Suma Conversación 001
Predicación original en video o audio
Necesidad y dificultad de una buena formación cristiana
Hola amigos, está con ustedes Fray Nelson Medina de la Orden de Predicadores.
Hemos dado el nombre de Suma Conversación a este encuentro o a estos encuentros, para conocer y divulgar la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino. Es un esfuerzo, un propósito simplemente colosal. Estamos hablando de una de las cumbres del pensamiento occidental, una obra de continua referencia para los teólogos en la Iglesia Católica.
Este programa tiene un propósito muy específico. Queremos que la Suma, la Suma de Santo Tomás, salga de las bibliotecas y empiece de una manera más clara y más cercana a darle forma y vida a nuestra fe cristiana. Porque, a veces pasa con esos textos tan venerables lo mismo que sucedía con las Biblias hace mucho tiempo: que se quedaban allá en un rincón de la casa como objetos de suma veneración que nunca se abrían. Nosotros queremos abrir la Suma de Santo Tomás. Nosotros queremos aprovechar los tesoros que están ahí.
Y pienso que estos programas, esta Suma Conversación como la he llamado, pueden ser de gran provecho para todos los que estén interesados en avanzar en su fe. Yo conozco sacerdotes que con cierta timidez o sentimiento de culpa confiesan su ignorancia frente a esta obra tan venerable. Quizás en sus años de seminario miraron unas cuantas páginas, y quizás también quedaron desalentados por todo el armamento filosófico y metafísico que se requiere para aprovechar la Suma.
Y entonces, ¿qué sucede con estos sacerdotes que muchas veces buscan otros caminos para su formación, quizás manuales más sencillos, quizás obras más populares? Y si esto decimos de los sacerdotes, muchísimo más sucede con nuestros laicos, con nuestro pueblo fiel. Lo que nos hemos encontrado es que muchas veces, el laico, el bautizado de a pie, el que va a nuestras parroquias, no encuentra cómo avanzar. Y no es que falten libros religiosos; si vamos a nuestras librerías encontramos una cantidad de material religioso o pseudo-religioso. Pero, ahí está el primer problema: que es demasiado lo que se encuentra para despistar y confundir, y muy poco lo que se encuentra para afianzar, para construir nuestra fe.
Por ejemplo, tenemos toda esta cantidad de libros sobre lo que se ha llamado la Nueva Era, que son montañas: libros que tienen un lenguaje más o menos religioso porque hablan de Dios, iluminación, superación, trascendencia; incluso hablan de Ángeles y de Cristo, hablan de eternidad, y hablan de profundidad y de meditación. Pero, hay una gran confusión, ¡producen una gran confusión! Porque, utilizan las mismas palabras que nosotros, pero las utilizan en un sentido distinto. Por ejemplo, en esa literatura de la Nueva Era cuando se habla de Cristo, Cristo es un gran Maestro. ¡Ojo! Un gran Maestro, uno entre muchos maestros: eso ‘es’ Cristo. Entonces, para ellos, Cristo, Gandhi, Buda, Mahoma son simplemente iluminados, y lo que interesa es algo así como el mínimo común denominador de ellos, es decir, en qué estuvieron de acuerdo todos esos señores.
Por supuesto, ellos están hablando de Cristo. Pero, ése no es Nuestro Cristo, porque para nosotros, como lo afirma claramente El Credo, lo importante y lo central de Cristo es que es el Salvador. Y Cristo es el Salvador a través del sacrificio redentor, a través del ofrecimiento de su vida en la Cruz, a través de su bendita Pasión. Por eso y a través de eso, Cristo es Salvador nuestro.
En cambio, para la Nueva Era lo que interesa de Cristo son sus Palabras. Como lo he comentado en otros escenarios, para la Nueva Era y para el gnosticismo en general, Cristo hubiera podido morir perfectamente de una gripa muy fuerte en su cama: "Cristo murió en su cama"; y ahí no hubiera pasado nada. Uno se da cuenta que ése no es el Cristo en el que nosotros creemos; es un Cristo falsificado.
Y ése es el mismo fenómeno que sucede, por ejemplo, con palabras como meditación. Para la Nueva Era la meditación es algo así como un ejercicio mental, prácticamente un ejercicio cerebral. Lo que importa en la meditación es lo que sucede en tu cerebro, en las ondas de tu cerebro. Y es un encuentro con el Yo. A veces ese Yo se confunde con Dios; a veces se dice que Dios y el Yo son lo mismo. ¡Fíjate qué uso de la palabra meditación!
Pero, cuando el Evangelista San Lucas nos dice que, "María meditaba estas palabras (las Palabras de Cristo) en su Corazón materno" (véase San Lucas 2,51), San Lucas no está pensando en las ondas cerebrales de la Virgen. San Lucas está pensando en esa peregrinación que busca el sentido más profundo de las palabras. Entonces, Dios, Cristo, la meditación, los ángeles, se utilizan en toda esa literatura religiosa, pero se utilizan únicamente para confundirnos.
Luego hay otra cantidad de literatura que no es perversa necesariamente, pero que puede causar también un error de enfoque. Me estoy refiriendo a lo que solemos llamar toda esta literatura de superación personal. La Superación Personal ¿Qué quiere decir eso? Quiere decir que son propuestas tomadas muchas veces de la psicología, del mundo de las terapias, propuestas que indudablemente tienen su razón de ser, propuestas que indudablemente tienen su efectividad hasta un cierto punto.
Por ejemplo cuando le hablan a uno de programación neurolingüística. En la programación neurolingüística la persona intenta mirar su cerebro y trabajar con su cerebro como si fuera con un computador. Entonces, por poner el caso, "voy a programar mi cerebro para que piense positivamente, para que se enfoque en las soluciones y en las oportunidades y no tanto en los problemas o en lo que no puedo hacer". "Voy a programar mi cerebro para despersonalizar los conflictos".
¿Qué queremos decir con esto? Que uno a veces se fija tanto en las dificultades que se tienen con una persona en particular, que ya deja de oír las razones que pueda tener esa persona. Ya uno como que simplemente se concentra en que, "esa persona me tiene mala voluntad", o, "esa persona me cae mal", o, "yo le caí mal a esa persona". Llega el punto en el que uno ya no trabaja con los problemas ni está buscando soluciones, sino que todo se vuelve una rivalidad o un deseo de ganar una discusión: "Yo no puedo perder, yo tengo que ganar a como dé lugar".
Hay algo de sabiduría en eso. Indudablemente si uno se hace esa clase de propósitos y si uno toma esa clase de actitud mental, la vida puede mejorar. Y esa literatura de superación, como yo la llamo, o de auto-superación, tiene una razón de ser y ofrece algunos resultados.
Pero, ¿dónde empieza el problema? El problema empieza cuando uno cree que así se puede resolver todo en la vida. Entonces, desaparece, por ejemplo, la noción de pecado. Ya no se necesita hablar de pecado: nadie es culpable de nada. Por consiguiente, si no hay pecado, no hay arrepentimiento. Si no hay arrepentimiento, entonces tampoco hay experiencia de perdón. Y la experiencia del perdón es una de las cosas centrales de nuestra fe, porque la persona que se siente y que se sabe perdonada, es la persona que también aprecia y disfruta la gracia de Dios. Si una persona no tiene experiencia del perdón, entonces no tiene experiencia ni de su arrepentimiento ni del amor gratuito que Dios le tiene.
Porque eso es lo que significa gracia, finalmente. Lo que quiere decir es, "el amor gratuito que Dios me tiene". Y cuando uno pierde la experiencia de la gracia, entonces todo el mensaje cristiano carece de sentido. Porque, ya dijimos: el centro de nuestra fe es el sacrificio redentor de Cristo. Por lo tanto, el signo del cristiano es la Cruz; no es otra cosa sino la Cruz. Pero, “la Cruz misma ya no tiene sentido, la Cruz misma ya no importa". "Yo no necesito un Dios redentor; ya no lo necesito porque ya yo me voy a redimir a mí mismo a base de la programación de mi cerebro, a base de la autosugestión". Otros van más lejos y hablan del auto-hipnotismo.
Entonces, fíjate cómo a través de esa literatura de superación también hay un peligro. Yo no quiero demonizar todos los libros de superación; hay un espacio para esa literatura. Pero, es muy peligroso creer que todo en la vida se reduce a reprogramar el cerebro, sobre todo porque cuando uno se esté muriendo, ¿qué programación le va a mandar al cerebro? ¿Que ya no se está muriendo? ¿Qué le voy a decir a mi cerebro? "No me estoy muriendo, no me estoy muriendo" ¿Tiene sentido eso? El gravísimo problema de la muerte que es el problema de la eternidad y que por supuesto tiene que ver con todo el sentido, el significado de nuestra vida, ¿qué pasa con ése? ¿Qué pasa con la muerte? Eso no se arregla con terapias.
Entonces, fíjate el problema tan grave que tenemos cuando se habla de formación. Uno entra a una librería, incluso a algunas librerías católicas, y lo que se encuentra es una cantidad de literatura de Nueva Era, una cantidad de literatura de superación personal, que engendra confusión. Y luego hay otro pedazo de literatura que es literatura protestante. Pero, algunos de nosotros nos sentimos enormemente felices de ser católicos. No estamos pensando en cambiar de religión: estamos felices, estamos bien así, queremos seguir viviendo nuestra fe. Y por eso deseamos una formación católica, formarnos en nuestra fe católica.
Los protestantes tienen cosas buenas. No es una buena idea demonizar a los protestantes. Vuelvo a ese término; es decir, tratarlos como si fueran demonios. ¡No! No es buena idea; podemos aprender de ellos. Por supuesto que cometen un gravísimo error al dividir el Cuerpo de Cristo, y cometen otros errores que son incluso tontos. En su manera de hablar de la Virgen, en su desprecio a la Eucaristía, en su falta de apreciar también el ministerio del Papa, están cometiendo errores gravísimos. ¡Gravísimos!
Pero, a veces los protestantes son como un recordatorio, un recordatorio muy firme, muy fuerte, de la primacía del amor salvador de Dios. En el testimonio de muchos protestantes eso aparece: "Mi vida estaba perdida. ¡Perdida! Dios la rescató". ¡Qué bello! ¡Eso es hermoso! Ahí aparece la gracia de Dios, en la importancia del Espíritu Santo, la importancia de la Biblia, la importancia de la oración, la importancia de la alabanza, la importancia de ser miembros activos en nuestras comunidades. Estos son algunos de los valores que suelen tener los protestantes. Pero luego, repito, ellos también causan confusión, porque no aprecian lo que significa, ni la Iglesia, ni la Eucaristía, ni la Virgen, ni el Papa.
Entonces, un católico que quiera formarse en su fe, se encuentra con la cantidad de literatura de Nueva Era, la cantidad de literatura de superación personal, la cantidad de literatura de los protestantes, y lo poco propiamente católico, a veces es muy aburrido. Es un problema que tenemos, es una realidad muy seria que tenemos los católicos: o es muy aburrido y, en ese sentido, distante de las capacidades económicas de las personas reales, o es distante por otras razones, por ejemplo, por un lenguaje muy complicado, obras demasiado antiguas, una presentación demasiado racional, casi racionalista, cuando el ser humano necesita no solamente razones.
Todos necesitamos también la emoción y el sentimiento, el recuerdo y la añoranza, todo eso parte de lo que significa el ser humano. Por cierto, lo anterior lo aprovechan mucho por supuesto los protestantes y otros que quieren conquistar adeptos.
Luego, hay un gran vacío en nuestra fe católica en lo que tiene que ver con la formación. Y por eso pienso que tenemos un deber muy grande los que ejercemos, -con el favor de Dios suplicando su Espíritu Santo-, este ministerio de predicar. Porque, hay otro problema y es que también hay autores que se hacen pasar por católicos, o que se llaman católicos y que empiezan a negar verdades fundamentales de nuestra fe.
Hay teólogos que resultan diciendo tonterías: que la Virgen no fue virgen, que Cristo no resucitó sino que la Resurrección de Cristo fue un evento en la fe de los discípulos; como quien dice, una especie de sensación colectiva de "sigamos hacia adelante". Pero, en cuanto al Cuerpo de Cristo, -y esto lo han dicho teólogos de la Iglesia Católica, por supuesto teólogos que no merecen ese nombre, teólogos que afrentan ese nombre-, han dicho: "–Sí; si se encontrara el Cuerpo de Jesús y los huesos de Jesús ya vueltos polvo, pues, nuestra fe seguiría igual". ¡Cómo se les ocurre decir eso!
No es tan fácil, por tanto, formarse en la fe. Tenemos grandes fuentes, tenemos el Catecismo, por ejemplo, y podríamos hacer un estudio del Catecismo; es una cosa que se puede hacer. Pero, yo quiero proponer en esta ocasión algo diferente. Yo quiero proponer que nos acerquemos a uno de los más grandes si no el más grande teólogo católico de todos los tiempos, Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás de Aquino ha sido llamado el Doctor Común: común, para todos y; doctor, en este caso, significa "el que enseña". Docencia, doctrina, doctor, todo viene del verbo latino docere, y docere es enseñar; la docencia, la doctrina, el dóctor, se dice en latín.
Pues, Tomás de Aquino es el Doctor Communis, es el Doctor Angélico por su preciosa y clarísima enseñanza sobre los Santos Ángeles, pero también por el modo de su vida.
Yo le cuento que ningún teólogo, ninguno de la Iglesia Católica ha sido tan abiertamente recomendado por los Papas como Santo Tomás de Aquino. Le cuento también que el Catecismo de la Iglesia Católica (más de un cincuenta por ciento) depende de las enseñanzas, de los términos, de las razones de Tomás de Aquino. Abra el Catecismo de la Iglesia, busque usted los temas más neurálgicos, los temas centrales de nuestra fe, y encontrará referencias a Santo Tomás: por ejemplo, la Trinidad, por ejemplo, la Cristología, ¿quién es Jesucristo?, la Eucaristía, los dones del Espíritu Santo, las relaciones entre las virtudes humanas y la gracia.
En todos estos temas que son centralísimos para nuestra fe cristiana, Santo Tomás ha recibido indudablemente un auxilio muy grande del Cielo. Porque sus propuestas, sus formulaciones, son prácticamente las que han quedado para la Iglesia.
Esta formación nace en primer lugar para los amigos del movimiento católico Sanctus. Pero, está abierta a todos y por eso también está en público: está para todos. Que Dios nos ilumine, que Santo Tomás interceda por nosotros. Pongámonos al finalizar esta primera reunión en presencia de Dios y encomendemos este camino que estamos iniciando con las manos y con la oración de María.
Dios te Salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres; bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Que Dios nos bendiga, en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Hasta la próxima, mis amigos.