Del pecado extremo a la extrema santidad, 1 de 2

De Wiki de FrayNelson
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Sí, mis hermanos, en el pueblo católico miramos la conversión como una cosa excepcional que les sucedió a unas pocas personas, pero no era así en la Iglesia primitiva, la puerta por la que todos entraban en aquella época era precisamente la puerta de la conversión. Y esa conversión, esa iluminación profunda del corazón, ese poder del Espíritu Santo marcaba en cada persona un antes y un después.

Fíjate el lenguaje que utiliza el Nuevo Testamento cuando se refiere a esta realidad tan profunda: la gente hablaba de un nuevo nacimiento, la gente hablaba del hombre viejo y el hombre nuevo, la gente hablaba de un cambio radical, un cambio total, de modo que se llamaba a aquellos cristianos "los santos".

Ellos tenían conciencia de ser un pueblo santo, y por eso aparecen esos textos tan hermosos como en la Carta a los Colosenses: "Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido" Carta a los Colosenses 1,13. Es decir que la vida cristiana, para aquellos primeros creyentes, no era una pequeña reforma, no era un pequeño masaje que se le hizo a una vida que parecía que sí estaba funcionando.

Porque hay gente que se imagina que empezar a ser cristiano es como quien repara una pequeña grieta en la pared. Hay una pequeña grieta y bueno, eso se raspa un poquito, se echa algo de estuco y de pintura, y quedó arreglado.

Así que la primera pregunta que tenemos que hacernos es esta: ¿De qué tamaño es la obra que Dios ha querido hacer en nosotros? ¿De qué tamaño es la obra que Dios quiere hacer con nosotros? Y para que sepamos cuál es ese tamaño hay algunas señales: cuanto más esfuerzo requiere algo, pues más sabemos que es su proporción y su tamaño, obviamente.

Si yo veo que el Padre Celestial ha enviado a su Hijo, a su único Hijo, Dios no tiene más sino su Unigénito, y Dios ha enviado a su Unigénito, y lo ha enviado para que entregue hasta la última gota de su sangre por nosotros, oye, eso está diciendo que la obra que Dios quiere hacer es una obra enorme, es una obra magnífica, es una obra santa.

Los que son papás, las que son mamás, háganse esa pregunta: ¿Qué se necesitaría para que tú entregaras a tu hijo? ¿Qué se necesitaría? ¿Qué podría ser digno de la vida de tu hijo? Yo creo que un papá o una mamá diría: "Nada. Yo no entregaría a mi hijo por ninguna razón, por ninguna razón". Piensa eso: "En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios ha dado a su Hijo único" 1 Juan 4,9, en eso se conoce el amor de Dios.

Entonces inmediatamente captamos que la obra que Dios quiere realizar es una obra inmensa, pero ¿cuántos son conscientes de eso? Ahí es donde está el punto.

Vamos a examinar el proceso que vive una persona, el proceso típico de conversión. Y vamos a reconocer en esa etapas cómo esa obra maravillosa de Dios empieza a brillar dentro de nosotros. Y cuando uno seda cuenta de lo que Dios quiere hacer, entonces también descubre todo lo que uno le ha negado a Dios. Porque esa es la triste realidad, le hemos negado a Dios muchas cosas, y por eso nuestra Iglesia, y por eso el mundo está como está.

¡Qué fácil es echarle la culpa a otros y decir que por obra de los políticos, o por obra de los científicos, o por obra de los artistas el mundo está en la condición de pecado que está; pero yo pregunto una cosa: El huracán de vida, de fuerza, de gracia y de santidad que tú recibiste, ¿dónde está? ¿Dónde están los tuyos, dónde están los corazones que tú estás trayéndole a Cristo, dónde están? Cuando se hace esa pregunta, uno empieza a descubrir que uno es un mediocre.

¿Dónde están esos corazones? ¿Qué hemos hecho con la alegría del Evangelio? ¿Qué hemos hecho con los dones del Espíritu? ¿Qué hemos hecho con tantas enseñanzas de tantos congresos, convenciones, retiros, grupos de oración? ¿Qué hemos hecho con todo lo que hemos recibido? Y la única respuesta posibles es: Le hemos negado demasiadas cosas a Dios, le hemos negado demasiado de nuestra respuesta al Señor.

