Del pecado extremo a la extrema santidad, 2 de 2
Cuando tú empiezas a decir la palabra "gracias" a los seres humanos, a cada uno le estás reconociendo su dignidad, y cuando tú le empiezas a decir la palabra "gracias" a Dios, es tu dignidad la que estás descubriendo, porque entonces ya tú no eres una máquina en el engranaje del universo, eres hija del Rey, eso es maravilloso, eres hijo del Rey.
Hay una foto preciosa, un mensaje precioso que circula en Internet, me gusta muchísimo, estoy tentado de ponerlo en mi propio muro, en Facebook, una foto preciosa que dice: "Yo no seré el dueño del universo pero soy el hijo del Dueño", "soy el hijo del Dueño", y es muy bueno que tú sientas esa alegría.
Entonces viene el agradecimiento y viene la alabanza, y cuando llega el agradecimiento y la alabanza, se mejora el hígado, desaparece el problema renal, hay gente que se ha curado de la impotencia, se quedaron en silencio, sí, ¿acaso Dios no puede curar de la impotencia o qué? Me miran con caras de: "Ay, padre, no diga eso", ¡sí, hay gente que se cura de la impotencia! Porque le digo una cosa: la soberbia no hace de usted ni un buen compañero, ni un buen amante, ni un buen esposo, ni un buen papá.
Deje esa amargura, deje esa soberbia, deje ese egoísmo y usted descubrirá que es mejor esposo, amante en el sentido de amante de su esposa, no que sea amante de otra, ¿no? Mejor papá.
Viene el décimo paso: la docilidad ante el nuevo comienzo, la disposición para que Dios me enseñe.
El paso once: Hambre de la Palabra y del Espíritu. ¿Sabe que eso sí me gusta mucho de muchos servidores aquí? Yo les voy a echar esa flor porque es de verdad, porque no es mentira, ¿sabe qué me gusta de muchos servidores en "Juventud Renovada"? Que yo les veo hambre de la Palabra, y esa es una señal de que el Espíritu Santo es el que está haciendo su obra en ustedes. Hambre de la Palabra de Dios.
Fíjese usted que las mamás saben que los hijos están en buena salud cuando tienen hambre, ojalá que nos sea demasiada hambre porque hay gente que come como descosida, me dijeron esa frase hoy y no me la dijeron a mí; hay gente que come como descosida.
Pero a las mamás les gusta que los hijos se alimenten bien, yo no he conocido a la primera mamá que diga: "¡Ay, qué pesar, toca darle otra vez comida a este muchacho, hombre! ¡Mire, por ahí viene otra vez a comer!" No, los papás y las mamás son felices. ¡Qué puede ser más hermoso que llenar esos buches que no se acaban de llenar! Bueno, los papás lo miran de un modo más bonito. Hambre de la Palabra de Dios.
El paso número doce es la conciencia de la fraternidad que brota de la paternidad, es decir, el paso número doce es: "Hasta ahora yo llegué a nacer". Pero lo mismo que en una familia, tengo hermanos. El paso número doce es descubrir que tengo hermanos, y lo mismo que pasa en la familia, también en la Iglesia, cuando uno descubre que tiene hermanos, tiene sentimientos encontrados: por una parte, qué bueno que tengo hermanos, pero por otra parte significa que no soy el único, y esto quiere decir que entonces no toda la atención es para mí.
Porque eso también pasa en los grupos y pasa en las comunidades: hay gente que realmente se pone en la tarea de pedir y pedir que les pongan atención como si fueran niños chiquitos. Normalmente van donde los líderes, donde los directores, donde los encargados, y es como niños chiquitos, como a veces hacen los niños que jalan la falda de la mamá para que les pongan cuidado, también en las comunidades hay personas así.
Hay personas que están llamadas a llamar la atención, y hay personas que creen que su intención y que su oración es la única importante y es la única que hay que hacer, y sus temas son los únicos que valen la pena, y sus ideas son las únicas que cuentan.
Mira, ¿qué toca en una familia, que hay que enseñarle a los niños?: "Yo te quiero mucho, pero no puedo darte todo el tiempo, porque tengo también que atender a tus hermanos". Lo mismo pasa en la Iglesia: hay personas que creen que sis ideas son las únicas, sus proyectos son los únicos, sus problemas son los únicos y sus oraciones son las únicas, así no funciona.
Aprender que tenemos hermanos es un paso muy importante en la conversión; aprender que tenemos hermanos es aprender a ceder espacio, atención, incluso cariño, para que otros lo tengan. Es dejar ese centro de atención que a veces uno quiere tener, porque uno quiere ser como el centro de la propia vida, y así no funciona. ¿Sabes una cosa? Ahora que estamos haciendo esta lista larga de pasos, yo descubro que en cualquiera de estos pasos uno puede atascarse, y hay personas que nunca dan el paso a la fraternidad, el paso a descubrir que también hay otros que necesitan tiempo, hay otros.
Es que eso se nota hasta en cosas tan elementales como la fila para comulgar. Yo no sé si ustedes se habrán dado cuenta que hay personas, no digo cómo se distribuye la sagrada Comunión en este salón, que ustedes saben el orden que hay aquí, sino yo digo en la iglesia parroquial típica, ustedes han visto gente que comulga de la siguiente manera.
