Sino008a
Fecha: 20091228
Título: Nosotros tambien podemos estar viviendo el mismo proceso que vivio Herodes hasta llegar a matar a los Santos Inocentes
Original en audio: 35 min. 13 seg.
Es tan terriblemente cruel la obra de Herodes, según cuenta en este evangelio que acabamos de oír, es algo tan monstruoso que corremos nosotros el riesgo de mirarlo como demasiado lejos.
Es decir, cuando uno se encuentra con crímenes, cuando se encuentra con pecados terriblemente escandalosos, obras inmensamente inicuas, uno siente, y tal vez se puede equivocar en eso, que lo que se le cuenta, lo que se dice, por ejemplo aquí de Herodes, es algo muy lejano; es decir, es como cuando uno oye las historias de la Segunda Guerra Mundial, o del genocidio en Ruanda, o en las clínicas de aborto, uno dice: "Todo eso es espantoso, pero todo eso está allá lejos". Yo creo que esa es una manera un poco cómoda de razonar y de pensar de nosotros mismos.
El ejemplo de los santos es muy diferente. Si nosotros vemos a Catalina de Siena, por tomar un ejemplo al azar, vemos que ella se consideraba responsable de la situación de la Iglesia, una cosa que resultaba muy difícil de entender para los directores espirituales, para los confesores de ella. Veían una mujer muy entregada a la oración y la piedad, que cuando se iba a confesar se confesaba de los males de la Iglesia, de las desgracias del mundo: "¡Soy culpable!" Resultaba muy difícil de entender para ellos.
Algunos incluso podrían pensar que es algo semejante a una patología que tienen algunos loquitos que se acusan de todo. Si hubo un atentado contra el Presidente Obama allá en Houston, entonces el loquito va aquí al juzgado del municipio y dice: "Yo fui el que planeó ese atentado". Esa es una patología, una..., no sé qué nombre particular tendrá ese género de alucinación persistente.
Entonces algunos podrían pensar que Catalina de Siena tenía ese tipo de alucinación, una especie de megalomanía pero al revés, es decir, creerse uno gran cosa pero asociándose a las desgracias y males del mundo.
Afortunadamente para nosotros, hubo algún director espiritual que probablemente fue Raimundo de Capua que logró aclarar qué era lo que sucedía, por qué esta piadosa virgen se acusaba de tantas cosas. Entonces ella dio la razón: "Si otra persona hubieran recibido las gracias que Dios me ha concedido a mí, de tal manera las habría aprovechado para bien de la Iglesia que muchas desgracias se habrían evitado".
Entonces ella no estaba simplemente imaginándose, en un mundo de fantasía, imaginándose que ella era responsable de todo el mundo, sino que tenía una viva conciencia de lo que había recibido, y se encontraba directamente ligada a las desgracias del mundo.
Es exactamente lo contrario de lo que sucede en aquella conciencia cómoda que tienen muchos católicos, a veces laicos, a veces religiosos que sienten que si hacen bien la parcelita, es decir, si cumplen bien con su pequeño deber: "Yo soy una ama de casa, yo hice bien la comida, dejé limpios y organizados a mis hijos, yo ya cumplí con lo que yo le tenía que dar al universo", y no caemos en cuenta que tenemos una responsabilidad que trasciende el ámbito inmediatamente personal y familiar.
¡Qué grandioso es este pensamiento, sobre todo cuando lo recordamos en el contexto de un monasterio de clausura! No se trata de engendrar sentimientos de una culpabilidad continua o enfermiza, sino se trata de tomar conciencia que el volumen de amor que nosotros hemos recibido conlleva una responsabilidad, y que el verdadero tejido del mundo no lo dan las leyes de la Física sino lo dan las leyes del espíritu.
Tiene más fuerza la comunión de los santos que cualquiera de las leyes de la Física; estamos más conectados con los seres humanos a través de los vínculos de caridad, o desconectados de ellos por razones de indiferencia o de odio, que lo que podamos estar por cualquier otro título.
