Cristo Vivo, 04 de 10: Kairós

De Wiki de FrayNelson
Saltar a: navegación, buscar


En su predicación inicial Jesucristo habla de un tiempo que se ha cumplido. En el capítulo cuarto de su Carta a los Gálatas el Apóstol San Pablo también habla de un tiempo que se ha cumplido. "Cuando se cumplió el tiempo", es una noción más bien extraña para nosotros. El cumplirse del tiempo es una expresión que habla como de una especie de gravidez, de embarazo.

La historia está grávida, la historia está embarazada, y la historia tiene momentos en que da a luz. Las cosas no surgen porque sí, se da un proceso, podemos llamarlo orgánico, y ese proceso orgánico tiene su concepción, su gestación, y tiene su momento de salir a la luz. Podemos decir que la concepción kairótica del tiempo es una concepción esencialmente orgánica.

Kairótica alude a kairós, el kairós es el tiempo pero visto desde un ángulo, podemos llamarlo, cualitativo. Porque existe también el kronos, el kronos es el tiempo desde un ángulo cuantitativo. El kronos se refiere a ese tiempo que marca las realidades o que nos revela el ritmo de las realidades periódicas, monótonas, como puede ser el ciclo del día y la noche, o en una escala más pequeña, el cambio de una hora a otra hora o de un minuto a otro minuto.

Minuto, minuto es una palabra que está relacionada con minucia y con diminuto. Un minuto es un pequeño, un poquito, eso es lo que significa un minuto. ¿Y por qué el segundo se llama segundo? El segundo se llama segundo porque es un segundo minuto, es decir, porque es un minuto de segundo orden, es un poquito de un poquito, podemos decir que es un minuto aplicado a sí mismo, o un metaminuto.

La división de tiempo que conocieron los antiguos es la hora, y la división del tiempo en horas, pues viene allá de los babilonios y viene también de los romanos, que tenían la división de las horas de luz en doce, había doce horas de luz, por eso se habla de hora de tercia, hora de sexta, hora de nona, que corresponden más o menos a las nueve de la mañana, a las doce del día, a las tes de la tarde.

La hora undécima viene siendo algo así como las cinco de la tarde. Ahí donde el sol se oculta hacia las seis de la tarde, como suele suceder precisamente aquí, este es el país donde el sol se oculta, allí donde hay llanura, pues, se oculta a las seis de la tarde, pues aquí hay doce horas de luz, doce horas de oscuridad. Entonces, la hora undécima, o sea, la hora número once, son las cinco de la tarde.

Por eso ustedes se encuentran a veces la expresión de "la hora undécima" para indicar algo que sucede en el último momento, en alusión a una parábola en la que Cristo habla de viñadores que fueron contratados, unos, al comienzo del día, y otros fueron contratados a mediodía, a la hora de nona, y la hora undécima, entonces los que fueron contratados a la hora undécima, pues fue como a las cinco de la tarde, no trabajaron nada, por eso el disgusto de los otros, ¿no?

La división de las horas de luz iba por el número doce, pero luego se hizo necesario hablar de poquitos dentro de esa hora, y un poquito es una minucia, y una minucia, dentro de una hora es un tiempo diminuto, y eso se llama un minuto. Y luego se hizo necesario hablar de algo más pequeño dentro de un minuto, un poquitico dentro de un minuto, entonces ese es un minuto de un minuto, una minucia de una minucia, y a ese se le llamó una segunda minucia, y a eso se le llamó un segundo, y por eso nosotros tenemos horas, minutos y segundos.

Por supuesto, los procesos en los que anda el mundo son tan complicados que interesan no solo os segundos sino las décimas y las centésimas de segundo, las milésimas o millonésimas de segundo. Resulta que, cuando se habla de fotografía, ya existen métodos para producir relámpagos, flashes supremamente breves. Un flash breve sirve para lo que se llama fotografía ultra rápida.

Entonces, si usted quiere, por ejemplo, tomar una fotografía de cómo se estalla una vejiga de esas de caucho, o un balón, o una bomba, decimos en otras partes, entonces usted pone una cámara de esas, y después de hacer una cuantas pruebas, se logra que aparezca el globo todavía armado pero ya reventándose, eso requiere una fotografía de milésimas o de décimas de milésimas de segundo.

Pero la tecnología actual es todavía más fuerte, más poderosa, entonces se ha logrado producir haces de luz que apenas tiene unos metros de longitud. Calcule lo que eso significa: si la luz recorre trecientos mil kilómetros en un segundo, eso quiere decir que producir un haz de luz de un kilómetro es un uno sobre trescientos mil de un segundo. Para producir un chorro de luz que tenga más o menos trecientos metros se necesita llegar a un millonésimo de segundo.

Pero si usted quiere una distancia todavía más corta, entonces ya usted tiene que hablar de lo que se llaman los nanosegundos y los picosegundos, y eso se ha conseguido. Hasta ahí llega la locura del kronos, ese es el kronos, es el tiempo cuantitativo.

¿En qué se basa el tiempo cuantitativo? Se basa en la monotonía, se basa en algo que no cambia. ¿Cuál fue el primer científico que tuvo que preocuparse por el kronos de un modo práctico? Fue el hombre Galileo. Galileo era un hombre muy observador, entre sus dones de inteligencia tenía eso. Y había una lámpara famosa en el ayuntamiento de su ciudad, había una lámpara que por obra del viento, por ejemplo, se mecía.

