Cristo Vivo, 09 de 10: Los Secretos del Reino
Uno de los aspectos más interesantes de las bienaventuranza es que uno las lee y no tiene ni idea de cómo se aplica eso. Es decir, uno puede decir: "Dichosos los que lloran, porque serán consolados" San Mateo 5,5, ¿eso para qué sirve? O sea, ¿qué hago yo con esa frase? Esa frase no se puede aplicar; o bien corresponde a un deseo, o bien corresponde a la constatación de un hecho, pero no es algo que yo pueda manejar, no es algo que yo pueda implementar, no es algo que sirva de base para una acción mía.
Diríamos, este es el aspecto más fascinante de las bienaventuranzas y de lo que podemos llamar el secreto del Reino. El Reino de Dios es de Dios, el Reino de Dios no es una ida brillante, el Reino de Dios no es un conjunto de ideas brillantes, el Reino de Dios no es una política, el Reino de Dios no es una estrategia que quede en mis manos para que yo la ponga en práctica.
Exasperado por las injusticias que veía a su alrededor, un hombre llamado Karl Marx, decidió que los filósofos llevaban demasiado tiempo pensando el mundo y que ahora lo que tocaba hacer era transformarlo. Él buscaba ideas que pudieran tener un efecto, es decir, ideas que generaran un cambio, una transformación.
Deseoso de encontrar esas ideas, entonces él hizo todo un análisis económico que no queda en economía sino que se traduce en acción. Puesto que el problema es que hay una clase de capitalistas que son los dueños de los medios de producción, entonces hay una acción que hay que tomar, y esa acción es quitar los medios de producción de manos de los capitalistas y entregárselos al pueblo. Cuando el pueblo recupera la capacidad de manejar los medios de producción, entonces la riqueza no es riqueza de unos pocos sino que es riqueza de todos. Esa es una de las ideas centrales de la obra "El Capital" de Karl Marx.
En este momento no quiero entrar en una discusión sobre si esa idea es o no cierta. Uno puede decir que por la experiencia de los países que han entrado por la línea comunista, no debe ser demasiado cierta. Porque, aunque se oye muy bonito aquello de que el pueblo es dueño de los medios de producción, pues en la práctica las decisiones en las comunidades o grupos humanos no las pueden a tomar doscientos millones de personas al tiempo, ni veinte millones de personas al tiempo y, difícilmente, dos mil personas al tiempo.
Entonces tiene que haber una institución que tome decisiones, tiene que haber el surgimiento de un nuevo poder, ese nuevo poder, en el caso de la Unión Soviética, se llamaba "el Partido". Entonces, si tú pertenecías "al Partido", que es curioso que se llamara "Partido" porque era el único que podía existir legalmente, no podían existir otros partidos. O sea, ellos se habían subido aquí, a la cumbre del poder, y ahí ya nadie más se sube,"somos los únicos", ¿hasta cuándo? "Roma es eterna: hasta siempre".
Si tú quieres participar del poder, tienes que entrar al Partido, pero obviamente el Partido empieza a producir estructuras de elitismo, estructuras de secretismo, estructuras de intriga, estructuras de autodefensa, y dentro de esas estructuras, una red de campos de concentración que recibió el nombre famosos "Archipiélago Gulag", esa cantidad de medios de reclusión en donde se lleva a la persona que piensa distinto.
Por ejemplo, tú piensas que debe haber otros partidos, "quiere decir que tu cabeza no funciona,tu mente está mal, necesitas un tratamiento psicológico porque se ve que no entiendes nada, entonces hay que llevarte lejos, muy lejos, muy, muy lejos, para que te cures del problema que tiene tu cabeza, porque tú estas diciendo que el Partido está equivocado, se ve que estás muy, muy mal de la cabeza".
Con pretexto de problemas mentales, todos los que tuvieran alguna diferencia con el Partido eran asesinados, o torturados, o desparecidos, o encarcelados, o llevados a campos de con concentración y de trabajos forzados. Las ideas que se ven tan bonitas en los escritos de Marx, ya cuando pasamos a la práctica no funcionan. Porque es muy bonito decir: "Medios de producción para el pueblo", sí, pero el pueblo quién es? El pueblo lo dirige el Partido y el Partido se llena de todas estas plagas que hemos dicho.
Pero todo ese ejemplo es para decir que cuando tú tienes una ida o tienes una estrategia, la estrategia o la idea se convierte en tu garrote, se convierte en tu razón para trepar dentro de este esquema, para subir por la montaña del poder.
El Reino de Dios no es una estrategia, el Reino de Dios no es una idea brillantísima de cómo organizar la sociedad. Esta es una de las razones principales por las que Jesucristo, en primer lugar habla en parábolas, y en segundo lugar, si ustedes lo observan, nunca da una definición del Reino de Dios, siempre dice: "Se parece a..." San Mateo 13,44; San Lucas 13,21, "es como..."San Marcos 4,26, "con esto sucede lo mismo que con el Reino de Dios": San Mateo 13,24, es decir, el pensamiento de Cristo siempre es analógico, hace analogías, hace comparaciones.
¿Quiere decir que Cristo era un elusivo? ¿Quiere decir que Cristo simplemente promovía o vendía aire, una especie de esperanza vacía, en la cual cada quien puede poner lo que le apetezca y luego tratar de implementarlo? No, la cosa es mucho más interesante que eso. El Reino de Dios no es una estrategia, el Reino de Dios tampoco es una idea, no es ninguna de las dos cosas, porque el Reino de Dios es de Dios.