La verdadera realidad, la única realidad que de veras cuenta es la realidad del amor, y esto es lo que explica también fenómenos místicos tan extraordinarios como la bilocación que experimentaba San Martín de Porres o San Pío de Pietrelcina. Estas personas de tal modo se sentían ligadas al dolor del mundo, a las necesidades de los demás hermanos que la realidad física pasaba a segundo plano.
Donde esté, donde diga la Física, donde digan las leyes de la Física que está mi cuerpo, no importa, lo que importa es trascender a través de esa fuerza incalculable del amor, y el milagro sucedía. Con este antecedente nos encontramos también otro santo, San Felipe Neri. San Felipe Neri nos da otro aspecto introductorio a esta fiesta que yo creo que es muy importante.
Téngase en cuenta que de Santa Catalina de Siena se decía que estaba siempre jovial, alegre, era una persona llena de cariño y de gozo; quizás cuando uno mira toda esa austeridad de sus escritos, se hace una imagen distinta de ella. Pero ella, lo que le faltaba en belleza física, porque no era bonita y no la pinten bonita, lo que le faltaba en belleza física lo tenía en gracia, en cariño hacia las personas, en amor.
Bueno, pues Felipe Neri era otro que también tenía esa, podríamos llamarlo, urbanidad sobrenatural, esa cortesía que trasciende los límites de la conveniencia humana. Felipe Neri era un personaje sencillamente encantador, uno de los grandes carismáticos de todos los tiempos, un hombre jubiloso, un hombre con una experiencia increíble del espíritu, pero en sus oraciones Felipe Neri le decía a Jesús: "Si no me sostienes, te traicionaré peor que Judas", es decir, Felipe tenía clara conciencia que él no estaba lejos de ningún pecador.
Es sabido que en la Iglesia Católica, para bien o para mal, siempre se ha tenido el pecado de Judas como el peor de los pecados posibles, porque es directamente ofender a Dios y en cierto modo obstaculizar, destruir su plan, matar al Hijo del Dios, bueno, ¿qué más grande, qué peor puede haber que eso?
Pues bien, Felipe Neri dice: "Si no me sostienes, Señor, te traiciono y te traiciono peor que Judas". Y esto es maravilloso porque, esto hacía que Felipe Neri todo el tiempo se sintiera como un milagro viviente. Él miraba su propia vida como un milagro continuado: "¿Por qué no estoy yo destruyendo la obra de Dios? ¿Por qué estoy de alguna manera sirviendo a su causa? Porque yo mismo soy un milagro que subsiste, soy un milagro continuado".
Y esta experiencia es la experiencia continua de la gracia, y la experiencia continua de la gracia produce la experiencia continua del gozo, de la alegría, de esa simpatía sobrenatural que irradiaba nuestro querido Felipe Neri.
Otro que tenía fama de alegre, nuestro padre San Francisco de Asís, tenía una experiencia semejante. A San Francisco le preguntaron alguna vez que por qué Dios derramaba tantas y tantas gracias sobre él, y entonces la respuesta de Francisco fue más o menos equivale a esto: "Porque no encontró otro peor en el cual pudiera brillar mejor su misericordia"; es decir, Francisco sentía que obrando Dios en él, estaba todo el tiempo, día a día, minuto a minuto, estaba publicando la grandeza de su amor, la grandeza de su gracia.
El mismo San Pablo se llama a sí mismo: "Soy el peor de los pecadores, el primero entre los pecadores soy yo", así dice San Pablo en la Primera Carta a Timoteo. Así que el ejemplo de Francisco, de Pablo, de Felipe Neri, de Catalina de Siena y de muchos otros, nos muestra que ninguno de estos hombres y mujeres se sentían lejanos de los pecadores, lo cual indica que cuando nosotros leemos el texto de Herodes y los niños inocentes y arrugamos la frente y decimos: "¡No, no, no, no pero qué es esto por Dios! ¡Qué cosa tan horrenda! ¡Cómo se le ocurre!