Hay que tener en claro algo, mis hermanos, hay que tener claro que el pecado da lo que tiene y "el fruto del pecado es la muerte" Carta a los Romanos 6,23, nos dice San Pablo; no le podemos pedir al pecado que dé vida, porque el pecado lo que da es muerte. Pero tú que has recibido Espíritu Santo y yo que he recibido Espíritu Santo, ¿dónde está la vida, la vida nuestra? Tenemos que hacernos esa pregunta. De la gente que tú conoces, ¿a cuántos has acercado a Dios? Y esto es para todos.

¿Qué edad hay que tener para empezar a pecar? Desde que empieza a haber pensamientos, conciencia y voluntad, así sea de modo rudimentario, ya a aparece el pecado así sea de modo rudimentario. Entonces mi pregunta es esta: Si desde los siete años se puede pecar, ¿por qué no se puede evangelizar desde los siete años? Yo miro, por ejemplo, jóvenes o niños, como esta niña que está aquí, o este joven que está acá, este joven, este adolescente, estoy seguro que ya ha recibido muchísimas propuestas de pecado, muchas.

En un lugar como California y en un país como Estados Unidos, un niño o una niña, a los once, a los doce, a los trece años, ha recibido cantidad de ofertas de pecado; es decir, el pecado no se queda quieto, los que se quedan quietos son los cristianos. ¿Y sabe qué es lo peor? ¿Quién le propone el pecado a los niños de doce años? Otros niños de doce años.

¿Quién le propone el pecado a las niñas de diez, de trece, de catorce, quién le propone el pecado? Otras niñas. Entonces yo pregunto a las niñas: Si tu compañera que tiene tiene años te puede proponer un pecado a ti que tienes trece años, ¿tú no puedes proponerle a esa niña conversión? ¿Por qué ella sí puede proponerte pecado a ti y tú no puedes proponerle el Evangelio de salvación a ella? Esa es la pregunta que hay que hacerse.

¿A qué edad se empieza a pecar en un país como Estados Unidos, a qué edad? Vamos a suponer que a los siete años se empieza a pecar. Pues si a los siete años hay quien te propone maldades, ¿por qué tú, que tienes siete años, no puedes proponer bondades? Si a los siete años ya ese niño es un pequeño, rudimentario pero verdadero instrumento del mundo y de Satanás,- perdón que hable así pero es la realidad-.

Si a los siete años ese niño ya puede proponer vulgaridades, -es que eso es lo que uno aprende como sacerdote, que los niños proponen a otros niños vulgaridades, y las proponen a los siete años y a los ocho años, ¿Por qué si un niño a los ocho años puede proponerle una cosa obscena a otro niño o a otra niña, por qué no va a poder proponerle el Evangelio? ¿Sabe por qué? Porque tiene más amor al pecado los pecadores que amor a Cristo los cristianos, por eso pasa lo que pasa.

Es muy fácil criticar, es muy fácil mirar la sociedad, mirar un lugar como esta ciudad y decir: "Mire todo lo lo que sucede en Pomona, y mire cómo está la juventud, pero la gran pregunta es: sí, esos jóvenes están proponiendo droga, o están proponiendo pornografía, están proponiendo todo tipo de relaciones de lujuria, de vicio, de pereza, de vanidad, de orgullo, ¿y qué pasa con los jóvenes creyentes? ¿Qué han hecho ellos? ¿Qué están haciendo ellos con la luz que han recibido? Esa es la pregunta.

Y por eso tenemos que hacer un recorrido, porque Dios tiene un plan de crecimiento, y en ese plan de crecimiento que tiene por lo menos veintiún pasos, que es lo que vamos a ver ahora, y yo creo que tú te vas a preguntar "¿pero de dónde salieron tantos? Yo creo que me he saltado varios, son más de veintiuno, porque es el crecimiento hasta la madurez en Cristo, y en ese proceso a veces nos hemos quedado a mitad de camino.

¿En qué me he apoyado yo para hablar de esos veintiún pasos y de dónde saco estas señales de una conversión progresiva? Me he apoyado fundamentalmente en dos textos: uno es el Salmo cincuenta y uno, que es el gran salmo del arrepentimiento, y otro es el capítulo quince de San Lucas, la famosa parábola del hijo pródigo.

Acompáñenme, hermanos, vamos a mirar, como en una película, cómo se hace un santo; vamos a mirar, como en una película, cómo una persona que puede estar arropada en las tinieblas y prisionera del pecado, llega a abrazar el mensaje de la luz y a entregarse por completo al Señor.