Una lámpara que colgaba de un cable larguísimo. Y entonces Galileo se dio cuenta que esa lámpara, cuando oscilaba, por ejemplo, dos metros hacia la derecha, dos metros hacia la izquierda, se movía con cierta rapidez. A medida que se iba calmando el movimiento, por ejemplo, ya solo se movía medio metro a la derecha, medio metro a la izquierda, era un movimiento mucho más pausado.

y a Galileo se le ocurrió una idea, él dijo: "Cuando se mueve con mayor amplitud, se mueve más rápido; cuando se mueve con menor amplitud, se mueve más lento; quizás una cosa compensa la otra". Entonces él dijo: "¿Y cómo hago para medir si es verdad eso?" Estamos asistiendo al nacimiento de la Física Experimental.

Entonces él utilizó un proceso natural, él utilizó su propio pulso, el pulso de su sangre. Él sabía, y desde luego que eso se sabía hace muchos siglos, que cuando una persona está tranquila y respirando regularmente, el pulso es bastante regular, es bastante monótono.

Entonces él utilizó su pulso para contar diez oscilaciones o veinte oscilaciones cuando todavía eran grandes, y dijo: "Bueno, estas veinte oscilaciones correspondieron a, por ejemplo, sesenta pulsaciones mías", y luego esperó a que se apagara bastante el movimiento, y volvió a contar otras veinte oscilaciones cuando estaba muy poca la amplitud, y descubrió que era exactamente lo mismo, hasta donde él podía medirlo.

Esa fue una observación muy interesante sobre el kronos y se es el principio en el que se basan los relojes de péndulo. Un reloj de péndulo, y cuanto más largo sea el péndulo más exacto es, se basa en eso. Por supuesto que el péndulo va achicando su amplitud, pero es tan exacto ese proceso, que a medida que se disminuye la amplitud, se disminuye también la velocidad en la proporción respectiva.

Esto pertenece al mundo del kronos, el kronos es el mundo de la monotonía, de los procesos predecibles, estables, como estable es el pulso, como estables son las estaciones. De las primeras civilizaciones que utilizaron el kronos fueron los egipcios. Ellos e dieron cuenta que las inundaciones del río Nilo eran periódicas, el río se inundaba y esas inundaciones eran periódicas, no sucedían en cualquier momento del año, sino que había cierta época en que había inundación, y eso quedaba inundado y luego se retiraba el río.

Al retirarse el río, dejaba tierras supremamente fecundas, porque ese río traía una cantidad de componentes orgánicos, traía sobre todo muchos nitratos, entonces era muy útil saber cuándo sucedían las inundaciones. Las inundaciones del Nilo hicieron que los egipcios se preguntaran sobre el tiempo y se preguntaran sobre el espacio, y por eso los egipcios trabajaron muchísimo la geometría.

Porque claro, cuando hay una gigantesca inundación, luego hay que saber qué tierra le pertenece a quién. Y obviamente, pues, el río va a cambiar bastante el paisaje. Entonces, si tú tienes una tierra y yo tengo otra tierra al lado tuyo, llega el río y nos inunda a ambos, se va el río, ahora yo quiero saber qué es lo tuyo y que es lo mío. Para eso utilizaban la geometría. Tenían unos puntos de referencia, y sabían que de tal ángulo a tal ángulo tenían que medir tal distancia, y así surgió, lejanamente, eso que llamamos Trigonometría.

Pero además ellos estaban interesados en los cielos. Los primeros que se interesaron en las medidas de los tiempos en los cielos fueron los sacerdotes. La clase sacerdotal fue siempre muy importante en Egipto. ¿Por qué los sacerdotes daban tanta importancia a los cielos? Por dos razones. La primera, porque se suponía que los cielos daban señales sobre lo que sucede en la tierra, esa es la filosofía de la astrología, ese es el punto de vista fundamental, ese es el cimiento de toda la astrología.

Entonces hay que saber qué es lo que está sucediendo con esas luces en el cielo, esa es una razón. Pero la otra razón es: porque en la medida en que iban adquiriendo poder de predicción sobre los cielos, ellos mismos quedaban asociados a ese conocimiento, el conocimiento de los altísimo y de lo divino.

Lo mismo vamos a encontrar en otras civilizaciones: también los Incas se preocupaban muchísimo por el calendario, también los Mayas se preocupaban muchísimo por el calendario, y por eso encontraron que este año se va a acabar el mundo, pero luego otros dicen que eso es calumniar a los Mayas, que ellos no dijeron que en el dos mil doce se acababa el mundo, sino que en el dos mil doce llegaría no sé qué transformación.

En todo caso, se ve que todas estas civilizaciones tenían una especie de obsesión por los calendarios y por los cielos, y tenían que medir esos procesos: qué es lo que está sucediendo, cuándo se produce un eclipse, cuándo va a aparecer tal o cual estrella. Entonces llegaron a ser muy peritos en eso, hasta poder decir: "Mire, en esta noche por primera vez se va a ver en el horizonte el punto rojo: Marte, el dios de la guerra va a aparecer", ¡y aparecía! Tenían perfectamente conocido ese recorrido de las estrellas. Esos son los movimientos predecibles y a ellos pertenece el kronos.

Con todo lo interesante que es hablar del kronos, la Biblia le da mucha mayor importancia a la otra forma de mirar el tiempo: el kairós. El kairós es el tiempo, pero el tiempo leído desde un modo cualitativo. La mejor introducción al tema del kairós creo que se encuentra en el libro del Eclesiastés, ahí en ese capítulo tercero cuando dice que hay tiempo para llorar, hay tiempo para reír, hay tiempo para arrojar piedras, hay tiempo para recogerlas, hay tiempo de duelo, tiempo de fiesta, hay un tiempo para cada cosa.