Vamos a suponer que donde está este micrófono, ese es el ministro de la comunión o el sacerdote que está distribuyendo el Cuerpo de Cristo, y yo vengo aquí en la fila, y hay gente que comulga de la siguiente manera: se van acercando, acercando, cuando reciben la Sagrada Eucaristía, obviamente tienen que devolverse a su puesto, y mire cómo se devuelven: montándose encima de las personas que vienen atrás.
Por supuesto, ustedes no se dan mucha cuenta de eso, eso lo nota más la persona que está dando la Comunión, que con frecuencia es el sacerdote. La gente no tiene orden para comulgar, no tiene, es decir, creen que son los únicos que están comulgando. Y yo varias veces he visto personas que comulgan y se devuelven atropellando a los que están atrás.
En esos detalles tan sencillos nos damos cuenta lo egoístas que seguimos siendo, y por eso este paso doce es tan importante, porque es donde empieza a romperse el egoísmo. Se organiza una misión, se organiza una actividad, ¿cuántas personas tienen la capacidad de apoyar una idea buena que no se les ocurrió a ellos? Con mucha frecuencia lo que uno quiere es "que mi idea salga", "que mi idea se haga", "que lo que yo pienso..."
Espérate, lo que hay que buscar aquí es lo mejor para el Señor, lo mejor para la evangelización, lo mejor para la obra de Dios, no simplemente que quede tu idea o que quede mi idea. Ahí estamos muy inmaduros en muchas partes. Necesitamos aprender esto: descubrir la verdadera fraternidad, y ahí nos quedamos muy corticos.
Trece: conciencia de los propios carismas y de los carismas ajenos. Yo tengo incluso un video que se llama "Conoce tus Carismas". Mira esto: hay muchas personas que realmente no saben para qué sirven, no tienen idea para qué sirven. "-¿Usted es católico?" "-Sí". "-¿Cuál es su carisma?" "-¿Mi qué?" -Su carisma, ¿a usted cómo qué le ha dado el Señor?" "-¡Deudas!" Realmente, no sabe, oiga, no tenemos conciencia.
Y entonces, como no conocemos nuestros carismas, no aprendemos en dónde podemos servir, y el que no sabe en dónde puede servir queda encadenado en una especie de minoría de edad permanente, es decir, lo que son muchos niños: "Denme, denme, denme y denme". O si no se para al otro extremo: "-Que alguien haga algo", "-¿Y tú?". "-No, a mí, denme".
¿Tus carismas cuáles son? ¿Cuáles son tus carismas? Es decir, si se va a organizar una misión, ¿cuál es tu aporte? ¿Tú en qué puedes ayudar? ¿Y conoces los carismas de tus hermanos? Yo les digo una cosa, el futuro de un ministerio se juega en este paso, en esto que estamos diciendo. Si ustedes quieren, -y lo digo en público, y aquí están los fundadores y responsables principales-, si ustedes quieren que Juventud Renovada prospere, la clave está en este paso, en que la gente identifique con agradecimiento ante Dios los propios carismas y que sepa reconocer los carismas de los demás.
Pero a veces es un problema para cualquier cosa: "A ver, ¿quiénes pueden ayudar con la predicación?" Y todo el mundo allá escondido, "-¿quién puede ayudar?" "-No śe. Que nadie me mire , que nadie cuente conmigo".
Una vez,-.eso pasó en otro ministerio-, estaban organizando una misión, mire, ahora mismo estamos en marzo, ¿no? Estaban organizando una misión para noviembre: "-Vamos a hacer un gran encuentro, vamos a hacer una gran convención católica el día ocho de noviembre. A ver, tú, Roberto, ¿puedes ayudar?" "-Ese día tengo un funeral", ¿ah? ¿Cómo vas a crecer así? Sólo se crece dando, sólo dando se crece, dando. Y ¿qué es dar? Les voy a dar una definición de dar que no les va a gustar: dar es empezar equivocándose para seguir aprendiendo y para terminar haciendo bien, eso es dar.
Aquí suele pararse, junto a este bajo de color negro, suele pararse otro bajo, por favor, le dan un aplauso al bajista. Señor bajista, le hago una pregunta: ¿El primer día que usted tomó ese instrumento lo tocó perfectamente? ¿Se equivocó? Pero poquitas veces. ¡Un año equivocándose! Ahora, no sólo lo van a aplaudir ellos, yo lo aplaudo a usted, señor.
Eso es verdad, dar, reconocer los propios carismas es empezar equivocándose para seguir aprendiendo y terminar haciendo bien. Pero uno muchas veces no quiere hacer la escuela, y es necesario hacer el camino, es necesario hacer la escuela, hermanos, y esto es en todo.
Hay gente que dice, por ejemplo: "Bueno, ¿pues yo para qué voy a servir? Me imagino que será para recibir a la gente. Pónganme de ujier". Lo ponen de ujier: "-¿Qué tengo que hacer?" "Párese aquí y reciba a la gente". "-¿Qué más tengo que hacer?" "-Siga ahí parado". "-¿Y ahora qué hago?" "-Hombre, que siga ahí, que reciba a la gente. "-A ver, usted, gorda, entre". El ujier empezó mal.
