V035001a
Fecha: 20051216
Título: La fe es un peregrinar hacia la luz.
Original en audio: 8 min. 25 seg.
Queridos Hermanos,
Una de las palabras más importantes en el evangelio según San Juan, es la palabra testimonio, o junto con ella, la palabra testigo. Hoy aparece esa palabra en el evangelio, de lo que se trata es de dar testimonio, y es muy interesante el uso que Juan el Evangelista le da a esta palabra porque los testimonios vienen a ser como la escalera, como el camino, la motivación, la causa próxima de ese milagro maravilloso que se llama la fe.
Nosotros a veces decimos que la fe es ciega, pero en el evangelio de Juan, la fe será cualquier cosa menos ciega, la fe no es sumergirse en la oscuridad, la fe no es apostar en el vacío, la fe tampoco es una especie de autosugestión con la que uno trata de convencerse de que sí va por el camino correcto, la fe tampoco es el pretexto para no hacerse las preguntas ácidas, incomodas, que por ejemplo se puedan hacer los filósofos.
Hermanos, ninguna de esas cosas es la fe en la perspectiva de San Juan, la fe no es esa apuesta en el vacío, sino es un peregrinar hacia la luz, y los pasos que damos en ese peregrinar son los testimonios que vamos recibiendo.
Mucha gente cree que la fe es una cosa como sólo individual: "Yo creo en Dios, Dios me ha dado esa fe". Está muy bien, la fe es un acto personal, pero creo que no es buena idea decir que es un acto individual. En el Catecismo de la Iglesia Católica esto se nota muy bien, porque cuando se empieza a dar la enseñanza sobre el Credo, que es el símbolo de nuestra fe, el título que tiene esa sección es: “Creo, Creemos”, incluyen las dos palabras, porque está el acto de creer como un acto personal, pero está también el hecho de que yo nunca llego a la fe abandonado simplemente a mi suerte.
Llego a la fe movido por el conjunto de una comunidad, dentro de esa comunidad puede brillar la palabra de un predicador, puede brillar un milagro que pude contemplar, puede brillar el testimonio de un mártir, alguien que murió por Jesús, pero ni ese predicador, ni ese santo, ni ese mártir existirían si no existiera la comunidad que los alimentó. Finalmente, la fe es personal pero la fe también es esa vida, esa atmósfera que respiramos dentro de la Iglesia.
Dentro de nuestra fe católica lo personal no se opone a lo comunitario, al contrario, la comunidad es el lugar del testimonio, es el lugar de los testimonios y son los testimonios en palabras y en obras, son los testimonios de mis hermanos los que me mueven finalmente a creer. Yo no puedo hacer una oposición, entre el hecho de que he llegado a creer y el hecho de que he sido un invitado a creer.
Si lo miro por el lado de que he llegado a creer, ese es el aspecto personal; si lo miro por el lado de que he sido invitado a creer, ese es el aspecto comunitario. Invitación y respuesta; invitación del lado de la comunidad, respuesta de parte del del corazón cuando es movido primero por la gracia del Señor.
Y podemos aprender del evangelio de hoy que hay dos grandes tipos de testimonios: uno es el testimonio de las personas, y otro es el testimonio de las obras poderosas, de los milagros, de las obras que hace Jesús, y atención, necesitamos las dos cosas. Fíjate la frase que utiliza Jesús. Dice: “Yo tengo un testimonio mejor que el de Juan, las obras que el Padre me ha concedido realizar” San Juan 5,36.
La acción, la vida de Juan, el Bautista, esa es una forma de testimonio, y en esa forma de testimonio podemos incluir los buenos ejemplos, las buenas enseñanzas, los buenos predicadores, los buenos catequistas, los buenos sacerdotes, todas esas personas son como Juan el Bautista para nosotros y todas ellas están, como Juan el Bautista, están apuntando hacia Jesús, están mirando hacia Él y están invitándonos a que miremos hacia él.
Pero, atención, se necesita el otro testimonio, el de las obras de Jesús, ¿y las obras de Jesús equivalen a qué? Equivalen a la experiencia directa del poder de Jesús; uno tiene que sentir que se admira, uno tiene que sentir que se maravilla, hay que saber maravillarse por Jesús, fascinarse por Jesús.
Los pasos que nos llevan a la fe, a una fe más plena o a una fe más grande, ¿cuáles son? En la comunidad, los buenos ejemplos y las buenas enseñanzas; y dentro de nosotros, la experiencia del poder de Jesús, encontrarme con el poder de Jesucristo, ver que su modo de obrar, que su manera de ser, me cautiva, me puede, me toca.
Cuando se unen las dos cosas, cuando se une ese testimonio que es como más exterior, lo que se encuentra en la comunidad, con ese otro testimonio que es como más interior, las obras de Jesús, entonces brota la fe y entonces llego a decir: "Ese Jesús no solamente es el Señor, sino que es mi Señor", y aún más, "es Nuestro Señor".
A Él la gloria y alabanza por los siglos.
Amén.