Catequesis sobre el desierto. Tema 5 de 5: Nuestros desiertos

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Estamos llegando, con el favor de Dios, a la quinta y última de nuestras catequesis sobre el desierto, y es una buena ocasión para hacer un sumario del camino que hemos recorrido.

Empezamos con una introducción relacionando deseo y desierto, después nos referimos a los desiertos de tres personajes muy importantes en el Antiguo Testamento, son ellos Adán, Abraham y Moisés . En nuestra tercera lección o tercera catequesis veíamos el desierto que recorrió el pueblo de Israel y, sobre todo, qué descubrieron ellos y qué podemos aprender de lo qe ellos descubrieron.

Nuestra cuarta catequesis fue el desierto de Jesucristo y la conclusión a la que llegamos fue doble. Primero, que toda la vida de Cristo en realidad fue desierto, porque Él fue como un brote tierno en tierra árida; pero segundo, también vimos que hay un punto culminante en el desierto, y es la Cruz.

Es decir, el gran desierto de Jesucristo es la Cruz, y es allí también donde aparece la fuente interior, ahí es donde aparece de modo más claro su unión con el Padre, la unción del Espíritu y el amor que por consiguiente Él nos tiene, amor que es fruto precisamente de esa presencia del Padre en Cristo y de Cristo en el Padre.

Esa fuente se hizo como visible en la herida del costado; y por eso nosotros, si recibimos lo que está representado en esa herida, también nosotros aprendemos a caminar y a, en cierto modo, vencer nuestros desiertos, y ese es nuestro último tema, esa es nuestra última catequesis, es decir, vamos a hablar de nuestros desiertos.

Lo primero que hay que decir es que, si el gran desierto de Jesucristo es su Cruz, quiere decir que nuestros desiertos en cierto sentido son nuestras cruces. Jesús dijo a sus discípulos que no se puede ser seguidor suyo, no se puede ser discípulo de Cristo si uno no toma su cruz cada día y lo sigue.

Eso significa que así como la vida de Cristo estuvo marcada por el desierto, también la vida del cristiano está marcada por el desierto. Hay una frase que la tradición católica ha aplicado desde hace mucho tiempo a la vida cristiana, una frase que aparece en el libro de Job, allí donde dice Job: “¿No es acaso la vida humana un servicio militar?” Job 7,1.

Es decir que nosotros estamos como siempre en combate, y estamos en combate pues porque encontramos dificultad, encontramos contradicción, encontramos, en cierto modo, escasez de recursos, y por eso tenemos que pasar por el desierto.

Cuando me refiero aquí a escasez de recursos, no me refiero necesariamente a los aspectos materiales, sino más bien que resulta difícil, por ejemplo, practicar la honradez cuando se está en medio de un mundo que hace trampa. Parece difícil, si no imposible, vivir la sinceridad cuando todo el mundo dice mentiras; o conservar la pureza cuando parece que la norma el libertinaje, la promiscuidad y otro tipo de plagas que afectan al corazón humano.

La vida del cristiano, y esto tengámoslo muy claro, es peregrinar en el desierto. Especialmente en sus discursos a los jóvenes nuestros últimos Papas, Juan Pablo II y Benedicto Décimo Sexto, han subrayado este aspecto, hablando a los jóvenes les dicen: “Arriésguense a vivir en contravía, arriésguense a ir en dirección opuesta a los falsos valores, al falso mensaje que se predica hoy en el mundo”. ¿Y qué es esto que están diciendo los Papas, qué es esto sino decir, “arriésguense a entrar en el desierto”?

Porque muchas veces, por no entrar en el desierto, pues la gente prefiere una especie de jardín, pero es un jardín ficticio, lleno de serpientes venenosas. Por ejemplo, se prefiere el jardín de tener unas amistades, y entonces esas amistades son mis amigos, mis grandes amigos, pero pero en esos amigos con frecuencia abunda lo que contrario al Evangelio.

Entonces mis grandes amigos son viciosos del alcohol, son viciosos del sexo, son viciosos de la droga, mis grandes amigos son grandes egoístas, mis grandes amigos no tienen ninguna preocupación por los pobres, mis grandes amigos sólo miran por pasarla bien y divertirse ellos y que nos divirtamos juntos.

¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que mis grandes amigos son un jardín engañoso, y si uno no cae en la cuenta de esto, si uno no logra ver el mundo en el que ha crecido y el mundo que a uno mismo le ha parecido amable y delicioso, si uno no logra verlo como un paraíso engañoso, como un jardín engañoso, no da un paso en la vida cristiana.

Es necesario descubrir eso, es necesario descubrir la mentira que está metida en mucho de eso. Pero por supuesto es un descubrimiento doloroso, especialmente doloroso para los jóvenes, porque muchas veces no tienen un sustento familiar en que apoyarse. De hecho, sus amigos se han vuelto tan importantes para ellos, porque son un reemplazo de la familia.

La autoridad la encuentran en los amigos, los consejos los encuentran en los amigos, la compañía la encuentran en los amigos, la diversión la encuentran en los amigos. Entonces claro, un joven de esos, cuando me escucha hablar, dice: “Jamás haré caso a lo que tú dices”, porque sus amigos son su última cuerdita de salvación.

A veces al situación es incluso más dramática, no tienen “sus amigos”, sino tienen casi sólo una persona, y entonces se apegan, se aferran a esa única persona de un modo enfermizo, enfermizo porque es idolátrico, entonces se apegan a su pareja, y entonces tener “alguien” se convierte en su gran obsesión, la única obsesión de su vida, “tener alguien, tener alguien”.

