V026008a
Fecha: 20081213
Título: Así como Elias, aprender a vivir nuestra fe en fidelidad a Dios, a pesar de las dificultades
Original en audio: 21 min. 50 seg.
Son tres los amigos que nos han acompañando y que nos van a seguir acompañando a lo largo del Adviento: el profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María. Estos tres amigos nos van guiando en la espera, nos van acompañando y nos van educando en ese don de la esperanza; la esperanza es un don, pero hay que saber cultivarlo.
Isaías es el profeta que más leemos en el Adviento, él nos muestra de muchas maneras cómo sería ese reinado que el Mesías habría de traer a la tierra. Juan el Bautista fue el predicador de la conversión en el pueblo de Israel, para que la gente desechara sus pecados y para la gente estuviera preparada para el mensaje del Mesías.
Y por supuesto, la Virgen María es Adviento Ella misma, no sólo es escuela de Adviento sino Ella misma es Adviento, porque nadie mejor que Ella conoció lo que significa esperar a Jesucristo, esperar su nacimiento, esperar su llegada.
Hoy se menciona dos veces al profeta Elías, y Jesús da a entender que el retorno de Elías en realidad aconteció en la persona de Juan el Bautista, es decir, Juan el Bautista resulta comparable o resulta como una prolongación, una continuación de la misión de Elías.
Digamos dos o tres cosas sobre el profeta Elías que nos ayuden para conocer mejor a Juan, y por consiguiente, a vivir nuestro Adviento.
Elías vivió en un tiempo muy difícil, Elías vivió en un tiempo de idolatría, el rey de aquella época, Ajab, fue un rey impío y sobre todo débil, cobarde, de modo que quien realmente mandaba era la esposa que se llamaba Jezabel, ella era la que mandaba y era una mujer pagana, y no sólo eso sino enemiga de la fe de los hebreos.
Jezabel practicaba el culto a Baal y quería a toda costa acabar con el culto a Yahvé.
Jezabel utilizaba la autoridad del esposo para sus propios fines, y por supuesto, el enemigo número uno de Jezabel era el profeta Elías. Lo grande de Elías entonces es que en un tiempo de dificultad supo mantenerse fiel, y esa será la primera lección que nos deje Elías en el día de hoy.
Uno muchas veces se escuda en el ambiente en el que vive, uno presenta como un pretexto la mediocridad, o presenta como un pretexto el ambiente de pecado, el ambiente pesado en el que uno vive; pero en el caso de Elías todo estaba en contra de Dios, todo estaba en contra de la Alianza, y Elías permaneció fiel. Elías fue profeta en solitario.
El día de ayer, especialmente, estábamos reflexionando sobre la soledad, y decíamos que muchas veces en la soledad las personas pueden volverse o más débiles o más fuertes, y efectivamente, Elías es la imagen de un profeta que en soledad se apegó a Dios, se aferró a Dios de un modo tal que se convirtió en un testigo del Altísimo.
El ejemplo de Elías es interesante, porque Juan el Bautista tuvo que hacer algo parecido, Juan el Bautista tuvo que enfrentarse prácticamente a todos los grandes de su época, enfrentarse a Herodes, enfrentarse a los sumos sacerdotes, enfrentarse a los militares, enfrentarse a los comerciantes.
Elías, de algún modo, prolongó su misión en lo que tuvo que hacer Juan Bautista, porque Juan tuvo que denunciar el pecado de todos y Juan tuvo que llamar a todos a conversión, y por supuesto que para realizar esa misión, hasta cierto punto tenía que obrar desde la soledad.
Y así fue, vivía en la soledad, en la soledad del desierto, esa imagen de una persona que vive en soledad pero vive santamente, como un testimonio de Dios, es algo que luego fue imitado, fue emulado por grandes santos a lo largo de los siglos, especialmente los monjes del desierto.
Entonces la primera enseñanza de Elías es la fidelidad, fidelidad a pesar de las dificultades, fidelidad que consiste en adherirse a Dios y saber que la verdad no es negociable, que hay principios que no son negociables, que la conciencia de uno no está en venta.
Eso es ser un discípulo de Juan el Bautista, eso es ser un discípulo de Elías: "Mis principios no están en venta, y así el mundo entero diga lo que diga, hay cosas en las que yo no voy a negociar".