Cualquiera dice que es algo sencillo, no es sencillo, saber recibir la gente no es sencillo, porque es hacerlo sentir en casa, es que ellos, desde la puerta, empiecen a abrir el corazón. No es tan fácil, hay que saber hacerlo.
La gente que canta, -aquí hay una cantidad de gente que canta que yo he visto que es aquí donde se paran-, todavía cometen algunos errores, pero menos. Por ejemplo, yo estaba allá parado observando, orando, terminando de preparar mi tema y noté que llevaban un paso, y resulta que tres iban para un lado y tres iban para el otro. Entonces, como yo soy así un poco malévolo a veces, yo dije: "Voy a esperar a que se estrellen", preciso, ¡pum!, se dieron.
Ustedes no se dieron cuenta porque ustedes hicieron lo que tenían que hacer: orar, alabar, pero como yo estaba allá observando, yo vi el momento en el que se estrellaron, y ahí sí corrigieron el paso y ahí sí siguieron.
¿Conocer los carismas qué es? Es suplicarlos a Dios y agradecérselos a Dios, pero también es equivocarse, aprender y perfeccionar. No te preocupes de que haya equivocaciones. Ese hermano tan querido nos dijo que duró un año equivocándose, y lo mismo os lectores, y lo mismo los predicadores, y lo mismo los misioneros.
Les voy a decir una cosa que les va a sacar una sonrisa muy grande: se permite equivocarse, ¿qué opinan de esa noticia, les gusta? Lo que no se permite es dejar de aprender. Todos nos equivocamos. Yo me acuerdo cuando tenía que predicar en los primeros auditorios, yo me caía de los auditorios, claro, a la cuarta escalabrada ya aprendí.
Después de que uno descubre que uno sí tiene carismas, que uno sí puede hacer algo bien y que los otros también pueden hacer algo bien, por primera vez surge una cosa muy bella, que es el paso número catorce: Iglesia, por fin se le siente amor a la Iglesia, por fin uno entiende eso que dice San Pablo en el capítulo doce de Primera Corintios, que somos un cuerpo, y que la mano nos es pie, ni el pie es oído, ni el oído es ojo, pero que todos somos importantes. Y cuando uno descubre que somos Iglesia, uno descubre que es bello lo que Dios ha querido para su pueblo y uno empieza a amar a la Iglesia.
Pero ahí viene el paso número quince, que es más hermoso todavía: uno comprende que la voluntad de Dios no consiste únicamente en que yo sea bueno: necesitamos todos responder al Señor. Esto es lo mismo que una orquesta sinfónica, que es tal vez la expresión más visible de lo que significa armonía.
¿De qué sirve tener unos violines fantásticos si los tambores están tocando otra cosa y si las trompetas van por su lado? Necesitamos construir una armonía, necesitamos que la Iglesia suene con el amor de Dios, necesitamos que cada uno haga bien su parte para que brille la gloria de Dios. Ese es el amor por la gloria de Dios.
Pero ¿qué pasaba cuando el bajista, Carlos, se equivocaba? Que él estaba aprendiendo, y lo hace muy bien-, pero seguramente los otros sentían un poquito de impaciencia, "ay, Carlos, ¿cuándo aprenderás?" ¿Sabes una cosa? Todos necesitamos misericordia, y ese es el siguiente paso: descubrir que todos necesitamos misericordia, incluyendo el sacerdote, porque hay unos que se convierten y les queda perfectamente claro lo que es la santidad,la santidad del sacerdote, entonces descubren todo lo que el sacerdote debe ser.
Hay gente que es implacable con el sacerdote: el sacerdote no se debe equivocar, el sacerdote debe ser perfecto, el sacerdote debe ser fervoroso, debe orar mucho, debe hacer milagros, y no solo eso, el sacerdote debe tener capacidad para levitar, sacerdote que no levite, no es levita, ¿ve?
¡Qué fáciles descubrir los deberes de los demás, y la gente es implacable con el sacerdote: "Y el sacerdote debe hacer esto", "por eso la Iglesia no prospera, porque ustedes los sacerdotes..." Tienen razón, nosotros los sacerdotes tenemos que convertirnos, pero yo creo que nos somos los únicos, a ver, ¿dónde están los papás santos? ¿Dónde están los matrimonios santos? ¿Dónde están los niños santos? ¿Dónde están? Necesitamos, la santidad es de todos.
Entonces uno descubre que la Iglesia no puede subsistir sin la misericordia y sin el perdón, y cuando eso se descubre, entonces empieza a vivirse un misterio de amor, un misterio de acogida. Esto se parece mucho a los que sucede en el matrimonio, en el matrimonio también sucede así, el matrimonio no puede subsistir sin el perdón y el matrimonio no puede subsistir sin aceptar ciertas cosas.
Hay una oración muy bonita que dice: "Señor, dame serenidad para aceptar lo que no puede cambiar, dame fuerza para cambiar lo que sí puede cambiar y dame sabiduría para reconocer la diferencia". ¡Qué bella es esa oración! Pues esa oración también vale para el matrimonio: "Señor, dame serenidad para aceptar lo que no va a cambiar en mi esposo; Señor, dame fuerza para hacerle la vida imposible hasta que cambie en lo que debe cambiar; y Señor, dame discernimiento para ver a qué le hago fuerza y a qué no".
