que hacen las palabras, y si nos acostumbramos a recorrer ese camino, pues nos volvemos familiares de Dios, nos sentimos más claramente miembros de su pueblo, de su familia.

Bueno, para hoy vamos a tomar la palabra "Yahvé", que los judíos piadosos escribían sin vocales, escribían únicamente las cuatro consonantes que son "YHWH", así se suele transcribir, esa es la palabra, ese es el nombre santo que Dios le revela a Moisés: "Cuando yo vaya donde el faraón, cuando me pregunte cuál es tu nombre, ¿qué le voy a decir" Exodo 3,13, y entonces le responde el Señor: "Diles que su nombre es Yahvé" Exodo 3,14.

Bueno, ¿qué significa este nombre? Como es un nombre comprimido, y además tomado de esa lengua hebrea que es tan densa, pues nadie está completamente seguro de lo que querría decir "Yahvé", pero hay varias líneas de interpretación, vamos a mirar dos o tres que son muy hermosas. La primera es: "Yo Soy el que Soy", eso así se suele traducir.

"Yo soy el que Soy", según la interpretación de Santo Tomás de Aquino, según la interpretación que en parte sigue Santa Catalina de Siena, quiere decir "mi ser es consistente", "yo permanezco", "yo soy el que permanece", "yo soy el que está, el que dura. En contraste con los dioses egipcios que cambian, suben o bajan, en contraste con la dinastía del faraón que llega o se va, Dios es el que permanece.

Y creo que uno puede tener esa sensación cuando mira la historia de la Iglesia: cuántos imperios han llegado y se han ido, y ahí está la proclamación del nombre de Cristo.

Tanto que molestaron y tanto que amargaron la vida en Rusia, tratando de acabar con todo resto de fe, ahí se sigue proclamando el nombre de Cristo, las conversiones crecen año por año, uno siempre quisiera que fueran más, y uno quisiera que estuvieran en plena comunión con el sucesor de Pedro, no es así, pero de todas maneras es indudable que después de setenta años de Comunismo, y de negar a Dios, y de insultar, y de tratar de negar y destruir, Él es el que permanece, eso es muy hermoso.

Otro tanto tenemos en Cuba, por ejemplo. ¡Una foto impresionante cuando sale Cristo llevando su Cruz en procesión por las calles de Cuba! País comunista, donde se denigró de la Iglesia, donde se expulsó a los religiosos, y ahí está ya Cristo retomando lo suyo. Mucho después de que se haya consumido el cadáver de Fidel Castro, dondequiera que lo lleven, mucho después de que haya desaparecido toda esa élite comunista, estoy seguro que el nombre de Cristo, el nombre de Dios, estará ahí presente. Ese es un sentido muy bonito.

Y esa permanencia del nombre de Dios también es importante para nosotros, digamos también a escala personal, Dios es el que permanece. Cuando uno mira, por ejemplo, su historia vocacional, yo acabo de celebrar, con un poco de estupor, veinte años de sacerdocio, y Dios es el que permanece.

Seguramente, muchas cosas han cambiado en ese tiempo: amistades que llegan y se van, personas que mueren, preocupaciones que uno tenía y ya no tiene, preocupaciones que no tenía y que ahora tiene. El mundo es mudable, el mundo es contingente, el mundo es efímero, el mundo es engañoso. Dios es el que permanece.

Y ver ese amor de Dios confirmado una y otra vez es muy importante. Cuando fueron a quemar vivo a San Policarpo, Policarpo de Esmirna, lo iban a quemar vivo, y entonces le ofrecían que traicionara a Cristo, pero no se lo decían de esa manera, sino que hiciera como un simulacro, que sí, que hiciera como que acepta la orden del emperador, y entonces dice San Policarpo: "Durante toda mi larga vida-, tenía más de ochenta años-, sólo he recibido favores amor de Cristo, ¿cómo lo voy a traicionar ahora?" Y así, pues, se sometió al tormento y fue quemado vivo. San Policarpo.

Uno que se vuelve tan cobarde con la edad y la salud, y todo como que le duele más, y este señor, a esa edad, el viejito, que casi no tenían cómo a amarrarlo, pues ahí lo amarraron y lo quemaron.

Pero es eso, es sentir que Dios es el que ha acompañado todo mi camino, Dios es el que ha estado siempre. Y esa permanencia de Dios también nos invita a ser nosotros más estables, más firmes. Una de las señales de la madurez espiritual es la firmeza, esa es una señal de madurez. A la persona inmadura todo le afecta: "Ay, me miraron, no me miraron, no me quisieron, me quisieron, me rechazaron, parece que me aceptaron, parece que me aplaudieron, no, ahora no me quieren".

