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Fecha: 19961103
Título: Martin de Porres: un Santo que evangelizo la humildad
Original en audio: 12 min. 38 seg
Hermanos:
Estamos celebrando hoy a San Martín de Porres, me corrijo, estamos celebrando hoy la santidad de Jesucristo realizada en Martín de Porres, todavía mejor, estamos celebrando hoy el poder y la gracia y la sabiduría del Evangelio realizadas en la existencia de Martín de Porres.
Martín era lo que en una época se llamó en Colombia un "hijo natural", su padre, un español, su madre, una mulata. En su infancia, por su color y por su origen, fue insultado con desprecio, especialmente con las palabras: "Perro mulato".
Desde el punto de vista de la psicología, en Martín de Porres hay todos los ingredientes para tener un amargado. Por pobre, podía haber sentido odio hacia los ricos o acomodados; por "tiznado", por mulato, habría podido sentir odio hacia esa raza blanca explotadora.
Por ignorante, habría podido odiar a los entendidos, a los estudiosos; y por hijo ilegítimo, habría podido ser un resentido de todas esas familias honorables, en las cuales con tanta frecuencia el señor de la casa es respetabilísimo dentro de su casa, pero irrespetable en los hijos que engendra fuera del hogar.
Martín de Porres tenía entonces todos los ingredientes para ser el clásico amargado, el clásico resentido, aquella persona que siente que su vida arrancó con desventaja.
Y tal vez esta sensación, la hemos tenido alguno de nosotros, quizá más leve que la de Martín, porque es difícil encontrar a una persona que tuviera lo que en inglés llaman tantos "handicaps", una persona que empezara su existencia con tanta desventaja: pobre, mulato, en un ambiente de discriminación racial, hijo ilegítimo, ignorante, humilde.
Y sin embargo, sobre esta base, que daba más para un resentido que para un cristiano, fue obrando la gracia de Dios.
Y por eso, yo me permito proponer que ya no digamos tanto que Martín de Porres se santificó en la humildad, sino que mejor digamos que Martín de Porres evangelizó la humildad, porque la idea que muchos de nosotros tenemos de humildad, es como una especie de cobardía: ser humilde es ser cobarde para muchas personas, y desde luego, que porque piensan así de la humildad, no quieren ser humildes.
Así pensaba de la humildad por ejemplo, un filósofo Federico, en alemán Friedrich, Nietzsche, y Nietzsche maldecía y abominaba esa humildad de los cristianos, y consideraba que esa humildad, a la que él llamaba maldita, era la que no dejaba progresar a las personas.
Él consideraba que esa humildad se constituía como en una especie de máscara de yeso que no deja que aparezcan las verdaderas facciones en el rostro y que aparezcan los verdaderos pensamientos y aspiraciones en el corazón.
Por eso, orientados por el ejemplo de Martín de Porres, debemos preguntarnos si esa es la humildad cristiana.
Lo que se predica en un púlpito, que puede ser este o cualquier otro, lo que se predica en el púlpito sobre la humildad, lo que se le recomienda a usted como cristiano, lo que Jesús nos ha dicho en el Evangelio: “Aprended de mí que soy humilde” San Mateo 11,29, ¿qué significa exactamente?
A mí me parece que la humildad necesita ser evangelizada y me parece que en este sentido, Martín de Porres es realmente un adelantado, realmente es un abanderado de esa obra de evangelización.
Humildad es una palabra que viene de "humus", en latín, y "humus" es la palabra que sirve para indicar el suelo, la tierra. Humildad es la condición de aquel que está abajado, que está abajo como la tierra, como el suelo, como el polvo. Pues hay dos maneras de estar en el suelo: cayéndose o levantándose.
Uno puede estar en el suelo, o muerto, y entonces ni se cae ni se levanta, o puede estar vivo; y si uno está en el suelo y está vivo, o se está cayendo o se está levantando.
Esta metáfora quiero utilizarla para explicar que hay dos mentalidades: a la una la voy a llamar la mentalidad del perdedor, y uno puede ser humilde con mentalidad de perdedor y entonces es un amargado; o uno puede ser humilde con mentalidad de ganador, y entonces se llama San Martín de Porres.
Esa sí no se la esperaba usted, no esperaba que le dijeran ene este día que Martín de Porres es un ganador, pero es así.
¿La alegría de su rostro moreno, la paz de su corazón, la generosidad en sus manos, pueden tener lugar en una vida amargada? Usted y yo conocemos personas amargadas, quizá usted es una persona amargada, de esas que nunca pueden tomar leche porque les llega kumis al estómago. Si usted es una persona así amargada, conviene que mire el rostro alegre de Martín de Porres.
Les repito: uno puede ser un humilde con mentalidad de perdedor, o un humilde con mentalidad de ganador. ¿Cuáles son las características de estos humildes? ¿En qué se caracteriza la mentalidad del perdedor? Le doy tres señales, para que usted intente evitarlas, para que con la gracia de Dios, el ejemplo y la intercesión de Martín, las venza en este día.
Primera señal de la mentalidad del perdedor: vive mirando el pasado, siempre tiene alguien a quien echarle la culpa. "Ah, Martín de Porres hubiera podido ser uno de estos: "Claro, yo tengo que ser un desgraciado, yo tengo que ser un iracundo y un amargado porque mi papá no me reconoció, porque yo soy un hijo natural".
Él tenía razones para quedarse mirando al pasado, pero es que el perdedor es el que se queda mirando al pasado y echándole la culpa a otros. Esta es la primera señal de la mentalidad del perdedor: Intenta resolver todos sus problemas acudiendo al pasado.
"Yo tengo que ser un pobre pecador, porque mi bisabuelo una vez insultó a mi bisabuela, y eso pesa sobre mí, y ya nunca podré quedar libre de esa terrible maldición de que mi bisabuelo haya insultado a mi bisabuela". Esa es la primera señal: andar mirando al pasado y echándole la culpa al pasado. Esa señal no la tenía Martín de Porres.
Segunda señal: la mentalidad de perdedor intenta llevar las cuentas estrictas y claras de cuánto da y cuánto recibe, cuánto le da la vida y cuánto recibe de la vida; es una persona que intenta desquitarse, intenta vengarse, intenta que haya justicia, intenta que si yo di tres centavos de sonrisa, me den tres centavos de sonrisa, y si alguien no me da cinco gramos de cariño, no le doy cinco gramos de cariño.
Es una persona que lleva cuentas estrictas, cuentas meticulosas y pretende resolver el problema de la justicia a base de cositas pequeñas. Cifra entonces toda la esperanza y la felicidad en pequeñeces, en nimiedades que nunca le llenan.
y por eso, tercera característica: la mentalidad del perdedor siempre tiene algo de qué quejarse, en cualquier persona, en cualquier circunstancia, en cualquier historia, siempre mira el lado negativo de las cosas.
Estas tres características hacen que el perdedor no sólo esté en el suelo, sino que ya se está enterrando. Mientras que el humilde con mentalidad de ganador está en el suelo, pero está resucitando, y esa es la vida de Martín de Porres.
Es una vida en continua pascua, es una vida en profunda resurrección, es un hombre que no se quedó mirando sus tristezas del pasado, ni su origen pecaminoso, ni su falta de cultura.
Se puso delante de Dios con lo poco que tenia, miró hacia el futuro, se levantó entonces de ese suelo y desde ese suelo, con mentalidad de ganador, un día ganó el cielo, porque suelo y cielo se parecen mucho, para el que tiene humildad con mentalidad de ganador.
¿Qué podemos hacer nosotros entonces? Pues que la mano santísima de Martín de Porres trace su bendición sobre nuestras vidas.
Dejemos de estar hurgando el pasado, dejemos ya de estar viendo si es que pesan sobre nosotros maldiciones, historias o pecados de por allá de nuestra familia, y tomando en serio lo que nosotros somos y ofreciéndolo a Dios con alegría, sigamos los pasos benditos de San Martín de de Porres.
Amén.