En ese momento estamos demostrando nuestra infinita mediocridad, la pequeña conciencia que tenemos de nuestra responsabilidad socio-espiritual, óigame esa palabra, nuestra responsabilidad socio-espiritual que va en la línea de la comunión de los santos y nos muestra también cuánto estamos viviendo más de nuestros propios créditos que de sobrevivir, de nadar en la gracia de Dios.
Porque lo más admirable de Felipe por ejemplo, era que la gente lo veía nadar en la gracia de Dios. Era un hombre que se sentía un regalo perpetuo, un regalo continuo. Algunos de los testigos en el proceso de beatificación de Juan Pablo II dicen cosas semejantes. Dicen que en medio de todas sus responsabilidades de cargas y problemas que realmente agobiaban a la curia del Vaticano, el Papa Juan Pablo era el más tranquilo de todos, era el que sabía, el que se sentía mejor sostenido en el océano de la gracia divina.
Entonces, esto ya indica que podemos aprender bastante del evangelio de hoy. Podemos aprender sobre todo del proceso que vivió Herodes, porque, según estos razonamientos, si nosotros no estamos de verdad tan lejos de Herodes, entonces el proceso que vivió Herodes seguramente nos puede enseñar muchas cosas.
Ahora ustedes noto que se echan de para atrás en la silla como diciendo: "¿Qué tengo yo que ver con Herodes?" Cuidado con lo que va a decir, "yo no tengo nada que ver con Herodes, yo respeto los niños, yo jamás haría una cosa así", etcétera.
Pues miremos el proceso de Herodes. Ante todo, ¿de dónde salió Herodes? ¡De la mamá! La mamá era de una región que se llamaba Idumea. Idumea, históricamente está relacionada con uno de los antiguos, antiguos, Edón, y Edón es otro nombre para Esaú, así que fíjese lo antiguo que es eso. Resulta que Esaú y Jacob eran los dos hijos de uno de los patriarcas: Isaac.
Entonces la cosa es interesante, eso es toda una novela. Isaac tiene dos hijos que son: Esaú, llamado también Edón, y Jacob, llamado también Israel. Edón, que en hebreo significa rojo, es el que le da el nombre a la región de Idumea, o sea que los idumeos y los israelitas, o para efectos prácticos, los judíos. Los idumeos y los judíos eran primos pero primos que no se entendían bien, cosa que no tiene nada de raro, porque resulta que los israelitas nunca se han entendido bien con ningún pariente suyo.
Entonces había una pugna, una rivalidad entre esos dos. Estas rivalidades tienen mucha lógica. A pesar de que la Biblia habla de la Tierra Santa como tierra que mana leche y miel, en realidad es una tierra con mucha escasez, donde la pelea, la competencia por los recursos es constante.
Esto significa que todos estos pueblos vecinos, como decir: Idumea, como decir Moab, como decir Filistea, que era otro nombre para toda esa región, como decir Canaán, todos los pueblos que se mencionan en la Biblia y que están relacionados con estas tierras, son pueblos que tenían que competir por recursos escasos y que, por consiguiente, entraban con facilidad en pugna.
Otra consecuencia de esa rivalidad es que cuando hay un enemigo, lo que le sucede de malo a mi enemigo es un bien para mí. Entonces se creó un resentimiento espantoso entre los idumeos y los judíos porque en el siglo VI, los caldeos invadieron a los judíos, invadieron Jude y entraron a Jerusalén y enviaron a los judíos al exilio. Y cuando Jerusalén estaba siendo asediada por el ejército caldeo con Nabucodonosor a la cabeza, entonces los idumeos se pusieron del lado del pueblo invasor y festejaron la caída de Jerusalén.
Eso quedó grabado profundamente en el corazón judío: "El idumeo es un traidor, el idumeo es un cínico cruel, el idumeo es aquel que en el peor momento, en el momento en que lo necesitamos va a voltear la arepa a va a venirse en contra de nosotros. El idumeo es un traidor, es un peligro, es un mentiroso, es un sanguinario".