¿Qué fue lo primero que le sucedió a ese muchacho, el de la parábola del hijo pródigo, qué fue lo primero que le sucedió? ¿En dónde empieza su conversión? Empieza en una palabra que no está en el texto sagrado pero la podemos deducir de ahí: Fastidio, asco. ¿Recuerdas a qué condición llegó ese hombre, después de ser el hijo de una casa grande y rica? Ha llegado a caer tan bajo que tiene que cuidar cerdos.

Ustedes saben que el cerdo es el animal impuro por excelencia para la mente judía, y este es un cuidador de cerdos, y se encuentra en una necesidad tan grande, y se encuentra en una privación tan grande que quiere comer la comida de los cerdos, esa es la postración a la que ha llegado. Y eso es lo que hace el pecado en nosotros: nos saca de nuestra dignidad de hijos y nos lleva a comer alimento de cerdos, es decir, nos rebaja, nos humilla, nos revienta, nos ensucia.

Este hombre llega a esa condición, pero ¿qué nos dice el texto sagrado? Que tenía ganas de comer esas algarrobas que le daban a los cerdos, y entonces dijo: "¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen de sobra para comer, y yo aquí muriéndome de hambre!" San Lucas 15,17. Ahí empieza la conversión, en el rechazo al pecado. Y este primer paso ya es una expresión del amor de Dios.

El día que a uno el pecado no le funciona, el día en que uno se siente abrumado por las consecuencias del pecado, el día en que uno siente que está perdiendo control, ese es el día bendito del amor de Dios, porque ese es el comienzo de todo el resto del camino. El día que tú sientes, -que ya sentiste, porque yo creo que ya lo sentiste-, el día que tú sientes: "Esta no debería ser mi vida, yo no nací para esto, esto no puede ser", ese primer rechazo al pecado, esa es la primera expresión de la misericordia de Dios.

Bendita la hora en que tú por primera vez sientes: "Yo no debería estar en esto", esa frase ya la pronunció Cristo dentro de ti, esa frase ya es la expresión del amor de Dios y el primer resplandor de su luz en tu conciencia, y es es el primero de los veintiún pasos. El fastidio, el rechazo al pecado: "Eso no debería suceder, yo no nací para esto, esto es indigno, esto es sucio, esto es depravado, esto no tiene sentido, esto no va a ninguna parte, ¿cómo pude llegar a esto?" Es lo que llamamos "tocar fondo".

Cuando una persona logra decir eso, cuando ya siente eso, ya tiene la primera base, eso es lo primero, llegar a sentir fastidio del pecado. Por eso, yo creo que muchos aquí lo hemos sentido, yo por lo menos voy a levantar mi mano, levante su mano, por favor, quien haya sentido alguna vez en la vida esa experiencia de tocar fondo y esa experiencia de rechazo: "Yo no nací para esto", somos muchos, bendito sea Dios.

Yo les digo una cosa: es necesario, cuando ustedes oren por la conversión de sus hijos, cuando ustedes oren por sus compañeros, compañeros de colegio, compañeros de trabajo, lo primero que tiene que pedir es esto: que sienta fastidio, que sienta horror, que sienta asco de su condición, porque si la persona llega a sentir eso, ya dio el primer paso; mientras la persona no sienta eso, sigue revolcándose en el lodo de los cerdos y sigue tranquilo.

Y por eso, el demonio se ha inventado una estrategia, que es la estrategia de despertar el orgullo del pecado, para que la gente ni siquiera sienta esto. Cuando hacen esa marcha, la marcha del orgullo, puntos suspensivos, porque hacen muchas marchas de orgullo, "el orgullo", ¿eso qué quiere decir? Eso es embadurnar de mentira y de ceguera la conciencia para que no sienta el fastidio; porque el día que una persona siente fastidio de sí misma, de su cuerpo, cuando siente fastidio porque se queda sola, si siente que algo le retumba en la cabeza, esa persona ya va a empezar un camino. Pero el que no ha sentido ese fastidio, no ha empezado.

