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Fecha: 20081226

Titulo: Rendir totalmente el corazon a Jesucristo

Original en audio: 10 min. 31 seg.


Es posible que muchos de ustedes, hermanos, hayan estado en la Misa del día de ayer, el día de Navidad, y todo hablaba de alegría en las lecturas, en los cantos, en la predicación. Hoy encontramos un mensaje particularmente duro, ayer todo hablaba de amor, hoy el evangelio termina diciendo: “Todos os odiarán por mi nombre” San Mateo 10,22.

El amor es la canción de la Navidad, y el odio, la división, el conflicto, aparecen en todo el texto del evangelio que hemos escuchado.

Es un contraste demasiado fuerte, uno se pregunta cómo es posible que ese Niño lleno de ternura, lleno de bondad, que no cambió, que siguió siendo Niño lleno de ternuray lleno de bondad, cómo ese Niño nos dice que vamos a ser odiados, y cómo ese Niño nos cuenta también que Él mismo ha sido odiado, y ese es el gran misterio de la vida de Jesucristo.

¿Por qué la bondad que Él despliega? ¿Por qué la bondad que Él mismo es? ¿Por qué recibe una respuesta de rechazo y de odio? Esa misma respuesta reciben también aquellos que siguen a Jesucristo, por eso Él advierte a sus discípulos: “No os fieis de la gente” San Mateo 10,17.

Y yo creo que el corazón humano se siente un poco cuestionado. ¿Cómo podemos compaginar la alegría de ayer y la mala noticia de hoy? ¿El amor del que se hablaba ayer y el odio que se cuenta en el texto de hoy?

Y sin embargo hay una explicación para eso, esa explicación es que el amor de Dios viene a nosotros, se derrama en nuestras vidas y quiere algo de nosotros, lo que quiere es nuestro corazón.

El amor es un arma muy peligrosa, porque el amor apunta al centro del corazón, una vez que ganamos el corazón de una persona la tenemos toda entera; el amor es el arma más poderosa y esa arma poderosísima la trajo Jesucristo a esta tierra, sus manos llenas de bondad derramaron amor, su mirada colmada de luz tenía la luz, el color del amor, su sonrisa, sus palabras eran la expresión del amor.

Y el amor es un arma extremadamente poderosa, es el arma con la cual se conquista el corazón, y una vez que se tiene el corazón de una persona, se puede hacer con ella casi cualquier cosa.

Porque el amor es la fuerza vital del universo, porque el amor es el motor de la vida humana; y si examinamos nuestra propia existencia, encontraremos que todo lo que hemos hecho lo hemos hecho por amor a alguien o por amor a algo.

El amor es la gran fuerza, el amor es el motor, y por eso también el amor es el arma poderosísima, la única que es capaz de ganarle al corazón humano.

Sabedor de esto, Jesucristo trajo esa arma poderosa y la utilizó abundantísimamente, es el arma con la cual Él se ha ganado nuestros corazones, "es imposible, -decía Juan Pablo II-, es imposible conocer bien a Cristo y no amarlo”, y después añadió: “Es imposible amarlo y no seguirlo”.

El Corazón de Cristo derrama un amor tan abundante que finalmente hace de Él el Rey de nuestras almas. Para los que creemos en Jesucristo, para los que estamos felices de ser cristianos, cristianos católicos, esa arma es la mayor bendición, y con gusto, con gusto nos sometemos al poder de ese amor.

Pero supongamos el caso de una persona que tiene su corazón y que no quiere soltarlo, supongamos el caso de una persona que lleva una vida distinta de la vida que propone Cristo, supongamos una persona que quiere defenderse de los rayos del amor por no perder el imperio, el pequeño imperio que tiene.

Porque cada uno de nosotros tiene un imperio, cada uno de nosotros manda, dispone sobre algún área, sobre algún pedazo de este inmenso universo.

Cuando uno tiene un imperio, cuando uno manda sobre algo, cuando uno está enamorado de eso que es su posesión, llámese sus riquezas, llámese sus amistades, su poder, sus ganancias y llega Cristo, hay algo dentro del corazón que le hace presentir a uno: "Si cedo ante Cristo lo voy a perder todo", y ese presentimiento es correcto.

Hoy te digo solemnemente: si le pones cuidado a Cristo te va a ganar, si le pones cuidado a Cristo te va a conquistar, si le pones cuidado a Cristo se va a adueñar de lo mejor de tu alma, si le pones cuidado a Cristo Él va a reinar en ti.

Entonces la única solución es: para quien no quiere soltar el reinado, el pequeño imperio que tiene, la única solución es no amar, la única solución es encerrarse con rabia y con odio y con mentiras, la única solución es blindarse para que no entre el poder del amor al corazón.

Y eso explica por qué, cuando se quiere rechazar a Jesucristo, la única posibilidad es una ceguera cargada de odio.

Sólo el odio ciego, aunque se dice que el amor es ciego; pero sólo el odio ciego puede resistirse a ese poder.

¿Qué queda para nosotros en este día? Yo invito a que nos rindamos, te invito a que no pelees, te invito a que entregues tus armas al General victorioso, al Rey poderoso, al Pastor bondadoso, al Hijo de Dios.

Hoy te invito a que te rindas ante Jesucristo, hoy te invito a que le des la victoria a Él, ten la seguridad de que el dulce reinado de Jesucristo será superior al pequeño impero que tú tienes.

Ten la seguridad, como bien nos enseñaba Benedicto XVI, predicando frente a los jóvenes en Colonia: "Ten la seguridad de que Cristo no viene a quitar nada genuinamente bueno de tu vida, Cristo viene a darle a esa vida la libertad, la bendición, la luz, la autenticidad de la que tal vez careces".

Lo que queda para nosotros es rendirnos ante Jesús, porque oponerse ante Jesús es destruirse a sí mismo, no hay manera, oye esto, óyelo, no hay manera de resistirse a Jesucristo si no es llenándose de odio, odio que tendrá que ser contra Cristo, contra la vida y contra ti mismo.

No hay manera de resistirse al candor, la belleza, la sabiduría, la bondad, el poder de Cristo, no hay manera de resistirse a Cristo si no es envenenándose con odio.

Yo por eso te invito: no permitas que entre ese veneno, mejor te va rindiéndote ante el victorioso General, el buen Pastor, el Líder verdadero, el Rey de la gloria, el Santo profeta de Nazaret, Jesús, nacido para nuestra salvación.

Hermanos, vamos a seguir esta celebración, al recibir a Cristo, al adorar a Cristo, al entregarnos a Cristo, estamos recibiendo el mayor bien de nuestras vidas; rechazar a Cristo sólo puede significar envenenarse uno, negar lo mejor de sí mismo y hundirse en la desesperación. Hay un nombre para eso, quien eso hace ha escogido el Infierno.

Hoy te pido, no escojas el Infierno, escoge el cielo que habita en las pupilas del Niño Jesús, escoge el Cielo que habita en la sonrisa del Niño Jesús, escoge el cielo que habita en el abrazo del Niño Jesús, escoge a Jesús, recíbelo, que Él reine en ti con todas sus consecuencias.

En el nombre del Padre, y del hijo, y del Espíritu Santo.

Amén.