Bueno, resulta que la mamá de Herodes era idumea y resulta que Herodes aparece aquí como rey de los judíos, o sea, calcule lo que estamos diciendo, están separados, en tensión, en rivalidad y en resentimiento los judíos y los idumeos, y resulta que Herodes era un idumeo, un idumeo que había montado, probablemente no era un invento de él, toda una genealogía que lo relacionaba con los macabeos.
Entonces, si ustedes miran la primera o la segunda edición, no sé si en la tercera salió eso, de la Biblia de Jerusalén en español, ustedes encuentran que hay toda una genealogía que lleva desde los macabeos hasta Herodes Antipas, tanto Herodes papá como por supuesto Herodes hijo.
Entonces este señor, esta familia Herodes, colgándose de una genealogía rebuscada del parientes, del primo, del amigo, del concuñado, resultaban relacionados no con la dinastía de David sino con los macabeos, es decir, por más que retorció las palabras y buscó y rebuscó papeles, no encontró manera de relacionarse con David, y sabemos que la promesa era para la dinastía de David.
Los macabeos fueron unos celosos de la Ley, unos hombres valientes, una familia de valientes, básicamente guerrilleros, como sabemos, que en tiempo del Imperio Helenístico, o sea, de Antíoco IV, Epífanes y sus secuaces, lucharon contra la dominación extranjera, pero los macabeos no tenían nada que ver con la dinastía davídica.
Y este Herodes, a lo sumo, suponiendo que haya hecho bien todas las cuentas, resultaba conectado con los macabeos, nada que ver con David; o sea que ¿dé donde salía Herodes como rey? De nada, de la nada. Era un rey falso, era falso como moneda de cuero. Eso era el rey Herodes, y él lo sabía.
Esto nos permite empezar a desenredar qué fue lo que sucedió con Herodes. Herodes viene de una familia codiciosa y él mismo era un codicioso. Voy a describir aquí la cadena de Herodes, a ver en cuáles de esos eslabones encontramos algo que nos sirve de enseñanza a nosotros.
La codicia, por ahí empieza la cosa: codicia de poder, codicia de dinero, codicia de privilegios, codicia. La codicia lleva a la injusticia, tomar lo que no es propio. La injusticia lleva a la inseguridad. Es más o menos como que yo llegara pasado mañana a Costa Rica a decir: "Bueno, desocupen esa casa presidencial que ahora yo voy a ser el presidente". Eso no tiene el menor asidero, entonces si yo me monto en donde no quepo, pues voy a sentir inseguridad.
Repito, la codicia produce injusticia, la injusticia produce inseguridad. Es famoso que Herodes era inseguro, voluble y supersticioso. Ustedes recuerdan que en el evangelio de Lucas, lo único que le interesaba a Herodes con respecto de Jesús era ver qué trucos raros sabía hacer.
Herodes desarrolló, -ese era Herodes hijo, por supuesto-, pero era digno hijo de su papá, o sea que él hizo lo que leímos en el evangelio de hoy. Herodes papá, Herodes hijo, eran gente supersticiosa, vivían para la brujería, para la magia, para los augurios, por eso se entendían tan bien con los romanos que eran otros supersticiosos. Herodes lo que hacía era jugar ese juego político, ese juego de las conveniencias y las negociaciones.
Pero no perdamos de vista la cadena, vea: la codicia produce injusticia, la injusticia produce inseguridad: "Estoy montado en una bomba de tiempo, en cualquier momento me sacan de aquí". La inseguridad interior produce miedo hacia lo de fuera, miedo exterior, miedo hacia cualquier amenaza. Herodes sentía: "En cualquier momento esta gente termina de darse cuenta que yo soy un tramposo y el día que se den cuenta, la primera cabeza que rueda es la mía". Entonces la inseguridad produce miedo, el miedo produce engaño.
Una persona asustada tiene una visión distorsionada de las cosas; la persona asustada, si se le presenta un perrito que está ladrando, diría: "¡Se me vino un puma!" Porque siente que el perro es gigantesco; el miedo agranda los peligros, el miedo produce una visión distorsionada de las cosas. Por ejemplo, si uno es monja de clausura, y uno sufre de esta clase de miedos, ve amenazas en todas partes.
