V23d001a
Fecha: 19961223
Título: Jesus, un regalo para la Navidad
Original en audio: 5 min. 3 seg.
En este año, mucho menos que en otros, se siente eso que se llama a veces "espíritu de la Navidad", no sólo por el acontecimiento triste que todos recordamos, sino también por la tristeza de un país lleno de injusticia y de sangre.
Y también, porque este año ha sido muy duro para muchas personas y para muchas empresas; y también porque la soledad y el frío y la oscuridad de las calles contrastan con lo que estábamos acostumbrados a ver en otros diciembres.En este año, hay que decirlo, se siente menos, mucho menos la Navidad.
Quiero hablarles como un amigo y quiero decirles una anécdota lo más sencilla: el día de ayer uno de los padres que está aquí en el convento, salió con algunos de los frailes estudiantes, salieron por la noche a ver un poco la ciudad o las luces o el decorado o todo eso que en realidad no existe en este año acá en Bogotá.
En otras ciudades tal vez lo haya, y el comentario lo he oído varias veces: "No parece que fuera diciembre, no parece que fuera Navidad". Acontecimientos de orden político y familiar, de orden económico y laboral, hacen que nosotros difícilmente podamos anunciar esperanza o alegría.
Y quizá muchos de nosotros al reunirnos en familia como que nos miramos unos a otros a ver si alguien tiene algo tan bueno que contar que nos haga sonreír y alegrarnos a todos, porque el pesar quizá se ha adueñado de nuestro rostro y de nuestro corazón.
Yo debo decir que, efectivamente, no se siente espíritu de diciembre, pero quizá de esa misma tristeza y del mismo desconcierto que nos embarga como familia, quizá de ahí podemos sacar una predicación, quizá haya también ahí una palabra oportuna.
Porque a mí se me ocurre que la tristeza, oscuridad, suciedad y peligro de las calles, y la tristeza, y peligro, y angustia de los corazones, nos recuerda precisamente que hace falta, cuánta falta hace eso que estamos recordando: Nuestro Señor Jesucristo.
Quizá, cuando brillan las luces de colores, quizá, cuando abundan las fiestas y las viandas y los regalos, quizá hay más espíritu de diciembre.
Peor, quizá entre toda esa avalancha de sonrisas y regalos se nos podía olvidar que el regalo por excelencia en este tiempo es Jesucristo, y por eso, por contraste, la soledad y la noche y la enfermedad que padece nuestra Colombia y que está muy clara ante nuestros ojos hoy.
Esa enfermedad, esa soledad y esa noche hacen que el único regalo, el único y verdadero regalo en este año para estos corazones y para sus rostros tristes como el mío, sea el Señor Jesucristo que si vino no es porque estuviéramos bien, sino porque estábamos mal.
Porque cuando uno ve llegar al médico siempre pregunta: "¿Y quien anda enfermo?" Pues así viene Cristo como médico y como abogado, como gran perdonador, como redención y revelación definitiva del Padre, y en Él, sólo en Él, podremos hallar un regalo para esta Navidad.
Alegrémonos en Él y sólo en Él, porque lo demás parece engañar y desconcertar.