V22d007a
Fecha: 20111222
Título: Necesitamos un canto que proclame que en Dios es imposible la derrota
Original en audio: 4 min. 30 seg.
Cerca de la casa de mis padres queda la escuela militar de Colombia, ahí se forman oficiales para el Ejército Nacional.
Recuerdo alguna vez que caminando por descanso cerca de mi casa escuchaba una especie de canto. Para mí la experiencia, siendo un niño, es que el canto es una señal de amor, por ejemplo en una serenata, o el canto es una señal de fe, por ejemplo en la iglesia. Pero lo que estaban cantando aquellos reclutas no era un canto de amor ni era tampoco un canto de fe. O tal vez sí era un canto de fe, pero de otra clase de fe. Es algo que ha sido popular desde hace muchos siglos, pero que yo no conocía.
A los soldados se les invita a marchar cantando. El canto les sirve para conservar el rito cuando marchan, para levantar su espíritu y para aprender a orar con un solo corazón, con un solo impulso, con una sola fuerza. En ese sentido, el canto puede ser bastante importante.
Iban marchando estos hombres, iban también cantando. Y recuerdo esa escena por el pasaje que nos encontramos en el evangelio de hoy. Es el Cántico de María, ese Cántico suele recordarse por su primera palabra en la lengua latina, es decir: "Magnificat". Esa palabra significa: "Engrandece" o: "Proclama la grandeza". Ese es el Cántico de María: una proclamación de la grandeza de Dios.
Pero, si recordamos lo dicho al principio, un canto es una expresión de amor, y un canto es también una expresión de fe, y un canto, según vemos por el ejemplo de aquellos militares, es también una expresión de batalla.
Pues estos tres elementos los podemos encontrar muy claramente en el Cántico de la Virgen. Es un canto de amor, un canto de amor agradecido. Esta mujer, la santa Virgen, reconoce lo que ha recibido, y movida por la gratitud proclama la bondad de Dios, reconoce su bondad; Ella alza su voz porque necesita decirle a Isabel, que allí se encuentra, pero en realidad necesita decirle al mundo entero que Dios es bueno, que vale la pena estar con Él, que no será defraudado el que pone su esperanza en el Señor.
Por eso es un canto de amor, pero también es un canto de fe; fe que significa en este caso, ante todo, el saber apoyarse en Dios, qu es el sentido original de la fe en la lengua hebrea. La fe es el poder apoyarse, es el poder confiar, es el saber en quién se fundamenta uno. Pues María sabe de quién se ha fiado.
San Pablo dijo alguna vez: "Sé de quién me he fiado, y que es capaz de conservar hasta el final lo que ha dado" 2 Timoteo 2,12. Pues lo mismo y mucho más podría decir María. Ella conoce no solamente lo que ha recibido, y por eso tiene amor, sino que conoce de quién lo ha recibido, y por eso tiene fe. Pero atención, su canto es también un canto de batalla. El mundo es lugar de batalla: lugar de batalla entre el bien y el mal, entre el pecado y la santidad.
Y por eso necesitamos, como aquellos militares, por eso necesitamos, como María, tener un canto que proclame, un canto que celebre que nuestro Dios es nuestro General, que Él va delante de nosotros, y que en Él es imposible la derrota, en Él somos más que vencedores.