La predicación sobre el Reino de Dios no es una predicación sobre cómo reino yo, sino cómo reina Dios; parece una tontería, pero no lo es. La predicación sobre el Reino de Dios no es una predicación sobre cómo adquirir el poder, ni cómo manejar el poder, ni cómo mi idea es más grande que la tuya. Así como a veces pelean en los jardines infantiles los niños pequeños, y dicen: "Mi papito le puede pegar al tuyo", pues así también hay gente que parece que dijera: "Mi idea le puede dar garrote a la tuya", "mi estrategia es mejor que la tuya","mi sistema económico es más brillante que el tuyo", "mi política le puede dar trompadas a la tuya".
Jesús, lo que trae es algo distinto, y por eso es una maravilla que las bienaventuranzas no se pueden aplicar, no hay manera de aplicar las bienaventuranzas. "Dichosos los que lloran" San Mateo 5,5, ¿qué hago yo con eso? ¿Empiezo a llorar? ¿O qué hago con eso? ¿Produzco llanto en otros? Dichosos los que lloran" San Mateo 5,5 es una frase que me deja sin acción inmediata a mí.
La predicación de Cristo sobre el Reino de Dios es una predicación para disponerme a que Dios reine, prepararme para que Dios reine, o sea, yo lo que puedo es acelerar la hora del reinado de Dios; yo puedo apresurar la llegada del Reino, pero yo no puedo construir el Reino, yo no puedo producir el Reino, yo no puedo tomar control del Reino, esa es la primera parte. Hemos terminado la primera parte de esta predicación, que se puede sintetizar en la frase: el Reino de Dios es de Dios, y, por consiguiente, la predicación sobre el Reino de Dios es una predicación para disponerme a que Dios reine.
Terminado ese primer punto, pasemos al segundo. ¿Cuáles son los errores de la lógica del mundo? Esto tiene dos errores, si lo analizamos bien. Los dos errores son: qué pasa con los enemigos y qué pasa con los amigos, o sea, no falla nada, ¿no? A ver, ¿qué pasa con los enemigos? La lógica del mundo dice que lo que yo tengo que hacer con mi enemigo es aplastarlo, así de sencillo, lo que yo tengo que hacer con mi enemigo es triturarlo, lo que yo tengo que hacer con mi enemigo es no dejarle respuesta posible, ¿cómo? Teniendo una lógica brillantísima, teniendo una erudición pasmosa, teniendo una fuerza militar invencible, teniendo un poderío económico que doblegue a cualquiera.
En la lógica del mundo, yo lo que tengo que hacer es aplastar al enemigo; pero vemos que eso falla, porque aplastar al enemigo produce nuevos enemigos, y aplastar al enemigo hace que surja y resurja, y aplastar al enemigo termina convirtiéndose en crear mi propia tumba, no funciona. Entonces hay que solucionar ese problema.
Y el otro problema son los amigos. Sucede que detrás de este modelo del poder en el mundo, pues hay un tremendo egoísmo porque de lo que se trata es que yo, con mis ideas, maneje la situación. Es decir, decóralo como tú quieras, pónle la retórica que tú quieras, la lógica del mundo consiste en que "yo voy a mandar y tú vas a obedecer". Ahora, tú a eso le pones toda la belleza, los argumentos, lo que tú quieras, eso no le sirve a los amigos.
Es decir, no solamente engendra enemigos dentro de los enemigos, sino que acaba con los amigos. "Porque si somos amigos, pero yo siempre voy a decidir, y somos aliados, pero acuérdate de que yo mando, y estamos en el mismo barco, pero yo dirijo el barco", hay un momento en el que también mi amigo, el que parecía mi amigo, dice: "Oye, ¿y yo por qué nunca? O sea, lo que sucedió aquí en las guerras de independencia fue lo siguiente: las guerras de independencia no fueron guerras de América contra España, no fueron guerras de la Nueva Granada contra España, no fueron guerras del Virreinato contra España, fueron guerras entre españoles, esas fueron las guerras de independencia.
Las familias españolas de aquí, contra las familias españolas de allá, fue una guerra entre españoles, esa fue la Independencia. Sólo que los españoles de aquí, los que solemos llamar los criollos, utilizaron como fuerza, ¿pues a quiénes? A los mestizos, a los mulatos, a los indígenas, esa fue la fuerza que se usó, pero la guerra de independencia era una guerra entre españoles. Los españoles nacidos aquí se cansaron de que nunca, nunca iban a poder obtener el poder.
En realidad, la mayor parte de las guerras de independencia que yo puedo pensar en este momento, han sido guerras entre amigos, no son guerras entre enemigos, son guerras entre amigos. Piensa tú en las guerras, por ejemplo, de Argelia contra Francia, o la independencia de Suráfrica, o la independencia de Irlanda.
Como tuve esa ocasión de vivir en Irlanda, pues, permítanme un ejemplo de allá. Pues resulta que lo máximo que ofrecían los ingleses era: "Bueno, pues está bien, entonces algunos de ustedes pueden venir a aquí, al Parlamento". Pero el Parlamento es una Cámara amplísima, y entonces en esa Cámara amplísima tú recibes uno o dos irlandeses, y ahí tienes uno o dos irlandeses cuyas propuestas nunca van a hacer nada ni van a producir nada. Esos irlandese nunca van a estar en la Cámara de los Lores, y esos irlandeses jamás pertenecerán a la línea de sucesión de la Corona. Llega un momento en el que estos dicen: "Mira, pues sí somos amigos, pero todo el tiempo tú vas a estar dirigiendo, y mandando, y organizando".
y a mí me parece que este es un tema muy interesante porque nos lleva a hacernos una pregunta que, como diría Nietzsche, es humana, demasiado humana. Y la pregunta es esta: "-¿Qué personas te gusta tener en tu vida toda la vida? Y la respuesta es: "Que me amen", esa es la única persona que tú quieres tener siempre en tu vida. ¿A quién le diría tú esas palabras: "Oye, qué bueno vivir contigo"? ¿A quién le dice eso, que te salga del corazón? A una personas con la que sientas amor, no necesariamente amor de pareja, pero amor, tiene que haber.