Esa dependencia de la aceptación, esa dependencia de la aprobación, esa dependencia del ambiente, es propio de las vocaciones inmaduras. La vocación madura, no, la vocación madura sabe avanzar sin aspavientos, sin arrogancia, sin petulancia, simplemente en fidelidad. Es decir, el Dios firme nos hace firmes. Y aquellos que van creciendo en Dios se les nota por esa firmeza.

Fíjate lo que nos dice la Carta a los Efesios, ese texto que cito tantas veces: capítulo cuarto, ¿no? Dice: "Ya no seremos niños llevados a cualquier parte por cualquier viento" Carta a los Efesios 4,14. Lo propio del niño es que cualquiera lo convence, el niño llora y hace cara de tragedia, a los cinco minutos ya está contento porque le dieron una colombina, luego está bravo, luego está cansado, luego está disgustado, luego otra vez está contento.

En cambio, lo propio de la persona madura es acercarse a esa estabilidad divina, ese acercarse que es lo propio, por ejemplo, del matrimonio fiel. El matrimonio que ha pasado por las tormentas, ha pasado por la pasión y el deseo, ha pasado por la duda y los celos, ha pasado por los insultos y la desconfianza, ha pasado por la ternura y el diálogo, y cuando pasan todos esos años y todavía unidos, ¡qué testimonio tan bello!

Y ese testimonio tenemos que pedirlo nosotros: nosotros tenemos que pedir la perseverancia en nuestra vocación, porque el demonio se regocija destruyendo la obra de Dios, y el demonio se regocija haciéndonos cambiar, porque eso es lo propio de la inestabilidad del mundo. Entonces, esos cambios, esas mudanzas, son propias del demonio. El demonio quiere que uno, después de viejo, resulte con no sé qué ideas, y ahí es donde se ve.

Fíjese que las infidelidades duelen siempre mucho, pero ¿a quién no le duele más que después de quince años, después de treinta años, después de cuarenta años de matrimonio, dejar la esposa, para irse detrás de cualquier muchachita? Eso duele porque es como el rechazo a una historia.

Nosotros tenemos que pedirle a Dios. Yo me acuerdo que a nosotros en el noviciado nuestro maestro nos insistía mucho en eso, decía: "Mire, la perseverancia final es una gracia y hay que pedirla". No se fíen ustedes de que yo conozco, yo sé, yo entiendo, no, hay que pedirle a Dios: "Dame la perseverancia en mi vocación", porque el enemigo quiere que nosotros seamos como el polvo que se muda, cualquier vientecillo, y ya eso se vuelve un remolino y ya no quedó nada.

Segunda interpretación. La primera es la permanencia, la segunda interpretación es esta: como los verbos en hebreo tiene una característica que se llama aspecto, nosotros no tenemos eso en castellano, el aspecto es si la acción termina o no termina. Le doy ejemplo de aspecto en castellano, aunque a uno no le enseñan esa palabra ene el colegio. Mire esto: "Yo cantaba", eso es algo que sucede en el pasado, ahora mire esto: "Yo canté", es el mismo verbo, pero cuando yo digo "cantaba", como que indica un trayecto; cuando yo digo "canté", indica algo que se termina, algo que se concluye.

Entonces tienen un aspecto diferente, "cantaba" se llama pretérito imperfecto, el otro se suele llamar pretérito perfecto. Perfecto o imperfecto, esas palabras sí las hemos oído en el colegio, ¿esas palabra indican qué? Indican el aspecto.

Bueno, en la lengua hebrea, más importante que incluso que el tiempo, como decir pasado presente y futuro, es el aspecto. Y resulta que la construcción que sale en hebreo, cuando se toma el nombre de Yahvé, da para que se diga "Yo Soy el que Soy", pero también para que se diga "Yo soy el que Era", o "Yo Soy el que Seré", porque esas conjugaciones también tiene el mismos aspecto que nosotros llamaríamos imperfecto.

Por eso surge esa otra interpretación: "Yo Soy el que Seré", ¿y qué quiere decir o qué querría decir esa frase? Que solo se conoce a Dios caminando con Él, que Dios no es una idea que nosotros metemos en nuestra cabeza, porque resulta que somos genios de la metafísica, o de la filosofía o de la teología; solo se conoce a Dios caminando con Él.