Y así son los matrimonios. Todos los matrimonios que yo he conocido, incluyendo a mis propios papás, eso funcionaba así. Finalmente los matrimonios tienen que llegar a algunas conclusiones de que hay cosas que no van a cambiar en la otra persona, no van a cambiar. "Ay, es que yo quisiera que él, no sé, como que no tuviera canas". Va a estar difícil, bastante difícil. Hay cosas que no van a cambiar, y sin embargo eso no significa que hay otras que sí deben cambiar, y en ese conocimiento mutuo se llega a algo muy bello, que es una combinación de superación y aceptación.
Y esa fórmula, ese coctel deliciosos es el que hace que el matrimonio sea algo único, porque es una mezcla de aceptar y cambiar, y es una mezcla de ser aceptado y ser cambiado, y es una mezcla de negociar y de insistir, y es una mezcla de avanzar y acoger. Eso que vale para el matrimonio, eso vale para la Iglesia; la Iglesia necesita lo mismo, la Iglesia está hecha por estos seres humanos que somos nosotros, y uno va aprendiendo lo que significa esa aceptación, y lo que significa ese amar, y lo que significa ese orar, porque no todo lo voy a cambiar yo con mis palabras.
Fíjate cómo, en los verdaderos matrimonios, hay cosas que sólo cambian a través de la paciencia y a través de la oración. Cuántas esposas tienen la experiencia de ponerse a pelear y de ponerse a hacerle la vida imposible a ese esposo y nada funcionaba, en cambio, se pusieron a orar, y los cambios empezaron a darse.
¿O estoy hablando aquí inventando? ¿Aquí hay esposas que tengan esa experiencia? Levanten la mano las esposas que tienen la experiencia de que la oración logró cambios que no lo había logrado nada. Sí hay algunas, vea, y sonríen con cara de que "Dios medio la victoria". Amén, amén, mujeres, amén.
¿Y qué sigue después? Conciencia de las limitaciones de la propia comunidad y del tiempo en que vivimos. Parece una derrota, pero no es así, es lo mismo que les sucede a los papás con los hijos, exactamente lo mismo. Cuando tu hijo empezó a practicar un deporte, por ejemplo tu hijo practicaba el atletismo, ¿tú como papá qué querías? "Que sea campeón, que sea campeón nacional", no no fue campeón nacional, "bueno, que sea campeón del estado, que sea campeón del condado, que sea campeón del complejo residencial, que corra más que yo, mejor dicho".
Parece resignación, pero no es simple resignación, es descubrir que ninguno de nosotros es campeón en todo; a ti tiene que bastarte que tu hijo, en su estilo, en su manera y en sus dones, sea lo mejor. Es lo mismo que cuando hay un jardín. Imagínate que tú estuvieras cultivando una rosa y la rosa apenas empieza a abrir tus pétalos y tú dices: "¿Cuándo me dará una manzana?" Y la rosa hace lo que puede, la rosa trata de oler a manzana, pero no lo logra, hasta que tú descubres: "¡Ahhh, ya, es que es una rosa, es que no es manzana!"
Eso es lo mismo que tiene que pasar en la Iglesia, y los papás están queriendo que sus hijos, por ejemplo, hay papás que quieren que el hijo siguiera esta carrera, que hiciera esto, "cómo hiciéramos", y eso finalmente no funciona. Es descubrir que en cada uno de hijos Dios va a ser una obra única, y en cada uno de los hijos de la Iglesia Dios hace una obra única.
Entonces no es simple resignación, es descubrir que somos únicos, todos somos únicos, y que en eso, en lo que somos únicos, todos somos campeones, en eso, en lo que somos únicos.
Paso número dieciocho: uno descubre las limitaciones, que es descubrir la vocación de cada uno y de cada una, pero uno también descubre que hay una limitación que no es bonita y esa limitación que no es bonita se llama el pecado del mundo y se llaman las heridas de la Iglesia; ya no es la persona que está atacando: "Es que el cura debería ser", "es que los curas", "es que el Papa", "-¿y por qué no venden el Vaticano?" "-¿A quién?" "-No sé, véndanlo".
Sí, toda la gente que dice que vendan el Vaticano, y yo digo: "¿A quién?" ¿Quieren que se lo vendan a quién, al British Museum? ¿Lo vendemos al Museo Británico, para que entonces los británicos hagan plata con el Vaticano, o qué? Es que la gente no sabe las tonterías que dice. "Vendan el Vaticano", "vendan las riquezas del Vaticano", ¿para que otros hagan plata con qué? Eso no tiene sentido.
Cuando uno deja de hacer esas acusaciones tontas, entonces uno descubre que a pesar de lo que hemos dicho de que cada uno tiene su propia vocación, cada uno tiene también su cuota de pecado, y ese pecado tuyo, y ese pecado mío, y ese pecado del otro, ese pecado nuestro ya produce dolor. Ya aquí estamos hablando de gente santa, ¿te acuerdas que dijimos que eran veintiún pasos hasta la santidad? Cuando ya uno empieza a sentir dolor por el pecado del mundo, ya podemos decir que la persona está seriamente orientándose a la santidad.