Fíjate que el kronos es un tiempo, pero es el tiempo impersonal, es el tiempo anónimo, es el tiempo que no tiene que ver ni contigo ni conmigo, es el tiempo que sucede estemos o no estemos. Mientras que el kairós es el tiempo para, es el tiempo que tiene un color, que tiene una característica. Cuando Jesús dice: "Los signos de los tiempos", nos está invitando a que reconozcamos el kairós, a que reconozcamos la gestación del kairós, a que reconozcamos el tiempo oportuno.

La noción del tiempo va unida a una noción que es bastante problemática y es la noción de destino. En la Biblia propiamente no hay una noción de destino, en cambio en otras religiones es muy importante, en el islam el destino es muy importante, se dice que cada persona tiene su destino, y lo lleva ya escrito en la frente, y haga lo que haga, va a suceder.

En el Cristianismo, en cambio, la única corriente que va un poco por esa línea del destino es el Calvinismo. El Calvinismo habla de los elegidos y habla de los condenados, y si tú eres elegido, no importa lo que hagas, finalmente te vas a salvar. Si tú eres un condenado, no importa lo que hagas, te vas a condenar. Eso es bastante parecido al destino.

El destino asoma también en culturas que le dieron bastante importancia a lo cíclico. Fíjate que el kronos tiene que ver con lo cíclico, porque es lo rutinario, es lo repetitivo. Kronos es tiempo cíclico. Pero una especie de manera de escapar del tiempo cíclico es hablar del destino. El destino era llamado por los griegos" moira", la "moira" es algo así como lo que tiene que suceder.

Acuérdate las tragedias griegas, la más famosa de las cuales es "Edipo Rey". En esta tragedia, -recordemos brevemente el argumento-, pues tenemos a un hombre que escucha una pavorosa predicción, y es que va a matar al papá y se va a terminar casando con la mamá, por eso se habla del "complejo de Edipo", esa especie de fijación en el amor femenino que muchos varones tienen, o tenemos todos, según Freud.

Entonces el complejo de Edipo. Y Edipo, para que eso no suceda, para que el rey éste no sea asesinado por su propio hijo, pues él decide matar al hijo. Pero le queda un resquicio de humanidad y entonces no mata al hijo sino que le encarga a otro que lo mate.

Un modo muy frecuente de matar niños era abandonándolos en los bosques, eran lo que se llamaban los niños expósitos. Pero resulta que este niño, cuando lo van a abandonar, finalmente resulta criado por unos pastores, me parece que es. Me disculparán si no si no soy completamente fiel al hilo del relato.

Y ese hombre crece y él desconoce quién es su padre, y ese hombre se hace fuerte y un día lucha contra su padre, sin saber que es su padre, y lo mata y se cumple lo que había dicho el oráculo; pero además, se enamora de una mujer, que aunque estaba un poco madura, pues parece que causaba todavía mucha alegría a los ojos; se enamora de esa mujer, la pretende, se casa con ella, y solo después descubre que esa mujer es la mamá. Por eso, uno debe siempre, si ha decidido entrar en ese camino, debe siempre hacer exámenes de ADN, siempre, porque eso no se debe repetir.

Fíjate que el kronos produce la idea del tiempo cíclico, ¿no? Algo que se repite continuamente, pero de ese kronos se sale, ese kronos se rompe por el destino, se rompe por la "moira". Es evidente que Edipo no se está casando y recasando y volviendo a casar, eso sucede una sola vez. El destino es algo así como la ruptura, ruptura generalmente descrita en términos dolorosos; la "moira", el destino, es la ruptura de la repetición, del eterno retorno, que es lo propio del kronos.

La idea de destino es una idea ajena a la Biblia, por dos razones. En primer lugar, porque la noción de tiempo prevalente es la que dijimos, la del kairós, y el kairós no habla de un tiempo cíclico, el kairós habla más bien de un tiempo lineal. El modelo de tiempo en el kairós no es el círculo sino es la línea, es la flecha, y por consiguiente, pues, el destino ya no tiene que arreglar el problema del tiempo cíclico porque el tiempo ya no es cíclico.

La segunda razón por la que la noción de destino es tan ajena a la Biblia es porque la Biblia insiste en dos elementos que son contrarios a la idea de destino, y esos dos elementos son la libertad humana, según la cual es posible hablar de pecado y hablar de conversión y hablar de arrepentimiento; y también insiste la Biblia en la providencia y la compasión de Dios. El Dios providente no es un Dios lejano que echó a andar el Universo y se fue luego a echar una siesta; el Dios providente es el Dios que conoce la historia y que de algún modo irrumpe en esa historia.

Soy perfectamente consciente de que es bien complejo hablar de un Dios eterno que irrumpe en la historia, pero en ese problema no vamos a entrar en este momento. Por ahora nos interesa mucho más tener clara la diferencia entre el kronos y el kairós. Saber que el kronos es eterno retorno, es cíclico, y fácilmente esa noción queda hermanada con la noción de destino, que precisamente es para romper ese ciclo

Mientras tanto, el kairós habla más de un proceso, habla más de una línea, habla más de un camino, y ese proceso y esa línea tienen mucho más que ver con una gestación. Y por eso volvemos a la idea que expusimos al principio. Dentro de la perspectiva del kairós la historia está preñada, la historia está grávida, la historia está embarazada.