Así que necesitamos pedirle a Dios eso: que cada uno de los que son motivo de oración sienta eso. Cuando tú ores, por ejemplo, por tu esposo, -tú ves que tu esposo lleva una vida apartada de Dios-, cuando ores por tu esposo no empieces pidiéndole al Señor: "Señor, que él cambie, que él se vuelva un buen esposo, que él se vuelva un buen papá"; para orar en orden, lo primero que hay que pedir es: "Señor, te ruego que este esposo mío algún día vea en qué está, que se dé cuenta en qué está, y que sienta fastidio, que sienta asco que sienta repulsión, que sienta horror: "¿Que estoy haciendo?" Ese es el despertar de la conciencia y ese es el primer llamado del amor de Dios.

El libro del Génesis, en el capítulo tercero, describe ese llamado en las preguntas que Dios le hace a Adán y a Eva. Ustedes lo pueden mirar, capítulo tercero del Génesis. ¿Qué es lo que le pregunta Dios a Adán? "¿Dónde estás?" Génesis 3,9. Eso no era para que Adán sacara el jefe ese y dijera: "Estoy en tal parte", no, no es ubicación geográfica, "¿dónde estás?" Es: "¿A dónde te ha llevado tu pecado?" Eso es "¿dónde estás?".

"¿Dónde estás?" Es abrir los ojos y tomar conciencia hasta dónde he llegado; el hijo pródigo tomó esa conciencia, y por esa conciencia dijo: "Este no es mi lugar". Esa fue la pregunta que Dios le hizo a Adán, Génesis tres. La pregunta que Dios le hizo a Eva fue: "¿Qué es lo que has hecho? Génesis Génesis 3,13, que es la misma expresión de extrañeza.

Es muy hermoso ver que en el libro del Génesis, la primera palabra que Dios dirige a esta pareja, a estos nuestro primeros padres, es una palabra que invita a reconocer en qué estoy: "¿Dónde estás?" Génesis 3,9, "¿qué es lo que has hecho?" Génesis 3,13.

Imagínate, esa mujer que sale, no se llama clínica, se llama abortuario, y Dios la detiene en la esquina y le dice: "¿Qué es lo que has hecho?" Imaginémonos ese político o ese abogado que pone su firma en un contrato, y eso significa muchos más millones de dólares para gente que no necesita ese dinero, quitando los recursos, quitando la respuesta a los pobres.

"¿Qué es lo que has hecho?" Génesis 3,13, ese es el primer paso, y hay que pedirle a Dios eso; cuando tú ores por tus hijos, pídele a Dios eso, que sientan fastidio del pecado, que les fastidie, que no puedan vivir tranquilos, ¿no les han enseñado esa oración? ¿Qué es lo que enseñan? Hay que enseñar esa oración: "Dios mío, dáñale el sueño a mi hijo, -oren así-, dáñale el sueño a mi hijo, que tenga noche malas, que se le dañe la salud, que no pueda con su cuerpo, que no pueda con su conciencia, que todo le hormiguee, que se despierte con horribles pesadillas". Esas son las oraciones de una mamá que ama.

Pero claro, el niño drogándose, el niño metido en la promiscuidad, el niño tomando licor, "ay, pero es que es mi niño", y después de que el niño viene podrido de la borrachera y de las prostitutas, "ay, que duerma bien mi niñito". No, que duerma mal, que duerma muy mal, que se despierte angustiado, claro. Ustedes tienen que orar pidiéndole a Dios que le dañe el sueño a sus hijos, que le dañe el sueño al Presidente, que le dañe el sueño a los congresistas que firman leyes inicuas; hay que pedirle a Dios que le dañe el sueño a esa gente, que no puedan dormir.

Y que le dañe el sueño, por supuesto, esto es parejo, que le dañe el sueño al obispo que no evangeliza, que le dañe el sueño al sacerdote que no predica. Eso es sentir fastidio por el pecado, y esa es la oración que hay que hacer, y no tengas miedo de orar por eso, no tengas miedo. Más vale que esa incomodidad, o esa enfermedad, o es e malestar lo lleve a conversión, y no que esté tranquilo, tranquilo, y así tranquilo lo eche Satanás al abismo. ¿Tú quieres un hijo tranquilo camino del abismo, o quieres un hijo intranquilo hasta que se despierte y se convierta? ¿Qué es lo que quieres?

Hay un segundo paso: la persona toma conciencia, conciencia de ser pecador, Fíjate que son dos cosas distintas: una es fastidio del pecado, y otra es conciencia de ser pecador, ¿por qué son distintos? Porque normalmente cuando uno se siente mal, y cuando uno no está convertido, uno busca culpables. Entonces vamos a seguir con el ejemplo, ya que les pareció tan gracioso lo de que duerma mal, vamos a seguir con ese ejemplo.