Yo estaba hablando hace poco con un religioso de mi comunidad, un religioso de edad, vamos a decir avanzada; no tan avanzada como otros religiosos que yo conozco, pero sí avanzada, y me contaba historias, eso es delicioso oír uno historias del pasado. Teníamos que hacer un cierto recorrido y nos fuimos conversando, pero el recorrido era yo haciéndole preguntas, es decir, básicamente sonsacando información sobre el pasado de la Orden de Predicadores en Colombia, eso es una cosa deliciosa, eso es espectacular.
Entonces el hombre este me contaba de distintos personajes, casi todos muertos y debidamente enterrados, y me decía él sobre cómo eran estos personajes y los miedos que tenían. Y es una cosa muy interesante, los miedos de los frailes, especialmente los frailes cuando tienen cierto poder, el fraile que llega a una rectoría, el fraile que se hizo con un priorato, el fraile que llega a tener una posición de cierto privilegio y empieza a tener su miedo, y empieza a mirar amenazas, y las amenazas que ve en su visión distorsionada producen el siguiente paso en la cadena de Herodes.
El siguiente paso al engaño es la agresión. Por supuesto que si yo veo que un puma gigantesco me está atacando, y resulta que es un perrito, pero yo lo veo como un animal gigantesco, entonces yo siento que tengo que atacar. Para este Herodes, esos niños que él mandó matar eran "un ejército de enemigos que me va a acabar", él no los veía como bebés, él no los veía como niños, los veía como la amenaza del Imperio, los veía como enemigos personales, los veía como asesinos en potencia. "Por eso, antes de que me asesinen, yo los asesino".
A ver cómo va la cadena: la codicia produce injusticia, la injusticia produce inseguridad que es algo interior, la inseguridad produce miedo que es algo hacia afuera, el miedo produce una visión distorsionada que se llama engaño, el engaño produce agresión, y la agresión, con una nueva dosis de miedo, produce homicidio.
Porque la única tranquilidad, -de esto sabía mucho Pablo Escobar-, la única tranquilidad para una persona asustada es saber aniquilado al enemigo, no hay otra posibilidad sino aniquilarlo. Entonces la cadena completa es: codicia, injusticia, inseguridad, miedo, engaño, agresión, muerte, es decir, homicidio. Son siete eslabones. Cuando ya uno describe los siete eslabones, uno se da cuenta que en esos siete eslabones nosotros tenemos mucho que ver, incluyendo el tema del homicidio.
Uno de los descubrimientos más aterradores que yo haya hecho en mi vida es la cantidad de niñitas homicidas que hay en los colegios. ¿Por qué son homicidas? Porque muy pronto las niñas en los colegios aprenden a matar a sus compañeras; obviamente, no utilizan puñaletas, ni bombas, ni cosas parecidas pero utilizan la primera forma de muerte que es cancelar a la otra persona. Frase típica de niña de siete años y medio: "No te hablo", "no te hablo", dicho por una niña, significa: Te cancelo. Has quedado cancelado en mi vida" Eso es un acto homicida, cancelamos a las personas.
Hay una cantidad de gente que no puede oír hablar de otra gente porque ya la tiene cancelada. Como religioso me llevé ese escándalo alguna vez, hablando con otro padrecito, muerto, debidamente enterrado también, hemos orado por él, y bueno, todos somos pecadores, ¿cierto? Aquí no se trata de decir quién es mejor que nadie, pero yo me acuerdo que a este padrecito si le iba a mencioar a otro cierto personaje y el hombre se transformaba, es decir, lo tenía muerto, lo tenía cancelado.
Ahora yo pregunto, ¿a cuántas personas tenemos canceladas en la vida? ¡Esa gente la hemos matado! Por eso uno de los ejercicios más interesantes, sobre todo cuando uno se encuentra con gente piadosa como suelen ser las monjas, no toda monja es piadosa, pero hay algunas monjas que sí son piadosas. Cuando uno se encuentra una monja piadosa, uno le hace este ejercicio que tiene algo de morboso, ¿no? Pero bueno, hay que hacerlo.