Y lo que tiene que hacer el profeta es detectar el embarazo: de qué está embarazada la historia, qué es lo que va a nacer, cuál es el mundo nuevo, cuál es el mundo que viene. Pero no se trata de un proceso de adivinación, sino se trata más bien de una lectura de lo que Jesús nos ha dicho, de los signos de los tiempos.

Entonces, los profetas aciertan en cuanto al futuro, fundamentalmente porque aciertan en el presente; es decir, porque saben leer el presente, pueden hablar del futuro. Y yo creo que esto es importante subrayarlo en cuanto a los profetas. Los profetas no son simples adivinadores, tampoco son personas que les han pasado ya la película y entonces ya saben lo que va a suceder.

Una de las piezas más interesantes sobre la profecía y sobre lo que significa ser profeta la pueden leer ustedes en torno al año dos mil, cuando el entonces Cardenal Joseph Ratzinger presenta una lectura teológica del tercer secreto de Fátima. Porque claro, apenas se reveló lo del tercer secreto de Fátima hubo mucha gente que dijo: "¡Ese no es el tercer secreto de Fátima!"

Y yo no sé ustedes, pero yo hasta hace seis meses, todavía estaba recibiendo con bastante frecuencia correos electrónicos que: "Ahora sí se reveló el tercer secreto de Fáima! ¡Que lo que estaba oculto ahora sí salió a luz! ¡Que lo que se ha mostrado es muy poco! ¡Que alguien en el Vaticano tiene reprimido y no se deja contar la verdad!" Se hace toda una serie de especulaciones sobre el tercer secreto de Fátima.

Porque resulta que en la descripción que hace Sor Lucía, única sobreviviente de los tres videntes de aquella época, segunda década del siglo XX, en la descripción que hace Sor Lucía, la descripción que estuvo sellada tanto tiempo, pues se habla de un camino de sangre y se habla de un camino de cruces y muertes de muchos sacerdotes y de obispos, y de un hombre de blanco que cae como muerto.

Entonces, según la gente que le da su lectura a ese tema, eso no fue lo que se cumplió en Juan Pablo II, porque Juan Pablo II no se murió, tenía que haberse muerto para que se dijera: "Ahí sí se cumplió el tercer secreto de Fátima".

Todo esto es para contarles que si ustedes miran,- en la página del Vaticano se encuentra eso, si ustedes miran, hacia el año dos mil, Congregación para la Doctrina de la Fe, encuentran que el Cardenal Joseph Ratzinger hace una lectura teológica. Y una de las cosas que él, y me parece que es muy importante para una recta comprensión de los que es el profetismo, es que el profeta no es alguien que ya ha visto la película. Porque, hermano, si yo ya vi la película, eso nos devuelve a la idea del destino.

Si la película que yo vi dice, por ejemplo, que usted este año se va a ganar la lotería, pues entonces quiere decir que eso va a suceder porque va a suceder, incluso si no compra la lotería, se la va a ganar. Alguien pondrá el boleto ganador en el bolsillo, y usted se va a ganar la lotería porque usted se la tiene que ganar.

Fíjate que esa idea de la profecía como una especie de anticipación del futuro, por un lado es una negación de la libertad humana, y por otro lado nos devuelve por completo a la idea de destino.

Lo que dice Ratzinger es que toda profecía, -ojalá lean ustedes el texto mismo-, toda profecía es un llamado, y todo llamado es siempre llamado a conversión y a respuesta. Yo le voy a da un ejemplo bíblico muy fácil de recordar. Te acuerdas del famoso profeta Jonás, en aquella hermosa obra literaria que conocemos como el libro de Jonás.

Jonás es llamado por Dios para predicar en la ciudad de Nínive. Jonás no quiere meterse en problemas. Jonás no quiere dejar su vida tranquila. Intenta huir. Se embarca para islas lejanas, pero el barco no sale de tormentas y tormentas. Y entonces se ponen a averiguar por qué les está sucediendo todo eso, y finalmente Jonás tiene que confesar y tiene que decir: "-No, es que el que les está trayendo todas estas desgracias soy yo" -¿Y entonces qué hay que hacer?" "-¡Pues, arrójenme, será! ¡Arrójenme por la borda y se acabó esto!"

Y lo arrojan y entonces ahí es donde el pez gigante lo agarra, después lo vomita por allá en una playa, y finalmente tiene que ir a predicar de todos modos a Nínive. ¿Cuál es la predicación de Jonás Nínive? "Dentro de cuarenta días, Nínive será destruida" Jonás 2,4. Si profecía fuera una película que yo ya vi, quiere decir: "Hagan lo que hagan los ninivitas, dentro de cuarenta días, Nínive será destruida". Porque eso fue lo que él dijo, léanlo en el libro del profeta Jonás: "DEentro de cuarenta días, Nínive será destruida" Jonás 2,4.

¿Pero qué es lo que sucede? Que en contra de todas las expectativas, el rey de Nínive, ¿Nínive era capital de qué? Capital del Imperio Asirio, imperio famoso por su crueldad; entre todos esos imperios, todos crueles y torturadores, el Imperio Asirio era particularmente cruel, horriblemente cruel, ellos tenían todo un departamento de torturas y un ministro de torturas y era un refinamiento en el sadismo, porque era la manera de producir terror en las otras naciones. Entonces hacían todo tipo de crueldades, las cuales no merecen la pena describir en este momento.

Jonás le predica a esos salvajes, a esos sádicos, a esos torturadores, les predica sin mucha convicción de que vaya a pasar nada, pero en contra de todas las expectativas, oiga, se convierten. El primero que empieza a hacer penitencia es el rey, y dice: "No, pues yo dejo mi trono y yo dejo mi lecho nupcial, es decir, aquí no hay ni comida, ni tampoco placer, aquí vamos es a hacer penitencia todos". Y entonces resulta que no se destruye Nínive.

Según eso, ¿el profeta dijo o no dijo la verdad? Si uno tiene la noción de profecía "como yo ya vi la película", quiere decir que el profeta estaba diciendo algo falso. Pero ahí es donde Ratzinger dice su explicación, ahí es donde él dice: "Mire, precisamente de lo que se trata en la profecía es de llamar a la conversión; la profecía no es contar el final de una película que yo ya vi, la profecía es siempre llamado. Por favor, tomar nota de ese pensamiento, porque ese pensamiento es muy importante.

Nuestro ministerio de evangelización, hermanos, es un ministerio profético, y por eso nuestra predicación tiene que ser siempre una puerta a la esperanza. Si hay algo que es radicalmente contrario a la profecía es presentar solamente el aspecto triste, deprimente, vergonzoso, doloroso: "Es que este mundo, es que estos jóvenes, es que esto aquí se echó todo a perder, antes sí se podía pero ahora ya no se puede nada. Palabra de Dios". Había un predicador en Chiquinquirá que después de que él acababa sus homilías, decía: Palabra de Dios". Ese sí se creía profeta.

La profecía siempre es llamado, la profecía siempre es invitación a la conversión, a la respuesta, a la esperanza, siempre, eso tiene que quedar muy claro.

Todo esto indica que el kairós no es parte de un destino inevitable, sino más bien es un proceso orgánico. Y una vez más creo que el crecimiento de la planta que finalmente da frutos, o el crecimiento de la criatura en el vientre materno, son dos imágenes muy buenas para entender lo que es el kairós.

¿Qué es el profeta? El profeta es experto en ecografías, entonces el profeta ve que si hay un cierto animal que está embarazado, y le presentan la ecografía, y él no sabe el animal, obviamente, y le presentan la ecografía, pero la ecografía es de un perrito, es un feto de perro, entonces lo que viene es perro; si es un fetico de elefante, entonces lo que viene se llama elefante; si es un feto de ser humano, lo que viene se llama ser humano. Ese es el profeta, el profeta es el que tiene esa capacidad de ver la historia en su gestación, y ve hacia dónde van las cosas.

Por eso, el Profeta por excelencia es Nuestro Señor Jesucristo, Él ve hacia dónde van las cosas, hacia dónde va esto, incluso en los momentos en que muchos tendrían un pensamiento opuesto. Mire el caso del Templo, que ya mencionábamos en otra predicación. Ese Templo magnífico, esplendoroso, resplandeciente, ¿de qué hablaba? Hablaba de estabilidad, hablaba de prosperidad, hablaba incluso de un cierto lujo. Mirar el Templo, sentirse orgulloso del Templo, ver que hay un lugar que habla de la unidad del pueblo de Dios.

Pero Jesús mira eso, y es como si tuviera ecografía, o, si digo mejor, como si tuviera Rayos X, eso es ser profeta, es ver así, qué es lo que se está gestando, ¿y acaso qué? ¿Estas cornisas y estos exvotos nos vana salvar de lo que va a suceder? Pues no, claro que no. Y entonces Jesús dice: "De todo esto no quedará piedra sobre piedra" San Mateo 24,2, esa es la visión.

Kairós quiere decir eso, quiere decir leer lo que está sucediendo, ver hacia donde van los procesos, con todos los caminos inesperados que tiene la historia.

Miremos algunos ejemplos sorprendentes de esas miradas. Jesús mira a Pedro y le dice: "Tú eres Pedro, sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" San Mateo 16,18, o solo hecho de llamarlo Pedro, como aparece en el evangelio de Juan, el solo hecho de llamarlo Pedro: "Tú eres Simón, hijo de Juan; tú te llamarás Pedro" San Juan 1,42. Eso es ver algo muy profundo.

Y yo creo que antes de pensar nosotros en los profetas, debemos someternos a la mirada del Profeta, a la mirada de Cristo. El discernimiento vocacional es eso, es ponerme a la mirada del Señor y decir: "Yo puedo querer muchas cosas, y la gente puede tener muchas ideas sobre mí, ¿pero tu mirada qué dice Señor? Ese es el discernimiento vocacional: "¿Tu mirada qué dice sobre mí?"

Seguramente, habrá que pasar muchas cosas, como Pedro tuvo que pasar por muchas etapas hasta realizar plenamente su vocación, ¿porque su vocación última cuál era? "Tú, cuando te hayas convertido, confirma en la fe a tus hermanos" San Lucas 22,32, esa era la verdad de Pedro, y Jesús la podía ver con esa profundidad.

Una primera aplicación de esto es qué importante que en nuestra oración nosotros nos pongamos frente a los ojos de Cristo y le hagamos esa pregunta. "Señor, yo no necesito impresionar a nadie, la gente puede decir que soy bueno, regular o malo, que tengo muchos o pocos talentos, que soy muy agradable o antipático, que soy muy social o que tengo muchas cualidades o que tengo muchos defectos; me interesa tu opinión, Señor, la verdad de tus ojos. Lo importante, Señor, es eso: cuál es tu mirada, qué es lo que se está gestando en mí".

Cristo vio lo que se estaba gestando en Judas, vio lo que estaba pasando ahí. "Dentro de mí está, vamos a ponerlo así un poco dramático, dentro de mí creciendo un santo o está creciendo un monstruo, está creciendo un traidor o está creciendo un fiel discípulo tuyo. Dime, Señor".

Rezaba San Agustín con estas palabras: "Que yo me conozca, Señor, y que yo te conozca", y decía también San Agustín: "Tú eres más íntimo a mí que yo mismo", ¡qué cosa tan linda! "Estás más adentro de mí que yo mismo".

"Enséñame, Señor, muéstrame tus caminos". Esta es la actitud propia de un discernimiento vocacional. Uno no puede llegar a una ordenación sacerdotal, -ya a estas horas con tarjetas timbradas y todo, ya qué se va a hacer-, uno no puede seguir en una comunidad religiosa, porque ya, metidos en gastos, ya a esto se le ha metido mucha plata, ya toca seguir adelante"-.

Uno sigue porque uno está convencido, en la paz de la mirada de Jesucristo, uno está convencido que Él, dentro de mí, ha encontrado un camino, ha encontrado una respuesta. Es ese un ejemplo.

Otro ejemplo es, por supuesto, Pablo. Pablo perseguidor, Pablo que azota la Iglesia de Cristo, y sin embargo, Cristo que lo conoce, Cristo el Resucitado. "Yo soy Jesús, a quien tú persigues" Hechos de los Apóstoles 9,5. Dura cosa será para ti darle coces al aguijón.

Y luego Ananías protesta y dice: "¡Pero qué vamos a bautizar a ese señor!" Y entonces le dice Dios en respuesta a Ananías: "Yo le mostraré lo que tiene que sufrir por mí. Es un instrumento escogido" Hechos de los Apóstoles 9,15-16. ¡Nadie veía ahí un instrumento escogido, pero ahí se estaba formando algo!

Fíjate qué importancia esto del kairós, por ejemplo, para una comunidad. Imagínese que los ojos suyos, hermano, y los suyos, los de cada uno de ustedes, imagínense que sis ojos sean bendecidos con la luz de Cristo; imagínense que ustedes, en ese discernimiento profundo, ustedes puedan darse cuenta en dónde hay que hacer la fuerza.

Mire, somos tan escasos en el servicio a Dios, eso que dijo Cristo que "los obreros son escasos" San Lucas 10,2, eso es hoy más cierto que nunca. Entonces, si las fuerzas son reducidas, ¿dónde hay que hacer la fuerza? ¿A qué hay que ponerle énfasis? ¿Cuál es la casa o convento más adecuado? ¿En dónde debemos estar? ¿Cómo debe ser la formación? Es decir, son tantas preguntas, que realmente uno siente la necesidad de esa frase que pronunció Moisés: "Ojalá todo el pueblo fuera profeta" Números 11,29

Lo que realmente necesita nuestro Vicariato es que todo el pueblo sea profeta, eso es lo que necesitamos. Lo que necesitamos es que la luz del Espíritu Santo esté muy en sus ojo, hermano, y en los suyos, y en todos, de modo que, por un proceso gobernado por la sabiduría y por el poder y por el amor de Dios, ustedes vayan descubriendo en dónde es la fuerza: "Mire, hay que hacer fuerza aquí", "hay que cuidar esto", "esto no se puede perder", "cuidado con esto", "esto, en cambio, por ahora soltemos".

Son decisiones y decisiones, y en unas condiciones como en las que ustedes se encuentran, muy pronto los jóvenes son llamados a tomar decisiones, muy pronto.

Así como Dios puedo ver en Pablo, que parecía un perseguidor, pudo ver un apóstol y un gran testigo, así también nosotros a veces, en personas que no nos esperamos, podemos reconocer el paso y la obra de Dios; o también en obras que uno diría: "No esto aquí ya no da más", pero a veces ahí se puede ver: "Bueno, pero y si se hace esto, y si tal persona asume, y si viene este liderazgo, ahí se puede lograr mucho".

Pero todo depende de esto, todo depende de percibir el paso y la hora de Dios, todo depende de irse dando cuenta qué es lo que se está gestando. Por eso nosotros tenemos que ser una comunidad en el Espíritu, tenemos que ser una comunidad pegada a la oración, esto no puede manejarse como política eclesiástica, eso sería lo más desastroso.

Porque lo característico de la política es la pugna de intereses: "Que se imponga mi idea, que se imponga mi provecho, que se imponga mi gente". La política en ese sentido pobre, que mejor la llamamos politiquería, la politiquería eclesiástica tiene que desparecer de nuestra vida. Tenemos que tomar el riesgo de hacer el ejercicio, como hoy lo vamos a hacer, de plantarnos frente al Santísimo y decirle: "¿Cuál es tu mirada sobre mí? ¿Qué se está gestando en mí? ¿Qué está creciendo en mí? ¿Qué es lo que tú quieres de mí?" Esas preguntas o hay que darlas por descontadas.

Tampoco pensemos, hermanos, que ña respuesta es simplemente: "Pues yo sé que Dios me quiere dominico", o "yo sé que Dios me quiere sacerdote", esas no son las respuestas. Si tú realmente estás convencido de que tu vocación es de dominico, la pregunta que hay que hace es: "En el hoy de mi historia, en el hoy de mi vicariato, en el hoy de América Latina, ¿qué dominico quiere Cristo? Esa es la pregunta.

Está bien, ya en un primer discernimiento, digo: "Sí, voy a ser dominico", aleluya, amén, bienvenido, excelente! Pero no es eso nada más, no es "voy a ser un dominico y cualquier dominico", no; ¿qué dominico me necesita Cristo en este momento?" Ahí sí se podrá hablar, por ejemplo para una profesión religiosa, ahí sí se podrá hablar de una renovación.

Porque es que, hermanos, hay gente que renueva según el kronos, y hay gente que renueva según el kairós. ¿Qué es renovar según el kronos? "Uuuy, verdad, ya nos toca, sí, dentro de una semana, dentro de dos semanas, ya toca, ceremonia, preparar, que ensayen los cantos", el kronos, ¿no? "Se cumplió el calendario: renovar", pero eso no es renovar, acuérdese que esto es cíclico, esto es repetición de lo mismo. Lo que Dios está esperando de ti es más bien algo en la línea del kairós .

El Señor quiere que tu renovación sea un kairós, ¡no es simplemente porque se cumplió la fecha! "Ah, llegó la fecha, tocó renovar", no; "sino que el tiempo de Dios ha llegado a mi vida, y ese tiempo de Dios que se cumple en mí, ese tiempo de Dios que se realiza en mí, es el que me renueva"; ahí sí se puede hablar de una renovación.

Por favor, no hacer renovaciones cronológicas simplemente. La Iglesia tiene que tener ciertos controles, por eso pone ciertos datos e cronología, ¿no? Por ejemplo, una persona para ordenarse sacerdote, pues, no puede tener doce años, tiene que tener un poquito más, dice el Derecho Canónico, tampoco trece, ¿no? Lo mismo, la Iglesia pone unos plazos y entonces dice que tiene que renovar su votos, pero eso es kronos.

Lo importante está en la otra dimensión, en el kairós, y en el kairós está la línea profética y está la lectura profunda, y en el kairós está el preguntarse: qué está gestándose en mí y que quiere hacer Dios con nosotros. Nosotros, como Vicariato, nosotros como Iglesia, qué quiere hacer Dios entre nosotros.

Fíjate que el gran obstáculo que encegueció a los Apóstoles fue esa maña que tenían de estar buscando cuál es el primero, ellos no tenían otro tema de de discusión sino ese: "¿Quién es el primero? ¿Quién es el primero?" El que está pensando en el primero, el que está pensando en sus interese, el que está pensando en ganar las discusiones, el que está pensando en salirse con la suya, no tiene oídos, no tiene corazón para reconocer el tiempo de Dios. Y eso es lo que necesitamos: reconocer el tiempo de Dios.

Por eso yo les invito: mire, dele una oportunidad a la humildad en su vida, dele una oportunidad a la escucha profunda de Dios. Vivimos en un mundo repleto de gente soberbia y nosotros mismos somos muy soberbios, mucho más de lo que parecemos; pero dele una oportunidad a la humildad, mire, dele una oportunidad a Dios de que diga una palabra soberana en su vida, una palabra total.

Dele una oportunidad a Dios de que realmente tome todo el corazón suyo, lo tome entero; dele una oportunidad a Dios para que Dios diga: "Realmente, este corazón me pertenece", así como decía, por boca del profeta Jeremías: "Yo les voy a dar pastores según mi corazón" Jeremías 3,15.

Vamos a darle esa oportunidad a Dios, vamos a dar esa oportunidad para que se realice plenamente el plan de Dios en nosotros. Eso supone dos cosas: mirar más a Dios y mirar menos a la gente. Si uno está mirando a la gente, uno se enreda en la politiquería del momento: "Sí, que estos quieren esto, que los otros quieren eso, y los de más allá quieren esto, entonces estos se pelearon con estos, y estos se pusieron de acuerdo con estos para sacar a estos otros de aquí, y entonces..." Y uno en ese ajedrez, y en ese ajedrez, se le llena la cabeza, se le llena la vida, se le pasa el tiempo.

Hombre, que hay egoísmos, que hay codicias, que hay pecado, que hay pecado, que hay soberbia, pues sí, sí la hay y en todas partes la hay. Pero acuérdese el consejo que les dio Dios a los israelitas, según consta en el libro del Deuteronomio: "Mire, ustedes no se desvíen ni a derecha ni a izquierda" Deuteronomio 5,32.

Cuando yo miro así vocaciones jóvenes, como las aquí presentes, yo lo que digo es: "Mire, nosotros los mayores, nosotros los viejos, les hemos dado muchos malos ejemplos, sobre todo por la politiquería, sobre todo por la imposición de los intereses. Muchos de los ejemplos que ustedes han visto son malos ejemplos, yo sé que también han visto cosas buenas, algo bueno deben haber visto, pero hay mucho ejemplo malo, ejemplo malo es el de aquella persona que impone, lo que decíamos de la coherencia mala, ¿te acuerdas? La gente que impone su punto e vista: "No, yo aquí con esto hasta que me muera, hasta que me pudra y hasta que me entierren".

Ya viste eso, ya viste lo que hizo tal padre, ya viste lo que hizo el otro padre, ya viste como este se impuso por encima de todos, se salió con la suya y el daño que causó; ya viste cómo el otro le respondió a éste y peleó con garras y uñas y se salió con la suya y no se dejó; y ya viste como el otro se volvió más egoísta, ya, ya viste eso, ¿ahora qué? ¿Vas a ser hijo de ellos? ¿Vas a a ser hijo de esas peleas? ¿Vas a ser hijo de esas miserias? ¿A eso vienes a la vida religiosa?

Por eso uno, alguna vez en la vida, uno tiene que sentarse postrarse ante el Señor y decir: "Sí, ya sé que hay gente que pelea por lo suyo, ya sé que hay gente que pelea por sus privilegios, por sus puestos, porque sí lo cambien, porque no lo cambien, "porque me tienen que dar esto", "porque no me dejan esto, porque..." Así somos en todas partes, eso no es porque sea aquí o porque sea otro sitio. Ya sé que la gente es así, ya sé que ese mismo barro lo tengo yo, ¿pero esa va a ser mi vida? ¿A eso me voy a dedicar? ¿A eso vine?

Ahí es donde se necesita verdaderamente un amor sublime por Cristo, como el que mira en profundidad a Jesús allá, y aquí por la izquierda hacen mucho ruido, y aquí por la derecha hacen mucho ruido, pero uno ni a derecha ni a izquierda; Jesús, Jesús, cómo sirvo mejor a Jesús, cómo hago presente el Evangelio en este kairós, en estas coordenadas, en esta vida que Dios me dio, con la edad que tengo, con la salud que tengo, con los talentos que tengo, con las limitaciones que tengo, yo cómo hiciera para manifestar a Jesucristo, yo cómo hago para que esto tenga más color de Evangelio.

Y no dejarse uno impactar demasiado, porque están lo de este lado y están los del otro lado, no; yo estoy mirando hacia Jesús, yo estoy mirando hacia Él, estoy buscando su Evangelio, estoy buscando servir la Palabra, estoy buscando servir a los hermanos.

Con ese espíritu vamos a tener este rato de oración. Vamos a correr el riesgo de abrir el corazón para decirle a Dios: "Escribe una historia nueva conmigo"; ya conocemos las historias viejas, las historias viejas de la gente que pelea por lo suyo, y de esas historias tenemos en todas partes. Yo, en lo poco o mucho que he recorrido de la Orden, eso uno se asombra de ver como en todas partes estamos lo mismo.

El que no quiere soltar su poder y ahí lo tiene hasta que se le pone blanca la mano, ¿no? Ahí lo tiene y no suelta. Y eso lo he visto yo en Irlanda, y lo he visto en Roma, y lo he visto en Colombia, y lo he visto en muchas otras partes.

¿Pero qué? ¿Cuando él suelte yo agarro? ¿O qué? ¿Esa es la vida? Cuando él suelte, "entonces ahora vengo yo y aquí es mi turno y aquí yo me agarro", ¿para eso estoy?

Uno tiene que tener una postura nueva, uno dice: "No, no, Señor, yo quiero que tú escribas en mí palabras nuevas, palabras frescas de Evangelio; escribe en mí y escribe conmigo palabras frescas". Hay una cantidad de gente con la que tú te vas a encontrar, una cantidad de gente a la que tú puedes bendecir. Hay gente que se apega a un puesto, a un dinero, a unos familiares, a unos amigos, a unas piedras: "Estas son mis piedras y de estas piedras no me sacan".

Pero qué hermoso sería alguien que dijera: "-Yo me voy a apegar así a Cristo; lo demás, piedras, amigos, dineros, prestigios, me va a importar menos; yo me voy a apegar así a Jesucristo". "Ah, o sea que usted va a ser el pendejo, como usted se va a apegar a Cristo y no a lo demás, entonces usted es el tonto".

"-Pues sí, si lo quiere mirar de esa manera, entonces yo voy a ser el tonto; si ese es el nombre que usted le va a dar, entonces yo voy a ser el tonto, el tonto que no logró gran cosa, el tonto que lo único que logró fue anunciar el Reino de Dios, eso fue lo único que yo hice. Pero el día que usted se esté muriendo, porque todos nos vamos a morir, el día que usted se esté muriendo, ¿de qué le sirven todos esos apegos y todas esas cosas que le blanqueaban la mano apretando, de qué le sirve eso a usted el día que se esté muriendo?"

En cambio, el día que se esté muriendo, la sonrisa agradecida de los pobres, a los que usted les ha anunciado el Evangelio, las parejas que usted ayudó a reconciliar, los jóvenes que usted ha ayudado a orientar, las vocaciones que usted ha ayudado a consolidar, mire, esa va a ser su paz, pues, primero la misericordia de Dios, pero esa va a ser su paz y usted va a sentir que valió la pena ser dominico.

¿Pero ser dominico para qué? Para cuidar unas piedras, para pelear con otros, para apegarse a que "yo me salgo con la mía y, al final, se las hice y se las hice, y hasta luego, con permiso me muero", eso sí no, ¡qué tristeza tan grande! No, uno tiene que morirse dando gracias a Dios por su infinita misericordia y pudiendo decir: "Hasta donde puede y lo mejor que pude, fui testigo de la misericordia del Señor. Con eso, me voy para la eternidad".

Hermanos, ahí están las diferencias entre el kronos y el kairós, ahí está el tiempo de la visita de Dios, y ahí está la urgencia del amor. Esto era lo que sentía Cristo: "Es que ya es el tiempo, es que ya esto va a nacer.

Luego tenemos una serie de charlas, tal vez serán unas dos o tres sobre el Reino de Dios, y volveremos a tocar otro tema del kairós. Por favor, si yo no lo menciono, recuérdenme ustedes, hay que hablar sobre el famoso texto de Juan, capítulo cuatro, donde Jesús dice: ¿No dicen ustedes que faltan tantos meses para la cosecha? Pero yo les digo: Levanten los ojos, la cosecha está madura" San Juan 4,35.

Eso también tiene que ver con esto del kairós, pero lo vamos a mencionar dentro del tema del Reino de Dios..