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Fecha: 19971205
Título: Dios promete y cumple
Original en audio: 12 min. 54 seg.
Queridos Hermanos
Hemos iniciado hace poco un tiempo litúrgico en nuestra Iglesia Católica, el tiempo del Adviento, palabra que significa la llegada, el tiempo de la llegada, tiempo de esperanza por excelencia.
Tiempo en que, de la mano de las Escrituras, y según el ejemplo de la Virgen María, aprendemos a hacerle un lugar a Cristo en nuestra vida; porque Cristo está ahí muy cerca, pero la pregunta es si hay un lugar para Él.
Este tiempo de Adviento es un tiempo para hacerle un lugar a Cristo, y por eso seguimos la luz de la Palabra Divina, sobre todo a través del profeta Isaías, y seguimos el ejemplo de la Santísima Virgen.
La Biblia y la Virgen María serán nuestros maestros, serán nuestra luz durante este Adviento, para que nosotros aprendamos ¿qué? Lo que no nos va a enseñar ningún centro comercial.
Realmente, los arreglos navideños son bellos, ¿cómo vamos a negarlo? Las luces con que se visten las casas, las calles y los almacenes; los árboles adornados, los pesebres; es bonito el tiempo de preparación para la Navidad, pero hay algo que seguramente no nos lo van a enseñar esas luces, ni esos árboles.
Que tal vez nos puede sugerir sí el pesebre, ¿qué? Que es necesario hacerle lugar a Cristo en nuestra vida; que Cristo, probablemente, llega y no encuentra sitio en nosotros; de manera que este es el tiempo para hacerle espacio a Cristo en nosotros. Eta es la primera enseñanza que quiero compartir con ustedes.
Segunda: ¿cómo nos ayuda la Iglesia a esto? Esta parte es muy linda. Nada despierta tanto el amor como saberse amado, eso es lo que despierta el amor.
Si, por ejemplo, a una jovencita le llega la noticia maravillosa: "-¿Sí sabes quién está pero que se muere por ti?" "-¿Quién, quén?" "–Figúrate, ¿tú te acuerdas de Rafael Alberto? "-Sí, ¿qué pasó con él?" "-Pues, mira, ese hombre casi no duerme, casi no come", "-¿y Por qué?" "-No, una enfermedad que le dio" "-¡Ah!, ¿qué enfermedad le dio?" "-Está enfermo de amor por ti".
Ahí se compuso un poquito. "Está enfermo de amor por ti. Dice que tú le gustas mucho; dice: "¿Quién me presentara a esa niña?” Yo estoy seguro de que cualquier corazón femenino se conmueve al oír palabras como estas.
"¿Verdad? ¿Verdad?" Y cuando ella pregunta: "¿verdad?" Ya se siente bonita. "-¿Verdad que me quiere? Y ¿qué más dijo?" "-Dijo que si se te reformara una parte de la nariz, la torcedura de los ojos quedabas hecha una reina de belleza".
"-Bueno, esa parte no me interesa, -¿y ¿qué más dijo?" "–Dijo que te estaba escribiendo una carta", "-¿cuándo la va a mandar?" ¿Ve? Se despierta el amor en ella, de saber que hay amor en él.
"-Que te va a mandar una carta", "-¿cuándo la va a amanadar?" La persona que le dice esto a esta muchachita, que vamos a llamarla, por ejemplo, Andreita; la persona que le dice esto a Andreita, ya hizo que Andreita abriera el corazón, ya Andreita tiene un lugar.
De manera que cuando aparece Rafael Alberto, con las manos a la espalda, entonces Andreita dice: “-Seguro que ya trae la carta, ahí debe venir mi carta”. Entonces, Rafael Alberto dice: -“Mira, yo quise esperar el tiempo de tus cumpleaños, pero mi corazón sintió impaciencia, y por eso te traje esta flor y esta poesía".
¡Listo! ¡Cae!. Ante semejantes palabras, y semejante declaración, cae, ¿por qué? Porque ella ya le había preparado un lugar a él. ¿Qué fue lo que hizo que ella le preparara ese lugar a él? Que le llegó la noticia de su amor, la noticia de lo que él estaba haciendo por ella.
Amigos, esta es la misma pedagogía que utiliza la Iglesia con las lecturas de la Palabra de Dios, es decir, nos cuenta su amor, nos cuenta lo que Jesús anda haciendo por ahí, nos cuenta el arte precioso de su salvación.
Nos cuenta el poder de su misericordia, y con todas esas cosas que nos va contando, nosotros, como aquella mujer, vamos sintiendo en el alma: "-¿Verdad que Él hace todo eso?" "-¿Verdad que me quiere tanto?" "-¿Verdad que soy tan importante para Él?"
Y a medida que vamos sintiendo esto en el corazón, el mismo corazón se va ensanchando, como el corazón de aquella amiguita, se va ensanchando, ensanchando; y así, cuando llega el momento de la Navidad, hay un pesebre en el alma. Y entonces Jesús puede nacer, ahí sí puede nacer Jesucristo.
De manera que la Iglesia nos prepara para la Navidad, nos prepara para recibir a Cristo como Señor de nuestras vidas, ¿de qué manera? De una manera muy humana, muy hermosa, contándonos las obras de amor de Jesucristo. Esta es la segunda enseñanza.
Pasamos a la tercera. Resulta que en el Tiempo del Adviento, las lecturas que escuchamos en la Santa Misa, tienen ese propósito que acabo de mencionar, es decir, despertar el amor en nosotros. ¿De qué manera se logra esto? ¿De qué modo se consigue? Se consigue de un modo muy sencillo, que a uno deberían contárselo desde temprana edad, y por eso lo estoy predicando.
¿Qué es lo que hace que uno vea amor? El refrán dice: “Obras son amores, y no buenas razones”. Hay que producir obras, hay que cumplir lo que se dice, no es tanto que promete, y promete, ¡ay, prometer, todos prometen!
Lo interesante es que Éste sí que promete, y cumple; dijo que iba a mandar la carta, y por ahí viene con su cartita; Éste sí promete y cumple; Éste sí, eso es maravilloso.
Promete y cumple; esas son las lecturas de la Misa. Las primeras lecturas son: “prometen”, y los Evangelios son: “cumplen”. Promete, primera lectura, cumple, Evangelio. Todas estas lecturas del Adviento tienen esa característica, mis amigos, son lecturas de "promete y cumple".
Casi todas las lecturas, las primeras lecturas de la Santa Misa están tomadas del profeta Isaías, que es el gran profeta del Adviento, y las lecturas de los evangelios ¿qué son? Cumplimientos.
Entonces, por ejemplo, en el día de hoy, dice aquí, “Así, dice el Señor: “El Líbano se convertirá en vergel, el vergel parecerá un bosque, aquél día oirán los sordos”" Isaías 29,17-18.
Más adelante dice: “Verán los ojos de los ciegos, los oprimidos volverán alegrarse con el Señor” Isaías 29,18. "Verán los ojos de los ciegos" Isaías 29,18, ese es tiempo futuro; esa es una promesa.“Verán los ojos de los ciegos” Isaías 29,18, prometido.
Ahora nos vamos para el evangelio, ¿qué fue lo que pasó en el evangelio? “En aquel tiempo dos ciegos seguían a Jesús, "ten compasión de nosotros", Jesús les pregunta: "¿Creéis que puedo hacerlo?" Le responden que “sí”, y Jesús los cura, y quedan sanos, y pueden ver” Mateo 29,27-30.
Como quien dice: se acuerdas el que prometó en la primera lectura? ¡Véalo! En el evangelio cumplió lo que había prometido; de esa manera, con eso de “promete y cumple”, la Santa Iglesia nos enseña a reconocer la historia de amor que Dios llevó a plenitud y cumplimento con Nuestro Señor Jesucristo.
Y lo mismo sucede con otras lecturas, mira, por ejemplo, el miércoles pasado: estábamos escuchando una lectura del profeta Isaías también que decía: “Aquel día el Señor de los ejércitos preparará para todos los pueblos un festín de manjares suculentos, un festín de vinos de solera, manjares enjundiosos y vinos generosos" Isaías 25,6.
Un banquete. Promesa, promesa: viene un banquete. Leamos el evangelio, ¿qué nos dice? “En aquel tiempo, Jesús bordeando el lago de Galilea, subió al monte y se sentó en él” Mateo 15,29.
Más adelante: “Me da lástima esta gente” Mateo 15,32. Y más adelante: “¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciarlos?” Mateo 15,33.
Y sabemos el desenlace: Jesús multiplica los panes, como quien dice, el que prometía un banquete en Isaías, ahora cumple el banquete en el evangelio. Con esta clase de lecturas, mis estimados amigos, uno puede comprender mejor las lecturas de Adviento
Usted, que seguramente asiste a Misa no sólo en los domingos, es muy poco asistir a Misa sólo los domingos de Adviento, porque son sólo cuatro domingos de Adviento, calcule: son sólo cuatro primeras lecturas y cuatro evangelios, ¡es muy poquito, muy poquito!
Si usted tiene tiempo y manera, por favor, acérquese a la Santa Misa entre semana, vaya siguiendo el ritmo de la Palabra de Dios, vaya viendo cómo Dios promete y cumple, promete y cumple.
Y así usted va viendo el amor de Dios, y así usted le va preparando un lugar bien hermoso, bien amplio, bien limpio a Cristo Nuestro Salvador.
A Él la gloria por los siglos.
Amén.