Llega el momento en el que esto tiene características realmente patológicas. Me contaba con tristeza una mamá, refiriéndose a su propia hija. Resulta que la hija tiene una obsesión peor que la de Susanita la de Mafalda, tiene una obsesión absoluta y total por casarse, porque ella no puede quedarse sola.

Bueno, tiene que casarse, tiene que casarse y tiene que casarse. Se consiguió un novio que supuestamente es un buen hombre, es un hombre correcto, además, cosa que no sobra, es un hombre adinerado, un hombre de buena posición social, es un hombre que la quiere mucho. Pero hay un problema, este hombre viaja mucho, su trabajo implica que él viaje y que viaje prácticamente todas las semanas, de modo que es muy difícil que él pase una semana completa en el lugar donde vive esta joven.

Bueno, es tanta la obsesión de esta mujer por no quedarse sola, que cuando el novio está dos o tres días por fuera, entonces ella busca a “alguien” con quien pasar esos dos o tres días. Es decir, eso es enfermizo, eso no es normal.

Pero démonos cuenta lo que significa la urgencia de tener a “alguien”, “no puedo estar soa en una casa, no puedo estar sola en una habitación, no puedo pasar un fin de semana sola, ¿cómo voy a pasar un fin de semana sola? Yo, metida en una casa un fin de semana, no puede ser, los fines de semana son para divertirse, son para salir, son para estar con el novio”. “Pero es que el novio está trabajando, entonces necesito otro novio, "novio number two", para poder pasar el fin de semana, y si no está el novio dos, entonces toca buscar otro porque no puedo estar sola”.

Reconozco, es un caso extremo, lo que estoy describiendo o es representativo de la mayoría de los jóvenes, pero es una realidad, no me la estoy inventando, hasta a esos extremos se llega, la persona no soporta el desierto, no lo soporta. “Mira, un fin de semana sin novio, no, no puede ser, esto no me está sucediendo, esto no puede estar pasando”, ¿entonces qué tiene que hacer? Conseguirse a alguien.

Hay un servicio que me parece de lo más denigrante porque en realidad es prostitución, prostitución revestida de cierto caché, un servicio que consiste en que la gente que viaja, -ahora vamos a ver la cosa desde el otro punto de vista-, la gente que viaja pues también a veces pasa por gran soledad, entonces hay que conseguirle compañía, damas de compañía.

El nombre que se utiliza en inglés, y lo voy a decir porque creo que es bueno que se sepa ese vocabulario, es lo que llaman “escort”, este término se utiliza en todos los países, esto es la persona que acompaña, la persona que está.

Entonces el hombre de negocios viaja por ejemplo a Asia, va a estar dos semanas cerrando importantes y millonarios negocios con grandes compañías, ¿y entonces qué hace? Necesita una "escort", ¿para qué? Porque no puede estar solo, es decir, esos días sin nadie, no puede ser. Fíjate lo que esto quiere decir: no soportamos el desierto.

Bueno, además de estos ejemplos un poco dramáticos que estoy dando de la prostitución empresarial que se realiza con esto, esto ya existe en ciudades como Bogotá, esto existe en poblaciones pequeñas también, y tiene sus tarifas, es decir, es prostitución.

La diferencia entre una prostituta y una "escort" es que la prostituta se busca prácticamente sólo para la parte de intimidad carnal, en cambio la "escort" es como una especie de esposa o amante durante esos días.

De manera que la "escort" va a los cocteles, la escort va a las recepciones, la "escort" es la persona que está con él, pero está con él todo el día y toda la noche, es como un remedo de esposa, un remedo de compañía, porque no se soporta el desierto.

Además de estos ejemplos, repito, un poco dramáticos como el de la muchacha que dije, o esta prostitución empresarial llamada “las escort”, la cosa es más grave todavía y más repugnante, porque entonces también existe esto con hombres, entonces hay prostitutos que trabajan en esto, sea para mujeres o para hombres.

O sea, veamos lo que está sucediendo en el mundo, veamos lo que sucede cuando la gente no sabe estar sola, son extremos, sé que son extremos, pero no me los estoy inventando, son cosas que están sucediendo: compañía de alquiler, sexo de alquiler, esposos, amantes, prostitutos o prostitutas que se pagan en cómodas cuotas mensuales.

Aparte de esos ejemplos, hay una serie de fenómenos que están sucediendo en nuestra época que también hablan de la incapacidad de estar a solas, podríamos mencionar por ejemplo, la necesidad permanente del entretenimiento. ¿Qué es lo que sucede con el entretenimiento? Ya lo dijimos antes, ¿estar entretenido qué es? Estar retenido, y hay personas que necesitan estar entretenidas todos los días.

Un problema grave que tenemos a escala mundial es que la gente cada vez lee menos, incluso en países que tienen una tradición cultural las personas están disminuyendo su tiempo de lectura, porque es mucho más cómodo aplastarse en una poltrona y que ahí me pasen todas las imágenes. No se soporta el silencio, no hay capacidad de reflexión profunda, las personas no tienen tiempo para ponderar, para evaluar lo que están haciendo. Ruido, otro síntoma preocupante. Ruido a todas horas.

Me decía una amiga: “Llego a mi apartamento y lo primero que hago es poner un ruido”, ¿qué quiere decir eso? Que estoy rechazando el desierto, que no soy capaz de asumir mi desierto.