¿Qué pasa, por ejemplo, ese hijo que llegó borracho, drogado, y como la mamá hizo la oración de que durmiera mal, el pobre muchacho casi no pudo dormir, y al otro día dice: "No śe, estoy como si me hubieran dado una paliza, yo creo que la próxima vez no puedo mezclar el whisky con la cerveza", ¿qué quiere decir? Que le echa la culpa a otra cosa afuera. Descubrir que uno es un pecador es dejar de echar la culpa afuera y es empezar a reconocer que uno necesita cambiar.

Y ese es un paso muy importante porque uno vive echando culpas: "Es que mi papá, es que mi mamá", yo escuchaba hace poco el testimonio de una señora que tuvo un papá drogadicto, fumador y alcohólico, y a esta señora Dios le la estaba llamando a la conversión, y ella siempre decía: "Es que como mi papá, es que como mi papá". Dios le hizo un gran regalo a esta mujer: Dios le habló al corazón y le dijo: "Tu papá es tu papá y tú eres tú. Yo quiero que tú me aceptes.Tú deja el problema de tu papá conmigo.Yo quiero que tú me aceptes".

Ese es el segundo paso, el segundo paso es dejar de echar culpas afuera: "Es que hay gente que está vendiendo vicio, es que hay gente que.... "-¿Quién es culpable de su alcoholismo?" "-Ese poco de gente que vende licor". "-Ah, sí, ah, sí, ellos venden y tú compras. Y ellos venden en parte porque tú compras, y si no hubiera demanda se les dañaba el negocio".

Les voy a confesar un sueño que yo tengo: ¿Saben cómo imagino yo la victoria del pueblo católico en un lugar como Estados Unidos? Yo imagino la victoria del pueblo católico no tanto en términos de presidentes, ni de leyes, ni de Congresos, ¿Sabe cuál sería la verdadera victoria de nosotros los católicos? Que toda esta juventud que anda drogándose y que anda emborrachándose dejaran de consumir, que la gente que sale a ofrecer vicio en las calles tuviera que regresar con su puerco veneno a su casa. El día que los que ofrecen droga no encuentren quién se la consume, ese día empieza a cambiar la sociedad.

La gente dice que la lucha contra la droga es un asunto de legalizar la droga, es un asunto de meter más dinero, es un asunto de la policía, es un asunto de la DEA, es un asunto de complicidades, todo eso es verdad, ¿pero la verdadera solución al problema de la droga cuál es? Que se acabe el consumo, esa es la solución.

¿Cuál es la verdadera solución al problema de la pornografía? ¿Que hagan leyes estrictas, que hagan allanamientos, que hagan jornadas de..., sí, todo eso es cierto. El día en que toda esa basura no sea consumida, la gente dice:" Oye, mantener estos servidores enviando esta porquería vale, y nadie lo está consumiendo, mejor me voy a vender cacahuetes en cualquier esquina", y se acaba el negocio.

Hay que acabar los negocios, pero eso sólo se acaba cuando uno descubre que es uno el que mantiene el negocio del pecado. ¿Por que subsiste el pecado? Porque nosotros lo mantenemos, ¿por qué subsiste la droga? "-ah, porque hay mucha gente distribuyendo". ¡No seas tonto! Ellos podrían distribuir lo que quisieran, veneno de ratas, si quieren, vayan y distribuyan. No, lo que mantiene el negocio es que hay alguien que consume. El día en que estos salgan con su veneno y se les ampollen los pies caminando y no consigan quién les compre, ese día dicen: "Yo mejor voy y pego unos cuantos ladrillos", y se acaba el negocio.

Esa es la manera de destruir los negocios. Incluso, ustedes saben que pocas personas tienen tanto fastidio, tanta ira frente al crimen del aborto como este servidor de ustedes, pero yo soy consciente de una cosa: la verdadera solución frente al problema del aborto es que la gente no vaya a esas clínicas, esa es la verdadera solución.

Esa es la verdadera solución porque esos médicos no pueden cobrar nada de su sueldo, no pueden recibir nada del Estado, no pueden comerse nada de tus impuestos, nada, si la gente no va a allá a abortar. Quítales ese alimento del que viven, quítales esos dólares malditos, y tendrán que cambiar de negocio, y se acabó el problema.