Compartir la vida es un asunto que sólo sucede desde el amor, y es lo que va mostrando la falla de fondo en este esquema. Este esquema en realidad está hecho para usar al ser humano, la lógica de este mundo está hecha para usar a los seres humanos, pero los seres humano sólo queremos convivir con las personas con las que nos sentimos amados.
¿Por qué uno no siente, es decir, la inmensa mayoría de la gente, no siente ganas de cambiar de mamá? ¿Por qué? Porque siente amor. Si yo me siento amado por mi madre, "es que cómo no amarla, es que es bella, es que me ha dado todo, me ha dado su vida, es que..., ¿cómo no quererla?" Bueno, esa madre, a la que no hay cómo no querer, es una persona que está siempre en mi vida, siento que es un bien en mi vida, siento que me hace bien. Ahí termina la segunda parte de esta enseñanza. ¿A quién quiero yo siempre en mi vida? Al que me ame, al que represente un bien para mí. al otro no lo quiero.
Es muy interesante en ese tiempo de las guerras de independencia, es muy interesante cómo la gente siente una tremenda dualidad porque se dan cuenta que España les ha dado, o nos hadado tenemos que decir, muchísimas cosas buenas, pero muchísimas. Pero es que yo no quiero que me den cosas buenas,yo no quiero sólo que me den cosas buenas.
El amor es lo que está faltando aquí, el amor. Pero no amor de pura emoción, no amor de puro sentimiento, no amor de pura pasión, ¿sino qué tipo de amor? El amor que significa generar mi genuino bien, producir, traer a mi vida el genuino bien, eso es sentirme amado. Esa definición, por supuesto, la tomamos de Santo Tomás de Aquino, que refiere al amor como el crear el bien en la otra persona.
Cuando aquí decimos: "Yo en realidad sólo quiero en mi vida a aquel que me ame", lo que estamos diciendo es: "Yo quiero en mi vida a aquel que genera, a aquel que trae un genuino bien a mi vida; ése, que trae un genuino bien a mi vida, ése que es como un manantial de bien de vida, a ése quiero siempre a mi lado, ése es el que yo quiero".
Llevamos dos puntos, ¿cierto? El primer puto es que hemos presentado que el Reino de Dios no es una idea ni es una estrategia; el segundo punto, hemos analizado qué falla en el esquema, y hemos visto que lo que falla en el esquema es que produce enemigos y no le duran los amigos. Produce enemigos porque los aplasta con odio, engendrando cadenas de resentimiento; y no le duran los amigos porque en realidad está usando siempre a los amigos.
Es decir, lo que falla en el esquema del mundo, lo que falla en la lógica del mundo es que no hay amor, eso es lo que falla, amor entendido como traer un genuino bien a mi vida. ¿Por qué la gran mayoría de las personas no pelean ni con las vacaciones, ni con la buena comida, ni con los buenos amigos? Porque traen bienes a la vida.
¿Por qué uno no sale de pelea con las vacaciones? "¡Ah, vacaciones, hombre, qué desastre! ¡Qué desgracia, vacaciones!" No, las vacaciones me traen un genuino bien, algo que yo necesitaba; los alimentos son un genuino bien en mi vida; mis amigos son un genuino bien en mi vida, de esas cosas no me canso nunca. Pero uno que esté a mi lado, así me prometa muchas cosas, así me tire caramelos, si no trae el verdadero bien a mi vida, me cansa.
Pasemos al tercer punto dentro de este esquema sobre el Reino de Dios. El tercer punto es el que yo llamo "el secreto del Reino". Si Cristo no está trayendo una estrategia, si Cristo no está proponiendo una idea brillante al estilo de Marx, ¿entonces qué es lo que trae Cristo? No le demos un nombre en este momento sino hablemos de la praxis de Él. Y encontramos que en su manera de predicar y en su manera de obrar, Jesús empieza a realizar una serie de actos, actos que trastornan la lógica de este mundo.
Yo voy a empezar por esto: ¿a quiénes pone Cristo como ejemplos? Y nos damos cuenta que Cristo pone como ejemplos a los excluidos de esa época, a los despreciados de esa época. Cristo, de una manera consciente, de una manera visible y de una manera repetida, toma una opción por aquellos que no cuentan, por aquellos que son despreciados, por aquellos que se consideran no significativos.
¿A quién se considera no significativo? "Al publicano, porque es un desgraciado, porque es un traidor; el publicano trabaja para el Imperio, trabaja para los enemigos, ¿qué, no te das cuenta? ¿No te das cuenta que ése trabaja para los romanos?" Y Jesús pone como ejemplo a los publicanos, es decir, a los que cobraban impuestos para el Imperio, Y Jesús come con publicanos, y Jesús llamó a un publicano: Mateo era publicano, y Jesús lo llama para que esté con Él, esto es sorprendente, es sorprendente.
