Cuaresma 2012, 1 de 3, Oracion que da vida
¡Buenos días, amigos! Estoy muy feliz de venir a esta parte de los Estados Unidos. He tenido ocasión de visitar distintos lugares en misión: New jersey, New York, la Florida, Georgia, Virginia, California. Es la primera vez que vengo a Louisiana, y encuentro vida, encuentro fe. Me hace feliz eso.
Pero creo que yo soy uno de los poquitos que están felices, porque a los demás los veo serios, creo que el cambio de hora sentó mal. Siempre eso de que le quiten a uno una hora de sueño, así se la vengan a pagar en octubre, es un poco difícil.
Como los amigos que están aquí a mi izquierda se les olvidó qué es sonreír, entonces ustedes los del lado derecho ayúdenles a recordar. Tengan la bondad de ponerse de pies, mírenlos y cuénteles cómo es que se sonríe porque a ellos se les olvidó cómo es que se sonríe; ahí están más o menos recordando. Muchas gracias, son muy buenos instructores. Como ustedes son gente muy agradecida, por favor, ustedes ahora les dan un aplauso a los del lado derecho para que ellos se sientan agradecidos.
Y ahora juntos vamos a saludar a una persona muy importante que siempre nos acompaña cuando pedimos el auxilio del Espíritu de Dios: "Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Me llama la atención en el libro del Génesis, en el capítulo segundo, cuando se narra la creación del ser humano. Ustedes saben que el Génesis utiliza esa hermosa imagen del Dios alfarero, el Dios que nos modela a partir del barro de la tierra. Y ese Dios alfarero es el Dios que ensucia sus manos, sus manos celestiales las ensucia, y es el Dios que toca y palpa todo lo que nosotros somos.
Así que nuestro punto de partida hoy, amigos, es la certeza de que tenemos un Dios que nos conoce íntimamente, un Dios que ama todo lo que ha creado, un Dios que se ha ensuciado sus manos por nosotros. En casa de mis padres con mucha frecuencia vi esta escena cuando algunos amigos nos visitaban: vi a mi papá orgulloso de sus hijos contando historias de cuando nosotros éramos pequeños.
Y es hermoso, sin duda, ver a un papá o a una mamá que se siente feliz de sus hijos y orgulloso de sus hijos; y, por supuesto, ese papá o esa mamá tienen que abrazar, tienen que bañar, tiene que cuidar, tienen que limpiar al niño o a la niña, incluso en sus partes más delicadas, en las más íntimas.
¡Siempre me ha parecido una expresión de amor tan bella esa! Porque claro, cuando somos pequeños no podemos hacer gran cosa por nosotros mismos, después aprenderemos, pero todo toca aprenderlo, y mientras lo aprendemos, son otros, usualmente el papá la mamá, a veces los hermanitos mayores, los que nos ayudan incluso en esos aspectos más humildes, y repito, los más íntimos.
Por supuesto, esas manos de esa mamá sólo tienen amor cuando sostienen al niño, cuando lo lavan, cuando lo limpian, cuando le aplican un poquito de aceite "para que no se pele", dicen en Colombia. Eso es bello, y uno tiene que pensar que esa es la manera como Dios nos conoce y como Dios nos cuida y como Dios nos ama.
Y lo primero que creo que es importante que tengamos hoy es la certeza de que Dios ama todo nuestro ser, porque por distintas razones hay personas que rechazan cosas de su cuerpo y cosas de su pasado. Por ejemplo, cuando una persona ha tenido la espantosa experiencia del abuso, la persona ha sido violentada en su intimidad, quizás durante su infancia.
O quizás la persona se avergüenza no por lo que otros le hicieron, sino por lo que ella misma hizo. Fíjate que en el capítulo tercero del Génesis, ahí donde se cuenta el pecado de nuestros primeros padres, ahí también se dice que los seres humanos, después del pecado, ¿qué hicieron? "Se escondieron" Génesis 3,8. El pecado produce vergüenza. Y ellos quieren esconder de Dios, y sobre todo quieren esconder de Dios su desnudez, su intimidad.