Es muy interesante que cuando aquellos discípulos en el evangelio de Juan le preguntan a Cristo: "Maestro, ¿dónde vives?" San Juan 1,38, Él los pone a caminar: "Vengan y véanlo" San Juan 1,39. Es decir, a Jesús se le conoce en el camino, a Jesús se le conoce caminando con Él. El mismo que dijo: "yo soy la verdad" San Juan 14,6, antes dijo: "Yo soy el camino" San Juan 14,6.

Yo no puedo conocer la verdad de Cristo, si no acepto a Cristo como camino, y por consiguiente, la revelación de Dios no es como la revelación de una idea, no es como la revelación de una verdad matemática, no es como la revelación de un golpe de genialidad; la revelación de Dios es el camino que uno está haciendo, en ese camino con Dios se conoce quién es Dios, y sin ese camino no se conoce. Conoce más a Dios el que ha caminado más con Dios.

¿Y qué significa caminar con Dios? Pues nosotros ustedes ven que de una vez le aplicamos esto a Cristo, porque en Cristo es donde se nos ha revelado plenamente quién es el Señor. ¿Qué significa caminar más con Cristo? Significa acompañarlo en todas. "Te seguiré dondequiera que vayas" San Lucas 9,57, le dijo por ahí un muchacho, aunque luego, pues, como que cumplió o no cumplió.

El "sígueme" de Cristo es "sígueme en todas", y hay muchos que creo que cuando llega Getsemaní huimos, cuando llega el momento difícil: "Permiso, yo me voy donde está más descansadito, Cristo, yo me voy donde está más suavecito, yo me voy donde está más manejable la situación. Permiso, Cristo, yo me voy".

Conocer el misterio de Cristo realmente es participar del camino de Cristo, en todas, no todas son malas, ¿no? Estar en Cristo también es verlo expulsar demonios y ver que su palabra se impone sobre la arrogancia de las tinieblas; estar con Cristo es verlo multiplicar los panes; estar con Cristo es sentir su dulce presencia que nos acompaña como a los discípulos de Emaús; estar con Cristo es estar allí donde se parte el pan, donde se explica la Palabra. Todo eso es estar con Cristo.

"¿Tú quieres saber quién soy yo? Vive conmigo". Dios sólo se revela en el camino. Y el camino tiene una peregrinación definitiva, tiene un momento definitivo, y ese momento definitivo es cuando uno ha muerto. Los que llegan a conocer realmente a Cristo son los que mueren en Cristo, esos son los que llegan a conocer qué es, cómo es el poder del Señor. Yo no puedo conocer a Cristo sin morir con Cristo.

Porque el enemigo grande, gordo y feo que venció Cristo fue la muerte. En esa batalla definitiva, acompañando a Cristo en la victoria sobre la muerte, yo llego a saber quién es Cristo, ahí lo llego a conocer. Qué importante saber ese contenido. En el momento del Éxodo, esa frase, pues, ¿qué significa? "Quién soy yo? Pues yo soy lo que tú vas a ver en en camino del desierto".

Decía San Agustín, como un resumen de una oración perfectísima, que eso se suele citar en latín : "No verin me, no verin te". significa: "Que yo me conozca y que yo te conozca". Que yo me conozca para que yo sepa, por ejemplo, cuando le estoy dando la espalda al Señor, porque como hya tantas trampas del enemigo, hay momentos en que uno le puede estar dando la espalda al Señor y uno cree que le está dando gloria a Dios. Acuérdese de lo que dijo Cristo, dijo Él: "Llegará un tiempo en que incluso habrá quien los mate y creerá que, matándolos, le está dando gloria a Dios" San Juan 16,2.

Como uno se puede equivocar tanto, tanto, tanto, es muy importante, muy importante, pedirle eso al Señor: "Que yo me conozca y que yo te conozca", ¿y cómo cumple Dios esa promesa? Nos lleva al desierto: en el desierto Dios se revela. "Yo la llevaré al desierto y le hablaré al corazón" Oseas 2,16.

Pero uno no quiere ir al desierto, uno quiere ir al jardín; uno no quiere ir al desierto, uno quiere ir a la fiesta, uno quiere ir al banquete; uno no quiere ir al desierto, uno quiere ir donde sí lo quieren, donde sí lo tratan, donde sí lo aman, eso es lo que uno quiere, eso es donde uno quiere estar.