Un oficial romano tiene un empleado enfermo y le dice a Jesús: "Mira, mi empleado está muy mal, si puedes ayudar", y entonces Jesús dice: "Voy a curarlo" San Mateo 8,7, "¿voy a curarlo?" San Mateo 8,7, eso lo dice Jesús en público, osea, otros lo oyeron, "¿cómo se te ocurre que te vas a meter en la casa de un pagano? El pagano es el maldito, el pagano es el sucio; y, además, no contento con ser pagano, es de los paganos que nos amarga la vida, que se comen nuestros bienes, que abusan de nosotros, que se burlan de Dios, ¿vas a ir a la casa del pagano?" La gente queda en shock.
Y Cristo va camino de la casa del pagano, y el pagano manda un criado y dice: "No, no, no, no soy digno de que entres en mi casa; basta con que lo digas de palabra y mi criado sana. Yo también tengo gente a mis órdenes, y yo le digo a uno: Ve, y va; y le digo a otro: Ven, y viene"San Mateo 8,8-9. "No, con que lo digas de palabra mi criado sana" San Mateo 8,8.
Y Jesús se detiene y le dice a la gente que estaba ahí: "Les aseguro que en Israel no he visto tanta fe" San Mateo 8,10. "¿Tiene más fe un romanos que yo?". Observa lo que está haciendo Cristo ahí: está tomando al excluido, está tomando al de la periferia, está tomando al despreciado y lo está llevando al centro. Por eso hay muchos que dicen que el Reino de Dios no es ni una idea ni una estrategia, sino es una praxis, una praxis sacramental.
Parece que la estructura del Reino de Dios es la estructura de una praxis sacramental. Sacramental no quiere decir en este momento una praxis ritual, sacramental quiere decir un símbolo que produce lo que significa, un símbolo eficaz que trae la gracia. El Reino de Dios, en las palabras y en las obras de Cristo, ¿qué es? Es una praxis sacramental, Tú no puedes imaginarte lo que es ser judío y oír que otro judío, Jesús, dice: "Oiga, ese romano tiene más fe que todos ustedes, ¿no?"
Mira, si Jesús se entra a la casa de un judío y le da una bofetada a la madre de uno de éstos, no se sienten igual de mal. "¿Qué estás diciendo tú, que tiene más fe el romano que nosotros?".
Otro ejemplo, los samaritanos. Ya hemos comentado en otras charla de esta serie quiénes eran los samaritanos, cómo surgieron en la época del hijo de Salomón, que era el famoso Roboam, y cómo tenían un sacerdocio completamente espúreo, un sacerdocio que era un chiste, un sacerdocio que no merecía ningún respeto, y por eso los judíos desprecian a los samaritanos.
"Les voy a contar cómo es el amor al prójimo", dice Jesús. Resulta que un hombre iba de Jerusalén a Jericó, lo atracaron, quedó medio muerto en el camino. Entonces pasaba un sacerdote, hizo como que no había visto nada, siguió de largo. Y luego pasó un levita, y el levita tampoco hizo nada. Y después pasó un samaritano, y el samaritano sí curó a este pobre enfermo, y el samaritano sí gastó de su dinero, y el samaritano sí le hizo bien, ¿qué es salvar al prójimo, queridos hijos?", dice Jesús.
Obviamente, la respuesta es trivial: "-Amar al prójimo es hacer lo que hizo el puerco samaritano ése". "-Eso, el puerco samaritano entiende mejor que tú". El ejemplo que pone Cristo es ese.
Lo invitan a comer en casa de un fariseo, ¿te imaginas el fariseo? El fariseo se siente aquí, en la cumbre: "Soy la autoridad moral de este pueblo, cochino pueblo que no sabe nada de la Ley, pero bueno, Dios en su providencia les dio mi presencia, para que más o menos sepan a dónde mirar". El fariseo invita a comer a Cristo, y resulta que aparece esta mujer, la pecadora del pueblo, y la pecadora del pueblo empieza a hacer una escena, y a llorar, y a gemir, y le moja los pies a Cristo, todo el mundo incómodo: "¿Y ahora a esta vieja quién la dejó entrar? ¡Qué problema tan serio!"
Ella toma sus cabellos para secarle los pies a Cristo, todo el lenguaje de ella es lenguaje prohibido por las costumbres, y es un lenguaje esencialmente erótico: una mujer jamás toca a un hombre en público en esa cultura, ¡jamás! Un hombre no toca a una mujer, y una mujer menos a un hombre, la mujer no tiene derecho a tener iniciativa, ¡jamás!
Y ese contacto, ¿besar los pies? ¿Ustedes saben qué son los pies para esta gente? Se lo voy a contar. En el capítulo sexto del libro de Isaías, se dice que había unos querubines que tenían tres pares de alas, y uno de los pares de alas era para cubrirse los pies. La nota de la Biblia de Jerusalén, indica: cubrirse los pies es un modo de decir cubrirse el sexo.
Los pies, para nosotros me imagino que no, para la mayoría de nosotros, no; pero los pies tiene un contenido erótico inmenso. Mostrar los pies es una cosa profundamente íntima, los pies no se muestran, jamás se muestran los pies.
"Y esta mujer, ¡a besarle los pies a Cristo! ¡Qué escándalo! ¡Qué porquería!¡ Se dañó la comida, se daño todo, se fregó este asunto por la vieja esa; si este fuera profeta, debería saber quién es ésta!" Y dice Jesús: "Es que ella sí ama porque es que a ella sí se le ha perdonado, entre paréntesis, ella va primero que usted al Reino".