Pero ¿todo empieza en qué? Empieza en eliminar el consumo. Es mucho más fácil para el pueblo católico, es mucho más fácil pelear, -y hay que hacerlo también, yo no digo que esté mal, hay que pelear en el nivel legal y en el Congreso y en todas esas cosas que tú quieres-, pero la victoria va a venir cuando tú y yo dejemos de consumir. Y cuando tú y yo dejemos de consumir habrá sucedido algo maravillosos: Descubriremos que si existe pecado en el mundo es porque tú y yo lo alimentamos.

Muchos de los que estamos aquí tenemos que ver con México, por amistad, por sangre, o por lo que sea, y ustedes recuerdan que en México existía un pueblo, bueno, había varios, pero el pueblo más poderoso en aquella época, siglo XVI, eran los aztecas. Y ustedes saben que los aztecas tenían una diosa o dios que se llamaba la serpiente emplumada, y seguramente saben también que la serpiente emplumada se alimentaba de sangre humana. Había que ofrecerle todos los días sangre humana a ese dios, esa religión se sostenía en la sangre.

Y la idea que tenían los aztecas es que cuando se acabaran los sacrificios de sangre humana a la serpiente emplumada, se acababa la serpiente emplumada, y ellos creían que eso iba a significar el colapso del Universo. Había una cosa en la que tenían razón. Efectivamente, cuando se dejó de dar sangre a las serpiente emplumada, se cayó la religión de la serpiente emplumada, la desplumaron.

¿Ves? Así funciona, somos nosotros los que alimentamos a la serpiente emplumada, somos nosotros los que alimentamos los negocios ilícitos, somos nosotros los que le damos fuerza al pecado, y si tú le quitas fuerza al pecado se debilita. Por eso nos dice con un optimismo impresionante la Carta a lde santiago: "Resistid al diablo, y huirá de vosotros" Carta de Santiago 47,7.

Pero les confieso un cosa: yo nunca entendí qué era eso de resistir al diablo, hasta que ahora ya lo tengo más claro, resistir al diablo consiste en dos cosas: mantenerse en la fe, en primer lugar; y luego, no alimentar a la serpiente emplumada. Si hay una bestia feroz que te amenaza y que te ataca, y tú todos los días le das suplemento alimenticio, harta agua, mucho alimento, ¿luego te quejas de que tiene fuerza tu enemigo? ¡Si tú lo estás alimentando! ¿Cómo te vas a quejar de que tiene fuerza si tú lo alimentas? Hay que matar de hambre al enemigo, hay que matar de hambre a la serpiente emplumada.

Desde hoy, desde hoy, empieza a matar de hambre, significa cero crimen, cero pecado, ni privado, ni público, ni cuando me ven, ni cuando no me ven, y eso es lo que tienes que decirle a los demás. Pero eso todavía es sólo el comienzo, mira lo que pasa, viene un tercer paso, el tercer paso es esperanza de alivio en Dios.

Ese tercer paso es muy importante porque el que no tiene esperanza de una solución en Dios, si no tiene esperanza tiene desesperanza, tiene desesperación, y el que cae en la desesperación cae en la de Judas, y eso tampoco lo quiere Dios.

Estos tres primeros pasos son claves. Repito: Primero, fastidio del pecado; segundo, conciencia de que yo, yo, tengo una parte en eso, esto no es únicamente que allá la gente mala, ay, la gente cómo hace cosas, la gente sí es mala, hola". No, yo tengo parte en eso, yo; tercero, esperanza de alivio en Dios; luego viene el cuarto, el cuarto es muy hermoso y se ve en el pasaje del hijo pródigo. Este muchacho toma esa frase, tómala tú: "He pecado contra el cielo y contra ti" San Lucas 15,18.

Porque fíjate que los primeros tres pasos que he mencionado, esos primeros tres pasos son verdaderos, son una base, son un comienzo, pero son muy egoístas, se quedan únicamente en uno: "Me fastidia como me siento, soy incoherente, soy un malvado, soy repugnante, pero bueno, quizás hay esperanza ara mí", todo eso es muy egoísta.

Ese cascarón de egoísmo se rompe por primera vez cuando uno toma conciencia de que uno ha ofendido a Dios. Fíjate cómo lo dice el Salmo cincuenta y uno: "Contra ti, contra ti solo pequé; cometí la maldad que aborreces" Salmo 51,6. Es decir, uno se da cuenta de que uno ha cometido una ofensa contra Dios.

Ese es el cuarto paso, todos los pasos son importantes, yo no hallo cómo ponderar uno más que otro, porque todos son importantes. Descubrir que uno ha ofendido a Dios es descubrir que mi condición de pecador no solamente me dañó a mío, sino que yo dañé algo que Dios estaba haciendo. Dios tenía un plan conmigo, Dios quería algo conmigo; yo dañé algo, no solamente me dañé yo, sino yo dañé algo; algo que hubiera podido existir no va a existir. Y esta conciencia de haber ofendido a Dios es la que va a servir de base para el siguiente paso, el paso número cinco: la fractura de la soberbia.

Ese paso equivale a un exorcismo, la fractura de la soberbia, porque hasta este cuarto paso ya uno se da cuenta de que obró mal y de que ofendió a Dios; pero sólo en el quinto paso, que es la fractura de la soberbia, uno verdaderamente se rinde, y ese rendirse, yo sé que a muchos aquí nos ha sucedido: ¿Te acuerdas una vez sucedido que tú rompiste en llanto de arrepentimiento y sentiste que te quebrantabas? ¿Aquí alguien ha sentido eso? ¿Aquí quién ha sentido ese quebrantamiento, que sentiste que te rompías por dentro y sentías dolor? Mira, eso es real, eso no se lo inventó tu cabeza.

¿Sabes qué es el quebrantamiento? Es la caída de los muros de Jericó, y el estrépito de tus gemidos y de tu llanto es la expresión de que esa, que era una fortaleza para Satanás, ahora va ser una casa para Dios. Y uno trata de no romperse, y uno trata de justificarse, y uno trata de mantenerse duro, "yo soy duro", y uno se inventa explicaciones. Por ejemplo, los hombres decimos: "Sí, lo hice, ¿y qué? No pasa nada; soy muy fuerte", y termina llorando. Ese llanto, ese quebrantamiento es una bendición, porque con ese quebrantamiento se ha roto la cadena, el aislamiento.

Mira esto: cuando secuestran a una persona tienen que aislarla, por supuesto, tiene que esconderla; cuando le lavan el cerebro a una persona tienen que aislarla para que no oiga nada más. El gran maestro del aislamiento que sofoca, que mata es el demonio. Y por eso el demonio trata de mantenernos aislados, por eso el demonio quiere que la persona que está en pecado no le cree a nadie, no escuche a nadie, que sólo oiga su propia voz, que sólo oiga la repetición de aquello que le seduce y le puede y le gana.

Cuando por fin se revienta esa fortaleza, cuando por fin se rompen esas murallas, a través de las grietas que Dios hace, empieza a entrar su preciosa luz, y a través de las grietas que Dios hace empieza a entrar aire nuevo, y a través de las grietas que Dios hace entra ese río que alegra la ciudad de Dios. Por eso decía San Agustín, refiriéndose la llanto que le despertaban los salmos, decía: "Y de mis ojos corrían río de llanto que me hacía mucho bien".

Porque en ese quebrantamiento y en esa fractura de la soberbia tú logras tres cosas. Primero: dejas el discipulado del diablo. El diablo es el primer soberbio. El día que tú te humillas, el día que tú te postras, el día que tú le dices a Jesús: "Ganaste tú, Jesús, ganaste, ganaste", ese día el demonio sale a perderse.

Rompiste el discipulado del demonio, y el demonio intentará que tú no hagas eso jamás, que tú no te postres, que tú no te dobles, que tú te mantengas en tu postura, que te mantengas en tu dureza; pero serás bienaventurado si te revientas, serás bienaventurado si te rompes, porque a través de tus grietas entrará la luz de Dios. Entonces fíjate, es necesario fracturarse, bendita fractura, bendita ruina que significa un nuevo comienzo.

Con la fractura de la soberbia dejas el discipulado del diablo e inauguras un nuevo comienzo y empiezas a respirar el aire nuevo que te da el Espíritu Santo de Dios, y ese es ese quinto paso tan importante, el quinto paso que es la fractura de la soberbia.