Excepto unos pocos locos, como San Juan de la Cruz, ese sí le decía al Señor: "No, no, no, conmigo si no, conmigo vamos a ser serios; yo quiero conocerte: llévame a la cruz". ¡Pero esa frase da tanto miedo decirla, tanto miedo!. "Llévame a la cruz", porque la cruz es el nombre que tiene el desierto en el Nuevo testamento; "llévame a la cruz, ahí es en donde yo te voy a conocer, ahí es donde no te voy a confundir con los ídolos, ahí es donde se derrota a Satanás, ahí es donde los engaños del demonio no funcionan".

Porque el demonio siempre, de una manera y de otra, está tratando de presentar como bueno lo malo, ¿no?: "Mira, es que si tú haces esto, aquí sirves más, aquí haces más", eso se ve muy bien, si ustedes miran la biografía de Santa Catalina, ¡qué cosa de astucia del demonio las frases que le soltaba! Cuando ella, por ejemplo, iba a a hacer penitencia, se encerraba, todo eso, le decía: "¿Qué haces perdiendo el tiempo ahí, con tanta necesidad que hay afuera?" ¿Sí ve? Es un juego, un juego satánico.

Tú vas a hacer penitencia, "no, no hagas penitencia, ahora se necesita que salgas". Y luego, está por fuera, "estás tan dispersa que tus oraciones nada valen". ¿Sí ve el juego? Por eso uno tiene que pedirle mucho al Señor, con mucha humildad: "Dios mío, por los caminos y desiertos de esta vida, enséñame a conocerme y enséñame a conocerte. Porque en el desierto, a medida que van cayendo los ídolos, el único que se sostiene en pie es el Dios verdadero.

Yo sí les encarezco que nosotros oremos al Señor pidiéndole que nos lleve con esa providencia y que nos enseñe a conocerle y a conocernos.

Bueno, una tercera interpretación es algo así como una negación. Imagínese que yo le presentara una silla a una persona que nunca la ha visto, y entonces esa persona me dice: "¿Qué es eso?" Y lo le digo: "Pues eso es lo que es". Pues esa sería como una manera de no responder. , Hay una teoría que dice que la frase "Yo Soy el que Soy" es una manera de no responder, como quien dice: "Mire, yo soy lo que soy, usted no se meta en esto". ¿Esa interpretación cómo hay que entenderla? Hay que entenderla de la siguiente manera: usted recuerde que en la Biblia el nombre tiene siempre un poder, porque el nombre es invocación, el nombre es entrar en el secreto de alguien, el nombre es tener la llave para llegar como a la intimidad de alguien.

Eso se nota también en el Nuevo Testamento. Acuérdate lo que sucedió cuando María Magdalena, ¿qué pasó cuando María Magdalena? Jesús le pregunta, y Jesús Resucitado: "Mujer, ¿por qué lloras?" San Juan 20,15. Y ella no lo reconoce. Cuando Jesús le dice el nombre, "¡María!" San Juan 20,16, ahí sí lo reconoce.

Fíjate que la llave que abre el reconocimiento, la llave que esa capacidad de verse y de ver al otro y abrir mi mundo al otro, esa llave es la llave del nombre.

Si Dios no da su nombre es también un modo de decir: "A mí no se me manipula. Mi nombre no es para que tú me manejes, Moisés, y sobre todo, mi nombre no es para que lo manejen otros". Y esta teoría tiene a su favor aquel pasaje que me parece que está en el capítulo sexto del libro de los Jueces, donde se cuenta la historia de Sansón.

Usted recuerde que se le aparece un Ángel a la mamá de Sansón, y el Ángel le dice muchas cosas, y la señora le pregunta el nombre: "¿Cuál es tu nombre?" Y el Ángel le dice: "¿Por qué me preguntas mi nombre? Mi nombre es misterioso" Jueces 13,18, "ah, bueno, don misterioso". "Mi nombre es misterioso" Jueces 13,18, y no le dio el nombre. Eso es interesante.

¿Por qué no le dio el nombre? Seguramente porque en esa mentalidad semipagana de aquel tiempo, si el Ángel le daba el nombre a ella, muy probablemente ella la actitud que iba a tomar era invocar a ese Ángel o invocar a ese ser que se le había aparecido, distrayendo su atención del Dios único y verdadero, el Dios de la alianza, Yahvé.