Entonces uno ya más o menos le conoce por dónde va el estilo y uno sabe qué tipo de gente le cae mal, y entonces uno le dice: "-Bueno, hermana, ¿y usted quiere ir al cielo?" "-Claro, claro, su reverencia, por supuesto, todos queremos ir al cielo para estar allá con Jesús, con los santos, con la Virgen, y con todos".
Y en ese momento yo le suelto el nombre de su enemiga: "-¿Y quiere estar también con Sor Filomena tal vez?" Y en ese momento la monja palidece, no sabe qué decir, porque por un lado sí se supone que quiere ir al cielo, pero la perspectiva de pasar la eternidad con Filomena es muy complicada.
Entonces, si usted no quiere pasar la eternidad con Filomena, quiere decir que usted no quiere que se salve Sor Filomena. Entonces la monjita me dice: "No, no, no, padre, es que acuérdese que Jesús dijo que había muchas estancias, Que se la lleven para otra", que se salve, ¿cierto? Pero que quede por allá lejitos, que quede por allá lejos. Entonces, ¿ve? Uno anda con mucho hábito y mucha toca, porque toca, pero debajo de todo ese ropaje, muchas veces hay un corazón egoísta que ha matado, que ha cancelado gente.
Y si uno mira el proceso que lleva una monja a cancelar a otra monja o a cancelar a otro personaje, es casi siempre el proceso de Herodes: Ha habido una codicia, es decir, ambas queríamos algo, ¿cierto? Una de las dos logró quedarse por cualquier medio con lo que se quería, que pueden ser votos, opiniones favorables, que se imponga lo que yo quería, etcétera, y toda la cadena que sigue de Herodes.
Cuando uno siente que las cosas no se han hecho al derecho, entonces uno empieza a sentirse inseguro. Es muy interesante ver la psicología de la persona que se perpetúa en el poder, incluso con motivos inicialmente nobles; pero es que todo puede tener un origen noble. Acuérdate que cuando empezaron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, empezaron luchando por los derechos de los campesinos, por la injusticia, por una reforma agraria. El gran tema de las FARC, hace cuarenta años, no era Hugo Chávez, el gran tema de las FARC era la reforma agraria y no sé qué más cosas.
O sea que el tener un origen noble, no garantiza un crecimiento noble, ni garantiza un desarrollo noble. Entonces uno se encuentra con el caso de muchas personas dentro de la Iglesia que han empezado con unos proyectos nobilísimos, nobilísimos, y luego se perpetúan en el poder. Esos casos los hemos tenido los dominicos y tenemos que hacer una limpieza de memoria histórica, hay que hacer una purga, una catarsis que llaman, de manera que nuestra memoria descanse.
Porque hemos tenido los dominicos una cantidad de gente que ha querido perpetuarse como provinciales, como rectores, como priores, ¿por qué? Porque sienten que eso que han estado construyendo, "si no sigo yo, no lo continúa nadie", y entonces lo que empieza de una manera noble y justa, muy fácilmente después se convierte en un fortín.
Un fortín que causa divisiones, un fortín que sufre de lo mismo que sufrió Herodes, es decir, llega el momento en que yo agarro lo que yo quiero, ya lo tengo aquí, pero me siento en el fondo inseguro, y yo sé de qué les estoy hablando porque he hablado con los testigos de eso, o sea, estoy hablando con gente que conoció esto de primera mano, y aquí no estamos hablando de los problemas del gobierno, ni de burlas de los ateos, estamos hablando de frailes y de monjas y estamos hablando de la Iglesia católica, apostólica en comunión con el Papa.
Entonces, se produce miedo, y entonces se produce una visión distorsionada de la realidad, y entonces se produce la agresión. Nosotros hemos tenido provinciales muy buenos, es verdad, y la gran mayoría creo que han tratado de hacer las cosas lo mejor posible, pero ha habido unos casos, sobre todo en años que uno alcanzó a conocer y anteriores, ha habido casos de provinciales que utilizaban las asignaciones como armas.