Por eso, si uno quiere realmente avanzar en la vida cristiana, tiene que romper con esto, mi vida no puede estar marcada por el entretenimiento, yo no puedo estar en un carrusel de imágenes, noticias, chismes, chistes.

A mí me preocupa, por ejemplo, hablando del entretenimiento, del uso que se da en inglés a la palabra “fun”, "fun" es divertido, se supone que todo tiene que ser "funny", todo tiene que ser divertido, todo tiene que ser agradable, es decir, la gente parece que quisiera vivir en un pic- nic permanente, en una fiesta permanente, que todo sea divertido.

Entonces se pretende obligar a los profesores a que las clases sean divertidas, entonces todas las clases y todas las charlas y todo lo que se va a enseñar a los adolescentes, todo tiene que ser divertido. ¿Pero cuál es la otra cara de la diversión? La otra cara de la diversión es una sensación de espantoso vacío.

¿Entonces cómo están viviendo muchos de nuestros contemporáneos? Intentan mantenerse entretenidos, acompañados, llenos de ruido, rodeados de amigos, entretenidos, acompañados, llenos de ruido, llenos de amigos, entretenidos...., hasta que a ese ritmo no se puede, hasta que en algún momento los amigos no pudieron, el ruido se acabó, “estoy aburrido”.

Y en ese momento la persona es como si se le abriera un abismo y lo que ve es su infinito vacío, y en su infinito vacío, tendencias depresivas, pésima autoestima, tendencias suicidas, ese es el fruto de esto. Entretenimiento, diversión, ruido; ruido, diversión, entretenimiento a todas horas, es decir, no tenemos tiempo para el desierto, le tenemos pavor al desierto.

Por favor, para quienes escuchen, para quienes vean este mensaje: necesitas el desierto. Si Dios sacó a Adán del paraíso fue porque lo amaba, por favor, fue un acto de amor.

Llevar a Adán a esa tierra de cardos, abrojos y espinas fue un acto de amor; llevar a Israel por ese sequedal sin una gota de agua fue un acto de amor; llevar a Jesucristo por el camino que Papá Dios lo llevó y llevarlo hasta la Cruz fue un acto de amor y también de amor a Él, aunque los teólogos tarden en explicar eso, pero es también amor a Él y sobre todo amor nosotros, claro. No se puede vivir el amor sin esto.

Y les voy a contar lo más triste de esta realidad del desierto en nuestros días, ¿sabe usted qué es lo más triste? Que usted tiene aquí una pareja, él se llama por ejemplo Ernesto, y usted tiene aquí una hermosa dama, la cual se llama por ejemplo Claudia.

Resulta que Ernesto ha vivido entretenido toda la vida, él considera que la vida tiene que ser divertida, y él espera que parte, -oigan esto que es una tragedia-, él espera que parte de su diversión sea Claudia, entonces Claudia tiene que ser divertida, Claudia tiene que ser simpática, ¿a qué horas? A todas las horas.

Entonces Claudia tiene que ser agradable, bonita, sexi, sonriente, acogedora, simpática desde las cinco de la mañana hasta las cinco de la mañana del día siguiente. A su vez, resulta que Claudia es una gran empresaria, Claudia es muy exitosa y a Claudia le fascina el entretenimiento, la fiesta, el jolgorio, la reunión, la rumba, que decimos en Colombia, el ruido. Y ella quiere que todo sea "fun", todo tiene que ser "very, very funny", tiene que ser muy simpático, muy agradable. O sea que ella espera que Ernesto sea simpático, cortés, galante, querido, sexi, atractivo, interesantísimo veinticuatro horas al día.

Y estos dos supuestamente se van a casar. Y resulta que Ernesto está esperando que Claudia sea entretenidísima todo el día y toda la noche. Y Claudia está esperando que Ernesto sea entretenidísimo todo el día y toda la noche. Y se casan estos dos y descubren lo único que podían descubrir: la vida no es una perpetua piñata, la vida no es una perpetua fiesta, al vida no es un pic-nic inacabable, además, un pic-nic interminables sería insoportable, la vida no es eso.

¿Entonces qué descubre Ernesto? Ernesto descubre que Claudia no vive sonriendo a todas horas, que a Claudia se le acaba la sonrisa, que Claudia también necesita un tiempo para ella misma; pero él quiere que Claudia lo entretenga y Claudia quiere que Ernesto la entretenga, y así está muy grave la vida.

¿En qué queda reducido esto? Queda reducido en el individuo. La sociedad, -óigame esta frase que parece espantosa-, "la sociedad del entretenimiento es la sociedad de la soledad". Y esa frase, “sociedad de la soledad”, es una contradicción, porque se supone que sociedad es compañía, se supone que sociedad es conexión.

De por Dios, ¿qué solución tiene esto? La única solución que tiene es que asumamos el desierto, ¿y asumir el desierto qué es? Pues lo contrario. Entonces no tengo que buscar solamente entretenimiento, y no tengo que buscar solamente ruido, y no tengo que buscar solamente diversión. ¿Qué tengo que buscar además? Pues tengo que buscar la verdad, el bien, la disciplina, la sobriedad, las cosas que hemos mencionado en las anteriores predicaciones. ¿y para eso qué necesito? Necesito quitar esto que se llama ruido, necesito incorporar en mi vida el silencio, necesito horas de silencio.

Pero cuando hablamos aquí de ruido, ustedes saben que el concepto de ruido hoy no es solamente relacionado con el sonido, ruido es todo aquello que entorpece una comunicación. Entonces, por ejemplo, si en la pantalla de televisión, la imagen está demasiado granulosa y salta y no se entiende, se dice que tiene mucho ruido, es ruido gráfico, así como hay ruido sónico, ruido.