Los niños, ¿quiénes eran los niños? Los niños eran un estorbo, los niños eran un problema. Téngase en cuenta que los niños, en esta sociedad judía de ese tiempo, tenían un problema y es que no eran productivos, y realmente la gente pasaba hambre. O sea, usted convénzase que nosotros hablamos hoy de pobreza pero es que nosotros no sabemos lo que es pobreza. Entonces realmente un niño era un problema porque un niño no es productivo y eso, pues, significa que hay que hacerlo productivo pronto y por eso hay que educarlo.
La educación era una cosa muy dura en toda la antigüedad. Le preguntaron a San Agusín una vez si le gustaría volver a se niño y él dijo: "No, a los niños los castigan mucho", esa era la norma en la antigüedad. Ahora es que los niños muchas veces son mimados y mimados y mimados.
El niño es el estorbo, el niño sólo sirve para educarlo, el niño sólo sirve para volverlo productivo pronto. Y Jesús dice: "Miren, les voy a explicar cómo se recibe el Reino, están ahí sentados los Apóstoles, ¿cómo se sentían los Apóstoles? Entienda este detalle, los Apóstoles se sentían que ellos eran las cabezas del nuevo Israel, ¿porque cuántos Apóstoles eran? Pues doce, y el número doce es el número de Israel, o sea, ellos no eran ningunos tontos, ellos sabían que si Jesús los había elegido a ellos, "y nosotros somos los doce del Mesías, nosotros somos los magníficos, hermano, ¡somos los doce!"
Mire, ellos estaban tan convencidos de su poder, que una vez cuando Jesús iba de Galilea a Jerusalén, fue a entrar a una aldea de samaritanos,no le dieron hospedaje, ¿y qué dijeron Santiago y Juan?: "Señor, ¿quieres que mandemos bajar fuego del cielo?" San Lucas 9,54. O sea, ¿qué sentían ellos? Ellos no le dicen: "Trae tú fuego del cielo", sino ya ellos se sentían capaces de traer fuego del cielo, "diga no más, y aquí nosotros ya somos de los mismos, y nosotros somos aquí el Senado, nosotros somos aquí los importantes".
Si es que Pedro ya le quería dar consejos a Jesús: "No, no, no, Señor, eso no ta va a pasar; mira, hay que hacer eso, hay que hacer esto otro". Porque el ser humano es así, porque todos somos así, porque a uno le fascina eso. Por eso, hay una frase que me gusta tanto que dice: "Todo el mundo quiere trabajar para Dios: como consejero".
Santiago y Juan ya sentían que ellos eran el Senado: "Nosotros somos los importantes: traigamos fuego del cielo". Y es que, además, como ellos ya habían expulsado demonios, acuérdese que ellos ya había pasado esas misiones, ellos habían expulsado demonios, ellos ya habían sanado enfermos, ellos sentían que tenían la "p" del poder, "tenemos poder, y esta gente no entiende quiénes somos nosotros, manada de cafres, nosotros podemos acabar con esta gente, y de una vez: "Jesús, ¿te parece, a la cuenta de tres, fuego para toda esta gente?"
Oiga y Jesús está reunido con su Senado, está reunido con su gente importante, les está explicando los asuntos del Reino, o sea, tú imagínate cómo se sentían ellos, ellos sentían que eso era más o menos la asamblea general de poder del universo. Y ellos sienten que están allá sentados con Jesús recibiendo altas enseñanzas y altas instrucciones. Y por eso, mis hermanos, yo creo que uno tiene que sentir desconfianza cuando en la Iglesia Católica los círculos de poder se van volviendo tan tiesos.
A veces hay unas reuniones que son tan solemnes, y todo el mundo está así como con cara de que "yo no hablo, yo doy declaraciones"; "yo no pienso, yo discierno", y todos con una importancia, y todos tan tiesos, "porque aquí todo es solemne, todo es grave". Pues así estaban los Apóstoles y ya se iban volviendo muy solemnes, ya estaban muy tiesos, ya algunos de ellos presentaban dolor en la nuca.
Y les dice Jesús: "Miren, les voy a explicar cómo se recibe el Reino: Niño, usted, venga, venga, niño", ¿cómo se llamaba ese niño? Hay una tradición que dice que ese niño se llamaba Ignacio, y ese niño era el Ignacio que luego es San Ignacio de Antioquía, hay una tradición que dice eso, que ese niño al que Jesús abrazó, que bendijo, era San Ignacio de Antioquía. Las fechas coinciden perfectas, San Ignacio de Antioquía murió hacia el año ciento siete.
Fíjese, esta gente que ya estaba aquí en la "p" del poder, ya eran todos tiesos, ya habían aprendido a arrugar la frente,-cuando usted sea importante, aprenda a mantener el ceño fruncido, "porque todo lo que yo diga es grave, lo que no es grave es serio, y lo que no es grave y serio es trascendental y tendrá repercusiones".
Y la Iglesia se va volviendo tiesa, con un lenguaje que hay que pensarlo muy bien, cada palabra hay que pronunciarla con una gran claridad, ¡y la gente y el pueblo no entiende un pito de lo que dicen sus jerarcas ni de los que dicen sus prelados! ¡Porque los prelados resulta que ya están tan importantes, ya están tan tiesos, que ya no les entiende nadie!
Y Jesús toma a este niño y lo abraza. Mire, abrazar a un niño a nosotros eso nos puede parecer relativamente normal, en esa cultura el niño nunca está solo en la calle, nunca; y en esa cultura, si el niño está, está con otros niños, y en esa cultura un adulto no toca a un niño de otra cultura, no lo toca. Y Jesús abraza a este niño como si fuera de su familia, y lo bendice delante de ellos, y les dice: "Mire, es que el Reino se recibe es así".