La Biblia no dice que el pecado original haya sido un pecado sexual, pero lo cierto es que ellos sienten la necesidad de esconder su intimidad, esconderla de Dios. Pero esa vergüenza viene a quedar sanada con una nueva desnudez, que es la desnudez de Jesucristo en la Cruz. Cristo es el nuevo Adán nuevamente desnudo; la vergüenza del primer Adán debe quedar atrás, y la desnudez humilde y pura de Cristo viene a sanar todo trauma de desnudez, todo trauma de abuso, todo trauma de vergüenza ante Dios.
Así que nuestro primer punto hoy: Dios me conoce, Dios, con sus manos de cielo, con sus manos santísimas, Dios ha modelado y tocado todo lo que yo soy. Y al mismo tiempo, este es un mensaje de auto aceptación, y es un llamado a vivir con humildad y con pureza lo que somos como hombres o como mujeres. Siente que todo tu cuerpo es obra de Dios, siente que todo tu ser lo ha tocado Dios, y no me refiero sólo a tu piel, no me refiero sólo a lo que se ve de ti: Dios modeló tu cerebro, tu inteligencia, tu corazón.
A veces, relativamente aceptamos el cuerpo que tenemos; hay un momento en el que uno quizás logra esa aceptación, pero rechazamos nuestra manera de ser, quizás nos sentimos torpes, quizás nos sentimos lentos, quizás nos sentimos incapaces o insensibles y nos da rabia con nosotros mismos. De hecho, cuando uno llega a otro país, son muchas las exigencias, muchas las cosas nuevas, y en tantas exigencias a menudo uno se siente corto: "No soy tan inteligente como creía, tan bueno como creía, tan listo como creía". Uno era el héroe de la cuadra, llega aquí y no sabe a veces responder una pregunta.
No seas tan duro contigo mismo, también lo que tú eres por dentro, incluyendo tu cerebro, tus nervios, tus pensamientos, tus hormonas, tu digestión, tu menstruación, mujer; cada aspecto de tu vida ha sido tocado por la mano creadora de Dios.
Sé que se siente un poco fuerte mencionar, por ejemplo, el período de la mujer en una conferencia como esta; pero un poco, para dolor y sorpresa mía, he visto en conversaciones de confianza y de respeto que muchas mujeres por distintas razones sienten que sus propios ciclos son un problema, son una carga, y rechazan ese hecho porque les trae dolor, porque las pone en un carrusel o en una montaña rusa de hormonas y de emociones, ¡y rechazan ese aspecto suyo! ¡Rechazan su ser femenino! ¡Rechazan si inestabilidad emocional!
Hoy queremos empezar el día, -ya lo hemos empezado con la oración-, y nuestra oración ha sido alegre, ha sido una oración de alabanza y de agradecimiento. Y yo le digo una cosa: quienes hemos ayudado a preparar este retiro nos comprometemos con ustedes para que este sea un día lleno de esa sonrisa que ustedes se han regalado los unos a los otros y lleno de esa alegría.
Y por eso quiero que te sientas profundamente aceptado y quiero que sientas: "Manos de cielo han tocado todo lo que yo soy. Fui diseñado en el cielo", bonito, ¿ah? "Fui diseñado en el cielo. Es la mente del dueño del universo quien ha diseñado todo lo que hay en mi cuerpo, en mi historia, en mi vida". Ahí termina el primer punto.
Pasemos al segundo punto. Volvemos, o sea que no nos hemos ido del capítulo segundo del Génesis. Y dice aquí: "Yavé Dios formó al hombre con polvo del suelo" Génesis 2,7, -esa es la parte que hemos meditado en este primer punto-, y ahora pasamos al segundo punto: "Insufló en sus narices aliento de vida y resultó el hombre un ser viviente" Génesis 2,7.