Entonces, por favor, papaś, háganme el favor ustedes de dejar de repetir esta frase: "Son buenos muchachos", "-¿Y sus hijos qué?" "-No, pues sí, tienen sus defectos, pero son buenos muchachos", esa frase no funciona, no es suficiente, ¿por qué? Porque Dios no te dio unos hijos para que fueran "buenos muchachos", sino para que fueran santos.
Y a los sacerdotes que escuchen estas palabras a través de la radio o de Internet permítanme que les diga: Dios no te dio feligreses para que fueran "buena gente", sino ara que fueran santos, ¡claro!
¿Para qué me envió Dios esta noche a hablarles a ustedes? Para santificarlos, ¿cómo tengo que santificarlos? O los instruyo, o los canso, o algo hago, pero ustedes se santifican.
Entonces viene el dolor, este es el paso número dieciocho, el dolor por el pecado del mundo, dolor por las heridas de la Iglesia. Mire, la persona que está seriamente en Cristo jamás puede alegrarse de una noticia dura de la Iglesia; uno tiene que sentir que eso lo mismo que si le dijeran a uno: "¿Oiga, si sabe que volvimos a encontrar a su mamá borracha, semidesnuda?" Uno qué sentiría, ¡por Dios! "Ay, no qué dolor, espérate, a ver, qué podemos hacer".
Eso que tú sentirías por tu madre, eso es lo que sienten los santos por la Iglesia. Cuando les cuentan que hay escándalos de sacerdotes, cuando les cuentan que hay incoherencia en los pastores, cuando les cuentan que ha habido grandes pecados en la historia de la Iglesia, uno lo que siente es lo mismo que si le dijeran: "Otra vez encontraron a tu mamá borracha y tirada en la calle", uno siente exactamente lo mismo y más.
Y a uno le duele la Iglesia y uno lo que dice es: "Pues tenemos que hacer más oración, más penitencia, más evangelización, tenemos que trabajar más para que crezca la obra de Dios".
¿Y qué sigue después? El paso número diecinueve: "Yo no me puedo quedar quieto, yo me tengo que gastar por Dios. Yo tengo que entregar lo que me quede de vida, lo que me quede de fuerzas, lo que me quede de ideas, lo que me quede de talentos por Dios". Yo te dije, ya estamos hablando el lenguaje de los santos, ¡esto es lo que sienten los santos!
¿En qué se reconoce un corazón santo? En que ya no tiene un proyecto distinto del proyecto de mi amado Jesús, ya no tiene otro proyecto. ¿Para qué sirve tu vida? Tu vida sirve para lo que le sirva a Jesús. "Ah, pues usted está hablando de los curas, de las monjas", no, no, no, no, no, ¡no! Estoy hablando de un bautizado que dejó madurar su Bautismo, de un bautizado que tomó en serio su fe; el bautizado que toma en serio su fe llega a eso, mis hermanos, llega a ese punto y llega a la conclusión de que allí donde se encuentre, esa es su tarea.
Por supuesto, que si es sacerdote, ya sabe lo que tendrá que hacer . "Bueno, y si yo soy padre de familia, ¿a mí qué me toca?" Mire, voy a tomar un ejemplo allá con ese joven que está allá sentado y tiene un niño en sus piernas, Antonio. Le cuento una cosa, Antonio, ¿Sabe quién le puso ese niño ahí en su regazo? Dios, ¿y para qué le puso ese niño ahí en el regazo? Para su gloria. Ahora, yo hago una pregunta muy sencilla: ¿Cuál de las dos vocaciones es más fácil y cuál es más difícil?
Porque hace poco me decía un teenager, ustedes saben que aquí esta es la tierra de los teenagers, decía un teenager: "Oye, pero fácil lo de los sacerdotes: ¡vienen, hablan un rato, les dan una ofrenda y se van! ¡Bonito ser sacerdote! Pues quizás hasta tiene razón, pero le cuento una cosa: todas las vocaciones bien vividas son arduas, son difíciles.
Porque lograr la gloria de Dios en la vida de ese hermoso niño que tienes en tu regazo, Antonio, lograr que ese niño se forme en el Evangelio, te va a consumir tu vida hasta que te mueras. Eso es ser papá, ¿o cuándo van a dejar de ser papás? ¡Nunca!
Dios salve y preserve y bendiga la vida de todos los hijos de ustedes, pero les digo una cosa: aunque uno falleciera, y Dios no lo permita, Dios no lo quiera, ustedes seguirían siendo papás y seguirían siendo mamás. Ser papá y ser mamá es eso. La próxima vez que le pregunten a una mama, por ejemplo aquí nuestra muy querida Gabby, ¿tú hasta cuándo vas a ser mamá? Hasta la eternidad. Y entonces estos niños me los dio Dios para que fueran santos, ¿eso qué quiere decir? Eso quiere decir que mi proyecto de vida ya es Dios, ese esmi proyecto de vida, ya no tengo otro proyecto de vida.
"Ah,pero ese yo quería ser abogado", "es que yo quería ser médico", "es que yo quería ser bombero". Pues muy bueno que sea bombero, me parece muy bien. Nosotros tuvimos en Colombia una señora que quería ser manguera, claro, ella pasaba: "Mangos, mangos". Usted quiere ser bombero, la otra quería ser manguera, está bien, está perfecto. Pero le digo una cosa: hasta su profesión pasa a segundo plano.
