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Fecha: 20011004

Título: Aprendiendo de Francisco de Asis

Original en audio: 6 min. 52 seg.


En nuestra Orden Dominicana celebramos a Francisco de Asís, llamándolo nuestro Padre San Francisco, porque el clima en el que vivió Francisco de Asís, el tiempo en el que él vivió, que es el mismo tiempo de Santo Domingo de Guzmán, quedó marcado para siempre por la obra de estos dos, Domingo y Francisco.

Podemos decir, que no se entiende lo que sucedió en la Iglesia después del siglo trece, sin la llegada de estos dos grandes testigos del Evangelio. Y están tan relacionados, que nos atrevemos a pensar, que fue el mismo Dios el que envió a los dos.

De manera que Domingo, a través del testimonio de la predicación, la comunidad, la obediencia, y Francisco, a través del testimonio de la pobreza, la alegría y la fraternidad, renovaron verdaderamente la Iglesia, y fueron instrumento de salvación de muchas almas.

Y como un mismo designio de Dios, fue el que en realidad trajo a Domingo y a Francisco a esta tierra, nosotros nos sentimos entrañablemente unidos a Francisco. Y eso lo nota uno, por ejemplo de fraile, cuando visita los conventos, o cuando está en un retiro con franciscanos: uno nota que hay un aire de familia.

En verdad sentimos que somos de los mismos, en los problemas que tenemos, en las soluciones que buscamos, en las alegrías. Es decir, hay un parentesco, y es bueno conocer este parentesco, y encariñarnos con la figura de Francisco.

Además, yo me acuerdo que siendo novicio, un padre nos decía de una manera un poquito gráfica, yo no sé si suene dura al oído: "A muchos frailes dominicos, nos están faltando un poco de hormonas franciscanas". Es decir, nosotros tenemos mucho que recibir del espíritu de Francisco.

Como Francisco respondió a un momento de la historia tan semejante al nuestro, tan parecido al nuestro, pues Francisco tiene unas claves especiales que son importantes para nosotros vivir nuestro propio carisma.

No se trata de volvernos dominico-franciscanos o franciscano-dominicanos, sino se trata más bien de vivir nuestro propio carisma, pero aprendiendo de alguien que tiene muchísimo que enseñarnos.

De todo lo que tiene para enseñar Francisco, hoy yo quiero destacar muy brevemente esa alegría. La religión que conoció Francisco fue una religión aburrida, y Francisco era una persona muy alegre. Él era el centro de atención en las fiestas, porque era un hombre rumbero, pachanguero y gozón.

Ese hombre, que era centro de atención de las reuniones y de las fiestas en Asís, en la Iglesia sólo podía ver lo que encontró cuando fue a la capillita aquella de San Damián: ruinas sucias, una iglesia aburrida.

Y una de las maravillas que hizo el Espíritu Santo en Francisco de Asís, fue recuperar la simplicidad, la naturalidad y la alegría de una manera contagiosa.

Si nosotros revisamos la literatura de aquella época, nos encontramos que todos los libros, y todas las oraciones eran tan solemnes, y todo era tan... . Y en medio de todo eso, de pronto un poquito acartonado, Francisco es como una bocanada de aire fresco.

Francisco es libre como el viento; Francisco no se limita a recitar y a repetir; Francisco inventa, canta, construye una relación intensa, personalísima, de amor con Jesucristo.

Pero una relación personal no es una relación que aísle a los otros. Personal no significa individual. La relación de Francisco con Jesucristo es una relación personalísima, de una intimidad asombrosa, pero no es una relación individual; ahí caben todos.

Cuando empiezan a llegar los primeros frailes menores, como se llamarían después, nosotros los llamamos los franciscanos, la expresión de Francisco fue: "El Señor me ha dado hermanos".

¡Qué corazón tan bello! ¡Un corazón abierto, despejado, libre, luminoso, un corazón que canta! Por eso, yo les invito a que canten; aunque se desafinen, canten.

Yo les invito a que canten. He visto que los corazones que no cantan, traman. Eso he visto yo en mi vida religiosa: un corazón que no canta, trama.

Si materialmente no hay voz, hay que buscar otras maneras de cantar; hay que pintar, hay que hacer algo. Pero por favor, la belleza, la alegría y la alabanza de Francisco, tienen que estar en nuestra vida: esa manera tan espontánea, tan única, esa manera, podríamos decir, tan libre de Francisco, de llamar a Dios su Papá, y sentirse hijo de ese Padre.

"Ya no cuento con papá en esta tierra". Porque el papá que tenía en esta tierra, lo botó a la caneca de la basura: "Ese hijo mío se volvió loco, no va a seguir mis negocios, no sirve para nada". Francisco dijo: "Bueno, pues no tengo papá, pero tengo mi Papá del Cielo", y entró en una relación de una alegría... .

Es impresionante ver cómo se transforma un corazón cuando verdaderamente vive la espiritualidad de ser hijo de Dios. Tomemos en serio lo que significa ser hijos, miremos a ese Papá, recibamos de ese Papá todo como regalo, y bendigámosle con toda la fuerza de nuestro corazón.