"Insufló en sus narices aliento de vida" Génesis 2,7. La palabra para decir "aliento" y para decir "viento" en hebreo, es la palabra "ruah"; por cierto, es una palabra femenina como decir la brisa, o como decir la respiración. O sea que lo que está diciendo el texto es que Dios le regaló se su respiración a ese ser que estaba formando. ¡Es una imagen bellísima! Es decir que en cada respiración nosotros somos llamados por la Biblia a sentir que en cada respiración estamos experimentando la vida de Dios.
Estamos en una reunión e la diócesis de Lafayette, estamos de hecho en la sede de la diócesis, somos católicos, agradecidos con Dios por ser católicos, y estamos hablando de la respiración. ¿Por qué le destaco eso, querido amigo? Porque hay gente que se va a a aprender lejos lo que tiene cerca, se van a aprender al budismo, se van a aprender al Yoga, se va a aprender a la meditación Zen lo que está dicho aquí en la Biblia.
Hay gente que se va esos cursos, -yo no he ido al curso de Yoga, no pienso ir tampoco-, porque uno de los requisitos es que uno debe sentarse en posición de flor de loto, y a la gente con muslos generosos no le queda tan fácil. Mi único consuelo, mirando aquí y allá, es que aquí hay varios que tampoco les queda fácil.
Yo me acuerdo del primer grupo de oración al que yo fui: había mucha gente en esa sala, tocaba sentarse en el piso, uno cruzaba las piernas, y luego tenía esa experiencia de tratar, tratar, de sentarse y sentir que las piernas no responden, entumidas y dormidas.
Pero hablando en serio, en los cursos de Yoga, que resultan tan tentadores, tan atractivos para tanta gente, lo primero que enseñan es: la respiración. "¡Qué maravilla, me van a enseñar a respirar! Figúrese, ¿ah? ¡Cuarenta años de vida y yo no sabía respirar!" Luego resulta que efectivamente uno no sabe respirar eso es verdad.
Por ejemplo, cuando le van a enseñar a uno a cantar, porque el canto tiene una preparación, eso no es así no más, eso es con escuela y con preparación, hay que aprender a respirar, uno no sabe respirar, por eso hay personas que van adquiriendo ese tono verde, otros morado. Pero el mensaje de la Biblia es: "Tu respiración es un recordatorio incesante, incesante, de la vida de Dios".
En Rusia creció en una época una espiritualidad que quedó expresada en un libro, si lo ven por ahí, consíganlo, léanlo, es muy bueno, se llama "El Peregrino Ruso", es una obra muy bella, "El Peregrino Ruso", y es la historia de un hombre queriendo orar, queriendo aprender a orar. Y la escuela del peregrino ruso es una escuela de respiración, porque él descubre que la oración más sencilla y la que puede acompañar su día es una frase, una frase que es como un secreto de amor, y esa frase yo te la voy a regalar hoy para que no la olvides: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí".
La expresión "Hijo de David" quiere decir "Él es el Mesías", porque se sabe que el descendiente de David, de acuerdo con la profecía de Natán, es el Mesías. "Jesús, Hijo de David" quiere decir: "Jesús, tú que eres el Mesías esperado por todos, ten compasión de mí".
Y este hombre hace un camino de oración, un camino, una peregrinación, un camino que consiste básicamente en esa sencilla frase; es una oración tan sencilla que no tienes que escribirla en ningún papel; es una oración tan sencilla que si tú vas a tu trabajo la puedes ir diciendo mientras conduces o mientras alguien te lleva; es una oración tan sencilla que puede acompañar todos los momentos de tu vida.
Tú puedes estar lavando los platos y diciendo: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí". Tú puedes estar arreglando la casa y puede estar diciendo: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí". Tú puedes estar cortando el pasto, o puedes estar trotando en la mañana, y vas llevando la oración: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí", tú puedes llevar esa oración.