"-¿A usted para qué le sirve ser bombero?" "-Es mi manera de servir a la comunidad, servir a la vida humana y servir ante todo a Dios". "-¿A usted para qué le sirve ser médico?" "-Para amar al prójimo y en él servir a Cristo, mi Señor". "-¿A usted para qué le sirve ser abogado?" "-Para ser instrumento de la verdad y de la justicia del Señor en la sociedad humana". "-¿A usted para qué le sirve ser científico?" "-Para que brillen más las obras de Dios y crezca el bienestar en la sociedad que él tanto ama".
Mira, cuando uno entra en esta lógica, todas las ocupaciones, todos los oficios, todo lo que uno hace sólo tiene un sentido en Dios. Y esto es lo más hermoso de los santos, no tienen dos Señores. Cristo dijo: "No se puede servir a dos señores". Entonces hay gente que dice: "Bueno, allá al sacerdote que le toca eso", no, no, no, no, no, si tú vas a ser ingeniero, si tú vas a ser conductor de camión, si tú vas a ser artista, tu afán, tu alegría es Dios.
"-Para qué voy a ser artista?" "-Para que brille el amor, la hermosura de Dios, para que la gente se enamore de Dios.Eso es lo que sucede cuando ya se llega a este nivel, y ahí llegamos al paso número veinte: ya no solo es el deseo de gastarse por Dios, sino que vienen las iniciativas del amor, el amor se vuelve creativo, el amor se expresa de mil modos, que es lo mismo que sucede en la pareja: cuando una pareja se ama no repite, no es esclavo de una repetición en las expresiones de amor.
No hay cosa más bella, y que sirva esta propaganda para los matrimonios que tienen que renovar su amor, no hay cosa más bella que darle una sorpresa a esa persona que está a tu lado. Escúchenme, por favor, hombres y mujeres, novios, novias, maridos, señoras casadas, escuchen eso: el amor se renueva, dale una sorpresa a esa amada tuya, ¿o es que las sorpresas eran únicamente en el noviazgo? De eso se quejan muchas señoras: "¡Ay, cuando éramos novios él tenía tantos detalles! Y ahora, en cambio, no, casi ni me voltea a mirar". El amor encuentra nuevas expresiones.
¿Tú has visto que en los salmos hay una expresión que se repite mucho? "Cantad al Señor un cántico nuevo", por eso hay gente que tiene inspiración y va sacando cánticos nuevos, y yo voy a pedir un aplauso para el Espíritu Santo que renueva el amor y la alabanza.
El amor se renueva sin cesar, el amor encuentra nuevas expresiones, el amor encuentra nuevos caminos. Yo sólo les voy a contar una anécdota de un sacerdote que yo creo que es un santo, el proceso de canonización se demorará, pero yo puedo decir que yo creo que yo viví con un santo. En Irlanda, en Dublín, viví con el Padre José Morant, y ese Padre Joseph Morant, yo creo que era un santo, yo creo que sí y hay mucha gente que lo dice.
Mire, este sacerdote tenía más de ochenta años cuando llegó un circo a la ciudad de Dublín, ¿y sabe qué hizo José Morant? Se fue al circo, ¿a qué se fue? A evangelizar, ¿a quién se le ocurre ir a evangelizar a un circo? "¡Los payasos!" Pues se fue allá a evangelizar.
¿Sabe lo que él pensó? Llegó allá y tocó a la oficina del gerente y le dijo: "Mire, soy un sacerdote católico y tengo razones para pensar que muchos de los que viene en su comitiva son católicos, y nunca tiene oportunidad de confesarse porque siempre están viajando. Yo quiero ofrecerme, por si acaso los malabaristas, los domadores, los payasos, quieren confesarse". Oiga, y el dueño del circo se le queda mirando como diciendo: "¿A usted de dónde se le ocurre eso?" Y entonces reunió a la gente, ahí aparecieron todos. El amor es así, el amor es creativo.
Y los reunió a todos, a los malabaristas y a todos, y les dijo: "Perdonen que les interrumpa el descanso, pero aquí hay un sacerdote católico que dice que, -yo nunca me meto en asuntos de religión-, pero dice que quizás ustedes quieren confesarse". Oiga, y sí, señor, y desde ese momento, cada vez que el circo pasaba por Dublín, mandaban llamar al Padre para que los escuchara, para que los aconsejara, para que los confesara.
El amor es creativo, el amor siempre está buscando nuevos caminos, por eso cuando una persona quiere evangelizar, entonces dice: "¿Cómo es que se llama mercado ese de "Android"? Porque ustedes saben que hay un sistema de operaciones que se utiliza especialmente en teléfonos celulares, y eso se llama "Android", y hay un sitio que se llama el "Market de Android", y si tú entras hay una aplicación que se llama "Tune In", que es para sintonizar, como lo indica su nombre, es una aplicación en el "Market de Android". Y si tú entras a "Tune In" y buscas "Radio Promesa de Dios", puedes conectarte a "Radio Promesa de Dios" desde cualquier lugar del mundo.