Entonces, sacar de nuestra vida el ruido, no es solamente sacar sonidos, es sacar también muchas imágenes. Necesitamos utilizar esta palabra, que yo creo que se emplea de un modo demasiado comercial y demasiado superficial en nuestra época, esta palabra, que además a mí me fascina, la palabra "detox", necesitamos desintoxicarnos, necesitamos disminuir los niveles de ruido, necesitamos amar el silencio, necesitamos empezar a escuchar esas voces.

Acuérdate del caso de Moisés. Moisés se consideraba un amante de la justicia, hasta que Dios le dijo: "Bueno, vamos a liberar al pueblo", y ahí sí se le acabó el valor.

Necesitamos oír nuestra verdad, necesitamos descubrir nuestra verdad, y para eso necesitamos buscar este silencio.

Bueno, esa es la primera parte de nuestra reflexión sobre nuestros desiertos; la segunda parte se va a referir a la oración; y la tercera parte se va a referir a la santidad, porque las tres cosas están relacionadas.

El punto de partida es este, es decir, primero tiene que descubrir en qué tipo de entretenimiento, de vida entretenida, ruidosa y supuestamente "divertida", entre comillas, está metido uno. Pero, obviamente, descubrir esto es para salir de ahí, y cuando uno sale de ahí descubre la necesidad del silencio, y silencio es silencio, silencio no es música ambiental, silencio no es unas baladitas que yo pongo de fondo, silencio es: "Quita la música de fondo, quítala para que salga tu música de fondo, ese es el verdadero silencio, ese es el silencio que necesitamos.

Bueno, cuando uno hace este descubrimiento también hace el descubrimiento de la oración, y aquí entramos a la segunda parte de nuestra reflexión. Vamos a ver cómo entra la oración aquí y cuáles son los desiertos de la oración. Es una enseñanza muy clásica en la Iglesia, la debemos sobre todo a San Juan de la Cruz, y lo que vamos a presentar aquí es muy resumido y muy elemental pero creo que a todos nos hace bien.

Así que hablemos un poco de cómo, después de tomar la decisión de salirse de este mundo, de este jardín engañoso, este jardín de entretenimiento, ruido y diversión, uno empieza un camino de oración, con una cosa que hay que destacar de entrada, y es que el camino de oración entonces será peregrinación, y es peregrinación por el desierto.

Es decir, nosotros no podemos caer en la tentación de decir que la oración tiene que ser divertida, que para mí es uno de los peligros que tiene la Renovación Carismática. Yo le debo muchísimo a la Renovación Carismática, la amo, he servido con amor a la Renovación Carismática Católica en muchos lugares del mundo, pero soy consciente de sus límites, y uno de los límites es creer que la oración tiene que ser también entretenida, y tiene que ser también ruidosa, y tiene que ser también divertida.

Entonces hay gente que siente que si la oración no es así, súper divertida, no estuvo buena, ahí como que faltó Espíritu Santo, y quizás ahí sí faltó espíritu, lo que no se sabe es si faltó Espíritu Santo, ese es un problema distinto.

En el camino de oración hay que hacer peregrinación, y uno no puede partir de la base de que la oración va a ser siempre divertida. Fíjate en esta enseñanza que nos da San Ignacio de Loyola. San Ignacio de Loyola, Fundador de los Jesuitas, nos dice que Dios utiliza con nosotros dos cosas: utiliza la consolación, ¿cierto? La consolación, que es como ese momento grato, es ese momento en el que se experimenta la dulzura, el poder de Dios, el amor de Dios obrando en nosotros, eso es consolación.

Pero, ojo, San Ignacio nos recuerda algo muy importante: además de la consolación, a Dios le sirve también, en su pedagogía con nosotros, la desolación. Y esta es una primera enseñanza que tenemos que tenerla muy clara. Dios está con nosotros en tiempos de consolación y de "aleluya, güepa jé", y de estar felices, y danzar, y cantar, pero eso no es todo. Dios tiene que llevarnos también en tiempos de desolación, y el que no conoce los tiempos de desolación, típicamente, tiene un tipo de testimonio y un tipo de predicación enormemente superficial y terriblemente interesado, eso no nos sirve.

Después de la advertencia de San Ignacio de Loyola, que es maestro de vida espiritual, tomamos a otro maestro, San Juan de la Cruz. San Juan de la Cruz nos habla también del desierto, no utilizando tanto la palabra "desolación", sino que utiliza la palabra "noche". San Juan de la Cruz nos habla de dos noches, de hecho: noche de los sentidos y noche del espíritu.

¿En qué consiste lo de la noche de los sentidos? Equivale, en buena parte, a lo que San Ignacio de Loyola advierte con el concepto de desolación, así que podemos conectar esos dos términos; no es que todo lo de la desolación esté en la noche de los sentidos, pero sí hay una relación.

¿Noche de los sentidos qué es? Noche de los sentidos es cuando yo hago lo que hacía, pero no siento lo que sentía, esa es la definición más sencilla que yo conozco de la noche de los sentidos. Cuando yo hago lo mismo que hacía, pero ya no siento lo mismo que sentía.