Y los otros, que ya se creían con los altos poderes del universo, listos para matar ciudades, ya ellos se sentían como en una película de Hollywood, ya ellos estaba listos para decir: "Señor, hemos predicado en ese poblado y no se convirtió, pues entonces para algo estamos en el Valle de los Rayos: que le caiga su trueno, que se reviente, que explote", ellos sentían que ellos eran los mensajeros de la justicia, los mensajeros al estilo de Sodoma y Gomorra, ¿te acurda? Que cayó fuego y azufre sobre Sodoma y Gomorra. "¡No, pues de una vez, nosotros somos los mensajeros de la justicia!".
Todos estos ejemplos nos van llevando al secreto del Reino. ¿El secreto del Reino cuál parece ser? La primera clave que tenemos, porque son varios secretos, la primera clave que tenemos es mirar al que no: al que no cuenta, al que yo descarto; encontrar el bien, -oiga eso-, encontrar el bien en el que a mí me parece mal, encontrar lo bueno en aquel que yo he rechazado, encontrar lo admirable en aquel que yo he despreciado, buscar el bien en la cueva del mal.
Esa actitud de Jesucristo es el primer secreto del Reino. Secreto del Reino número uno: buscar el bien en la cueva del mal. ¿Cuál es la cueva del mal? La cueva del mal es donde tú crees que no puede haber nada bueno. Ya entonces esto empieza a ser práctico. "-¿Cuál es la gente que te cae mal a ti?" "-Pues a mí me cae mal la gente de tal pueblo", "a mí me caen mal los ricos", "a mí me caen mal los rusos", a mí me cae mal...", bueno, esos que te caen mal, esos, ¿qué bien tienen? ¿qué bien tiene el que a mí me cae mal? Encontrar el bien en la cueva del mal.
Todo estaba tan mal con los romanos, pero Jesús encontró algo bueno; todo estaba tan mal en la vida de los publicanos, pero Jesús se queda en la casa del publicano, de Zaqueo. Encontrar el bien en la cueva del mal, ese es el primer secreto.
Segundo secreto, secreto del Reino número dos: es que no solamente voy a encontrar el bien en la cueva del mal, no sólo lo voy a encontrar, lo voy a llevar, voy a llevar el bien a donde no estaba, voy a llevar el bien a donde sólo había mal.
Fíjate que buscar el bien en la cueva del mal requiere una gran luz, fíjate ese detalle; pero observa también esto: fíjate que llevar el bien a la cueva del mal, por seguir utilizando esa expresión, requiere todavía más, y ahí es donde Jesús dice: "Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los persiguen" San Mateo 5,44. Ojo, ojo, hermanos, no se llega al secreto número dos sin el secreto número uno. Si uno no ha hecho el ejercicio del secreto número uno, el secreto número dos le resulta impensable e imposible.
¿Cómo es que yo puedo llegar a amar al enemigo? ¿Y qué es amar al enemigo? Recuerde que amar, en todo ese contexto, siempre es llevar un bien. Amar al enemigo no es: "¡Cómo me cae de bien el opresor!" No. "Tan simpáticos que son esos romanos, es que tiene unas costumbres como tan especiales". No. Amar no significa generar un sentimiento, amar significa generar un bien.
Cuando aquí se dice "amar al enemigo", de lo que se trata es de llevar ese bien, y ese es el Reino, ¿por qué ese es el Reino? Porque resulta que cuando se lleva el bien a una vida, entonces se cumple lo que hemos dicho en el punto número dos. ¿Qué fue lo que dijimos que fallaba en la lógica del mundo? que genera enemigos y los multiplica, y que los amigos no le duran porque los usa. Roma se quedó esencialmente sin amigos.
Cuando tú empiezas a generar, a sembrar bien, incluso en la cueva del mal, suceden muchas cosas. Una de las cosas que sucede es que aquel que genera el bien, ése es el que tiene el genuino poder. Porque lo que hace daño en el poder no es el poder sino el egoísmo, lo que hace daño en el poder no es el poder sino la arrogancia, lo que hace daño en el poder no es el poder sino la codicia. El poder en sí mismo no es malo.
Santo Tomás hace un estudio sobre el poder cuando analiza las fuentes de la felicidad humana, eso lo analiza en las primeras cinco cuestiones de la Prima secundae de la "Suma Teológica". Y se pregunta entre otras cosas Santo Tomás en dónde reside la verdadera felicidad, y una de las preguntas que se hace es si la verdadera felicidad reside en el poder, ese artículo es interesante; no me acuerdo de la referencia específica, pero está entre las primeras cinco cuestiones de la Prima secundae de la "Suma Teológica", ahí se pregunta Santo Tomás si el poder da felicidad.
Santo Tomás dice: "No puede ser que el poder dé sea la fuente de la felicidad, porque el poder tiene siempre carácter de instrumento, el poder tiene carácter de medio, no de fin". Lo que hace daño no es el poder, no hay que demonizar el poder, ese es el error que comete, entre muchos, el comunismo, y es el error que comete la Revolución francesa con el uso ideológico de la palabra "igualdad".
No, el igualitarismo no es bíblico, es antropológicamente correcto. El primer Papa que denunció el problema del igualitarismo como contrario al bien último de la sociedad, me parece que fue Pío Nono, pero después de él, en su famosa encíclica "Rerum Novarum", el Papa León XIII, en la encíclica de mil ochocientos noventa y uno, él habla de eso: "No, Dios no ha querido una sociedad igualitaria, no, eso no es cierto. Las diferencias son importantes y el poder es bueno, pero depende de cómo se utilice el poder".
