V021004a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20101206

Título: El Adviento es prepararse para la experiencia del Dios en persona

Original en audio: 4 min. 4 seg.


Creo que las lecturas de hoy nos invitan a mirar con renovada atención una palabra que en el fondo todos necesitamos, es la palabra “sanación”. Ser sanados es experimentar en nuestra propia carne, o por lo menos en nuestra propia vida, que Dios en persona se ocupa de nosotros.

La sanación es irremplazable, porque con ella Dios deja de ser una idea, una teoría, un personaje del pasado. Aquel que se ha sentido tocado en su historia enferma, en su corazón dolido, en su cuerpo quebrantado, en su mente atormentada, ése conoce de la existencia de Dios más que el que ha aprendido muchísimos argumentos, muchísimos silogismos, muchísima bibliografía.

No es que el estudio esté mal, no es que pierdan el tiempo los que están estudiando, pero si nuestro conocimiento de Dios es únicamente por aquellas palabras que otros dicen, por ejemplo, las que están en los libros, no podremos hablar por nosotros mismos, es lo más hermoso de este capítulo treinta y cinco del profeta Isaías, que encontramos al abrir esta segunda semana de Adviento.

Es hermoso ese lenguaje cargado de promesas, pero entre todas ellas yo quiero, sobre todo, destacar la frase que dice el profeta: “Dios en persona viene” Isaías 35,4. “Dios se ocupa de mí”. Intenta decir esa frase, intenta repetirla: “Dios se ocupa de mí”.

Este es el Dios que muchas inteligencias poderosas no han llegado a conocer, este es el Dios que no pudo conocer Albert Einstein, este es el Dios que parecía escurrírsele a Isaac Newton, este es el Dios que finalmente ha acabado con la paciencia de Stephen Hawking; es decir, sin el conocimiento, sin la experiencia inmediata de este Dios que viene en persona, nosotros seguiremos contando lo que otros han dicho.

Qué hermoso percibir en Jesucristo la visita de Dios, Jesucristo es Dios en persona visitándonos, y por eso el Adviento es preparación para encuentro, no es el simple celebrar un recuerdo, algo hermoso, tal vez grandioso que queda en el pasado, es prepararse para algo nuevo, es prepararse para un encuentro, es prepararse para la experiencia del Dios en persona.

Y este Dios, según nos cuenta el evangelio de Lucas capítulo quinto, el evangelio de hoy, este Dios es el que ve en nosotros lo que nadie más ve, fíjate como Jesús, en ese paralítico al que curó, empieza por sanarlo de los pecados.

Es el Dios que no solamente se ocupa de mí, sino que encuentra en mí lo que ni siquiera yo mismo conocía.

¡Qué grande es el Señor! ¡Qué hermosa su presencia!