Y yo creo que aquí se puede hacer una comparación muy bonita con lo que sucede en el amor de pareja. Imaginémonos que este Ernesto y Claudia, que mencionamos antes, pues, están como en proceso de casarse, y entonces se le ocurre a Ernesto la brillantísima idea de que quiere declararle su amor a Claudia en un cierto restaurante. Entonces se van a un restaurante, qué diríamos, a un restaurante griego, y entonces piden un vino exótico, y en medio de la copa de vino, Ernesto le dice a Claudia: "Quiero que seas mi mujer", y suenan los violines. ¡Hermosa la escena!

Si a la semana siguiente ellos vuelven al restaurante griego, y vuelve y se sientan en la misma mesa, y vuelven a pedir el mismo vino, pues, seguramente va a ser bonito, pero dudo que la emoción sea la misma. Y si al mes siguiente vuelven al mismo restaurante griego, y se vuelven a sentar, y vuelven a pedir el mismo vino, ya la sensación va disminuyendo, es inevitable.

Pues eso que pasa en el amor humano, eso pasa también en la espiritualidad. Nosotros a veces quisiéramos tener a Dios asegurado a través de unos recursos. Entonces, a través de esta tonada musical, a través de este arpegio de guitarra, a través de esta danza litúrgica, a través de este congreso carismático, otra vez me siento bien. Parece que que quisiéramos como condicionar al Espíritu Santo.

Me acuerdo mucho de un Padre que predicaba de estos Cursillos de Cristiandad adaptados para jóvenes, lo que se llama "Encuentros de Promoción Juvenil". Y él hablaba sobre este tema, aunque no con estas mismas palabras, y entonces decía que en una cierta casa de retiros hay un pozo, un pocito muy bonito, y ese pozo es un lugar predilecto para la gente ir allá a leer, a orar, a meditar. Sabemos que los pozos y sabemos que el agua siempre nos inspiran algo.

Entonces él contaba que muchas personas han tenido experiencia de conversión al lado de ese pozo. Es decir, después de días de estar en retiro y de oír las predicaciones y de participar en las celebraciones, como eso también tiene sus tiempos de silencio, a veces en el tiempo de silencio la persona va al pozo, entonces en el pozo piensa muchas cosas, recuerda muchas cosas, llora, se encuentra con Cristo,tiene una experiencia de conversión, ¡lindísimo!

Y decía él: "Pero hay gente que quiere volver al mes, y otra vez buscar el mismo pozo, para volverse a convertir". No es mágico, Dios no está amarrado a ese pozo, Dios no está amarrado a esa canción que te fascina, Dios no está amarrado a ese grupo carismático que te hace vibrar, Dios no está a amarrado a ese predicador que te convence, Dios no está amarrado a esa casa de retiros que te parece perfecta, Dios no está amarrado a nada.

Acuérdate que nosotros en el Credo largo decimos que creemos en el Espíritu Santo y lo llamamos "Señor y dador de vida". Lo de "dador de vida" está claro, por lo que hemos hablado de la fuente interior, pero lo llamamos "Señor", ¿y llamarlo "Señor qué es? llamarlo Señor es decir que Él es el que manda.

Entonces Dios puede darme una experiencia espiritual muy profunda con un hormiguero, ¿no ve que eso le pasó a Laura, la Fundadora de las Lauritas? La Madre Laura, Fundadora de esta Comunidad misionera, ella tuvo una experiencia grandísima de la Providencia de Dios viendo unas hormiguitas. Que yo sepa, pues no son muchas las personas que se han sentido tan cerca a Dios teniendo cerca a las hormigas, pero ella sí.

Entonces el Espíritu Santo es Señor, el Espíritu Santo puede hacer que un hormiguero se convierta en una sinfonía de alegría y de amor para ti; y el mismo Espíritu Santo puede hacer que tú llegues al lugar más espectacular del mundo, como le ha pasado a mucha gente, que va por ejemplo a Roma, y ve la Basílica de San Pedro, y ver un poco de arquitectura más o menos sucia. ¡Cuánta gente que va a los grandes monumentos de Roma y lo único que ve es un lugar de turismo! ¡Y no encuentran nada!

El Espíritu Santo es Señor, y el Espíritu Santo nos recuerda que es Señor en la noche de los sentidos. Cuando nosotros experimentamos que quedamos como vacíos y uno dice: "Será que estoy haciendo algo mal? ¿Por qué no le encuentro sabor a la oración? ¿Qué será lo que pasa?" El nombre que le da Santa Catalina de Siena a esa primera fase es "el juego de amor". Ella dice que así como a veces los niños juegan a las escondidas, parece que también Dios juega a las escondidas con nosotros.

Y Dios se esconde, y una de las razones por las que se esconde es para hacer nuestro amor más puro y más desinteresado. Porque no nos digamos mentiras, que cuando uno parece estar muy seguro de que "este canto me lleva al arrepentimiento, este me lleva a llorar, con este alabo a Dios, con este....", cuando uno parece tener todas las teclas organizadas en el pentagrama del alma, entonces la relación con Dios es bastante interesada, ¿interesada en qué sentido? En que yo sé qué tengo que hacer para recibir lo que yo quiero.

Pero cuando yo hago lo que se supone que debía hacer, y no se siente nada, entonces tengo dos alternativas: o dejo de hacer mi oración, o sigo haciéndola por amor a Dios, no por satisfacción espiritual o emocional que yo encuentre.

O sea que la noche de los sentidos es una purificación, es una purificación especialmente en buscar que el amor sea desinteresado, en buscar que el amor, mejor dicho, tenga un solo interés y ese interés es servir a Dios.