Sexto paso: aceptación interior de las consecuencias. ¡Cómo se ve esto en el hijo pródigo! Él se da cuenta de que ha perdido sus derechos. Y por eso, todavía hablando consigo mismo, porque todavía no ha llegado a la casa del papá, hablando consigo mismo, de modo interior, dice estas palabras: "Voy a hablar con mi papá y le diré: Trátame como a uno de tus jornaleros" San Lucas 15,19.

Quiere decir que él se da cuenta todo lo que ha perdido, ¡bendito descubrimiento! ¿Bendito descubrimiento porque de esa humildad de darse cuenta uno todo lo que uno ha perdido, también prepara el alma para luego estallar de júbilo al ver todo lo que Dios le devuelve. ¿Es que sabes una cosa? Y este es uno de los problemas que tenemos con nuestros muy queridos jóvenes. Resulta que mientras una persona considere que todo se le debe, nada lo agradece, y eso está pasando mucho con nuestros jóvenes, creen que todo se les debe, así no funciona la vida.

Cuando uno empieza a descubrir que hay muchas cosas que no se le deben a uno, pero que uno las está recibiendo, uno descubre el agradecimiento.Y descubrir el agradecimiento es importante porque te da la alegría que asegura la victoria. Acuérdate que un corazón alegre es el que está mejor defendido frente a las venganzas del enemigo, porque el enemigo, es decir el pecado, Satanás, Satanás no se va a quedar tranquilo con que: "Ah, perdí esta presa"; no, él intenta recuperar lo suyo.

Pero si Satanás intenta recuperar lo suyo, es decir, esa presa que tenía, es decir, intenta recuperarte a ti, y te encuentra humilde y feliz en Dios, sus dardos nada pueden, porque estás feliz. Por eso, parte de la conversión, y lo vamos a ver en otro paso, parte de la conversión es que hay que estar feliz.

Acuérdate lo que dice la Carta del Apóstol San Pablo a los Filipenses: "Estén felices en el Señor, gócense en el Señor" Carta a los Filipenses 3,1. Y mucha gente cree que eso de gozarse en el Señor era una recomendación, una sugerencia o una anécdota de San Pablo, no, señor, es un mandamiento. Óiganme, por todos, especialmente los que tienen mala cara, óiganme: Es mandato de Dios que uno tiene que tener buena cara y tiene que tener alegría en el alma, es mandato de Dios.

Porque la persona que no tiene felicidad es la persona que es más vulnerable al demonio. ¿Qué es lo que hace el demonio siempre para tratar de ganar espacio en la vida de uno?: "Mira, te voy a dar este poquito de felicidad". Pero si llega el demonio donde un cristiano verdaderamente convencido, y el demonio dice: "-Mira, te voy a dar este poquito de felicidad", y uno le dice: "¡Qué poquito ni qué nada, si yo lo tengo todo, tengo toda la alegría de Cristo! ¡A mí no me venga con poquitos!"

"-Mira, mira, te voy a dar este poquito de felicidad que e llama borrachera, este poquito de felicidad que se llama ganar una pelea, este poquito de felicidad que se llama orgasmo, este poquito de felicidad que se llama venganza". "-¡Qué poquitos, si yo tengo un Dios que me da en abundancia, qué poquitos! ¡A mí no me vengan con poquitos!"

Y de aquí va entendiendo usted por qué es absolutamente clave estar en gracia de Dios y comulgar. Claro, nadie experimenta más la abundancia de Dios que el que abre la boca cuando le dicen:"El Cuerpo de Cristo", y él responde: "Amén. Ay, qué delicia, amén, amén, amén!" Este es el Dios abundante.

¿Qué sigue de esa aceptación de las consecuencias? El hijo pródigo no se quedó pensando y pensando, habló, ¿no? Viene la confesión exterior, que es la fractura del orgullo y la fractura de la vanidad, ya se rompió la soberbia, la soberbia es una cosa sobre todo interna. Es esa conciencia que uno tiende de: "Hola, yo cómo soy de relevante, ¿no? ¿Se han dado cuenta ustedes lo relevante que yo soy y lo importante que yo soy?" Ese es un juicio interior, la soberbia.

De la soberbia dimana otra cosa que se llama orgullo, el orgullo ya es comparación con otras personas; la vanidad es lo mismo pero frente al resto de la humanidad.

Entonces viene la confesión exterior, que es el séptimo paso. Y viene luego la confianza en el perdón, que para nosotros los católicos tiene la expresión perfectísima..