¿Y yo por qué hago esta propaganda sin cobrar? Porque me maravilla que "Juventud Renovada" siempre está buscando nuevas formas, "cómo llegamos de otra manera, como hacemos para llegar de otra manera". ¿Te das cuenta lo que eso significa? El amor es creativo. Y les digo una cosa: si ustedes no llenan Internet de la presencia de Cristo, se va a llenar de los enemigos de Cristo; si ustedes no llenan sus i Pad, y sus i Pod, y sus i Pid, y sus i Pud, todo lo que haya, si ustedes no lo llenan de Cristo, se van a llenar de los enemigos de Cristo.
Por eso el amor es creativo, por eso uno tiene que pensar "yo cómo hago", y por eso estos jóvenes, por ejemplo ese joven que pertenece al equipo de los Dodgers, ese joven tiene que pensar: "¿Y ahora cómo hago yo para evangelizar a mi profesor?" ¡Claro! Entonces ahí es cuando uno tiene que volver a orar para que la gente duerma mal, claro, tiene que preguntarse: "¿Y ahora yo cómo llego, qué se me puede ocurrir, qué hago para que mis compañeros salgan, -eso tiene que pensar la adolescente-, qué hago para que mis compañeras salgan del mundo barbie, y el mundo fashion, y el mundo knight up, y el mundo estúpido, que las vuelve superficiales, sensuales, tontas, lujuriosas, ¿qué hago para que mis amigas salgan de eso?"
Tú no puedes dedicarte únicamente a decir: "Bueno, gracias a Dios yo tengo una familia bonita, entonces yo me quedo aquí en mi familia bonita, y yo me quedo aquí quitecito y aquí quietecita"; no, el amor no te deja quietecita, el amor te pone en movimiento, el amor te pone a buscar, el amor te pone a vencer. Y esta es otra razón para que tú no digas simplemente: "Pero son buenos muchachos, buenos muchachos, buenos muchachos".
Por eso a mí casi no me reciben en ninguna casa, esta vez me recibieron en una casa, pero a mí casi nunca me reciben en casas, ¿por qué? Porque yo hago la vida amarga, claro, todos los papás piensan que sus hijos son buenos muchachos, entonces cuando me dicen: "Son buenos muchachos", yo le digo: "-Bueno, ¿a quiénes evangeliza tu hijo?" Hacen un largo silencio, "pero son buenos muchachos".
No evangelizan a nadie, no sirven para nada en términos de evangelización, "pero son buenos muchachos, son buen agente", y eso sí, acaban ropa que da gusto, pero no evangelizan. Mira, el amor es creativo, el amor está siempre buscando: "Yo cómo hago, yo cómo llego, yo como alcanzo", es es Jesús. Hay un pasaje en la Biblia que me conmueve, casi me hace llorar. Cuando Jesús empieza a recorrer Galilea, la primera ronda que hace, eso lo dice la Biblia, la primera ronda que hace es por la llamada Decápolis, deca, es diez, polis, ciudad, eran las diez ciudades más importantes de Galilea.
Pero Jesús después de esa primera ronda hace otra ronda más grande, y llega el momento en el que sale de Galilea y llega hasta Tiro y Sidón, ¡me parece tan hermoso eso! Jesús, buscando hasta el último extremo: "¿Yo cómo hago para anunciar la Buena Noticia al pueblo que escuchó la promesa? ¿Yo cómo hago?" ¡Ese es Jesús!
Y esa pregunta es la que despierta el amor: "¿Yo cómo hago para llegarle a estos amigos míos? ¿Yo cómo hago para llegarle a estos vecinos? Aquí hay mucha gente que se puede estar engañando con el tema de los vecinos, porque ustedes saben que Estados Unidos es el país del buen vecino pero de no hablar con el vecino, ¡ese es un problema!
Porque qué tal que usted, después de estar cuarenta años en "Juventud Renovada", de manera que ya era propiamente "Ancianidad Renovada", después de cuarenta años en "Juventud Renovada" usted se murió, y usted llega al cielo feliz y contento: "Bueno, evangelicé, trabajé", y le dice Jesús: "-Oiga, ¿y su vecino no vino?" "-Ah, ¿es que yo tenía vecino?" "-Sí, su vecino, su vecino tenía una gran necesidad de evangelización". "¡Ah, vaina! ¿Verdad? Yo no supe, yo no me di cuenta, no tenía ni idea".
Mire, evangelizar a este nivel, es que ya estamos en el paso veinte, sólo nos falta en veintiuno, evangelizar al nivel veinte es que a mí me importa todo; ¿cuál es la frase maestra del egoísmo? Se oye perfecta en inglés: "I don'ẗ care", "no me importa", "ni me podría importar menos". -Mira que hay que evangelizar". "-No me importa","I don't care", ese es el egoísmo rampante.
¿Sabes cuál es la palabra del que ha llegado al nivel veinte? La palabra es: "I do care", "me importa", "me interesa", "me duele"; "todo me interesa", "todo me duele".