Ustedes se dan cuenta inmediatamente cuánto necesitamos cristianos así, porque ahora nos quieren hacer creer que si se aprueban, por ejemplo, en el Congreso o en la Cámara, si se aprueban ciertas leyes ya pasan a ser cosas buenas.
Si se prueba el aborto, ya el aborto es bueno, o si se aprueba el matrimonio gay, ya el matrimonio gay es bueno, y si ese es el ambiente, y si eso es lo que hacen los líderes, y si eso es lo que sale en la televisión, y si eso ya es normal, entonces ya es bueno.
Necesitamos gente como Elías que diga: "Aunque todos le den culto a los ídolos, aunque todos vayan detrás de Baal, yo me aferro a Dios así me quede solo; váyame bien o váyame mal, yo me aferro a Dios", hoy necesitamos gente así.
Y estas personas pueden tener grande responsabilidades, muy pocas veces, ustedes que me conocen, yo menciono nombres propios en la Misa; pero estaba pensando en el nuevo procurador de la Nación, el señor Ordoñez, su primer nombre es Alejandro, Alejandro Ordoñez, este hombre es un católico convencido, públicamente profesa su fe, y la oposición y los insultos contra él, de inmediato.
Gente de Izquierda, que se supone que se considera tolerante, porque se supone que ser de izquierda es ser abierto, mente abierta, pues los de mente abierta, antes de que el señor Ordoñez asuma su puesto, ya lo están hundiendo.
Esa es la mente abierta de la Izquierda, hundir al que no ha empezado a trabajar, empezar a calificarlo de fanático pre-moderno, lo llamó uno de los líderes de la Izquierda, eso no significa que todo lo que dice la Izquierda esté mal, y eso no significa que todo lo que dice la Derecha esté bien.
Aquí no se trata de defender Derechas o Izquierdas, lo que quiero decir es que cuando una persona se manifiesta públicamente como creyente en el Dios vivo, le pasa lo que le pasa a Elías, la gente lo aísla, la gente lo ataca.
Tenemos que orar por personas como el señor Ordoñez, el nuevo procurador, tenemos que orar por él, para que él, a ejemplo de Elías, sea consecuente.
La lucha es grande, incluso dentro de la Iglesia, también dentro de la Iglesia la lucha es grande, porque se van entrando ideas en las comunidades religiosas, se van entrando ideas en los seminarios, se van entrando ideas, y si uno no participa de esas ideas, el raro es uno, y uno puede ser atacado, y uno puede ser aislado, y es una lucha muy difícil, bastante difícil.
Hay comunidades religiosas donde ya nadie cree en la Resurrección de Jesucristo, eso es un hecho, muy pocos creen, se han llenado de tantas “teologías” la cabeza, olvidándose de lo que es la verdadera teología, que es sabiduría divina, y por consiguiente, como nos dice el Apóstol Santiago: "Amiga de la paz, celosa de la verdad" Santiago 3,17.
Pues si una persona entra a una comunidad religiosa y quiere vivir el ideal que nos han puesto los fundadores, encontrará oposición, y encontrará burla, y se quedará en soledad.
Por eso digo: necesitamos gente como Elías; pero no sólo hombres, mujeres, necesitamos mujeres como Elías, porque si una mujer está en edad de merecer lo más probable es que mucha gente le va a proponer el siguiente negocio: “-Oye, ¿tú quieres amor?” Y ella le dice: “Sí, mi corazón ha nacido para amar”.
Entonces el que le propone el negocio, le dice: "-Bueno, yo te puedo dar amor, pero te toca pagar en especie". Entonces ponen a la mujer a pagar en “especie”, y ese pago en “especie” es bastante alto, porque a veces termina en aborto. ¡Es bastante, bastante alto!
Entonces necesitamos mujeres con la coherencia de Elías que digan: “Un momentico, es que mi conciencia no está en venta y mi cuerpo tampoco”, entre paréntesis.
Este ejemplo de Elías es muy importante, y qué bueno que aparezca este ejemplo en el Adviento, porque el Adviento es prepararnos para recibir a Jesús, y Jesús no es un adorno.
Si Jesús viene a nuestras vidas no es como un adorno, viene como Rey y Señor, viene como centro, como polo fundamental de la existencia; Cristo no es una creencia más que yo tengo, no es una decoración en mi universo cultural, Cristo es el centro de mi existencia, es el Rey de mi alma. Necesitamos a Elías.
Nos dice la lectura del Eclesiástico, surgió Elías y dice esta expresión que me fascina: “Un profeta como un fuego, sus palabras eran horno encendido” Eclesiástico 48,1.
"Un profeta como un fuego" Eclesiástico 48,1.Este es el segundo mensaje que quiero compartirles hoy: necesitamos arder.
El cristiano timorato, el cristiano tímido que se esconde, que no se note que yo soy, no va y sea que me excluyan, ese cristiano, el cristiano que se esconde, y por supuesto cuando digo cristiano me refiero a católico.
Porque los que se llaman cristianos, pero no son católicos, están usurpando el nombre, ¿cómo dicen llamarse cristianos si no creen en la Eucaristía? ¿Cómo dicen llamarse cristianos si niegan la confesión y niegan tantas otras cosas? Ellos están usurpando el nombre.
Pero ese nombre nos pertenece en realidad a nosotros, y yo no lo voy a dejar perder, así que para la sucesivo, para los próximos ochenta años o, bueno, lo que el Dios me dé, cuando yo diga "cristianos", me refiero a "católicos".
Elías era un profeta como un fuego, el fuego no se esconde, el fuego calienta y luce, y esas dos cosas tenemos que tener nosotros. Jesús nos dice: "Que aparezcan las buenas obras de ustedes".
Nosotros no tenemos que hacer aspavientos del nombre de cristianos, eso no lo tenemos que hacer, pero sí tenemos que hacer algo, tenemos que mostrar, hacer ver esa justicia, esas obras buenas que Dios mismo nos concede realizar.
y cuando nos pregunten, como dice la primera Carta de Pedro, por qué somos así y por qué obramos así, pues habrá que hacer lo que hasta ahora ha hecho nuestro amigo Ordoñez, habrá que decir: "Es que tengo unos principios, tengo una fe".
Eso en cuanto a la parte de que tiene que haber una luz; pero ojo, tiene que haber un fuego y el fuego calienta, el fuego es fervor, nosotros tenemos que contagiar, esto que tengo aquí, esto no se puede llamar fuego si no calienta.
De modo que si yo pongo, por ejemplo, este papel, se quema, no se puede estar cerca del fuego sin quemarse, no se puede estar cerca de ti sin sentir la presencia de Cristo. Eso es ser fuego, ser fuego es que nadie puede estar cerca de ti sin enterarse de Jesús y sin empezar a amar a Jesús o tiene que irse, como hice yo con este papel.
Si yo acerco al papel, pero lo quito rápidamente, entonces apenas quedó un poco de humo, pero no se alcanzó a quemar; si lo vuelvo a acercar y lo vuelvo a apartar, entonces así tiene que suceder con nosotros, la gente que se acerque a nosotros tiene que sentir el fuego de Dios.
Una cosa que a mí me cuestiona mucho es esta: como todo ser humano, pues a este servidor de ustedes, obviamente, le gusta tener amigos; pero hay un problema, ¿qué pasa si una persona es muy amiga mía, pero a esa persona no le interesa nada de lo que a mí me interesa? Es decir, no le interesa Cristo, no le interesa la fe, no le interesa la Iglesia, no le interesa...
Entonces yo me hago esta pregunta: ¿qué tal que yo me muera? Que todo indica que me voy a morir, toda la evidencia es esa, que me tengo que morir.
El día que yo me muera entonces, y Jesús me pregunte: “Oye, puse muy cerca de ti una persona,-vamos a suponer que esa persona se llama Juan Perico de los Palotes-, puse cerca de ti a Juan Perico y no vi que hicieras nada realmente por acercarlo a mí".
"¿Puedes decirme que fuiste amigo de él si le negaste la alegría más grande, el tesoro más grande, el alimento verdadero, la luz que no engaña? ¿Fuiste amigo de él si le negaste la Fuente de la vida que no termina?"
Vamos a hacer una comparación. Imaginémonos que un amigo tuyo tiene una determinada enfermedad y tú sabes dónde hay un buen tratamiento para esa enfermedad. Y tú ves a tu amigo enfermarse y agravarse, y cada vez está peor.
Y ya le quedan unas semana de vida, pero tú nunca le dices dónde puede tratarse esa enfermedad, y el hombre está ya agonizando, ya casi no repira, y tú no le dices dónde curarse de esa enfermedad.
Y finalmente, la persona, en un acto ultimo y dramático, estira la pata, ¿tú crees que eso es ser amigo? Dejaste morir a tu amigo, no le contaste dónde estaba el remedio, ¿esa es tu manera de ser amigo? Bonito amigo el que se consiguió.
Es lo mismo que pasa con el tema del aborto, mucho más del noventa por ciento de las mujeres que abortan siempre dicen: “Una amiga me aconsejó”. ¡Esa no es ninguna amiga, es una enemiga que arruinó la mayor parte de tu existencia para siempre! ¡No la llames amiga!
Al contrario, hay que buscar dónde vive y a ver qué se le hace, o sea, orar por ella, ¿cierto? ¿O qué? Orar por su conversión, evangelizarla. Entonces uno tiene que preguntarse los amigos de uno para dónde van.
Le voy a dar un ejemplo. Usted se sube a uno de esos vehículos, que a veces son mortales, llamados flotas, usted se sube a uno de esos vehículos y tiene una serie de vecinos.
Y entonces uno le pregunta a la gente: "-¿Y Usted para dónde va?" Y la persona dice: "–Yo voy para Neiva", "-Ah, muy bien, va para Neiva", y resulta que usted va a ir para Bucaramanga y usted piensa que esa es la flota para Bucaramanga.
Pero su compañero dice que va para Neiva y usted dice: "Está loco ese tipo, dice que va para Neiva", bueno va para Neiva", y le pregunta al otro: "-Oye y tú para dónde vas?" "-Yo voy para Neiva", "y tú?" "-Para Neiva", "¿-y tú" "Para Neiva; todos vamos para Neiva", ¡entonces el que está equivocado soy yo!
Entonces uno tiene que preguntarle a los amigos, ¿cierto? Si los amigos son una manada de incrédulos, que se burlan de todo lo que tiene que ver con la fe, esa clase de personas que a veces uno llama crápula, si uno tiene esa clase de amigos, es como si uno le preguntara a esa persona: "¿Y tú para donde vas?" "-A lo más profundo de los infiernos", “-"¿y tú?" "-Con el para abajo”, “-¿y tú? "-Donde Satanás”, "-¿y tú? "¡A perderme!"
Y tú estás con tus amigos, ¡entonces a donde crees que vas, hermano? Si tus amistades van para allá, ¿para dónde crees que vas tú?
¿Entonces qué es lo que tenemos que hacer? Tenemos que cuidarnos unos a los otros, claro que yo sé lo que me vas a decir: "Bueno, pero es que yo no puedo convencer a todos mis amigos, porque ¿cómo voy a convencer a mis amigos?"
No, no tienes que convencerlos, pero tiene que ser tan claro tu testimonio que para esa persona se vuelva difícil, bastante difícil estar contigo, sin darse cuenta que tú amas y adoras a Jesucristo.
Porque tú no toleras que se burlen del Nombre de Dios, porque tú haces respetar los derechos de Dios, y porque tú no pierdes oportunidad para hablar bien de Jesús, y porque tú, ante todo con tu testimonio de vida, quieres atraer, atraer hacia Jesús.
Por eso Elías también es ejemplo para nosotros, él, dijimos antes, supo, en soledad, permanecer fiel, pero el hecho de que le tocó obrar en soledad no quiere decir que a él le gustara quedarse en soledad.
Muy al contrario, contagió hasta donde pudo con el fuego. Son las dos grandes cualidades de Elías: fiel, incluso en soledad; fuego, para contagiar del amor y de la verdad de Dios a todos, y ese es el tipo de cristianos que necesitamos también ahora.
Pregúntate para dónde están caminando tus amigos, "pero es que me van a rechazar, es que yo ya he notado que me excluyen de sus chistes", pues mira, no te lo puedo negar, evidentemente siempre hay pérdidas, eso es verdad, pero muchas veces la gente que uno pierde la recupera luego mejor.
Porque muchas veces la misma persona que más se burlaba, el día que tenga una verdadera necesidad va a ir donde ti y va a ir a decir: "Oiga, usted tiene eso que llaman fe, trate de hacer eso que llaman oración, hacia Ése que llaman Dios".
La persona en medio de todo su culebreo, lo que está tratando de decir es: "También yo necesito".
Que el ejemplo de Elías, hermanos, nos anime a vivir nuestra fe. Así fue Juan Bautista también, en soledad permaneció fiel, y con el fuego de Dios hizo todo cuánto pudo para preparar un pueblo bien dispuesto para Jesús.
Amén.