Y este hombre se da cuenta que la invitación a la misericordia divina es el corazón de toda oración, porque cuando nuestra alma se abre a la misericordia de Dios y recibe al Hijo de Dios hecho Hombre, ahí está el centro y la fuente de toda nuestra salvación.
Entonces este hombre, el peregrino ruso, hace de esa sencilla oración su vida, y él repite muchas veces, cientos de veces, miles de veces: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí". Y él descubre que con esa frase cambian muchas cosas en su vida, porque es un hombre que está tentado, por ejemplo de ira, lo que llamamos a veces una persona "malgeniada", pero la ira no entra en el corazón que está orando, y esa oración tan sencilla le cambió la manera de ser a este hombre.
Seguramente él tenía también tentaciones de impureza, por ejemplo, de lujuria, pero ¿qué va a poder el demonio contra un corazón en oración? Nada. Si el corazón está orando, el corazón está firme en Dios, y el que está firme en Dios tiene a Dios por su defensor, y el que tiene a Dios defendiéndole nada le teme al demonio, nada. ¡Cuántas cosas pueden mejorar con una experiencia de oración tan sencilla y tan hermosa!
Y este hombre llegó a interiorizar tanto esa oración que él acostumbró su respiración junto con la oración. Cuando recibía el aire, lo que se llama inspirar, su mente decía: "Jeśus, Hijo de David", cuando el aire salía de su nariz: "Ten compasión de mí". Y así estaba orando todo el día. Su respiración era su oración.
Mira, yo creo que tú no sabes todas las cosas que pueden cambiar en tu vida con la fuerza de la oración, por una razón muy sencilla: los problemas que son grandes para ti no son grandes para Dios. El que vive en oración vive en Dios.
Y esta fórmula tan sencilla, no es la única, pero esta fórmula tan sencilla de oración te puede servir, seas hombre o mujer, seas joven o anciano; estás tirado en una cama porque estás terriblemente enfermo, ahí puedes orar; estás ocupado, tienes que andar por la calle, ahí puedes orar; estás pegando ladrillos, ahí puedes orar; estás cuidando a tu niño, ahí puedes orar.
La oración hace que tú seas fuerte con la fortaleza de Dios, la oración hace que tú tengas la vida de Dios, y cuando tú tienes la vida de Dios, tú eres distinto. El Génesis nos dice que el Señor dio de su propia espiración. Nosotros somos llamados a respirar la respiración de Dios, a respirar la vida de Dios.
¡Imagínate qué intimidad es esa! Son muy pocas las ocasiones en que uno se pueda sentir a gusto respirando la respiración de otra persona. Me imagino que la gente que se quiere mucho, la gente que comparte su intimidad, los esposos que se aman pueden entender mejor que yo estas palabras que estoy diciendo. Respirar la respiración del otro, ¡eso es demasiada cercanía! ¡Esa es la cercanía que Dios quiere tener con nosotros! Dios no quiere estar ausente de tu vida, Dios no se ha ido de tu vida, tú tal vez te fuiste de la vida de Dios.
Dios no se ha ido. La palabra es muy clara: Dios quiere estar tan cerca, tan cerca, que tú puedas respirar la respiración de Dios, eso es estar demasiado cerca. Yo me imagino que estar a esa distancia es prácticamente como si se fuera a dar un beso, eso es lo que Dios quiere contigo, esa es la intimidad que tu Dios quiere contigo. Y por supuesto, el que tiene a Dios tan cerca como para ya darle un besito, el que tiene a Dios tan cerca, tan increíblemente cerca, sabe que nada le puede suceder.
Hay una historia muy bonita que circula por Internet, esto sucedió en un avión, los que ya lo conozcan hagan cara de que nunca habían oído. Un avión. Como pasa algunas veces en los aviones, llega esa palabra que a muchos nos asusta: turbulencia. Siempre que llega una turbulencia, uno dice: "¿Si estarán bien pegadas estas alas?" Y dicen mis amigos ecuatorianos: "A saber..."
Una turbulencia de esas, y la gente el principio trata de mantener la calma, ¿no? ¡Y se descuelga ese avión, "¡aaay!" Y luego vuelve y sube, "¡aaay!" Claro, a la tercera descolgada, ya la gente empieza a ponerse nerviosa, se oye uno que otro grito de pánico, usualmente, en el Mi Mayor de la cuarta octava, oiga, y en medio de ese susto, una señora que estaba al borde del pánico, la histeria y el colapso, ve que había un niño tranquilo.
Y el avión brincaba, subía, saltaba, y el niño tranquilo. Y a la señora realmente le admiró la presencia de ánimo de este muchachito, y entonces le dice la niño: "¿Y a ti no te da miedo?" Y el niño se voltea y la mira y le dice con gran certeza en el corazón: "¿Miedo? ¿Por qué miedo? Mi papá es el piloto".
¡Eso es vivir con Dios! Las turbulencias llegan, y los sustos, y las subidas y las bajadas, pero ese niño tenía una certeza: "Mi papá sabe mucho, mi papá puede mucho", y era un papá humano. Tú tienes un papá en el cielo, ¿y sabes qué significa en el cielo? Significa: por encima de todos los imperios y los poderes de esta tierra; eso significa: por encima de todos los gobiernos, todos los oficiales, todas las leyes,todas las empresas, todas las opiniones, por encima de todos.
Cuando Jesús nos enseñó a decir: "Padre nuestro, que estás en el cielo", me da un pesar, hombre, que algunas personas, no ustedes, claro, sino en otras partes, quieren cambiar el Padre Nuestro. Por ejemplo, hay una versión del Padre Nuestro musicalmente muy agradable porque toma la melodía de "Los Sonidos del Silencio", y para que suene bien con la melodía, dice: "Padre Nuestro tú que estás en los que aman la verdad". Muy bonita esa música, pero dañó el Padre Nuestro.
No, el mensaje de Jesús es claro. Cuando Jesús nos enseñó a decir: "En el cielo" San Mateo 6,9, lo que quiere decir es: por encima de todo poder, principado, gobierno, por encima de todo temperamento, disposición o voluntad humana, eso es estar en el cielo. Y tu Padre es el Padre Celestial, es el Padre que está en el cielo, y ese Padre celestial es el piloto de ti vida, si tú lo aceptas como piloto. Porque hay gente que no acepta a Dios como piloto. Hay gente que dice: "Prefiero estrellarme yo solo que llegar con Dios", es una decisión desafortunada.
Entonces la segunda parte, -acuérdate cuál era la primera parte, las manos, ¿no? Las manos de Dios. Entre otras cosas, para los que se aman, son muchos, especialmente que tiene o va a tener pareja: pídanle a Dios que les bendiga sus manos. Yo soy un gran entusiasta de que la gente en su vida íntima, me refiero a las parejas, que la gente en su vida íntima no saque a Dios, no tienes por qué sacarlo.
Por ejemplo, les voy a hablar a los varones que tiene pareja o quieren tenerla: cuando tú vayas a acariciar a tu amada pídele a Dios que esté ahí presente, y que tus manos sean como las manos de Él, que tu amada pueda sentirse no invadida, no abusada, no utilizada: que se sienta mimada, que sienta que tu caricia renueva la experiencia de ser creada en el amor. Es es la manera de acariciar a una mujer.
Fíjese lo que le toca a uno de sacerdote, a enseñar de todo, hasta acariciar mujeres. ¡Claro! Hombres, aprendan a acariciar a sus mujeres. Eso de que bueno, es que hay hombres que se acuestan ahí con la mujer, y ustedes saben que la mujer necesita ese momento cariñoso, romántico. El hombre se queda quieto, con rosto de piedra, como tomando impulso, y luego dice: "Bueno, a lo que vinimos". No, eso es salvaje, ¡hombre!