Y finalmente, el nivel veintiuno, especialmente para aquellos que han perseverado. ¿Cuál será esa sublime perfección que es la que encontramos en los mártires, que encontramos en los grandes santos? Se llama la cruz. Mira, es la conciencia del bien de la cruz, ese es el nivel veintiuno. Llega un momento en el que me quiero entregar tanto, quiero entregarme tanto, tanto, que quiero entregarme todo, que quiero darlo todo, que quiero perderlo todo.
Y llega el momento, -yo sé que esto suena imposible pero es verdad, eso es lo que han vivido los santos-, llega el momento en el que la persona está tan consumida por el amor de Dios, está tan llena de convicción de la gracia y del poder de Dios, y tiene tantas ganas de entregarse al Señor, que lo que siente ¿sabes qué es? "Solamente, si entrego todo, habré dado algo", y ese es el misterio de la cruz.
"No hay amor más grande que dar la vida por los amigos" San Juan 15,13, es es el misterio de la cruz, y es llegar hasta allá, hasta que todo lo mío, todos mis talentos, todas mis fuerzas, todas mis ideas, todo para Jesús. Este es el pensamiento que ha llevado a los santos a las cumbres más altas de la generosidad y del crecimiento en Dios.
Sólo esta pregunta: ¿Hubo algo que Jesús se reservara? Nada. Yo tampoco me voy a reservar nada. Y ese es San Pablo, y esos son los mártires, y esos son los grandes misioneros, y esos son los verdaderos predicadores. ¿Que me voy a reservar algo yo? Mira lo que dice San Pablo: "Es que todo lo considero basura comparado con el conocimiento de mi Señor Jesucristo" Carta a los Filipenses 3,9.
Por eso, mira el recorrido que hemos hecho: desde el extremo del pecado, hasta el extremo de la santidad, veintiún pasos, veintiuna fase, veintiún momentos. Nosotros, tú y yo, estamos en algún punto de todo ese camino, en algún punto estamos. Hagámosle caso a San Pablo que dijo esto: "Sea cual sea el punto al que hemos llegado, sigamos adelante sin desfallecer"
Yo bendigo a Dios por "Juventud Renovada", y esta reunión significa también mi oportunidad de decirle gracias a "Juventud Renovada", gracias a cada uno de ustedes, gracias porque hemos compartido la fe y nos hemos alimentado de la Palabra.
Ahora vamo a orar y vamos a pedir al Señor que nos empuje en este camino, que nos enamore de su gloria, que dejemos de decirnos disculpas, que dejemos de justoificar nuestra mediocridad, que avancemos con paso resuelto; hay mucho por hacer, y la llama de amor que hay en tu corazón Cristo la necesita, y la llama de amor que tú tienes Cristo la necesita, y la Iglesia la necesita, y el mundo la necesita.
Hermosa joven, nadie tienes la llama de amor que tú tienes; tú tienes tu tarea, tú tienes tu gente, y si no haces lo tuyo se va a quedar sin hacer. Esa es nuestra tarea.
Bendito seas, Jesús, porque a cada uno de nosotros nos has dado una hermosa vocación; bendito seas, Jesús, porque nos das el poder de tu Espíritu y porque hoy nos estás alentando, hoy nos estás empujando, hoy nos estás llamando para que vivamos, Señor, el misterio de tu amor, para que seamos más fieles a ti, para que nos enamoremos más y más de tu santa Palabra, para que nos dejemos guiar, Señor, por esa voz poderosa, esa voz que clama desde el Calvario y que nos está llamando a una vida reconciliada, a una vida en la verdad, a una vida en la bondad, a una vida en la pureza y en la santidad.
Danos espíritu de conversión, Señor, y bendice a todos los que nos están escuchando en este momento; danos espíritu de conversión, Señor, que esta sea una noche tuya, Señor, que este sea un momento en el que tú tomas nuestros corazones. Recibe, Señor, estas manos que levantamos clamando el poder de tu Espíritu, porque sin ti nada somos, Señor.
Recibe nuestras manos, recibe sobre todo nuestros corazones; danos la fuerza, danos la unción que necesitamos, Señor; danos esa unción nueva, danos un espíritu nuevo, danos un corazón nuevo, Señor, para que nosotros podamos responder con fuerza, para que nosotros seamos generosos y podamos decir "amén" cuando tú nos llames, Señor.
El Señor está diciendo esta noche: "¿Quién irá de mi parte? ¿A quién enviaré?" Y tú estás diciendo: "Envíame a mí, Señor, envíame a mí". Dile al Señor: "Aquí estoy para hacer tu voluntad, Señor; aquí estoy porque creo en ti; aquí estoy, Señor, porque te amo; aquí estoy, Señor, porque confío en ti; aquí estoy, Señor, porque sin ti nada soy; aquí estoy, Señor, porque sin ti mi vida carece de sentido, Señor; porque sin ti mi vida carece de alegría, Señor; porque sin ti, Señor, sin ti, lo único que yo tendría es esa comida de cerdos, es ese engaño y esa mentira en la que viví.
Y yo no quiero volver a eso, Señor, yo no quiero volver a mi pecado, yo no quiero volver a mi pasado, yo quiero hoy responderte con amor, quiero responderte con poder, hoy quiero darte un "sí" que sea digno de la generosidad de tu gracia.
Bendito seas, Señor; bendito y amado seas, Señor. La gloria para ti, Señor".
Amén.