Lo que hace venenoso el poder en la lógica del mundo es que es un poder que está al servicio del egoísmo, de la arrogancia, de la codicia, eso es lo que lo envenena. Cuando una persona entra a sembrar el bien, empieza a tener un poder, claro, el poder de construir, es que el mal destruye, el bien construye.
El que hace el bien tiene poder. Acuérdate de lo que hemos repetido varias veces: el corazón humano tiene una cerradura que sólo se abre con la llave amor. Cuando tú ya llegas al secreto del Reino número dos, entonces tú tomas la llave del amor y aprendes a manejar la llave del amor, y la llave del amor es la que abrirá los corazones, y el corazón que no se abra con la llave del amor, no se te va a abrir con la llave de la crueldad ni con la llave de la fuerza; al contrario, si tú intentas violencia o si tú intentas crueldad, lo único que vas a hacer es agrandar a tu enemigo.
Y por eso, por ejemplo para los hermanos que están próximos a su ordenación, qué importante esto: el primer requisito en el ministerio es ese, lo primero que uno tiene que preguntarse cuando uno sale, está la gente reunida, por ejemplo para la Santa Misa, lo primero que uno tiene que preguntarse al examinarse es: "¿Los amo?" Esa es la pregunta, "¿Los amos? Porque si no los amo, ¿qué bien les voy a hacer?" ¿Los amo en el nombre de Cristo?" Si uno no tiene amor, por favor, no predique, porque lo menos que va a pasar es que va a hacer el ridículo, no predique, si no ama, no predique.
Sólo el que ama puede tener esperanza, no es una certeza, puede tener esperanza de que un día se abrirá un corazón, pero porque ama. Ese es el secreto del Reino número dos: Siembre el bien.
Pero aquí viene el secreto del Reino número tres, que es muy importante. El secreto del Reino número tres se basa en esta certeza: como el agua que está en esta botella, el amor suyo se le va a agotar, ese todavía no es el secreto, pero sirve de introducción. Mire, el amor suyo se va a agotar, o sea: no se fíe usted del amor que usted trae de su pasado, no se fíe del amor que usted tiene por sus talentos naturales, no se fíe usted del amor que usted tiene porque tiene una conexión o empatía con la gente.
Observe lo que nos dice San Vicente de Paúl en la lectura de su oficio, la fiesta de él es el veintisiete de septiembre. En el Oficio de Lecturas del veintisiete de septiembre, San Vicente dice una cosa interesantísima sobre el amor. Él dice: "Mire, tenemos que amar a los pobres, ciertamente, pero los pobres muchas veces no son dignos de ser amados", el realismo de un santo, porque muchas veces el pobre, humanamente hablando, es desagradable, y muchas veces es desagradecido, y muchas veces es exigente. Y yo creo que todos tenemos experiencia de eso. San Vicente de Paúl dice eso: "Mire, no pretendamos amar a la gente porque nos caiga bien".
Las razones humanas para el amor se agotan, sólo puede practicar entonces el secreto número dos, que es sembrar el bien, ¿sólo lo puede practicar quién? El que está conectado a la fuente infinita del amor. Por eso el Reino de Dios jamás puede ser un proyecto secular, jamás puede ser un modelo de sociedad, jamás puede ser un programa político, es decir, simplemente político. El secreto del Reino número tres es: sólo permanece amando el que permanece en Dios, sólo permaneciendo en Dios.
Y por eso Jesús les dice a sus Apóstoles, en el capítulo quince del evangelio según San Juan, Jesús les dice a sus Apóstoles, yo como que cierro los ojos y me parece estar viendo a Jesús, que les dice a sus Apóstoles: "Permaneced en mí" San Juan 15,4. "Sin mí nada podéis hacer" San Juan 15,5.
¿Por qué Jesús dice esa frase? Mi querido hermano, Jesús dice esa frase porque si usted se desconecta de Jesucristo, le queda un poquito de agua en la botella, entonces usted dice: !Ah, no, yo puedo seguir amando"" Sí, sí, siga amando, y se le va acabando, y a usted se le acaba el amor, ¿y cuando a usted se le acaba el amor qué sucede? !Ah, voy a empezar a odiar!" ¡No! ¿Qué es lo que sucede cuando a usted se le acaba el amor? Cuando se le acaba el amor a uno entonces uno recae en la lógica del mundo, y entonces uno empieza simplemente a promover ideas, estrategias, canje, trueque, pecado, es lo único que uno empieza a intercambiar cuando se le acaba el amor.
El secreto número tres ya se puede decir de manera más cota con esta expresión: hay que permanecer en Dios, hay que permanecer en Cristo. El amor mío se me va a acabar. Por favor, queridos hermanos, predicadores de la Palabra divina, siervos del Dios Altísimo: ustedes jamás piensen que el entusiasmo dura. Porque uno se ordena, hace unos veinte años yo recibí la ordenación sacerdotal, uno se ordena, y usualmente uno tiene fervor, y uno tiene entusiasmo, y a veces incluso uno tiene ganas de cambiar el mundo, y uno dice: "Sí, sí sí, voy a servir", uno se parece mucho a Pedro que decía: "Aunque tenga que dar mi vida por ti, yo no te negaré" San Mateo 26,35, ¡él estaba en un entusiasmo!
El secreto número tres nos dice: el entusiasmo no dura, la única posibilidad es permanecer en Dios, permanecer en Cristo, ese es el único secreto, es la única manera, estar conectado a Él; sólo Dios es infinito, sólo Dios te puede dar amor cada mañana.