La noche de los sentidos puede darse una o varias veces, supongo yo, pero hay algo más profundo, hay algo que Dios reserva para personas que van mucho más avanzadas. Según algunos autores que he leído, al parecer, una persona que experimentó con mucha dureza esta noche del espíritu fue la Madre Teresa de Calcuta.

¿Noche del espíritu qué es? Recuerdo, espíritu aquí se refiere al espíritu humano, a mi espíritu y al tuyo, ¿noche del espíritu qué es? La noche del espíritu es como sentir, es como descubrir que la fe misma se agrieta. Es decir, todo el soporte de uno en su búsqueda de las virtudes, en su trabajo para erradicar los vicios, en el testimonio que uno da, en la vida de oración, todo el soporte es la fe.

Pero parece que hay momentos, y esos momentos se dan en personas que están muy adelantadas, por favor, ahora que no resultemos todos nosotros: "Creo que estoy en noche del espíritu, lo mío es noche del espíritu", porque hasta allá llega la soberbia humana. Cuando a uno le cuentan de estos caminos y procesos de la vida espiritual, normalmente la gente tiende a situarse bastante adelante.

Como le sucedió a una cierta amiga que se convirtió y a la semana entrante dice: "Yo creo que ya me ha empezado un dolor, será como de estigmas, y allá me están saliendo como estigmas, no sé, tengo como unos cambios de coloración, yo creo que de un momento a otro me salen los estigmas". Eso tiene uno, ¿no? El corazón humano tiene sus formas de vanidad, y uno trata siempre de lanzarse lo más lejos posible.

Pero la noche del espíritu usualmente no seda en personas que estén en ese recorrido tan vacilante, tan fragmentario como suele ser el de muchos de nosotros; más bien, esto se da en personas que llevan mucho tiempo, en mucho servicio, intenso y amorosos a Dios, como fue el caso de la Beata Madre Teresa de Calcuta.

Ustedes se preguntarán, y yo también me lo he preguntado, cómo se puede dar una crisis de fe en una persona que precisamente ha superado tantas desolaciones, una persona que ha superado tantos desiertos en el sentido de noche de los sentidos, ¿cómo se puede dar eso? Bueno,la explicación es un poco complicada, pero vamos a intentarla.

La idea es esta: Si Dios no existiera, muchas cosas que son buenas seguirían siendo buenas; si Dios no existiera, que por supuesto es un imposible, pero si Dios no existiera, ser honrado seguiría siendo una cosa buena, o sea, si se compara entre ser honrado y ser tramposo, pues sigue siendo mejor ser honrado que ser tramposo. Si Dios no existiera, sigue siendo mejor alimentarse de una manera correcta y suficiente, y no alimentarse demasiado poco que lleve a la desnutrición, ni alimentarse tantísimo que lleve a la obesidad y a la enfermedad.

O sea, aunque Dios no exista, hay un bien que es bien propio de la criatura. Eso lo cuenta también la constitución Gaudium et Spes, cuando habla de la relativa autonomía de las cosas creadas. Es decir, uno comprende que, aunque Dios no existiera, hay una cantidad de cosas que siguen siendo buenas. Sigue siendo bueno, por ejemplo, que el Estado se preocupe por todos y no únicamente por los ricos.

De hecho, lo que encontramos en la historia de la humanidad es que ha habido muchas civilizaciones que no conocían al Dios cristiano, que no tenían ni idea de Jesucristo, que no sabían nada de las Escrituras, y que sin embargo, pues practicaban y alababan ciertas virtudes.

Entonces ¿cuál es el problema de la noche del espíritu? El problema de la noche del espíritu es que cuando una persona ha avanzado mucho, -vuelvo a subrayar este aspecto-, esa persona empieza a experimentar la bondad de ser bueno, y experimentar que es bueno ser bueno, también lleva por dentro una espantosa tentación: ¿Y qué tal que la única justificación para ser bueno sea que es bueno ser bueno? Suena a un trabalenguas, yo sé.

Repito: ¿Qué tal que la única justificación para ser bueno es que en el fondo es bueno ser bueno? ¿Y cuál es el problema con esa frase? Que esa frase saca a Dios de la ecuación.

Entonces, cuando esta pregunta que yo acabo de hacer se repite muchas veces, y cuando la persona experimenta en sí misma, que por decirlo de alguna manera, el mundo tiene su propia lógica y el mundo funciona bien así como está, y él tiene su propia sabiduría, entonces llega un momento en el que es vulnerable al ataque del enemigo.

Y entonces el enemigo, de un modo sutil, bajo permisión divina, lanza ese dardo, y ese dardo es: "No necesitas de Dios para ser bueno, y el mundo no necesita de Dios para mejorar". Es una crisis directa en la fe, y entonces todo parece perder, y entonces toda oración y toda referencia a Dios parécete perder sentido; es una prueba durísima, es como una purificación de la raíz misma del alma, porque para poder permanecer fiel en ese momento, es algo así como permanecer fiel sin ver por qué ni para qué; es como una pura ofrenda, es como un puro holocausto, es seguir hablando a un Dios que, además, por esas épocas suele tener la costumbre de permanecer demasiado callado.

Las Escrituras parece que tienen una lógica, y le quehacer de la Iglesia parece tener una lógica, y todo parece tener una lógica, pero esa lógica parece sostenerse sin Dios. Y entonces, si Dios permite, el enemigo dispara,- porque esto sucede bajo permisión de Dios-, el enemigo dispara su dardo y Dios permite que eso suceda, que ese dardo llegue a esos corazones y que la persoa ea herida salvajemente.

