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Fecha: 19990101
Título: La Octava de Navidad
Original en audio: 5 min. 43 seg.
Cuando hay una celebración que es muy grande, no alcanza a caber en un día, entonces lo que la Iglesia hace es prolongar esa celebración durante varios días, o si lo queremos mirar de otra manera: crear días más largos. Cuando una persona tiene mucho trabajo dice: "Yo necesito días de treinta o de cuarenta horas", porque es una persona muy ocupada.
Pero esas ocupaciones nuestras casi siempre son tratando de tener más dinero, de resolver más problemas, de conseguir mejores ganancias. La Iglesia tiene otros motivos para alargar los días, no para producir más dinero ni para gozar más, sino para celebrar más, para alabar más.
Hay dos de de estos días largos en el año: se llaman Octavas, porque tienen la duración de ocho días, pero en realidad es como si fuera un solo día.
Cuando celebramos la Semana Santa y llega el día de la Resurrección, todo lo que hay que decir de la Resurrección, lo que hay que cantar, lo que hay que celebrar, lo que hay que bendecir, lo que hay que meditar no cabe en veinticuatro horas: necesitamos un día más largo.
La gente de la Iglesia se dio cuenta, esto no cabe en un solo día, y entonces hubo un día más largo; un día de ocho días: se llama la Octava de la Pascua, como culminación de la Semana Santa.
Lo mismo pasa con la Navidad: Dios se hizo hombre, ha nacido de una Mujer, el Hijo eterno de Dios ha venido a nuestra tierra; ese es un misterio muy grande, no cabe en nuestra mente; hay muchas lecturas, hay muchos cantos y mucha alegría, ¿qué hacemos? ¡Un día más largo!
Así surgió la Octava de Navidad que comienza el veinticinco de diciembre y termina precisamente hoy, o sea que me permito informarles que la Iglesia Católica tiene días largos, días extensos; es como un solo día celebrando.
Lo mismo pasa con la gente que le gusta mucho el trago y la parranda, sólo que a ellos les gustan los días largos para no salir de su borrachera o de su traba durante dos, tres, cuatro días, o lo que resista el organismo.
Nosotros le ganamos a los borrachos, porque borracho que se respete puede llegar al tercer día o algo así, antes de caer en su coma hepático; en cambio, nosotros revestidos por el Espíritu Santo, fortalecidos por el amor de Dios, tenemos un día de ocho días en el que celebramos la Navidad que culmina hoy, hoy es el resumen de esa celebración de la Navidad.
Por eso, cristiano que se respete, que tenga especial amor a estas celebraciones, durante esos días no se pierde nada, porque son como un solo día, así como usted cuando asiste a la Misa no se sale un rato y luego vuelve, sino que se queda porque es la misma celebración, así también durante esas Octavas sería muy bonito que tomáramos la costumbre de vivir toda la Octava, desde el veinticinco hasta el primero de enero.
El veinticinco de diciembre estábamos celebrando a Jesús, el Hijo de María; y hoy celebramos a María, la Madre de Jesús, esta es la fiesta de María, Madre de Dios.
Al principio de esta celebración veíamos a un solo Niño, aquí aparece representado en estas imágenes; éste fue el cuadro que se encontraron los pastores: la Virgen, José y el Niño; al final de esta Octava aparecen muchos niños.
Mira lo que dice la segunda lectura: "Cuando se cumplió el tiempo fijado envió Dios a su Hijo" Carta a los Gálatas 4,4, eso fue el veinticinco de diciembre, "que nació de una Mujer y se sometió a la Ley, para rescatar a los que vivíamos sometidos a la Ley, y para fuéramos hijos adoptivos de Dios" Carta a los Gálatas 4,5.
El fruto grande de la Navidad es que de un solo Niño que tenía Dios, ahora tiene muchos niños que somos todos nosotros. Hemos recibido el mismo Espíritu Santo que tuvo Jesucristo. Todos nosotros nos unimos a Él y amamos, y adoramos, y celebramos a un mismo Dios y Padre.
Hay una Mujer que está en el nacimiento de ese Hijo, y hay una Mujer que está en el nacimiento en la gracia para todos nosotros. Esa Mujer se llama María; nosotros nos alegramos con Ella, le agradecemos, y desde ya hacemos un propósito: "Cuando llegue la Octava de la Pascua, -que va a ser en unos meses-, voy a vivir esa Octava".
Especialmente la gente que haya sido parrandera y jugadora, dígase en su corazón: "Ya conocí cómo eran las fiestas de varios días, ahora voy a conocer cómo son la Octavas de la Iglesia".
Felices nosotros que conocemos estos misterios, que recibimos este espíritu y que tenemos a María como Madre amantísima de nuestra vida en Dios.