Sino005a

De Wiki de FrayNelson
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Fecha: 20011228

Título: Saber escuchar y saber tener en cuenta las excepciones

Original en audio: 8 min. 43 seg.


Una manera de leer este pasaje del martirio de los Santos Inocentes, es mirarlo como una confrontación de poderes. Al fin y al cabo esa fue la óptica que tomó Herodes.

Para Herodes el problema era un problema de poder. Él se sabía, se sentía y se quería rey y tiene noticia de que llega otro Rey.

Siente que su trono tambalea, siente que su poder se agrieta o por lo menos esta amenazado y la actitud cruel, violenta, inútil, que él toma es de una persona asustada que quiere conservar el poder.

Un rey que se enfrenta a otro Rey, y nosotros sabemos que la victoria fue del Rey de Reyes, la victoria fue y es del Señor de los Señores, fue y es de Jesucristo. Este pasaje nos muestra el encuentro entre estos dos reyes, y como el que ganó fue Jesucristo, nos interesa conocer cuál fue el estilo del ganador, el estilo del vencedor.

La medida drástica que tomó Herodes: mandar matar a todos los niños de dos años para abajo, es una medida que quiere ser eficiente, es decir, Herodes funciona con la lógica de la totalidad: ¿qué hago para que todo esté bajo mi control?

La lógica con la que obra Dios, y la lógica que salvó a Jesucristo y la lógica que llevó a que Cristo fuera el vencedor, fue la lógica de la excepción. Cristo es aquí la excepción, Cristo es salvado por excepción.

De aquí sacamos una conclusión: hay que tenerle temor, hay que guardar un poco de distancia frente a toda postura que se quiera presentar como absoluta. Si nosotros luego miramos la vida de Cristo, encontramos que Cristo fue la gran excepción, y que Cristo de muchas maneras se opuso a las posturas absolutas, absolutizantes.

Por ejemplo, para los escribas nadie puede enseñar si no tiene por lo menos cuarenta años de edad, tiempo suficiente para haber hecho lo que hoy llamaríamos un doctorado, pero Cristo no tenía cuarenta años de edad y enseña. Un leproso, nunca, en ninguna circunstancia puede tocar a un sano, pero Jesucristo se acerca a tocar al leproso; en el sábado no se puede hacer ningún trabajo y Jesús hace un trabajo, cura a los enfermos.

Es decir, la lógica esta, la lógica de los poderes de este mundo es la de la totalidad, una totalidad que en el fondo es ganas de control y un control que en el fondo es soberbia. Herodes quiere controlar la situación y cuando recibe las noticias desgarradoras de las mamás que han visto asesinar a sus hijos, entonces siente una tranquilidad de hielo: ¡Se logró mi propósito, todo está bajo control!

Dios viene a mostrar que esa totalidad tiene una grieta y la grieta siempre se llama Jesucristo.

Ahí hay una primera enseñanza para nosotros. Tomar una pequeña desconfianza. No podemos decir: "Huye siempre de un régimen totalizante, porque esa sería una norma demasiado absoluta, y de pronto caeríamos también nosotros en lo mismo que queremos corregir. Lo que sí podemos decir es lo que ya decía el refrán: “Los jóvenes conocen las reglas y los viejos las excepciones”.

Hay que conocer la regla y conocer la excepción. Ese es Jesucristo. Jesucristo no es la excepción por la excepción, no es la burla ante la regla, no es el cinismo ante la Ley, pero Jesucristo es la conciencia de una Ley suprema, de una Ley que va más allá del absoluto, ese absoluto de los "Herodes" de antes y de hoy, que quieren controlarlo todo.

¿De qué otra manera se logró la victoria? El Ángel del Señor se aparece en sueños a José y le dice, -en sueños, suponemos de noche-, pues así, de noche, José se levanta y empieza su caminar hacia Egipto, es decir, aquí tenemos la escucha y la obediencia.

Mientras que Herodes no tiene más consejeros que su miedo y su codicia, José, que en este momento es el gran personaje porque es el que va a salvar a la sagrada familia; José tiene Ángeles, tiene el Espíritu de Dios.

El que sabe escuchar, el que sabe atender, está acompañado; el que no sabe atender no tiene más consejeros que sus pasiones, el que no sabe escuchar no tiene más consejeros que su soberbia, que su codicia, que su ambición, y desde luego, esos son pésimos consejeros.

El ejemplo de Herodes debe bastar para que lo entendamos. La escucha, la escucha es una apertura, es una capacidad de relativizar mi imperio, de relativizar mis ideas, el alcance de mis proyectos, lo que puedo soñar o desear yo.

La escucha es ponerle una frontera en últimas a mi propio yo, para descubrir que si yo recibí el ser, necesito recibir también qué es lo que voy a hacer. Por eso a través de la escucha, José encuentra una solución que a él no se le hubiera ocurrido, José no tenía manera de conocer esto. La capacidad de atender y luego la capacidad de obedecer. La obediencia pronta, la obediencia ágil de José salvó a la Sagrada Familia.

Seguramente hay otras enseñanzas que podríamos tomar de ese pasaje, pero por ahora quedémonos con esas dos; quedémonos con la atención a las excepciones, para no hacer de ninguna regla un ídolo; y quedémonos con la escucha, para no hacer de nuestras pretensiones y de nuestro yo, un imperio cerrado.

Que Dios nos encuentre dispuestos incluso en la noche. Que si Dios viene a visitarnos con su inspiración, haya en nosotros siempre una ventana, una puerta que esté mirando siempre al cielo.