Segundo punto: La respiración, que tu respiración sea tu oración, y que ese Dios que ha querido estar contigo, que ese Dios que quiere estar tan cerca de ti, que tú puedas sentir su respiración, que ese Dios esté así presente en todo lo que haces, que tú lo reconozcas como piloto de tu nave, para que en medio de las dificultades más grandes, tú puedas decir: "Mi papá del cielo es el piloto", y no se te olvide: "Mi Papá del cielo".
Porque los papás de esta tierra, algunos más o menos sirvieron, otros no tanto, otros se desaparecieron. Hay un escritor norteamericano muy famoso que se llama Mark Twain. Mark Twain dice que él nació en un pequeño pueblo, -pero no me pregunten el nombre del pueblo-, él dice: "Era un pueblo pequeño que conservaba siempre el mismo número de habitantes". Y uno dice: "¿Cómo así que un pueblo que conservaba siempre el mismo número de habitantes?" ¿Sabe por qué? Porque cada vez que una mujer quedaba embarazada un hombre salía del pueblo.
Los papás de esta tierra a veces sirven y a veces no sirven y a veces han sido un gran ejemplo en algunas cosas. El papá de esta tierra hay que mirarlo como un primer borrador,lo que en inglés llama un "draft", ¿no? Es un primer borrador. Hay borradores más o menos buenos, un bosquejo, un boceto, ¿no? El papá de esta tierra es un boceto, un boceto bueno, un boceto regular, un boceto malito. Pero el Papá Papá, el Papá de veras, el Papá del cielo, ese sí es el Papá, y ustedes le van a dar un aplauso a ese Papá del cielo.
Ahora vamos con nuestro tercer y último punto. Vamos al libro de Joel, capítulo tercero, para que veamos cómo esta imagen tan preciosa que está en el libro del Génesis, luego tiene una continuación en dos textos que vamos a ver, y el primero es Joel, capítulo tercero. Mire le cuento: nos dice el profeta Joel, según leemos en esta versión que es la de la Biblia de Jerusalén. Dice así "Sucederá después de esto que yo derramaré mi respiración, yo derramaré la brisa de mi aliento, yo dejaré caer mi Espíritu, yo derramaré mi Espíritu" Joel 3,1.
¡Qué cosa tan interesante esa! Fíjate que el libro del Génesis nos había dicho que la vida nos la ha dado Dios y que nosotros respiramos la misma vida de Dios. ¿Qué es lo que quiere decir entonces este texto? "Después de esto" Apocalipsis 3,1, ¿qué es "después de esto"? Es que el libro del profeta Joel empieza contando los malos ratos que está viviendo el pueblo de Dios, están pasando por un período espantoso, un período en que hubo una plaga horrenda.
Entonces lo que dice Joel es: "Después de esto" Apocalipsis 3,1, es decir, pasada esta plaga, pasado este tiempo malo, derramaré mi Espíritu" Joel 3,1.
¿Qué pasa si a uno le quitan la respiración? ¡Se muere! O sea que ¿qué es lo que está diciendo Joel? Que la humanidad se ha quedado sin respiración, que la humanidad está experimentando la muerte. Y es aquí, mis hermanos, donde yo creo que tenemos una lección muy importante para aprender. El profeta Joel, en el capítulo tercero, nos dice: "Después de esto, -es decir, después del tiempo malo-, derramaré de mi Espíritu" Joel 3,1.
Es decir: "Te voy a devolver la respiración", eso es lo que le está diciendo Dios al pueblo por medio de Joel; "te voy a devolver la vida, te voy a devolver la respiración.
Y ahora nos encontramos, en el capítulo tercero, versículo primero del Apocalipsis, esta frase: "Al ángel de la Iglesia de Sardes, -es decir, a esa comunidad cristiana que se reunía en Sardes, un lugar de Asia Menor, de Turquía-, escribe: esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las estrellas: "Conozco tu conducta; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto" Apocalipsis 3,1. Y yo pregunto: ¿A cuántas personas que ustedes y yo conocemos se les podría aplicar ese texto?
"Tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto" Apocalipsis 3,1. ¿A cuántas personas se les puede aplicar eso de que están en realidad experimentando el sabor amargo de la muerte, experimentan la muerte, porque e encuentran en un matrimonio que más parece una batalla continua, una batalla campal. Experimentan la muerte porque sus esperanzas se han ido hace mucho tiempo; experimentan la muerte porque lo único que encuentran de consuelo lo encuentran en los vicios que destruyen su cuerpo y su familia y su ser.
Hay muchas personas que están experimentando la muerte; hay mucha personas que tienen nombre de vivos, pero están muertos. Pero hay una promesa para esas personas, y es la promesa que Dios hizo por boca de Joel, en el capítulo tercero, y es la promesa que luego se cumple en los Hechos de los Apóstoles, capítulo segundo, en el relato de Pentecostés.
Vamos a Joel nuevamente. Nos dice el profeta: "Yo derramaré mi Espíritu después de esto" Joel 3,1-2, después de la tribulación-. La tribulación va a pasar, el tiempo malo se va a acabar pasar, y el Señor dará la abundancia se su vida, la abundancia de su respiración.
Hay una cosa muy bella con esto de la respiración, y es que no es casualidad que a uno le tengan que enseñar a respirar cuando le quieren enseñar a cantar. Cuando Dios te devuelva su respiración, tú podrás cantar sus maravillas; cuando Dios te devuelva su respiración, tú vas a proclamar, con el rostro jubiloso, con la voz en alto, con todo tu ser, con todo tu cuerpo, tú vas a proclamar la grandeza del Señor y se va a alegrar tu espíritu en Dios tu Salvador.
Pero ¿para eso qué se necesita? Que se cumpla lo de joel, se necesita que venga esa efusión, se necesita que venga ese derramamiento del Espíritu Santo. "Derramaré de mi Espíritu" Joel 3,1, está bien traducido. "Derramaré de mi Espíritu" Joel 3,1, ¿te acuerdas lo de Adán? Dios insufló su aliento, el de Él, su respiración se la dio a Adán: Aquí dice Dios: "Mi Espíritu lo voy a derramar", vas a tener la fuerza de Dios.
Lo mismo que se decía, por ejemplo, en el capítulo sexto del libro de los Jueces, cuando se habla del poder del Espíritu que arrebata, que toma a esos hombres, también mujeres, llenos de carisma, llenos de unción, llenos de fuerza, porque el que tiene la fuerza de Dioses invencible.
Por eso también decía el Señor a sus Apóstoles: "Les voy a dar una sabiduría a la que nadie podrá resistir" San Lucas 21,15, y también decía: "Les he dado poder para que se les sometan los demonios y para vencer todas la iniquidades y todas las trampas del enemigo" San Lucas 10,19.
¿Sabías eso? Estás dotado para vencer al enemigo. Estás dotado, no parece, te sientes débil, te sientes frágil, te sientes pecador; ta sientes sujeto al engaño, al cansancio, a la frustración, a la desesperanza, pero ¿qué te dice la Palabra? "Estás dotado para vencer, estás equipado para vencer, si tú aceptas la promesa, si tú aceptas la respiración de Dios, si tú entras en la órbita de la respiración de Dios".
En estas revistas que le ponen a uno en los aviones venden todo tipo de cosas. Entonces, por ejemplo, venden perfume, una cantidad de perfumes finos: "Con este perfume usted olerá bien, o por lo menos no olerá mal". Le venden a uno una cantidad de perfumes, de cosas. Me llamó la atención el último anuncio que me encontré viniendo para un lugar muy hermoso en Estados Unidos que se llama Lafayette. Decía, ¿sabe lo que venden?: "Goticas de Oxígeno". ¡Oiga, ahora sí creo que la gente se está quedando sin respiración!