Y aquí llegamos al secreto, el último, nos resultaron cuatro secretos, ¿el secreto del Reino número cuatro cuál es? Ese es muy lindo, ese secreto le gustaba a Bernardo de Claraval, ese secreto lo menciona también San Juan de la Cruz en su "Cántico". El secreto número cuatro dice así: la fuente adentro: no dependas de fuera; tu fuente, adentro, ¿qué quiere decir la fuente adentro? Que yo no amo porque me amen, yo no amo porque me agradezcan, yo no amo porque me aplaudan, yo no amo porque me paguen, ¿entonces por qué amas? San Bernardo tiene esa meditación tan bonita y dice: "Yo amo por amar".
Pero también tiene otra muy bonita que es la que se llama "beber del propio pozo", una reflexión que él hace sobre el libro de los Proverbios, y entonces lo que está diciendo San Bernardo es: la fuente adentro, que tú no dependas, porque la vida, mira, la vida tiene una cuota bastante alta de desengaños preparada para ti. La vida tiene una cuota bastante alta de contradicciones preparada para ti. La vida tien una copa bastante alta de amarguras preparada para ti.
Y cuando uno sale al encuentro de la vida mostrando el pecho: "Aquí llegué yo, he aquí que llegué yo a convertir el mundo", pero es que hay una cuota bastante alta, bastante, bastante alta de amarguras. Si tu fuente no está adentro, estás pedido, ¿por qué? Porque un día te toca vivir en un convento que tú dices: "No, en este puerco convento no se vive el Evangelio, esto aquí no hay Evangelio en este convento! ¿Esto aquí es la antítesis del Evangelio! Como conclusión, ¡entonces yo me voy! ¡Se acabó mi pedicación, se acabó mi testimonio, aquí no se puede vivir nada!"
¿Qué está diciendo el que dice que no se puede vivir nada, qué está diciendo? Lo que está diciendo es: "Mi evangelio era muy bueno, mi evangelio era muy poderoso, pero el odio salió más poderoso, entonces no se pudo. Mi evangelio era buenísimo, pero la gente empezó a calumniarme, la gente empezó a hacerme la vida imposible, entonces no se pudo vivir la vocación, entonces esa puerca gente que no entiende nada, mi evangelio sí era bueno, pero la gente no lo entendió.
La respuesta de Cristo es: "Si tu evangelio es el evangelio, esa respuesta no cabe; si tu evangelio es el evangelio, el Evangelio gana, gana en un día, gana en una año, gana en una vida, o gana después de que tú te mueras, pero el Evangelio gana".
O sea que el retroceso, la derrota, el pesimismo, el resentimiento, pertenecen a la lógica de este mundo; el Evangelio, el Evangelio gana. ¿Pero quién puede ser así? Sólo el que tiene la fuente adentro.
¿Qué fue lo que le prometió Jesús a la samaritana? Le prometió agua que ya no tenía que volver a buscar, lo que le está diciendo Jesús a la samaritana es: "Te voy a dar una fuente adentro", eso es lo que le está diciendo, "que no tengas que volver a buscarla acá. Te voy a dar una fuente adentro, para que no dependas". Podemos decir que la propuesta de Cristo es muy sencilla, la propuesta de Cristo es: "Vas a ser independiente de todo lo demás, dependiente sólo de Dios", esta es otra manera de contar el secreto número cuatro.
Y así tienen que ser todos, y especialmente el monje, y el fraile, y el sacerdote, y el predicador. Un predicador tiene que se independiente, ¿te acuerdas lo que hablamos de Juan el Bautista? Era independiente de todos, dependiente sólo de Dios, independiente de todos, dependiente de Dios: la fuente adentro.
Mis hermanos, ahí tenemos los cuatro secretos del Reino, que se parecen mucho y que en realidad son equivalentes. Buscar el bien en la cueva del mal, ¿qué significa? Poder aprender hasta de tu peor enemigo. Sembrar el bien en la cueva del mal, ¿qué significa? Encontrar la llave del verdadero poder. Permanecer en Cristo porque el amor que yo tengo se me va a acabar. Tener la fuente adentro, ¿qué significa? Independiente de todo, dependiente sólo de Dios.
Cuando una persona empieza a vivir estos cuatro secreto,- esta es una praxis, acuérdese, esta no es una teoría-; cuando una persona empieza a vivir estos cuatro secretos, sucede algo maravilloso: esta persona empieza a descubrir que Dios reina en su vida, esta persona experimenta el reinado de Dios.
¿Qué es el Reino de Dios? Es una praxis sacramental, es una experiencia transformante, según Jesús, una experiencia transformante y contagiosa, una experiencia que va generando una nueva humanidad, una nueva comunidad, experiencia transformante y contagiosa en Dios, praxis sacramental del amor que todo lo cambia.
Esto hizo Jesús en su ministerio público, esto es la razón de ser de sus milagros, de sus exorcismos, de sus oraciones, de sus predicaciones, es esto. Y a medida que vamos viviendo esto, vamos experimentando que Dios reina en nuestra vida.
Pero nos falta el último tema, gracias a Dios parece que lo podremos dar completo, como lo habíamos propuesto. Este fue el ministerio público de Cristo, ¿pero y qué pasa cuando llega la hora de la Cruz? Ese será nuestro último tema. Porque el primer tema era la preparación para el ministerio, luego hemos recorrido el ministerio público de Cristo, ahora nos falta ver qué sucede, en la Cruz, en la Pasión y en el final del Señor.,.