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Fecha: 19980729
Título: Las virtudes teologales en Santa Marta
Original en audio: 7 min. 40 seg.
Generalmente, asociamos a esta Marta de Betania con aquel pasaje en que se la compara con su hermana María. Y en esa comparación, Marta recibe una corrección del Señor, porque se le invita, no tanto a ocuparse de atender a Cristo, sino de dejar que Cristo la atienda a ella.
Parece que es más perfecto lo que Dios hace en nosotros, que lo que Dios hace con nosotros. Pero, la declaración de santidad que presenta la Iglesia en este día, no es por lo que Marta no es, sino por lo que Marta es, por lo que ella es, por lo que ella representa.
Con esto quiero decir, que si el único dato que tuviéramos de Marta fuera el del pasaje en el que se le compara con María, pues no habría una razón particular para creer en la santidad de ella. Mas son otros pasajes, y particularmente, el que hemos escuchado en el evangelio, los que llevaron a la Iglesia a hablar y sobre todo a celebrar la santidad de esta mujer.
Dos virtudes teologales, principalmente, sobresalen en el breve diálogo que tiene Marta con Jesús cuando Él llega con motivo de la muerte de Lázaro. "Yo sé que resucitará en el último día" San Juan 11,24.
Esto es un acto propio de la virtud de la esperanza. "Yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo" San Juan 11,27; este es el ejercicio propio de la fe teologal. ¡Una fe y una esperanza que ella proclama en público!
"Muchos judíos habían ido a darles el pésame" San Juan 11,19. Pues en medio del duelo y en medio de la gente, una proclamación abierta de fe y de esperanza en Jesucristo allí presente: "Aún ahora sé, que lo que le pidas al Padre Celestial, lo concederá" San Juan 11,22.
Las frases que dice Marta a Jesucristo en este diálogo, son cada una de ellas un tesoro de meditación, una jaculatoria, una escuela de espiritualidad para nosotros.
Ante un caso completamente perdido, en especial después de tres días, como es un muerto, Marta dice: "Aún ahora sé, que lo que le pidas a Dios, Él te lo concederá" San Juan 11,22. Yo pregunto: ¿Qué le será negado a una fe de ese tamaño?
¿Puede haber algo grave en nosotros? ¿Como algo que está enfermo? Supongamos que es demasiado grave: alguien que se haya muerto en nosotros, alguien que esté así, como Lázaro, en el sepulcro. Porque Marta no era ilusa. Lo sabemos por el diálogo que ella sostiene con Cristo cuando Él manifiesta que destapen la tumba. Ya debe tener mal olor, ya hiede; ella sabe que está muerto.
¿Será que hay algo tan grave en nosotros, que no sólo esté muerto, sino que ya apeste? En ese caso, necesitamos la fe de Marta para decirle a Jesucristo ante la realidad de nuestra vida: "Señor, esto está muerto: esta parte de mi vida, esta parte de mi vocación, esta parte de mi fe, esta parte de mi afecto, esta parte de mi pureza, esta parte de mi sinceridad. ¡Se enfermó, Señor! ¡Se agravó! Si tú hubieras estado ahí, no se hubiera muerto; pero se ha muerto".
"Hay una parte de mí que está muerta, Señor, y ya apesta. Quizá la gente lo nota: que se ha muerto la ilusión en mi vida, que se ha muerto la esperanza en mi vocación, que se ha muerto el ardor en mi predicación. Eso está muerto y apesta. ¡Apesta! ¡La gente ya lo nota! Pero aún ahora, Señor, si tú le pides a Dios, lo que tú le pidas, Él te lo concederá".
Esta es una fe monumental, esta es una fe gigantesca, esta es la fe que se pone completamente al alcance del poder de Dios, y esta es la fe que logra los milagros verdaderamente notables.
Pero no termina aquí la grandeza de esa alma iluminada por la gracia. "Yo sé que resucitará en la resurrección del último día" San Juan 11,24, dice ella, con lo cual estaba diciendo también, su esperanza.
En cierto sentido, la esperanza es casi más grande que la fe. Porque la esperanza sabe que no alcanzará el objeto de su anhelo, sino después. En cambio, ante una fe gigantesca como ésta, las obras aparecen por decirlo así, inmediatamente.
La fe tiene su conexión profunda con la esperanza. Pero, repito, en cierto modo la esperanza gana, en cierto modo la esperanza es mayor, porque la esperanza ni siquiera necesita la victoria ahora. Es como una seguridad que vence incluso al tiempo.
Ejercicio: ir al evangelio de Juan, tomar estos textos, repetir las frases de Marta, unirnos a esa fe y a esa esperanza.
Pero, de las tres virtudes teologales, quedó faltando una. Quedó faltando el amor; no porque le faltara a Marta, sino porque en esa virtud del amor, seguramente tenía que ser aún más enseñada por la contemplación y por la escucha, como lo dice el famoso pasaje de Marta y de María.
Creo que sí aprendemos. De una fe gigantesca y de esta esperanza inmensa, el Señor, por su gracia, nos concederá el Espíritu. Porque Él mismo dijo, que, "¿cómo iba a negar el Padre Celestial al Espíritu Santo a quienes se lo pidiéramos?" San Lucas 11,13.