"A ver, yo le disparo a usted una asignación,espere, ¡pum! Ahí le cayó su asignación", y esa es un arma, y las destituciones y todo ese tipo de cosas. Entonces, eso de estar mirando: "¡Ay, Herodes, el monstruo! ¡Dios nos libre! ¡Qué cosa tan pavorosa, ese Herodes! ¿Qué sería? ¿Sería que desayunaba con alacranes o qué? ¿Qué le pasaría? ¡Pobrecito!
No, señor, Herodes estaba hecho de la misma pasta que estamos hechos todos debajo del hábito, de la misma pasta, y nosotros utilizamos recursos muy parecidos a estos. Por supuesto que como nuestro ámbito de poder es más chiquito, pues logramos cosas más chiquitas. Por eso hay que pedirle a Dios mucha misericordia por la gente que está montada en el poder. Yo fuera ustedes, yo rezaría bastante por la priora. Yo diría: "Dios mío, ayúdala, ilumínala, que ella pueda hacer las cosas bien buscando la gloria de Dios, y lo mismo todos los que tienen una responsabilidad en el monasterio y en la Iglesia.
Eso de que hay que orar por los superiores, eso es en serio, eso es una cosa muy seria, porque en realidad el tipo de tentación es demasiado sutil, ya le dije: las cosas empiezan de un modo noble, pero luego es muy fácil equivocarse. Para no equivocarse, no existe otro recurso sino continuamente pedir misericordia, examinarse uno a sí mismo, buscar la gloria de Dios y buscar que el corazón tenga lo que tenga, reciba lo que reciba, a nada se apegue sino a Jesús.
Nosotros tenemos que ser como Santo Tomás de Aquino que así tuviera todos los honores del mundo, él decía: "Como recompensa no quiero a nada, sino a ti, Jesús", punto. No quiero nada. Y Santo Domingo de Guzmán dijo: "Merezco que me depongan porque soy un fraile inútil y relajado". Él no estaba diciendo tonterías, ahí hay una sabiduría muy grande.
Pidamos al Señor, por el mérito infinito de estos santos inocentes mártires, que nuestros corazones se abran a la verdad de la denuncia que está en esta fiesta, porque esta fiesta tiene una denuncia, una denuncia no tanto de Herodes; allá que Herodes se las haya visto con mi Dios como haya podido; una denuncia de lo que muchos llevamos seguramente en el corazón.
¿Remedio para esto? Desde el principio pedirle a mi Dios: "Preserva a tu siervo de la arrogancia para que no me domine" Salmo 18,14, o pedirle lo que dice el otro salmo: “Absuélveme de lo que se me oculta” Salmo 18,13, porque a uno siempre se le oculta demasiado del propio corazón. Pedirle con San Agustín: "Dios mío, que yo te conozca y que yo me conozca"; pedirle con Santo Domingo de Guzmán: "Misericordia, Señor, ¿qué será de los pecadores?"
En esa actitud de profunda humildad, de conversión, seguramente podremos acercarnos en algo a la inocencia de estos mártires, de estos niños mártires.
Que Dios nos mire con bondad, que al llegar al centenario de la restauración de los dominicos en Colombia, que Dios nos mire con misericordia y que nos ayude a limpiar tantas cosas, sabiendo que todos somos seres humanos, sabiendo que los que se equivocaron, seguramente se equivocaron tratando, se equivocaron intentando, se equivocaron buscando.
Y sabiendo que es muy fácil para nosotros juzgar a los que ya pasaron. Los que vengan después nos miraran a nosotros y dirán: "¡Mire, ahí está el tal Nelson ese!" O sea que lo único que podemos hacer es clamar misericordia, pedirle ayuda a Dios, hacer nuestra tarea lo mejor posible y al final repetir: "Somos siervos inútiles; hicimos sólo lo que teníamos que hacer" San Lucas 17,10.
Que toda la gloria, mis hermanas, que toda la gloria sea para Dios Padre, para que Jesús el Señor, y para el Espíritu que puede redimir y transformar nuestras almas.
Amén.