Fíjate que esa interpretación de que Dios no dice su nombre porque no quiere que su nombre sea profanado, y porque no quiere revelar su intimidad así no más, pues esa interpretación también tiene sentido, eso también tiene un significado.

hay otro pasaje de los Evangelios que también tiene una relación con esto. Hay una parábola del Señor en la cual se cuenta la historia de un hombre muy rico que banqueteaba todos los días. Y este hombre muy rico tenía a su puerta un pobre, ¿cómo se llamaba el pobre? Lázaro, ¿cómo se llamaba el rico? No tiene nombre, porque epulón quiere decir el que come mucho el que banquetea; el rico no tiene nombre.

Fíjate que en esa parábola el pobre tiene nombre, el rico no tiene nombre. ¿Qué quiere decir eso? Que así como el rico se ha encerrado en su mundo, en su burbuja de placeres, y así como el rico, en su burbuja, ha excluido a Dios de su vida, y Dios es un desconocido para el rico, pues el rico es un desconocido para Dios.

¿Cuál es la frase que dice Cristo cuando rechaza a las vírgenes que no fueron fieles y que no fueron perseverantes? ¿Qué les dice? "No os conozco"San Mateo 25,12. Tú me desconociste, yo no te conozco a ti". Es que acuérdese que el verbo conocer es un verbo tan intenso en la mentalidad semítica que que incluso indica la intimidad en el caso de la pareja, la intimidad conyugal, el verbo conocer es ese.

"No te conozco, no sé cuál es tu nombre, yo sé que tú comías mucho, eso es lo único que yo sé de ti, que tú tragabas y tragaba, eso es lo único que yo sé de ti, pero tu nombre no lo sé".

El desconocimiento del nombre, el no reconocer el nombre está indicando una distancia. Parece que la frase, porque Moisés quiere saber cómo va a presentarle esta situación al faraón, y parece que Dios le está diciendo: "No, no, no, no, no, háganme el favor y no me manosean. Ustedes no me van a llevar por allá a que entonces "el nombre y el nombre" y a que allá empiecen a ver si me meten en otro nombre o si me juntan a todas las divinidades que tienen. Conmigo no es así, yo soy distinto a todos los demás".

También en el profeta Isaías tenemos ese cántico que está en Laudes pero no me acuerdo de qué día de la semana: "Es verdad, tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador" Isaías 45,15.

Es un Dios escondido, es decir, es un Dios que no revela así no más su misterio; no pienses que por pronunciar unas palabras, incluyendo la palabra "Yahvé" o la palabra "jehová", que dirían los otros, ya explicamos lo de "Jehová" el error que tiene, no creas que por decir la palabra "Jehová" ya tienes a Dios aquí, agarrado, no; no pienses que por decir la palabra "Jahvé", ya está.

"Es verdad, tú eres un Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador" Isaías 45,15. Esa frase está indicando que el nombre de Dios es presencia de Dios y, por consiguiente, el nombre de Dios es denso, y por eso se habla de la revelación del nombre de Dios.

O sea que uno puede tomar, -y con esto terminamos hoy-, uno puede tomar la expresión "el nombre de Dios" como decir: Jahvé, como decir Dios, como decir..., ese es un modo material, es decir, como las letras, los sonidos, la tinta que se pone en un papel, ese es un modo de ver el nombre de Dios, pero ese es un modo demasiado superficial, demasiado corto.

El verdadero sentido del nombre de Dios, -y eso es lo que nos recuerda esta tercera interpretación-, el verdadero sentido es: Dios revela su misterio, y entrar en el nombre de Dios es entrar en el misterio de Dios. Y por eso también la grandeza de que Dios nos llame por nuestro nombre, y también la grandeza de que Dios nos dé un nuevo nombre, como cuenta el Apocalipsis, un nuevo nombre. El Dios que me revela su nombre me da un nuevo nombre, es decir, establece una relación nueva y eterna conmigo.

Bueno, esto es para comentar un poco de las interpretaciones, son muchas más, pero yo diría que las tres más importantes, por lo menos que yo conozca, son estas.

Tres interpretaciones sobre el nombre de Dios, tres hermosas interpretaciones que nos muestran cómo Dios es el que permanece, eso fue lo primero que dijimos, Dios es el que se revela en el camino, y Dios es el que esta más allá de nuestros poderes, de nuestras manipulaciones, de nuestras pretensiones, ¿eso cómo lo llama Isaías? "Dios es el Santo" Isaías 45,11. Santo quiere decir el que está más allá de nuestras manipulaciones, de nuestros manejos, de todo lo que nosotros podemos.

¡Bendito aquel al quien Dios revele su nombre!