Pero en esa herida salvaje, en ese dolor y en esa falta de consuelo, en ese desasosiego, en esa sequedad espantosa, que es mucho más grave y es mucho más completa que lo que sucede aquí, en esa circunstancia, la persona limpia y limpia y limpia su intención, de modo que llega a un punto en el que casi se puede decir, -aunque esto sólo lo puede juzgar Dios-, si la persona supera esta prueba, llega un momento en le que casi se puede decir: "Ese hombre ama a Dios por Dios, no lo ama por nada más, sino ama a Dios porque Dios es Dios. El gran propósito de la noche del espíritu es llegar a eso: a una fe que florezca en un amor que ama a Dios simplemente porque Dios es Dios.

Bueno, esta es la segunda parte que queríamos compartir, la primera parte era el estado en el que se encuentra el mundo y cómo es necesario tomar decisiones, porque asumir nuestra cruz es asumir nuestro desierto. La segunda parte es este pequeño recorrido por la oración en las palabras de San Ignacio de Loyola, Santa Catalina de Siena y, sobre todo, San Juan de la Cruz.

Pasemos a nuestra tercera y última parte de esta reflexión en la cual nos vamos a referir a la santidad. Si una persona, como decimos a veces, si una persona hace sus tareas, si la persona permanece fiel a pesar de las desolaciones, a pesar de la noche de los sentidos, y si la persona permanece fiel también a pesar de las tentaciones y de los dardos del enemigo, pues, empieza a avanzar en un camino de santidad.

Ese camino de santidad aparece de un modo muy concreto, ¿en dónde? Pues aparece en las personas que han sido declaradas bienaventuradas, han sido declaradas santas por la Iglesia. Esas personas nos ayudan a descubrir en qué sentido o de qué manera florece el desierto. Desde antiguo, la Iglesia ha visto en los mártires, -estos son los primeros-, la Iglesia ha visto en los mártires un desierto florecido. La palabra "mártir" quiere decir "testigo", los mártires han dado testimonio del amor cristiano.

Es decir, el desierto de los mártires es el desierto de la persecución, el desierto de la tortura y el desierto mismo de la cruz y de la muerte. Por eso los mártires son como el paradigma, el punto central de referencia para la santidad cristiana, incluso eso se nota en la Liturgia de las Horas.

Si ustedes ven, en la Liturgia de las Horas lo que aparece como Oficio Común, porque al final hay una serie de Oficios Comunes, pues el primer Oficio Común es la dedicación de una iglesia, luego está el Oficio de la Santísima Virgen María, es decir los textos con los cuales se hacen las memorias en las fiestas litúrgicas de la Virgen, a menos que tengan textos propios, ¿y después quiénes aparecen? Pues vamos a mirarlos.

Los primeros que aparecen son los mártires, -esos son los Oficios Comunes en la Liturgia de las Horas-, y ese orden en el que aparecen es ilustrativo, es un orden que enseña mucho, porque nos está diciendo el orden de los desiertos. Los Oficios Comunes que tenemos en la Liturgia de las Horas son los distintos desiertos que han experimentado los cristianos.

Entonces están los mártires, y después del Común de los Mártires, esto es en la Liturgia de las Horas-, aparecen los Pastores, ese es el que viene después, luego vamos a hablar algo sobre el desierto de los Pastores-, e incorporado al desierto de los Pastores está el de los Doctores de la Iglesia. La palabra "doctor, como sabemos, quiere decir el que enseña, dóctor, en latín, viene del verbo "docere", es el que enseña, de ahí viene también "doctrina" y también viene "docencia".

Después de los Doctores de la Iglesia encontramos el Común de Vírgenes, o sea que la virginidad es un desierto también. Evidentemente, todos los que se han santificado, se han santificado por la Cruz de Cristo y se han santificado asumiendo su propia cruz. O sea que estas son experiencias de desierto, pero son desiertos florecidos. Acuérdate lo que decíamos cuando Dios expulsa a Adán del Paraíso, en el fondo lo que le está diciendo a Adán es: "Tu misión es hacer florecer el desierto. Haz florecer el desierto".

Mire: Mártires, Pastores y Doctores, luego vienen las Vírgenes, y después están los Santos Varones y las Santas mujeres. Se supone que los Santos Varones y las Santas Mujeres se supone que no caen dentro de estos grupos anteriores, pero además aquí se mencionan algunos ejemplos específicos. Por ejemplo, aquí se mencionan los Religiosos, aquí se mencionan los Educadores, aquí se mencionan los que practicaron obras de misericordia.

Lo que tenemos en esto que hemos dicho es algo así como un pequeño mapa de los desiertos florecidos, ¡cómo me gusta esa expresión! Los santos son desiertos florecidos. Los príncipes, los más hermosos, los mártires, bueno, a ver, pero es que antes de los mártires tendríamos que poner a los Apóstoles, que no hay por qué quitarlos, y antes de los Apóstoles, tampoco olvidemos a la Bienaventurada Virgen María, la cual, en cierto sentido, recorre y resume la santidad de todos ellos.

Bueno, ahí está el pequeño mapa de los desiertos florecidos.

Los Apóstoles, ¿cuál será el desierto de los Apóstoles? Mira, no puedo evitar leer el texto de San Pablo, porque es que San Pablo nos contó cuál era el desierto de los Apóstoles, así, que si tenemos ese texto, ¿cómo no lo vamos a leer? El desierto de los Apóstoles se encuentra en la Segunda Carta a los Corintios, ¿y qué tiene de especial? Es que San Pablo tuvo que pasar por muchas dificultades, y entre esas muchas dificultades estuvo todo lo que sufrió por los falsos apóstoles.