Entonces, nos están vendiendo oxígeno, la gente está muerta, tienes nombre de vivo, pero estás muerto; ya nos están vendiendo oxígeno, ¿qué sigue después de eso entonces?: "Ahora la última tendencia es: Le arriendo el pedazo donde está sentado", ¡ya no sé cómo más nos van a sacare la plata!¿qué sigue? "Impuesto por abrir la ventana", "Impuesto por recibir el sol", ¿o qué, nos van a vender un pedacito de claridad? ¡quién sabe cómo será!
"Derramaré de mi Espíritu" Joel 3,1, y terminemos con esta certeza, porque claro, cuando a uno le dicen: "Derramaré de mi Espíritu, y el tiempo malo va a pasar, y Dios va a darte su misma respiración, y tú vas a vivir en cercanía con Dios", uno dice: "Sí, pues por ahí las predicadoras de Cristo y María, por ahí las hermanitas, por ahí los monjes, por ahí los ermitaños, por ahí los padrecitos, por ahí la gente que es mística, rezandera, espiritual, buen, santa".
¿Qué dice el texto? Mire: "Después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne" Joel 3,1. ¿Por qué el Espíritu Santo quiso que quedara esa frase? ¿Sabe por qué? Porque nosotros, que somos pecadores, ustedes y yo, fácilmente tenemos duda de que el Espíritu Santo sí puede llevarnos, tenemos duda de que sí podemos orar, tenemos duda de que Dios sí nos puede amar, tenemos esa duda.
Y por eso el Espíritu Santo quiso que quedara escrito este texto, para que tú supieras: Es sobre toda carne, y luego empieza a enumerar qué quiere decir "sobre toda carne", mire: "Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán suelos, vuestros jóvenes verán visiones, hasta en los siervos y siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días" Joel 3,1-2.
Dios promete renovar el don de la oración, Dios promete renovar la respiración, la respiración de cielo, la respiración divina, si tú quieres aceptarlo.
Vamos a pedirle al Señor, con amor, vamos a pedirle al Señor que renueve su vida en nosotros; vamos a pedirle al Señor que seamos hombres y mujeres de oración, de oración sencilla, no tiene que ser complicada, pero oración constante, perseverante, amorosa, vamos a pedirle eso al Señor. Vamos a pedirle al Señor que desde el centro de nuestro corazón renueve su presencia en todo nuestro ser.
Sí, Señor, delante de mis hermanos proclamo tu santo Nombre. Te bendigo desde el fondo y desde lo más profundo de mi ser. Te alabo, Padre Celestial, te bendigo, porque eres grande, porque eres santo. Y te pido que nos regales esa oración que renueva la vida. Te pido, Señor, que nos regales ese poder de Espíritu que todo lo transforma. Te pido, Señor, que nos regales ea gracia maravillosa que puede cambiar nuestro ser: tú lo prometiste.
Quizás muchos de los que estamos aquí, Señor, caemos en eso que dice el libro del Apocalipsis: "Tenemos nombres de vivos, pero estamos muertos"Apocalipsis 3,1. Señor, quizás caminamos como zombies por esta tierra, quizás somos simples juguetes de la publicidad y la tecnología, Señor, pero hoy queremos aprender a vivir como hijos tuyos; hoy queremos ser renovados, Señor, porque este camino cuaresmal, este camino de fe se puede renovar si tú lo renuevas.
Hemos venido aquí, Señor, para una cosa maravillosa que se llama "recargar la fe", Señor; queremos ser recargados por ti, queremos sentir, Señor, que tu Espíritu renueva nuestra oración. Bendito seas, Señor. Gracias, Señor, por este momento. Gracias, gracias, Señor por este momento. Bendito y amado seas.
Ahora un momento de silencio para que tú, desde la humildad y la sinceridad de tu corazón, le digas al Señor: "Sí te necesito, y sí quiero que tú recargues mi fe, que tú renueves mi fe; sólo tú puede hacerlo.
Para que no se nos olvide aquella oración, la repetimos unas diez veces: "Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí".