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Fecha: 19970514
Título: Apostol es aquel que ha sido amado por Jesucristo y permanece en su amor.
Original en audio: 4min. 51 seg.
San Matías es un caso particular dentro del grupo de los Apóstoles, porque de él sólo sabemos el momento de la elección, de la elección divina, luego confirmada o conocida por los otros Apóstoles, a través de la plegaria y a través de algunas suertes que echaron; sólo sabemos eso.
Parece que en este caso, como en algunos otros de esos santos de la época de Jesucristo, lo que nosotros conocemos es aquello que Dios quiso que conociéramos, como centrando nuestra mirada en un solo punto.
Sucede algo parecido a lo que sucede con José, por ejemplo, el esposo de la Virgen María, del cual sabemos tan pocas cosas, pero que resulta, desde luego, tan importante para la historia de nuestra salvación.
En este caso, la providencia divina ha querido instruirnos sólo sobre este momento de la elección, como queriendo enseñarnos con el Apóstol Matías, en qué consiste lo esencialísimo de ser apóstol. Porque eso es lo único que sabemos de Matías, que fue apóstol. Y por eso, de alguna forma, nos toca concentrarnos en ese solo detalle.
La expresión con la que resume el Apóstol Pedro la misión de los apóstoles es completa.
"Necesitamos, -dice aquí-, hace falta que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba hasta el día de su ascensión" Hechos de los Apóstoles 1,21-22.
Ahí esta el resumen de lo que significa la palabra apóstol en su origen, un testigo de la Resurrección del Señor, asociado al grupo de los otros testigos. Un testigo, que puede efectivamente, dar testimonio de que Cristo ha resucitado, porque convivió con Él, porque conoció su ministerio público, que se entiende iniciado en el bautismo de Juan, y que se entiende concluido en el día de la Ascensión.
En efecto, podía dar testimonio de que Cristo ha resucitado, aquel que pudiera decir: “El mismo que murió en el Cruz, ese es el mismo que se nos ha manifestado ahora vivo”. Y esa es la misión del Apóstol.
Desde otra perspectiva, el evangelio de Juan nos cuenta quién es aquel que es apóstol. Es una dimensión, podríamos decir, es una definición ya no externa, por lo que ha vivido, por lo que ha acompañado exteriormente, sino interna.
Es necesario que el apóstol, no sólo haya hecho el itinerario exterior desde Galilea hasta Jerusalén, sino que haya hecho el itinerario y el camino interior en el amor.
¿Quién es el apóstol, de acuerdo con el evangelio que hemos escuchado? Es aquel que ha sido amado y se ha reconocido amado por Jesucristo y que permanece en su amor.
Es un testigo del amor de Cristo, y es aquel que puede transmitir ese amor a otras personas; apóstol es el que cumple el mandato del Señor Jesús de amar como el mismo Cristo nos ha amado, y por lo tanto, es aquel que da la vida, como Cristo dio la suya.
En el primer sentido, el número de los apóstoles queda cerrado. Porque para ser apóstol, en el primer sentido, hay que haber convivido con Jesús durante el tiempo de su ministerio público.
En el segundo sentido, en cambio, también nosotros estamos llamados a ser apóstoles. Porque Jesucristo, dijo la Carta a los Hebreos, “es el mismo mañana, hoy y siempre” Carta a los Hebreos 13,8.
Nosotros, amados por este Cristo, unimos nuestra vida, la ofrenda de nuestra vida, a la de Jesucristo, para la vida del mundo; y de esa manera, participamos de la misma misión de los Apóstoles, dando testimonio no por el camino exterior, sino por el camino interior del amor que salva al mundo.
Así nos lo conceda Dios, de quien procede toda dádiva y don perfecto.
Amén.