Resulta que Pablo predicaba el Evangelio de Jesús, pero muchas veces, después de que Pablo partía de un lugar, entonces llegaban otros, y esos otros predicaban una cosa distinta. Por ejemplo, le decían a la gente: "Bueno ahora tiene que practicar la Ley de Moisés", desfiguraban el mensaje. Entonces Pablo hace un recuento de lo que han sido sus sufrimientos, y lo cuenta especialmente en esta Segunda Carta a los Corintios. Yo voy a leer un pequeño aparte de eso.

En el capítulo sexto de Segunda Corintios, Pablo nos va a contar cuál es el desierto de los Apóstoles. Dice aquí: "En nada damos mal ejemplo a nadie, para que nuestro trabajo no caiga en descrédito. Al contrario, en todo damos muestras de que somos siervos de Dios, soportando con mucha paciencia los sufrimientos, las necesidades, las dificultades, los azotes, las prisiones, los alborotos, el trabajo duro, los desvelos y el hambre. También lo demostramos por nuestra pureza de vida, por nuestro conocimiento de la verdad, por nuestra tolerancia y bondad, por la presencia del Espíritu Santo en nosotros, por nuestro amor sincero, por nuestro mensaje de verdad y por el poder de Dios en nosotros" 2 Corintios 3,6.

"Usamos las armas de la rectitud, tanto para el ataque como para la defensa, unas veces se nos honra y otras veces se nos ofende;unas veces se habla bien de nosotros y otras veces se habla mal; nos tratan como a mentirosos, a pesar de que decimos la verdad; nos tratan como a desconocidos, a pesar de que somos bien conocidos; estamos medio muertos, pero seguimos viviendo; nos castigan pero no nos matan; parecemos tristes, pero siempre estamos contentos; parecemos pobres, pero enriquecemos a muchos; parece que no tenemos nada, pero lo tenemos todo" 2 Corintios 3,7-10.

Es un texto inmortal, un texto hermosísimo, que describe el desierto del Apóstol, pero como los Apóstoles son testigos de la fe para todos nosotros, este es también el paradigma nuestro. Cuando tú quieras entrar al desierto en serio, por favor, Segunda Corintios seis, versículos del tres al diez. Cuando tu vida se parezca a esto, tú puedes decir que tienes la fe de los Apóstoles.

¿Cuál es el desierto de los mártires? Ya lo dijimos: la persecución, la tortura y el beber del mismo cáliz del Señor. ¿Cuál es el desierto de los pastores? ¿Qué es lo propio del pastor? Pues tenemos la descripción que nos da Jesucristo en el capítulo décimo del evangelio según San Juan. Ahí Jesús nos cuenta qué es un buen pastor, ¿y básicamente lo que nos dice Jesús qué es? Que los malos pastores se aprovechan del rebaño, y los buenos pastores aprovechan al rebaño.

Escúchalo nuevamente: los malos pastores se aprovechan del rebaño, los buenos pastores aprovechan al rebaño; los malos pastores sacan su ventaja y se alimentan del rebaño, los buenos pastores son alimento para el rebaño. Jesús lo dice: "El buen pastor da la vida por sus ovejas" San Juan 10,11.

Entonces el desierto del buen pastor, y aquí entran también los teólogos, los doctores, los catequistas, los predicadores, que han enseñado a multitudes, lo propio de estos es que entregan la vida, y entregar la vida es donar de sí, dar de sí lo que han recibido, para que otros tengan vida y vida abundante.

¿En qué consiste el desierto de las vírgenes? El desierto de las vírgenes es el testimonio profético de que este mundo, incluyendo todos sus afectos e instituciones, es pasajero. Es decir, la persona virgen que vive propiamente su vocación está dando testimonio de la realidad última del Reino y del amor indiviso a nadie puede adueñarse de mí", y ese "adueñarse de mí" significa que de alguna manera me quedo sin con quién contar. Hay una renuncia, hay una fecundidad.

Y estos otros, religiosos, educadores, o los que practican obras de misericordia, ¿qué clase de desierto experimentan? Por ejemplo, los desiertos, además de lo que ya se dijo de la castidad, evidentemente, los religiosos experimentan su propio desierto a través de los bienes en común, eso es cierto, a través de la obediencia, ¿cuántas veces un acto de obediencia lo lleva a uno al desierto? ¿Cuántas veces? Es decir que los religiosos que viven su vocación experimentan la historia del pueblo de Israel en la realidad de su caminar de cada día.

Los educadores, o quienes practican obras de misericordia, o quienes hacen visible la caridad de otras maneras, son también eco de ese generoso dar que tiene su fuente en Jesucristo.

¿Y cuál el desierto de la Bienaventurada Virgen María? Pues el desierto de María resulta que no es distinto del desierto de Jesús. Sus corazones están unidos en una misma obra. El desierto de María es la Cruz de Cristo, el desierto de María es la ofrenda de Cristo. Y vivir en la escuela de María, y vivir en el desierto de María es estar dispuesto a recibir a Cristo, vivir el misterio de Cristo y entregar a Jesucristo.

Que Dios nuestro Señor, por la intercesión de la Santísima Virgen, haga nuestros desiertos florecidos, que nos libre de tantas tentaciones y peligros que nos rodean y que nos conduzca, por su misericordia, a la Patria Celestial.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo..